Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

sábado, 8 de marzo de 2014

Libros filipinos en Zacatecas

El movimiento constante de personas y bienes en el Galeón de Manila fue sedimentando una relación estrecha que quedó fija en costumbres y objetos que hoy perduran en museos, casas y bibliotecas. Zacatecas tiene el privilegio de conservar parte de esa riqueza, a pesar de los saqueos y siglos de incuria.

La obra de Armando González Quiñones, que hemos venido citando, tiene un énfasis especial en los libros provenientes de Oriente, impresos en Filipinas en el frágil papel de arroz, y que él ha catalogado con base en su ubicación -por lo menos hasta hace algunos años.


El investigador informa:

La imprenta entró a Manila a fines del siglo XVI. Los primeros libros que se le pueden atribuir son de 1589: dos ediciones de la Doctrina Cristiana (ver entrada de este blog del 23 de abril del 2009) una con la traducción al tagalo y otra con la versión china. El segundo taller se erigió en la Villa de Pila de 1606, cuando sólo hacía treinta años se había fundado el pueblo, luego los hubo en Bataán (1610) y San Guillermo de Bacalor. Allí se imprimieron de fibra vegetal -papel de arroz- poco resistente, de manera que de algunas obras sólo quedan escasísimos ejemplares exportador a Europa a raíz de la impresión, y que alcanzan cotizaciones muy altas. Aunado a lo anterior, debido a la entera destrucción de Filipinas, como consecuencia de la Batalla de Manila al finalizar la segunda guerra mundial, fue la desaparición de los ejemplares filipinos, no quedando hoy otro recuerdo que el monumental Catálogo publicado en 1903.
En 1700 los franciscanos, los jesuitas y los dominicos tenían sus imprentas; los agustinos tuvieron también una, cuya vida fue muy corta; la de los franciscanos funcionó al principio en Tayabos, dando a luz un Vocabulario Español-Tagalo del P. Santos, después aqulla imprenta la llevaron a San Fernando de Dilag, cerca de Manila, en donde permaneció poquísimos años, pasándola luego, también por pocos años, a su convento de la capital de donde fue trasladada definitivamente a Sampaloc, en cuyo punto funcionó hasta su cierre que fue a principios del siglo XIX; los dominicos mantuvieron siempre su imprenta en el Colegio de Santo Tomás; y los jesuitas tuvieron la suya en su convento hasta fines del siglo XIII, cuando fue cerrada como consecuencia de su expulsión, quedando en local sin variar a disposición del Arzobispado.
De estas tres imprentas proceden los libros más raros y más estimados que se arrebatan los aficionado: Historias, Crónicas, Superiores Disposiciones, Pastorales, Gramáticas y Vocabularios formados por los frailes de las lenguas del país.


La Biblioteca "Elías Amador" -Museo Pedro Coronel- conserva libros conventuales de San Francisco de Zacatecas, de Santo Domingo de Zacatecas, de la Compañía de Jesús de Zacatecas y del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe, Zacatecas.
Por cierto que el blog de Ekisaky calcula en 20,000 los volúmenes acumulados en esta bella biblioteca.


viernes, 7 de marzo de 2014

Zacatecas y Filipinas

Cayó en mis manos un libro de Armando González Quiñones, publicado en 2002 por el autor, del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Lleva por título precisamente Zacatecas y Filipinas y se anuncia como una "Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común." Supongo que no será fácil que los lectores encuentren esta edición de apenas 200 ejemplares, por lo que me he permitido citar ampliamente algunos de los pasajes elaborados por el investigador regional, quien alude al hecho de que la zona central del altiplano mexicano recibió y prodigó influencias culturales continuas hacia el Océano Pacífico, que lo comunicaron con las islas Filipinas. "Mexicanos y Filipinos se establecieron en ambas colonias, por lo que hubo entre ambos influencias culturales. La presencia de mexicanos en Filipinas y de filipinos en México -y por ende en Zacatecas-, propiciaron influencias culturales mutuas, algunas de las que actualmente forman parte de folklore mexicano."

De manera breve he mencionado en este blog algunos de los elementos por los que creo que, en efecto, se verificó este encuentro e intercambio cultural, a saber: a) la integración de las élites novohispanas, en particular las ligadas a la explotación minera, con el circuito comercial del Galeón de Manila, por lo que territorio adentro de la Nueva España se constituyeron centros económicos y de comercio que tenían mucho que ver con el lado opuesto del Pacífico (mayo de 2009, Desigualdad y Comercio). b) esta vinculación tiene espacios muy definidos que aún deben ser estudiados por los historiadores y que se extienden hasta el norte de México, incluyendo los territorios que ahora forman parte de EU, como Texas y Nuevo México (enero de 2011, Caminos de la Plata), mejor conocido como Camino Real de Tierra Adentro. 

Armando González Quiñones lo ilustra de la siguiente manera:

"De Filipinas los juegos pirotécnicos y las peleas de gallos (de ascendencia Malaya). Los inmigrantes filipinos fueron quienes introdujeron la pelea de gallos que ha llegado a ser muy popular en las ferias mexicanas. Esta fiesta es originalmente de la región sureste de Asia, posiblemente de Tailandia; sin embargo, pasó a la Nueva España con un matiz filipino, al gallo se le pone una navaja de plata y la pelea es a muerte (...) Los religiosos no escapaban a la afición por la pelea de gallos, lo que motivó que el provincial de la extensa provincia franciscana de Zacatecas, Fr. Antonio Rizo, por medio de una orden prohibiera expresamente y bajo penas severísimas, que los religiosos jugaran a los naipes, gallos y otros juegos de suerte; ya fuera poco, ya mucho dinero, ya cosa que valiera, y aún al asistir a donde hubiese juego ni siquiera pretexto de pedir limosna". "Por esta época nacen las ferias provinciales que han de tener tanta importancia turística y comercial hasta nuestros días: las de San Juan de los Lagos, San Marcos, Zacatecas, etc. Los coloridos adornos de papel de China, se hicieron muy populares en nuestras fiestas religiosas y el Parián."

Un libro manuscrito en papel china

En el Colegio Apostólico de Guadalupe se localizan volúmenes de gran importancia traídos de Filipinas y custodiados a lo largo de siglos. El historiador franciscano Lino Gómez Canedo comentó acerca de algunos de estos libros, disponibles en la biblioteca de actual museo.



"En cualquier parte puede surgir lo inesperado. Así, entre los restos del antiguo Archivo del Ex Colegio de Misioneros de Guadalupe, Zacatecas me encontré hace algún tiempo con un grueso volumen en papel china, mutilado en varias pares, que contiene la Floresta Franciscana, o sea las revelaciones que en 1640 recibió en Macao, Sor María de la Cruz, monja de Santa Clara de aquella ciudad, revelaciones que dieron origen a muchas controversias. En este volumen las revelaciones van seguidas por comentarios o escolios de los padres Fray Antonio de Santa María, famoso misionero de China, y de Fray Bartolomé de Letona, autor de una biografía de nuestro Beato Sebastián de Aparicio (...) Piezas como ésta tienen que haber dejado en nuestras Bibliotecas y Archivo otros misioneros que atravesaron México de regreso del Extremo Oriente, ojalá esta comunicación sirva de estimulo para que algún estudioso explore sistemáticamente los Archivos y Bibliotecas de México en busca de materiales relativos a la Historia de las Misiones en el Extremo Oriente"

Armando González Quiñones formula un comentario específico. "En la Biblioteca Elías Amador se custodian actualmente algunos libros impresos en Filipinas en papel arroz, procedentes de las antiguas bibliotecas conventuales de San Francisco, Santo Domingo y la Compañía de Jesús."

Seguiremos sobre este tema.

jueves, 13 de febrero de 2014

El Orientalismo de Anthony Reid

No me refiero al Orientalismo del que habló de manera tan apasionada e iluminada Edward Said, aquel que reflexionaba sobre la percepción occidental, idealizada y exótica (así como adversa y negativa), de lo que conocemos como Oriente Medio. Me referiré con ese título a las raíces del conocimiento del Sudeste de Asia, el espacio exacto en el que quedó anclado el comercio transpacífico casi desde su inicio, a partir del siglo XVII. Esta reflexión toma como base las opiniones elaboradas por uno de los grandes historiadores contemporáneos, experto en esa región, Anthony Reid.

A finales del siglo XVI, la Corona española llegó a percibir los límites de su propia expansión, con la derrota de la gran armada frente a las costas de Inglaterra, el conflicto tenaz en los territorios de Holanda y la fragmentación política de Europa. El mundo islámico, siempre presente, imponía sus límites en Oriente Medio. En Asia, en ese mismo momento, la posibilidad de continuar la expansión, tomando como base los puertos de Malaca, Goa y Manila, aunque llenaba de entusiasmo a misioneros y comerciantes que esperaban llegar (e incluso conquistar China) se topaba con una enorme muralla cultural imposible de escalar con los mermados recursos de un Imperio en deuda permanente y con heridas graves en todos sus costados. La prudencia quizás y el reconocimiento íntimo de que no podía atender a las demandas de penetrar el enorme espacio asiático cambiaron la historia.

Anthony Reid ha dedicado su vida a estudiar el momento histórico del arribo de los europeos al Sudeste de Asia, a donde pretendían moverse rumbo al norte y entrar de lleno a China y Japón. Ahora, cuando sigo las peripecias del Galeón de Manila me resulta de mucha utilidad detenerme en las reflexiones sobre el espacio complejo y (a los ojos de los visitantes extranjeros) amorfo y menos interesante que China, que es el Sudeste de Asia.

En el período en que el capitalismo y el Renacimiento transformaban a Europa, fuerzas extraordinarias también actuaban en el Sudeste de Asia. La expansión del tiempo del comercio magnificó el tamaño y el papel de las ciudades cosmopolitas. Se formaron estados y se fortalecieron en las ciudades, y formas seculares de pensamiento y cultura florecieron dentro de éstos.
Eventualmente, en el siglo XVII, la penetración comercial europea estableció un monopolio eficiente, cuyo efecto no fue el fortalecimiento sino la supresión de la vida urbana y comercial indígena, de tal forma que muchos de estos procesos fueron revertidos abruptamente. Se pide al lector que se despoje de estereotipos como el del Oriente inconmovible o un espacio decadente. La edad del comercio generó tantos cambios en el Sudeste de Asia como en Europa, aunque de ninguna manera en direcciones iguales.
La historia colonial, el orientalismo y la etnografía condujeron, desafortunadamente a la fragmentación del conocimiento. Algunas investigaciones pioneras trataron de cubrir cada aspecto de la vida de los sujetos utilizando la literatura, el lenguaje, los relatos de viajeros, las estadísticas de comercio y sobre todo sus propias impresiones de primera mano. En esa etapa primitiva de la investigación parecía posible escribir una historia total de la región o de un pueblo.




Reid reconoce el desafío que implica un estudio total, en una época de especialistas como la nuestra, cuando no hay personas que dominen decenas de lenguas y otras habilidades.

Se corren riesgos al intentar un enfoque tan amplio, como la superficialidad o el caer en la obviedad. Sin embargo -rebate el autor- mantenerse confinado en la especialidad en la que se entrena a los nuevos estudiosos también representa riesgos, y quizás algunos más graves, como excluir aquellas dimensiones de la historia que son vitales para la mayoría de la población.

Geógrafos modernos, antropólogos, demógrafos y científicos del medio ambiente han tenido más éxito que los historiadores convencionales en explorar muchas de las carencias en que la “gente simple” de la región vivía. Al utilizar tales descubrimientos los historiadores pueden encontrar un camino para extender los límites impuestos por las narraciones de viajeros, y las crónicas de los reyes.
“También estoy convencido que abordar al Sudeste de Asia como un todo permite describir una variedad de áreas de la vida que de otra manera quedarían en la sombra. Para cada área cultural individual las fuentes son desesperadamente fragmentarias. Cuando las estudiamos en conjunto, una imagen coherente comienza a emerger acerca de la vida de la región en su conjunto. Incluso ante la enorme variedad de lenguas y culturas, la región estuvo sometida a una misma presión climática, física y comercial y por lo tanto desarrolló estándares de cultura material muy similares".
Finalmente, el ejemplo de Fernand Braudel, quien escribió la magna obra sobre la vida en el mediterráneo en el siglo XVI, sirve para exigir a la disciplina histórica tener historiadores ambiciosos, que abarcaran más allá de lo que aparecía en su microscopio.

El exitoso esfuerzo para allegarse los elementos de varias disciplinas, particularmente la geografía, a fin de mostrar tanto los “destinos colectivos” de la región amplia como su espléndida variedad le proporcionó al autor el coraje para creer que también en las tierras detrás de los vientos tales métodos podrían generar resultados valiosos.

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Anthony Reid. Southeast Asia in the Age of Commerce, 1405 -1680. Silkworm Books, Bangkok, 1988. VOl 1. The Lands below the Winds.  Vol 2.  Expansion and Crisis (1993).

Anthony Reid. Charting the shape of Early Modern Southeaste AsiaSilkworm Books, Bangkok, 1999.

Autores Varios. Anthony Reid and the study of the Southeast Asia past, Geoff Wade and Li Tana (eds), Institute od South East Asia Studies, Singapore, 2012

miércoles, 22 de enero de 2014

Cacahuate, girasol,chile, tabaco

La comida china se enriqueció con la aportación americana del chile o ají, de origen americano. Como mencionamos en la entrada anterior de este blog, un interesante resumen preparado por el profesor Han Qi, de la Universidad Nankai de Tianjin, sobre el impacto en Asia de los cultivos llevados desde diversas latitudes de América por el Galeón de Manila, nos permite observar una migración de los productos y un cambio en los patrones de alimentación en China.


Chiles de seda china

Hoy día sería inimaginable la comida de Sichuán y otras provincias chinas sin el ingrediente festivo y picante del chile. "En 1591, Gao Lian la mencionó en su obra Ocho máximas sobre la vida, donde describía su color, apariencia y las características de su cultivo".  En otra obra, Espejo de flor, publicada en 1688, el escritor Chen Haizi se refería al chile:

"La pimienta extranjera tiene la flor de color blanco, en otoño se cosecha el fruto, que se parece a una pluma; el color pasa del verde al rojo; se puede engranar en una cuerda para servir de objeto decorativo; tiene un sabor picante; la gente la cosecha y la muele en polvo para utilizarla en invierno, reemplazando el pimiento"
Puede deducirse que antes de convertirse en un ingrediente imprescindible en la mayoría de provincias, el chile sirvió de ornamento. Aún ahora es posible encontrar girnaldas de seda hechas en forma de chiles.

Con respecto al cacahuate (o maní), el profesor Han Qi refiere que el primero fue introducido por los portugueses a través de la ruta marítima de occidente en el siglo XVI, cuando Zhao Xuemin lo registró en el Suplemento del Compendio de materia médica: "el maní se produce en Fujián, la flor cae en el suelo y nace el fruto. No existió anteriormente; a principios del reinado de Kangxi (1654-1722), el monje Yingyuan volvió de Fusang (Japón) con la semilla del maní, que al exprimirla da el aceite". De esta forma, el cultivo dio inicio en la zona costera del sur de China, pero al descubrirse sus propiedades como aceite se propagó el uso en el norte.

"En 1639, un poema de Wen Zhengheng aludió por vez primera al girasol, originario de América del Norte, y en China cultivado, durante mucho tiempo, en pequeñas regiones. Su uso se generalizó después de que He Degang, en 1903, afirmara en el Informe sobre los productos agrícolas de Fujun, que las semillas del girasol podían producir aceite".

Tabaco

Hoy en día el consumo de tabaco en Asia ocupa 56 por ciento del total mundial. En este continente es común encontrar todavía un alto nivel de tolerancia a formas de consumo que han sido atenuadas en Europa o en Estados Unidos, como fumar en lugares públicos o el uso por parte de consumidores muy jóvenes.  Este producto fue introducido hace cuatrocientos años desde América.

"La primera referencia a la introducción del tabaco, originario de Centroamérica, data de 1611, cuanto Yao Lu escribió en su obra Libro de Rocío: 'en Luzón se produce una hierba llamada tabaco, la trajeron y cultivaron en Zhangzhou. Ahora la producción es mayor que la de Luzón, adonde la transportan y venden'. Y aclara que al principio sirvió de medicina: 'se enciende un extremo del tabaco, el humo penetra en la garganta; puede prevenir el miasma; su zumo puede envenenar los piojos'. Otro documento alude a la compra, por parte de unos soldados, de medio kilo de tabaco (junto con un caballo) para curar la enfermedad del frio'."

Si al principio su uso fue medicinal, en los últimos años de la dinastía Ming se había convertido en una verdadera moda entre la población china. Otra fuente de la época, Memoria del suelo en el Templo Tao, del escritor Zhang Dai señala: "cuando era niño no sabía qué era el tabaco. Diez años más tarde, todo el mundo fumará tabaco. Por todas partes se ponen mesas de tabaco. Es una hierba mágica. Durante el reinado de Chongzhen (1611-1644), fue prohibido, pero a partir de los Qing todo el mundo fuma, desde las mujeres hasta los altos funcionarios".

El profesor Han Qi también nos informa cómo el tabaco entró de lleno en la vida social en China, en diferentes presentaciones: tabaco seco, el húmedo, el tabaco en pipa, el rapé, la pipa. Además, debido a su efecto anti-fatiga, aparte de satisfacer cierto tipo de demanda psicológica, pronto se convirtió en un producto de consumo social, tan importante como el té y el alcohol.

En suma, la presencia de productos agrícolas de origen americanos comenzó a transformar el consumo y la economía del gigante asiático; un fenómeno que es menos conocido que el del uso de la plata novohispana y peruana. En ocasiones anteriores hemos tocado este tema y se agradece el trabajo del profesor Han Qi al documentar tantos elementos de la relación entre China y el mundo que, en esencia, permanecen ocultos para quienes no hablamos chino.
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Han Qi, "La influencia del galeón de Manila sobre la Dinastía Ming", en Los orígenes de la Globalización: El Galeón de Manila, coordinado por Carles Brasó Broggi, Shanghai, diciembre 2013, Cap. III, 67-104.

domingo, 19 de enero de 2014

Maíz, camote, papa, chile

Esta vez, la Nao Va al mercado. 

En China varios ingredientes de origen americano forman parte de la dieta cotidiana. Aunque es poco probable que alguien recapacite sobre la procedencia ancestral de lo que pone en su mesa, maíz, papa y chile son, entre otros productos alimenticios fundamentales de la cocina china, resultado de la interacción del Galeón de Manila con las culturas de Asia.

En una conferencia realizada en abril del año pasado en Shanghai, el profesor Han Qi, de la Universidad Nankai de Tianjin, habló ampliamente de la introducción de productos americanos en la dieta asiática y su impacto en la agricultura china a partir del siglo XVI.  Los textos presentados en esa ocasión recién han sido publicados por el Instituto Cervantes en un esfuerzo muy importante por dar a conocer la historia del Galeón de Manila desde un enfoque integral, que incluye elementos de la cultura y la sociedad. En esta entrada retomaré parte de la amplia y documentada argumentación del profesor Han Qi, en un texto que merece ser conocido por los lectores de otras latitudes.



Nuevo libro sobre el Galeón de Manila

El inicio de la ruta que unía a Acapulco con Manila coincide con la última etapa de la dinastía Ming (1368-1644), cuando se introducen decenas de especies y plantas americanas desde Filipinas hacia el Sudeste de Asia y China. El profesor Han Qi destaca maíz, camote, papa, cacahuate, girasol, tomate, chile, calabaza, frijol, piña, chirimoya, guayaba, cacao y tabaco. La introducción de estos cultivos, que no fue uniforme en el tiempo, ni con el mismo éxito en la producción y el consumo, representa una etapa de intenso intercambio biológico, que fue en ambas direcciones del océano Pacífico, como lo hemos comentado en previas entradas de esta bitácora.

"Los primeros documentos que atestiguan la existencia del maíz datan de 1560", en un texto de Zhao Schichun Historia de Pinglian: "el trigo extranjero tiene hojas anchas y cortas, la espiga está en la punta como el arroz. El fruto se parece a una torre y se halla en el nudo de la paja. La flor roja cuelga de la espiga y mide unos quince centímetros de largo. En marzo se siembra la semilla y en agosto se cosecha el fruto".

El camote (boniato o papa dulce) también tiene fecha de entrada en los cultivos chinos, 1582, cuando Chen Yi, cantonés, consiguió cultivar en su tierra un camote traído de Vietnam ( Historia de Dongguan). "En Fujián las plantaciones empezaron en 1593: en La Historia de Fujián, de Zhou Lianggong, se dice que los comerciantes de dicha región, tras ver las tierras cultivadas de boniato, fueron a Luzón y trajeron esquejes para plantarlos en Zhangzhou, Quanzhou, Putian, Changle y Fuqing. Si bien el cultivo del boniato se limitó a Fujián y Cantón, a finales del sigloXVII se extendió a Jiangxi, Hunan y Zhenjiang, y a mediados del XVIII llegó al norte". 

Con relación a la papa, el profesor Han Qi refiere al holandés Henry Stuys quien durante su estancia en Taiwán en 1650 aludió por vez primera a la entrada de ese producto en China, cuando la isla estaba bajo el dominio holandés.

Efectos sobre la productividad

El historiador chino ofrece una visión interesante sobre el impacto de estos cultivos en la economía china, "una segunda revolución alimentaria en el país, tras la ocurrida durante la dinastía Song, cuando el cultivo del arroz se generalizó en el sur de Jianghuai". Los nuevos productos:

1. Enriquecieron la oferta alimenticia de la población china, que antes del cultivo del maíz usaban arroz, trigo, sorgo y soya (soja). La mayoría de la población, sobre todo los trabajadores, comenzaron a consumir maíz y camote.

2. Aumentó la extensión de tierra cultivable y la producción de cereales. "Aquí hay que recordar que el maíz, el boniato y la patata se adaptan fácilmente a las tierras secas y pobres, y tienen una alta productividad. En consecuencia, las regiones del desierto y la montaña, antes consideradas estériles, se convirtieron en tierras propicias al cultivo de estos productos. Entre 1724 y 1887, la tierra cultivable aumentó un 26,03 % (125 millones de hectáreas), generalizando el cultivo de especies americanas en la mayoría de nuevas explotaciones".

3. El uso mayoritario del maíz y el boniato cambió el desarrollo de la gastronomía china, pero también facilitó, debido a la baja demanda de mano de obra (para cultivarlos), que los campesinos pudieran dedicar más tiempo al cultivo de otros productos, como el tabaco, el algodón y el té"

"Así pues, el maíz y el boniato permitieron explotar las regiones más secas, en el marco de la continua lucha contra la hambruna, ofreciendo una alta productividad que contribuyó al crecimiento de la población china. Según los documentos oficiales, se pasó de ciento cuarenta millones en 1600, a ciento cincuenta millones en 1650, y doscientos cinco millones en 1700, fruto de la explosión demográfica del siglo XVIII. En 1800 llegó a trescientos cuarenta y cinco millones, y a cuatrocientos treinta millones en 1850. Pues bien: la introducción del maíz y el boniato es uno de los motivos de este rápido crecimiento demográfico, que, entre 1700 y 1850, provocó un aumento de la población de doscientos veinticinco millones".
En la siguiente entrada continuaré refiriendo interesantes datos sobre el cacahuate, el girasol, el chile y el tabaco en China, que ofrece el profesor Han Qi. 

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Han Qi, "La influencia del galeón de Manila sobre la Dinastía Ming", en Los orígenes de la Globalización: El Galeón de Manila, coordinado por Carles Brasó Broggi, Shanghai, diciembre 2013, Cap. III, 67-104.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Hospedería de San Jacinto

Con los mejores deseos para los lectores en el año 2014.

Decenas de jóvenes españoles impulsados por la fe religiosa recorrieron cada año el largo y accidentado camino entre Sevilla y Manila desde finales del siglo XVI y hasta el siglo XIX, cuando concluyó el tránsito directo entre México y Filipinas. Las dificultades del viaje, que podía durar entre ocho meses y en alguna ocasión hasta dos años, fueron un gran reto para varios misioneros que deseaban en principio llegar a las islas de Oriente. Queda pendiente investigar, en clave sicológica y social, el poderoso impulso que animaba a estos hombres; un valor que en la actualidad es difícil incluso imaginar si se compara con el interés pecuniario o de prestigio individual que estimula a las sociedades modernas. Detrás de las biografías de varios de aquellos misioneros, enterradas en archivos, debe estar una veta muy interesante de experiencias humanas y una psique tan particular que aún es necesario analizar. 

En aquel viaje sin retorno a la Nueva España y Filipinas, tras un recorrido en el Atlántico que podía variar de mes y medio, con buen tiempo, hasta seis meses (si se descuentan barcos hundidos o las enfermedades a bordo), se llegaba a Veracruz, y a lomo de mula o a pie se llegaba en cosa de otras semanas a Puebla y a la ciudad de México. 

Ya hemos mencionado aquí el hospicio agustino de Santo Tomás de Villanueva, que alojaba a los misioneros de esa orden y cuyo edificio engalana el costado norte de la Alameda Central. En esta ocasión hablaremos del hospicio de los dominicos, ubicado "en una casa que está extramuros de esta ciudad, en las huertas entre el convento de San Cosme y el pueblo de Tacuba, nombrada San Jacinto de Nuestra Señora de Guía, para que sirva de hospedaje a los religiosos que vienen por su cuenta para las dichas islas".  

La casa con huerta se encontraba a media legua de los confines de la ciudad del siglo XVI, junto a la actual calzada México-Tacuba, frente al Colegio Militar. 



El 29 de septiembre de 1582 llegaron a Veracruz los miembros de la Orden de los Predicadores destinados al Oriente, que en 1587 fundaron la Provincia del Santo Rosario de las Filipinas. "Tras unos días de descanso en Puebla, en donde algunos murieron, los religiosos se distribuyeron por los conventos de la Provincia de México, esperando la primavera del año siguiente para embarcarse en Acapulco". En ese período colaboraron con el trabajo misionero en México y seguramente aprendieron mucho para sus tareas en Filipinas.

Seis años más tarde, en 1598 fue adquirida la  nueva casa de tránsito, con las limosnas del rey y de otras personas caritativas. El padre Procurador Fr. Diego de Soria compró allí una casa y una huerta, para descanso y vida recogida de los frailes que iban a evangelizar China y Filipinas. Tomo aquí el texto de Fray Miguel A Medina, OP, con precisiones sobre el origen de esta casa:

"Las actas de 1621 la denominan: Domus St. Dominici de Mexico. Sin duda se trata de un error, y así parece deducirse de la corrección efectuada por el siguiente Capítulo. Pero el error tendrá como consecuencia la desaparición de la segunda parte: desde entonces será S. Jacinto de México. Esta es la denominación que aparece en los documentos de la Provincia, con la precisión geográfica de "extramuros de México". Algunos documentos se refieren a él con el nombre de San Jacinto de China y en otros, finalmente, se le conoce como San Jacinto de los filipinos, por referencia los frailes que él paraban.
"Los primeros en gozar de las ventajas de la nueva casa fueron los 35 componentes de la expedición conducida por FrayTomás Hernández en 1601."
"Normalmente las expediciones tenían que esperar en San Jacinto desde agosto-septiembre hasta mediados de febrero del año siguiente, fecha en que solía partir el galeón de Manila. El tiempo de estancia variaba, desde dos días como ocurrió a una expedición de 15 religiosos en 1790, a tener que estar esperando año y medio". Sin embargo se dio el caso de 32 religiosos que salieron de Sevilla en 1613 y llegaron a Manila hasta 1615.

La forma de vida

Un personaje fundamental que se hospedó en San Jacinto fue fray Domingo Fernández Navarrete, autor de una de las obras más interesantes y leídas sobre China, Tratados históricos, políticos, éthicos y religiosos de la Monarchia de China, que lo confrontó con los misioneros jesuitas en aquellas latitudes y en el Vaticano. Cuenta el misionero que llegó a México en 1646 junto con otros 27 dominicos y en esa casa "comenzamos luego a vivir conforme al estilo de nuestra Santa Provincia, sin más cama que dos mantas sobre unas tablas; dos horas de oración mental, coro, estudio y lo demás, que nuestro instituto conduce. Domingos y fiestas no faltaba sermón, ni confesores en la iglesia, ni conclusiones cada semana". 

La casa de los predicadores se sostenía con lo producido en las huertas, además de que los gastos de viaje y estancia de los misioneros en tránsito era costeado por las cajas reales. La disciplina religiosa y el ayuno en la solían coincidir con el tiempo de estancia de los viajeros que se hospedaban en San Jacinto.

Al igual que en otras órdenes misioneras, con el correr de los años, la disciplina se relajó y en varias ocasiones fue necesario obligar a los jóvenes que tenían por destino Manila, para que continuaran el viaje desde Acapulco. Mucho de ellos preferían quedarse en la Nueva España, de clima benigno y en condiciones privilegiadas. 

El fluir de noticias

La llegada de visitantes desde Europa y las cartas y relaciones desde Asia, colocan a este hospicio como un lugar de incesantes noticias sobre lo que acontecía en el mundo. Seguramente ahí fue discutido el tema de los métodos misioneros que seguían los jesuitas en China y Japón; los martirios a que fueron sometidos misioneros en aquellas lejanas tierras y otros tantos relatos de un mundo apenas conocido por los occidentales en esa época. De algún modo, la casa de San Jacinto a las afueras de la Ciudad de México se convertía en un espacio cosmopolita de su tiempo.

En Filipinas

Los dominicos llegaron al puerto de Cavite el 21 de julio de 1587. Cinco de ellos permanecieron en una casa que fue denominada Convento de Santo Domingo. Cuatro más se destinaron a Bataan y otros seis a Pangasinan. Esa orden se hizo cargo de Baybay, Binondo y el Parián, donde vivían los comerciantes chinos, la provincia de Pangasinan, algunos pueblos del norte de Tarlac, el valle de Cagayan, las actuales provincias de Cagayan, Isabela, y Nueva Viscaya, incluyendo las laderas de la Cordillera Central y el oeste de la Sierra Madre, las islas Babuyan y las de Batanes, con interrupciones.

Una de las tareas misioneras más importante desarrolladas por los dominicos fue la fundación de la Universidad de Santo Tomás, probablemente la más antigua de Asia. El primer obispo de Filipinas, Fray Domingo de Salazar, perteneció también a esa orden. Un éxito notable fue su dedicación al conocimiento de lenguas y dialectos que existían en el archipiélago filipino, como la primera doctrina cristiana, escrita en tagalog.
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Fr. Miguel A. Medina OP.  San Jacinto de México entre España y Filipinas, en Los Dominicos en el Nuevo Mundo, Siglos XIX-XX. Actas del V Congreso Internacional, Querétaro, Qro (México) 4-8 septiembre 1995. Editorial San Esteban, Salamanca, España, 1997, pp. 107-123.

Pablo Fernandez. History of the Church in the Philippines (1521-1898). Orientalia Dominicana-Philippines No.8, 1979, pp. 23-24.

martes, 17 de diciembre de 2013

Negros esclavos en Cantón

En línea con el tema del tráfico de esclavos por parte de comerciantes europeos en la región asiática en los siglos del comercio (o de la "modernidad", como también se le llama), me encuentro con una historia que me ha dejado impresionado. Forma parte de un libro escrito por el Obispo y Virrey de la Nueva España Juan de Palafox (1600-1659), relativo a la caída de la dinastía Ming (1368-1644). El destacado representante de la Corona en América  cuenta cómo la invasión manchú desde el norte de China en 1644, condujo a la creación de una nueva dinastía denominada Qing (1644-1911). Fue un cambio de régimen relativamente rápido y sin embargo, a lo largo de un lustro en la segunda mitad de los años cuarenta de ese siglo, continuó la resistencia de los súbditos chinos de la etnia Han, principalmente en las provincias del sur, como Fujián y Guandong, cuya capital es Guangzhou.

En español se le da el mismo nombre Cantón, tanto a la provincia como a la capital. 


La resistencia china en aquellas provincias tomó varias formas, incluida la lucha de los terratenientes y algunos guerreros-comerciantes en las costas del Mar del Sur de China, que dieron dolores de cabeza por muchos años a los invasores del norte. Lo sorprendente es que estos guerreros contaban también  en las provincias del sur con la fuerza militar de esclavos negros (Hei Nú, 黑  ).

Transcribo íntegro el pasaje de esta historia:

“También se hallaron en esta ocasión en la ciudad de Quangtung (Cantón) más de seiscientos negros de varias naciones, pero todos ellos Cristianos y esclavos fugitivos de la ciudad de Macan (Macao) de la cual se huyeron a lo interior de la China. Eran estos negros a los principios de esta Guerra más de tres cientos, y sirviose de ellos contra el Tártaro aquel famoso corsario Icoan, que los tenía junto a su persona, fiándose más de ellos, que de sus naturales Chinos. Ellos le sirvieron con valor y fidelidad; hasta que vencido de el Tártaro y muertos muchos de ellos, se asentaron los restantes, que eran ya poco menos de doscientos, en servicio de los vencedores en esta ciudad de Quangtung". 

"Estos negros pues se portaron tan valientemente en esta escaramuza contra los corsarios a vista de el Virrey, y toda su gente los alabó con encarecimiento. Ni se contentó con alabanzas, sino que agradecido a su fidelidad y valor, mandó darles algunos regalos de cosas de carne. Mas ellos anduvieron tan cristianos, y tan píos, que le respondieron estas palabras: Señor sepa Vuestra Excelencia, que nosotros somos católicos Cristianos, y que la santa Iglesia católica manda a sus hijos que no coman carne en la cuaresma que es un espacio de tiempo de cuarenta y seis días cada un año. Ahora es ese tiempo que nosotros llamamos Cuaresma. Así no podemos comer esos regalos que Vuestra Excelencia nos ofrece, aunque lo estimamos, y agradecemos muy de corazón. Vuestra excelencia nos perdone, y nos dé licencia para obedecer a nuestra Iglesia, y nuestra ley tan santa, que no solo tenemos obligación de guardarla, sino de morir por ella, si fuere necesario.

"He puesto este caso, aunque parece menudencia, con mucho gusto; porque los juzgo por digno de alabanza, y de memoria eterna, y por un argumento glorioso de la verdadera fe, que cría unos espíritus y respetos tan generosos en unos sujetos de suyo tan viles, y también por este caso es confusión de las perfidia (s) de los herejes; que pueden aprender religión los que se llaman religionistas, de unos negros, y sobre negros esclavos, y sobre esclavos fugitivos. Come carne el hereje carnal todo el año, y tiene por ceremonia ociosa, y aun por abuso el que en la santa católica se prohibe a sus tiempos. También comen carne todo el año los buitres, y las avestruces, y los cuervos con que consiguen su apetito y se desconocen la razón. Luego el saber los hombres abstenerse a tiempos de lo que apetecen, los diferencia de los animales brutos; y los que siguen sin abstinencia su apetito no se distinguen de los brutos animales.

"Quieren ver cuán cierto es esto la luz de la razón. Pues juzgando los Tártaros, que no tienen otra luz, y aun en esa la tienen ofuscada, con el ser de Bárbaros e Idólatras o Ateístas.

"Quedó el Virrey atónito con esta respuesta, y después de informado bien del misterio de ella, alabó de nuevo a estos negros, y a su fe, y a su obediencia con admiración y publicidad; y lo mismo hicieron todos los Tártaros diciendo: Que merecían aun más alabanzas, por esta respuesta, que por el valor con que habían peleado. Así discurre, aunque sea bárbaro, quien no niega el discurso a la luz de la razón: y es razón bastante para convencer a las piedras, el ver, que el verdadero Dios crió a los hombres con diferente fin que a los brutos animales. De lo cual se colige con evidencia que no es ley del verdadero Dios, ni es ley que lleva al verdadero Dios aquella en que viven los hombres, sin diferencia de los brutos. Por el camino a sy fin. Por medios racionales se consigue el fin racional. Porque es ley sentada en las ciencias; que sean los medios proporcionados a los fines.

"Ni Dios nuestro Señor quiso dejar de pagar de contado esta fineza, y de aprobar esta acción, con un favor milagroso, que hizo a estos negros a vista de los mismos Tártaros que lo notaron, y los aplaudieron todos con Gloria de la verdadera y católica religión. Fue el caso, que cuatro días después de este asalto, volvieron los corsarios a dar un asalto a esta ciudad, y con más furia, y más confianza que la vez pasada. Esta vez saltaron desde luego a tierra y se arrojan a la ciudad: Opusiéronseles los Tártaros con igual fuerza, gobernados de el mismo Virrey de las letras. Peleóse de entrambas partes con pertinacia, desde el amanecer hasta el medio día. Hubo muchas muertes de una parte y otra; porque llovieron todo este tiempo balas y flechas y lanzas, porque iban al aire.

"Halláronse en este encuentro los negros católicos por la parte del Tártaro, conocidos ya por católicos, y mirados como tales, y ellos obligados de las alabanzas y cortesías pasadas. Que hasta los negros se obligan con alabanzas y cortesías. Y deseosos de aumentar su crédito, y el de su santa fe, que tan heróicamente habían profesado delante bárbaros y gentiles, y poderosos y vencedores, se procuraron señalar más este día, arrojándose a los más formidables de los peligros.

"Quedó finalmente la victoria por el Tártaro, y los corsarios se entregaron a la fuga, y se acogieron desordenadamente a sus embarcaciones, quedando en la plaza mucha sangre, y cuerpos muertos de los unos y de los otros. Solos nuestros católicos negros perecieron este día inmortales, y aun invulnerables. Con ser más de doscientos, y haberse hallado en lo más sangriento de los encuentros, y en lo más espeso de las flechas y balas, no murió ninguno de ellos, ni fue herido, ni descalabrado, ni hubo arma ninguna que llegase a ofenderles, con asombro de los Tártaros, y crédito de nuestra santa fe. Reconocieron ellos este favor del cielo; y así desde el mismo lugar de la batalla se fueron todos juntos, sin dejar las armas de las manos, a dar gracias a Dios nuestro Señor en la Iglesia que la compañía de Jesús tiene en esta ciudad de Quangtung. No quiso Dios nuestro Señor dilatar la paga a estos nuevo (s) Cristianos negros, agradeciendo a la fineza de la fe con que le habían servido, teniendo tan pocas obligaciones: Digo tan pocas obligaciones. Porque, aunque la razón de criatura era igual con ellos con todos los demás hombres, y esta razón de criatura en los hombre es tan trascendente, que los hace a todos esclavos de Dios en todas sus formalidades y esos, y otros católicos de Europa, que están más arraigados en la fe de sus abuelos, por tantos siglos, y más llenos de la luz y conocimiento de la fe católica, y más fundados en este conocimiento".

La importación de esclavos africanos en China se remota  varios siglos antes de la aparición de los europeos en la región y corría a cargo principalmente de comerciantes árabes. No deja de causar sorpresa el alto nivel de interacción cultural que prevalecía en la zona y si se quiere de cierto cosmopolitismo de la época.
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Juan de Palafox, Historia de la conquista de la China por el Tártaro, París, 1670. Capítulo  XVI. Profesan heróicamente la fe Católica unos negros esclavos, delante de el Tártaro idólatra.

Chang Hsing-lang. "Importation of negro slaves to China under the Tang Dynasty (a.d. 618-901)", Catholic University of Peking, Bulletin No.7, December, 1930, pp. 37-59.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Esclavismo en Japón

En los siglos XVI y XVII aparecen múltiples noticias que muestran la presencia de esclavos japoneses en la región Asia Pacífico, o como ya mencionamos incluso en la Nueva España. Lo que cabe precisar es que el enfoque de Japón frente a la esclavitud difiere en gran medida de los patrones del trabajo forzado en varios otras culturas de la macro región asiática. La unificación de Japón al finalizar el siglo XVI bajo el dominio Shogún trajo consecuencias notables en la presencia de los japoneses en toda la región. 

Una explicación ampliamente aceptada es que el esclavismo en Japón dejó de ser atractivo económicamente porque importar mano de obra, aún siendo forzada, era poco rentable pues se estaba gestando un proceso de homogeneización interna con intenso intercambio dentro de sus fronteras. El ascenso de una clase laboral libre, dispuesta a trabajar por un salario, ganó terreno en la economía de las islas. El uso del dinero y el auge de las ciudades vio aparejada la movilidad de la mano de obra libre, según explica Yosaburo Takekoshi, aunque reconoce que existen pocos elementos estadísticos para mostrar este proceso.  A partir del ámbito económico, el principio de la libertad del trabajo se habría transferido al terreno cultural, donde el esclavismo se tornó anacrónico ante los ojos de las élites japonesas. En el periodo Sengoku (1467-1615) continuó existiendo la trata de esclavos, pero ya en 1590 esta práctica fue oficialmente prohibida por Toyotomo Hideyoshi aunque no erradicada del todo. Coexistían formas de contratos forzosos y de sumisión junto con los códigos de trabajo más regulares. Más tarde, durante el periodo Edo por ley se decretó el trabajo no libre para familiares de criminales ejecutados, aunque en la práctica no se utilizó ese recurso.





Una visión distinta es la de Thomas Nelson, investigador de la Universidad de Oxford, quien elabora ampliamente sobre la esclavitud en Japón:

"Las fuentes portuguesas y otras occidentales están repletas de registros de la exportación de esclavos japoneses en la segunda mitad del siglo XVI. Algunos ejemplos deben servir para ilustrar este punto. Muy probablemente, los primeros japoneses que pusieron un pie en Europa eran esclavos. Ya en 1555, la Iglesia denunciaba que los comerciantes portugueses estaban tomando jóvenes esclavas japonesas con ellos de vuelta a Portugal y vivían con ellas en pecado. En 1571, el comercio de esclavos se llevaba a cabo a una escala tal que el rey Sebastián de Portugal, se sintió obligado a emitir una orden que lo prohíbe en Japón para que no se obstaculice la actividad misionera católica en Kyushu.

Sin embargo, la desunión política en Japón impidió que la corona portuguesa lograra frenar el tráfico de personas; la disponibilidad de mercancía humana y los beneficios derivados del comercio esclavo (en el exterior) mermaron la efectividad de esa prohibición. En 1603 y 1605, los ciudadanos de Goa protestaron contra la ley, afirmando que la Corona se equivocaba al prohibir el tráfico de esclavos que habían sido adquiridos legalmente. Finalmente, en 1605 Felipe III, en ese entonces rey de España y de Portugal, emitió un documento que era una obra maestra de la ofuscación destinado tanto para apaciguar a sus críticos en Goa que exigían el derecho a tener esclavos japoneses y también para satisfacer a los jesuitas, que insistían en que se prohibiera esa práctica pues afectaba la imagen misionera.

Los peores temores de los jesuitas se confirmaron muy pronto, escribe Thomas Nelson, cuando Hideyoshi, el gran unificador de Japón después de un siglo de guerra civil, llegó a Kyushu. Ahí expresó su disgusto de que muchos de sus compatriotas acostumbraran la venta de esclavos japoneses a los extranjeros, y se interrogó a los jesuitas fuertemente en esta práctica. El 24 de julio 1587, Hideyoshi envió la siguiente carta al Vice - Provincial  jesuita Gaspar Coelho:

"Ha llegado a nuestra atención que portugueses, siameses y camboyanos que vienen a nuestras costas para comerciar,  están comprando muchas personas, toman cautivos a sus reinos, arrancando japoneses lejos de su patria, sus familias, los niños y los amigos. Esto es intolerable. De este modo, el Padre (jesuita) deberá garantizar que todos los japoneses que hasta ahora han sido vendidos en la India y otros lugares distantes vuelvan a Japón. Si esto no es posible, porque están muy lejos, en reinos remotos, por lo menos que los portugueses dejen libres a las personas (japoneses) que hayan comprado recientemente. Voy a dar el dinero necesario para hacer esto. "
Quizás no fue una coincidencia que pocos días después Hideyoshi promulgó su primer decreto de expulsión de misioneros. 

Es evidente la contradicción que se observa entre la intención de las autoridades japonesas para controlar e incluso eliminar la esclavitud en manos japonesas y, por otra parte, la salida de esclavos de las islas que terminaban en diversos lugares de Asia (o incluso en América y en Europa). 

Más que cifras, es posible obtener indicios del tráfico de esclavos japoneses en manos de comerciantes de Portugal. Uno de estos es la molestia generada en China por la ingente presencia de japoneses en Macao, a quienes se les consideraba fuente de inestabilidad y carne de cañón para la piratería en la zona. En 1613, las autoridades china exigieron a los portugueses que no retuvieran más japoneses. El argumento por demás extraño era: "Ustedes como extranjeros ¿para qué quieren japoneses, si pueden usar (esclavos) negros? Nuestra ley establece dar muerte a los japoneses donde se les encuentre. Al tener a esta gente, es como tener tigres que también pueden devorarlos a ustedes". 

La pena por llevar esclavos japoneses a Macao era la decapitación del traficante y del esclavo.
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Thomas Nelson. Slavery in Medieval Japan, Monumenta Nipponica, Sophia University, Vol. 59, No. 4, invierno 2004 , pp 463-492 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Esclavismo holandés

(Al pueblo filipino que sufre a causa del tifón más grande de su historia)


En 1602 fue establecida la Real Compañía de las Indias Orientales, mejor conocida como VOC (Vereenigde Oostindische Compagnie) como un monopolio estatal del comercio de las provincias holandesas unidas en el que participaban abiertamente intereses privados. De hecho, fue la primera entidad que colocó acciones en la Bolsa de Valores. La "estructura interna permitía a los capitalistas invertir con la opción de opinar en asuntos de la política de la empresa, aunque dejaba al Estado la decisión final. Por ello la VOC comenzó con más ímpetu en el terreno militar que en el comercial. Era menos una empresa comercial que un sindicato de piratas, dispuesto a arrebatar el poder a los portugueses en Asia. Estaba dominado por los intereses de gobierno, pero obtenía sus fondos de los inversionistas, más que de los impuestos" (Curtin, 1984).

Una vez en aguas asiáticas, la VOC descubrió que carecía del poder para hacer un ataque frontal contra los otros poderes europeos. Los portugueses en la región eran pocos, pero tenían una larga experiencia en el trato con la variedad de intereses regionales y era muy difícil desalojar a los ocupantes anteriores. En 1605 ocuparon las islas de Ternate y Tidore, pero fuerzas hispano portuguesas enviadas desde Manila recuperaron la posesión. La encarnizada lucha entre los europeos en la región adquirió tintes grotescos cuando puñados de soldados se acuartelaban por años en remotas fortalezas en las islas del sur, reflejando las pugnas europeas político-religiosas, descritas con lirismo por cronistas de la época, como Bartolomé de Argensola. 

La VOC abandonó la idea de apoderarse por la pura fuerza de la red comercial de los portugueses y comenzó a desarrollar un sistema paralelo de comercio. El puerto de operaciones fue Batavia, hoy Jakarta la capital de Indonesia, en el noroeste de la isla de Java. La posición era tan importante como los puertos portugueses de Goa, Malaca y Macao, con acceso al mar del sur de China y al Oceáno Indico. La empresa estableció contacto directo con las monarquías en China y Japón, donde se confrontó además con españoles y portugueses en reflejo de las fricciones religiosas entre calvinistas y papistas.  A lo largo del siglo XVII fue ocupando con implacable eficiencia el enorme espacio, arrebatando el monopolio a los portugueses en Formosa (la actual isla de Taiwán, entre los años 1624 a 1662), Ceilán (1649 a 1796) y Ciudad del Cabo en Sudáfrica (1652). En 1641 los holandeses tomaron por la fuerza Malaca a los portugueses que habian llegado, también por la fuerza, 130 años antes. Mención aparte requiere el asedio permanente que los holandeses mantuvieron sobre Manila -motivo de una próxima entrada de este blog.


En cuanto al tema del tráfico de seres humanos, los holandeses arremetieron con igual ahínco y ferocidad.  Como el comercio más antiguo del mundo, el tráfico de mano de obra cautiva involucra, a un mismo tiempo, la migración forzada de los pueblos, la dispersión cultural, y el intercambio económico, pero el toque de modernidad iniciado en aquel momento fue el contexto de comercio integrado en un sistema global. Un estudio detallado sobre la esclavitud en Asia en manos de los holandeses fue escrito por Markus Vink en 2003, quien llama la atención sobre el hecho de que este aspecto ha sido largamente ignorado en la historiografía occidental. Si acaso, una excepción a lo que él llama "la historia del silencio" ha sido la documentación de la esclavitud holandesa en la costa Este de Africa (concentrada en el período posterior a 1770) y en la colonia que tuvieron en El Cabo (1652 - 17796/1805).


La administración colonial holandesa en Asia ejerció un sistema de estricto control en el cual aspectos de sumisión laboral semiesclava no era considerada como tal, sino simplemente servidumbre. Indios, chinos, javaneses "coolies" eran empleados, no esclavos, según la moderna definición de la VOC. Al llegar al Océano Índico a finales del siglo XVI, los holandeses se hicieron cargo e interactuaron con los sistemas de esclavitud y dependencia preexistente. Al igual que su predecesor portugués,  el comercio de esclavos del Océano Índico se concentró en las poblaciones urbanas que actuaban como foco de mano de obra cautiva. De acuerdo con el análisis de Vink, los holandeses desarrollaron tres circuitos o subregiones entrelazados y superpuestos: 


  • "Sudáfrica Mayor": Cabo de Buena Esperanza , Madagascar, islas Mauricio y Reunión y las factorías que la abastecían.

  • Asia del Sur: Surat, Malabar, Ceilán, Coromandel y la costa de Bengala y Arakán.

  • Sudeste de Asia: el circuito Malasia-Indonesia, con Malaca desde 1641, la costa oeste de Sumatra, Amboina, Banda y las Molucas.




La expansión hoalndesa y las rutas de productos
Imagen tomada de Maritime Asia

La habilidad holandesa reunió las condiciones de navegación suficientes para articular un sistema propio de comercio en la región, paralelo al portugués: la fundación de plantaciones con cultivos para la exportación y por supuesto el tráfico de seres humanos y armas en la región asiática.

Las cifras, como siempre, son poco claras, sin embargo Vink realiza un estimado del número de esclavos bajo control holandés, tanto para las labores de la VOC como el total comerciado a finales del siglo XVII. Indica que "había alrededor de 4,000 esclavos para la empresa, de un total de 60,000 esclavos. Cada año, con el fin de reponer estas cantidades, se importaban entre 200 y 400 esclavos para la empresa y 3,200 a 5,6000 esclavos en total. Suponiendo una tasa de mortalidad en la ruta media del 20 %, la cifra se eleva a 240 ó 480 esclavos para la empresa y 4,476 ó 7,716 esclavos en total bajo dominio holandés".

Estos esclavos formaban parte del sistema de producción y comercio holandés en la región y no necesariamente eran exportados fuera de Asia y mucho menos hacia territorios bajo control hispano o lusitano. Sin embargo, paradojas de la historia, muchos terminaron en Europa y en el Caribe. Sus herederos, chinos, indios, malayos, forman parte hoy de la comunidad cultural de América Latina.

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Philip D. Curtin, Cross-Cultural Trade in World History,  Cambridge University Press, 1984, pp 152-153.

Bartolomé Leonardo de Argensola ofrece una visión heróica de la presencia española en las islas de la especiería, Conquista de las Molucas, Madrid, 1609.

Markus Vink, "The World´s Oldest Trade": Dutch Slavery and Slave Trade in the Indian Ocean int he Seventeenth Century,  Journal of World History, Vol. 14, No.2, 2003, University of Hawai'i Press.


domingo, 27 de octubre de 2013

Comercio portugués de esclavos

Desde una etapa temprana de la vida de las Filipinas, los portugueses se convirtieron en los principales abastecedores de esclavos en Manila. No se observaba ninguna dificultad en este tipo de comercio, cuando las caravelas lusitanas recorrían las costas de Africa del Este, la península de Arabia, India, y así tomaban rumbo hacia Malaca y Macao, donde tenían el control. Manila se convertía en la última estación de aquel recorrido comercial de marfiles, especias, telas... y seres humanos.


El papel de los portugueses en este tráfico era muy ventajoso, tanto porque habían iniciado mucho antes que cualquier poder europeo en Asia, como porque Manila era un enclave que dependía del abasto de comerciantes chinos, malayos, japoneses y portugueses que llegaban a esa ciudad con la periodicidad del monzón. Al inicio del siglo XVII, la creciente disputa de los portugueses y españoles con los holandeses e ingleses significó un peligro adicional para el tránsito en la región y mayor aislamiento del emporio de Manila. Los portugueses tenían prohibido cruzar el Pacífico hacia la Nueva España, pero aprovechaban al máximo la puerta filipina para beneficio de su comercio. Ahora, como entonces, se tiene gran aprecio por las tallas de marfil de origen indio-filipino, exportados por los portugueses hacia América y Europa.


Una breve revisión de dicho comercio, con base en lo escrito por William Lytle Schurz, puede ilustrar esta relación:
"Una ley española de 1593 prohibía a los españoles ir a Macao, entre otros lugares, y ello después de que Macao fuese obligada a someterse por juramento al Rey de España". Sin embargo, tal comercio continuó intermitentemente y "algunos de los primeros gobernadores -como Santiago de Vera y Gómez Pérez Dasmariñas- habían estimulado todo tráfico entre ambos puertos y de hecho ocurrió que a partir del año 1619 llegaron otra vez a Manila navíos portugueses, con gran regularidad y a lo largo de varias décadas. En 1620 fueron diez los navíos de Macao y seis años más tarde uno de ellos llevó un cargamento de medio millón de pesos. En 1630 José de Navada Alvarado declaró que el valor de lo importado habitualmente desde Macao se aproximaba al millón y medio de dicha moneda.(...) Aparte de la seda, Morga escribió que también venían muebles, finamente dorados, de manufactura china, por supuesto. Fray Gregorio López se refiere a un navío de Macao, cargado con una gran riqueza de ámbar, almizcle, perlas y piedras preciosas y más de trescientos esclavos"


                    El Imperio portugués, imagen tomada del sitio MacroHistory


Esclavos de todo el orbe

El asunto del comercio esclavo es complejo pues desde el principio de la ocupación de Filipinas la Corona Española se hallaba envuelta en un debate propiciado por  los humanistas españoles que venían reflexionado sobre el impacto de la conquista de América en relación con los principios religiosos y morales de la destrucción de las culturas originales del nuevo continente. Las decisiones sobre el tema de la esclavitud en Asia, oscilaban entre la autorización del comercio esclavo no-filipino y, al propio tiempo, la sujeción de trabajo de los indios filipinos, a quienes formalmente no se les denominaba esclavos. En la realidad se permitía la importación de esclavos procedentes de África, India y otras regiones,  pues así se cumplía con las normas establecidas por el sistema legal y se complementaba la fuerza laboral de las islas.

Un estudio reciente de Tatiana Seijas ofrece una mirada sobre las diferencias en el tipo de esclavismo prevaleciente en los siglos XVI y XVII, y procura dar seguimiento a la trata de esclavos procedentes de áreas no africanas, en especial de la India. La investigadora elabora su ensayo en torno al caso de Catarina de San Juan a fin de ilustrar este tráfico de seres humanos.

La dinastía de los Habsburgo, señala Seijas, permitió a los comerciantes portugueses el control del transporte y de las redes de abasto que hicieron posible el comercio esclavo. Los manileños, como se llamaba a los españoles residentes en Filipinas, intentaron con poco éxito restringir la actividad de los comerciantes portugueses, particularmente los de Macao, con la queja principal de que podrían dominar el sistema de comercio de la Nao de China y reorientar los flujos de ese comercio hacia sus propios territorios, más cercanos a Cantón. El objetivo de los españoles consistía en que los comerciantes cantoneses comerciaran directamente con los residentes en Filipinas, eliminando la intermediación portuguesa e incrementando sus ganancia en mercancía destinadas a América.  Sin embargo, explica Seijas, la dependencia de Filipinas de sus importaciones, incluyendo alimentos, garantizaba la permanencia de los portugueses en el comercio intra-regional. 

La investigadora ofrece varios ejemplos de que las actividades comerciales portuguesas continuaron, incluyendo la trata de humanos, bajo la tolerancia de las autoridades filipinas: en 1670, un capitán portugués hizo entrega de un cargamento de esclavos en el puerto de Manila procedente de Bengala, También en 1690, datos de la Compañía Holandesa de Indias Orientales (VOC) señalan que un barco con doscientos esclavos, zarpó de Malaca con destino a Manila.

Como se mencionó en la entrada anterior de este blog, los funcionarios en Manila tenían una preocupación adicional, pues los portugueses eludían pagar las tarifas. La Audiencia de Manila informó a España en 1584 y en 1586 que los comerciantes lusitanos no pagaban impuestos sobre los esclavos traídos de la India y Macao, ni tampoco por los que eran exportados a la Nueva España. La sugerencia era muy práctica, en el sentido de obligarlos a pagar impuestos, pero años después, en 1605, la queja era la misma. Fue hasta 1612 cuando se estableció el pago de almojarifazgo, impuesto al comercio exterior sobre mercancías y esclavos, en siete barcos procedentes de Macao.

"Aquí suelen venir cada año uno o dos navíos de portugueses... Malaca y Macao con mercaderías y esclavos...derechos de tres por ciento de almojarifazgo como lo pagan los sangleyes...el gobernador no quizo que lo pagasen... es cosa a mi parecer justa que lo paguen tanto de la ropa como de los esclavos y así lo mando a pagar y se cobre de un navío que aquí vino en tiempo de Gomes" AGI Filipinas 29-57-382r-404v (1595). AGI Filipinas 34-78-796r-809r (1588), citados por Tatiana Seijas.

Otros componentes del análisis de Seijas es la diferenciación que se hacía entre los esclavos procedentes de Africa, India o el Sudeste de Asia, que para los portugueses era indistinto, más no para los compradores, quienes preferían la mano de obra africana para cierto tipo de trabajo rudo y la del sur y sudeste de Asia para servicio doméstico y artesanal. También toca el tema del comercio de mujeres esclavas para servicios sexuales, como concubinas en algunos casos y como prostitutas en otros. 

El comercio integrado

Una dificultad patente es la carencia de estadísticas del tráfico de esclavos, si bien existen numerosas evidencias de esta realidad que modeló a las sociedades alrededor del planeta. En el caso del comercio en el Atlántico, se estima que alrededor de 4.5 millones de africanos fueron llevados a América. Los portugueses desarrollaron la industria del azúcar en Brasil con esa fuerza de trabajo. Más tarde, el descubrimiento de oro y diamantes a fines del siglo XVII aceleró el tráfico de seres humanos. En contraste, el masivo movimiento esclavista en la región asiática es menos estudiado. Richard B. Allen estima que entre los años 1500 y 1599 los portugueses movieron alrededor de 12,500 y hasta 25,000 esclavos en el espacio del Océano Indico; cifra que se repite en el período 1600-1699.

Los estudios citados tratan de mostrar la dinámica mundial de esta industria esclavista en la edad moderna, que forma parte del proceso de expansión de las potencias europeas en el mundo. Con la irrupción de holandeses, ingleses y franceses en los espacios dominados por Portugal y en parte por España, tal sistema se aceleró y se volvió más sofisticado; inclemente para las poblaciones de Africa, India y el Sudeste de Asia.

Seguiremos el tema en las próximas entradas.
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"Otra característica del portugués era que sus gentes solían permanecer en Manila todo el invierno esperando muchos meses que se aceptasen los precios altos que ellos solicitaban, o enviando sus géneros a Acapulco en el galeón con la mediación fraudulenta de algún agente español. A veces producía sorpresas la prodigalidad de los comerciantes lusitanos, el Padre Díaz (sin indicar fechas), al comentar que son tan corteses y acostumbrados a cumplir con las obligaciones de la nobleza, señala su tren de gastos, que les hace regresar a Macao en la ruina, como ocurrió este año con Joao Tabora, caballero de la Orden de Cristo, que gastó las riquezas que trajo con él, que eran muchas, en galanterías y en fiestas de toros". William Lyte Schurz, El Galeón de Manila, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1992. pp. 145-146.

Tatiana Seijas. The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580-1640. Itinerario. Volume 32 (March 2008), Issue 1. Published online 11 January 2010.

Richard B. Allen, Satisfying the "Want for Labouring People": European Slave Trading in the Indian Ocean, 1500-1850, Journal of World History, Vol. 21, No.1, 2010, University of Hawai'i Press, 2010. p.64.

sábado, 5 de octubre de 2013

Defensores del esclavismo

La historiografía del Pacífico tiende a olvidar aspectos amargos del intercambio humano a través de ese enorme océano. A excepción de estudios especializados, se conoce poco el tema del tráfico de seres humanos en sus diversos matices, que van de forzados y reclutas, migrantes involuntarios, hasta esclavos en toda la forma.  En cambio es común la descripción de viajeros que por voluntad propia transitaron de un punto a otro en ese inmenso recorrido marítimo y en afortunadas ocasiones dejaron testimonio escrito de su experiencia. Documentos históricos dispersos, en espera de nuevos investigadores, conservan la historia no escrita incluso cuidadosamente oculta de la experiencia esclavista en el Pacífico.

Es importante señalar que en el período inicial de la ruta del Galeón, toda la movilización humana de aquella época se realizó conforme a un sistema integrado bajo los poderes imperiales español y portugués, especialmente en el período en que las coronas estuvieron unificadas entre los años 1580 y 1640.  En ese sistema, paradójicamente, se integraron desde el siglo XVI y hasta el siglo XVIII los otros poderes europeos en disputa por Asia y el Pacífico: la Compañía Holandesa de Indias y tardíamente también los intereses de Inglaterra. Cientos de miles de seres humanos pertenecieron a ese trasiego económico y cultural, en una gran proporción de manera forzada, involuntaria, sometida. Visto de esta manera es posible encontrar un vínculo que relaciona a negros africanos en Filipinas, China o India; malayo-filipinos marineros en las galeras de los galeones; esclavos del sur y sudeste de Asia y hasta de Japón y China en Europa o América. Era un sistema integrado, quizás el primero verdaderamente global.

Antes, como ahora, sigue habiendo poca claridad en la descripción de la variedad de formas de sumisión laboral que prevalecían en diversas culturas en Africa, Oriente Medio, India y el Sudeste de Asia. Los colonizadores utilizaron hábilmente el concepto que para ellos era más adecuado al tomar prisioneros legítimamente como presas de guerra y comerciar con aquellos individuos, hombres, mujeres, niños, que en sus comunidades estaban obligados a trabajar sin retribución, principalmente por deudas y también por otras razones sociales. El tránsito era sencillo para convertirlos en esclavos y transportarlos a cualquier rincón del mundo. Por principio de cuentas, a los ojos de los europeos, eran infieles, no católicos, y por tanto susceptibles de ser prisioneros producto de una guerra justa

Paulatinamente ha emergido un mejor conocimiento de este fenómeno, que formó parte del sistema comercial y de dominio en el planeta. Mucho se sabe de las hornadas de esclavos africanos con rumbo a América, pero aún existe un velo de silencio en cuanto a la migración forzada asiática hacia el nuevo continente. En las próximas entradas de este blog intentaremos mostrar parte de tales investigaciones que permiten ver de manera más clara, primero la confusión existente entre esclavitud organizada, llana y clara, y las formas de manumisión preexistentes en las sociedades asiáticas. En segundo lugar, la sorda lucha que existió en las élites imperiales para contener el abuso sobre los pobladores y tratar de apegarse a valores consagrados en las leyes de la religión, con muy pobres resultados.

Filipinas, punto de llegada y punto de partida

Hemos abordado el tema del esclavismo entre Filipinas y la América hispana desde varios ángulos, comenzando por el abuso del régimen de encomienda. También se han descrito las formas que se usaron para enmascarar la trata de personas y la demanda de esclavos entre las élites hispanoamericanas. Una serie de textos nos ha permitido recordar que también mexicanos de origen humilde sirvieron obligados como soldados o reclutas en tierras asiáticas. El destierro tanto en Filipinas como en América fue el destino final de muchos insurrectos. En suma, viajeros involuntarios. Volvamos al principio.

Desde la fundación de Manila, se debatió la legitimidad de tener esclavos filipinos. Por lo general se argumentaba que la esclavitud que hacían los filipinos de sus propios pueblos era moralmente tan negativa como hubiera sido la esclavitud entre ciudadanos españoles. En 1574 el Rey Felipe II, teniendo conocimiento que “hay muchos indios privados de su libertad y que han sido tiránicamente esclavizados” nombró un ministro para investigar estos casos y restaurar la libertad natural de las víctimas.


Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, Malate, Manila.


En 1582, bajo la guía del primer obispo Domingo de Salazar, dio inicio en la Catedral el Sínodo de Manila, que congregó a 90 religiosos y tomó conocimiento de las opiniones de todos los sectores de la nueva comunidad reunida en la ciudad, incluso de los jefes indígenas. A lo largo de cuatro años abordó temas delicados y de trascendencia para todo el imperio, como la legitimidad del uso de la mano de obra indígena, la recolección de tributos, la legitimidad de la esclavitud, la enseñanza de la religión, la traducción y publicación de doctrinas en otras lenguas distintas al español, y en general el tema que hoy llamamos derechos humanos. El Sínodo concluyó que de “veinte o más formas de esclavismo, ninguna es justificable” aunque el obispo Salazar pensó “que algunos son esclavos legítimos”. A la distancia, ese evento marcó la pauta de lo que era el abuso sobre las poblaciones y aún cuando las prácticas semi-esclavistas o el descarado esclavismo continuaron se atemperó la legitimidad de esta acción.

Todos los europeos dueños de esclavos pensaban que la abolición general de la esclavitud no sólo sería injusta, sino que produciría una disrupción social y económica en la colonia, si no es que una rebelión. La Asamblea General de 1586 propuso una fórmula para reducir gradualmente el número de esclavos y que fuera aprobada por el Rey: todos los niños deben nacer libres (ley de vientres libres), no se harán nuevos esclavos y se debe fijar un precio justo para que los esclavos paguen su libertad si pueden.

En Madrid, una comisión real aprobó el plan, pero el Rey no lo puso en práctica. En cambio, instruyó al gobernador Gomez Pérez Dasmariñas para poner en práctica la vieja ley que negaba el derecho de los españoles a tener esclavos filipinos. Felipe II trató continuamente de proteger a los filipinos de los abusos de los españoles, pero nunca quiso ni en este caso intentó reestructurar a la sociedad filipina.

Múltiples crónicas de los siglos XVI y XVII mencionan la persistencia de la esclavitud entre los filipinos y atestiguan las variaciones de precios de la mercancía. En cierta medida, los españoles se acostumbran a ver a ese mercado de manera natural, que sólo inquietaba un tanto porque cuando los españoles preferían negros para el trabajo pesado, el precio de éstos aumentaba, comparado con el de los indios.

Los esclavos no filipinos, procedentes de diversas regiones africanas, de la India y en general de los dominios portugueses constituían un jugoso comercio que generaba dos tipos de conflicto: el pago de impuestos y la seguridad. Por una parte, la queja de la Audiencia de Manila era que esa importación de esclavos no pagaba impuestos, se cometían muchas ofensas a Dios en los barcos cargueros, y la presencia de un ingente número de esclavos negros amenazaba la seguridad de las islas. En 1605 se reportó la presencia de muchos esclavos que huyen y cometen desmanes. "Que hay muchos negros esclavos traídos por los portugueses que huyen se convierten en borrachos y salteadores" AGI Filipinas 27-51-310r-336v (1605).

Por lo tanto, en la práctica, el esclavismo en Filipinas se mantuvo como una institución legal en la colonia, y su legislación actuó sólo para remediar los excesos. Trató, por ejemplo, de que cada esclavo sólo tuviera un amo. En 1598 la Audiencia dictó que cuando se establezca un estado (negocio) los esclavos no deben ser compartidos sino vendidos y la ganancia dividida, o si uno de ellos retiene un esclavo, esta parte debe pagar a la otra por los derechos de ésta. Pero al año siguiente, en 1599, reconsidera y ordena que los abogados y fiscales deben seguir la costumbre local en cuestión de “esclavizaje, división de herencias, esclavos, matrimonio, dotes y otras cosas”. 

Una nota de Tatiana Seijas señala: "Real Cedula...sobre sacar de la ciudad de Manila a los 400 o 500 negros libres y libertos que en ella había, por los robos que hacían ayudados de los esclavos y desordenes que provocaban. La ciudad pretendía que se les expulsase a 9 leguas y los Jesuitas ofrecieron una isleta que tenían en el río para que se poblasen allí y darles doctrina junto a los chinos. Se considera que esto también puede ser peligroso." AGI Filipinas 330-4 40v-42r (1638).
Volveremos sobre este enorme asunto.
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William Henry Scott. Slavery in the Spanish Philippines. De La Salle University Press. Manila. Segunda Edición. 1994.

Tatiana Seijas. The Portuguese Slave Trade to Spanish Manila: 1580-1640. Itinerario. Volume 32 (March 2008), Issue 1. Published online 11 January 2010.

martes, 1 de octubre de 2013

Biblioteca Digital Mexicana

Un grato encuentro en internet. Así es la presencia de la Biblioteca Digital Mexicana que forma parte de CONACULTA o Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Un repositorio electrónico creado a fines de 2010 en común acuerdo por el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, el Centro de Estudios de Historia de México CEHM-Carso y el mencionado Consejo.

"Hoy en día muchos archivos y bibliotecas están digitalizando sus fondos y abriendo páginas de internet donde muestran una selección" se indica en la presentación de la página. "La novedad de esta iniciativa es que es interinstitucional en su dirección y en su convocatoria", así que el acervo podrá mostrar documentos depositados en diversos archivos y con ello la riqueza documental del país dentro y fuera de él.

La doctora Andrea Martínez Baracs preside este modesto gran proyecto.

La Biblioteca cuenta ya con importantes documentos en línea, como los códices Chavero de Huexotzingo, Colombino,  Huamantla, Sigüenza. También figura un Catecismo Testeriano (1524), el Códice Totomixtlahuaca (c. 1570) y el libro en náhuatl Huey Tlamahizoltica (1649), documento clave para la historia guadalupana. El códice Techialoyan de Cuajimalpa y la serie de Códices del Marquesado del Valle, ambos reconocidos como Memoria del Mundo por la UNESCO.




Para los lectores interesados en el Pacífico también hay prometedores encuentros:

El testamento de don Rodrigo de Vivero, Gobernador y Capitán General de la Ciudad de Manila y sus Yslas, sin fecha, que forma parte del Patrimonio cultural del Tecnológico de Monterrey.

La Mapoteca Manuel Orozco y Berra aporta dos planos y un mapa de 1780 con las costas occidentales de la Nueva España, California, Japón, Mindanao y Célebes, así como un plano de la Bahía de Manila y otro del puerto de Acapulco.

José María Montes de Oca, Vida de San Felipe de Jesús. Protomártir del Japón y Patrón de su Patria, editado en México en 1801 y que constituye un magnífico ejemplo de la iconografía del siglo XIX que educó a varias generaciones acerca de los acontecimientos en Japón. Una especie de fotonovela que reboza de imaginación.

Felicidades a la doctora Martínez y por supuesto a los lectores por este tipo de nuevas instituciones digitales.