Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

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jueves, 24 de septiembre de 2020

Propuesta para desmantelar Macao

A principios del siglo XVII, la sospecha y el recelo empañaban las relaciones entre los ibéricos residentes en Asia. Las administraciones de Macao y de Manila mantenían distancia a pesar de que existían intereses compartidos y la preocupación creciente por el acoso holandés e inglés a las posesiones ibéricas en Asia. Esto ocurría cuatro décadas después de que la corona de Portugal se había "unificado" en 1581 a la de Castilla en la figura del rey, pues en los hechos había una fuerte competencia por el comercio en la región y hasta en el terreno religioso.

En la lista de planes no realizados por España y Portugal en Asia, que mencioné en la entrada anterior de este blog, se puede incluir una propuesta hecha en 1619 por el obispo Diego de Aduarte ante el Consejo de Indias para desmantelar Macao.


Mapa de Macao, autor anónimo de origen portugués. 

Siglo XVII

 

En efecto, el misionero dominico Diego de Aduarte propuso en una carta fechada el 24 de mayo de 1619 y dirigida al Consejo de Indias un mecanismo para controlar la salida de plata de la Nueva España hacia Filipinas. Aduarte recomendaba la supresión del comercio de Macao y que los comerciantes españoles pudieran negociar directamente con China y Japón. Cabe recordar que el comercio de seda china a Japón estaba en manos de los portugueses desde mediados del siglo XVI, seis décadas antes de esta propuesta. El monopolio ejercido por los portugueses de Macao resultaba intolerable para personajes como Diego de Aduarte, pues era según su parecer un obstáculo para frenar la ingente salida de plata de América a Asia. (1)

Así de simple.

Aduarte propuso que los habitantes portugueses fueran trasladados a otras ciudades de las Indias occidentales. Esto podría lograrse si la Corona española promulgara un decreto en esos términos que prohibiera a los portugueses el comercio con Japón, y los obligara a tomar otros rumbos.

 

 
Mapa actual de la desembocadura del Rio de las Perlas, 
Cantón, Shenzhen, Hong Kong y Macao.

Entre los argumentos para abandonar Macao, puerto ubicado en territorio chino y vecino de Cantón,  Aduarte acusaba que la población de la isla eran apenas de unos 300 vecinos, pero además no poseían el territorio, sino que lo tenían en préstamo y su actititud era poco cristiana. Escribe Aduarte:

Se debe hacer así en razón de buen gobierno por convenir ansi al servicio de Dios, cuyo nombre es blasfemado de las gentes de aquel reino por razón de este pueblo, tales son las obras de sus vecinos.

porque viven como gente sin dueño, y sin freno, porque los moradores de no son sus vasallos (del Rey de España) sino de el Rey de China, y a él le tributan, y a sus mandarines están sujetos y no a otros

Aunque Aduarte reconoce que hay un arzobispo y tres arzobispos en Macao, alega que "y ansí tiene allí su Magestad un maravedí de provecho teniendo muchos de gasto, porque si de su caja real de Malaca sustenta (se paga) a los eclesiásticos todos de él, a la honrra de la nación portuguesa, porque allí están (los habitantes de Macao) tan sujetos a los mandarines, que si no espuestas ambas rodillas (postrados de rodillas) en el suelo no les pueden hablar, ni alzar un palmo de pared (construir nada) uno de su casa sin su licencia, y otras mil infamias."

Concluye que las defensa militares de Macao son muy débiles, por la poca población del puerto.

El autor de la propuesta

Diego de Aduarte (c.1570-1636) nació en Zaragoza, España. Llegó a Asia en 1595 como  miembro de la orden de predicadores, los Dominicos, con sede en Manila.  Fue destinado al trabajo misioneros con los sangleyes, comerciantes chinos que rápidamente se asentaban en las inmediaciones de Manila por aquellas fechas. 

Siendo un misionero joven se vió involucrado en la expedición de Camboya, auspiciada por Luís Pérez Dasmariñas, tal como lo cuenta directamente años después. Sugiero al lector ver varias entradas de este blog, diciembre de 2011. Tras esas jornadas, viajó por Asia, adonde visitó Macao, Malaca, Ceilán e India. En 1606 regresó a Filipinas y fue nombrado prior del convento dominico. En 1607 viajó a España, donde permaneció diez años tratando en la Corte asuntos de los misioneros en Asia.  Viajó a México y regresó de nuevo a España, hasta que en 1628 se le encomendó el obispado de Nueva Cáceres, Filipinas.

Falleció en 1636 en Filipinas. Su Historia de la Provincia del Sancto Rosario de la Orden de Predicadores en Philippinas, Iapon y China fue publicada un año después de su muerte y múltiples ediciones posteriores fueron complementadas por otros compañeros de su orden religiosa.

Incovenientes de su propuesta

A diferencia de otras propuestas esbozadas para mejorar la administración de la Corona española en Asia, aliviar las dificultades de Filipinas, o impulsar a las misiones religiosas en toda la región, esta propuesta era radical y golpeaba al corazón mismo de la administración portuguesa en Asia. Simplemente proponía eliminar una veta comercial, monopólica y privilegiada de los portugueses en el comercio entre China y Japón.

Pero también tenía otros ángulos, en particular porque de haberse aceptado habría afectado gravamente el proselitismo religioso jesuíta en China y Japón, que por cierto pasaba momentos muy difíciles.

El análisis geoestratégico subyacente en la propuesta era atinado en reconocer la fuga de plata desde América a Asia, que se diluía en la compra de todo tipo de productos asiáticos que llegaban primeramente a Nueva España y después a Perú. Asumía el dominio chino sobre la región y proponía un monopolio comercial desde Filipinas. Si el propósito era fortalecer al comercio español peninsular, la idea natural sería desplazar al vínculo Europa Asia a través de la ruta del Cabo, aunque el autor de la propuesta no llega a ese extremo. Aduarte pretendía que Manila fuera la única vía del comercio entre Europa y Asia, pero no atiende a la complejidad del involucramiento de la Nueva España en ese intercambio. 

La situación española de defensa y comercio en Asia atravesaba en esa época por uno de los peores momentos debido al acoso de los holandeses e ingleses en puestos como Malaca, Macao, Formosa, Molucas y Filipinas. Era muy difícil aceptar, y seguramente la Corte lo pensó así, dejar una plaza que sería tomada inmediatamente por los enemigos protestantes de España. Por cierto, Malaca cayó años más tarde en manos holandesas en 1641.

De manera factual, la propuesta tenía una grave omisión. Señalaba que el comercio con Japón debería realizarse desde Manila, sin mencionar que el país del Sol Naciente ya había cerrado sus puertas a los ibéricos y comenzaba a hacer negocios con los holandeses. ¿El obispo omitió esa información o simplemente calculó que la situación sería momentánea? Dos años más tarde, el 24 de junio de 1622, los holandeses atacaron Macao, pero fueron rachazados por los portugueses. Este hecho contradice el argumento de Aduarte en el sentido de que los habitantes de Macao no estaban preparados para defender su espacio privilegiado a las puertas de China.

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Carta del dominico Diego de Aduarte, AGI, Filipinas, Leg. 85, N. 34, 24 de mayo de 1619

La crónica sobre las Jornadas militares españolas en Camboya aparecen en los capítulos 46, 47 y 48 del volumen I del libro, libro segundo de la segunda parte de Historia de la Provincia del Sancto Rosario... en el que informa con bastante detalle sus impresiones de las batallas y su participación en las mismas.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Nuevo libro sobre el Pacífico

El Instituto de Investigaciones Histórica de la Universidad Nacional Autónoma de México  publicó en julio de 2019 un nuevo libro coordinado por la doctora Carmen Yuste López. Lleva por título Nueva España: puerta americana al Pacífico asiático siglos XVI-XVIII.  Este es también el nombre de un proyecto académico, que promovió tres seminarios (Sevilla, Ciudad de México y Lisboa) que permitieron reunir a investigadores de España, Portugal y México.



Aquí el vínculo electrónico de este valioso trabajo colectivo.


En la presentación del libro, escrita por las doctoras Yuste y Guadalupe Pinzón, se señala que durante los seminarios los investigadores han mostrado la relevancia que tuvo la Nueva España en Asia por vía de la ruta marítima transpacífica.  Este es un vuelco en la investigación tradicional, que observaba el Pacífico como un espacio rutinario e inerte. Por el contrario, "la navegación transpacífica fue (...) un espacio económicamente autónomo, que tuvo dinámica propia (la cual) impactó a la Europa del Atlántico que tenía en América su principal mercado." 

Los trabajos presentados en los seminarios y en cursos individuales por los autores "examinaron los contactos y las relaciones de carácter económico, social y cultural que posibilitaron dicha vía de tráfico marítimio." Dos dimensiones marcaron el análisis desarrollado por los historiadores ahí convocados. Por un lado el mundo imperial ibérico y por otro el conocimiento geográfico que se tenía en esa época sobre el Pacífico asiático.


Seminario en Sevilla, 2014

El diálogo de los historiadores muestra precisamente el papel de la Nueva España como el espacio americano que dio acceso a un efervecente Pacífico asiático. Si la corona española miraba a Filipinas como un lugar remoto y pobre, una visión detallada muestra que Filipinas era el contacto con el Sudeste  y Este Asiático, variado y rico en cultura. La puerta de entrada de aquel abanico remoto de mercancías, personas y culturas fue, precisamente, la Nueva España.

Coloquio en Lisboa, 2016

El orden de los textos es cronológico, pero el lector podrá apreciar de qué manera algunos de los rasgos iniciales del comercio transpacífico se arraigaron y mantuvieron vivos en el mundo virreinal en los siglos siguientes. El sistema administrativo del comercio, la presencia de redes comerciales, los rituales derivados del contacto cultural (el caso del culto de la virgen del Rosario en Japón es un ejemplo sorprendente).  Se destaca también la manera en que desde la Nueva España se observaron los cambios políticos que ocurrían en Asia, como la clausura decretada por el regimen Shogun en Japón o la caída de la dinastía Ming.

Presentación
Carmen Yuste López y Guadalupe Pinzón Ríos.

I. Portugal e a metagreografía da Ásia do século XVI. A invenção das modernas estruturas espaciais asiáticas e o seu contexto intelectual e geopolítico.
Francisco Roque de Oliveira

II. The Manchu conquest of China seen through Iberian accounts.
Rui Manuel Loureiro

III. ¿Convivencia beneficiosa o cohabitación hostil? Españoles y chinos en Manila en la primera época de la colonización española de las Islas Filipinas (1565-c. 1650).
Atsuko Hirayama

IV, Comercio entre Asia y América durante los siglos XVI y XVII: intervención portuguesa en el galeón de Manila.
Etsuko Miyata

V. Transculturación y sincretismo del Rosario de en el Japón moderno temprano
Rie Arimura

VI. Mapas trastornados. Análisis histórico-visual de los derroteros del galeón de Maniela en el siglo XVIII.
Salvador Bernabeu Albert y José María García Redondo

VII. La expedición neerlandesa de 1747. Un intento inglés y holandés por comerciar con Nueva España.
Guadalupe Pinzón Ríos

VIII. Las correspondencias de riesgo a premio de mar en las Ordenanzas de la Casa de la Misericordia de Manila. Siglo XVIII.
Carmen Yuste López


IX. Nueva España como puente transoceánico del imperio español en el discurso criollo del siglo XVIII(1694-1762).
Iván Escamilla González

X. El comercio asiático en los barcos de la Armada: generalas y equipajes entre Manila y Cádiz (1765-1784).
Alberto Baena Zapatero

XI. El último baluarte: los informes de la Ciudad y del Consulado de Manila sobre la economía de Filipinas en 1788.
Marina Alfonso Mola y Carlos Martínez Shaw

viernes, 10 de agosto de 2018

Una mirada a Acapulco, 1679


Continuamos transcribiendo el capítulo 46 de la crónica del viaje alrededor del mundo de Pedro Cubero. Después de narrar su tormentoso viaje desde Filipinas, el misionero describe Acapulco, la puerta de entrada a la Nueva España, y se puede advertir la desilusión que le produce ver el famoso puerto.  La travesía del Pacífico duró más de seis meses, del 24 de junio de 1678 al 8 de enero de 1679.  Permaneció cuatro meses en Acapulco y sus impresiones son interesantes al mostrar la vida del importante puerto, donde aparecen misioneros, soldades prisioneros y gente de toda la Nueva España.  

El misionero no hace referencia a los viajeros que venían de Filipinas y que desde aquella época comenzaron a vivir en los alrededores de la laguna de Coyuca.

Extrañamente, no pasó por la Ciudad de México, sino que siguó una ruta difícil por centro sur de la capital, por lo que llegó a Atlixco, Tlixco en su relato. Cabe pensar que el virrey obispo no deseaba que ojos curiosos, en camino a España, se entrometieran en los asuntos del virreinato, razón por la que hizo esperar al misionero tanto tiempo en Acapulco y lo despachó directo, pero muy cordialmente, hasta Veracruz.

Utiliza el término "naciones" para describir acertadamente la variedad de pueblos que componían el reino, a todos los cuales ahora llamamos "mexicanos".



 Nova Hispania et Nova Galicia, Gerard Valk y Peter Schenk. 
Holanda, siglo XVII.


Capítulo XLVI 

Llega el autor al puerto de Acapulco, tierra de la Nueva España: descríbelo y cuenta lo que en él le pasó.

Es uno de los mas hermosos puertos del mar del Sur: celebre por el galeón, que viene alli de Filipinas. Es muy seguro para las naos, porque se puede cerrar con una cadena, y por gran tempestad que haya, el galeón está muy seguro porque es una badia [¿bahía?] rodeada toda de montes alrededor. Tiene una muy buena fuerza que está frontero de la misma entrada y cuando llegamos era Castellano de ella don Diego Polo Navarro. (1)

El lugar es pequeño y de malisimo temple, sus habitadores son negros a manera de cafres, la tierra tosca y estéril, seca de agua, que no tiene más que la de los pocos.  Y esa mala [agua] por ser pesada y salobre, bien que a poca distancia hay una fuentecilla muy tenue, que apenas echa un hilo de agua, que le llaman el Chorrillo, que para llenar una botija es menester dos horas. En medio la plaza hay una iglesia pequeña que es la parroquia.  Hay dos hermitas, una de San Francisco y otra de San Nicolás, y esto es lo que tiene el celebrado puerto de Acapulco. Sobre ser tan caluroso, por no bañarle los vientos, que no se puede asistir en él y entrando el invierno que allá llaman es tan tempestuoso de truenos, relámpagos y rayos, que es horro el habitar en él. 

Aqui estuve detenido, hasta que me viniera orden del excelentísimo señor don Fray Payo de Ribera, Arzobispo de México y virrey de la Nueva España en casa de un paisano mío que era contador y oficial real de su majestad, llamado Don Martín Calvo, que me hizo mucha merced y agasajo, más de cuatro meses que estuve allí. 

En el tiempo en que está la nao en el puerto hay mucho tráfago; y aquel año que yo estuve, mucho más, porque habían llegado cuatro misiones de padres de diversas religiones, que en todos eran ciento y cuarenta y dos, cuyos comisarios eran: de la orden de San Francisco, el padre Fray Matheo Vayon; de la de Santo Domingo, el padre Fray Juan Villalba, y de la de los Padres de la Compañía de Jesús, el padre Salgado. Todas estas cuatro misiones llevaban insignes varones, de muchas letras y virtud para las misiones de China y todos se embarcaron en este galeón San Antonio en que yo vine. 

Vienen también de México muchos soldados, que allá se levantan para Filipinas, y muchos forzados, que por diversos delitos los echan allá.(2) Todos estos se embarcaron en el galeón y a los últimos de marzo, Jueves Santo por la tarde, se dieron a la vela, y siguieron su viaje para Filipinas; y yo estuve allí esperando la orden del señor Virrey.

En este tiempo murió el Vicario de Acapulco, con que el señor Arzobispo me envió una orden para que asistiera a aquella cristiandad, hasta que proveyera, y yo obedeciéndole, lo puse en ejecución, predicándoles todos los más días de la Cuaresma, confesándolos y administrándoles los demás Sacramentos, porque en aquel tiempo acude allí mucha gente de diversas naciones de toda la Nueva España. Puse paz y aquieté muchas discordias y pesadumbres, que por particulares disgustos entre el Castellano y los Oficiales Reales se habían originado.  

A los primeros de mayo me vino una carta del Excelentísimo señor Obispo, Virrey, dándome un muy buen socorro y juntamente orden para que me partiera a la Veracruz, como lo hice. La carta era del tenor siguiente:



Bien puede creer V.M. (Vuestra Merced) que he deseado su despacho, pero la ocurrencia de negocios, y no haber llegado la oportunidad de tiempo han ocasionado el no haberle hecho hasta ahora, y en esta ocasión remito despacho a los Jueces, Oficiales Reales de ese puerto de Acapulco, para que liberen y den a V.M. quinientos pesos para su viaje hasta la Vera-Cruz, donde se le han de dar a V.M. otros quinientos pesos para su pasaje a España, en conformidad de otro despacho, que se emnviará a los Jueces, Oficiales Reales de dicho puerto de la Vera-Cruz, y también otro despacho remitido al General de Flota, para que lleve a V.M. a España. Guarde Dios a V.M. muchos años. México a quince de mayo de seiscientos y setenta y nueve. Fray Payo, Arzobispo de México. Señor Licenciado Don Pedro Cubero Sebastián.

Recibido este despacho, me despedí del Castellano de Acapulco, Jueces y Oficiales Reales y de otras personas de mi obligación y me partí para Veracruz, aunque con mucho riesgo y peligro de la salud, por haber entrado las aguas, y allí ser muy dañosas, y yo no con muy demasiada salud, porque no hay otra cosa, que barrancos, montes, peñascos  y despeñaderos, de los más profundos que hay en el mundo. Y puedo asegurar que lo que es hasta llegar a Trisco [¿Atlixco?], es uno de los más asperos caminos de todos cuanto he caminado y tan tempestuso. Como ya habían entreado las aguas, que raro era el día que no me cogía en el camino tempestado de truenos, relámpagos, rayos y agua. Y lo que reparé es que las tempestados en la Nueva España siempre son por la tarde.

 ______
(1) Castellano, capitán del puerto.

(1) Ver los trabajos sobre soldados y reclutas, reseñados en este blog en 2009. Luis Muro  y María Fernanda  García de los Arcos.

domingo, 7 de enero de 2018

Otros planes holandeses

Las ventajas de los holandeses al entrar durante las últimas décadas del siglo XVI en los territorios del Sudeste de Asia consistían en concentrarse en el aspecto comercial y militar, sin ánimos hasta ese momento de conquistar o dominar tales territorios. Los portugueses y españoles tenían otras metas y mecanismos para hacer prevalecer su dominio, al menos en los principales puertos de comercio de la zona y, principalmente en el caso de Manila, convertir a las poblaciones en espacios bajo el gobierno imperial castellano. Los holandeses eran efectivos porque ensayaron diferentes vías para controlar el abasto de especias (monopsonio dicen los economistas), atacar y desestabilizar el comercio portugués y castellano.

De hecho, la tregua de doce años entre holandeses y españoles acordada en 1609 no se cumplió en Asia, donde continuaron las hostilidades, con grandes pérdidas para los ibéricos o, si se quiere usar un concepto económico: grandes costos de defensa que reducían la rentabilidad del comercio de Portugal y España en Asia. Los aspectos de propaganda religiosa tenían menos interés en el lado holandés, mientras que los ibéricos, sobre todo los castellanos en Filipinas, en paralelo a los jesuítas patrocinados por Portugal en China y Japón, invirtieron recursos humanos y materiales para propagar la religión católica romana. Nueva España estuvo íntimamente ligada a este esfuerzo.

Veamos algunos aspectos de esta confrontación en aguas asiáticas entre los poderes europeos.

En 1602 las expediciones realizadas por los holandeses en aguas asiáticas motivó la creación de una compañía por acciones que habría de tener consecuencias de muy largo plazo en los siglos subsecuentes: la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, mejor conocida como VOC (Vereenigde Oostindiche Compagnie) o Dutch East India Company

Se trataba de negocios en su manera más depurada, incluyendo la legitimidad de la violencia. Jacob Van Heemskerck (1567-1607) condujo una serie de ataques a las flotas portuguesas y españolas en el Mar de China en los años 1600 y 1605. En 1603 dirigió el asalto contra el galeón portugués Santa Catarina, 1603, y el ataque a la armada española en Gilbaltar, 1607, donde murió.

En la madrugada del 25 de febrero de 1603, tres barcos de la Compañía de las Indias orientales (V.O.C.) tomaron por asalto el galeón portugués Santa Catarina frente a las costas de Singapur. El botín fue tan grande que era el doble de la inversión con que contaba en ese momento la VOC.  Los portugueses exigieron el retorno de lo expropiado, pero en esa oportunidad los holandeses esgrimieron el concepto de Mare Liberum, que consiste en el derecho de libre navegación para todos, en contra de la práctica de Mare Clausum, o cerrado, con que operaban los ibéricos. El ideólogo de ese concepto fue el abogado holandés Hugo Grocio, considerado hoy en día como fundador de uno de los principios del derecho internacional. Grocio fue encargado por los comerciantes holandeses en Asia de preparar una respuesta legal contra las quejas de los portugueses por el ataque al Santa Catarina.

De un lado, se esgrimía que el asalto a una nave era pura y llanamente piratería y que debía ser castigada como tal. Los holandeses se defendieron señalando que en aguas internacionales no podía ser aceptada la soberanía que los ibéricos reclamaban. Por aquellos años, portugueses y españoles reclamaban como su territorio, con base en la autoridad del Papa y el derecho de conquista, todo el sudeste de Asia. Los rebeldes holandes, obviamente, no aceptaban ni la autoridad de Roma, ni la soberanía ibérica, por aquel entonces unificada en la figura de Felipe Segundo de España y Primero de Portugal.

Steven van der Hagen (1563  - 1621) Fue el primer almirante de la VOC a partir de 1605. Es interesante observar que advirtió a la compañía que los métodos de eliminar a los adversarios, incluyendo a los ingleses que también asomaban por la zona, y reducir a las poblaciones locales traería más conflicto que beneficio (enfrentamiento entre Holanda e Inglaterra). Sin embargo, la gestión de la VOC se encaminó al control total de la producción de especias, incluyendo la quema de plantaciones en Amboina, en las islas Molucas.

Cornelis Matelieff de Jonge (1569-1632), otro de los primeros comandantes al inicio del despliegue holandés en la región del Sudeste de Asia, dejó testimonios de su visión estratégica, que deben ser recogidos por la historiografía del Pacífico, en particular de las Filipinas. El 4 de enero de 1608, el almirante holandés Matelieff de Jonge escribía desde Banten,  Indonesia, a su colega el también almirante Paul van Caerden acerca de las condiciones en el Sudeste de Asia. Ambos habían recibido instrucciones para explorar posibilidades de enfrentar a los enemigos portugueses y españoles en la región. Las areas estratégicas identificadas por Matelieff eran el estrecho de Malaca, las islas Molucas, en especial Ternate, las costas de China y la isla de Luzón en las Filipinas. El documento ha sido publicado en 2015 inglés por el Dr. Peter Borschberg, y muestra la habilidad de Matelieff para comprender las posibles alianzas con los poderes locales, malayos, molucos, chinos, tagalos, así como de las técnicas navales que permitirían a los holandeses dominar el área.  El texto no tiene desperdicio, por lo que traduzco del inglés dos párrafos:

Por lo que corresponde a la observación de los barcos en la costa de China, como fue encomendado por los Directores (la dirección colectiva de la VOC en Holanda), en Ilha Branca y en Lamao (la primera frente al actual Hong Kong y la segunda en las costas de Shantou). No sé que se pueda hacer en Isla Blanca, pero creo que es muy cerca de Macao, y ellos (los portugueses) pueden ser advertidos por los pescadores (chinos) porque la costa está llena de barcos. En cuando a Lamao es (también) incierto, porque (las naves holandesas) pueden quedar a la vista, si se queda a la deriva las corrientes y el viento pueden pueden llevarse el barco. Si se ancla, la gente de Lamao puede enviar mensaje a Cantón por tierra en cuatro días, cuatro jornadas de 24 horas por vía marítima hasta Macao que no está a más de 60 millas. No tengo ningún conocimiento de la navegación hasta Japón. No pude realizar comercio con China, porque llegaron los portugueses (con seis galeones y muchas fustas) para impedir el comercio. No intenté dar pelea contra ellos con mis tres barcos, en mal estado de navegación, estando en territorio enemigo y con mucho capital. Estoy completamente convencido, sin embargo, que si los portugueses no nos hubieran expulsado habríamos comerciado ahí, tomando en cuenta todas las circunstancias y todo lo que logré aprender de los chinos acerca de lo que consideran importante, porque ellos también hacen todo lo posible para aumentar el comercio en su país.

Observando a los juncos chinos en Manila es dificil (enfrentarlos) con nuestros barcos. Tiene que ser con dos barcos grandes y dos yates, en buenas condiciones y listos para un viaje rápido, porque ya he visto que los juncos navegan muy bien como para ser inerceptados por los barcos grandes. Los dos barcos grandes servirán para dar pelea en caso de enfrentamiento armado. Pero para ese tipo de planes es buena idea echar ancla en Mindanao y tomar 10 o 12 korakora (caracoas)  con moros de ahí que conocen el camino por todas partes. (Con su ayuda) podríamos tomar algunas plazas en tierra de los españoles, especialmente en un lugar llamado Oton, localizado en la isla de Panay: ahí se produce mucho arroz y carne que abastecen a Manila. No hay más de 20 o 25  soldados y 50 españoles a lo mucho. Sería una grave derrota para ellos, pero siempre es difícil realizar algo con los negros (referencia a la población local): adonde quiera que vayas, no cuentes en nada (con ellos) sino que todo el esfuerzo tiene que ser con tu gente blanca. Tampoco debes creer que puedes (dominar) a los juncos chinos si tu barco está mal preparado y es lento. Pero para decirte lo que pienso: olvídate de China por el momento y también de Manila, pero si quieres hacer algo en el estrecho y en los alrededores de Malaca, podrían caer en tus manos de inmediato. Debes destruir a los portugueses en el mar o todos nuestros amigos en las Indias se volverán nuestros enemigos. Si no tengo el favor del Señor para vencer al virrey (del Estado da India), las cosas se verán mal para nuestras factorías, especialmente en Patani, porque esos son unos sinvergüenzas.




El viaje de Cornelis Matelieff, tomado del libro de Peter Borschberg

La carta tiene la siguiente despedida.

Creo que no se debe atacar Malaca por tierra si no se tiene una gran fuerza de al menos  1200 soldados, pero en el mar hay que destruir las embarcaciones y cortar todos los abastos de la ciudad. Creo que la ciudad ha de estar tan fortificada ahora que será dificil (tomarla) y no puedes confiar en los negros -sólo como trabajadores, si tienes suerte.
Con esto, te deseo buena suerte y la victoria, y que ello sirva para la gloria de Dios y la paz de su iglesia. Tu amigo y sirviente, Matelieff de Jonge. 4 de enero de 1608, Banten (Indonesia).
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Peter Borschberg, Journal, Memorial and Letters of Cornelis Matelieff de Jonge. Security, Diplomacy and Commerce in 17th-Century Southeast Asia, NUS Press, Singapore, 2015, pp. 243-244.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Lambert Biesman, el precio de la aventura

Solidaridad con mis compatriotas mexicanos que, una vez  más, sufren una calamidad natural, pero que han sabido estar a la altura con un enorme esfuerzo y gran espíritu.

Esta es la historia de un joven marinero holandés que emprendió dos viajes a Asia y perdió la vida en la batalla de Manila, la cual que hemos venido glosando en las últimas entradas de este blog. La información es tomada de un excelente ensayo elaborado por Fred Swart, que fue publicado en diciembre de 2007, con base en detallada información sobre la vida de Lambert Biesman, nacido en 1573 en Nimega (Nijmegen) en Holanda. En particular, el trabajo histórico rescata varias cartas escritas por Biesman a sus familiares, en las que narra con entusiasmo sus aventuras marítimas. Es un caso similar al de muchos jóvenes apasionados por la aventura y el reto de recorrer el mundo en un momento marcado por el conflicto entre España y los Países Bajos, que anunció el nacimiento de una nueva época de dominio comercial en el mundo.

Lambert Biesman nació en una familia de cómoda situación económica, que había participado de la idea de independencia de las Provincias Unidas para fundar Holanda después de un largo conflicto con España.  El primer viaje que hizo Biesman fue en la expedición comandada por Cornelis de Houtman hasta la actual Indonesia. El largo viaje duró dos años, de abril de 1595 al 14 de agosto de 1597.  Fue un fracaso en términos económicos y un desastre por la muerte de los marineros debido al hambre y el escorbuto. Sin embargo, se le considera la primera aventura de los holandeses en la carrera por las especias, que tendría muchas consecuencias para los portugueses y españoles, como hemos visto.


Llegada de Houtman a Banten, Indonesia, 
imagen de Tropenmuseum, part of the National Museum of World Cultures


La llegada a Banten, Indonesia, 
imagen de Levinus Hulsius (1546-1606) - "Kurze Wahrhaftige Beschreibung der neuen Reise..." (herausgegeben von Levinus Hulsius 1598 in Nürnberg), Sächsische Landesbibliothek Dresden.

Es ampliamente recomendable la lectura del trabajo de investigación histórica escrito por Fred Swart, pero me detendré más en la segunda parte, que narra el segundo viaje de Biesman, esta vez con el comandante Van Noort alrededor del mundo, que hemos venido refiriendo en las entradas anteriores.

En 1598, Lambert Biesman y su primo Jacob eran ya expertos marineros del Oriente. Es seguro que habrán contado sus historias sobre África, la India, Banten, Bali; los climas y sabores diversos, las penurias sufridas y el regreso a Holanda. Por ello fueron escogidos por Olivier Van Noort, un tabernero de Rotterdam, cuando organizaba el gran viaje por la ruta del Pacífico, en la compañía que denominó Magellansche Compagnie.  Un socio de esta aventura era el inglés Thomas Melis (o Melish), quien había sido piloto de Francis Drake y de Cavendish, y que pasaba ahora a ser copiloto de Van Noort.

Importa mencionar que la expedición contaba con el apoyo de Mauricio, principe de Orange, por lo que la nave capitana fue bautizada Mauritius. En la carta de autorización para navegar, firmada por Mauricio el día 28 de junio de 1598, decía:

"Yo, Mauricio, Principe de Orange, he armado estos navíos que estamos enviando a las costas de Asia, África, América y las Indias Orientales para negociar tratados y para comerciar con los habitantes de esas regiones. Pero, como hemos sido informados que los españoles y portugueses son hostiles contra los sujetos de nuestras provincias, e interfieren contra la navegación y el comercio en esas aguas, contrario a los derechos naturales de las ciudades y naciones, damos órdenes explicitas para ir a esas islas, resistir, hacer la guerra, y atacar tanto como sea posible contra los españoles y los portugueses." (*)
No repetiremos detalles sobre el itinerario seguido por la azarosa expedición, que salió del puerto de  Texel el 14 de agosto de 1598, con cuatro navíos, el Mauritius, el Eendracht (Armonía o Unidad), el Handrik Frederick, y el Hoop (Esperanza). Antes de partir, Lambert escribió a su padre una carta de despedida muy emotiva, en la que pide que recen por él; daba cuenta de su capital de 120 guildas, recomendaba que su hermano Wijnandt aprendiera idiomas, estudiara filosofía y aritmética, pues en caso de regresar a Holanda podría recomendarlo para tener un buen puesto de trabajo. Llevaba consigo cuatro sombreros adornados con perlas que esperaba vender en Asia y así obtener buenas ganancias.

Tuvo tiempo de escribir otras tres cartas que logró enviar con un barco holandés que encontraron en las islas Canarias, que venía de Barbaria (Marruecos). 

Al paso por Brasil, el estrecho de Magallanes y al cruzar el océano Pacífico la expedición perdió, como sabemos, dos navíos. Bajo esas circunstancias, Lambert Biesman se convirtió en capitán del Eendracht. La expedición llegó a Manila el 24 de noviembre. Durante varias semanas los dos navíos se dedicaron a robar a los barcos que pasaban, chinos, japoneses y españoles. El Mauritius contaba con cerca de 53 hombres y el Eendracht 24. 

Así llegó el momento de la batalla el 14 de diciembre de 1600. La nave capitana San Diego, comandada por Antonio de Morga se hundió irremisiblemente, el barco de Van Noort quedó gravemente dañado pero pudo huir.  La nave española San Bartolomé, comandada por Juan Alceaga, persiguió la nave de Lambert Biesman y la capturó. 

Biesman, según el testimonio de Van Noort y otros sobrevivientes, resistió fieramente y sólo la garantía de Alceaga de que  los prisioneros serían tratados con justicia hizo que se rindieran. Los prisioneros fueron llevados a Manila y presentados al gobernador Francisco de Tello. Los mutuos reproches entre Morga y Alceaga eran el telón de fondo. Las instrucciones para Alceaga eran en el sentido de perseguir a la nave capitana de Van Noort y no a la segunda nave holandesa. Van Noort había logrado escapar y hacerse paso entre los marineros españoles que trataban de nadar incluso con armaduras en el mar. Aparentemente, usaban picas para rematar a los enemigos sobrevivientes. Morga escribió que 50 españoles murieron de esa manera, mientras que Van Noort habló de 150.

19 holandeses, encabezados por Lambert Biesman, fueron hechos prisioneros en Manila. La documentación que fue recabada por las autoridades españolas es confusa porque Biesman no había sido nombrado oficialmente comandante del barco. La pena capital pesaba sobre todos ellos porque eran acusados de piratería, y no tendrían derecho a juicio, lo que echaba por tierra la promesa de Alceaga de someterlos a proceso.

No obstante, los prisioneros fueron interrogados y seis de los marineros más jóvenes fueron perdonados al convertirse a la religión católica. Otros prisioneros confesaron ser católicos en secreto y también conservaron sus vidas. Biesman en cambio se negó a aceptar la religión del Papa y fue condenado a garrote. Los sacerdotes que participaron en el proceso consideraron que Biesman había sido "el hereje más duro que hubieran encontrado en sus vidas."

Para los holandeses, Lambert Biesman es un héroe por haber resistido hasta el último momento. Para la historia de FIlipinas es un personaje casi desconocido. Los lectores podrán hacer sus propias conclusiones.
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Fred Swart, "Lambert Biesman (1573-1601) of the Company of Trader-Adventurers, the Dutch Route of the East Indies, and Olivier van Noort's Circumnavigation of the Globe." The Journal of the Hakluyt Society, 2007. Disponible en www.hakluyt.com/journal_articles/.../Lambert%20Biesman.pdf

 (*) Swart, op.cit., p.16. Esta es la escencia del debate que hemos mencionado entre Hugo Grocio y Serafim de Freitas. Mar abierto, mar cerrado.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El ataque a Manila, 1600

Oliver van Noort había salido de Rotterdam el 12 de agosto de 1598 con una flota de cuatro navíos. Llegó a las inmediaciones de Manila el 16 de octubre de 1600, tras casi dos años de una accidentada navegación y la pérdida de dos de sus naves. El Presidente de la Audiencia de Manila era Antonio de Morga, quien se vió obligado a improvisar la defensa del puerto con dos naves de comercio: la nao San Diego y el patache San Bartolomé. El 12 de diciembre las dos improvisadas naves, zarparon para hacer frente a los holandeses en la isla Fortuna. Los invasores disponían del galeón Mauritius y del Eendracht. El San Diego atacó a la nave capitana y obtuvo una rápida victoria, pero la nao española comenzó en ese momento a hundirse por una ruptura en el casco. La entrada de agua fue tan grande que no fue posible siquiera rescatar a la tripulación. Este sería el inicio de un proceso de acusaciones por negligencia en contra de Antonio de Morga. La ciudad logró ser protegida del ataque holandés a un gran precio de vidas y bienes materiales, pero se precipitó una crisis que habría de golpear al principal administrador de Manila.

Hundimiento del galeón San Diego

La crónica de Pedro Chirino, contempráneo de los acontecimientos señala:

"En otra pérdida y desgracia de estas islas (...) unos herejes corsarios de las islas (de) Holanda y Gelanda, vinieron á estas de Filipinas el mes de Octubre de 1600 á robar, como lo habían hecho en el mar del Norte á un navío de Portugueses, y en el del Sur, pasado el estrecho de Magallanes, á unas fragatas del Perú. Entraron por estas islas haciendo daños y prometiendo otros mayores. Porque se pusieron almirant y capitana (en que venía por general un Corsario, llamado Oliverio del Norte), en un paraje 6 leguas de Manila, donde forzosamente habían de embocar las naos de España, China y Japon, y ser registrados todos los navíos y embarcaciones, que de la ciudad saliesen. Contra estas dos naos salieron otras dos de la ciudad con más de trescientos hombres (la flor de la Milicia de estas islas) y mucha artillería, y pertrechos de guerra."

Continúa el cronista:

"En la nao Capitana iba el P. Diego de Santiago y el hermano Bartolomé Calvo, á petición del General Antonio de Morga Oidor de esta Real Audiencia, y otros capitanes, que con el padre se confesaban; porque tenía un trato muy apacible y sabía acomodarse á todos. Confesó primero la más de la gente y animó lo que pido para que acometiesen y peleasen. Al fin á los 14 de Diciembre reconocieron al enemigo: y cargando velas, con deseo de cogerle, barloaron capitana con capitana, abordando de suerte que se daba paso franco de una á otra. Y llegaron á quitar las banderas al enemigo, y arbolarlas en nuestra capitana prometiéndose los nuestros un gran suceso, y cantando ya la victoria.

Sin embargo, un brusco movimiento frustró la victoria en el último momento. La nave capitana se hundía y Antonio de Morga pudo salvarse nadando hasta la playa. Muchos de sus soldados no tuvieron la misma suerte:

"Sucedió que, ó por ser la nao celosa, que cargando mucha gente a la banda, recibió agua por las portañolas de las piezas bajas de artillería, ó porque con la fuerza de nuestras mismas piezas (que eran grandes) se abrió por la quilla ó por lo que Dios quiso la nao se fué a pique con toda la gente, exepto unos pocos, que quitando la chalupa al enemigo se salvaron en ella, y otros que nadando, salieron á la playa, como el General (Antonio de Morga) que con las dos banderas del enemigo salió á la marina (playa)."
El patache San Bartolomé logró apresar el Eendracht, sin embargo Oliver de Noort logró escapar.
"La almirante nuestra, que era una galizabra nueva, á cargo del almirante Juan de Arcega, aferrando con la almiranta contraria, la rindió y trajo á Manila, donde se hizo justicia de los corsarios que en élla venían. Pero entre los muertos y ahogados (que fueron ciento y nueve, Españoles, capitanes y soldados de los mejores de estas islas, y ciento cincuenta indios y negros) se ahogó también el P. Diego de Santiago. Murió con mucho valor, animando la gente, y habiéndola confesado casi toda. Viendo poco antes, que la nao se iba á fondo, y queriéndose echar á nado oyó una voz de un capitán, que le dijo: Padre oigame una palabra, que me vá mi salvación, Detúvose á confesarle con mucha caridad hasta el último trance, y después, no pareció, él, ni su compañero. Era el Padre de veintinueve años de edad, quince de Compañía: obrero de Indios y Españoles. El hermano Bartolomé Calvo, era de la misma edad, y siete de Compañía recibido en esta tierra, hermano de mucha virtud. Murió por la obediencia,á la cual fué siempre muy aficionado."

El asunto es trascendente porque inauguró una serie de ataques que iban a repetirse en los años sucesivos y como reflejo de los conflictos europeos entre España y Holanda. Incluso durante la tregua formal acordada entre ambos de 1609 a 1621, los holandeses continuaron atacando posiciones de Portugal y España en Asia y en América, como veremos más adelante.

La nao San Diego fue rescatada del fondo del mar en 1991 por un grupo de exploración, que recuperó cientos de piezas, que ahora se exhiben en el Museo Nacional de Filipinas, en Manila.El catálogo de la exposición recoge la opinión de un investigador Franck Goddio, muy crítica de la acción de Morga. Sin embargo, el historiador Patricio Hidalgo Nuchera revisa el hecho desde un enfoque mucho más amplio, como veremos en la siguiente entrada. Por lo pronto, el lector puede encontrar aquí la versión de Goddio.

Saludos a los lectores desde Lisboa, 10 de septiembre de 2017.
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(1) Chirino, Pedro. Relación de las Islas Filipinas y de lo que se ha alcanzado por los Padres de la Sociedad de Jesús. Roma: Estevan Paulino, 1604. Capítulo LXIV, pp. 199-200.

domingo, 20 de agosto de 2017

1600, Batalla de Manila 3

Concluiremos aquí el relato escrito por Antonio de Morga sobre el ataque holandés a Manila en 1600. Sin embargo, la batalla como tal en diciembre de ese año tiene varias vesiones que merece revisar ya que significó un duro golpe para el prestigio de Morga. De hecho, se llenaron muchas páginas de documentos legales, escritas por Morga, el Gobernador Tello y otros protagonistas, para echarse la culpa de las pérdidas y explicar los destrozos ocurridos.  La descripción de los preparativos es muy detallada porque serviría de base para la defensa legal de Morga: la Audiencia de Manila dispuso la defensa del puerto; el gobernador tuvo que decidir a quién poner al frente de la improvisada armada; varios ciudadanos de Manila trataron de evadir su responsabilidad en la defensa de la ciudad.

Dejamos al lector con la última parte del texto acerca de los preparativos, en la gramática original. Nótese que el autor escribe acerca de si mismo en tercera persona.

"El Doctor Antonio de Morga, traía a vista del enemigo algunos navíos muy pequeños y ligeros, cubiertos con la tierra, que le davan cada día aviso, del paraje en que quedava el enemigo, y lo que hazía, que era estarse muy de asiento, metiendo sus guardias cada día por las tardes por cima de las cubiertas, con cajas y vanderas, y disparando su mosquetería, con que se reconocía la fuerça, que este corsario traía, y que lo más y mejor della en la capitana, que era buen navío y ligero. Procurava así mismo el Oydor, que no saliede champán, ni otro navíos de la baía, porque no tuvierse aviso el corsario de lo que se hazía, y teniendo el negocio en este punto, avisó al governador lo que estava hecho, y que si le parecise, también se armase el patache Portugués, para que saliese en conserva de los dos navíos galizabra y sant Antonio de Sebú, que lo tenía embargado y adereçado para ello; proveyéronse municiones, y algunos bastimentos de arroz y algún pescado para los dos navíos, y restava el armar los de la gente de mar y guerra, que uviese de salir en ellos, de que avía poco recaudo, y los marineros se escondían y hazían enfermos, y unos y otros se mostravan de mala gana, por aver de salir a cosa más de riesgo y peligro, que de particular aprovechamiento, capitanes y soldados particulares de la ciudad, que no tenían sueldo, ni acostamiento del rey, que pudieran yr a la jornada, no se ofrecían al governador para ella, y si alguno lo uviera de hazer, se disimulava, hasta saber quién yva por cabeça desta armada, que aunque algunos capitanes de la tierra lo pudieran ser, el governador  no se inclinava a encargárselo, ni los demás quisieran yr debajo de su mando, pretendiendo y presumiendo de sí, cada un, que podía ser cabeça, y que no los avía de governar otro su vezino.
Vista de Manila, mediados del siglo XVII

"El governador era impedido para salir en persona, y vía, que toda la gente de la ciudad davan intención, de que si saliese con el armada el Doctor Antonio de Morga, irían con él, y no repararían en las dificultades que se les ofrecían, que entendida por el governador, la voluntad de los que podían embarcarse, y que por otro camino, no se podía efetuar lo que se deseava, y que la dilación de cada día era grandísimo daño; llamó a la ciudad al Oydor, y le trató del nehocio, y para que no se le escusase, proveyó un auto, que luego se le hizo notificar con el secretario del govierno, ordenándole de parte de su Magestad se embarcase, y fuese por general y cabo de a armada, en busca y seguimiento del corsario, porque de otra manera, según el estado en que las cosas estavan, no podía tener el fin que convenía. El Oydor, pareciéndole, que si lo dejava de hazer, se le pornía culpa, de aver dejado pasar tan forçosa ocasión, del servicio de Díos y de su Magestad, y del bien de toda la tierra, y que las cosas de la guerra vían estado a su cargo, y las avía manijado por mar y por tierra, y que le podría ser mal contado, bolver las espaldas en esta coyuntura, buscándole para ella; en especial, haziendo papeles sobre ello el governador, para su descargo, obedesció lo que se le ordenó, por el auto del governador, y su respuesta, que la letra es como se sigue."

En las próximas entregas de este blog describiremos la batalla y sus consecuencias para españoles y holandeses.

La travesía de Oliver Van Noort

A medidados del siglo XVII, el escritor holandés Isaak Commelin hizo un recuento de los ataques realizados por sus compatriotas en diferentes rutas y puertos del mundo (1). Aparecen en ese libro las narrativas de viaje de legendarios capitanes que recorrieron el mundo. En la literatura en español aparecen varios de esos nombres, mezclando a los "enemigos herejes" como piratas ingleses y holandeses, muchas veces con cambios irreconocibles (el inglés Francis Drake era llamado Francisco Dragón en el Caribe), que causaron como los huracanes momentos de destrucción en los puertos ibéricos.

Un estudio breve en español sobre las expediciones y ataques holandeses en el Pacífico entre 1595 y 1651 fue escrito por Ana Crespo Solana, y publicado en 2013 por el Instituto de Historia del CSIC. Puede ser bajado aqui en PDF.

En esta ocasión haré mención de las trayectoria de uno de los comandantes de la armada holandesa que contribuyeron a la inserción de Holanda en la región asiática y que amenazó la seguridad de Filipinas a fines del siglo XVI. Esta vez nos referiremos a Oliver van Noort (1558-1627). Este comandante holandés se destacó por ser el primero de esa nacionalidad que dió vuelta al mundo emulando el viaje de Magallanes (2). Su intención, como la de los demás almirantes holandeses, era dominar el comercio de especias y establecer una posición en el sur de Asia y la costa de China. En ese tiempo, los holandeses no habían tomado control de Jakarta, cuyo primer nombre fue Batavia, como centro de operaciones en el sudeste de Asia.  Para lograr sus objetivos era necesario atacar posesiones españolas y portuguesas  en el sureste de Asia.  Oliver van Noort partió  el 2 de julio de 1598 de Rotterdam con cuatro barcos que iban escasamente pertrechados, con poco armamento, y con una tripulación apenas preparada para la larga travesía.  Era una empresa privada, financiada por Pieter van de Hagen y Johan van der Veken, dueños de la Magellanse Compagnie, señala Crespo Solana.

La flota bordeó la costa occidental de África, a la altura de la isla del Príncipe, en Guinea, donde se enfrentó con los portugueses y perdió parte de la tripulación. Cruzó el Atlántico sur y llegó en 1599 a las costas de Brasil, donde volvió a encontrar portugueses, bajando luego hacia Argentina donde se enfrentó a los habitantes de la zona del actual Puerto Deseado en la Patagonia. De ahí la flota se dirigió hacia el estrecho de Magallanes para tomar descanso en las islas Penguin, donde avistó las bahías a las que dieron nombre de Olivier, Mauricio y Hanry. En 1600 ya estaba frente a las costas de Chile, donde supuestamente fue apoyada por los habitantes Mapuches y luego se dirigió a Perú, ante la alarma de las autoridades virreinales. Van Noort atacó a su paso los puertos de Arica, Valparaíso y el Callao, donde sorprendió  a varias naves. Gobernaba Perú el virrey Luis de Velasco y Castilla (quien antes había sido virrey en México), quien tomó precauciones para proteger en la medida de lo posible la llegada del galeón procedente de Filipinas hacia Acapulco. el virrey dispuso una armada para detener a Van Noort in Panama, calculando que se dirigía hacia México.

Mapas publicados por Commelin

Van Noort se enteró por Francisco Ibarra, piloto del navío Buen Jesús, de las condiciones en la costa del Pacífico y decidió acelerar sus planes. Se cuenta que al momento de enfrentar a los holandeses, el piloto español prefierió arrojar al mar 52 cajones de oro en polvo y unas 500 barras del precioso metal. Fue asesinado por los holandeses. Otro piloto prisionero fue Juan Sandoval, a quien utilizaron para proseguir rumbo a las Filipinas, pasando por Guam y llegando al sur del archipiélago filipino.

En diciembre de 1600 Van Noort atacó Manila, intentando hacerse pasar por un comerciante en son de paz.  Esa sería una batalla en la que destaca el nombre del Teniente Gobernador Antonio de Morga.  Esa confrontación permitió alejar a los holandeses, pero causó la pérdida de vidas y carga de una de las naves españolas. En la próxima entrada daremos la visión de Antonio de Morga sobre los acontecimientos.


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(1) Isaak Commelin, Colección de Viajes realizados por la Compañía de las Indias Orientales para Mejorar el Comercio y la Navegación, con un Reecuento de los Varios Intentos para Encontrar un paso en el norte y los Descubrimientos en las Indias Orientales y en los Mares del Sur, junto con una Instroducción Histórica, Dando Cuenta del Ascenso, Establecimiento y Progreso del Gran Cuerpo. (se entiende que la Compañía de las Indias Orientales) El libro incluye 23 viajes realizados entre 1597 y 1636. La primera traducción al inglés apareció en Londres, publicada por W. Freeman,  en 1703.

(2) Después de Magallanes, el segundo giro alrededor del mundo fue el de García Jofre de Loaisa, 1525-36, o  más bien de su tripulación, entre ellos Andrés de Urdaneta.  El tercero, Francis Drake, 1577-1580, y el cuarto Thomas Cavendish, 1586-1588. La expedición de Van Noort sería la quinta en la lista.

sábado, 15 de julio de 2017

Mar abierto, mar cerrado

Seguimos con las batallas navales que se sucedieron alrededor del 1600 y que paulatinamente consolidaron las posiciones de los holandeses en los territorios inicialmente controlados por Portugal y España en Asia. Los ataque se dieron también en América y en África, siempre con el propósito de mellar la fuerza del entonces más importante imperio a nivel global. El propósito de estas notas es situar los diferentes choques en el contexto de un conflicto europeo que por vez primera se extendió al resto del mundo. Generalmente se han visto estas batallas como actos de heroísmo o de cobardía, dependiendo del lado que lo narre, sean los portugueses y españoles o los ingleses y holandeses.

Hemos visto cómo los holandeses había logrado consolidar una fabulosa industria naviera que sirvió de inmediato como instrumento de guerra. En el transfondo del conflicto por la independencia de Holanda también se incluye el cisma religioso que había dividido a Europa desde casi un siglo antes, representado por la Reforma Luterana y la ruptura de los protestantes con el Papado de Roma. He querido insistir en el aspecto económico y comercial que impulsaba a los holandeses en busca de nuevos mercados y su idea de acabar con la preminencia ibérica en amplias regiones del denominado "Nuevo Mundo", sin embargo, todos los elementos anteriores se combinaron en el conflicto que enardeció a muchas poblaciones en el planeta.
Isla de Cocos, The East and West Indian mirror: being an account of Joris van Speilbergen;s voyage round the world (1614-1617), and the Australian navigators of Jacob Le Maire. Hakluyt Society, 1906

Desde el punto de vista holandés (y en cierta medida  también de Inglaterra) las acciones violentas se fundaban en un concepto del derecho a conquistar, bajo un principio de guerra justa que ellos identificaban como la lucha contra el opresor. Para la monarquía Habsburgo, representada por Felipe II de España, la situación en los Países Bajos se trataba de rebeldes de una provincia del Imperio, los cuales debía ser castigados. Por cierto que la diferencia entre holandes e ingleses corresponde hasta cierto punto en que Inglaterra era un reino en toda forma, mientras que las Provincias Unidas (Holanda) hasta aquel momento aún no eran reconocidas como una soberanía. A largo plazo estos enfrentamientos condujeron a dos formas de pensamiento capitalista un tanto diferentes, que ahora se quieren endulzar como formas modernas y eficientes para describir el estilo de los países del norte de Europa.

Las acciones de los holandeses antes de 1602 eran amparadas por empresas creadas al momento, Voorcompagniën (compañías iniciales), en las que pequeños grupos de inversionistas, usualmente de una sola ciudad, escogían un capitán dispuesto al riesgo y enviaban tropas a la aventura. Sin embargo, los Estados Generales de Holanda tomaron la decisión en ese año de formar la Compañía de las Indias Orientales (la famosa VOC) para defender sus derechos comerciales y atacar a los enemigos. (*)

El uso de la piratería formaba parte del mismo paquete de acciones ideológicas, políticas y económicas de los holandeses.  El problema es que, como la drogadicción, los holandeses se acostumbraron a obtener botines cuantiosos atrapando las naves portuguesas y españolas y fue muy difícil romper con ese ciclo de dependencia económica del tesoro apresado en el mar. Otra cosa es que ahora se le quiera dar un tono heróico, de aventura, o incluso de modernidad económica. No faltan quienes colocan la intrépida manera de los corsarios ingleses y holandeses como una muestra de la superioridad tecnológica anglosajona, del espíritu capitalista y de la ética protestante.

En los siglos sucesivos ese modelo anglosajón se impuso por la fuerza, con métodos que no fueron inventados por los holandeses pero si refinados por ellos, como las plantaciones de azúcar y algodón, la esclavitud en masa, la migración forzada de sus clases más desposeídas con la promesa de obtener tierras y esclavos, y el control racista de las poblaciones. Sobre esas experiencias, en el siglo XVII comenzó un proceso masivo, casi industrial, que arrasó a poblaciones enteras a nivel mundial y en el que aún estamos instalados. Quedaban relegadas las discusiones que se dieron en los años 1550-51 en Salamanca, confrontando las ideas de Bartolomé Díaz de las Casas y de Ginés de Sepúlveda, y que dieron paso a un cuerpo jurídico de tipo humanista, que intentaba corregir la tragedia de los primeros años de la conquista en América. Un siglo después de la conquista de América, el  coctel religioso, político e ideológico que arrasó a Europa, incluyendo también a España y Portugal, fue el punto de arranque de lo que ahora llamamos modernidad temprana.

Duelistas en el trópico

Todos esos conflictos fueron transladados a territorios recién conquistados y estuvieron presentes durante todo el siglo dieciséis. En el terreno del derecho que ahora llamamos internacional se discutió la facultad del Papa de repartir territorios y de privilegiar a Portugal y a España desde los tratados de Tordesillas en 1494.  Holandeses e Ingleses recusaban esa acción del Papa y alegaban que se debía tener un mar abierto y abrir la oportunidad para todos los estados europeos en la consecución de conquistas. En el contexto de esa controversia, los ataques a embarcaciones ibéricas eran consideradas por unos como rapiña o despojo de piratas, mientras que los otros lo consideraban derecho a expropiar a los ibéricos. Resultado de ese debate jurídico, por ejemplo entre el holandés Hugo Grocio, Mare Liberum, y el portugués Serafim de Freitas, Mare Clausum, como resultado del ataque en 1603 del navío portugués Santa Catarina en aguas de Malasia, que veremos más adelante.  Lo que importa en esta entrada es señalar que este debate sobre el derecho a usar el mar forma parte del cuerpo jurídico que aún rige al mundo.

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(*) Existe una amplia literatura en inglés y por supuesto en holandés, pero no tanto en español. Ver Israel, Jonathan I. La República holandesa y el mundo hispánico, 1606-1661.Madrid: Editorial Nerea, 1997. Un ensayo acerca de cómo terminó el siglo XVI en esta querella fue publicado por Carlos Martínez Shaw, "El Imperio Colonial Español y la República Holandesa tras la Paz de Münster:, en Schepper, Hugo de (ed.) 1648. La paz de Münster. Revista Pedralbes, 19 (1999), 117-129. Un trabajo de grandes proporciones y fino detalle está escrito por Peter Borschberg, Journal, Memorials and Letters of Cornelis Matelieff de Jonge. Security, Diplomacy and Commerce in 17th-century Southeast Asia. Singapur, NUS Press, 2015. Crespo Solana, Ana, "Las rivalidades hispano-neerlandesas en el Pacífico y la conquista de Australia: de Cornelis de Houtman a Abel Janzoon Tasman (1595-165)", Anuario de Estudios Americanos 70, 2. Sevilla, julio-diciembre, 2013, 479-507. En México se publicó en 2015 un libro que comentaré próximamente, escrito por Eder Antonio de Jesús Gallegos Ruiz, Fuerzas de sus Reinos. Instrumentos de la guerra en la frontera oceánica del Pacifico hispano (1571-1698). México:  Palabra de Clío, 2015. Ver la sección "El hierro de los Orange", pp. 221-251.