miércoles, 8 de abril de 2009

La demanda de sirvientes "chinos" en México

Francisco de la Maza dice que “los chinos esclavos eran límpios, serviciales, honrados y fieles. Además, daban un cierto exotismo y un sabor oriental, sin el peligro de no hallarse y de huirse a su tierra, como las muchachas y muchachos del país. Estos chinitos y chinitas de la nao, que se quedaban sin padres, llegaban a reconocer como tales a sus amos mexicanos” (1).

Al margen de ese sentido paternalista que aún se utiliza en el lenguaje supuestamente moderno de México al designar a todos los asiáticos (los chinitos, que en el fondo es una expresión despectiva), la presencia de sirvientes orientales era bien aceptada en los hogares de la época colonial. Pocos imaginarían que al cabo de varios siglos estos migrantes, portadores de su propio carga cultural, influirían en el perfil idiosincrático de nuestro país. Baste mencionar un ejemplo relevante, la famosa China Poblana, que ha sido mencionada hasta la saciedad.

La historia de Catarina de San Juan, que ese era el nombre dado en vida a la China Poblana, revela la afición de la clase encumbrada novohispana por tener sirvientes orientales. Cuenta de la Maza que en el año 1621 “había dos pedidos en Manila para una chinita: uno del virrey de México, don Diego Carrillo, marquez de Gélvez, y otro de un rico poblano, el capitán Miguel de Soza. Como un amigo portugués de éste llevaba incluso el dinero necesario y pagó diez veces más que lo que daría el virrey en Acapulco, la chinita Mirra fue vendida al portugués y para ocultarla al Marquez la vistieron de muchacho” .

Catarina de San Juan se transformó en algo similar a un oráculo pagano que entraba en trance y hablaba en una mezcla de diversos idiomas incluído el español. Ricos y pobres se acercaban a ella en plan adoratorio y con el propósito de saber más del misterio religioso. Fue tan popular que por décadas se conservaron sus reliquias como si fuera una santa.

La importancia de la historia de Catarina de San Juan no puede ser disminuida, en tanto que fue un hito en la cultura colonial mexicana del siglo XVII, que motivó la tentación de la curia poblana de solicitar el inicio del proceso de su canonización, mismo que terminó siendo abortado por la inquisición española en 1691. La trascendencia de su imagen se muestra también en el mito de la China Poblana al que dió pie en el siglo subsecuente. No deja de sorprender aún hoy que una inmigrante de origen desconocido y estado esclavo adquiriera tal relevancia en la sociedad novohispana.

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1. Francisco de la Maza, Catalina de San Juan, México Conaculta.Col. Cien de Mexico.1990. p. 22.



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