martes, 5 de octubre de 2010

En las costas de Japón

Japón atravesaba en aquella época uno de sus períodos históricos más interesantes, que más tarde condujeron al clausura definitiva del país frente a cualquier influencia extranjera. La toma de la antigua capital Kyoto con fuego de arcabuces en 1568, otorgó al daymio Oda Nobunaga (1534 – 1582) el control del país y daba fin a una dolorosa guerra civil (la guerra de Onin iniciada en 1467). Toyotomo Hideyoshi (1536 – 1598) sucesor de Nobunaga al frente de todo el poder de los shogunes en Japón logró imponer un sistema tal de lealtades y recompensas entre los señores feudales que le permitió centralizar el poder del reino.

Este daymio convertido en el jefe supremo de Japón a la muerte de Nobunaga aspiró al dominio no sólo de Japón sino de los países de la región, China, Corea y el Sudeste de Asia. Entró en guerra con sus vecinos, y siguió una hábil estrategia comercial, guerrera y política en la región. La expansión del cristianismo fue visto por el shogún como un reto para su propia estrategia, advertido de que la corona española entraba primero con frailes y luego con cañones para conquistar el mundo. De esta forma, el 24 de julio de 1587 promulgó la primera prohibición de la enseñanza del cristianismo y la orden de expulsión de los religiosos extranjeros, aunque con excepciones notorias 1.

Por esa ambigüedad de la situación coexistía la persecución religiosa al mismo tiempo que los jesuítas mantenían su presencia política, económica y religiosa en Japón, como se explica más adelante 2. En el fondo Hideyoshi jugó con los misioneros cristianos como el gato con los ratones. Se le puede ver en sus desplantes un tanto teatrales en que parece que concede, casi acepta la presencia de misioneros y luego da el zarpazo 3. En la historia de ese país, Hideyoshi fue el gran demiurgo de un poder que duró dos siglos y medio (casi el mismo tiempo que el virreinato mexicano) y que finalmente cerró las puertas del imperio del sol naciente. Hideyoshi mandó cartas a España en las que demostraba estar enterado de los que pasaba en el mundo. Fingía sorprenderse ante las noticias de que los europeos conquistaban con la cruz y con las armas. No debería descartarse la intervención de los propios japoneses en fomentar la rivalidad entre las diversas órdenes misioneras, pero sobre todo en la oposición de lealtades entre portugueses y españoles. Años más tarde seguiría ese mismo sistema para relacionarse con los holandeses, portugueses e ingleses 4.

El galeón fue llevado el 20 de septiembre por los locales hasta los bajos de la bahía donde encalló, y posteriormente los pasajeros junto con su rica carga fueron llevados a tierra con muchas dificultades. El señor local, que al principio se había mostrado caritativo, cambió su actitud con los náufragos y alegó que no podrían salir de Japón a menos que obtuvieran el permiso del shogún en la propia capital, Kyoto, al tiempo que se apropió de la carga. Los españoles en respuesta enviaron una delegación a esa ciudad para reclamar justicia a Hideyoshi. Aqui aparece Felipe de Jesús acompañando a otros dos religiosos en camino de Kyoto, aunque en realidad poca mención se hace de su papel. En un principio el shogún concedió clemencia para que se les restituyeran sus propiedades a los españoles, pero según otras versiones, la insidia de algunos jesuítas y portugueses cercanos a él le obligaron a cambiar y a quedarse con el cargamento.

A partir del 9 de diciembre de 1596 Hideyoshi ordenó poner vigilancia en las casas de los religiosos en Osaka, Kyoto y Sakai, con la amenaza de que serían juzgados y ejecutados públicamente. De esta forma transcurrió todo el mes de diciembre y los misioneros franciscanos, así como varios hermanos japoneses, estuvieron bajo arresto domiciliario celebrando la misa de Navidad en esa condición. En Nagasaki mientras tanto, sólo cuatro misioneros quedaron libres y más tarde salieron de Japón, donde reportaron lo sucedido. Uno de ellos era Marcelo de Ribadeneira. Todos fueron remitidos a la prisión de Kyoto, donde los juntaron con religiosos del convento de Belem de Osaka. En total fueron 18 japoneses y siete occidentales. Dias más tarde fueron torturados en público, donde les cortaron la oreja izquierda. Los martirizaron 30 días en una procesión que salió de Kyoto a Osaka, y que pasó por los pueblos de Sakai, Nagoya y finalmente Nagasaki, donde fueron crucificados al estilo japonés el 5 de febrero de 1597 5. hasta aqui la historia más conocida, sin embargo ¿qué fue lo que realmente sucedió?.

En su momento, el incidente de Nagasaki fue transformado en un martirologio milagroso y enriquecedor. La pérdida mostró la fractura que había en las filas católicas en Japón y puso de manifiesto las divergencias que ya existían desde años antes entre las misiones católicas en Asia. En términos políticos el incidente demostraba además que se podía perder más con el enfrentamiento entre los misioneros, incluyendo vidas humanas y el patrimonio español. En cuanto a la parte religioso-filosófica el debate entre los misioneros, utilizando este y otros incidentes, continuó a lo largo de los siglos XVII y XVIII, pero concentrado principalmente en el tema de los métodos de evangelización empleados por los misioneros en China y Japón. A partir del último cuarto del siglo XVI el conflicto se expresó en el ámbito político, religioso y económico. En el primero, como se verá más adelante, fue necesaria la intervención de la corona española y el papado en Roma para disminuir el sordo conflicto entre las misiones.

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1 Boxer. The Christian Century in Japan. pp. 235-236.

2 Desde Manila se había envíado en 1592 una embajada compuesta por franciscanos y agustinos, encabezada por Juan Cobo, pero que fungía más bien como una representación diplomática permanente, aunque era poco más que una misión religiosa. Una visión panorámica de los primeros contactos hispano-portugueses con Japón, incluida esta embajada, se encuentra en Héctor Palacios, revista México y la Cuenca del Pacífico, Vol. 11, número 31, enero-abril 2008.

3 Una razón adicional para embargar la carga del galeón San Felipe era que las finanzas de Japón estaban en muy mala situación por la desastrosa guerra con Corea.

4 Boxer, Ibidem, p 239.

5 Ibidem, p.422-423.
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