Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

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domingo, 27 de julio de 2025

Jesuítas y Samurais

Me voy a referir a un libro publicado hace dos décadas, pero que sigue ofreciendo una oportunidad para reflexionar sobre el gran encuentro cultural de los misioneros católicos jesuitas en un período de gran convulsión en Japón en la segunda mitad del siglo XVI. En este blog publiqué varias entradas sobre este tema fascinante, pero en esta ocasión me detengo en el instrumental analítico del antropólogo aragonés Carmelo Lisón Tolosana (1929-2020).


 
Carmelo Lisón Tolosana
 La fascinación de la diferencia: 
La Adaptación de los Jesuitas al Japón de los Samuráis, 1549–1592  
Madrid: Akal, 2005 
Estructura del libro:
 
Prólogo

I. Francisco Javier o la racionalidad
II. Cosme de Torres o el diálogo
III. Valignano figura renacentista 
IV. La seducción del Japón cultural
V. El reto de la diferencia
VI. Adaptación integral

Epílogo para ayer y para hoy

Disponible en internet Archivo 👇👇👇

https://archive.org/details/lison-tolosana-c.-la-fascinacion-de-la-diferencia.-la-adaptacion-de-los-jesuitas


El libro  La Fascinación de la Diferencia: La Adaptación de los Jesuitas al Japón de los Samuráis, 1549–1592 , es sobre todo una reflexión antropológica sobre el encuentro cultural entre Japón y los intelectuales jesuitas. Es interesante por varias razones: conforme al pensamiento de Carmelo Lison Tolosana es posible e inevitable hacer historia desde la experiencia contemporánea y obtener conclusiones para la actualidad. Otro elemento es que el autor, como señala Joao de Pina-Cabral, de la Universidad de Kent ( Obituary , Antropology Today , Vol. 36, No. 3, junio de 2020) perteneció a una generación que vivió durante el oscuro período del franquismo. Estudió en Oxford y fue difícil su retorno a España, pero a mediados de los años 60 tuvo oportunidad de trabajar en los métodos de la antropología social en los que se había formado en Inglaterra. 
 
La obra aquí revisada es una excepción en el conjunto de su trabajo como antropólogo, pues la mayoría de sus estudios están dedicados a temas nacionales o regionales españoles. La interpretación se basa en los escritos de Francisco Xavier  (1506-152), Cosme de Torres  (1510-1570) y Alessandro Valignano  (1539-1606) durante su estancia en Japón. Es destacable la emoción que invocan estos misioneros; "la humana contemporaneidad" de estas figuras del pasado, a las que sentimos tan próximas en sus propios textos. Dice Lisón Tolosana: "No conozco una elaboración tan sistemática y un esfuerzo tan intenso como el llevado a cabo por los jesuitas para, olvidándose de la rigidez teológica, adaptándose a otra cultura, para, en una palabra japonizar en cuerpo y en espíritu."
 
El capitulo dedicado a Francisco Xavier es una lectura desde el ángulo antropológico contemporáneo, basado en la aproximación que el misionero español tuvo ante la cultura japonesa, primera generación de los fundadores de la Compañía de Jesús. Quien fuera nombrado santo al nivel de Ignacio de Loyola se preparó mentalmente incluso antes de llegar a Japón y empleó las técnicas impuestas por la compañía para afrontar la diversidad. Hay empatía y admiración ante la organización social de Japón y en su recorrido va confirmando sus pre-juicios y afinando su disciplina racionalista. Las cartas, escritas en una mezcla de español, portugués, italiano, latin, son difíciles pero riquísimas en observaciones, por lo que permite adentrarse en la personalidad del misionero.
 
El segundo capítulo está dedicado a Cosme de Torres y quiero destacar que este valenciano pasó al menos tres años en Nueva España, a partir de 1540, como capellán durante el virreinato de Antonio de Mendoza y Pacheco. Sin haberse ordenado como sacerdote participó en la expedición de Ruy López de Villalobos, de la que he dado cuenta en este blog. Llegó a Japón acompañando a Francisco Xavier y permaneció en el país hasta su muerte en 1570, cuando se calculaba en 30, 000 los cristianos locales.
"Capaz observador del Otro y hábil lingúista, estudia japonés con Angiro durante el viaje lo que le convierte, después de cierto tiempo y mucha práctica, en excelente intérprete de la misión. A él se deben la primera gramática japonesa y el primer vocabulario que, desgraciadamente, se han perdido. "
Para el antropólogo, el método de Torres es la adaptación cutural, como mecanismo para ajustar el comportamiento, práctica y tecnología para integrarse en un entorno nuevo o cambiante. Sin embargo, esa capacidad de acercarse al mundo japonés prendió las alarmas en Roma pues los misioneros practicaban "ritos" y ceremonias no previstos por la iglesia católica. Entre los principales críticos estaban franciscanos y domincos que observaban desde Manila. El tema de la liturgia católica, doctrinas y normas, disciplina del clero (el celibato se hizo obligatorio) frente a la variedad de experiencias del mundo fue fundamental en el Concilio de Trento, 1545-1563.
 
Un proceso mental adaptativo que Torres llevó a un nivel magistral es el diálogo con monjes budistas y shinto sobre temas filosóficos. Esa conversación se realizaba por medio de traductores, y paulatinamente Torres comenzó a hablar en japonés con gran refinamiento. Pero el método imponía escribir los argumentos y utilizar los textos en otras sesiones para comparar ideas, además de instruir nuevos misioneros no japoneses.
 
El perfil de Alessandro Valignano ocupa el tercer capítulo y el autor lo clasifica como el pensador renacentista del grupo. De hecho, formaba parte de una nueva generación entre los misioneros. Nacido en Nápoles durante la ocupación española fue parte de una refinada élite continental con perspectiva global. Fue nombrado visitador de las misiones en Asia, con lo que cumplía una doble autoridad, administrativa y religiosa, en una Provincia que contaba con un creciente núcleo de misioneros y de feligreses en Japón y en China. De hecho, Valignano estuvo tres temporadas en Japón, para continuar su labor en otras parte de la enorme provincia. Sin embargo fue capaz de escribir sumarios con suficiente información cultural, etnológica y política de varios de estos lugares.
 
Cumplió su cometido de hacer viable la misión en Japón por medio del comercio de seda, aunque esto fue criticado por muchas otras órdenes. Hemos desarrollado el tema en otra entrada, Comerciantes y Misioneros
 
El cuarto capítulo profundiza con más detalle en la organización de la misión jesuita en Japón, y da cuenta del encuentro que Valignano tuvo con el daymiō Oda Nobunaga en Kyoto en 1581. Es la curiosidad mutua de los personajes lo que dibuja un ambiente rico de experiencias y de intercambios. Sin embargo este acercamiento habría de concluir pronto pues la misión católica comenzaba a enfrentar el rechazo del poder de los shogunes. El ascenso de Toyotomi Hideyoshi marcó el cambio de interés a los forasteros.
 
En el marco del proceso político en Japón de las dos útlimas décadas del siglo XVI, el autor penetra en el ejercio de adaptación intelectual jesuita en ese período. El quinto capítulo es muy denso, cargado del lenguaje antropológico pero interesante en cuanto a los dilemas que enfrentaron los misioneros, en especial Valignano: evangelizar sin imponer, para desarrollar su labor misionera en un ambiente cultural muy estructurado y profundo, marcado por el budismo, el sintoísmo y el confucianismo.  Los jesuitas buscaban adoptar estrategias de inculturación, como vestirse como monjes budistas o utilizar términos japoneses para explicar conceptos cristianos, aunque estas adaptaciones a menudo generaban tensiones dentro de la propia Iglesia. 

El capítulo de conclusiones traza el camino seguido por los jesuitas en Japón. 
 
1. "El universitario (Francisco) Javier reproduce el modelo teórico dominante en el tomismo —todavía no ha llegado Descartes— en cuanto a la razón como actividad superior del espíritu y cumbre de lo humano. El ordo rationalis organiza, jerarquiza y totaliza la realidad, compara y relaciona; las relaciones lógicas entre proposiciones no vienen afectadas por los cambiantes tiempos y contextos sociales, al contrario, descubren lo universal y necesario para siempre y para todos." 

2. El padre Cosme Torres "ve la vida desde una ventana menos mística, más realista, en su trabajosa variedad; tiene antenas para captar las sinuosidades de los sucesos". Prefiere la discusión filosófica en un ambiente propcio, intimo, que permita continuar con la labor misionera pública.

3. "Valignano es la tercera de este retablo de figuras seleccionadas que con su enérgica personalidad marca como ninguno varias dimensiones del primer medio siglo de la cristiandad japonesa. Alma de humanista y temperamento jurídico, llega a Japón con ideas propias aunque coloreadas por estereotipos intertextuales que derivan de (Francisco) Javier y (Cosme) Torres, pero su atención enciclopédica al detalle le hace ver desde muy pronto que el estado de la misión es mucho más complejo y nada halagador. " 

* * *

El libro de Carmelo Lisón Tolosana contribuye a la interpretación cultural de un momento histórico muy particular que sigue sorprendiendo. El encuentro cultural del siglo XVI ha sido intepretado de múltiples maneras, desde un nacionalismo japonés que alentó un sentimiento de superioridad nipona desde la Reforma Meiji en el siglo XIX, hasta un chovinismo católico durante el franquismo. El trabajo de Lisón Tolosana trata de escapar de esas limitantes contemporáneas y procura explicar por medio de la antropología el diálogo cultural de aquel momento, aunque solamente desde el lado jesuita. Propio de su generación, es muy proclive al exaltar la empresa misionera de Occidente, algo que se habría enriquecido con un mayor conocimiento de la filosofía que prevalece en Asia.

Seguramente habrá nuevas investigaciones propias del siglo XXI, cuando resulta tan urgente apelar al entendimiento cultural mutuo y el respeto a la diversidad cultural. 


martes, 13 de junio de 2017

Batallas en el mar 2

El Rey Felipe II (1527-1598) probó los sinsabores del poder a cada paso de su reinado (1556-1598). Una victoria militar como la obtenida contra los turcos (Batalla de Lepanto, 1571) iba acompañada con frecuencia por el abultamiento de las deudas para pagar a los soldados. Su coronación como Rey de Portugal en 1581 parecía indicar la cúspide de algo similar a un imperio universal, pero unos años más tarde, en 1588, la derrota naval en las costas de Inglaterra mostraban que todo poder imperial tiene límites. (1)

El regreso a Amsterdam en 1599
Andries van Eertvelt.

El apaciguamiento de un conflicto se veía interrumpido por una revuelta o por el acoso de los enemigos en Europa. Quizás una de las situaciones más complejas y novedosas fueron los ataques que se comenzaron a registrar en las posesiones españolas en América y Asia por parte de piratas ingleses como Francis Drake o Thomas Cavendish (captura del galeón Santa Ana frente a las costas de California en 1587). Felipe II falleció en 1598 sin haber podido resolver el gran problema de la revuelta de los Países Bajos. El conflicto europeo comenzaba a globalizarse y llegaba a varios rincones poco antes desconocidos del planeta.

Al finalizar el siglo XVI, la aparición de corsarios holandeses se volvió altamente preocupante tanto para los administradores portugueses en India, como para los españoles en Filipinas.  Los holandeses, por su parte, dieron gran prioridad en la última década de ese siglo al desarrollo de su marina y a la exploración de nuevos territorios. Lanzaron expediciones hacia Canadá, el noreste de Estados Unidos, el mar de Barents (nombrado en honor el expedicionario que lo encontró al buscar un camino, por el norte, hacia China).  El Sudeste de Asia se convirtió rápidamente en el espacio preferido de los holandeses para desplegar sus velas y arrebatar la carga de los galeones españoles y portugueses en la zona; justificando así su causa independentista con el daño económico producido al imperio Habsburgo.

La competencia naval

Afectar el comercio de España y Portugal en el Atlántico, en el Índico, o en el Pacífico, era una estrategia riesgosa. En contraste, en tiempos de paz o de guerra se abrió un frente económico que dio notables resultados: la competencia para construir barcos más baratos.

Los holandeses, escasos de madera, desarrollaron un barco de transporte especializado llamado fluyt, "que era ligero para su tamaño y tenía poco entablado en el interior. No era adecuado para la guerra, ni podía llevar muchos cañones, pero aquel buque de carga no fortificado era barato de construcción, muy económico en su uso y utilizable siempre que  las circunstancias fueran de paz." (2) Carla Rahn Phillips señala que los holandeses tenían más dificultades que los españoles para conseguir madera, lo que motivó el diseño de este nuevo tipo de embarcación. Los españoles continuaron desarrollando los grandes galeones, no únicamente en la península (usando los bosques alrededor de Bilbao), sino construyendo navíos en Nueva España y en Filipinas.

Contrario a la idea de que en España se descuidó la construcción naval en aquellas décadas, las cifras señalan que se invirtieron enormes sumas de dinero, pero no se hicieron grandes cambios en la tecnología debido a la presión que se tenía en dos terrenos: el comercio y la defensa. Los gastos de mantenimiento, carenado, de marineros especializados y defensa de puertos, se convirtieron en una carga enorme para el imperio español.  El acicate de los holandeses obligó a los españoles a invertir en su propia industria naval, pero la estructura administrativa del imperio reducía la eficacia de las medidas. En caso de necesidad se recurría a los embargos, es decir, a tomar embarcaciones particulares a cambio de una compensación. Los dueños de barcos no estaban conformes con esa política, a menos que se tratara de periodos de baja atividad o que el pago del sueldo (renta para compensar) fuera competitiva. (3)

El investigador Iván Valdez-Bubnov, quien ha estudiado la evolución de la industria naval española a lo largo de los siglos XVI y XVIII, explica de qué manera las estrategias imperiales de la época de los felipes se caracterizaron por una cierta descentralización en la construcción de barcos. Esa tendencia fue modificada en el siglo XVIII. Lo que cabe apuntar en este breve recuento es que, en el terreno económico y técnico,  la competencia naval de españoles, portugueses, holandeses e ingleses, inauguraba la época en que el dominio marítimo se volvió la clave del poder mundial.

La celebración de la técnica de la madera
(presiona para agrandar la imagen)

La historia de los holandeses es diferente porque siempre estuvieron a merced del mar. Metro a metro ganaron terreno al mar con los diques que penosamente construían. También enfrentaron al mar navegndo en las difíciles aguas del norte de Europa. Como se hizo mención, la construcción de barcos adecuados para la pesca y el tipo de navegación de los mares del Norte y Báltico, impulsó el desarrollo de técnicas específicas de armazón naviera. La producción orientada a la navegación se extendió por todo el pequeño territorio de la actual Holanda, dando pie a circuitos productivos que integraban la provincia y los puertos-ciudades. Entre los avances más destacados se hallan los barcos de arenque, que se convirtieron en verdaderas fábricas en el mar, y que llevaban a puerto el producto ya procesado. Otro avance técnico fue el desarrollo de aserraderos mecanizados. La escasez de madera obligaba a procesar la madera traída del exterior y satisfacer la demanda holandesa y de sus vecinos. La invención del aserradero mecánico atribuido a Cornelis Corneliszoon fue un gran avance para la economía de la región. Un desarrollo que formó parte de esta industria fue la producción masiva de velámenes para la navegación, con base en la tradicional producción de manta de lino, combinada con algodón y seda. Es paradójico que los holandeses hicieron buen negocio vendiendo en diferentes momentos velas de barco a sus enemigos, España, Portugal, Inglaterra y Francia. (4)

Ataque holandés contra embarcaciones españolas en Asia

Seguiremos mostrando el despliegue holandés en Asia en las próximas entradas de este blog. Esta crisis de dimensiones globales llegó a afectar directamente la operación del comercio en Manila.

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(1) No uso aquí el lenguaje de la derrota de la "Armada Invencible", que es de uso común en la literatura inglesa. Fue una crisis para la política exterior de Felipe II, pero no fue definitiva. Un análisis de fondo debe mostrar que hubo una combinación de circuunstancias adversas, desde problemas de coordinación del lado español y condiciones atmosféricas. Para leer más sobre esto, César Cervera ha escrito varias notas.

(2) Rahn Phillips, Carla, Seis Galeones para El Rey de España. La defensa imperial a principios del siglo XVII, Madrid: Alianza Editorial, 1986 pp, 47-50.

(3) Valdez-Bubnov, Iván. Poder Naval Y Modernización Del Estado: Política de Construcción Naval Española (Siglos XVI-XVIII). México: UNAM, 2011. México: UNAM, 2011.

(4) Vries, Jan de, y Van der Woude, Ad. The First Modern Economy. Success, Failure, and Perseverance of the Dutch Economy, 1500-185. Cambridge: Cambridge University Press, 1997. 

miércoles, 7 de junio de 2017

Alarma en Asia portuguesa

En una carta fechada en Malaca el 30 de abril de 1600, el obispo de esa ciudad Dom Joāo RIbeiro Gaio, escribió al Rey Felipe (Tercero de España y Segundo de Portugal) acerca de la llegada de una docena de barcos holandeses a las inmediaciones del estrecho de Malaca y de la región de Java. Con alarma, el  Obispo explica las acciones comerciales y las alianzas que los comandantes rebeldes fueron realizando en los reinos de Aceh (en Sumatra), Java, Sonda (entre Sumatra y Java), Banda y Bali. Con extremo detalle relata la salida de la armada desde el norte de Europa en 1598, su paso por las costas de Madagascar y su recorrido por la parte sur de los dominios portugueses en la región.

En enero de 1599, señala el Obispo, cuatro de los barcos holandeses cargaron pimienta y otras especias, como nuez moscada (nutmeng) y clavo de olor. En cuanto pudieron, regresaron a Holanda. No hubo problemas ni enfrentamientos con los locales o con los portugueses. Dejaron, según el informe, buena imagen e intercambiaron armas no solamente con la gente de Java, sino con comerciantes de Fujián que estaban en la zona. Esa noticia era una llamada de alerta para los portugueses, pues otros europeos asomaban las narices por la zona que habían dominado por casi todo un siglo y fueron bien recibidos por los gobernantes locales. "Dios nos ampare de que eso suceda" exclama en el obispo en su misiva.

Una imagen rudimentaria de la isla de Java, con el Estrecho de Sonda, siglo XVI


El estrecho de Sonda en la dimensión real

Del resto de la expedición, las cuentas son como sigue: dos barcos recorrieron la costa norte de Java y fueron vistos cerca del fuerte portugués de Ambon y adquirieron  clavo de olor. Se desconoce su situación. Otros dos navíos viajaron en una ruta similar y cargaron a placer nuez moscada y macis en las islas Banda. Regresaron a Sonda y de allí a Holanda en agosto de 1599. Otros dos barcos se estacionaron en Sonda, en espera de cargar pimienta. Hasta enero de 1600, señala el obispo, no se tenía conocimiento si ya habían partido del lugar. Los último dos barcos, de 12 que salieron un par de años antes de Europa, llegaron a Aceh, en Sumatra en julio de 1599. Hicieron negocio y alianza con el sultán musulmán de ese reino, pero algunos comerciantes portugueses que estaban en el lugar advirtieron que los holandeses eran rebeldes y que no eran bien vistos por el Estado da India. Se registró un conato de violencia, pero los holandeses escaparon, dejando atrás a dos miembros de la tripulación, que resultaron ser portugueses. Estos habían sido capturados en la ruta de Brasil a África y, podemos especular que fueron la fuente de información del obispo. (1)

Dom Joāo RIbeiro Gaio fue un personaje excepcional, mezcla de jerarca religioso, misionero, con espiritu de comerciante y con ambición de conquista.  Escribió abundante información sobre el Estado da India durante su estancia en Malaca, de 1578 a 1601. Su obra más notable son los llamados roteiros, o descripciones del territorio y rutas de navegación, como contribución al conocimiento de las operaciones portuguesas para el nuevo monarca de origen español. Tales documentos son de gran valor geográfico y etnográfico. (2) Como se puede apreciar en los mapas de esta entrada, el conocimiento geográfico era muy rudimentario y durante largo tiempo fue motivo de confusión entre los europeos que se adentraban en la zona.

La historiadora Paulina Machuca ofrece una contextualización de los proyectos ibéricos en el Sudeste de Asia, precisamente cuando llegaban a disputar el terreno los holandeses y los ingleses, entre otros. El beligerante Obispo portugués "propuso ambiciosos proyectos de conquista territorial que implicaban una cooperación hispano-portuguesa y la utilización de Manila y Malaca como bases de operación.  Uno de ellos contemplaba la toma de Siam. (La crueldad de los gobernantes)  fue uno de los argumentos que se esgrimieron para el plan de intervención, pero en el fondo se codiciaba el reino de Siam por su riqueza en recursos naturales como benjuí, índigo, madera para la construcción naval, y por localizarse en un cruce importante de mercancías." En la lista de encuentran más propuestas, que implican un cierto giro de la política portuguesa de expansión, ajustada en ese momento a lo que se percibía como el estilo español de conquista. (3) 

El Obispo solicita en su misiva al Rey una acción decidida para atacar a los holandeses en aguas del Sudeste Asiático y diseña un plan para controlar bastiones que pueden ser usados por otros europeos, entre otros, Aceh, Sonda, Patani, Camboya y Siam. Esta estrategia serviría para reforzar el dominio del Estado da India en la zona de las especias. Como hemos visto en este blog, los intentos de conquista soñados por los ibéricos al final del siglo no se cumplieron.  Hemos narrado otros planes de conquista, desde la quimérica Conquista de China hasta el caso de Camboya.

En el Archvo General de Indias se conserva otra carta dirigida al Rey sobre el tema de la defensa. Esta es de Andrés Furtado de Mendoza sobre la misión que el virrey de la India, Aires de Saldaña le había encomendado de llevar una armada hacia el sur de Malaca y construir  fortalezas en Dachem y Sonda, para controlar el comercio de la pimienta frente a los holandeses. Da cuenta de su jornada y menciona que le acompañaron el capitán Lope de Almeida, José Pinto da Fonseca, Sebastián Suarez de Albergaria, vecino de Cochín, Trajano Ruiz de Castello Branco y su hermano Gonzalo Vaz de Castello Branco, André Guedes y Andrés Pessoa, vecino de Malaca. Encontraron navíos holandeses y se dirigieron a la fortaleza de Ambon, cuyo capitán era Esteban Teixeira de Macedo (4). Aún no se había declarado una guerra entre Holanda y Portugal, pero el conflicto ya estaba presente.

Este sería el inicio de una prolongada confrontación en el Sudeste de Asia, que acarrearía consecuencias para los poderes europeos en el siglo XVII y sentaría las bases del dominio colonial europeo de los siglos posteriores. En las próximas entradas volveremos con este tema.

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(1)  El documento en inglés aparece en: Borschberg, Peter. Hugo Grotius, the Portuguese, and Free Trade in the East Indies. Singapore: NUS Press, 2011.  Este investigador explica que la carta del Obispo se encontraba un par de años después entre los papeles de Hugo Grocio, traducida al holandés. El famoso jurista defendía la presencia de los navíos holandeses en aguas de Asia y América, discutiendo principios de libre comercio, soberanía, guerra justa y el derecho a hacer alianzas, lo que permitía a los holandeses defender sus acciones que, del lado español, eran consideradas simple piratería.
 
(2) Souza, George B. The Boxer Codex. Transcription and Translation of and Illustrated Late Sixteenth-Century Spanish Manuscript Concerning the Geography, Ethnography and History of the Pacific, South-East Asia and East Asia. Translated by Jeffrey S. Turley. Vol. 20. European Expansion and Indigenous Response. Leiden/ Boston: BRILL, 2016. Los textos han sido publicados recientemente, a partir de su versión en español.
 
(3) Machuca, Paulina. “El sueño del Gran Pacífico en el ’Tercer y Nuevo Mundo": La Jornada de Camboya de 1596.” A 500 años del hallazgo del Pacífico. La presencia novohispana en el Mar del Sur, Carmen Yuste López y Guadalupe Pinzón Ríos (coordinadoras), 2016, 163–88.

(4) ES.41091.AGI/23.6.498//Filipinas, 35, N.4

domingo, 21 de mayo de 2017

Estado rebelde

El despliegue holandés en la región asiática en los últimos años del siglo XVI puede también ser narrado como una historia de espionaje, ambición comercial, y rebeldía contra el poder español. Las expediciones navales enviadas desde Holanda hasta las inmediaciones de las islas de las especias se fundaban en información obtenida por diversos medios (los wikileaks de aquella época), desde denunciantes al estilo de Jan Huyghen van Linschoten (1563-1611), hasta espías como Cornelis de Houtman (1565-1599). Detalles sobre las rutas, climas y distancias, o sobre las modalidades de comercio y los idiomas, fueron ansiosamente arrebatadas por los holandeses a los comerciantes y marineros portugueses que dominaban durante todo el siglo el mercado de las especias en Europa. Esta información era cuidadosamente recopilada por cartógrafos como Petrus Plancius (1552-1622)

En esta lista destaca el caso de Linschoten porque sirvió a la corona española desde 1576, trabajando en Sevilla. De ahí pasó en 1580 a Lisboa, trabajando siempre en el ámbito comercial y pronto tuvo oportunidad de unirse al séquito del nuevo obispo portugués en Goa, el dominico Vicente de Fonseca, al que sirvió de secretario. El joven Linschoten mantuvo un diario de viaje de su largo recorrido por Madeira, Guinea, el Cabo de Buena Esperanza, Madagascar, Mozambique, y diversos puertos de la India. En su privilegiada posición tuvo acceso a información de primera mano sobre la navegación, mapas, volúmenes de comercio, el valor de los productos. Regresó a Europa en 1587 y diez años después publicó su diario, conocido como Itinerario, con valiosos detalles sobre la navegación en los amplios espacios portugueses en las costas de África, India y el Sudeste de Asia (1). El libro fue inmediatamente traducido al inglés y al francés, con amplia resonancia entre los competidores europeos de Portugal y España.

Quizás la parte más explosiva de la información proporcionada por Linchoten fue la ruta de comercio de Malaca, en Malasia, como puerta de entrada hacia el comercio de las especias. Sin embargo, el autor sugería otra ruta, más al sur, en el mar de la Sonda, para evitar el control portugués. Ese sería a fin de cuentas el camino que seguirían los holandeses y que llevó más tarde al control de la isla de Java.

Primera descripción de un Dodo, expedición holandesa de 1598

Cornelis van Houtman cumplió un papel similar al de Linschoten, pero operando como espía en Portugal para obtener más información sobre las rutas de navegación. Para el efecto, dedicó un tiempo, de 1592 a 1593, como comerciante en Portugal, dedicado a espiar sobre la ruta hacia la India y los mares del sur. 

A partir de la Unión de las coronas de Portugal y España en 1581 se alteró la relación de Lisboa con sus  socios comerciales habituales, ingleses, holandeses y alemanes en los mares del Norte y del Báltico. Para la corona española, la posibilidad de contrarrestar la influencia protestante y contener a los rebeldes holandeses se cifraba también en controlar su comercio y navegación, al imponer embargos en los puertos portugueses. Sin embargo, la aplicación de esas medidas restrictivas afectaban también a la economía de Portugal y de la propia España. Además, terminaba afectando a terceros, como los alemanes y los comerciantes bálticos. De ahí que la política fluctuó constantemente y el comercio  continuó de manera irregular.  Tal vez el control fue más efectivo como barrera a la entrada de migrantes y de ideas protestantes en la península ibérica y en los territorios americanos. Sin embargo, también generó las condiciones para que los holandeses se lanzaran a la competencia por los mercados fuera de Europa, especialmente en Asia.

El tema del embargo sigue siendo motivo de controversia entre las diferentes historiografías "nacionales". Tradicionalmente, los portugueses consideran que la unificación de las coronas trajo innecesariamente enemigos para Portugal. Varios economistas observan con la óptica contemporánea la efectividad de las medidas de control de comercio, pero sin tomar en cuenta que en aquella época existían reglas estrictas de tránsito marítimo y medidas contra la piratería. España consideraba a los holandeses e ingleses como rebeldes y/o corsarios, y así fueron tratados y juzgados en varias ocasiones. Un ensayo cuidadoso sobre este tema puede leerse aquí.

Las expediciones holandesas a las Indias

El ya mencionado Cornelis van Houtman fue el primer comandante que intentó romper el control portugués sobre las islas de las especias. Representando a un grupo de comerciantes de Amsterdam organizados en la Compagnie van Verre (o compañía de larga distancia) y al mando de tres barcos, salió el 2 de abril de 1595, con una tripulación de 248 personas. Llegó a Indonesia en junio de 1596, pero a su regreso enfrentó serios temporales en altamar y enfermedades, por lo que perdió una embarcación y llegó a Amsterdam con 87 sobrevivientes. La expedición no fue exitosa en el aspecto comercial, pero fue el inicio de un proyecto más amplio que reunió a las provincias rebeldes y dió pie a la creación en 1602 de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (Verenigde Oostindische Compagnie), conocida por su acrónimo VOC.

La segunda expedición holandesa en busca del control de las especias se llevó a cabo en 1598, bajo el mando de Jacob Cornelius van Neck (1564-1638). Ocho navíos zarparon en mayo de ese año del puerto de Texel, con dos subcomandantes: Wybrand van Warwyck y el experimentado navegador Jacob van Heemskerk, de quien hablaremos más adelante. Esta segunda expedición contaba con buena información del cartógrafo Petrus Plancius.

 En 1601 se publicó en Amsterdam un libro con detalles de esa expedición (2)

El resultado económico de la expedición fue portentoso, con ganancias del 300 a 400 por ciento. Ello alentó una competencia febril entre los propios holandeses, lo que obviamente redujo las ventajas del comercio.  Pronto se organizaron nuevas expediciones (3),  hasta que se fundó la Compañía Holandesa de las Indias, a fin de regular la expansión comercial en Asia.

En la próxima entrada de este blog abordaré la reacción que tuvieron portugueses y españoles ante estas expediciones comerciales.

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(1) Voyage ofte schipvaert van Jan Huyghen van Linschoten naer Oost ofte Portugaels Indien, Amsterdam, 1597

(2) Journal ou comptoir, contenant le vray discours et narration historique du voiage faict par les huict navires d'Amsterdam, au mois de mars l'an 1598 soubs la conduitte de l'Admiral Iaques Corneille Necq.... aussi est icy adjouté un vocabulaire des mots françois, javan & malaites. Amsterdam: Corneille Nicolas... pour Bonaventure Dacivelle Libraire, 1601

(3) Jonathan I. Israel calcula 14 expediciones holandesas hacia las Indias hasta el año 1601, The Dutch Republic: Its Rise, Greatness, and Fall. New edition. Oxford: Clarendon Press, 1998. pp. 321.

viernes, 27 de enero de 2012

Los eventos de Camboya


Los acontecimientos de Camboya quedaron en el olvido durante los siglos XVIII y XIX. Un libro que daba cuenta de los hechos militares en aquel país, poco tiempo después de que habían ocurrido, es La breve y verdadera relación de los sucesos del Reyno de Camboxa al Rey Don Philipe nuestro Señor, escrito por fray Gabriel de San Antonio de la orden de Santo Domingo, y publicado en Valladolid en 1604.


Durante mucho tiempo este texto fue muy difícil de localizar y era prácticamente inaccesible para el gran público, hasta que en 1914 apareció una traducción al francés, a cargo de Antoine Cabaton, con un amplio estudio preliminar y muy abundantes notas.  

sábado, 21 de enero de 2012

Tercera Jornada, 1598

El gobernador Francisco Tello encabezó el gobierno de Filipinas de 1596 a 1599 y en ese cargo dió punto final a la aventura en Camboya. Entre tanto y liberado de sus responsabilidades oficiales, el anterior Gobernador, el joven Luis Dasmariñas retomó las riendas del asunto y cubrió con su propio patrimonio los costos de una nueva expedición, sin resultados positivos. El fracaso del tercer intento se debió aparentemente a que la pequeña armada salió a destiempo del puerto de Cavite, en el mes de septiembre de 1598, en plena temporada de monzones y, al enfrentar vientos contrarios tuvo que buscar refugio en la costa de China, en un puesto militar español denominado El Pinal, a seis leguas marítimas de Cantón. El almirante del barco insignia, Pedro de Béistegui, perdió el rumbo cerca del actual Vietnam y, en el naufragio de esa nave perecieron ahogados alrededor de cuarenta y cinco soldados.

Entre los soldados de esta tercera jornada, Tello señala en un informe oficial, había un grupo que recientemente había llegado desde la Nueva España, quienes debido ¨a ser muy flojos y la tierra muy pobre para mantenerlos me pareció que serían útiles para esta expedición, especialmente porque en esta ocupación (como soldados) serán pagados sin ningún costo para Su Majestad.

Desde su refugio, Luis Dasmariñas continuó solicitando refuerzos y pertrechos, pero el gobernador Tello, con el respaldo de la Audiencia de Manila, decidió no acceder a sus peticiones para no dejar desprotegida la ciudad. En cambio, le pidió que regresara a Filipinas, de modo cortés, puesto que ya la empresa era un asunto privado pagado por el propio Dasmariñas. Las razones del Gobernador, explicadas en la misiva al Rey, eran precisamente la estrechez en que vivía Manila y la necesidad de soldados para defenderla de un eventual ataque, como efectivamente sucedió en los años subsecuentes. En Madrid se consideró correcta la decisión del Gobernador y, de hecho, se dio por concluida oficialmente la invasión a Camboya.

Consecuencias

Años y siglos después, la aventura de Camboya adquirió tintes épicos, útiles para las narraciones populares en España y en México. Casi de inmediato, el impacto de aquellas jornadas incendiaron el ánimo popular en España y en América. Un hecho demostrativo  del impacto de la empresa camboyana es que autores contemporáneos a los hechos se inspiraron para escribir literatura de ficción, probablemente perdida para siempre, como la de Andrés Claramonte y Corroy, El nuevo Rey Gallinato y ventura por desgracia, así como la de José Martino Ferreira, Relacao que contem os venturosos e prodigiosos successos de Joao Baptista Gallinato, e como veyo a ser Rey das provincias e reynos de Camboya que esta junto com o grande e potentissimo reyno de China.

Subyace en los informes y en la literatura una queja constante contra los novohispanos, expresada de maneras muy diferentes, incluyendo la sátira que se hacía de ellos en Filipinas, calificándolos como pícaros y buscones. Este es el argumento que manejó el padre Gabriel Quiroga de San Antonio en el año 1604, para solicitar al rey Felipe III que reiniciara la conquista de Camboya y otros reinos (Laos, Anam, Siam). Aparte de la posibilidad de anexionar otros reinos al imperio español y propagar la fe cristina, se propuso la transmigración americana al continente asiático.

Claramente es una posición opuesta a las del gobernador Dasmariñas padre, pero refleja la misma preocupación respecto a la carga social que constituían los criollos. De su puño y letra señala:

(...) la oportunidad de dar ocupación y buen uso a toda la gente perdida, inútil y dada a la vagancia que existe en México, Perú y Filipinas, que existen en abundancia y que no necesitan ser traídos de España. El daño que estos soldados causan por doquier donde se presentan y sus malas acciones que podrían cometer es más de una razón para enviarles en esta misión. Además es evidente que la novedad de la jornada y la esperanza de obtener resultados es lo que los mantendrá pacificados.

Otro documento, el memorial escrito por Pedro Sevil de Guarga, impreso en Valladolid en 1603 y resumido por W.E.  Retana en 1909, es ilustrativo del pensamiento de aquella época. Este capitán había participado en las incursiones en Camboya e insistía en que por razones religiosas y de honor, España debería continuar su campaña en la península indichina. Su petición fue apoyada por 18 teólogos españoles. En aquel momento, el espíritu de aventura invadió al Conde de Bailén, quien ofreció financiar y encabezar una nueva invasión a Camboya.


Afortunadamente la Corona española desoyó tales propuestas, que la hubieran conducido a una aventura desastrosa. Tanto Felipe II como su hijo mantuvieron una actitud prudente, a pesar de las presiones que existían por parte de los representantes de Filipinas en la corte española, especialmente algunos religiosos que abogaban por tales empresas.

Siglos después W.E. Retana opinaba que el buen tino de Rey de España desestimó las pretensiones de Sevil y de sus teólogos, ¨con lo que probó que era mejor cristiano que éstos¨. En la actualidad podemos identificar esa prudencia con una visión global que desde el vértice del imperio español percibía la dificultad de expandir una costosa maquinaria que estaba en crisis, el imperio enfermo.

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Informe del gobernador Francisco Tello, ibidem, p.229.

viernes, 13 de enero de 2012

Segunda jornada, 1594-1596

Antonio de Morga indica el año de 1594 como fecha del arribo a Manila de ¨un junco grande, en que venían algunos Cambojas y Sianes y pocos Chinas¨.  En ese navío llegaba Belloso, y de inmediato se reunió con Blas Ruys Hernán González (en adelante, Blas Ruiz), con quien se preparó para convencer al nuevo gobernador de las islas, Luis Dasmariñas, para que enviara tropas para defender ahora al Rey de Camboya contra el Siamés. Este joven gobernador era hijo de Gómez Pérez Dasmariñas, quien fue asesinado un año antes, en 1593, cuando iba hacia las islas Molucas.

Belloso y Blas Ruiz lograron primero el apoyo de los influyentes dominicos o, como dice el cronista, ¨los tomaron como valedores¨ ante el nuevo Gobernador. Seguramente en sus relatos mostraba la parte fiera de su carácter, sin explicar lo ocurrido realmente en Camboya y con el Rey de Siam. Tenía ante sí a un público deseoso de aventuras y era sencillo conmover a los frailes y al joven gobernador de la posibilidad de una gran hazaña con bajo costo en los países vecinos.

Luis Dasmariñas, un hombre joven y con poca experiencia decidió enviar a Camboya una armada comandada por el sargento mayor de Manila, Juan Juárez Gallinato, compuesta por tres barcos con 120 españoles y algunos mercenarios japoneses y filipinos a bordo. Es importante señalar que las autoridades de Manila, el Ayuntamiento y el jefe militar, no vieron ninguna justificación para la empresa autorizada por el Gobernador con el apoyo de los religiosos de la Orden de Santo Domingo.

Antonio de Morga, a la sazón Capitán General de las islas, señaló en su momento tres razones en contra de tal decisión, mismas que quedaron por escrito: la mermada población española que permanecía en Manila; el desconocimiento de lo que realmente sucedía en Camboya, y el peligro político de hacer enemigo al Rey de Siam, del que tampoco se conocía el verdadero poder. Con tales conflictos, de Filipinas partió la misión hacia su incierto destino.

Quizá para atemperar los argumentos expuestos por el Capitán General, el gobernador Luis Dasmariñas consideró útil realizar una maniobra de distracción, por lo que envió de regreso a Tailandia a la tripulación que había llegado con Belloso, incluyendo para el efecto algunos regalos para el Rey de Siam, pensando que con esa treta podría ocultar sus verdaderas intenciones. Como es lógico, tal maniobra habría de resultar de lo más desafortunada, ya que el Gobernador actuaba del mismo modo que los mercenarios a quienes respaldaba.

De cualquier modo, la armada española enfrentó días después un temporal que dispersó las naves. Juárez Gallinato encalló en Singapur, una pequeña y hermosa isla anclada en el océano malayo, mientras que Belloso y Ruiz llegaron a la desembocadura del río Mekong, unas 600 millas al norte. Así, un viaje que regularmente tardaba ocho días culminó en semanas de padecimientos en medio de la selva.

Finalmente, Belloso y Ruiz lograron reunir sus tropas y llegar a la capital camboyana (Chordemuco) y encontraron un escenario completamente distinto al que suponían. Los camboyanos, lidereados por un hombre llamado Anacaparan, habían echado fuera a los siameses y habían colocado a su líder en el trono de Camboya. Los españoles decidieron aprovechar la situación y, en espera del capitán Gallinato, trataron de ponerse a las órdenes del nuevo jerarca camboyano, quien vivía a cierta distancia de la capital, en una aldea denominada Sistor. Sin embargo, el nuevo líder desconfió de los soldados procedentes de Filipinas, no aceptó recibirlos, aunque tampoco actuó en su contra.

En aquel momento, había en la capital camboyana seis barcos chinos y, en los días de espera, los españoles comenzaron a tener fricciones con sus tripulantes ¨por razones de honorº. No tardó esta situación en convertirse en otro acto de vandalismo, cuando los españoles mataron a gran número de chinos y les robaron sus mercancías. El Rey camboyano censuró tales actos y los españoles decidieron acudir a su corte en Sistor, a nueve leguas de distancia, para presentar una carta, falsificada, del Gobernador de Filipinas (la original estaba en manos de Juárez Gallinato, en Singapur). Anacaparan no los recibió y por el contrario los mantuvo a distancia, ordenándoles terminantemente reintegrar las mercancías a los chinos.

Temerosos de su situación, Belloso y Ruiz decidieron escapar pero, antes de hacerlo, hacia la media noche entraron a la aldea donde estaba el rey Anacaparan, incendiaron las chozas y asesinaron a muchos camboyanos y a su líder. Sólo entonces dieron la media vuelta para regresar a FIlipinas, perseguidos por los airados camboyanos. Cuando llegaron a la capital camboyana encontraron a Juárez Gallinato, quien recién llegaba de Singapur y trataron de convencerlo de ocupar Camboya. Deseaban persuadirlo de que, una vez muerto el Rey, muchos líderes y señores camboyanos aceptarían la tutela española. Gallinato decidió no proseguir con tal desatino y reprendió a sus subalternos por los enfrentamientos recién ocurridos, aunque...¡les incautó el botín! y se fue rumbo a Vietnam.

Sin embargo, Belloso y Ruiz lograron convencer a su capitán de que ellos viajarían a la capital de Laos, Langxan, donde estaba exiliado el rey legítimo de Camboya, Praucar Langara. Días después llegaron a la ciudad que hoy se conoce como Vientián y encontraron una nueva sorpresa: el Rey había muerto y sólo quedaba su hijo, un adolescente del mismo nombre, aficionado al alcohol y dominado por su abuela y sus tías. Convencidos de que, ante las nuevas circunstancias, era el momento de entronizar al joven los españoles regresaron a Camboya, río abajo, en diez embarcaciones, acompañados de los camboyanos leales al nuevo monarca.

Monumento a Diego Belloso en Camboya s/f

Luego de asesinar a los que se oponían a este nuevo Rey, Belloso y Ruiz obtuvieron el reconocimiento oficial como caballeros (Chao Phraya) de Camboya, comandantes militares y jefes cada uno de una provincia. En la efímera corte del joven Praucar las circunstancias se fueron complicando para los españoles, debido a que un militar musulmán, probablemente venido de Malasia, se amancebó con una tía del Rey y paulatinamente disputó la influencia de Belloso y Ruiz sobre el joven monarca. Al cabo de poco tiempo, dicho líder militar pudo dominar completamente la situación y expulsar a los españoles.

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Antonio de Morga, Sucesos de las islas Filipinas, capítulo V. p.92.

sábado, 7 de enero de 2012

Planes de invasión

A lo largo de casi una década, de 1592 a 1600, un puñado de soldados y frailes españoles entró en el reino de Camboya, se hizo de un gran poder, para al fin perderlo todo. Los capitanes de esta aventura, con nombres dignos de una novela, eran peninsulares: Juan Juárez Gallinato, Diego Belloso y Blas Ruiz Hernán González, quienes vivieron una de las historias más extrañas y fantásticas de la conquista de las Filipinas, a finales del siglo XVI. Mientras los líderes de esa campaña eran españoles, cabe suponer que la tropa anónima era mexicana, compuesta por colonos, marinos y mercaderes llegados de la Nueva España.

La invasión de Camboya podría atribuirse al espíritu caballeresco de los españoles quijotescos, avant la lettre y, entre ellos, algunos nuevos mexicanos que, habiendo pasado por tierras de la Nueva España, terminaron sus vidas en Filipinas por aquellos años. Pero a diferencia del humanismo cervantino, estos quijotes simplemente actuaban en razón de intereses mezquinos. Una revisión de los hechos que condujeron a la invasión de Camboya por tropas españolas arroja interesantes elementos para apreciar que, entonces como ahora, existen reglas inviolables del trato internacional, de la cortesía y del derecho.

La aventura de Camboya puso de relieve el dilema de invadir la región del Mekong para enviar allá a la escoria que pululaba en América y que también llegaba a Asia. Desde un principio, la preocupación de poblar Filipinas con gente blanca y decente fue un prurito de la Corona española.

En la práctica, el problema era que la población criolla que abundaba en México, en permanente demanda de privilegios de clase, si tenía los rasgos físicos que tanto aprecian aún ahora en la televisión y en las revistas de sociales, pero constituía una pesada para el erario y para el mantenimiento del orden en la Nueva España (*).  El excedente de aquella población desempleada se enviaba a las islas a realizar tareas militares y administrativas aunque, en realidad, era una especie de honorable destierro. Hemos tratado el tema de los forzados y reclutas en notas anteriores.

En México se acostumbraba decir a los indeseables: mándalo a Filipinas. Estos mexicanos de mala fama adquirieron el mote de Huachinangos (red snapper) entre los filipinos, quizás por su color, pero más por su carácter arrogante y advenedizo... los ancestros de nuestros políticos de oportunidad, los arribistas de todas las épocas.






En el año 1593 el gobernador de Filipinas, Gómez Pérez Dasmariñas, se quejaba amargamente de que llegaban de México personas de muy mala calidad.

En México ay un abuso, que para limpiar aquella tierra de fascinerosos y malos los destierran a título de soldados, que sirvan a V. Md. (Vuestra Majestad) y no son buenos sino para estragalla (estragarla, echarla perder), pegando los malos vicios y costumbres que de allá sacaron a los de acá: que en una república que ahora nace es de mucho inconveniente a su principio, a lo cual no avían de passar (a Filipinas) sino los hombres más enteros, qualificados y virtuosos, y assi están desacreditadas estas yslas, de que aquí no llega un hombre de bien; suplico a V. Md. lo mande considerar y remediar, con que si fuere posible, la gente de guerra que aquí viene sea de la buena de Castilla, y de allá venga y lo mismo si hoviere lugar sea de los religiosos, que no vengan de México, sino de los reynos de Castilla, y los más escenciales y exemplares.

Podría parecer, simplemente, que los españoles atribuían todos los males a los novohispanos, sin ver sus propios defectos pero, más que cierto chovinismo, la corrupción era rampante en las colonias españolas, tanto en América como en Filipinas. Una carta escrita en Filipinas por el padre agustino Alonso de Vico, dirigida al obispo de Nueva España, muestra la desesperación de algunos pocos que veían la grave descomposición social que prevalecía en la joven colonia:

El estilo de la Nueba España de los hombres pobres para hacerse ricos, es pensar tener un hijo frayle que luego al mismo punto es rico, porque los conventos son ricos y los bienes de la orden que debrían gastarse en servicio de Dios se reparten entre los priores y provinciales, de modo,  que ya están introducido que los priores, demás de la coleta (el estipendio, sueldo) que se da señalada por la provincia al provincial, se le a de untar las manos muy bien (ahora decimos en México dar mordida) y que aquel es mejor prior que unta las manos (...)

Más adelante afirma ante el Obispo:

(...) testigo soy de vista que de un convento nuestro llamado Chilapa (en el actual estado de Guerrero, en México) sacó el provincial dinero y ropa y otras joyas más de quatrocientos ducados y que vinieron unos indios a quexarse del prior, porque más de treinta leguas les havía hecho ir cargados al puerto de Acapulco a costa de los mismos indios, y no les quiso pagar nada, y el provincial que es aora de la Nueba España Fray Juan de Contreras tenía una hermana que no era rica, y aora lo es notablemente, y a este tono son todas las cosas de la Nueba España.

... y continúa lamentándose, porque:

Más aunque esto está perdido, sin comparación está más esta pobre y miserable provincia de las Philipinas, porque los males de ellas andan tan públicos que los religiosos de ella no sólo son escándalos a los fieles a cuya vista estamos (...) porque esta provincia está tan apoderada de criollos, que no se usa sino los mismo que en la Nueba España y con más publicidad y libertad; hay religiosos que tractan y tienen grangerías (hacen negocios); no se habla de letras ni de estudios, porque dizen que en esta provincia no son necesarias las letras.
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Carta transcrita por W.E. Retana en su edición de Sucesos de las Islas Filipinas, México, 1609. Eds. Polifemo, Madrid, 1977, pp. 194-195.

(*) La migración proveniente de otros territorios americanos, como el Virreinato del Perú, era muy limitada en Filipinas.

lunes, 2 de enero de 2012

Lo que acontecía en Siam, 1593

Continua el relato sobre la invasión a Camboya.

Las embajadas que llegaban a Manila eran, sin duda, un testimonio de la importancia que los diversos reinos de la región reconocía en la presencia española en Asia. En efecto, a pocos años de controlar Filipinas, los ibéricos habían logrado concitar el respeto, o quizás el temor, de sus vecinos, quienes prefería mantener un ambiente pacífico, pero distante, de los recién llegados a la región.

El puñado de hombres de espada y de fortuna comandado por Belloso habría regresado al reino de Camboya, pero las circunstancias  en aquel reino habían cambiado radicalmente: el Rey de Siam (tailandés) había realizado una rápida campaña sobre Camboya y Laos y había regresado a su ciudad capital, Ayuthaya.

Corría el año de 1593.

(...) En la ciudad de Chordemuco (capital de Camboya en ese entonces) con Prauncar Langara, el Rey de aquellos lugares, cuando vino sobre él, el Rey de Siam, con mucha gente de guerra y elefantes, tomó la tierra, y la casa y tesoros del rey, que con su muger y hermana y una hija, y dos hijos que tenía, se entró huyendo la tierra adentro, hasta el reyno de los Laos.

En la versión de los participantes españoles, el Rey de Siam regresó a Ayuthaya dejando algunos capitanes siameses (tailandeses) de guardia en Camboya ¨y lo que no pudo llevar por tierra lo envió a Siam por mar, en algunos juncos. Apresó a tres castellanos que allí encontró y los embarcó con otros esclavos camboyanos en el junco, con mucha ropa y guardia siamesa, y chinos marineros¨

Hallándose en la mar, los tres españoles se sublevaron con la ayuda de los chinos y mataron y rindieron a la guardia de Siam. No obstante, los aliados circunstanciales, chinos y españoles, tomaron el barco por botín y discutieron dónde debía dirigirse la nave. Si aceptamos esta versión, pensaríamos que, como no hubo acuerdo, los tres españoles vencieron a varias decenas de chinos y mataron a la mayoría, llevando la nave a Manila, para luego liberar a los camboyanos que habían sobrevivido.


Ayuthaya, capital del Reino de Siam

El Rey de Siam, llegando a su corte en la ciudad de Ayuthaya, al norte del actual Bangkok, esperaba el navío y, al ver la tardanza, temió que se hubiera perdido o, como en efecto sucedió, que la tripulación se hubiese insurbordinado. Por ello mando en busca de la nave a uno de los españoles que tenía cautivo, ni más ni menos que a Diego Belloso, al que el Rey de Camboya enviara a Manila como mensajero. Se convirtió así, de pronto, en embajador del bando contrario. Para convencer al Rey de Siam, Belloso prometió que regresaría con múltiples riquezas y, sobre todo, con la ayuda de los españoles de Filipinas.

Su plan dio resultado y obtuvo un navío con rumbo a Manila, comandado por un soldado siamés. No obstante, la nave encalló en Malaca (en Malasia, cerca del actual Singapur). Con ese incidente, el comandante tailandés decidió deshacerse de la carga, venderla en aquel puerto y regresar a Siam, pero amaneció misteriosamente muerto ... y Belloso pudo seguir su camino a Filipinas con todo y regalos.


sábado, 31 de diciembre de 2011

Carta al Rey de Camboya

Por la soltura de la carta que el Gobernador de Filipinas, Gómez Pérez Dasmariñas, dirigió al Rey de Camboya, vale la pena citarla completa.

En ella acepta actuar como mediador en el conflicto con Siam; advierte sobre el peligro y destrucción que provocan las guerras y envía regalos, esmeraldas, un caballo y unos perros:

Al Rey de Camboya, de 20 de julio último (1593)

Gómez Pérez Dasmariñas, Caballero de la Orden de Santiago, Gobernador y Capitán General de Luzón, por el Rey de Castilla, mi señor, salud y prosperidad.
Recibí la embajada y carta del Rey de Camboya con grande contentamiento mío del cual y del elefante y amistad con que se me envía. Quedo muy agradecido y más de la voluntad que muestra al servicio y devoción del Rey mi señor, al cual daré cuenta de ésto y sé que lo estimará en mucho hame dolido de las guerras y enemistades que hay entre el Rey de Camboyia y (el de) Siam porque más quisiera yo que entre dos reyes tales y vecinos y ambos amigos nuestros hubiera todo buen trato, conformidad y paz, sin la cual no hay bien ni contento y yo diera al Rey de Camboya la ayuda y socorro que me pide contra Siam sino mirara á que el Rey es tan buen servidor del mío y amigo nuestro y de él he tenido una embajada y así deseo saber la causa y fundamento de estas pasiones y la justicia y razón que hay de la una parte y de la otra que es la que ha de mover á un animo justo. 
Y en el entretanto como quiera aunque victorias el fruto, por la mejor parte sea ruinas y mortandades y destrucciones y asolamientos de reinos y vasallos y la voluntad y el amor que tengo al Rey de Camboya me obliga á desearle ver libre de estos trabajos y desasosiegos y que viva en paz y nos comuniquemos y tratemos y el comercio y conformidad enterados universalmente crezca con aprovechamiento de unos y otros reinos. 
He querido probar el medio más fácil y mejor que es poniéndome de por medio á procurar y componer estas diferencias y así he escrito y enviado persona al de Siam pero sin dar á entender que el de Camboya tiene necesidad de socorro ni me le ha pedido tratar de paces y medios. Y creo que lo admitirá y cuando no saliere a causa tan justa entonces la vuestra y la mía queda más fundada y justificada para hacer lo que se me pide en cualquiera suceso.
Aseguro de ser amigo del Rey de Camboya como esto dirá largo su embajador que vuelva regalado y con esto, tratémonos y comuniquémonos ya que se ha abierto el camino que aquí tendrán los de Camboya la misma buena acogida que en su tierra.

Envío estas esmeraldas y ese caballo que es muy bueno en señal de amor y unos perros de casa (caza) porque me dijo Veloso que allá eran de estima y por hallarme falto de algunas cosas curiosas de España no las envío pero yo me prevendré para otra vez y si otra cosa de esta tierra agradare la daré con mucha voluntad y para más satisfacción de nuestra amistad os envío la copia de la carta que escribiré al Rey de Siam.

Dios guarde y prospere de Manila 27 de septiembre del nacimiento de n.s. Jesucristo de 1593.

Gómez Pérez Dasmariñas.



Los famosos caballos españoles, imagen del siglo XVIII. 

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Carta tomada del libro de Virgina Licunan Benitez y José Lavador Mira, The Philippines Under Spain, vol. V(1590-1593), Manila 1994, misma que fue encontrada en el Archivo General de Indias, Sevilla, en el ramo Filipinas, legajo 18-B.

La primera jornada, 1592-1594

Gaspar de San Agustín relata en su libro Las Conquistas de las Islas Filipinas, la terrenal por Felipe II, el prudente, y la espiritual por los padres agustinos, escrito en 1698 que, entre otras embajadas recibidas en Manila, como la del Japón por ejemplo, se presentaron alrededor de 1592 dos embajadores representando al Rey de Camboya:

El uno portugués, nombrado Diego Belloso (en varios textos se llama Diogo Veloso); el otro castellano, llamado Antonio Barrientos, que trajeron de regalo al Gobernador dos hermosos elefantes, que fueron los primeros que se vieron en Manila. El motivo de esta embajada se reducía a pedirle su amistad y alianza para (que) les diese socorro contra el Rey de Siam (antiguo nombre de Tailandia), su vecino, que pretendía invadirle. Recibió el Gobernador Gómez Pérez Dasmariñas la embajada con agrado, y el regalo que le traían. Y como no se hallase con bastante gente para el socorro que se le pedía, despachó los embajadores dándole al Rey de Camboja breves esperanzas. Correspondiéndole con otro regalo, se estableció buena correspondencia para el comercio entre ambas naciones.

Los supuestos embajadores, un portugués aventurero de dudosos antecedentes y un castellano de peor fama, deben haber dado una imagen de boato, acarreando presentes que harían soñar a los manilenses y a su Gobernador con las maravillas que debían existir en las provincias del oeste, más allá del tempestuoso golfo de Siam, más arriba de Malaca y hacia el norte entre malayos infieles, hasta encontrar la parte más cerrada de la selva, ese infierno verde, y encontrarse en medio de un río inmenso llamado Mekong. Venían acompañados de esclavos y, de acuerdo con las crónicas, de los dos primeros elefantes jamás vistos en Filipinas.




Belloso y Barrientos tuvieron audiencia con el gobernador Dasmariñas, quien escuchó informes fantásticos sobre las riquezas de Siam, Laos, Camboya, Champa y Conchinchina. Los mensajeros reales aprovecharon el embeleso de sus oyentes para solicitar el apoyo del Gobernador y proteger a Camboya contra los ataques del Rey de Siam. Gómez Pérez Dasmariñas no prometió nada, pero los envió de regreso a esas tierras con algunos buenos presentes.
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Gaspar de San Agustín, Conquista de las Islas Filipinas, capítulo XII, pp 994-995, Libro III. Madrid, imprenta de Manuel Ruiz de Murga, 1698. Reimpreso en 1998, en Manila por el Museo de San Agustín.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Importancia y debilidad de Manila

Los más entusiastas promotores de aventuras invasoras en Asia eran sobre todo los comerciantes y algunos frailes de Manila, quienes esgrimían largos argumentos para que la Corona Española enviara tropas a las tierras vecinas. Su sueño, al más puro estilo de una novela de caballería, era evangelizar a las poblaciones asiáticas; ampliar el comercio y la riqueza de Su Majestad y lograr la paz bajo el dominio español. Todo ello, dentro del sagrado propósito de crear un imperio universal regido desde la península ibérica.

Los apasionados argumentos expuestos por los manilenses, desde el gobernador y el capitán general hasta los miembros de la Audiencia; los priores de las congregaciones e incluso los comerciantes del galeón, se acumulaban en abultados testimonios, informes, rogativas y cartas secretas que la Nao de China llevaba y traía de Manila a Acapulco y de ahí a España. Meses y años más tarde, dichas propuestas languidecían en los escritorios de las autoridades de España y México, desde donde se respondía con frialdad, en notas hechas al margen de los folios y mapas fabulosos en pergaminos, donde se autorizaba o no tal asunto. Proceda, concédese, anúlese, pues, como bien se sabe, los asuntos en Palacio, van despacio...

Desde la metrópoli se impidió, una y otra vez, iniciar nuevas acciones militares en Asia. Un tanto por prudencia y otro tanto por la sencilla razón de que faltaban recursos materiales y humanos para emprender nuevas campañas de conquista. Este fue el motivo por el cual, en la práctica, el proyecto asiático español se mantuviera estancado por largo tiempo, circunscrito a la isla de Luzón, pues el resto de las islas del archipiélago filipino fue realmente ocupado hasta el siglo XVII. Las fuerzas españolas se concentraban casi exclusivamente en la ciudad de Manila -puesto privilegiado para la navegación y el comercio- y a que la enorme bahía gris ofrece un invaluable refugio marítimo.

La precariedad de la presencia española en las islas era tanta que, el 12 de julio de 1599, el gobernador de Filipinas, Francisco Tello, escribió un informe sobre la situación militar en la región, en el cual solicitaba el apoyo de España para el envío anual de tropas a Filipinas: primero, por la gran cantidad de enemigos; segundo, por la enorme distancia de las islas respecto de la Nueva España, y tercero por la debilidad de las fuerzas militares para controlar el archipiélago. El número de tropas declinaba en gran parte debido a la situación insalubre que afectaba a los soldados heridos, señala el gobernador, ello sumado a la gran cantidad de acciones realizadas con resultados muy variados, como la pacificación de Mindanao, la expedición de Cagayán, el mantenimiento del presidio (cuartel) en La Caldera y la nueva expedición a Camboya. Continúa el Gobernador:

Los hombres que quedan están completamente pobres, por lo que ruego a Su Majestad ordene al Virrey de la Nueva España atender este asunto con puntualidad. Este año (1599) sólo vinieron setenta hombres; no eran útiles y entre ellos había solamente tres arcabuceros. Se deben enviar mil arcabuceros, quinientos mosquetes con cuernos de pólvora, y quinientos sacos de balas y otros tantos morriones. Eso es lo que se necesita para ser distribuidos entre los hombres desarmados: y los que no se utilicen quedarán como reserva de la armería de Su Majestad.

El gobernador Tello expresaba de manera contundente el temor que agobiaba a los pocos habitantes de Manila -cuya población desde que fue fundada la ciudad ascendía a pocos centenares de almas-, quienes pasaban de ser colonos a la condición de ciudadanos-soldados.


Manila sobrevivía con precariedad 

La población de la capital experimentó en la década de 1590 a 1600 una ligera recuperación, gracias al auge comercial de las islas y por la inmigración de españoles que quedaban en las provincias. Se trataba de hombres viejos, de casi treinta y hasta cuarenta años de edad, con cicatrices de la guerra y de los amores: cojos, tuertos o sifilíticos. Las mujeres españolas, que desempeñarían un papel central en el comercio del galeón en los siglos siguientes, aparecerán décadas más tarde en el escenarios de la ciudad. En Madrid se dieron instrucciones para que el Virrey de la Nueva España enviara las armas y también las tropas y colonos solicitados por el Gobernador de Filipinas ¨tomando en cuenta los límites de gastos que tiene el factor de Su Majestad¨

El sentido práctico de los administradores coloniales de España y México les hacía comprender que era más redituable concentrar en la capital filipina el comercio de manufacturas y especias del sudeste de Asia para satisfacer la creciente demanda de tales productos en Europa y América.

Manila ofrecía la enorme ventaja de que en ella confluían las principales redes comerciales de Asia, con productos venidos desde la India, China, la actual Indonesia y la denominada Indochina. El comercio en la región fluía como los monzones que sacuden estos mares, y mantenía su propio ritmo tiempo antes de que llegaran los españoles a la región. Sin embargo, por importante que fuera el comercio aparecían dudas sobre mantener empresa tan colosal. De tanto en tanto, en la metrópoli, y sobre todo entre los comerciantes de la Península Ibérica -quienes veían con recelo las ganancias que se obtenían en la Nueva España- se expresaban opiniones en el sentido de que la distante colonia era una carga innecesaria para el erario.

El argumento contrario, que justificaba la acción colonial española en Asia, se centraba en dos propósitos políticos: contener la expansión islámica y propagar los principios del catolicismo militante (frente a la amenaza protestante representada por holandeses e ingleses). De esta forma, Filipinas se convirtió en una las de las fronteras entre las dos religiones que contendían con fuerza incontenible desde las costas de España hasta las puertas mismas de Viena.

En opinión de John. D. Phelan ¨frecuentemente se oscila entre el análisis cuantitativo del comercio, los fines políticos o los intereses religiosos para explicar la presencia española en las islas. La realidad es que la compleja administración colonial española tomó siempre en cuenta todos estos factores, con grave ponderación entre unos y otros¨.

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Emma Helen Blair y James Alexander Robertson, The Philippine Islands, 1493-1898, 55 vols. Cleveland,  vol. 1603-1609, pp 207-244. Military Affairs in the Islands, Informe del gobernador Francisco Tello.

Luis Merino. O.S.A. El Cabildo Secular: aspectos fundacionales y administrativos, vol. I, p.47. The intramuros Administration, Manila 1983.

John D. Phelan, Hispanization of the Philippines, Spanish aims and Filipinos responses 1565-1700, University of Wisconsin Press, 1959, capítulo primero. 

jueves, 29 de diciembre de 2011

La invasión de Camboya

En solidaridad con la población filipina que ha sufrido los embates de la naturaleza. Mi más sentido pésame por los muertos y desaparecidos,  a sus deudos y a todo el pueblo filipino.
Diciembre, 2011.

Desde la fundación de Manila en 1571, los habitantes españoles de las islas Filipinas fraguaron todo tipo de proyectos para conquistar los variados reinos del sudeste de Asia, a pesar de que en España se desautorizaron tales iniciativas y hasta se llegó a pensar, al finalizar el siglo XVI, en abandonar aquella lejana colonia.

Los gobernadores del archipiélago llegaban instruidos por el Rey para vivir en respeto y armonía con las naciones circundantes, pero los intereses de frailes y comerciantes residentes ejercían una fuerte y continua presión para enviar ejércitos a las Molucas, a Siam, Champa, Camboya y Laos, y al propio imperio mandarín. Entre tales intentos se cuenta la intervención española en Camboya de 1592 a 1599, que concluyó en un rotundo fracaso, mostró los límites reales de la empresa conquistadora española en Asia y demostró, junto con otros intentos efectuados en aquella coyuntura, que el imperio español no podía seguir expandiéndose.

Dedicaré las siguientes entradas de esta bitácora electrónica a mostrar información poco conocida sobre un acontecimiento que tensó la vida política y militar de Filipinas en sus primeros años, y que puso a prueba la vinculación de la colonia española en Asia, frente a las estrategias que se tenían tanto en la metrópoli como en la Nueva España en aquella época. Mucho más que una anécdota curiosa, esa aventura, junto con otras que se vivieron en aquel momento fundacional, ilustra la visión que se tenía en amplios sectores españoles en contra de la masa criolla que crecía en América y Asia, calificada de perniciosa por sus ociosos y ambiciones. Con objeto de debilitar a esta masa de españoles criollos, se pretendió abierta y llanamente enviar a pobladores desde México para colonizar y cristianizar Camboya.

Poco se sabía en Manila, y mucho menos en España o en México, acerca de las naciones y pueblos que circundaban a la joven colonia española. Sin embargo, se recibían los informes de comerciantes, misioneros y soldados mercenarios, dispersos por toda la región, quienes describían con lujo de detalles las riquezas materiales, las costumbres locales y las posibilidades de establecer comercio, expandir las cristiandad, hacer acuerdos de amistad o, simplemente, ocupar tales territorios.

De esta forma, y desde un principio, se dispusieron planes muy serios para colonizar la Gran China desde Filipinas; avanzar en las Islas de la Especiería; conquistar los reinos misteriosos de Siam, Pegu, Camboya, Champa o Laos, todos ellos en la actual península Indochina.

Cabe resaltar que, a partir de la segunda mitad del siglo XVI y hasta casi el final del siglo XVII, se sucedieron numerosas convulsiones militares y una continua redefinición de las fronteras en la espaciosa región de la cuenca del rio Mekong que, más tarde, los franceses llamaron Indochina. Ahora nos resulta difícil intentar siquiera la localización de los reinos de Champa, Conchinchina o Tunkin, que forman el actual Vietnam. La parte este de Tailandia era provincia camboyana y el noroeste de Tailandia formó parte de Laos. En ese escenario geográfico, tanto la religión como el comercio desempeñaron un papel central, de atracción y conflicto. En los reinos de la península se venía efectuando un proceso de consolidación de alianzas entre autoridades budistas y la monarquía, lo cual sirvió más tarde para la formación de las naciones contemporáneas.






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Anthony Reid, Southeast Asia in the Age of Commerce 1450-1680, vol. I. The lands below the winds, pp 1-10. Silkworm Books, Bangkok, 1988.