Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

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sábado, 25 de mayo de 2024

Límites de la expansión española en Filipinas

Esta vez daremos noticia de un nuevo libro cuyo título podría ser traducido como La Conquista Incompleta. Los límites del Imperio Español en el siglo XVII en Filipinas, editado por la Universidad de Cornell en el año 2023. La autora es la doctora Stephanie Joy Mawson, quien ya ha publicado algunos adelantos de su investigación, como se puede ver al final de esta nota.


 Incomplete Conquest. 

The limits of the Spanish Empire in the Seventeenth Century Philippines

El libro consta de siete capítulos que ofrecen una perspectiva del proceso, parcialmente fracasado, de conquista española en el archipiélago de filipinas a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII.  Aunque este tema ha sido motivo de discusión por más de cincuenta años, el libro ofrece algunos elementos novedosos a partir de una perspectiva interdisciplinaria que incluye a la arqueología, la sociología y el estudio de la cultura. También "descentraliza" el estudio y se ubica en los espacios que por siglos estuvieron fuera del control español, como las sierras, en el mismo Luzón, o en provincias remotas que se convirtieron en zonas de refugio de poblaciones autóctonas. También reconoce el papel de migrantes que no se sometieron completamente al poder español, como es el caso de los comerciantes chinos.

Esta es la estructura del libro:

Introducción

1. Un momento de crisis, 1660-1663

2. Esclavitud, deuda y regímenes de trabajo colonial

3. Conversión bajo crítica

4. Cacería de esclavos y el repliegue imperial

5. Refugios en las montañas

6. Insurgencias en Cagayan, 1572-1745

7. Manila, ciudad China

Conclusiones

* * *

La autora propone: ¿qué sucede si, en lugar de centrarnos en los procesos que impulsaron la colonización (las formas en que se formó y consolidó el Estado colonial y los intereses asociados con este proyecto), nos centramos en las limitaciones del Estado colonial? ¿Cómo cambia esto nuestra comprensión de la historia de la colonización? 

 Esta es una propuesta interesante para dejar por un momento la narrativa de la colonización castellana y comenzar a ver la perspectiva local, a través de los innumerables obstáculos al proyecto de expansión colonial, como son la dispersión geográfica, la diversidad de pueblos y las limitaciones numéricas o de interpretación que traían los conquistadores. El libro se ubica en áreas "excéntricas", fuera de Manila, para evaluar e interpretar los alcances verdaderos de la conquista en Filipinas.
 
"... no se lograron controlar en su conjunto otros asentamientos importantes en Bisayas, Campor en Cebú, Negros, Calamianes y Cuyo, la gran isla de Mindanao, la pequeña isla de Joló, además de la conquista interna inacabada de Luzón en las regiones de Zambales, Ituy, los montes igorrotes, así como de los indígenas llamados aetas, nómadas que mantuvieron escasos contactos con los europeos. Incluso en la segunda mitad del siglo XVII se dejaron de lado los ideales expansivos con objeto de realizar una internación en el propio archipiélago." 
 
Otro ejemplo es Cagayán, en el norte de Luzón, frente a las costas de Taiwán y en el camino a Japón, que quedó prácticamente fuera de las historias de la colonización de FIlipinas. 
 
Los límites del control español se derivaron de factores internos del imperio, incluida la falta de personal, burocracias débiles y crisis financieras, corrupción local, extralimitaciones imperiales. La contraparte indígena mantuvo una gama de estrategias de resistencia, huida, evasión, conflicto y guerra en todos los rincones del archipiélago. A todo ello, la autora le nombra persistencia. Las herramientas a la mano de estas comunidades correspondían, por supuesto, a sus formas sociales de parentesco y jerarquización interna, también a los métodos de guerra autóctonos, en correspondencia con los factores geográficos y ambientales. Formas de guerra local, la captura de esclavos y la cacería de cabezas, forma parte de ese abanico de resistencias que no pudieron ser dominadas por el poder colonial.
 
"Lo que a veces se ha visto como la debilidad inherente de la sociedad precolonial filipina (una intensa fragmentación social y la falta de estructuras estatales establecidas) fue en realidad una fortaleza real al enfrentar la expansión colonial." 
 
La autora señala en el capítulo 2, que cuando los españoles llegaron a Filipinas a finales del siglo XVI, encontraron una sociedad caracterizada por la dispersión geográfica y la intensa fragmentación del poder. Las comunidades filipinas tendían a ser pequeñas unidades basadas en clanes llamadas barangays, que contaban con un promedio de alrededor de cien familias, aunque también existían algunas comunidades de hasta mil personas.
 
El capítulo 3 dedica particular atención a la interacción entre la realidad compleja y el proyecto colonial, que tenía como divisa la expansión de la religión católica. Como sabemos,  dicho proyecto quedó en manos de los misioneros y los padres diocesanos en las regiones más remotas. Muchas veces el trabajo religioso se disolvió debido a múltiples factores como fue la sobreexplotación de los trabajadores indígenas, los tributos, el abuso de los padres. Los intentos de crear reducciones de indios, como en los vireinatos americanos, tuvieron pocos resultados. Aquí recuerda la interesante discusión abierta hace más de medio siglo por John Leddy Phelan, sobre una geografía espiritual que no logró ocupar todo el espacio de Filipinas. Ver entrada de este blog sobre el tema.

La autora señala cómo una nueva generación de historiadores también ha tratado de abordar el tema de la expansión religiosa y sus limitaciones.  Para ello cita al antropólogo histórico Alfred McCoy quien escribió sobre la religión en Visayas orientales que “el animismo visayano no sólo había sobrevivido como una curiosidad atávica, sino que de hecho siguió siendo la fuerza espiritual dominante en las Visayas occidentales”. De hecho, sostiene que el “catolicismo popular” difícilmente explica los procesos que han tenido lugar en las Visayas, donde el catolicismo no suplantó al animismo sino que fue simplemente –y sólo muy parcialmente– incorporado a los sistemas de creencias preexistentes."

Es muy interesante la interpretación de que los misioneros se enfrentaron a un panorama espiritual de estas poblaciones que simplemente no comprendían. "Este paisaje era a la vez físico (grabado en el entorno natural) y metafísico, y las comunidades filipinas mantenían fuertes conexiones con él. La práctica religiosa estaba inscrita en este mundo social, influyendo en dónde vivía la gente, dónde cultivaba y cómo viajaba por el campo. Los misioneros necesitaban lidiar con esta realidad antes de lograr un éxito real en la conversión."

El libro es producto de una investigación doctoral basada en archivos históricos y en investigación de campo, principalmente en las partes alta de Igorot y en Cagayan. En mi opinión, el libro rinde homenaje a historiadores filipinos que en un principio rechazaron la historia colonial escrita en los conventos o en las oficinas de los colonizadores del siglo XX, pero que tenían a la mano pocos materiales para escribir y describir el período pre-hispánico. En ese camino, autores como William Henry Scott, quien en la década de los sesenta del siglo pasado buscó en la etno-historia y encontró las “grietas en la cortina de pergamino que permitieron a los historiadores recuperar voces e historias indígenas dentro de los archivos coloniales y rastrear continuidades culturales así como la agencia indígena. dentro de la era colonial." Ver aquí la entrada de este blog sobre la obra de Scott.
 
En el capítulo 5 se señala que de manera similar a lo que ocurrió en varias sociedades coloniales en el continente americano, las poblaciones indígenas buscaron refugio en las partes altas y una de las consecuencias más sorprendentes son las terrazas para el cultivo de arroz. 
 
"El arqueólogo Stephen Acabado sostiene que el cultivo de arroz húmedo se desarrolló como una estrategia que ayudó a las comunidades ifugao de las tierras altas a resistir la colonización, reemplazando el cultivo de taro como una mejor fuente de sustento para alimentar a poblaciones más grandes. Al mismo tiempo, el cultivo de arroz húmedo también se convirtió en una parte importante de la identidad cultural de estas comunidades. El legado más evidente de esta historia de resistencia son las famosas terrazas de arroz de Ifugao, ahora catalogadas como patrimonio mundial de la UNESCO. Se erigen como estructuras físicas emblemáticas de una cultura indígena que resistió efectivamente la colonización, aceptó a fugitivos de las tierras bajas que buscaban evadir los excesos del Estado colonial y adaptó su tecnología agrícola para permitirles reclamar soberanía del control estatal durante cientos de años.
 
 

 Terrazas de arroz en el norte de Luzón
Foto: Prapass Pulsub / Getty Images
 
La autora incluye en el capítulo 7 las pecuiares formas de resistencia de los comerciantes sangleyes, chinos venidos mayoritariamente de la provincia de Fujián, que fueron continuamente víctimas de violencia de los administradores españoles. En diversos períodos esta fue una de las peores expresiones de conflicto en Filipinas, y en cierta forma muestra la dificultad del imperio para asentar su control en la capital misma del archipiélago. 

Una de las mejores aportaciones del libro son los cuadros y los mapas que muestran las expediciones militares de conquista, por año y por región; las regiones donde se desarrollaron las acciones misioneras en el siglo XVII, desglosadas por las órdenes religiosas; las rebeliones en la provincia de Cagayan, 1575-1639.

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Stephanie Mawson. Incomplete Conquests. The Limits of Spanish Empire In the Seventeenth Century Philippines. Ithaca. London: Cornell University Press, 2023. https://www.cornellpress.cornell.edu/book/9781501770272/incomplete-conquests/.
 
----. “Philippine Indios in the Service of Empire: Indigenous Soldiers and Contingent Loyalty, 1600–1700.” Ethnohistory 63, no. 2 (April 1, 2016): 381–413. https://doi.org/10.1215/00141801-3455363
 
----. “Convicts or Conquistadores? Spanish Soldiers in the Seventeenth-Century Pacific.” Past & Present 232, no. 1 (August 1, 2016): 87–125. https://doi.org/10.1093/pastj/gtw008
 
----. “Unruly Plebeians and the ‘Forzado System’; Convict Transportation between New Spain and the Philippines during the Seventeenth Century.” Revista de Indias 73, no. 259 (December 30, 2013): 693–730. https://doi.org/10.3989/revindias.2013.2

jueves, 22 de septiembre de 2022

Hombres del Mar

 En el mar, la vida no es sabrosa. 

He leído la tesis de doctorado de Kristyl Obispado, historiadora filipina que estudió en el Colegio de México. Es un texto preciso, muy bien ordenado y que avanza en territorios de investigación que han sido soslayados por la historia imperial. La investigación versa sobre Los marineros del Pacífico. Los trabajadores globales en los márgenes del Imperio Español (1580-1640), traduciendo de manera laxa el título original en inglés.

La tinta de la tesis está todavía fresca, pues esta investigación fue presentada en agosto de 2021 en la Ciudad de México. Esto es motivo de congratulación pues refleja la cooperación entre instituciones académicas de Filipinas y México. 



Galeón Mecánico (c.1580-1590). Museo Británico.

En efecto, no existen tantos estudios acerca de los marineros, la fuerza de trabajo que hacía funcionar las maravillosas máquinas de la navegación. Se ha invertido mucho esfuerzo en investigar los mecanismos del poder imperial, las relaciones culturales a través del Pacífico, la obra misionera católica en Asia, los procesos económicos del comercio entre ambos lados del océano y más allá. 

Por ello es notable y bienvenida una investigación específica sobre el tema de la organización del trabajo, sobre los orígenes de los marineros, sus condiciones, que podían ser por contrato o por fuerza. Las características del trabajo estos personajes en el siglo XVI y XVII indican que los marineros se convirtieron en trabajadores globales. A fin de cuentas, los galeones prefiguran las fábricas de la época industrial de siglos posteriores, con rangos, rutinas y tareas específicas, con normas y frecuentemente más castigos que beneficios para los operarios.

La doctora Kristyl Obispado reconoce algunas obras que han aportado elementos en el terreno que ella estudia.

  • Guadalupe Pinzón. Hombres de mar en las costas novohispanas. Trabajos, trabajadores y vida portuaria en el departamento marítimo de San Blas (siglo XVIII). México: UNAM, 2014. De acceso gratuito aquí: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/hombres/demar.html
  • Déborah Oropeza Keresey, "La Esclavitud Asiática en el Virreinato de la Nueva España, 1565-1673". Ver: Historia Mexicana, Vo. 61, No. 1 (241) (Julio-Septiembte 2011), pp. 5-57.
  • Slack Jr., Edward R., “Sinifying New Spain: Cathay’s influence on Colonial Mexico via The Nao de China” en The Chinese in Latin America and the Caribbean, Walton Look Lai y Tan Chee-Beng, (editores), Boston/Leiden, Ed. Brill, 2010.
  • Tatiana Seijas, Asian Slaves in Colonial Mexico; From Chinos to Indians, New York: Cambridge University Press, 2014.
Hemos mencionado los tres últimos trabajos aquí: https://lanaova.blogspot.com/2015/02/indios-chinos-en-la-nueva-espana_13.html

El Galeón representaba una máquina maravillosa, autómata

El texto es resultado de una investigación acuciosa en varios archivos, en particular en las Cuentas de la Hacienda Real, ramo Contaduría, del Archivo General de Indias, acerca del movimiento de los galeones en un período de cincuenta años (1590-1640). Es por ello que los anexos de la tesis son voluminosos al integrar diversas categorías de la organización del trabajo en los galeones, de las mercancías transportadas, de las tareas de los marineros, los salarios pagados, si bien era frecuente el retraso en el pago del trabajo devengado. Es una combinación muy acertada del estudio cuantitativo y el análisis cualitativo de esta gama de trabajadores, incluyendo cuando es posible algunos elementos de sus vivencias. 

Dos vidas, muchas vidas. De hecho, la autora concluye su trabajo al brindar un sólido contexto en la descripción de las trayectorias de dos marineros, uno del siglo XVI, Juan de Uriza (¿peruano?),  y otro del siglo XVII, Juan del Campo, filipino. Cada uno de ellos guardaba los documentos que garantizaban su supervivencia: certificado de servicio, cartas de pago, prueba de religión, certificados médicos y permisos para salir de los puertos. Este era su propio historial de trabajo. Es interesante encontrar este tipo de documentos en archivos de difuntos o en controvesias legales o de religión.

Se destaca que la organización del galeón contaba con reglas precisas y varias de éstas derivaban del pensamiento católico romano. Es decir, se trataba de garantizar que los oficiales y los marineros comulgaran con los principios religiosos dominantes. Es por ello, que algunos elementos de la información provienen de denuncias ante la inquisición cuando presumiblemente se rompía esa regla.

Sobre la cantidad de marineros cito en traducción libre al español: 

"Considerando que cada año partían de manera regular dos barcos con un total de 300 marineros (excepto en los años 1614, 1627 y 1637 cuando el Rey no pudo enviar la ayuda o socorro a las Filipinas) y tomando en cuenta que el servicio de cada marinero era de un año (es decir, formalmente había un grupo nuevo de 300 marineros cada año a lo largo del período que se estudia), se puede asumir que entre 1590 y 1640 se emplearon por lo menos 14,100 marineros." (p. 120).

Si se toma en cuenta que el galeón se abastecía de rutas suplementarias en Asia, el número de marineros relacionados con el sistema comercial ascendería a más de 20,000 trabajadores del mar.

Las necesidades del servicio hacían que varios marineros se vieran obligados a cumplir tareas de defensa, en momentos de gran tensión entre España y sus enemigos ingleses y holandeses. La carga presupuestal de la defensa, especialmente en Filipinas y eventualmente en otras localidades asiáticas, como las islas Molucas, fue motivo de discusión entre administradores coloniales por largo tiempo. En ocasiones los marineros eran obligados a actuar como soldados, pero finalmente la práctica común fue enviar soldados desde México a las Filipinas, en una estimado de 156 hombres por año. Los gobernadores en Manila pedían 300 soldados. Tan sólo en 1633 se señalaba la necesidad de 2,200 soldados para proteger los dispersos presidios (fuertes y puestos de defensa) en Asia Pacífico (p. 169).

Un aspecto muy interesante es la observación y documentación en el capítulo cinco de que los marineros también participaban marginalmente del comercio del galeón, al adquirir textiles, porcelanas, accesorios y otros productos susceptibles de ser vendidos al final de la travesía, en la Nueva España.

Ojalá esta investigación pueda ser divulgada más ampliamente en un libro en español pues es un enfoque novedoso y bien fundamentado de la compleja historia del Galeón de Manila.

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Imágenes tomadas de la página del Museo Británico. 

https://www.britishmuseum.org/collection/object/H_1866-1030-1

Se trata de un galeón metálico que tiene un reloj. "La máquina no es esencialmente un reloj, sino un magnífico e ingenioso autómata diseñado para anunciar un banquete desplazándose de forma autónoma a lo largo de una mesa. A medida que avanzaba, un pequeño órgano de regios o de tubos interpretaba una melodía y unas baquetas tocaban en una piel extendida sobre la base del casco de la nave. Mientras todo esto ocurría, las copas de los mástiles de proa y mesana giraban. Como parte del espectáculo, los Electores del Sacro Imperio Romano Germánico, precedidos por tres heraldos, procesionaban y hacían una pequeña reverencia ante el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rodolfo II, sentado en un trono bajo un dosel. El barco volvia a avanzar acompañado por la música y los tambores y, como gran final para agasajar a los invitados, disparaba el cañón principal del bauprés, que encendáa una mecha de rápida combustión que ardía rápidamente alrededor del casco, disparando a su vez los demás cañones para terminar su actuación en una maravilla de ruido y humo."

viernes, 10 de agosto de 2018

Una mirada a Acapulco, 1679


Continuamos transcribiendo el capítulo 46 de la crónica del viaje alrededor del mundo de Pedro Cubero. Después de narrar su tormentoso viaje desde Filipinas, el misionero describe Acapulco, la puerta de entrada a la Nueva España, y se puede advertir la desilusión que le produce ver el famoso puerto.  La travesía del Pacífico duró más de seis meses, del 24 de junio de 1678 al 8 de enero de 1679.  Permaneció cuatro meses en Acapulco y sus impresiones son interesantes al mostrar la vida del importante puerto, donde aparecen misioneros, soldades prisioneros y gente de toda la Nueva España.  

El misionero no hace referencia a los viajeros que venían de Filipinas y que desde aquella época comenzaron a vivir en los alrededores de la laguna de Coyuca.

Extrañamente, no pasó por la Ciudad de México, sino que siguó una ruta difícil por centro sur de la capital, por lo que llegó a Atlixco, Tlixco en su relato. Cabe pensar que el virrey obispo no deseaba que ojos curiosos, en camino a España, se entrometieran en los asuntos del virreinato, razón por la que hizo esperar al misionero tanto tiempo en Acapulco y lo despachó directo, pero muy cordialmente, hasta Veracruz.

Utiliza el término "naciones" para describir acertadamente la variedad de pueblos que componían el reino, a todos los cuales ahora llamamos "mexicanos".



 Nova Hispania et Nova Galicia, Gerard Valk y Peter Schenk. 
Holanda, siglo XVII.


Capítulo XLVI 

Llega el autor al puerto de Acapulco, tierra de la Nueva España: descríbelo y cuenta lo que en él le pasó.

Es uno de los mas hermosos puertos del mar del Sur: celebre por el galeón, que viene alli de Filipinas. Es muy seguro para las naos, porque se puede cerrar con una cadena, y por gran tempestad que haya, el galeón está muy seguro porque es una badia [¿bahía?] rodeada toda de montes alrededor. Tiene una muy buena fuerza que está frontero de la misma entrada y cuando llegamos era Castellano de ella don Diego Polo Navarro. (1)

El lugar es pequeño y de malisimo temple, sus habitadores son negros a manera de cafres, la tierra tosca y estéril, seca de agua, que no tiene más que la de los pocos.  Y esa mala [agua] por ser pesada y salobre, bien que a poca distancia hay una fuentecilla muy tenue, que apenas echa un hilo de agua, que le llaman el Chorrillo, que para llenar una botija es menester dos horas. En medio la plaza hay una iglesia pequeña que es la parroquia.  Hay dos hermitas, una de San Francisco y otra de San Nicolás, y esto es lo que tiene el celebrado puerto de Acapulco. Sobre ser tan caluroso, por no bañarle los vientos, que no se puede asistir en él y entrando el invierno que allá llaman es tan tempestuoso de truenos, relámpagos y rayos, que es horro el habitar en él. 

Aqui estuve detenido, hasta que me viniera orden del excelentísimo señor don Fray Payo de Ribera, Arzobispo de México y virrey de la Nueva España en casa de un paisano mío que era contador y oficial real de su majestad, llamado Don Martín Calvo, que me hizo mucha merced y agasajo, más de cuatro meses que estuve allí. 

En el tiempo en que está la nao en el puerto hay mucho tráfago; y aquel año que yo estuve, mucho más, porque habían llegado cuatro misiones de padres de diversas religiones, que en todos eran ciento y cuarenta y dos, cuyos comisarios eran: de la orden de San Francisco, el padre Fray Matheo Vayon; de la de Santo Domingo, el padre Fray Juan Villalba, y de la de los Padres de la Compañía de Jesús, el padre Salgado. Todas estas cuatro misiones llevaban insignes varones, de muchas letras y virtud para las misiones de China y todos se embarcaron en este galeón San Antonio en que yo vine. 

Vienen también de México muchos soldados, que allá se levantan para Filipinas, y muchos forzados, que por diversos delitos los echan allá.(2) Todos estos se embarcaron en el galeón y a los últimos de marzo, Jueves Santo por la tarde, se dieron a la vela, y siguieron su viaje para Filipinas; y yo estuve allí esperando la orden del señor Virrey.

En este tiempo murió el Vicario de Acapulco, con que el señor Arzobispo me envió una orden para que asistiera a aquella cristiandad, hasta que proveyera, y yo obedeciéndole, lo puse en ejecución, predicándoles todos los más días de la Cuaresma, confesándolos y administrándoles los demás Sacramentos, porque en aquel tiempo acude allí mucha gente de diversas naciones de toda la Nueva España. Puse paz y aquieté muchas discordias y pesadumbres, que por particulares disgustos entre el Castellano y los Oficiales Reales se habían originado.  

A los primeros de mayo me vino una carta del Excelentísimo señor Obispo, Virrey, dándome un muy buen socorro y juntamente orden para que me partiera a la Veracruz, como lo hice. La carta era del tenor siguiente:



Bien puede creer V.M. (Vuestra Merced) que he deseado su despacho, pero la ocurrencia de negocios, y no haber llegado la oportunidad de tiempo han ocasionado el no haberle hecho hasta ahora, y en esta ocasión remito despacho a los Jueces, Oficiales Reales de ese puerto de Acapulco, para que liberen y den a V.M. quinientos pesos para su viaje hasta la Vera-Cruz, donde se le han de dar a V.M. otros quinientos pesos para su pasaje a España, en conformidad de otro despacho, que se emnviará a los Jueces, Oficiales Reales de dicho puerto de la Vera-Cruz, y también otro despacho remitido al General de Flota, para que lleve a V.M. a España. Guarde Dios a V.M. muchos años. México a quince de mayo de seiscientos y setenta y nueve. Fray Payo, Arzobispo de México. Señor Licenciado Don Pedro Cubero Sebastián.

Recibido este despacho, me despedí del Castellano de Acapulco, Jueces y Oficiales Reales y de otras personas de mi obligación y me partí para Veracruz, aunque con mucho riesgo y peligro de la salud, por haber entrado las aguas, y allí ser muy dañosas, y yo no con muy demasiada salud, porque no hay otra cosa, que barrancos, montes, peñascos  y despeñaderos, de los más profundos que hay en el mundo. Y puedo asegurar que lo que es hasta llegar a Trisco [¿Atlixco?], es uno de los más asperos caminos de todos cuanto he caminado y tan tempestuso. Como ya habían entreado las aguas, que raro era el día que no me cogía en el camino tempestado de truenos, relámpagos, rayos y agua. Y lo que reparé es que las tempestados en la Nueva España siempre son por la tarde.

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(1) Castellano, capitán del puerto.

(1) Ver los trabajos sobre soldados y reclutas, reseñados en este blog en 2009. Luis Muro  y María Fernanda  García de los Arcos.

domingo, 7 de enero de 2018

Otros planes holandeses

Las ventajas de los holandeses al entrar durante las últimas décadas del siglo XVI en los territorios del Sudeste de Asia consistían en concentrarse en el aspecto comercial y militar, sin ánimos hasta ese momento de conquistar o dominar tales territorios. Los portugueses y españoles tenían otras metas y mecanismos para hacer prevalecer su dominio, al menos en los principales puertos de comercio de la zona y, principalmente en el caso de Manila, convertir a las poblaciones en espacios bajo el gobierno imperial castellano. Los holandeses eran efectivos porque ensayaron diferentes vías para controlar el abasto de especias (monopsonio dicen los economistas), atacar y desestabilizar el comercio portugués y castellano.

De hecho, la tregua de doce años entre holandeses y españoles acordada en 1609 no se cumplió en Asia, donde continuaron las hostilidades, con grandes pérdidas para los ibéricos o, si se quiere usar un concepto económico: grandes costos de defensa que reducían la rentabilidad del comercio de Portugal y España en Asia. Los aspectos de propaganda religiosa tenían menos interés en el lado holandés, mientras que los ibéricos, sobre todo los castellanos en Filipinas, en paralelo a los jesuítas patrocinados por Portugal en China y Japón, invirtieron recursos humanos y materiales para propagar la religión católica romana. Nueva España estuvo íntimamente ligada a este esfuerzo.

Veamos algunos aspectos de esta confrontación en aguas asiáticas entre los poderes europeos.

En 1602 las expediciones realizadas por los holandeses en aguas asiáticas motivó la creación de una compañía por acciones que habría de tener consecuencias de muy largo plazo en los siglos subsecuentes: la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, mejor conocida como VOC (Vereenigde Oostindiche Compagnie) o Dutch East India Company

Se trataba de negocios en su manera más depurada, incluyendo la legitimidad de la violencia. Jacob Van Heemskerck (1567-1607) condujo una serie de ataques a las flotas portuguesas y españolas en el Mar de China en los años 1600 y 1605. En 1603 dirigió el asalto contra el galeón portugués Santa Catarina, 1603, y el ataque a la armada española en Gilbaltar, 1607, donde murió.

En la madrugada del 25 de febrero de 1603, tres barcos de la Compañía de las Indias orientales (V.O.C.) tomaron por asalto el galeón portugués Santa Catarina frente a las costas de Singapur. El botín fue tan grande que era el doble de la inversión con que contaba en ese momento la VOC.  Los portugueses exigieron el retorno de lo expropiado, pero en esa oportunidad los holandeses esgrimieron el concepto de Mare Liberum, que consiste en el derecho de libre navegación para todos, en contra de la práctica de Mare Clausum, o cerrado, con que operaban los ibéricos. El ideólogo de ese concepto fue el abogado holandés Hugo Grocio, considerado hoy en día como fundador de uno de los principios del derecho internacional. Grocio fue encargado por los comerciantes holandeses en Asia de preparar una respuesta legal contra las quejas de los portugueses por el ataque al Santa Catarina.

De un lado, se esgrimía que el asalto a una nave era pura y llanamente piratería y que debía ser castigada como tal. Los holandeses se defendieron señalando que en aguas internacionales no podía ser aceptada la soberanía que los ibéricos reclamaban. Por aquellos años, portugueses y españoles reclamaban como su territorio, con base en la autoridad del Papa y el derecho de conquista, todo el sudeste de Asia. Los rebeldes holandes, obviamente, no aceptaban ni la autoridad de Roma, ni la soberanía ibérica, por aquel entonces unificada en la figura de Felipe Segundo de España y Primero de Portugal.

Steven van der Hagen (1563  - 1621) Fue el primer almirante de la VOC a partir de 1605. Es interesante observar que advirtió a la compañía que los métodos de eliminar a los adversarios, incluyendo a los ingleses que también asomaban por la zona, y reducir a las poblaciones locales traería más conflicto que beneficio (enfrentamiento entre Holanda e Inglaterra). Sin embargo, la gestión de la VOC se encaminó al control total de la producción de especias, incluyendo la quema de plantaciones en Amboina, en las islas Molucas.

Cornelis Matelieff de Jonge (1569-1632), otro de los primeros comandantes al inicio del despliegue holandés en la región del Sudeste de Asia, dejó testimonios de su visión estratégica, que deben ser recogidos por la historiografía del Pacífico, en particular de las Filipinas. El 4 de enero de 1608, el almirante holandés Matelieff de Jonge escribía desde Banten,  Indonesia, a su colega el también almirante Paul van Caerden acerca de las condiciones en el Sudeste de Asia. Ambos habían recibido instrucciones para explorar posibilidades de enfrentar a los enemigos portugueses y españoles en la región. Las areas estratégicas identificadas por Matelieff eran el estrecho de Malaca, las islas Molucas, en especial Ternate, las costas de China y la isla de Luzón en las Filipinas. El documento ha sido publicado en 2015 inglés por el Dr. Peter Borschberg, y muestra la habilidad de Matelieff para comprender las posibles alianzas con los poderes locales, malayos, molucos, chinos, tagalos, así como de las técnicas navales que permitirían a los holandeses dominar el área.  El texto no tiene desperdicio, por lo que traduzco del inglés dos párrafos:

Por lo que corresponde a la observación de los barcos en la costa de China, como fue encomendado por los Directores (la dirección colectiva de la VOC en Holanda), en Ilha Branca y en Lamao (la primera frente al actual Hong Kong y la segunda en las costas de Shantou). No sé que se pueda hacer en Isla Blanca, pero creo que es muy cerca de Macao, y ellos (los portugueses) pueden ser advertidos por los pescadores (chinos) porque la costa está llena de barcos. En cuando a Lamao es (también) incierto, porque (las naves holandesas) pueden quedar a la vista, si se queda a la deriva las corrientes y el viento pueden pueden llevarse el barco. Si se ancla, la gente de Lamao puede enviar mensaje a Cantón por tierra en cuatro días, cuatro jornadas de 24 horas por vía marítima hasta Macao que no está a más de 60 millas. No tengo ningún conocimiento de la navegación hasta Japón. No pude realizar comercio con China, porque llegaron los portugueses (con seis galeones y muchas fustas) para impedir el comercio. No intenté dar pelea contra ellos con mis tres barcos, en mal estado de navegación, estando en territorio enemigo y con mucho capital. Estoy completamente convencido, sin embargo, que si los portugueses no nos hubieran expulsado habríamos comerciado ahí, tomando en cuenta todas las circunstancias y todo lo que logré aprender de los chinos acerca de lo que consideran importante, porque ellos también hacen todo lo posible para aumentar el comercio en su país.

Observando a los juncos chinos en Manila es dificil (enfrentarlos) con nuestros barcos. Tiene que ser con dos barcos grandes y dos yates, en buenas condiciones y listos para un viaje rápido, porque ya he visto que los juncos navegan muy bien como para ser inerceptados por los barcos grandes. Los dos barcos grandes servirán para dar pelea en caso de enfrentamiento armado. Pero para ese tipo de planes es buena idea echar ancla en Mindanao y tomar 10 o 12 korakora (caracoas)  con moros de ahí que conocen el camino por todas partes. (Con su ayuda) podríamos tomar algunas plazas en tierra de los españoles, especialmente en un lugar llamado Oton, localizado en la isla de Panay: ahí se produce mucho arroz y carne que abastecen a Manila. No hay más de 20 o 25  soldados y 50 españoles a lo mucho. Sería una grave derrota para ellos, pero siempre es difícil realizar algo con los negros (referencia a la población local): adonde quiera que vayas, no cuentes en nada (con ellos) sino que todo el esfuerzo tiene que ser con tu gente blanca. Tampoco debes creer que puedes (dominar) a los juncos chinos si tu barco está mal preparado y es lento. Pero para decirte lo que pienso: olvídate de China por el momento y también de Manila, pero si quieres hacer algo en el estrecho y en los alrededores de Malaca, podrían caer en tus manos de inmediato. Debes destruir a los portugueses en el mar o todos nuestros amigos en las Indias se volverán nuestros enemigos. Si no tengo el favor del Señor para vencer al virrey (del Estado da India), las cosas se verán mal para nuestras factorías, especialmente en Patani, porque esos son unos sinvergüenzas.




El viaje de Cornelis Matelieff, tomado del libro de Peter Borschberg

La carta tiene la siguiente despedida.

Creo que no se debe atacar Malaca por tierra si no se tiene una gran fuerza de al menos  1200 soldados, pero en el mar hay que destruir las embarcaciones y cortar todos los abastos de la ciudad. Creo que la ciudad ha de estar tan fortificada ahora que será dificil (tomarla) y no puedes confiar en los negros -sólo como trabajadores, si tienes suerte.
Con esto, te deseo buena suerte y la victoria, y que ello sirva para la gloria de Dios y la paz de su iglesia. Tu amigo y sirviente, Matelieff de Jonge. 4 de enero de 1608, Banten (Indonesia).
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Peter Borschberg, Journal, Memorial and Letters of Cornelis Matelieff de Jonge. Security, Diplomacy and Commerce in 17th-Century Southeast Asia, NUS Press, Singapore, 2015, pp. 243-244.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Conquistadores del fin del mundo


Para concluir el año, comparto con los lectores de esta bitácora dos noticias y una anécdota personal.

1. Se ha creado un comic en España dedicado a narrar las batallas de la conquista en Filipinas, a finales del siglo XVI. Se llama Espadas del Fin del Mundo. En abril del 2016 fue lanzada la iniciativa de un grupo de jóvenes profesionistas apasionados de la historia de Asia y la divulgación con nuevos medios.


En el primer volumen se narra una jornada militar española en el norte de Luzón, a manos de Juan Pablo de Carrión, en el año 1582. Ese fue un momento crucial en la conquista de Filipinas porque se asomaba la posibilidad de una invasión japonesa en aquella parte de las islas. La parte artística es de Juan Aguilera Galán y el guión, basado en sólida investigación histórica, de Ángel Miranda Vicente.


2. En octubre de 2017 dió inicio la serie de televisión española, en ocho capítulos,  Conquistadores:Adventum.



Todos los capítulos se pueden ver en YouTube, y valen la pena. La premisa central es que la expansión global encabezada por Portugal y España a principios del siglo XVI se realizó de manera simultánea en muchas partes del mundo. Es cierto, pero la forma de enseñar historia separa los acontecimientos en Cuba, Panamá, Congo, México, Costa Verde, Florida, Perú, Chile, Filipinas y desbarata la comprensión de un proceso globalizador de enormes proporciones.

Se puede observar que la producción fue generosa en las escenas marítimas y en las selvas, pero mi opinión como expectador es que algunas escenas en ámbitos cerrados son un poco lentas y complicadas. Sin embargo, me da gusto ver que el mercado demanda un nuevo tipo de producciones que entretengan y proporcionen conocimiento.

3. Sonrisas.  Hace tres años estaba en el aeropuerto de Laoag, Ilocos norte, cuando los pasajeros llevábamos dos horas de un retraso cuidadosamente programado por la línea aérea. Junto a mi, un joven filipino inició una cordial conversación. Él viajaba con dos parejas también jóvenes y con hijos. Me comentó que todos había ido a una boda a esa pequeña ciudad del norte de Luzón; le había tocado ser best-man de un compañero de trabajo que conoció en Qatar (o Catar) Así entendí que los otros padres de familia formaban un equipo de trabajo de filipinos en Oriente Medio con un fuerte sentido de solidaridad. Provenientes de diferentes regiones de Filipinas, sin embargo se sentían unidos por las dificultades de pasar casi un año  en el extranjero, sin familia, los pasaportes confiscados por los patrones, y bajo temperaturas imposibles de hasta 50 grados centígrados. Lo peor es el maltrato y el mal humor de los capataces qatarís (cataríes) que por cualquier razón golpean con cañas a los trabajadores y llevan una contabilidad perversa de castigos hasta romper las varas en el cuerpo de la víctima. Los filipinos prefieren soportar eso a frustrar su esperanza de ahorrar dinero para comprarse una casa a su regreso, poner una tienda y tener más hijos. Si, este es el siglo XXI y ellos son conquistadores de otra calidad.

Todo ello contado con una insobornable sonrisa.

 A los lectores, espero que disfruten esta temporada y les deseo lo mejor para el 2018.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Las Filipinas en España

Del 30 de junio al 15 de octubre, el Museo Nacional de Antropología de Madrid presentó la muestra "Filipinas en el Parque de El Retiro en 1887". En ella se recuperan imágenes sobre la exposición que fue presentada por aquellos años del último período de la dominación española en el archipiélago asiático. Se trata en el fondo de una revisión crítica del pensamiento colonial de la época y de los conocimientos que España poseía sobre la  naturaleza, la cultura y la diversidad étnica de las islas filipinas, al cabo de más de 300 años de dominación.


"La vendedora de Lanzones" 1875
Feliz Resurrección Hidalgo y Padilla (1855 -1913)
Depósito del Museo del Prado


"El pescador de Sacang" 1875
Feliz Resurrección Hidalgo y Padilla
(1855-1913)
Depósito del Museo del Prado

Muy al estilo de las exposiciones universales del siglo XIX, en la cúspide del colonialismo europeo, se presentaban muestras sobre los territorios de "ultramar", en los que se mezclaban los frutos y supuestos beneficios de la dominación europea, con las observaciones de los primeros antropólogos, biólogos y lingüistas que, influidos por el positivismo, estaban interesados en investigar la variedad de pueblos no europeos. Las exposiciones eran una manera de enseñar las posesiones, incluyendo las coloniales.

La muestra del 2017 es, como señala el catálogo, "una reflexión a través de fotografías y objetos  (...) muy alejada en el tiempo y en las mentalidades." Más de 130 años después la intención no es conmemorativa, sino de reflexión sobre la manera que se presentó a Filipinas al público europeo.

Una novedad de la exposición de 1887 fue el trabajo fotográfico realizado por Jean Laurent y Cía. pues la imágenes " transmiten tanto una visión monumental como antropológica" al tiempo que muestran la forma en que se organizó la exposición. Varias imágenes fueron tomadas en Filipinas, recogiendo su ambiente supuestamente exótico y atrasado, para contrastarlo con la idea de modernidad y progreso que ofrecían la industria y el comercio. Las fotografías de estudio son particularmente atractivas porque reflejan, al estilo de la época, una teatralización de los sujetos retratados, en poses tribales o de habitantes de la ciudad.



"Grupo de Igorrotes de Benguet-Tinguianes con su jefe Ismael Alzate, muerto después por estos igorrotes en Filipinas." Anotación de Manuel Antón. Foto: Fernando Debás Pujant, 1887.

El cambio de indumentaria hace pensar que se trata de personas distintas
Foto: Fernando Debás Pujant, 1887

"La siesta", 1884
Miguel Zaragoza y Aranquizna (1847-1923)
Depósito del Museo Reina Sofía

En el mismo recinto, fuera de la exposición, me llamó la atención la siguiente fotografía, titulada "Frailes dominicos acompañados de un grupo de niños filipinos" que forma parte del álbum de la Provincia de Cagayán.


viernes, 17 de noviembre de 2017

Defensa militar en el Pacífico

Acaba de aparecer un nuevo libro sobre  la historia del Pacífico, escrito por Eder Antonio de Jesús  Gallegos Ruíz, enfocado en el estudio de la defensa militar y política del litoral novohispano en el gran océano y su vinculación estratégica con el Sudeste de Asia. 

Fuerzas de sus Reinos. Instrumentos de la guerra en la frontera océanica del Pacífico hispano (1571-1698) es una buena noticia para los lectores interesados en este inagotable tema de la relación con Asia, pues aporta un enfoque novedoso, desde la historia global, que vincula los acontecimientos en Asia y América. Ofrece un cúmulo de información sobre la defensa y gran detalle sobre la fabricación de armamento en ambos lados del océano.  Otra novedad es que el libro ha sido publicado por la editorial mexicana Palabra de Clío, que tiene como lema "Divulgemos la Historia para mejorar la sociedad."  Fuerzas de sus Reinos es el segundo volumen de la colección "El Pacífico, un mar de Historia."  El libro se puede adquirir a un precio muy competitivo en versión electrónica en www.palabradeclio.com.mx

Escribo lo anterior con entusiasmo por dos razones: la posibilidad de acceder a la lectura de textos de calidad y la aparición de nuevos enfoques de estudio. Con internet es posible tener en la pantalla libros y documentos que estaban reservados a especialistas con la capacidad de viajar a las grandes bibliotecas de Europa o Estados Unidos. En segundo término, por largo tiempo los temas del Pacífico estuvieron limitados a un círculo ligado a la historia de la iglesia o a la del comercio. 

El libro de Gallegos Ruíz está estructurado en tres capítulos cuidadosamente delimitados, una breve introducción y un capítulo de conclusiones. La obra cuenta con prólogo del doctor José Antonio Cervera, de El Colegio de México.

A partir de la premisa de que la manufactura de armamento es una obra de la tecnología y del pensamiento estratégico, incluso una obra de arte "del arte de la guerra", el tema de estudio es la estructura política que desplegó la defensa de los puertos en el Pacífico español, así como de la difusión de las técnicas militares para la construcción de armamento. "El sostenimiento material de los sistemas de transporte y defensivos en los arsenales y maestranzas, tanto como el intrumental bélico, requirió un flujo de insumos, agentes y saberes que muestra un proceso de circulación interoceánica" señala el autor.


Los dos primeros capítulos, más de la mitad del libro, pasan revista al contexto estratégico de la expansión española en el Pacífico, con especial interés en las iniciativas de tipo militar que se tomaron desde Manila y que, en términos generales, fracasaron en el objetivo de extender el poderío castellano en la región asiática, pero al menos lograron asegurar la permanencia en las islas filipinas. El libro logra compilar lo más destacado de literatura académica que se ha generado en décadas recientes y ofrece una guía al lector acerca de los temas y fuentes que pueden ser localizadas en medios públicos. Incluso, como hace referencia, es posible acceder a archivos de fuentes primarias por medio de internet.

Es en el segundo capítulo cuando la contextualización histórica da paso a un mayor detalle sobre los avances técnicos de la artillería en China y Japón, así como las prácticas en los puertos portugueses y los conocimientos desarrollados por la armada holandesa al final del siglo XVI. Diferentes tecnologías y formas de hacer la guerrar desataron por aquellos años una competencia militar de gran portento, caracterizada paradójicamente por el intercambio de conocimientos entre los adversarios.

Es interesante la revisión que realiza sobre la cooperación, frecuentemente forzada por las circunstancias, pero siempre tensa entre españoles y portugueses en diversas partes del sudeste de Asia, particularmente en las Molucas, lo que implicaba dos formas diferentes de organización militar.

En la tercera parte del segundo capítulo el autor introduce una amplia sección sobre la confrontación entre los ibéricos y los holandeses, un tema del que hemos venido comentando en las entradas recientes de este blog. Es importante que un estudio elaborado en México rescate el tema y aún hay mucho material para profundizar en las estrategias coordinadas desde la capital de la Nueva España para reducir el impacto holandés en aquellos territorios.

Es precisamente en el tercer capítulo del libro donde se muestra la vinculación profunda entre las necesidades de expansión y defensa con la estructura productiva de la Nueva España. La construcción de fortalezas militares, puertos, navíos y armamento es un tema muy amplio en el que han destacado historiadores mexicanos como Guadalupe Pinzón o Iván Valdéz Bubnov, entre otros. La fundición de cañones usando materiales americanos y asiáticos es un hecho poco estudiado y seguirá siendo de interés para los lectores y especialistas a fin de conocer los patrones de extracción de minerales en algunas zonas de México y Perú. El capítulo ofrece un comparativo de la producción de armamento en Acapulco y Manila que refleja las preocupaciones globales de los administradores de la época y que los estudios hasta ahora han fragmentado en localidades y regiones.

Enhorabuena.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Lambert Biesman, el precio de la aventura

Solidaridad con mis compatriotas mexicanos que, una vez  más, sufren una calamidad natural, pero que han sabido estar a la altura con un enorme esfuerzo y gran espíritu.

Esta es la historia de un joven marinero holandés que emprendió dos viajes a Asia y perdió la vida en la batalla de Manila, la cual que hemos venido glosando en las últimas entradas de este blog. La información es tomada de un excelente ensayo elaborado por Fred Swart, que fue publicado en diciembre de 2007, con base en detallada información sobre la vida de Lambert Biesman, nacido en 1573 en Nimega (Nijmegen) en Holanda. En particular, el trabajo histórico rescata varias cartas escritas por Biesman a sus familiares, en las que narra con entusiasmo sus aventuras marítimas. Es un caso similar al de muchos jóvenes apasionados por la aventura y el reto de recorrer el mundo en un momento marcado por el conflicto entre España y los Países Bajos, que anunció el nacimiento de una nueva época de dominio comercial en el mundo.

Lambert Biesman nació en una familia de cómoda situación económica, que había participado de la idea de independencia de las Provincias Unidas para fundar Holanda después de un largo conflicto con España.  El primer viaje que hizo Biesman fue en la expedición comandada por Cornelis de Houtman hasta la actual Indonesia. El largo viaje duró dos años, de abril de 1595 al 14 de agosto de 1597.  Fue un fracaso en términos económicos y un desastre por la muerte de los marineros debido al hambre y el escorbuto. Sin embargo, se le considera la primera aventura de los holandeses en la carrera por las especias, que tendría muchas consecuencias para los portugueses y españoles, como hemos visto.


Llegada de Houtman a Banten, Indonesia, 
imagen de Tropenmuseum, part of the National Museum of World Cultures


La llegada a Banten, Indonesia, 
imagen de Levinus Hulsius (1546-1606) - "Kurze Wahrhaftige Beschreibung der neuen Reise..." (herausgegeben von Levinus Hulsius 1598 in Nürnberg), Sächsische Landesbibliothek Dresden.

Es ampliamente recomendable la lectura del trabajo de investigación histórica escrito por Fred Swart, pero me detendré más en la segunda parte, que narra el segundo viaje de Biesman, esta vez con el comandante Van Noort alrededor del mundo, que hemos venido refiriendo en las entradas anteriores.

En 1598, Lambert Biesman y su primo Jacob eran ya expertos marineros del Oriente. Es seguro que habrán contado sus historias sobre África, la India, Banten, Bali; los climas y sabores diversos, las penurias sufridas y el regreso a Holanda. Por ello fueron escogidos por Olivier Van Noort, un tabernero de Rotterdam, cuando organizaba el gran viaje por la ruta del Pacífico, en la compañía que denominó Magellansche Compagnie.  Un socio de esta aventura era el inglés Thomas Melis (o Melish), quien había sido piloto de Francis Drake y de Cavendish, y que pasaba ahora a ser copiloto de Van Noort.

Importa mencionar que la expedición contaba con el apoyo de Mauricio, principe de Orange, por lo que la nave capitana fue bautizada Mauritius. En la carta de autorización para navegar, firmada por Mauricio el día 28 de junio de 1598, decía:

"Yo, Mauricio, Principe de Orange, he armado estos navíos que estamos enviando a las costas de Asia, África, América y las Indias Orientales para negociar tratados y para comerciar con los habitantes de esas regiones. Pero, como hemos sido informados que los españoles y portugueses son hostiles contra los sujetos de nuestras provincias, e interfieren contra la navegación y el comercio en esas aguas, contrario a los derechos naturales de las ciudades y naciones, damos órdenes explicitas para ir a esas islas, resistir, hacer la guerra, y atacar tanto como sea posible contra los españoles y los portugueses." (*)
No repetiremos detalles sobre el itinerario seguido por la azarosa expedición, que salió del puerto de  Texel el 14 de agosto de 1598, con cuatro navíos, el Mauritius, el Eendracht (Armonía o Unidad), el Handrik Frederick, y el Hoop (Esperanza). Antes de partir, Lambert escribió a su padre una carta de despedida muy emotiva, en la que pide que recen por él; daba cuenta de su capital de 120 guildas, recomendaba que su hermano Wijnandt aprendiera idiomas, estudiara filosofía y aritmética, pues en caso de regresar a Holanda podría recomendarlo para tener un buen puesto de trabajo. Llevaba consigo cuatro sombreros adornados con perlas que esperaba vender en Asia y así obtener buenas ganancias.

Tuvo tiempo de escribir otras tres cartas que logró enviar con un barco holandés que encontraron en las islas Canarias, que venía de Barbaria (Marruecos). 

Al paso por Brasil, el estrecho de Magallanes y al cruzar el océano Pacífico la expedición perdió, como sabemos, dos navíos. Bajo esas circunstancias, Lambert Biesman se convirtió en capitán del Eendracht. La expedición llegó a Manila el 24 de noviembre. Durante varias semanas los dos navíos se dedicaron a robar a los barcos que pasaban, chinos, japoneses y españoles. El Mauritius contaba con cerca de 53 hombres y el Eendracht 24. 

Así llegó el momento de la batalla el 14 de diciembre de 1600. La nave capitana San Diego, comandada por Antonio de Morga se hundió irremisiblemente, el barco de Van Noort quedó gravemente dañado pero pudo huir.  La nave española San Bartolomé, comandada por Juan Alceaga, persiguió la nave de Lambert Biesman y la capturó. 

Biesman, según el testimonio de Van Noort y otros sobrevivientes, resistió fieramente y sólo la garantía de Alceaga de que  los prisioneros serían tratados con justicia hizo que se rindieran. Los prisioneros fueron llevados a Manila y presentados al gobernador Francisco de Tello. Los mutuos reproches entre Morga y Alceaga eran el telón de fondo. Las instrucciones para Alceaga eran en el sentido de perseguir a la nave capitana de Van Noort y no a la segunda nave holandesa. Van Noort había logrado escapar y hacerse paso entre los marineros españoles que trataban de nadar incluso con armaduras en el mar. Aparentemente, usaban picas para rematar a los enemigos sobrevivientes. Morga escribió que 50 españoles murieron de esa manera, mientras que Van Noort habló de 150.

19 holandeses, encabezados por Lambert Biesman, fueron hechos prisioneros en Manila. La documentación que fue recabada por las autoridades españolas es confusa porque Biesman no había sido nombrado oficialmente comandante del barco. La pena capital pesaba sobre todos ellos porque eran acusados de piratería, y no tendrían derecho a juicio, lo que echaba por tierra la promesa de Alceaga de someterlos a proceso.

No obstante, los prisioneros fueron interrogados y seis de los marineros más jóvenes fueron perdonados al convertirse a la religión católica. Otros prisioneros confesaron ser católicos en secreto y también conservaron sus vidas. Biesman en cambio se negó a aceptar la religión del Papa y fue condenado a garrote. Los sacerdotes que participaron en el proceso consideraron que Biesman había sido "el hereje más duro que hubieran encontrado en sus vidas."

Para los holandeses, Lambert Biesman es un héroe por haber resistido hasta el último momento. Para la historia de FIlipinas es un personaje casi desconocido. Los lectores podrán hacer sus propias conclusiones.
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Fred Swart, "Lambert Biesman (1573-1601) of the Company of Trader-Adventurers, the Dutch Route of the East Indies, and Olivier van Noort's Circumnavigation of the Globe." The Journal of the Hakluyt Society, 2007. Disponible en www.hakluyt.com/journal_articles/.../Lambert%20Biesman.pdf

 (*) Swart, op.cit., p.16. Esta es la escencia del debate que hemos mencionado entre Hugo Grocio y Serafim de Freitas. Mar abierto, mar cerrado.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El ataque a Manila, 1600

Oliver van Noort había salido de Rotterdam el 12 de agosto de 1598 con una flota de cuatro navíos. Llegó a las inmediaciones de Manila el 16 de octubre de 1600, tras casi dos años de una accidentada navegación y la pérdida de dos de sus naves. El Presidente de la Audiencia de Manila era Antonio de Morga, quien se vió obligado a improvisar la defensa del puerto con dos naves de comercio: la nao San Diego y el patache San Bartolomé. El 12 de diciembre las dos improvisadas naves, zarparon para hacer frente a los holandeses en la isla Fortuna. Los invasores disponían del galeón Mauritius y del Eendracht. El San Diego atacó a la nave capitana y obtuvo una rápida victoria, pero la nao española comenzó en ese momento a hundirse por una ruptura en el casco. La entrada de agua fue tan grande que no fue posible siquiera rescatar a la tripulación. Este sería el inicio de un proceso de acusaciones por negligencia en contra de Antonio de Morga. La ciudad logró ser protegida del ataque holandés a un gran precio de vidas y bienes materiales, pero se precipitó una crisis que habría de golpear al principal administrador de Manila.

Hundimiento del galeón San Diego

La crónica de Pedro Chirino, contempráneo de los acontecimientos señala:

"En otra pérdida y desgracia de estas islas (...) unos herejes corsarios de las islas (de) Holanda y Gelanda, vinieron á estas de Filipinas el mes de Octubre de 1600 á robar, como lo habían hecho en el mar del Norte á un navío de Portugueses, y en el del Sur, pasado el estrecho de Magallanes, á unas fragatas del Perú. Entraron por estas islas haciendo daños y prometiendo otros mayores. Porque se pusieron almirant y capitana (en que venía por general un Corsario, llamado Oliverio del Norte), en un paraje 6 leguas de Manila, donde forzosamente habían de embocar las naos de España, China y Japon, y ser registrados todos los navíos y embarcaciones, que de la ciudad saliesen. Contra estas dos naos salieron otras dos de la ciudad con más de trescientos hombres (la flor de la Milicia de estas islas) y mucha artillería, y pertrechos de guerra."

Continúa el cronista:

"En la nao Capitana iba el P. Diego de Santiago y el hermano Bartolomé Calvo, á petición del General Antonio de Morga Oidor de esta Real Audiencia, y otros capitanes, que con el padre se confesaban; porque tenía un trato muy apacible y sabía acomodarse á todos. Confesó primero la más de la gente y animó lo que pido para que acometiesen y peleasen. Al fin á los 14 de Diciembre reconocieron al enemigo: y cargando velas, con deseo de cogerle, barloaron capitana con capitana, abordando de suerte que se daba paso franco de una á otra. Y llegaron á quitar las banderas al enemigo, y arbolarlas en nuestra capitana prometiéndose los nuestros un gran suceso, y cantando ya la victoria.

Sin embargo, un brusco movimiento frustró la victoria en el último momento. La nave capitana se hundía y Antonio de Morga pudo salvarse nadando hasta la playa. Muchos de sus soldados no tuvieron la misma suerte:

"Sucedió que, ó por ser la nao celosa, que cargando mucha gente a la banda, recibió agua por las portañolas de las piezas bajas de artillería, ó porque con la fuerza de nuestras mismas piezas (que eran grandes) se abrió por la quilla ó por lo que Dios quiso la nao se fué a pique con toda la gente, exepto unos pocos, que quitando la chalupa al enemigo se salvaron en ella, y otros que nadando, salieron á la playa, como el General (Antonio de Morga) que con las dos banderas del enemigo salió á la marina (playa)."
El patache San Bartolomé logró apresar el Eendracht, sin embargo Oliver de Noort logró escapar.
"La almirante nuestra, que era una galizabra nueva, á cargo del almirante Juan de Arcega, aferrando con la almiranta contraria, la rindió y trajo á Manila, donde se hizo justicia de los corsarios que en élla venían. Pero entre los muertos y ahogados (que fueron ciento y nueve, Españoles, capitanes y soldados de los mejores de estas islas, y ciento cincuenta indios y negros) se ahogó también el P. Diego de Santiago. Murió con mucho valor, animando la gente, y habiéndola confesado casi toda. Viendo poco antes, que la nao se iba á fondo, y queriéndose echar á nado oyó una voz de un capitán, que le dijo: Padre oigame una palabra, que me vá mi salvación, Detúvose á confesarle con mucha caridad hasta el último trance, y después, no pareció, él, ni su compañero. Era el Padre de veintinueve años de edad, quince de Compañía: obrero de Indios y Españoles. El hermano Bartolomé Calvo, era de la misma edad, y siete de Compañía recibido en esta tierra, hermano de mucha virtud. Murió por la obediencia,á la cual fué siempre muy aficionado."

El asunto es trascendente porque inauguró una serie de ataques que iban a repetirse en los años sucesivos y como reflejo de los conflictos europeos entre España y Holanda. Incluso durante la tregua formal acordada entre ambos de 1609 a 1621, los holandeses continuaron atacando posiciones de Portugal y España en Asia y en América, como veremos más adelante.

La nao San Diego fue rescatada del fondo del mar en 1991 por un grupo de exploración, que recuperó cientos de piezas, que ahora se exhiben en el Museo Nacional de Filipinas, en Manila.El catálogo de la exposición recoge la opinión de un investigador Franck Goddio, muy crítica de la acción de Morga. Sin embargo, el historiador Patricio Hidalgo Nuchera revisa el hecho desde un enfoque mucho más amplio, como veremos en la siguiente entrada. Por lo pronto, el lector puede encontrar aquí la versión de Goddio.

Saludos a los lectores desde Lisboa, 10 de septiembre de 2017.
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(1) Chirino, Pedro. Relación de las Islas Filipinas y de lo que se ha alcanzado por los Padres de la Sociedad de Jesús. Roma: Estevan Paulino, 1604. Capítulo LXIV, pp. 199-200.

domingo, 20 de agosto de 2017

1600, Batalla de Manila 2

Continuamos con la descripción del ataque holandés a Manila en 1600, en la versión de Antonio de Morga. El Teniente General informa fue necesario improvisar preparativos en Manila, en vista de que parte de las fuerzas militares estaban en el sur, en Mindanao y Borneo, al mando de Juan Juárez Gallinato. Las embarcaciones disponibles eran de carga comercial, un galeón que estaba siendo preparado para el viaje a Nueva España, una galizabra o navío ligero de vela, y un patache portugués que había llegado de Malaca. Se les cargó con armamento, pero luego se supo que no se descargó la mercancía que tenía el galeón principal, el San Antonio. Se dispuso que la defensa principal fuera en el puerto de Cavite (Cabit en el texto de Morga), quizás para evitar el saqueo de Manila.

"El governador don Francisco Tello, viendo que este corsario se le yva entrando por las islas, por aviso de algunos capitanes y soldados, que avía embiado por tierra, por las costas de la isla de Luzón, para que no le dejasen echar gente en tierra, ni hazer daño en las poblazones, y de otros navíos pequeños sueltos, que traían al enemigo a la vista, trató de poner remedio a esta necesidad, que parecía en aquella ocasión bien dificultoso, así porque se hallava sin género de navíos de remos, ni de alto bordo con que salir a la mar, como, porque también tenía poca soldadesca en el campo, que lo más della lo avía llevado, y tenía en las provincias de Pintados, el capitán y sargento mayor Joan Xuares Gallinato, con galeras y galeotas y otras embarcaciones, haziendo defensa a los naturales de los navíos de Mindanaos y Xololes, que cada ora bajavan a robarlos, y apercibiéndose para la jornada, que en la primera monción se pensava hazer de Joló, que ya no se podía más dilatar.

Navío holandés en la bahía de Albay

"Viéndose el governador apretado con esta ocasión, y que el enemigo Holandés podía hazer tantos daños y presas, y irse con ellas, dejando la tierra perdida, juntó la audiencia y comunicó el caso, pidiendo le ayudasen, los Oydores por sus personas a lo que conviniese; tratóse, de lo que se avía de hazer, que era poner en defensa el puerto de Cabit, que es dentro de la baía, para que el enemigo no se apoderase dél, y de los almanzenes y artillería, y astillero de las naos, y que juntamente, luego se hiziese diligencia en armar algunos navíos, con que salir a la mar, y hazer algún rostro al enemigo (quando más no se pudiese) porque no estuviese tan de asiento en la tierra, y se saliese de las islas, pues hallándolo todo tan indefenso, y sin resistencia, avía de detenerse, hasta aconseguir sus intentos; cuya ejecución, se encargó; a el Doctor Antonio de Morga, y a el licenciado Telles de Almaçán, que se quedase en la ciudad, junto con el presidente governador, para la defensa de ella, ya proveer desde allí al puerto de Cabit al Doctor Antonio de Morga, de lo que uviese menester, para lo que llevaba a su cargo, que salió el mismo día postrero de Otubre de seiscientos, de Manila, con algunos soldados y municiones al puerto de Cabit, y lo puso en defensa con ciento y cinquenta hombres bien armados, arcabuzeros y mosqueteros, que siempre con sus cuerpos de guardia y postas, en los lugares necesarios de día y de noche, guardaron el puerto."

Importa señalar que Morga tenía certeza de que los atacantes eran holandeses, aunque en los documentos firmados por el gobernador y otros se confundía con ingleses. Entre los preparativos y la batalla naval pasaron casi dos meses.

"Juntó los navíos que en él avía, a la poblazón, lo más que se pudo cerca del astillero, donde estava la fábrica de una galizabra y un navío de Sebú, y otro patache pequeño de Portugueses, que avían venido de Malaca con mercaderías; para defensa de lo qual, en la marina puso y plantó doze pieças de artillería de bronze, de cuchara medianas, con dos de más alcance, que se plantaron en una punta, a la entrada del puerto, que una y otras jugavan en su defensa, y de los navíos que en él avía; y por la Playa adelante, se hizo una trinchea de maderos y tablazón terreplenada; tras la qual, si el enemigo entrase, se cubriese y defendiese la soldadesca de su artillería. Aviendo puesto el oydor así el dicho puerto, en defensa, trató de acabar la galizabra, aunque la faltava mucha obra, y vararla al agua, y ponerla a la vela, y así mismo, de que se adereçase la nao de Sebú, y asistiendo a esta obras, se dio tanta priesa, que puso dentro de treinta días, la galizabra y navío de Sebú, de vergas en alto, y los artilló con cada uno onze pieças medianas y mayores, que se le embiaron de Manila, sobre las que avía en el puerto."

En 30 días lograron acondicionar los barcos y armarlos cada uno con 11 piezas de artillería. Van Noort se habría enterado, quizás por comeciantes chinos, que los manilenses ya estaban preparados para repeler a los holandeses. ¿Cuál sería la defensa? Los días seguían contando y aumentando la tensión en ambas partes.

"El corsario llegó a la boca de la baía, que es ocho leguas del puerto de Cabit, no se atrevió a arrojarse en el puerto, como lo avía pensado, por aver sabido de algunos Sangleyes, que salían con champanes a la mar, que ya estava en defensa, pero no entendió, se armava para salir a él, ni que avía aparejo ni fuerça en aquella sazón para ello, y así se dejó estar a la boca de la baía, andando con ambas naos y sus barcas, mudándose unos días a una vanda, y otros a otra, tomando los navíos que entravan en la ciudad con bastimentos, sin que ninguno se les escapase, y surgiendo a las noches, a los abrigos de la tierra, todo en distancia de quatro leguas de la boca de la baía, sin apartarse más della, por estar más a mano, para las ocasiones que se ofreciesen."

Los holandeses acechaban, y detenían embarcaciones pequeñas para robar alimentos. Seguramente, después de años de viaje alrededor del mundo, no estaban en las mejores condiciones de atacar.