sábado, 11 de abril de 2009

Encomienda y trabajo

Eliminando todo adorno, debe señalarse que el comercio transpacífico se basó en un régimen colonial que utilizaba mano de obra indígena. En ambos lados del imenso océano prevalecía el régimen de la encomienda, institución que fue profundamente criticada desde un inicio por los humanistas del siglo XVI, pero que se asentó como un mecanismo jurídico que permitía extraer los frutos del trabajo indígena, bajo el pretexto de que los encomenderos protegían a las comunidades y garantizaban la educación religiosa de los individuos en los pueblos sometidos.

La encomienda fue una antigua institución de origen castellano medieval, que se transformó en América convirtiéndose en simple trabajo semiesclavo.  “Por la encomienda, un grupo de familias de indios, mayor o menor según los casos, con sus propios caciques, quedaba sometido a la autoridad de un español encomendero. Se obligaba éste jurídicamente a proteger a los indios que así le habían sido encomendados y a cuidar de su instrucción religiosa con los auxilios del cura doctrinero. Adquiría el derecho de beneficiarse con los servicios personales de los indios para las distintas necesidades del trabajo y de exigir de los mismos el pago de diversas prestaciones económicas.(1)

En un principio, la ingente labor de construcción de ciudades obligó a la utilización de mano de obra indígena en el cultivo de la tierra y el cuidado del ganado para alimentar a la nueva población colonizadora. También se empleó en la construcción de  grandes obras de ingeniería que aún ahora nos asombran por su magnitud. La ciudad de México se erigió en un período no mayor a una década después de la destrucción de Tenochtitlan.

Una vez establecido el régimen colonial se utilizó el sistema de encomienda como una forma de extracción del trabajo de los pueblos indígenas, lo que propició una cauda de abusos que fue muy dificil mitigar a lo largo de la época colonial. El trabajo pionero acerca de este sistema semi esclavo fue realizado desde 1935 por don Silvio Zavala, quien en recientemente fue homenajeado por su gran aporte a la historia.

Del lado filipino se instauró un régimen similar al americano,  aunque cargado ya por la experiencia de la Nueva España y con una limitante escencial: la poca poblacion indígena en las islas, si se compara con la que existía en México o en Perú, por poner un ejemplo.

En 1995 Patricio Hidalgo Nuchera publicó un amplio estudio acerca de la institución de la encomienda en Filipinas en los años formativos de esa colonia, de 1570 a 1608. En su libro (2) describe los problemas para la instauración del régimen encomendero, plagado de las formas conocidas del amiguismo y el nepotismo, ya que los gobernadores y otros administradores coloniales privilegiaban a sus cercanos para otorgarles el control del trabajo índigena. Al avanzar el tiempo los encomenderos procuraron por todos los medios extender sus "derechos" sobre los indios filipinos, heredando las encomiendas a sus hijos y nietos, o casándose con viudas propietarias de la encomienda.  (Dedicaremos una entrada de este blog al interesante caso de las viudas del galeón).

Debido a que el comercio del galeón era un monopolio del estado Español, los comerciantes que residían en Manila podrían beneficiarse del simple intercambio de lo que llevaban los abastecedores chinos, indios y de muchos otros puntos de la región para ser llevados en la carrera anual del galeón hacia América y a España. Sin embargo, la encomienda de indígenas adquiró una importancia mayor porque daba oportunidad para extraer de los pueblos los alimentos y productos artesanales que sostenían a las ciudades, Manila en primer lugar.

Sostiene Nuchera que "desde muy pronto el funcionamiento del nuevo sistema en las islas cayó en los mismo vicios que en el resto del Nuevo Mundo. E igual que aquí, los religiosos fueron los grandes fustigadores de la explotación del indio. Sus acervas críticas formuladas en el Sínodo de Manila el año de 1582 llevaron una década después a la promulgación de unas importantes ordenanzas sobre el buen tratamiento a los naturales por parte del gobernador Gómez Pérez Dasmariñas. Contínuos abusos condujeron a que, primero en 1608 y después al año siguiente -ésta última coincidente con la legislada para el resto de las Indias-, se realizase una profunda regulación del trabajo de los indígenas filipinos"(3).

Se mantuvo además en paralelo un sistema de trabajo comunitario indígena que ya existía antes de la llegada de los españoles, el polo. Este último no se alteró "no por un sentimiento altruista de la Corona sino por su convicción de que lo contrario dislocaría la organización social y productiva de los indígenas, que no podrían satisfacer entonces las demandas económicas - fiscales y laborales- de los españoles".
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(1) J.M. Ots Capdequí. El Estado español en las Indias. Fondo de Cultura Económica. México. sexta reimpresión, 1982. Pp. 25-26.
(2) Pedro Antonio Nuchera. Encomienda,Tributo y Trabajo en Filipinas (1570-1608).Universidad Autónoma de Madrid. Ediciones Polifemo. Madrid, 1995.
(3) Idem. P. 15.
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