Celebro la publicación del ensayo "Conexiones marítimas y transformaciones coloniales: una reinterpretación de las redes de intercambio en Filipinas", publicado en inglés en la Revista Internacional de Arquelogía Histórica, edición de mayo de 2026. Los autores del trabajo académico son Stephen Acabado, Yan Chin Wang, Earl John Hernández, Eric Nobis, Francis Tordilla, Karen Artiaga, Francisco Datar, Noel Jay Roxas y Madelein Yakal.
Los autores subrayan la propuesta de que las sociedades filipinas ya tenían una gran comunicación con el resto del Sudeste de Asia, antes de la llegada de los europeos. Esto contradice la visión construida en el siglo XX de que Filipinas fue creada por la intervención europeo-americana a partir del siglo XVI. Esta vez, la afirmación de los autores contribuye con hallazgos arqueológicos que muestran una profunda interacción, en múltiples direcciones, que coloca a las comunidades del archipiélago filipino "como una sociedad que se desarrolló mayormente por sí misma antes del colonialismo".
Stephen Acabado indica:
"Por ejemplo, el barangay se ha presentado a menudo en los libros de historia filipina y en la historia popular como una comunidad pequeña y autosuficiente construida en torno a los lazos familiares, la lealtad y los líderes locales. Los historiadores que buscaban recuperar la historia filipina de las interpretaciones coloniales y estadounidenses anteriores solían centrarse en la unidad e independencia de estas comunidades como parte fundamental para fortalecer el sentido de identidad filipina.
"Los hallazgos de Bombon, Camarines Sur, demuestran la dinámica y la interconexión de las comunidades filipinas mucho antes de la llegada de los españoles. En lugar de grupos aislados o separados, la evidencia arqueológica apunta a una interacción activa en toda la región. Las comunidades de Bicol ya formaban parte de redes de intercambio marítimo siglos antes de la colonización. Cuentas de vidrio vinculadas al comercio indopacífico de hace al menos 1600 años, cerámica de Changsha relacionada con los sistemas de intercambio de la dinastía Tang (618-907 d. C.), celadón de Longquan (siglos X-XVI d. C.), gres tailandés (siglos XIV-XVI d. C.) y otros objetos importados demuestran que las comunidades locales ya interactuaban con el sudeste asiático y China desde el siglo VII d. C.
Así pues, los hallazgos de Bombon revelan que no se trataba de una comunidad aislada del mundo exterior, sino de una integrada en redes fluviales y marítimas dinámicas. El estudio describe Bombon como un nodo intermedio que conectaba las zonas interiores y costeras a través del río Bicol, la bahía de San Miguel y rutas marítimas más amplias. En otras palabras, la interacción no era una excepción a la vida precolonial, sino parte de la existencia cotidiana.
"Lo interesante es que los habitantes de lo que hoy conocemos como Bombon no fueron receptores pasivos de la influencia extranjera. Nuestro estudio sostiene que las comunidades adoptaron, negociaron y reelaboraron selectivamente las relaciones externas según sus necesidades locales. La arqueología, por lo tanto, demuestra que las comunidades filipinas participaban en la dinámica de los mundos regionales mucho antes del nacionalismo, e incluso mucho antes de la existencia del Estado-nación.
"Los hallazgos también replantean las narrativas que consideran el colonialismo como el momento en que Filipinas se globalizó. Los habitantes de Bombon ya estaban conectados a sistemas de intercambio asiáticos más amplios siglos antes. De hecho, el estudio incluso muestra que la participación de Bombon en el intercambio de cerámica importada parece disminuir durante el período colonial, mientras que lugares como Intramuros intensificaron sus conexiones globales. Solo esto debería hacernos reconsiderar las historias simplistas de la historia que avanzan en línea recta desde la "población nativa aislada" hasta la "modernidad colonial".
"Quizás la mayor contradicción (el autor llama ofensa) de la arqueología a las narrativas nacionalistas reside en que el registro material demuestra que los filipinos comerciaban, se adaptaban, negociaban, tomaban prestado y reinterpretaban elementos culturales mucho antes de que el nacionalismo moderno intentara imponer fronteras culturales más definidas. El archipiélago no era un mundo cerrado, sino más bien una encrucijada marítima y un centro de intercambio moldeado por el movimiento y el intercambio cultural."
