lunes, 18 de enero de 2010

Damas y Caballeros...

Con ustedes: La China Poblana

La historia de Catarina de San Juan parece ser un tema ineludible, casi un lugar común, cuando se aborda la relación de la Nueva España con el Oriente. Es el tópico recurrente de los guías de turistas en Puebla y de los trabajos que se piden a los alumnos de primaria en las escuelas de México.

Como casi todos los íconos culturales, la verdadera historia de la China Poblana se simplifica en versiones intencionadas que se repiten y se desgastan con el uso. Por ello mismo es muy interesante la forma en que diversos historiadores abordan el asunto desde perspectivas diferentes, incluso utilizando las fuentes historiográficas conocidas. Recientemente han aparecido dos de estos enfoques diversos, novedosos.

El escritor mexicano José Joaquín Blanco publicó en noviembre de 2009 una entrada en su blog con el título Las increíbles aventuras de la China Poblana, en el que describe la desarticulación del proceso de canonización de la visionaria que vivió en Puebla en el siglo XVII. Blanco escudriña el momento decisivo en que la jerarquía católica, el Santo Oficio y burócratas de corte en Roma, Madrid y México detuvieron en seco la subida a los altares de la beata Catarina de San Juan; un proceso que, paradójicamente, la convirtió en una especie de santa no autorizada, pero venerada por miles en la última etapa de la Nueva España.



Por su parte, la doctora Robin Anne Rice, investigadora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, publicó un fascinante ensayo en la revista electrónica Barroco, en el que aborda el tema de la China Poblana desde un punto de vista filológico histórico. En el texto señala que la propia documentación elaborada por los hagiógrafos de la beata Catarina de San Juan, de estirpe jesuíta, contribuye a una forma de protonovela novohispana. El ensayo de la doctora Rice alude a dos personajes femeninos de la Nueva España del siglo XVII, Isabel de la Encarnación y Catarina de San Juan.
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Las historias piadosas de santos y beatas eran leídas con fascinación por el público novohispano, como quien sigue una novela de episodios llenos de extravagantes apariciones de ángeles y del propio jesucristo. En la sociedad barroca la hipérbole y la representación eran parte de la vida cotidiana, por lo que no sorprendía la existencia de una mujer de orígenes misteriosos, que vivía de la caridad pública en un cuarto de sirvientes, vestía en harapos y se comunicaba con el cielo.

Cuando la primera parte de la vida de Catarina apareció publicada en 1689, el libro contó con la aprobación de las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, ya en 1692 esos textos habían entrado en el Índice de libros prohibidos por el Santo Oficio en España.
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