jueves, 28 de mayo de 2009

Desigualdad y comercio

Desde que hay memoria histórica, a nuestra sociedad se le puede definir como una estructura de poder diseñada para organizar y explotar la desigualdad social extrema. Y esta definición es válida lo mismo para el periodo indígena que para el colonial, el independiente o el actual.

En el pasado profundo, el dominio de los muchos por los muy pocos fue aceptado como natural, como legítimo, pero a partir de la independencia cada vez menos. Esa pérdida progresiva de legitimidad del poder de las minorías en un país estructurado de siglos por y para beneficio de los pocos, es lo que en gran medida explica la dinámica de la historia política de México en su etapa nacional.

Lorenzo Meyer. Un país de los pocos. Diario Reforma, 28 de mayo de 2009.

Las líneas publicadas por el doctor Meyer me permiten adelantar una reflexión de lo que he venido preparando respecto a las vinculaciones del comercio a través del Pacífico con la vida económica y política de México en el período colonial. Existen evidencias notables de que el comercio del Galeón, intimamente ligado a las redes comerciales terrestres que abastecían a sectores como el minero, el ganadero y el agrícola tenían relaciones estrechas a través de la producción de plata, escencia del comercio internacional de aquella época, así como del sistema crediticio (donde jugaba un papel muy importante el dinero de la Iglesia) y la demanda de bienes suntuarios de la élite colonial.

Afortunadamente, los especialistas han venido desarrollando desde la década pasada un análisis coherente de estas vinculaciones, basadas en el estudio de las estadísticas disponibles (derechos aduaneros, relaciones de carga de los navíos, listas de abasto, redes de crédito). Historiadores como Carmen Yuste, Ostwaldo Sales Colín, María Fernanda García de los Arcos, entre otros, han aportado valiosos estudios que permiten desentrañar la madeja de la relación del comercio externo y el conjunto de la economía colonial.

El primer gran avance de esta interpretación es la nueva valoración que se tiene del intercambio transpacífico, no como un simple trampolín secundario del comercio dominado por la Corona española. "se ha superado la idea de que el virreinato fue tan sólo una área de tránsito terrestre de un comercio intercontinental entre Filipinas y la Península y sobre el cual los mexicanos recibieron muy pocos beneficios", escribe Carmen Yuste, quien es pionera en este tipo de investigación, y adelanta "El tráfico con Manila fue una de las vías de inversión de los comerciantes novohispanos en los años de la cuestionada depresión económica" del siglo XVII.

Tan fue así que el poder de los comerciantes novohispanos en Manila llegó a ser un reto para el poder comercial de de Sevilla en la península.

Pero tomando esta base de análisis parece fundamental relacionar tales elementos de tipo económico con toda aquella información que está dispersa sobre el poder político de la élites coloniales en México: De Zacatecas a Puebla; de la ciudad de México a Veracruz y Oaxaca, de Acapulco a Manila. Un reino sorprendentemente rico y desigual como lo observó al final del siglo XVIII el barón de Humbolt.

De la Nueva España al reino de Perú se extendieron redes de poder que dieron vida a ese comercio y que tenían nombres de gobernadores, obispos, bodegueros, militares, hacendados, quienes definieron la vida económica, política y moral de estos países, incluído Filipinas. Muchos de aquellos nombres cambiaron con la Independencia, pero el sentido profundo de dominio monopólico de aquellas élites siguió corriendo por las venas del poder político contemporáneo.

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Carmen Yuste. Emporios Transpacíficos: Comerciantes mexicanos en Manila, 1710 - 1815. UNAM, México 2007. P 13.

Sobre el tema de la depresión económica del siglo XVII, ver la entrada Transformación del consumo, del 25 de marzo.

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