Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

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domingo, 27 de julio de 2025

Jesuítas y Samurais

Me voy a referir a un libro publicado hace dos décadas, pero que sigue ofreciendo una oportunidad para reflexionar sobre el gran encuentro cultural de los misioneros católicos jesuitas en un período de gran convulsión en Japón en la segunda mitad del siglo XVI. En este blog publiqué varias entradas sobre este tema fascinante, pero en esta ocasión me detengo en el instrumental analítico del antropólogo aragonés Carmelo Lisón Tolosana (1929-2020).


 
Carmelo Lisón Tolosana
 La fascinación de la diferencia: 
La Adaptación de los Jesuitas al Japón de los Samuráis, 1549–1592  
Madrid: Akal, 2005 
Estructura del libro:
 
Prólogo

I. Francisco Javier o la racionalidad
II. Cosme de Torres o el diálogo
III. Valignano figura renacentista 
IV. La seducción del Japón cultural
V. El reto de la diferencia
VI. Adaptación integral

Epílogo para ayer y para hoy

Disponible en internet Archivo 👇👇👇

https://archive.org/details/lison-tolosana-c.-la-fascinacion-de-la-diferencia.-la-adaptacion-de-los-jesuitas


El libro  La Fascinación de la Diferencia: La Adaptación de los Jesuitas al Japón de los Samuráis, 1549–1592 , es sobre todo una reflexión antropológica sobre el encuentro cultural entre Japón y los intelectuales jesuitas. Es interesante por varias razones: conforme al pensamiento de Carmelo Lison Tolosana es posible e inevitable hacer historia desde la experiencia contemporánea y obtener conclusiones para la actualidad. Otro elemento es que el autor, como señala Joao de Pina-Cabral, de la Universidad de Kent ( Obituary , Antropology Today , Vol. 36, No. 3, junio de 2020) perteneció a una generación que vivió durante el oscuro período del franquismo. Estudió en Oxford y fue difícil su retorno a España, pero a mediados de los años 60 tuvo oportunidad de trabajar en los métodos de la antropología social en los que se había formado en Inglaterra. 
 
La obra aquí revisada es una excepción en el conjunto de su trabajo como antropólogo, pues la mayoría de sus estudios están dedicados a temas nacionales o regionales españoles. La interpretación se basa en los escritos de Francisco Xavier  (1506-152), Cosme de Torres  (1510-1570) y Alessandro Valignano  (1539-1606) durante su estancia en Japón. Es destacable la emoción que invocan estos misioneros; "la humana contemporaneidad" de estas figuras del pasado, a las que sentimos tan próximas en sus propios textos. Dice Lisón Tolosana: "No conozco una elaboración tan sistemática y un esfuerzo tan intenso como el llevado a cabo por los jesuitas para, olvidándose de la rigidez teológica, adaptándose a otra cultura, para, en una palabra japonizar en cuerpo y en espíritu."
 
El capitulo dedicado a Francisco Xavier es una lectura desde el ángulo antropológico contemporáneo, basado en la aproximación que el misionero español tuvo ante la cultura japonesa, primera generación de los fundadores de la Compañía de Jesús. Quien fuera nombrado santo al nivel de Ignacio de Loyola se preparó mentalmente incluso antes de llegar a Japón y empleó las técnicas impuestas por la compañía para afrontar la diversidad. Hay empatía y admiración ante la organización social de Japón y en su recorrido va confirmando sus pre-juicios y afinando su disciplina racionalista. Las cartas, escritas en una mezcla de español, portugués, italiano, latin, son difíciles pero riquísimas en observaciones, por lo que permite adentrarse en la personalidad del misionero.
 
El segundo capítulo está dedicado a Cosme de Torres y quiero destacar que este valenciano pasó al menos tres años en Nueva España, a partir de 1540, como capellán durante el virreinato de Antonio de Mendoza y Pacheco. Sin haberse ordenado como sacerdote participó en la expedición de Ruy López de Villalobos, de la que he dado cuenta en este blog. Llegó a Japón acompañando a Francisco Xavier y permaneció en el país hasta su muerte en 1570, cuando se calculaba en 30, 000 los cristianos locales.
"Capaz observador del Otro y hábil lingúista, estudia japonés con Angiro durante el viaje lo que le convierte, después de cierto tiempo y mucha práctica, en excelente intérprete de la misión. A él se deben la primera gramática japonesa y el primer vocabulario que, desgraciadamente, se han perdido. "
Para el antropólogo, el método de Torres es la adaptación cutural, como mecanismo para ajustar el comportamiento, práctica y tecnología para integrarse en un entorno nuevo o cambiante. Sin embargo, esa capacidad de acercarse al mundo japonés prendió las alarmas en Roma pues los misioneros practicaban "ritos" y ceremonias no previstos por la iglesia católica. Entre los principales críticos estaban franciscanos y domincos que observaban desde Manila. El tema de la liturgia católica, doctrinas y normas, disciplina del clero (el celibato se hizo obligatorio) frente a la variedad de experiencias del mundo fue fundamental en el Concilio de Trento, 1545-1563.
 
Un proceso mental adaptativo que Torres llevó a un nivel magistral es el diálogo con monjes budistas y shinto sobre temas filosóficos. Esa conversación se realizaba por medio de traductores, y paulatinamente Torres comenzó a hablar en japonés con gran refinamiento. Pero el método imponía escribir los argumentos y utilizar los textos en otras sesiones para comparar ideas, además de instruir nuevos misioneros no japoneses.
 
El perfil de Alessandro Valignano ocupa el tercer capítulo y el autor lo clasifica como el pensador renacentista del grupo. De hecho, formaba parte de una nueva generación entre los misioneros. Nacido en Nápoles durante la ocupación española fue parte de una refinada élite continental con perspectiva global. Fue nombrado visitador de las misiones en Asia, con lo que cumplía una doble autoridad, administrativa y religiosa, en una Provincia que contaba con un creciente núcleo de misioneros y de feligreses en Japón y en China. De hecho, Valignano estuvo tres temporadas en Japón, para continuar su labor en otras parte de la enorme provincia. Sin embargo fue capaz de escribir sumarios con suficiente información cultural, etnológica y política de varios de estos lugares.
 
Cumplió su cometido de hacer viable la misión en Japón por medio del comercio de seda, aunque esto fue criticado por muchas otras órdenes. Hemos desarrollado el tema en otra entrada, Comerciantes y Misioneros
 
El cuarto capítulo profundiza con más detalle en la organización de la misión jesuita en Japón, y da cuenta del encuentro que Valignano tuvo con el daymiō Oda Nobunaga en Kyoto en 1581. Es la curiosidad mutua de los personajes lo que dibuja un ambiente rico de experiencias y de intercambios. Sin embargo este acercamiento habría de concluir pronto pues la misión católica comenzaba a enfrentar el rechazo del poder de los shogunes. El ascenso de Toyotomi Hideyoshi marcó el cambio de interés a los forasteros.
 
En el marco del proceso político en Japón de las dos útlimas décadas del siglo XVI, el autor penetra en el ejercio de adaptación intelectual jesuita en ese período. El quinto capítulo es muy denso, cargado del lenguaje antropológico pero interesante en cuanto a los dilemas que enfrentaron los misioneros, en especial Valignano: evangelizar sin imponer, para desarrollar su labor misionera en un ambiente cultural muy estructurado y profundo, marcado por el budismo, el sintoísmo y el confucianismo.  Los jesuitas buscaban adoptar estrategias de inculturación, como vestirse como monjes budistas o utilizar términos japoneses para explicar conceptos cristianos, aunque estas adaptaciones a menudo generaban tensiones dentro de la propia Iglesia. 

El capítulo de conclusiones traza el camino seguido por los jesuitas en Japón. 
 
1. "El universitario (Francisco) Javier reproduce el modelo teórico dominante en el tomismo —todavía no ha llegado Descartes— en cuanto a la razón como actividad superior del espíritu y cumbre de lo humano. El ordo rationalis organiza, jerarquiza y totaliza la realidad, compara y relaciona; las relaciones lógicas entre proposiciones no vienen afectadas por los cambiantes tiempos y contextos sociales, al contrario, descubren lo universal y necesario para siempre y para todos." 

2. El padre Cosme Torres "ve la vida desde una ventana menos mística, más realista, en su trabajosa variedad; tiene antenas para captar las sinuosidades de los sucesos". Prefiere la discusión filosófica en un ambiente propcio, intimo, que permita continuar con la labor misionera pública.

3. "Valignano es la tercera de este retablo de figuras seleccionadas que con su enérgica personalidad marca como ninguno varias dimensiones del primer medio siglo de la cristiandad japonesa. Alma de humanista y temperamento jurídico, llega a Japón con ideas propias aunque coloreadas por estereotipos intertextuales que derivan de (Francisco) Javier y (Cosme) Torres, pero su atención enciclopédica al detalle le hace ver desde muy pronto que el estado de la misión es mucho más complejo y nada halagador. " 

* * *

El libro de Carmelo Lisón Tolosana contribuye a la interpretación cultural de un momento histórico muy particular que sigue sorprendiendo. El encuentro cultural del siglo XVI ha sido intepretado de múltiples maneras, desde un nacionalismo japonés que alentó un sentimiento de superioridad nipona desde la Reforma Meiji en el siglo XIX, hasta un chovinismo católico durante el franquismo. El trabajo de Lisón Tolosana trata de escapar de esas limitantes contemporáneas y procura explicar por medio de la antropología el diálogo cultural de aquel momento, aunque solamente desde el lado jesuita. Propio de su generación, es muy proclive al exaltar la empresa misionera de Occidente, algo que se habría enriquecido con un mayor conocimiento de la filosofía que prevalece en Asia.

Seguramente habrá nuevas investigaciones propias del siglo XXI, cuando resulta tan urgente apelar al entendimiento cultural mutuo y el respeto a la diversidad cultural. 


domingo, 13 de enero de 2019

El favorito de la Reina, en Acapulco

Siglos antes de que Acapulco se convirtiera en un centro de turismo, el puerto recibía personajes interesantes que procedían de varias partes del mundo, gobernadores, obispos, adminstradores y militares de renombre. Tal es el caso de don Fernando de Valenzuela, quien fue desterrado a las islas Filipinas en el siglo XVII. 

El texto que nos informa de este evento fue escrito por Tomás Oteiza Iriarte en su crónica histórica de Acapulco. Dejemos que nos lo cuente: 

"Corría el mes de octubre del año de 1678, cuando en la ciudad de Acapulco comentábase, en las tertulias que era costumbre hacer en los portales de las casas, sobre la llegada de un personaje que era todo un enigma. No era virrey, aunque la guardia que lo acompañaba pertenecía a palacio; tampoco era un gobernador de Manila, porque no traía su propia escolta como era costumbre; ni un oidor de aquella audiencia, porque no lo rodeaban los leguleyos (abogados) hablando siempre de pleitos; y sin embargo, el desconocido personaje paseaba su importancia por las playas y calles del puerto, rodeado de ayudantes, quienes lo trataban con señaladas muestras de cortesía, sólo observadas en círculos de la corte real."



Fernando de Valenzuela
Retrato hecho por Claudio Coello
(Wikipedia, dominio público)

Se trataba nada menos que de don Fernando de Valenzuela, (1636-1692) favorito de la reina de España Mariana de Austria (1639-1696). El personaje había caído en desgracia en circunstancias dramáticas para la corte española, dividida en bandos enfrentados. De un lado, don Fernando de Valenzuela, valido de la reina madre y del otro don Juan José de Austria, medio hermano del rey Carlos II o bastardo

Mariana de Austria
Retrato hecho por Diego Velázquez
 (Wikipedia, dominio público)


Ser Valido implicaba dirigir la administración de la corte y de asuntos fundamentales del reino sobre la base de la confianza del soberano, un cargo de mucho poder pero también de muchos riesgos por la cantidad de enemigos. Bastardo era el hijo nacido fuera del matrimonio, como es el caso de Juan José de Austria, sin posibilidad de ser rey pero que en muchos casos tenía poder suficiente para participar en la corte y hacer política, 

Mariana de Austria había quedado viuda de Felipe IV (1605-1665) y fue nombrada reina regente en tanto su hijo Carlos II, quien apenas tenía cuatro años a la muerte de su padre, llegara a la mayoría de edad. La reina gobernó de 1665 a 1677, primero con el apoyo de  su confesor, el padre jesuìta Juan Everardo Nithard y posteriormente con el mencionado Fernando de Valenzuela.

El rápido ascenso político de Fernando de Valenzuela dentro de la corte causó muchas fricciones con los miembros de la alta monarquía. Valenzuela era un hombre de origen medio en la monarquía, que había entrado a la corte con bajos encargos, pero que obtuvo el aprecio de Carlos II y de su madre la reina Mariana. Llegó a ser nombrado Grande de España, con la consiguiente molestia de la vieja aristocracia.

La estrecha relación de la reina Mariana con este hombre de confianza condujo a críticas e incluso fue tratado en aquella época barroca de teatros y burlas bajo la insinuación de una relación íntima con la reina. Se le llegó a llamar "el duende de palacio" y fueron tantos los bienes obtenidos en su corta carrera política que circuló un pasquín en que se dibujaba a Valenzuela con títulos y galardones y encima un rótulo: "esto se vende". Junto a él, la imagen de la reina con su mano sobre el corazón: "esta se da."

El grupo de Juan José de Austria, el bastardo, reunió fuerzas para neutralizar el poder de la reina Mariana de Austria y de su valido Fernando de Valenzuela. En enero de 1677 la situación se volvió insostenible y Valenzuela buscó refugio en el Monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial.  Hasta ahí llegaron hombres armados bajo el mando del duque de Medina Sidonia, quienes forzaron el lugar el 17 de enero de 1677.  Se había violado un lugar santo y eso provocó la reacción de la iglesia. El prisionero quedó en manos del Nuncio Apostólico (el representante del Papa) Sabo Millini. 

Sin embargo, en febrero de 1678 el Nuncio tomó una determinación drástica, pues condenó a Valenzuela al destierro por diez años en Filipinas y anuló los honores acumulados por el antiguo valido, además de la confiscación de los bienes. El golpe de mano anulaba así el dominio de la reina y consolidaba a Carlos II como el soberano con el apoyo de la alta aristocracia.

Carlos II reinó hasta su muerte en 1700. Al no tener descendencia, la dinastía Habsburgo llegó a su término en España. Esa crisis monárquica en España generó un conflicto europeo de grandes proporciones, la Guerra de Sucesión (1701-1713).



Carlos II "El hechizado" (c.1685)
Retrato hecho por Juan Carreño de Miranda
(Wikipedia, dominio públic)

El exilio a Filipinas

Excepto la muerte, difícilmente se puede pensar en un castigo tan grande para un noble español como el exilio en la colonia más alejada de la metrópoli. Fue una derrota política en un momento de grave crisis de la monarquía. El tono de la época, debemos insistir, estaba marcado por el arte barroco y no es casual que los grandes autores y artístas que aún resuenan en la base del idioma y la cultura española eran los protagonistas de ese momento histórico. Al respecto, Octavio Paz dice:
"El teatro fue una de las grandes pasiones del siglo XVII español. Don Fernando de Valenzuela, el Duende de palacio, durante los primeros tiempos de la regencia de Mariana de Austria, organizaba representaciones teatrales a las que asistían las personas reales. Ésta fue una de las tretas con las que conquistó el favor de la regente. Valenzuela era el director de escena y se encargaba también de los decorados y el vestuario; su hábil ayudante era el conde de Galve, subsidrector de escena."
El doctor Miguel Luque Talaban ha reconstruido el recorrido del notable prisionero de España a Filipinas con base en documentación existente en España, México y Filipinas. Llegó al castillo de San Juan de Ulúa, Veracruz, donde estuvo preso del 15 de octubre de 1678 al 20 de febrero de 1679, "día en el que fue conducido a Acapulco, embarcado por último el 31 de marzo para su destino final a bordo del galeón San Antonio."

Llegó a Filipinas el 31 de julio de 1679, donde quedó recluido en una prisión de madera hecha para ese propósito en el fuerte de San Felipe de Cavite.  Se le dió un trato de riguroso aislamiento.  El Gobernador era Juan de Vargas Hurtado, quien tenía sufientes problemas para controlar a los grupos de poder local, representados por los comerciantes, los dueños españoles de la tierra y los misioneros, se hizo cargo de hacer cumplir la condena de Valenzuela.

En julio de 1682 el rey Carlos II levantó parcialmente el aislamiento de Valenzuela y se le permitió escribir, tener correspondencia y caminar acompañado de sus criados. Es interesante observar, como lo hace Luque Talaban, que el personaje en desgracia utilizó sus habilidades para escribir poesía e incluso un memorial para el rey, pidiendo clemencia ante su situación. 

Quedó escrito un poema con el lamento de Valenzuela. Endechas que compuso en el puerto de Acapulco, donde se embarcó para pasar a Manila, lugar de su destierro. Probablemente fueron escrita en febrero o marzo de 1679. Aquí un fragmento:

"Si mi mal no permite
dar tregua al tormento,
remedio es el callar;
que no tienen los males mas remedio.
Yo soy..., pero ¿qué digo?
Yo fui...,¡qué mal me acuerdo!
Yo he de ser...,¡mal discurrro!
Y puesto donde ignoro, ¿qué pretendo?
Otros dirán qué soy,
y alcanzaré por ellos
de lástima la dicha,
que no pudo alcanzar el valimento.
Despojado de cuanto
fue dádiva del tiempo
me vide en un instante,
ejecutando en mí justos decretos.
Por grande me envidiaron;
¡qué dictámen tan necio!
¡Como si el ser yo grande
fuera a hacer a los otros más pequeños.


Pasado el tiempo que calma los ánimos, Valenzuela, por intercesión de los amigos logró que en 1689 le fuera levantada la pena y pudiera volver a España; pero no bien había desembarcado en Acapulco, le fue denegado el permiso, obligándolo a permanecer en el puerto.   Nuevas gestiones le permitieron pasar a México con la condescendecia de su viejo amigo el virrey conde Galve. 

Fueron tres años en que se dedicó a la cría de caballos y quizás disfrutó su libertad en un exilio más apacible. Hemos escrito en este blog acerca de aquella época al referirnos a la historia del Parián, "un mercado oriental" en el corazón de la ciudad de México. Valenzuela tenía esta vez un amigo protector, el propio virrey conde de Galve, con quien había promovido el teatro español en otras épocas. Había escasez de alimentos, corrupción y arte. Vivían en aquel lugar entre otros grandes personajes Sor Juana Inés de la Cruz y Don Carlos de Sigüenza y Góngora. ¿Los habrá conocido?

No es muy clara la razón de su muerte el 7 de enero de 1692 en la Ciudad de México. La caída de un caballo que estaba domando o la coz del animal. Su muerte política había llegado años antes.
_______________
Tomás Oteiza Iriarte,  Acapulco, la Ciudad de las Náos de Oriente y de las Sirenas Modernas, México: Edición del Autor, 1965, pp. 161-162.

Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las rampas de la Fe. México: Fondo de Cultura Económica, tercera edición, 1985, p.351.

Miguel Luque Talaban, La inconstante fortuna de Fernando de Valenzuela y Enciso. Su destierro en las islas Filipinas y los últimos años en la ciudad de México (1678-1692), Archivo Agustiniano, Vol. 95, No.213,  2011, pp. 213-244.

Juan J. Delgado, La Historia General Sacro-Profana, Política y Natural de las Islas del Poniente llamadas Filipinas. Biblioteca Histórica Filipina, p.276.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Desde Manila

A Mariza y Nui
La capital de Filipinas es una vorágine de gente, cultura e historia. He visitado nuevamente esta ciudad con un gran placer y he encontrado una vez más el estímulo necesario para adentrarme en su pasado. Vine en busca de materiales de archivo, pero lo que he obtenido es también la amistad y el entusiasmo de muchas personas, amigos nuevos, que también se interesan en el tema del Galeón de Manila.

El martes 15 de mayo tuve oportunidad de hacer una presentación en una nueva y hermosa sede del Instituto Cervantes de Manila, en Intramuros, a un costado de la imponente catedral de San Agustín. El título de la charla fue Why Manila? (¿Por qué Manila?).  Agradezco al director del Instituto, Carlos Madrid, y al Embajador de México en Filipinas, Gerardo Lozano, la posibilidad de presentar en un lugar tan especial algunos avances de mi investigación doctoral. Estuvieron presentes estudiantes de diversas universidades, autoridades, representantes diplomáticos, académicos y estudiantes filipinos que aprenden español en el Cervantes. A todos ellos, muchas gracias por su asistencia.



He venido escribiendo sobre las razones que condujeron a Miguel López de Legazpi y sus hombres a dejar Cebú e instalarse en Manila. Mi propuesta se inscribe en una interpretación geopolítica, en la que el enfrentamiento con los portugueses en la zona sur de Filipinas (Visayas y norte de Mindanao) adquiró tintes de guerra europea en el Sudeste de Asia. Al cabo de cinco años, entre 1565 y 1571, las discusiones de tipo político, cartográfico, e incluso moral y religioso, condujeron a un cambio de estrategia que llevó a transladar la capital hacia el norte. Manila significó una modificación importante de la estrategia original encaminada al comercio de especias en el sur, para enfocarse al comercio con el amplio espacio del sudeste de Asia y sobre todo Chino, en el norte.

En 1565, el regreso del galeón San Pedro hacia el este del océano Pacífico, bajo la guía de Andrés de Urdaneta, probó ser un gran descubrimiento científico de la época.  A partir de la seguridad del regreso, la famosa Tornavuelta o Tornaviaje, fue posible y necesario un replanteamiento de la estrategias de expansión castellana en Asia.


La importancia de revisar, una vez más, los orígenes de la colonización de Filipinas conduce a una mejor comprensión de los mecanismos que hicieron de esta ciudad y del archipiélago un centro comercial que enlazó por vez primera América y Asia. La fundación de Manila es para algunos el inicio de la globalización en la temprana edad moderna. En mi opinión, basada en la investigación de fuentes portuguesas y españolas, la decisión de mover la capital hacia Manila fue resultado de un cuidadoso análisis que sopesó elementos geoestratégicos fundamentales para el imperio español en rivalidad con el imperio portugués. Los resultados fueron múltiples y complejos: la introducción de plata del Perú y México; el inicio del comercio asiático, principalmente chino; y sobre todo el gran caudal de conocimiento humano que se volcó a partir de ese contacto filipino.


martes, 13 de diciembre de 2016

Causas para escoger Manila como la capital de Filipinas

El pasado 12 de noviembre participé en un simposio en el Museo de las Culturas Asiáticas de Singapur, con una conferencia sobre los primeros años de la conquista española en Filipinas. El simposio es parte de las actividades en torno a las ciudades puerto de Asia, una región que se distingue por su interconnectividad marítima desde la antigüedad.

Las ciudades son el personaje de esta exposición. De qué manera se han formado. Cómo han crecido y cómo algunas han desaparecido.  De qué manera se comunican entre ellas y se enriquecen con las culturas de los nuevos vecinos.  El Sudeste de Asia es quizás una de las zonas más variadas, con la presencia de indios, malayos, chinos, tailandeses, vietnamitas, filipinos, y un sinnúmero de otras poblaciones. La característica principal es la comunicación por mar y la relación entre la diversidad de pueblos que habitan este enorme espacio geogrpafico. El Islam convive con el Cristianismo y con el Budismo, así como con la adoración de espíritus. Aún con las notables diferencias culturales entre una y otra cultura, existe una gran comunicación y circulación de ideas.



Algunos han querido ver en esta región una similitud con la estructura del Mediterráneo, que ha sido la cuna de culturas clásicas y que mantiene una perfil muy destacado por las conexiones desde el Oriente Medio hasta España. Cierto o no, la región del Sudeste de Asia ha tenido y ha fortalecido vínculos ancestrales y también por sus aguas se han comunicado culturas clásicas de la región.  Ha sido testigo del ascenso de grandes poderes y el dominio de los Europeos desde hace cinco siglos. Fue también teatro de operaciones militares en el que se enfrentaron los japoneses, los ingleses y el nuevo imperio americano de forma por demás encarnizada.  En la actualidad, cerca de 600 millones de personas viven una larga de transición posterior a la guerra fría y sus ciudades son polos de crecimiento económico, aunque aún mantienen focos de pobreza en múltiples regiones.

*     *     *

El tema con el que participé es el origen de Manila, que se convirtió en la capital de Filipinas en 1571. Mi propuesta se basa en la documentación del Archivo General de Indias relativa al encuentro entre españoles y portugueses en la isla de Cebú en el período 1566-1569,  que significó un momento delicado y fundamental para reorientar la conquista de Filipinas hacia la isla de Luzón. El asunto ha sido visto de manera lateral, sin prestar suficiente atención a las circunstancias políticas que atravesaban las coronas españolas y portuguesas y, mucho menos, a la situación prevaleciente en la región del Sudeste de Asia en aquel momento.  En mi opinión, se cuenta ahora con suficiente información para reconstruir un hecho singular, prácticamente una guerra europea en aguas asiáticas, que afortunamente no llegó a muchas pérdidas de vidas, pero definió el espacio de expansión y conquista de Portugal y España en esas latitudes.

El arrivo de Miguel López de Legazpi a Cebú en 1565 al frente de una armada proveniente de la Nueva España tuvo varias consecuencias fundamentales. Primero, inauguró la posibilidad de realizar el viaje de regreso por el Pacífico, bajo la guía del frailer Andrés de Urdaneta. Ese avance técnico abrió el gran océano a la posibilidad de expansión española a partir del territorio novohispano. Otra consecuencia que no debe ser soslayada es la posibilidad de explorar y dominar las islas de las especias. Sin embargo, acuerdos añejos entre España y Portugal no permitían esa posibilidad, y la corona española se acercaba peligrosamente a terreno considerado portugués. Ver entradas de este blog Tornavuelta y El reparto de un mundo ignorado.

En los años siguientes, llenos de dificultades para los soldados españoles en las islas del sur de Filipinas, se hizo presente una armada portuguesa dirigida por el Capitán Mayor Gonzalo Pereira, apodado Marramaque. Entre portugueses y españoles se celebraron varias reuniones muy llenas de colorido y protocolo (cañonazos de saludos, entrega de regalos, cenas) para negociar la salida de los españoles de lo que se consideraba "territorio" portugués. En vano, los tratos corteses y los mensajes que se intercambiaron, los españoles se mantuvieron en las islas y en 1568 los portugueses bloquearon Cebú por espacio de tres meses.  Una imposible guerra en el fin del mundo, en el que el arma más dañina era el hambre y la enfermedad.  Sin embargo, Gonzalo Pereira tuvo que retirar su tropas para atender una insurrección en la isla de Ternate, lo que dió tiempo a los españoles para fortalecerse. 

El misterio de esos encuentros y lo que nos muestran varios comentarios de la época es que la salida de los españoles de Cebú (sin dejar completamente abandonada la plaza), primero para ir a Panay y en 1571 hacia Manila, es que posiblemente los portugueses dieron información sobre las oportunidades de comercio en la isla de Luzón. En aquella época, China era una realidad borrosa para los españoles, un poderoso y rico país hacia el norte, pero desconocido en sus dimensiones y su política.  A partir de los años de incertidumbre en Cebú, y del enfrentamiento militar con los portugueses, López de Legazpi escribió al Rey de España acerca de la nueva meta: ir hacia el norte, dejar las especierías y acercarse a China.

Ver entrada ¿Por qué Manila?

Las evidencias son fantásticas, pues muestran personajes de gran talento como López de Legazpi, Andrés de Urdaneta, Gonzálo Pereira y otros, que ofrecen material suficiente para escribir una gran historia. Si alguien quiere hacer un film con esto, me apunto como guionista 😀.

jueves, 21 de julio de 2016

Galicia y Filipinas

Es ineludible mencionar, como lo hice en la entrada anterior, los vínculos históricos y culturales entre Galicia y el norte de Portugal. Ambas regiones comparten una raíz similar y recibieron influencias de toda Europa desde la antigüedad. El lugar más destacado del extremo noroeste de España es sin duda Santiago de Compostela, que a partir del siglo IX comenzó a recibir peregrinos desde lugares remotos, sobre todo porque eran viajes a pie desde Alemania, Flandes y Francia. Con esos visitantes se fraguó una cultura cristiana deseosa de recuperar los lugares santos en Oriente Medio y el sur de la península ibérica en manos de los mozárabes. En la construcción de esos proyectos participaron también las órdenes militares de los templarios y los camilleros de San Juan, como mencioné en la entrada anterior.

Galicia, al norte de la península ibérica tiene valles y bosques de gran belleza, que desembocan en el impetuoso Atlántico, en el finisterre o finis mundi de aquella época. El puerto principal es La Coruña, y el centro religioso es Santiago de Compostela. Cuenta la leyenda que Carlomagno soñó con el paraje en el que se encontraban los restos del apóstol Santiago: un campo de estrellas, como podría pensarse por la existencia de piedra ígnea, con destellos metálicos. Se supone que el cuerpo del apostol Santiago fue transladado desde Jerusalem hasta Hispania por misioneros de la primera edad cristiana. En aquel lugar y con este material se construyó la ciudad y la catedral, que cuenta con un atractivo especial por el color y la composición arquitectónica. El peregrinaje influyó para que ese santuario conservara algunas de las reliquias más importantes de la edad media y fuera un lugar de creación artística, por ejemplo, libros de coro gregorianos y escultura en piedra del maestro Mateo.


La catedral de Santiago de Compostela. 
Actualmente y por algunos años más está siendo reparada.

Por dichas reparaciones, no es posible ver el famoso Pórtico de la Gloria, dentro de la catedral, uno de los ejemplos cumbre del arte románico.

Una (mala) foto del incensario o sahumerio. Botafumeiro en Gallego


En 2011 dos escritores publicaron un pequeño libro de homenaje a la herencia gallega en Filipinas: Cruceiro, Spanish Galicia at some Crossroads in Philippine History & Culture (1521-1898). Lino L. Dizon y José R. Rodríguez recuerdan que después del viaje de Fernando Magallanes en 1519, fue enviada desde el puerto de La Coruña, en Galicia, una nueva flota española en 1525, bajo el mando García Jofre de Loaisa (c.1490-1526). El intento era repetir el trayecto magallánico para concentrarse en las islas Molucas. Se habilitaron siete barcos, Santa María de la Victoria, Espíritu Santo, Anunciada, San Gabriel, Santa María del Parral, San Lesme y Santiago.  Debido al mal tiempo, solamente cuatro de ellos lograron cruzar el estrecho de Magallanes rumbo al Pacífico. El Santiago tomó rumbo al norte y llegó hasta las costas de México en julio de 1526. El Santa María del Parral cruzó el Pacífico hasta las islas Célebes, donde se hundió. El Santa María de la Victoria fue el único que llegó a las islas de la especiería. Para obtener mayor contexto, sugiero al lector que lea varias entradas de este blog de noviembre de 2009.


 Gobernadores gallegos en Filipinas

El libro nos cuenta la historia de Gómez Pérez Dasmariñas, que también es conocido como das Mariñas, quien fungió como el séptimo Gobernador General de Filipinas de 1589 a 1593. Natural de la villa de Betanzos, cerca de la Coruña, en Galicia. Hemos referido en este blog varios de los momentos de su gestión, así como la de su hijo, Luis Dasmariñas, particularmente en las Molucas y en Camboya. Hay un nuevo libro sobre estos singulares personajes, escrito por John Newsome Crossley, The Dasmariñases, Early Governors of the Spanish Philippines. Pronto escribiremos sobre este nuevo estudio. Otro gobernador nacido en Galicia fue Juan Niño de Tabora, de 1626 a 1632. Entre sus actividades destacadas se cuenta la defensa en 1627 del puesto español en Taiwán ante los ataques holandeses y la recaptura del astillero de Camarines, en Luzón en 1628.

Dizon y Rodríguez ennumeran a varios misioneros gallegos que se asentaron en la primera etapa española de Filipinas: fray Francisco Blanco, franciscano de Monterrei, Ourense; fray Jacinto Rivera, agustino originario de Ribadavia, Ourense; fray José Alvarez, agustino de San Miguel de Banqueses, Verea, Ourense; fray José Benito Rosendo, augustino de San Juan de Saurnín, Ourense. La lista se extiende hasta el finales de la dominación española en Filipinas, pero los mencionados corresponden a prominentes sacerdotes de Galicia que vivieron en las islas en el siglo XVII.


Santiago de Compostela
Vista del rio Minho, que separa Galicia de Portugal

miércoles, 27 de mayo de 2015

Viajes por el Pacífico

Es muy grato encontrar compañeros de viaje por la historia de los intercambios culturales, humanos, comerciales, que se dieron en el Pacífico. Hace tiempo he entrado en contacto con Francisco Moreno del Collado, quien desde España estimula el trabajo de La Nao Va con comentarios y materiales que también va encontrando por el camino. Paco Moreno es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Cantabria y tiene un MBA por el Instituto de Directivos de Empresa IDE CESEM. Ha dado varias charlas para divulgar sus conocimientos sobre el tema, con un giro interesante: las consideraciones económicas y empresariales que dieron vida a la ruta del famoso Galeón.


Valga la breve presentación, porque en esta oportunidad quiero ceder el espacio de este blog para un resumen de las peripecias del Galeón, que Francisco elaboró con motivo del 450 Aniversario del viaje de la Tornavuelta, comandada por Andrés de Urdaneta.

Para ver el documento, hacer "click" en el título:



por Francisco Moreno





viernes, 13 de marzo de 2015

Encuentro con Henestrosa

Durante muchos años busqué una famosa edición del libro Viaje y Tornaviaje a Filipinas 1564, reproducción fascimilar patrocinada en México en 1975 por el Fondo Pagliai, de circulación limitada. El libro fue editado, prologado y anotado por el escritor mexicano Andrés Henestrosa, y en forma de plaquette constituye uno de esos ejemplares únicos que se distinguen por la belleza de impresión. El libro es una reimpresión de la carta escrita por don Alonso de Arellano, capitán del Patache San Lucas que en diciembre de 1564 accidentalmente se separó de la expedición de Andrés de Urdaneta y regresó por su propio camino desde Filipinas hasta México. Puede leerse la noticia detallada de aquella fabulosa aventura de un puñado de mexicanos en ocho entradas previas de este blog. Invito al lector a acompañar nuevamente esta aventura. 


Supe de la existencia de un ejemplar en la Antigua Librería Madero, que algunos lectores han de conocer, pero cada vez que preguntaba por él recibia de don Enrique Fuentes una amable negativa. Creo que mi insistencia y cierta confianza que adquirí ante los ojos del dueño de "la Madero", después de aparecer por su librería año tras año durante mis viajes a México logró diluir la barrera imaginaria. Finalmente, aunque parezca broma, lo adquirí el día de los inocentes, el 28 de diciembre de 2006. 









Había quedado de almorzar ese día con mis hermanos en el restaurante El Cardenal de avenida Juárez y así llegué con mi nueva adquisición en las manos. Parte de la conversación giró en torno al libro, la aventura de aquellos novohispanos que se perdieron en el Pacífico en el siglo XVI, pero encontraron el camino de regreso a México. Por supuesto conversaba también acerca de la mínima proeza de contar con ese ejemplar, cuando de pronto me dice mi hermano Alejandro: "hablando del Rey de Roma" ¡Don Andrés Henestrosa llegaba al restaurante y se sentaba en la mesa de junto!




La anécdota concluye en haber podido conversar brevemente con el poeta oaxaqueño acerca de ese libro. Su reacción fue inmediata: "¿Cómo lo consiguió? ¿Por qué lo tiene usted?." Lo único que pude explicarle era mi gran interés por el tema del Pacífico, de las Filipinas, de Asia en general, y que encontraba en ese documento un motivo muy importante para poder seguir investigando. Con mucho gusto me regaló un autógrafo que conservo con comprensible orgullo.

El poeta había cumplido 100 años el mes anterior y a pesar de su dificultad para caminar se mostraba lúcido. 

El libro

El ejemplar que se utilizó para la edición mexicana, nos explica Henestrosa en su introducción, "fue propiedad, en otro tiempo, de Emilio Wenceslao Retana (1826-1924), escritor y bibliógrafo español que vivió largo tiempo en Filipinas". En 1975 el libro pertenecía a José Ignacio Conde, otro bibliófilo apasionado.


El Prólogo de la edición de Henestrosa inicia así:

"El mar, las distancias, la lejanía; los espacios, el horizonte, los confines, el azul, el infinito, siempre atrajeron al hombre. Como lo atrae el vacío, así lo atrajo lo incógnito, el misterio. Una apetencia de muerte y de vida en la muerte, que eso y no otra cosa es la gloria, la fama y la inmortalidad, movió siempre las acciones del hombre. El mar y el cielo, las dos inmensas naderías, llamándolo desde que apareció sobre la tierra."

"El español, hombre aparte, como quiere Estrabón, quiso desde muy temprano penetrar sus misterios, domeñar los mares, enseñorearlos. La historia española es en gran manera la historia de la navegación. La conquista de las rutas océanicas es una de las máximas empresas y hazañas de España, y del mundo."

"La imantación del Mar del Sur la gozaron y la padecieron los españoles a raíz misma de su descubrimiento, en 1513. En Nueva España es Hernán Cortés quien inicia la exploración y conquista de la Mar del Sur, de ls islas del Poniente."



Más adelante, el escritor explica la importancia de publicar nuevamente la carta de don Alonso Arellano:

"Este documento puede considerarse inédito, si se tiene en cuenta que sólo una vez ha sido publicado individual y cuando más tres o cuatro veces reproducido en obras que tratan de estas materias: primero, cuando en 1905 se hizo su edición facsimilar en tiraje de quince ejemplares, ahora, naturalmente, imposible, o casi, de lograr y de dar alcance a ejemplar alguno; después, al insertarlo Emma H. Blair y James A. Robertson en The Philippine Islands, 1493-1803, Cleveland, 1905; de donde lo toma Mariano Cuevas para reproducirlo, un poco caprichosamente retocado, en su obra Monje y Marino, La vida y los tiempos de fray Andrés de Urdaneta, México, Galatea, 1943. Del padre Cuevas la reproduce Enrique Cárdenas de la Peña en Urdaneta y "El Tornaviaje", México, Secretaría de Marina, 1965. Conviene decir que todos tres desconocieron la edición referida."

martes, 9 de diciembre de 2014

¿Por qué Manila?

Escribo esta nota días antes de viajar a Manila, preocupado por la situación de los afectados por la tormenta tropical Hagupit (rebautizada en Filipinas como Ruby) y su fuerza destructiva sobre el archipiélago. Los filipinos y sus vecinos en el Sudeste de Asia conocen de antaño la ira de estos meteoros, que en las islas son conocidos como baguío, pero los cambios demográficos, la falta de preparación y otros factores humanos han hecho más difícil enfrentar la visita anual de los vientos huracanados. Hoy parece que los daños han sido mucho menores que con el terrible tifón Hayan (Yolanda) del año pasado; menos muertos y damnificados, pero aún es preocupante la situación. 

Pero la pregunta que formulo en esta entrada del blog se refiere a las razones que motivaron a los españoles a fundar en 1571 la capital filipina en la isla de Luzón, precisamente en Manila.

Ya hemos referido en este blog, en 2009 Nombres Filipinos, el probable origen del nombre de Manila. También hemos hecho referencia al sistema de comercio que convirtió a Manila en centro de una red regional de intercambio en la región asiática, El sistema comercial del Galeón. Hemos hecho referencia, en  2011, a la importancia y debilidad de Manila; un enclave que estuvo en peligro de ser abandonado por la Corona española. 

Intramuros

¿Cuál fue la razón de mudar la capital del centro al norte del archipiélgo?

Cebú fue fundada por Miguel López de Legazpi en abril de 1565. Las expectativas de encontrar especias no se cumplieron, aunque se encontró algo de canela. Tampoco hubo plata ni oro. El modesto comercio de las islas estaba controlado por los Moros, malayos musulmanes, tal como lo describe Legazpi en una carta al rey Felipe II del 23 de julio de 1567 y eso le lleva a resaltar que al norte del archipiélago, en la gran isla de Luzón llegan comerciantes chinos y japoneses con sedas, tejidos, campanas, porcelanas, esencias aromáticas, hierro, estaño, tela de algodón, y reciben de los locales oro y cera.  Esos moros comercian esos productos  en el sur. 

Con ello, el interés de los españoles se fue modificando y la atracción hacia la desconocida China fue creciendo. En opinión de C.R. Boxer, el conflicto con los portugueses y los asuntos en las islas de las especias no avanzaban bien; la tierra y la población de la zona de Cebú no cubrían las expectativas de dominio y comercio de los españoles, así que la posibilidad de avanzar hacia el norte, más cerca del gigante de Asia les indujo a moverse a Luzón (1). 

El atractivo inicial era aprovechar el comercio de China, descrito como enorme y provechoso. En una carta escrita en Cebú en 1569 del Factor Real, Andrés de Mirandaola, al rey Felipe II, comenta que "cuando los portugueses estuvieron en este puerto se entendió cómo trataban y contrataban en las costas de china y japones (sic), y de cómo era negocio de que se sustentaban por ser, como era, la cosa más gruesa y de más interés que hasta hoy se ha visto en parte alguna donde se haya contratado" (2).

Coincidiendo con esa opinón, el misionero agustino Fray Martín de Rada escribía el 8 de julio de 1569 al Virrey en México que  la permanencia en la zona de Cebú no rendía los frutos necesarios, mientras que la isla de Luzón era más rica "porque son casi todos mercaderes y vienen chinos a tratar con ellos" (...) "En esta ysla de lusson ay mucho bastimento de arroz, puercos, cabras, búfalos. Ay oro mucho en respecto destrotras (de las otras islas) y (hay) cosas de la china". 

Rada esboza también la tentación de ocupar China, desde la plataforma filipina: 

"Si su magestad pretende la china, ques tierra muy larga, rrica y de gran policia, que tiene ciudades fuertes y muradas, muy mayores que las de Europa, tiene necesidad primero de azer asiento en estas yslas; lo uno, porque no sería acertado pasar por entre tantas yslas y baxios, como ay a la costa della, con navíos de alto bordo sino con navios de rremos; lo otro también, porque para conquistar una tierra tan grande y de tanta gente es necesario tener cerca el socorro y acogida para cualquier caso qe sucediere, aunque segun me é informado, así como portugueses como de yndios, que tratan con ellos, como de un chino que tomaron los días pasados en un junco, la gente de china no es nada belicosa y toda su confianza está en la multitud de la gente y en la fortalecza de las murallas, lo qual sería su degolladero, si se les tomase alguna (fortaleza), y así creo que mediante dios fácilmente y no con mucha gente, serán conquistados" (3).
El fuerte de Manila

En 1570, Legazpi trasladó su cuartel de Cebú a Panay, con mejores condiciones de abasto y defensa. Desde ahí envió el 8 de mayo al Maestre de Campo Martín de Goyti y al capitán Juan de Salcedo a explorar la isla de Luzón. Como resultado de esa expedición, Legazpi escribió al Virrey de la Nueva España que si el interés del Rey de España era conquistar el Maluco (las islas de la especiería), entonces Cebú sería lo más indicado, 

"(...) pero si su magestad pretende que sus ministros se estiendan a la parte norte y costa de china, tengo por más acertado hacer asiento en la ysla de luzón, de donde vino agora el maestre de campo, donde descubrió un puerto, aunque pequeño, pero cómo para media docena de navíos (se refiere a Cavite), legua y media del pueblo de manilla, cabecera de toda aquella provincia, el cual y la gente que con el fue trujeron buen contento de la tierra, porque hallaron tierra que tiene oro y ropa y gente que lo defienda, porque hasta ahora no se ha visto tanta gente junta ni con tanta artillería como allí, y aunque a la entrada nos recibieron de paz, depués la rompieron y le dieron guerra; trajéronme a este campo de allí diez piezas de bronce chica y grandes y dos versos de hierro (cañones ligeros), sin otras piezas de bronce que se echaron en la mar por no las poder traer"(4).

En suma, Legazpi tomó la decisión de avanzar sobre Manila y salió de Panay a Luzón el 15 de abril de 1571. Con ello esperaba controlar la región más poblada del archipíelago y puede suponerse que también actuaba atraído por el interés de acercarse al comercio con China, si no es que la posibilidad de conquistar al Imperio del Medio.

La toma de Manila

Martín de Goiti y Juan de Salcedo llegaron a Manila el 10 de junio de 1570. En sus propias palabras: "(...) por la orden que llevaba el maese de campo procuró con diligencia la paz y amistad y dominio de vuestra magestad, y tratándoles dello a los principales, halló en ellos, a lo que mostraron de prima faz, el mismo deseo que se les significó, aunque a lo que después se vino a entender, era todo debajo de malicia (...).

Todo terminó en una escaramuza con los moros, a quienes cobraron a fuego de arcabuz varios muertos. De esta forma, los defensores musulmanes de Manila decidieron retirarse. Lo mismo hicieron los españoles y fue hasta el 19 de mayo del año siguiente, cuando formalmente Manila pasó a manos de los españoles. En 1571 Legazpi viajó a la ciudad acompañado de un gran contingente de soldados españoles y aliados de otras islas. Fue notable la diferencia en el trato y en esta segunda incursión hubo menos violencia. Ante el escribano Fernando Riquel se suscribió un documento de pacificación y amistad con los indios. Con ello se tomaba posesión en nombre del Rey de España.

Expreso aquí mi solidaridad con la población filipina en estos difíciles momentos. Espero poder dar mejores noticias desde Manila en los próximos días.
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C.R. Boxer. South China in the Sixteen Century,  Beign the narratives of Galeote Pereira, Fr. Gaspar da Cruz, O.P., Fr. Martin de Rada, O.E.S.A. (1550-1575). London:The Hakluyt Society, Second Series No. CVI, 1953 p. XXXIX

(2) Isacio R. Rodriguez, Historia de la Provincia Agustiniana del Smo. Nombre de Jesús de Filipinas, Vol. XIV Historia Agustiniana, Manila, 1978, pp. 8-17.

(3) Copia de carta del P. Martín de Rada al Virrey de México, dándole importantes noticias sobre Filipinas, Ibidem, Rodriguez, 1978, pp. 24-32.

(4) Copia de algunos capítulos de carta de Legaspi al Virrey de la Nueva España, Panay, 25 de julio de 1570. Ibidem Rodríguez, 1978, pp. 49-53.

lunes, 25 de agosto de 2014

domingo, 8 de julio de 2012

Peruleros 2

La comunicación marítima entre México y Perú inició poco después de la conquista. No abordaré aquí el tema de los contactos en la etapa prehispánica, entre las culturas Inca y Azteca por ejemplo, pues salen del interés de este blog. Lo que es verificable es que en la primera mitad del quinientos la expansión española hacia el Pacífico americano fue impetuosa y contribuyó en pocos años a crear una infraestructura asombrosa de puertos, en una ¨gran media luna de colonias¨ desde Manzanillo hasta el Callao, y en la que se desarrollaba también la construcción de barcos. Casi de inmediato, Nicaragua y Panamá se erigieron como sedes de los astilleros más importantes en esa primer época.

En un contexto más amplio, la Corona española estaba interesada simultáneamente en la conquista de América y el control de la especiería en Asia, por lo que bajo el reinado de Carlos V los proyectos más ambiciosos (y en ocasiones absurdos) tenían cabida en el diseño imperial.

La información en los archivos es dispersa debido a que se iniciaron proyectos en varias partes de manera casi simultánea y como iniciativa de los propios conquistadores, quienes apenas transmitían sus acciones a la Corona (Hernán Cortés era de algún modo una excepción más en ese contexto). Entre 1518 y en las dos décadas posteriores se prosiguió la febril construcción naval, con técnicas adaptadas a las condiciones locales y a la disponibilidad de materiales. La esclavitud indígena jugó un papel primordial en esa expansión.

La construcción naval tuvo su origen en el Istmo de Panamá. Para explorar el recién descubierto Mar del Sur, Balboa emprendió la construcción de barcos a mediados de 1517, empresa que fue una hazaña trágica y heroica. La madera fue cortada en el lado atlántico del Istmo, quizás porque los árboles de la vertiente del Pacífico eran demasiado pequeños y torcidos. La cordelería, los clavos, las anclas, la brea, el alquitrán, las velas y todo el demás equipo y abastecimientos se reunieron en Acla, en la costa atlántica. Todo esto fue transportado al otro lado de las montañas que dividen ambas vertientes en las espadas de tamemes indígenas hasta el Río de las Balsas, en el Golfo de San Miguel. Según la versión oficial, 500 indígenas murieron durante esta obra, aunque según Las Casas la cifra correcta es de 2,000. 
Febril actividad en todo el litoral del Pacífico

Con la conquista del Perú se consolidó el comercio y el traslado de guerreros, armas, administradores, misioneros y bienes hacia el viejo imperio Inca, pero no se intentó la construcción de barcos, que seguían siendo producidos en Centroamérica. Desde la década de 1550 se registró un constante incremento de precios en Perú, lo que se volvió un fenómeno constante hasta bien entrado el siglo XVII. El aliento para este proceso inflacionario fue el descubrimiento y explotación de plata en el Potosí, que permitía la importación de casi todo sin necesidad de producir localmente. Las mercancías se importaban preferentemente de la Nueva España, pues lo que venía de la península era aún más costoso y en ocasiones inaccesible por las distancias y las dificultades del comercio atlántico. Un tercer factor que aceleró el comercio fue que la población española en México había alcanzado una fuerte expansión desde la década de los 30 y podía abastecer a la colonia del sur con productos como el azúcar, textiles, ropa, muebles, artículos domésticos y de tocador, libros, entre otras mercancías.

El historiador español Lutgardo García Fuentes describe la articulación entre Perú y la Nueva España:
El comercio entre México y Perú atravesó una etapa de gran esplendor que duró hasta la década de 1580; luego, y sin que ello significara el cese de las relaciones, se inició otra marcada por las dificultades legales. En 1589 las autoridades mexicanas denunciaron a la Corona que los comerciantes limeños que cada año se desplazaban a la Nueva España adquirían grandes cantidades de géneros europeos provocando escasez y carestía. Sostenían que Lima, según el sistema legal establecido habría de abastecerse mediante los galeones de Tierra Firme (provenientes de Europa).
La reacción de los novohispanos se intensificó también por la presencia de las mercancías provenientes de Filipinas, que atrajo aún más a los peruanos, dispuestos a adquirir bienes de consumo, tanto de uso cotidiano como suntuario. García Fuentes calcula que en la década de los ochenta ¨los intercambios entre ambos virreinatos, incluyendo la reexportación de artículos procedentes de Filipinas, alcanzaban un valor superior a los tres millones de pesos anuales. Ciertamente este tráfico conllevó el hundimiento estrepitoso de las industrias sederas mexicanas, al no poder resistir la competencia del precio de las sedas provenientes de China, ni las dificultades dimanadas de las escasez de mano de obra a causa de las crisis demográfica mexicana¨.

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Woodrow Borah. Comercio y navegación entre México y Perú en el siglo XVI, IMCE, México, 1975, capítulo V El comercio del período 1550-1585 en su madurez. pp.15-17 y 125 a 169.

Lutgardo Garcia Fuentes.  Los peruleros y el comercio de Sevilla con las Indias 1580-1630. Universidad de Sevilla, 1997. pp.165-170.