La Nao Va

Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

martes, 27 de octubre de 2026

Masacre de sangleyes en Manila, 1639-1640

El texto siguiente fue escrito por David Gowey, antropólogo cultural, que trabaja como profesor adjunto de Antropología en el Distrito de Colegios Comunitarios del Condado de Maricopa. Es una traducción al español de una página que utiliza geolocalización de eventos históricos y en este caso aborda un informe del Sebastián Hurtado de Corcuera, quien estuvo en el cargo de Gobernador de Filipinas de 1535 a 1644.

El tema es la masacre de residentes chinos, conocidos como sangleyes en Calamba, Filipinas, el 19 de noviembre de 1639. El contexto es la tensión constante que dominó la vida de la colonia en el archipiélago, en donde los chinos pagaron un precio humano enorme. Este documento sirve para entender la perspectiva del momento, pero debe sumarse a otros elementos como la permanente amenaza de los poderes europeos que merodeaban en la región asiática. 

Recomiendo la consulta directa de la página en internet, en inglés, pues contiene valiosas imágenes de archivo y mapas sobre este pasaje histórico. No incluyo los pies de página ni las tablas. 


 

La Revuelta

El 19 de noviembre de 1639, los sangleyes (residentes chinos) de Calamba, Filipinas, se sublevaron y mataron al alcalde mayor español de la ciudad. El conflicto que siguió vio la formación de dos grandes ejércitos: uno de rebeldes sangleyes y otro liderado por españoles, aunque la mayoría de los soldados eran filipinos indígenas. Para cuando los líderes rebeldes se rindieron el 15 de marzo de 1640, las tropas coloniales y los lugareños habían matado a más de 20,000 sangleyes y varias poblaciones en los alrededores de la actual Manila habían sido destruidas.

La revuelta (o masacre) de sangleyes de 1639-1640 fue uno de los tres principales pogromos raciales contra la población china en Filipinas durante el siglo XVII. Este proyecto examina un relato de fuente primaria sobre la campaña liderada por los españoles, escrito por Sebastián Hurtado de Corcuera (1587-1660), entonces gobernador y capitán general de Filipinas.

El Texto

La Relación del Levantamiento de los Sangleys de las Islas Filipinas fue escrita aproximadamente a mediados de 1640. Posteriormente, se envió una copia a la Ciudad de México, donde la imprenta de Francisco Robledo publicó una versión impresa unos meses después [disponible aquí en versión digital].  Hurtado de Corcuera también escribió una segunda relación, mucho más breve, dirigida a Felipe IV y publicada en 1642. Robledo dedicó esta obra a Diego López Pacheco, marqués de Villena, recientemente nombrado virrey de Nueva España.

El documento consta de 61 páginas impresas con anotaciones marginales de una mano no identificada. Existen otros relatos españoles contemporáneos de la revuelta de Sangley de 1639-1640. Sin embargo, este relato es significativo por contener las memorias personales del Capitán General sobre la campaña. Hurtado expone su interpretación de las causas de la revuelta, la campaña que dirigió contra ella y algunos datos adicionales sobre los acontecimientos posteriores a la rendición de los líderes rebeldes el 15 de marzo de 1640.

Los comentarios escritos a mano y al margen del texto impreso incluyen resúmenes y contexto, con críticas ocasionales a las acciones del gobernador. Una nota (pág. 20) identifica al secretario del Gobernador, como un mestizo de Perú de nombre Simón Delgado, que viajó con él desde su anterior cargo como gobernador en ese país. Otra (pág. 12) afirma que el fracaso de Hurtado en la construcción de suficientes navíos armados había estimulado el "atrebimiento a los morillos de Jolo y Mindanao y a los sangleies a levantarse". 

Si bien esto quizás exagera su culpabilidad personal, sí refleja la forma en que Hurtado se describe a sí mismo: como un líder perpetuamente asediado pero victorioso, cuyos fracasos se atribuían mejor a otros y cuyos éxitos, con la excepción de algunos subordinados notables, se debieron en gran medida a su propia perspicacia y audacia.

Imagen de Manila en siglos posteriores 

"Mando el Gobernador"

Sebastián Hurtado de Corcuera aportó a Manila una dilatada experiencia militar y administrativa. Hijo de la pequeña nobleza vasca de Bergüenda, sirvió primero en el Ejército de Flandes y alcanzó gran renombre como comandante durante el Sitio de Breda (1624-1625). Sus acciones durante la Guerra de los Ochenta Años le valieron el título de caballero de la Orden de Alcántara y el acceso a una vida de servicio personal a Felipe IV de España.

Hurtado se describe a sí mismo siempre como «el Gobernador», encarnando el papel de un comandante de campo europeo del siglo XVII. Ordenaba maniobras, enviaba despachos y se encontró en grave peligro en varias ocasiones. A pesar de sus descripciones bastante clínicas de los movimientos de las tropas españolas, también opina con frecuencia que los rebeldes sangley se vieron impulsados ​​a emprender ciertas acciones —retiradas, avances, ataques a iglesias y pueblos, etc.— debido a su codicia, fatalismo, celo, cobardía u obstinación inherentes.  Por el contrario, el ejército multinacional bajo su mando demostró un gran valor colectivo al resistir regularmente los asedios, avanzar constantemente a través de ríos y terrenos montañosos, y realizar misiones de reconocimiento sin quejarse.

Hurtado pretendía demostrar que sus acciones y las de sus soldados fueron puramente defensivas, incluyendo su orden de diciembre de 1639 de exterminar a casi todos los sangleyes en Luzón. Argumentaba que habría protegido a los sangleyes si estos le hubieran presentado sus quejas antes de asesinar a Luis Arias de Mora, alcalde mayor de Calamba, por supuestos malos tratos.  En su relación de 1642, Corcuera acusa a Mora de presionar demasiado a los sangleyes y crear un pretexto para la revuelta. Quizás lo más revelador sea el tono casi apologético que adopta al describir una embajada que envió a China en 1640 solicitando la restauración del comercio con la colonia. Más allá de las tensiones religiosas y raciales que presenta como contexto, Hurtado opinaba que las principales preocupaciones detrás de la revuelta y las masacres subsiguientes eran, en última instancia, económicas.

"Debilitada flaqueza"

Hurtado comprendió quizás mejor que nadie la precaria posición española en Filipinas. La colonia no fue inmune a las mismas transformaciones políticas y socioeconómicas que azotaron gran parte del mundo del siglo XVII. En medio de trastornos climáticos como sequías y hambrunas, España también se vio envuelta en décadas de guerras contra diversos enemigos europeos, al mismo tiempo que la producción de plata de su mina Potosí en Perú colapsaba. A finales de la década de 1640, España vería cómo los holandeses llegaban a dominar el comercio de especias del sudeste asiático y Francia se afianzaba como la principal potencia militar de Europa.

Los años previos a la revuelta de Calamba de 1639 no hicieron sino agravar estos problemas, y como gobernador, Hurtado se benefició tanto de los éxitos como de las críticas. Las nuevas restricciones comerciales en Acapulco buscaban recuperar los ingresos perdidos por el contrabando desenfrenado, a lo que los comerciantes españoles radicados en Manila, aliados de Corcuera, respondieron boicoteando por completo el comercio de galeones en 1635 y nuevamente en 1637.

Posteriormente, tres galeones con destino a Acapulco se hundieron, incluyendo uno capitaneado por el propio sobrino de Hurtado, quien pereció en el incidente. Para colmo, el entonces virrey de Nueva España, Lope Díaz de Armendáriz, decidió detener el tráfico de galeones en Acapulco.

Estas perturbaciones económicas no hicieron sino aumentar la dependencia de los comerciantes españoles de los préstamos de los prestamistas sangleyes, que no podrían ser reembolsados ​​hasta que se reanudara el tráfico de galeones. Los sangleyes, a su vez, «sentían un agravio justificado» (que por ella tuvieron justo sentimiento), en el que Hurtado vio los inicios de la revuelta. Afirma haber tenido conocimiento de una conspiración en marzo de 1639 entre los sangleyes de Manila y piratas que operaban en Pangasinan para apoderarse de Manila. Según los informes, los supervivientes del ataque español a su escondite confesaron bajo tortura que habían planeado el asalto a la capital para la Pascua de 1639, aprovechando los fuegos artificiales que se celebraban en el barrio de Paros, o barrio chino de la ciudad. Al parecer, aplazaron el ataque hasta la siguiente Pascua debido a la "atenta vigilancia" del gobernador, pero para entonces, sus sospechas ya eran demasiado fuertes como para ignorarlas.

Hurtado, desesperado por impulsar la producción nacional de alimentos y ante la amenaza que suponían para muchos residentes de sangleyes las interrupciones en el comercio de galeones, reubicó por la fuerza a 6,000 de ellos en Calamba. Allí desbrozarían tierras para nuevas plantaciones de arroz, lo que los apartaría de la mano de obra urbana y los situaría a gran distancia de la ciudad amurallada española de Intramuros. Hurtado y otros españoles atentos no podían decir que la revuelta les hubiera tomado completamente por sorpresa. 

"Necessarios para el trato"

Los temas de conspiración y codicia de los sangleyes, contrastados con la vigilancia española, sustentaron las opiniones de estos últimos sobre el comercio en los siglos XVI-XVII, a medida que las ambiciones españolas en Asia se dirigían no solo hacia el sur, a las Islas de las Especias, sino también hacia el norte, a China. Hurtado argumentó que la clave del dominio español en Filipinas radicaba en limitar la población sangley a lo que la economía pudiera soportar. Por un lado, muy pocos los condenarían a la hambruna y la ruina. Por otro lado, un número excesivo solo propiciaría una destrucción de otro tipo.

Una población mezclada, en la que los chinos tenían un importante papel 

Las relaciones españolas con la China Ming comenzaron a deteriorarse ya a finales de la década de 1570. Las embajadas a la dinastía Ming, las campañas militares y las misiones mendicantes al continente asiático fracasaron una tras otra. Mientras tanto, el creciente sentimiento antichino en Manila se centraba en el predominio de los comerciantes y artesanos de Sangley, quienes llegaron a monopolizar la construcción y el mobiliario de las iglesias cristianas a pesar de que muchos de ellos nunca se convirtieron al catolicismo.  

Muchos no chinos consideraban a los sangley, incluidos los cristianos, como personas poco fiables, codiciosas y propensas a la sodomía, uno de los muchos vicios que, según se decía, habían introducido entre los ingenuos conversos indígenas mediante matrimonios mixtos y el incumplimiento de las leyes de segregación. Si bien la población española de todo el archipiélago nunca superó los pocos miles en el siglo XVII, se estima que la población sangley sólo en Luzón rondaba los 30,000.

La afirmación de Hurtado de que el comercio con China debe controlarse mediante límites estrictos a la inmigración de sangleyes —procesos de los que se benefició personalmente— debe considerarse a la luz de su deseo de presentar su papel en las masacres simplemente como un medio para ejercer ese control. Aunque no pudo haber anticipado el vigor con el que finalmente sería procesado por su sucesor, Hurtado muestra preocupación por cómo se interpretarán sus acciones, si no por sus oponentes en Manila, entonces por sus superiores en México.

"Castigo y Pacificación"

Una pregunta central que anticipa la relación de Hurtado es: ¿por qué una protesta localizada de trabajadores agrícolas en Calamba se convirtió en una campaña genocida contra casi toda la población Sangley de Luzón? Un vistazo a la cronología de las dos primeras semanas de la campaña muestra la rapidez con que se intensificó la violencia.

Estas acciones iniciales, que tuvieron lugar en noviembre y principios de diciembre de 1639, se cobraron la vida de al menos 8500 sangleyes en toda la isla.

Tras varias semanas de represalias por parte de sangleyes, los rebeldes, armados con armas de fuego y armas improvisadas, atacaron asentamientos periféricos y propiedades españolas antes de replegarse a las fortificaciones de Sampaloc. Para entonces, los rebeldes sumaban más de 20,000 hombres, liderados por un mandarín electo, un jefe de campo y lugartenientes. Se comportaban cada vez más como una fuerza militar cohesionada, y el gobernador respondió de la misma manera, organizando soldados y suministros para lo que rápidamente se convirtió en un asedio simultáneo de Manila y Sampaloc.

Mientras las líneas del frente permanecían congeladas en el río Pasig, envió barcos a la bahía de Manila para interceptar los navíos de sangleyes que se aproximaban e impedir que los rebeldes escaparan a China. Se permitió la entrada a Manila de un único sampán chino con permiso para comerciar, con la condición de que su tripulación permaneciera arrestada hasta el fin de las hostilidades. El ataque final contra Sampaloc comenzó en serio el 23 de diciembre.

Tras una semana de costosas acciones defensivas, los rebeldes se replegaron hacia el noreste, en dirección a Pasig y San Mateo, y luego hacia las montañas al este de Laguna de Bay, con la esperanza de rodear el lago por el sur y alcanzar la isla de Limbones, frente a la costa de Cavite. El impulso estaba claramente del lado de los españoles y sus aliados, quienes durante las dos semanas siguientes trabajaron para aislar a los sangleyes rodeando Laguna de Bay con guarniciones aliadas.

Los combates se ralentizaron hasta convertirse en un tenso punto muerto que Corcuera pasó por alto en gran medida, retomando el relato solo con la rendición de 7,300 rebeldes y sus líderes cerca de Lumban el 15 de marzo. Si bien un número casi igual de rebeldes resistiría en las montañas durante casi un año más, en opinión de Hurtado, la campaña ya había terminado; España y sus aliados habían triunfado.

Las cifras de bajas a lo largo de la campaña evidencian una clara disparidad entre los rebeldes sangleyes y las fuerzas lideradas por los españoles, aunque las armas y el entrenamiento por sí solos no explican por qué Hurtado informó de muchos más sangleyes muertos (un mínimo de 9,500, pero probablemente entre 20,000 y 25,000) en comparación con sus propias tropas (alrededor de 100). En primer lugar, la orden de Hurtado del 3 de diciembre de exterminar a casi todos los sangleyes en Luzón dejó solo a unos 7,000 rebeldes rendidos en Tondo, varios cientos de comerciantes y la mencionada tripulación del sampán vivos.

Su recuento incluye más de 4,000 muertes de civiles en el incendio de Parián y otras ejecutadas sistemáticamente en Cavite. Los asesinatos de no combatientes, tanto dentro como fuera de las zonas de combate activas, sin duda empeoraron cuando se corrió la voz de que Hurtado había ofrecido, el 29 de diciembre, una recompensa de 4 pesos por cada cabeza de sangley.

En segundo lugar, es probable que las cifras de muertos de las tropas aliadas de España estén subestimadas, aunque no está claro en qué medida. Varias de las acciones descritas por Hurtado incluyeron escaramuzas de caballería, indios flecheros y arcabuceros, así como bombardeos de artillería contra las fortificaciones de sangleyes. Por el contrario, los rebeldes sangleyes contaban con relativamente pocas armas de fuego y carecían de caballería.

Otras acciones habrían sido de combate cuerpo a cuerpo, como la limpieza de las fortificaciones rebeldes en los repetidos asaltos españoles a Sampaloc entre el 25 y el 28 de diciembre, donde las únicas bajas registradas son las de sangleyes. Se dice que solo unas pocas de estas acciones no supusieron bajas para el bando español. Por consiguiente, es probable que se produjera un subregistro, ya sea porque no se pudo realizar un recuento exacto o porque Hurtado y sus subordinados simplemente los omitieron del recuento final. En cualquier caso, el servicio de las tropas no españolas en la campaña fue esencial para su éxito.

Lealtad digna de estimar

A su llegada a Manila, Hurtado, veterano de Flandes, Panamá y Perú, se dedicó a formar una fuerza suficiente para proteger el archipiélago de las incursiones musulmanas e incluso llevar la lucha al enemigo. Ordenó extensos proyectos de construcción en la capital y sus alrededores, incluyendo fortificaciones, una capilla y un hospital, así como cuarteles para nuevos contingentes de auxiliares pampanganes remunerados, que marchaban bajo el mando de sus propios oficiales con derecho a portar armas de fuego y (para una compañía de patrulla en Manila) montar a caballo.  En 1639, Hurtado había reunido 11 compañías (casi 1,100 soldados) en todo el archipiélago. A estas tropas se sumaron varios cientos más que Hurtado trajo consigo desde América (entre ellos su secretario, Simón Delgado).

El gobernador llevó a cabo estos planes a pesar de las enérgicas objeciones de los funcionarios del Tesoro Real, cuyos fondos ya estaban agotados, y de las órdenes religiosas cuyas tierras reclamó en el proceso. Sus esfuerzos culminaron en campañas contra Maguindanao y Jolo en 1637-1639.

Los proyectos de construcción de Hurtado y su compromiso de reclutar contingentes remunerados de auxiliares locales manifestaron una preocupación pragmática por el bienestar (y la lealtad personal) de sus soldados. Al igual que en América Latina, el poder militar español en Asia no era solo español, sino que se basaba en la capacidad de los funcionarios coloniales para convocar tropas de varias “naciones”. La conducta de los soldados también era una preocupación económica, ya que la falta de pago puntual podía provocar deserciones e incluso motines en una colonia donde los españoles eran superados claramente por otros grupos de población.

Además de los pampangueños, Hurtado también recurrió a otras «naciones» durante la campaña de 1639-1640, entre ellas zambales, tagalos, malukanos, japoneses, negros libres y esclavizados, e incluso algunos mestizos cristianos sangleyes. El ejército se reforzó con un considerable contingente de porteadores de Pangasinan y, probablemente, con una cantidad indeterminada de personal de apoyo, como cocineros, carpinteros, proveedores y zapadores.

Este ejército de casi 4,500 soldados incluía una cantidad sustancial de armas de pólvora: casi 1,200 armas de fuego de infantería y una cantidad casi igual de piezas de artillería. El minucioso recuento de tropas y armamento de Hurtado muestra su atención al detalle, así como su compromiso con la creación de un ejército de campaña de estilo europeo que combinaba picas, armas de fuego de infantería, caballería ligera y artillería. Otras fuerzas actuaron junto a este núcleo entrenado en Europa, a saber, varios contingentes de indios flecheros y milicias.

Hurtado elogia generosamente a sus comandantes españoles por su valentía en combate. En contraste, los soldados indígenas (a excepción de los capitanes locales) y los rebeldes sangleyes no son nombrados y solo se les identifica por su nacionalidad y armamento. Aproximadamente 50 de estos indígenas y otros soldados no españoles perdieron la vida en la campaña, aunque si hubo subestimaciones, la cifra real —al igual que la verdadera magnitud de la masacre— podría nunca conocerse con certeza.

Consecuencias

Hurtado tomó medidas para afirmar el control español del comercio con China inmediatamente después de la rendición de los rebeldes de Sangley en marzo de 1640. Después de un desfile de la victoria en el suburbio de Bagumbayan, reubicó a los supervivientes chinos en una empalizada en Tondo donde les permitió construir casas y reanudar los negocios. El terreno del antiguo Parian incendiado fue entregado a los jesuitas, solo para ser reclamado por los supervivientes sangleyes en 1646 después de una serie de pleitos.

Su siguiente movimiento reveló los persistentes temores de conspiración: once líderes sangleyes, incluido su mandarín electo, fueron llevados a bordo de un barco con el falso pretexto de que serían deportados a la Formosa española. Una vez en alta mar, fueron ejecutados mediante garrote vil por orden del gobernador, y sus cuerpos fueron arrojados por la borda para que la noticia de su ejecución no llegara a sus seguidores en Tondo.

Por último, Hurtado envió el sampán capturado a un puerto no identificado de la China continental (posiblemente Quanzhou) con tres leales sangley que habían escapado del incendio de Parián. Con ellos envió una carta exponiendo su punto de vista sobre las causas de la revuelta y pidiendo a los comerciantes de la China continental que reanudaran el comercio. Su petición tuvo evidente éxito; en pocos meses, Manila recibió seis sampanes cargados de mercancías, un dosel bordado que conmemoraba la victoria española y la aparente garantía de que el comercio con China continuaría como antes.

A pesar de sus éxitos militares, Hurtado se había granjeado demasiados enemigos entre sus compatriotas españoles como para que sus exhaustivas precauciones pudieran contrarrestarlos. Las mismas cualidades que, sin duda, lo convirtieron en un comandante de campo tan exitoso, el modelo de soldado raso del Ejército de Flandes —su ambición ilimitada y su inclinación por el liderazgo carismático, que incluía comer y trabajar junto a sus tropas— también resultaron políticamente peligrosas a los ojos de sus detractores, entre los que se encontraba su sucesor, Diego Fajardo Chacón.

Tras un juicio recordado por su inusual duración y crueldad, Hurtado fue declarado culpable por el juicio de residencia de nepotismo; favoritismo hacia diversos parientes y partidarios; participación en comercio personal ilegal; pérdida de Formosa a manos de los holandeses; malversación de los derechos de residencia de sangleyes y de donaciones a la corona; usurpación del poder tanto del Arzobispo de Manila como del tesoro real; y muchos otros delitos. Pasó los siguientes cinco años encarcelado en Manila antes de ser finalmente absuelto de todos los cargos por el Consejo de Indias y autorizado a regresar a España. Luego ocupó una serie de puestos breves en Córdoba y Asturias, seguidos de un cargo de gobernador en las Islas Canarias, donde murió poco después.

Mientras el comercio de galeones del Pacífico y el papel de los sangleyes como intermediarios en él continuaron, lo hicieron a costa de la carrera de Corcuera y (más importante aún) de más de 20,000 muertos. Otra revuelta y masacre de los sangleyes tuvo lugar en 1662 con resultados similares. El asombroso precio en vidas y tesoros necesario para mantener un estado de guerra casi constante en cuatro continentes y dos océanos detuvo las ambiciones españolas en el sudeste asiático, incluso cuando su control, a menudo precario, sobre el archipiélago filipino y sus numerosos pueblos, se mantuvo por dos siglos y medio.

martes, 1 de septiembre de 2026

Vista del Parián 1821

Hace dos siglos, en 1821, cuando México comenzó a caminar por el sendero de la independencia, el avance era incierto y difícil, pero había una intención de reiniciar la vida cotidiana, el trabajo y el comercio. En la importante relación con el Pacífico, el 19 de julio de 1815 el galeón Magallanes había zarpado de Acapulco con rumbo a Manila. Sería el último navío directo de México a Filipinas. 

Después de una década de violencia revolucionaria, quedaban en pie muchas instituciones del pasado colonial. Los productos asiáticos formaban parte de los placeres de las élites novohispanas, eran ya parte de la cultura de consumo de esa sociedad en transición, y era común adquirir en México porcelanas, perlas, sedas y otros textiles provenientes de Asia. 

En el centro mismo de la Ciudad de México seguía en pie el Parián, como se conocía al mercado de productos asiáticos. Era un edificio tosco, lo hemos descrito (2009 y el mes pasado). Ahora nos encontramos con una imagen de los últimos años del Parián. 

El comercio con Asia se desvaneció lentamente a lo largo de décadas, pero el recuerdo de 250 años de intercambio a través del Pacífico se mantiene aún ahora en museos e iglesias, pero de manera discreta en los gustos populares mexicanos, en los colores y en los sabores. 

En esta vista vemos la plaza mayor de la Ciudad de México, ya nombrada cómo Plaza de la Constitución de Cádiz, como corresponde al acto de lealtad a la nueva Constitución de las cortes hispanas en 1813.

La plaza hab'ia sido renovada por el virrey Revillagigedo en 1793 y años después se colocó la estatua ecuestre de Carlos IV, obra de Manuel Tolsá. La base de ese monumento tenía forma de túmulo rectangular sobre una balaustrada elíptica. El pueblo comenzó a llamar a esta obra como zócalo, por la peculiar base de la estatua. La escultura fue expulsada de la plaza y ahora se encuentra instalada entre el edifico de Minería y el Museo de Arte, ya sin la imposición simbólica colonial que tenía hace siglos. Aún ahora, el recuerdo popular se refiere al zócalo en referencia a la plaza central de México.

Precisamente, a un costado de aquella estatua se mantenía el famoso mercado del Parián.

En la imagen que hoy presentamos, tomada de internet (crédito a quien corresponda) aparece la Catedral metropolitana ya concluida en 1813 y que mostraba el nuevo atrio, delimitado por pilares unidos por cadenas y dos cruces en las esquinas que para mediados de siglo seria conocido como paseo de las cadenas.

















domingo, 23 de agosto de 2026

Vista del Paríán, 1770

 


Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de México hacia 1770.

Juan Patricio Morlete Ruiz (1713-1771).


Esta hermosa panorámica se encuentra actualmente en el Museo de Artes Finas de Malta.


Puede apreciarse que en la segunda mitad del siglo XVII la catedral metropolitana de la Ciudad de México aún no había sido concluida, pero la plaza tenía ya la fisonomía que conocemos, con el palacio de los virreyes y, en este caso, el mercado del Parián que ocupaba gran parte de la explanada. Como telón de fondo: los volcanes.

En esta bitácora he hecho referencia a otras imágenes del Parián en varios siglos. Un mercado oriental en México con cinco textos publicados en 2009. En el contexto del comercio durante la Nueva España, recomiendo el texto Mercados de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, basado en el libro de Jorge Olvera Ramos.


En esta ocasión destaco la "Vista de la Ciudad de México" del artista novohispano, oriundo de Guanajuato, Juan Patricio Morlete Ruíz, influido por el paisajismo italiano, e incluso se menciona el tipo de perspectiva desarrollado por Giussepe Zocchi. Los lectores habrán visto decenas de pinturas de Venecia o de otras ciudades italianas que invitan a admirar la armonía de las construcciones. A esa escuela de pintura se le conoce como vedutismo (vedere = ver).

Esta pieza, al igual que otros paisajes urbanos en la última etapa del virreinato, muestra cómo los artistas novohispanos estaban al tanto de las novedades artísticas europeas. Es interesante mencionar que Morlete Ruiz siguió esta tendencia de grandes panoramas al final de su carrera, aunque previamente se desempeñó en retratos de personajes de la nobleza novohispana, en temas religiosos, en pintura de castas y hasta en un biombo mostrando a Alejandro Magno.






sábado, 15 de agosto de 2026

Galeón, Carabela, Nao y Carraca

Tomo una ilustración elaborada por el portal Historias de la Historia para explicar la diferencia entre cuatro tipos de embarcaciones que fueron famosas en el movimiento marítimo europeo.  Que sirva como explicación para distinguir el uso que se daba a estas maravillosas maquinarias. 

Cabe hacer notar que algunas fueron contemporáneas desde el siglo XV, pero los nombres corresponden al uso que tenían, a los mares que surcaban y al tipo de carga. 

Recomiendo ampliamente el libro Los Fundamentos Industriales del Galeón de Manila-Acapulco, coordinado por Iván Valdez-Bubnov, Alberto Angulo Morales y Kristyl Obispado. México: UNAM, 2025. Ahí encontrará el lector una variedad de temas sobre la industria marítima tanto del Atlántico como del Pacífico. 

Por cierto, en este libro publico un ensayo con el título "Comercio, Diplomacia y Violencia. El entorno económico y político del Galeón de Manila.", pp. 27-50. Disponible gratis aquí 




viernes, 10 de julio de 2026

Travesías en el Océano Pacífico


Un nuevo libro fue publicado por el Museo de Arte de Denver, con el título: Travesías transpacíficas: arte, comercio y el galeón de Manila, 2026. Es un bello libro editado por Kathryn Santner, Karina H. Corrigan y Jorge F. Rivas Pérez, con la contribución de once investigadores que participaron en un simposio en el Centro Mayer en 2024. Esta es la presentación general: 

"Durante 250 años (1565-1815), el Galeón de Manila transportó mercancías asiáticas desde Filipinas a América bajo el dominio de la Corona española. Tras hacer escala en Acapulco, México, la seda, los abanicos, los objetos lacados, la ropa y la porcelana que transportaba el galeón circularon rápidamente por América, introduciendo una nueva cultura visual que influyó por igual en objetos, consumidores, artesanos y comerciantes. A su vez, los productos importados de América, como la plata, el tinte índigo, la cochinilla roja, los chiles y el maíz, tuvieron un enorme impacto en Asia. Once investigadores de Estados Unidos, México y Singapur presentan estudios actuales sobre cómo el vasto intercambio de materiales, técnicas e ideas entre continentes influyó en la trayectoria del arte y la cultura material a través del Pacífico."

Travesías transpacíficas: arte, comercio y el galeón de Manila.
https://www.denverartmuseum.org/en/pub/transpacific-crossings

El volumen es de acceso gratuito, en este vínculo en línea:

 https://mayer2024.denartmus.org/

La línea de investigación puede apreciarse en publicaciones anteriores, de 2006 y 2010. En fechas recientes se ha impulsado también la investigación centrada en Manila como centro productor de arte:


El libro aborda varios aspectos y casos específicos de la materialidad del arte que fue transportado en el Galeón de Manila. Se reconoce, claro, que esta empresa tuvo un alto contenido de sufrimiento humano, que acompaña a la riqueza de su carga. El impulso principal era la ambición económica. De esta forma, los historiadores del arte han decantado sus conocimientos para describir el contexto social en que las valiosas piezas que hoy forman parte de colecciones en todo el mundo fueron creadas con el propósito de ser enviadas a consumidores lejanos. Esto fue posible por la red global de intercambios en la que participaba el famoso Galeón. Los coordinadores comentan: "Como curadores, estas brillantes piezas nos inspiran por muchas de las mismas razones que fascinaron a los mercaderes de Manila y Ciudad de México y a sus ávidos clientes en los mercados del Parián.


                                                          Contenido del libro


miércoles, 10 de junio de 2026

Perú y la Nueva España

A lo largo de la época colonial, el Imperio español estableció una red administrativa en la que varios funcionarios destacados gobernaron sucesivamente ambos territorios. Ocho virreyes pasaron de la Nueva España (México) al Perú, y uno gobernó primero en el virreinato del Sur de América y luego pasó a la Nueva España.

Este intercambio de administradores entre los dos principales virreinatos en América fue sedimento de una cultura administrativa y colonial compartida. Los virreyes viajaban con un séquito de allegados y sirvientes que transmitían un estilo personal de gobernar que quedó impregnado en las cortes virreinales. También se transmitió a las prácticas locales de la religión. Ambos virreinatos tuvieron sus santos, como San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima o Felipe de Jesús, con seguidores en las dos partes del continente. La Virgen de Guadalupe se enseñoreó en todo el continente. 

Al final de estas notas se podrá ver que también las prácticas del esclavismo, el contrabando, la corrupción fueron compartidas por las élites coloniales en ambos virreinatos. El poder español se preocupó en varios momentos por el nivel de corrupción y por la posibilidad de que las élites criollas pensaran en una suerte de independencia basada en la producción de plata y el comercio con Asia. Por esta preocupación se prohibió en varios momentos el comercio directo entre Perú y México.







Virreyes de la Nueva España que pasaron al Perú:


  1. Antonio de Mendoza y Pacheco (1.º en Nueva España / 2.º en el Perú): Fue el primer virrey en México (1535-1550) y posteriormente fue trasladado al Perú, donde falleció poco después de asumir el cargo en 1551. 
  2. Martín Enríquez de Almansa (4.º en Nueva España / 6.º en el Perú): Gobernó México entre 1568 y 1580, y fue enviado como virrey del Perú en 1581.
  3. Luis de Velasco y Castilla (2.º y 8.º en Nueva España / 10.º en el Perú): Gobernó la Nueva España en dos periodos (1590-1595 y 1607-1611) y fue virrey del Perú entre 1596 y 1604. 
  4. Gaspar de Zúñiga y Acevedo (Conde de Monterrey) (9.º en Nueva España / 13.º en el Perú): Ocupó el cargo en México (1595-1603) y luego pasó al Perú, donde gobernó desde 1604 hasta su muerte en 1606.
  5. Juan de Mendoza y Luna (Marqués de Montesclaros) (12.º en Nueva España / 14.º en el Perú): Virrey de la Nueva España de 1603 a 1607, y del Perú de 1607 a 1615.
  6. Diego Fernández de Córdoba (Marqués de Guadalcázar) (14.º en Nueva España / 18.º en el Perú): Gobernó México entre 1612 y 1621, y el Perú de 1622 a 1629.
  7. García Sarmiento de Sotomayor (Conde de Salvatierra) (16.º en Nueva España / 19.º en el Perú): Virrey novohispano de 1642 a 1648 y virrey peruano de 1648 a 1655.
  8. Diego Osorio de Escobar y Llamas (26.º en Nueva España / Interino en el Perú): Obispo poblano que asumió el cargo en México de forma interina en 1664; fue enviado como virrey interino al Perú en 1689.
  9. Luis Enríquez de Guzmán (Conde de Alba de Liste) (20.º en Nueva España / 16.º en el Perú): Virrey en México de 1650 a 1653 y virrey del Perú de 1655 a 1661.
  10. Melchor Portocarrero Lasso de la Vega (Conde de Monclova) (27.º en Nueva España / 22.º en el Perú): Gobernó la Nueva España (1680-1686) y fue trasladado al Perú, donde gobernó por un periodo inusualmente largo entre 1689 y 1705. 

Virrey del Perú que pasó a la Nueva España:

  • Fernando de Alencastre Noroña y Silva (Duque de Linares): Asumió como virrey del Perú en 1705 y posteriormente fue nombrado virrey de la Nueva España de 1711 a 1716. 

(Lista de gobernantes basada en Wikipedia)


En este blog he abordado con cierto detalle los temas de la relación entre Perú y la Nueva España. 


Dos notas con antecedentes generales


https://lanaova.blogspot.com/2012/08/el-triangulo-del-sur.html


https://lanaova.blogspot.com/2019/10/valoracion-del-comercio.html


Los peruleros


Así se conocía a los comerciantes que llegaban a las costas de México, principalmente a Huatulco. Tres textos breves sobre estos agentes comerciales.


https://lanaova.blogspot.com/2012/06/los-peruleros.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/07/peruleros.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/08/peruleros-3.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/11/mercadurias-chinas-en-peru.html


Intercambio biologico


No debería sorprender que en este constante trasiego de productos, algunas especies naturales del Sur llegaron a México. Es el caso del árbol del pirul (Schinus molle L), cuya introducción en México se atribuye al virrey Antonio de Mendoza. 


https://repositorio.ipicyt.edu.mx/handle/11627/2931


https://lanaova.blogspot.com/2013/04/intercambio-biologico.html


Trata de esclavos Perú. Migración oriental


https://lanaova.blogspot.com/2012/07/trata-de-esclavos-nicaragua-peru.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/06/migracion-oriental-en-peru.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/11/chinos-en-peru.html



El tema de la plata, Perú, México, China


https://lanaova.blogspot.com/2013/03/geologos-al-rescate.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/03/geologos-2.html



Prohibición del comercio México, Perú, Filipinas.


https://lanaova.blogspot.com/search?q=virrey



Arte y cultura, Perú y México


https://lanaova.blogspot.com/2012/07/arte-y-cultura-mexico-y-peru.html


Corrupción de los virreyes



https://lanaova.blogspot.com/2012/11/gonzalo-ronquillo-gobernador-y.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/01/los-negocios-del-marques-de-canete-1590.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/02/la-ambicion-como-empresa.html