Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

sábado, 24 de marzo de 2012

Una biblioteca en Manila

El gran historiador del barroco novohispano Irving A. Leonard descubrió en el Archivo General de la Nación en la ciudad de México siete delgados folios de color café, posiblemente de papel chino de arroz. Se trata de una lista de libros escrita con la nota: ¨Enero 1583. Documentos sobre asuntos varios enviados por el Comisario de Manila a los Inquisidores de la ciudad de México¨.

¨Parece probable que esta colección haya sido una pequeña biblioteca personal compuesta exclusivamente de ejemplares únicos, hecho que movió al empleado que hizo el apunte a omitir detalles numéricos. A la cabeza de la primera página está el acostumbrado signo de la cruz, bajo la cual se lee este críptico renglón¨ 

Memoria de los libros sigtes q trygo yo trebiña - 1583


Esto ha hecho pensar en algún personaje de apellido Trebiña o quizás Treviño, que llevó a Manila sus lecturas preferidas, casi todas de corte profano, escritos seglares y de ficción, en una época en que la literatura no religiosa era rigurosamente vigilada por la Inquisición. Se trata de 53 volúmenes, de los cuales 23 son títulos de literatura, 11 no de ficción y 19 obras religiosas.

¨Pero más interesantes aun que las estadísticas, son las propias obras. En conjunto, esta selección literaria refleja los gustos del tiempo, y salvo algunas excepciones, indica que el tal Trebiña era un caballero de alto juicio crítico. Figuran en ella cuatro o cinco obras caballerescas, que por cierno no son muy representativas del género: La historia de los nobles cavalleros Oliveros de Castilla yArtus d´Algarbe y la Historia del emperador Carlomagno y de los doce pares de Francia, en prosa: y  Caballero determinado -tal vez la versión de Chevalier deliberé, por Olivier de la Marche, que con tanta frecuencia figura en las listas de aquel tiempo-; el Orlando furioso, de Ludovico Ariosto, traducido por Jerónimo de Urrea -quien también hizo una versión del Chevalier deliberé-, el Caballero de la clara Estrella, compuesto en octavas reales por Andrés de Losa¨.

En opinión de Iriving A. Leonard, la selección es un indicio de que la literatura caballeresca comenzaba a ceder paso a una literatura de evasión, incluso amorosa, moldeada por versos delicados y refinada prosa. La influencia italiana en la literatura española se expresa en Garcilaso de la Vega, de quien se enlistan dos títulos en la lista de Manila.

¨Casi tan aceptables como las precedentes eran para el público las colecciones de apotegmas, anécdotas e historias breves que ofrecen a sus lectores, bajo las tapas de un solo libro, una gran variedad de entretenimiento e instrucción. La lista de Trebiña incluye varias obras de este tipo, entre ellas la más significativa de estas joyas de la literatura castellana del siglo XIV, El Conde Lucanor o libro de Patronio de Don Juan Manuel, cuyos cincuenta interesantes  ¨enxemplos¨ son la fuente de ingenios literarios como Cervantes, Calderón y Sheakespeare. La Floresta española, menos valiosa pero ampliamente divulgada, una compilación semejante de anécdotas y relatos, también se encuentra en la lista de Manila. Y la colección de cuentos, incidentes y diálogos, graciosamente escritos pero un tanto absurdos, de Antonio Torquemada, el Jardín de flores, que conquistó un éxito inmerecido, se envió también a Filipinas en 1583¨.

Poesía

En poesía, la lista de libros de Trebiña revela un gusto más depurado, con la salvedad quizás de lo libros de caballerías versificados. Al trasladar su pequeña biblioteca a los confines de la tierra, seguramente para su propio solaz y esparcimiento, eligió los escritos de algunos de los mejores poetas de su propio siglo y de los anteriores. Al paso que gustaba de las innovaciones de la llamada escuela italiana, seguía apreciando los viejos metros castellanos, a juzgar por el ejemplar de un Romancero, que debe ser alguna colección de antiguas canciones, y sobre todo por las patéticas Coplas de Jorge Manrique a la muerte de mi padre

¿Quién era Trebiña?

El investigador considera difícil identificar al dueño de la colección de libros que lllegó a Manila, pues no se localiza a ningún pasajero con ese nombre o algún habitante de Manila por aquel tiempo. Leonard alude a un librero de apellido Treviña que operaba en la ciudad de México por aquellos años, pero no existe prueba de alguna relación. ¨Ni la cantidad ni la calidad de los volúmenes registrados permite suponer que nos hallemos ante un tratante de libros o un mercader¨. Podría tratarse de un seglar, no de un eclesiástico. Tal vez se trate de un funcionario que viajaba con su familia, pues se incluyen libros para niños. ¨La variedad de contenido que ofrecen los escritos no de ficción parecen revelar a un caballero de cierta instrucción que desea tener a mano lectura para todas sus aficiones¨. En el futuro, quizás se aclare la misteriosa personalidad del tal Trebiña.



La bahía de Manila a fines del siglo XVI, grabado de Theodorus de Bry.

El significado de esta colección

Una visión de conjunto de esta reducida biblioteca transportada a las Filipinas en 1583 deja la impresión de que su propietario trató de reunir un conjunto de libros lo bastante reducido para que fuese posible incluirlo en el equipaje personal que habría de acompañarle en un largo viaje, y suficientemente variado por su carácter como para alimentar las necesidades de su cuerpo, de su inteligencia y de su espíritu durante una residencia prolongada en un remoto lugar apartado de sus corrientes culturales,

Es desde luego cierto que el carácter heterogéneo de muchos de estos escritos y la marcada preferencia por obras de influencia italiana son rasgos típicos del gusto literario de fines del siglo XVI tanto en España como en otras partes del imperio, pero la selección que contiene esta lista de libros de Manila acusa el deliberado propósito de reunir la mayor variedad de géneros literarios en un espacio reducido.

En suma, Leonard señala que ¨por pequeña y poco explícita que sea la lista de libros de Trebiña (...) tiene un enorme valor probatorio de la difusión cultural y de los productos del espíritu creador de España por todos los ámbitos del extenso territorio que formaba el imperio en el siglo XVI¨.

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Irving A. Leonard, Los libros del Conquistador, Lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica, México, Reimpresión, 1996, pp. 191-201. Cap.XV. Una biblioteca particular. Manila, 1583. El título original en inglés: Books of the Brave. Beign an Account of Books and of Men in the Spanish Conquest and Settlement  of the Sixteenth-Century New World, 1949. Es interesante señalar que Leonard vivió en Filipinas en los años veinte del siglo pasado, donde precisamente se aficionó al idioma español e inició su carrera como hispanista. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

jueves, 15 de marzo de 2012

Coloquio


El martes 20 de marzo se llevará a cabo un coloquio en el Colegio de México sobre nuevos enfoques históricos sobre la relación entre Filipinas y Nueva España en la época que navegó el Galeón de Manila en el Pacífico. Es un evento organizado por el Archivo General de la Nación, el Colmex y el Colegio de San Luis.




Es interesante que estarán presentes académicos filipinos, como el Director Ejecutivo de los Archivos Nacionales, Victorino M. Manalo y dos profesores de historia la Universidad de Filipinas en Diliman, Kristyl N. Obispado y Kristoffer R. Espejo. Por la parte mexicana acuden Cristina Barrón, de la Universidad Iberoamericana,  y dos investigadores del Colmex, Bernardo García Martínez y Carlos Marichal.

Los temas son muy variados pero orientados a la reflexión sobre las fuentes documentales que permiten un conocimiento más profundo de la relación existente en los siglos XVII y XVIII en la región del Pacífico, simbolizada por el Galeón de Manila.

viernes, 9 de marzo de 2012

Nuevo libro


Acaba de aparecer el libro Urdaneta Novohispano. La inserción del mundo hispano en Asia, bajo la coordinación de la doctora Cristina E. Barrón Soto,  investigadora de la Universidad Iberoamericana de México. Se trata de una recopilación de ensayos que fueron presentados en el encuentro académico sobre el tema, realizado en el Museo Franz Mayer del 17 al 19 de septiembre de 2008. En aquel momento se realizaron también dos exposiciones sobre la vida de Andrés de Urdaneta, en ese museo de la ciudad de México y en el Fuerte de San Diego, en Acapulco.


Más de uno levantará la ceja cuando lea que el gran marinero Andrés de Urdaneta (1498-1568) es considerado un personaje novohispano. Sin embargo, lo que intenta el libro con notable éxito es aprovechar el 500 aniversario del nacimiento de Urdaneta para enfocar el análisis del establecimiento de la ruta transpacífica entre Nueva España y Filipinas y las consecuencias que tuvo en ambos territorios hispanos de ultramar. Durante mucho tiempo los estudios sobre el dominio español en el Pacífico han sido vistos como una sola voluntad imperial española (supuestamente centralizada, racional y uniforme) perdiendo de vista el sistema complejo que dio vida a todas las partes involucradas.  Aquí se muestra que no siempre el todo es la simple suma de sus partes.

Observar el proceso desde esta perspectiva permitió que los promotores del seminario, Cristina Barrón Soto, Ostwald Sales Colín y Luis González Villanueva, lograran atraer diversas instituciones e investigadores en torno al eje que operó por 250 años entre Nueva España y Filipinas.

Participaron la Universidad Iberoamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio Mexiquense, el Instituto de Estudios Superiores de Monterrey, la Universidad de Filipinas, la Universidad Ateneo de Manila, la Universidad de Nagoya, la Universidad de Valencia y la Universidad de las Naciones Unidas.

A finales de marzo se realizará la presentación del libro en el museo Franz Mayer. Enhorabuena.

jueves, 1 de marzo de 2012

Conquista de China



La revista Letras Libres publica en su edición de febrero un interesante artículo del historiador inglés Hugh Thomas acerca de los múltiples intentos de la Corona Española por invadir China en el último cuarto del siglo XVI. Es un ejercicio muy sintético de los acontecimientos suscitados en aquel período, que estuvo marcado por el interés de consolidar el poder global del imperio español y, al mismo tiempo, por la imposibilidad de continuar realizando aventuras expansionistas, debido a la crisis económica que minaba a la Corona.

En este blog hemos venido describiendo la denominada empresa de China, que constituyó por décadas un sueño compartido por burócratas, misioneros, comerciantes y aventureros europeos que residían en Manila. Se plantearon proyectos concretos de invasión del gran reino, con un conocimiento mínimo de las dimensiones de lo que significa China. Por su parte, Hugh Thomas concluye:
La idea de una expedición militar destinada a conquistar China nunca se abandonó explícitamente. Pero tampoco se hizo nada. Como el gran funcionario que era, Felipe II pensaba que la procrastinación y el silencio eran la reacción correcta ante las ideas de los gobernantes filipinos y sus aliados religiosos. Los altos funcionarios no responden las cartas si no saben qué decir.
Así se perdió la gran oportunidad. El cristianismo no se convirtió en la religión dominante de China, como había ocurrido en la Nueva España. Ningún aristócrata español recibió un título con el nombre del Río Amarillo.
Es un asunto que ha sido tratado por múltiples autores y hoy existen enfoques mucho más elaborados, como los de Manel Ollé, que logran observar el proceso geopolítico del encuentro con China desde una perspectiva integral.

EL artículo fue traducido por Daniel Gascón.




Curiosa ilustración de Raúl Arias para la revista Letras Libres


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Manel Ollé, Estrategias filipinas respecto a China: Alonso Sánchez y Domingo Salazar en la empresa de China, Universitat Pompeu Fabra. Tesis doctoral dirigida por Dolors Folch Fornesa, Barcelona, 1998.

domingo, 19 de febrero de 2012

Exotismo literario

A principios del siglo XVII, comerciantes, misioneros, marinos del ámbito hispano describieron con entusiasmo y con bastante detalle la geografía por la que iban avanzando, desde el sur del continente americano hasta los archipiélagos asiáticos. Sus crónicas de las Indias Orientales y Occidentales aportan una gran cantidad de información, pero también una visión de ellos mismos confrontados con otras realidades, maravillados con mundos ajenos.

Leyendas como las de El Dorado fueron motivo suficiente para movilizar a cientos y miles de personas para cruzar los océanos, con riesgo de sus vidas, con la intención de cambiar su fortuna personal. Claro está que también el celo religioso cumplió un papel central en este despliegue humano, pero es importante resaltar el imaginario colectivo europeo de esa época y como se reflejaba hasta en los más remotos rincones del viejo continente.

En la mentalidad europea del siglo XVII el continente asiático y sus habitantes seguía cubierto por el velo del misterio y de la confusión. El jesuíta José de Acosta publicó en Sevilla en 1590 su Historia natural y moral de las Indias, en las que intercala comentarios sobre las Indias Orientales, en contraste con las Indias Occidentales, más tarde conocida como América (1).

Las Filipinas e islas consecuentes, según personas pláticas (personas conocedoras) de ellas refieren, corren más de novecientas leguas; pues tratar de la China y Conchinchina y Siam, y las demás provincias que tocan a la India Oriental, es cosa infinita y ajena de mi intención, que es sólo de las Indias Occidentales.

Sin embargo sí opina sobre el ensanchamiento del mundo, la globalización que arrastraba a todos. Describe los esfuerzos del descubrimiento de sus contemporáneos sobre todo españoles:

Esto descubrirá el tiempo, que según es la diligencia y osadía de rodear el mundo por una y otra parte, podemos bien creer que como se ha descubierto lo de hasta aquí, se descubrirá lo que resta, para que el santo Evangelio sea anunciado en el universo mundo, pues se han topado por Oriente y Poniente haciendo círculo perfecto del universo, las dos coronas de Portugal y Castilla, hasta juntar sus descubrimientos, que cierto es cosa de consideración que por el Oriente hayan los unos llegados hasta la China y Japón, y por el Poniente los otros a las Filipinas, en donde está la ciudad de Manila, hasta Macán (Macao), que es la isla de Cantón, no hay sino ochenta o cien leguas de mar en medio. Y es cosa maravillosa que con su cuenta, de suerte que en Macán es domingo al mismo tiempo que en Manila es sábado, y así en lo demás, siempre los de  Macán y la China llevan un día delantero, y los de las Filipinas le llevan atrasado.

Impacto de Oriente en la literatura

Hemos mencionado en entradas anteriores el atractivo que tuvo Asia en escritores de la talla de Cervantes o Lope de Vega, pero aún don Luis de Góngora y Argote parece atraído por las maravillas de Oriente en algunas de sus obras. Lo menciona como origen de lujos inimaginables en la Fábula de Polifemo y Galatea . ¨Una nave encallada en la playa despliega las riquezas del Oriente (...) en cajas los aromas de Sabeo - en cofres las riquezas de Cambaya¨ (¿Camboya?). También se refiere al Oriente por la fama de sus diamantes en el Panegírico al duque de Lerma:

LX

Ambicioso Oriente se despoja
de las cosas que guarda en sí más bellas;
Ceilán cuantas su esfera exhala roja
engasta en el mejor metal centellas;
de su veneros registró Camboja
las que a pesar del Sol ostentó estrellas:
el esplendor, la vanidad, la gala
en el templo, en el coso y en la sala.

LXVII

Solicitado el holandés pirata
de nuestra paz o de su aroma ardiente,
no solo no al Térnate le desata,
mas su coyunda a todo aquel Oriente.
Del mar es de la aurora la más grata,
cuando no la mayor del continente,
isla Térnate, pompa del maluco,
de este inquirida siempre y de aquel buco.

Este última estrofa menciona las islas de la Especiería, misteriosas y deseadas por sus riquezas.

En suma, estos ejemplos literarios dan muestra del interés europeo por el Oriente y al propio tiempo un conocimiento vago de los reinos del sudeste de Asia, como es el caso de Camboya. En este conjunto se inscribe la obra que hemos venido mencionado de Andrés Claramonte, quien con un afán de mezclar ambientes transfiere el reino de Camboya a América... y lo localiza junto a Chile!  El rio Calac que separa a estos dos reinos es en realidad el océano Pacífico.

El autor del Gallinato

Andrés Claramonte ha sido considerado un autor secundario, en deuda con muchos autores, plagiario. Sin embargo refleja la nueva tendencia teatral de mezclar hechos, lugares y personajes de manera exagerada. Alfredo Rodríguez, filólogo español es más amable con la obra de Claramonte y arroja luz sobre la personalidad del autor (2). 

La comedia heroica El nuevo rey Gallinato y ventura por desgracia, de Andrés de Claramonte es una de la primera obras (representada ya en abril de 1604) en las que  se propone la figura del hombre del Nuevo Mundo. Como obra de una época en la que todavía no se había asentado el modelo lopiano (de Lope de Vega) clásico esquematizado por el Arte nuevo, aparecen elementos heterogéneos (como la personificación de figuras morales) y escenas y parlamentos resueltos tal vez de forma apresurada; junto a ello, el plan general de la obra y el tratamiento de la trama con un sólido sentido del espectáculo teatral ofrecen una serie de valores dramáticos y escénicos muy notables, que contrapesan los errores parciales que la crítica ha señalado. Una apreciación equilibrada de esta obra primeriza debe contemplar ambas cosas, tanto las luces como las sombras.

Algunos críticos consideran que Claramonte fue el creador del personaje arquetípico del Burlador de Sevilla, que fue lanzado a la fama literaria en la obra de Tirso de Molina y que aún goza de cabal salud por medio de Don Juan Tenorio. Lo dejo como apunte, pues la razón por la que aquí mencionamos a este autor es que el relativo éxito de su obra situada en Camboya responde al interés del público hispano del Siglo de Oro por conocer historias extraordinarias de mundos apenas conocidos.
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(1) José de Acosta, Historia Natural y Moral de la Indias. Edición preparada por Edmundo O´Gorman, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, segunda edición, revisada, 1962.p 131.

(2) Alfredo Rodríguez López-Vázquez, Universidad de la Coruña, Hispanoamérica en el teatro del siglo de oro: el nuevo Rey Gallinato y Ventura por desgracia de Andrés de Claramonte.  ¨La obra fue representada en Salamanca por la compañìa de Baltasar de Pinedo al menos en dos ocasiones, en marzo y septiembre de 1604. Fueron representaciones que tuvieron éxito, puesto que fue una de las poquísimas obras de ese repertorio de Pinedo (que contaba con varias obras de Lope) que repitió en ambas ocasiones. El público no ve aquí sólo una historia, ve también una propuesta ideológica, estética y moral¨.

viernes, 17 de febrero de 2012

El Nuevo Gallinato

Volvemos al tema de la invasión de Camboya (1592-1598), pues si en la historia ha quedado oscurecido, en la literatura tuvo cierta trascendencia, como veremos.

Apuntábamos en otra entrada de este blog el impacto que tuvo la conquista de Camboya, tanto en el ámbito político como en el imaginario popular europeo del siglo XVII.  Cabe recordar que aquella época de la cultura europea se distingue por la llegada del barroco y sus formas alambicadas, conceptuales y religiosas. Sin embargo, en la literatura continuaban siendo muy atractivas las historias de enredos y desventuras de los conquistadores del siglo anterior. Es por ello que la obra  El nuevo rey Gallinato, escrita por Andrés de Claramonte (1560-1626) tuvo un éxito notable cuando fue presentada en España en 1604.

El nombre de la pieza es El nuevo rey Gallinato y ventura por desgracia, y se trata, según nos dice Moisés R. Castillo, de ¨una típica comedia de enredo¨ que describe las peripecias de dos hidalgos en tierras indígenas.  En línea con ¨todas aquellas literaturas que ensalzan la búsqueda de la riqueza y la fama, construye una comedia de indio, donde el valor y el honor en territorio de salvajes lleven al humilde protagonista a superar su desgracia, mejorar su honra y caudal y convertirse en heroico modelo  de súbdito-conquistador español¨ (1).

Geografía híbrida

La obra es una trama de confusiones y al mismo tiempo de mensajes morales, pero lo verdaderamente complicado corresponde a la ubicación geográfica del tema, pues el autor la sitúa en España, Chile, Perú y Camboya, utilizando como ya dijimos la popular noticia de valientes conquistadores en aquellas lejanas tierras.  Siguiendo un error más o menos común de la época, el autor mezcla o confunde las Indias Orientales -reino de Pegú, limítrofe con el de Camboya- con las Indias Occidentales y el Perú, al que se refiere.

¨Los hechos que se recrean son eco de los protagonizados por varios españoles en las costas del Indico y en lo que tuvo que ver con la conquista de Camboya. Sin embargo, Claramonte, siguiendo los pasos de una leyenda recién creada alrededor de lo acontecido en Asia y en torno a  un tal Gallinato -por otro lado el menos destacado de la expedición-, transforma la conquista de Camboya en la conquista de Cambox¨.

En suma, el autor crea, de forma intencionada o por desconocimiento geográfico, un espacio exótico, de estilo asiático-americano, que se halla repleto de tesoros y de indígenas a los que evangelizar. Como garantía para que su obra tuviera éxito introduce el atractivo de que el otro lado del mundo es posible el cambio individual y el ascenso social.



La atracción de lo periférico

¨Los espectadores de este tipo de obras, sabían que el mundo se hacía cada vez más pequeño: concluía un período milenario dominado por la oikoumene o ecúmene . Para los autores, la tarea era alimentar la curiosidad de aquellos mundos desconocidos por medio de la imaginación, el vehículo era la comedia y fuera del ecúmene todo lo que fuera excesivo era bien recibido. De hecho se pensaba que allá, al otro lado del océano, todo lo maravilloso era posible, casi normal¨ (2).

La importancia de combinar el mundo americano con el de Asia, es que para el autor ambas son regiones fuera de la civilización, ¨áreas donde puede encontrarse lo novedoso pero no lo verdaderamente humano¨.

En la siguiente entrada de este blog seguiremos con el tema.
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1. Moisés R. Castillo. Indios en escena: la representación del amerindio en el teatro del Siglo de Oro. Purdue University, EUA, 2009, p 136-149.

2. Frederick A. de Armas. Pennsylvania State University. Oikoumene: la geografía híbrida de El Rey Gallinato de Andrés de Claramonte.

martes, 7 de febrero de 2012

Procesión

La colección de pinturas dedicadas a la procesión del Corpus Christi que se encuentra en el Museo Arzobispal de Cusco es particularmente valiosa porque muestra la variedad cultural en la vieja capital incaica. Las élites indígenas participaban activamente en la celebración, en una ciudad acostumbrada ya al régimen religioso. 

Un cacique indígena, tuerto, que va al frente del carro de San Cristobal


San Sebastián  y detalle con guacamayas


Las confraternidades de San Juan Bautista y San Pedro




Los jesuitas


Santa Rosa de Lima, conocida como La Linda


La Ultima Cena muestra un altar con figuras que alternan con flores y pinturas de personajes de la época. Lo interesante también es el público que observa tanto a los adornos como al pintor. 

lunes, 6 de febrero de 2012

Corpus Christi en Cusco

Distraigo a los amables lectores con un asunto que no atiende directamente al tema de la Nao de China, pero que creo que puede ser de interés debido a que ejemplifica el ambiente cultural en que eran recibidas las influencias orientales en el siglo XVIII americano, en este caso en Cusco, Perú. 

Se trata de una serie de pinturas que corresponden a la  fiesta del Corpus Christi en aquella ciudad.




La primera noticia que tuve acerca de las pinturas del Corpus Christi en Cusco fue por medio de un disco de Gabriel Garrido con ese título. En 2009 tuve la fortuna de viajar a Cusco y conocer las obras en el Palacio Arzobispal, una experiencia sorprendente que quisiera compartir ahora.



En 1675 el obispo Manuel de Mollinedo y Angulo ordenó a artistas locales dieciocho grandes lienzos, de dos por dos metros, para dar a conocer el gran despliegue que se hacía en la celebración de esta fiesta católica. De Hecho, era la segunda más importante después de la semana santa, aunque la festividad se ha perdido con el tiempo. 



Lo interesante de las pinturas, de las que sólo quedan dieciséis, es la frescura con la que muestran los rostros de la población indígena integrada en el ritual barroco, así como del pueblo criollo y de algunos negros que aparecen en ciertos ángulos. 



Una tras otra, iban apareciendo las diversas congregaciones religiosas de la ciudad, en este caso los mercedarios, con sus túnicas blancas.



Los descubrimientos musicológicos realizados en la segunda mitad del siglo pasado, especialmente a cargo de Robert Stevenson, permiten destacar  que la celebración tenía también una parte musical muy importante, con aportaciones de maestros españoles residentes en Perú y maestros criollos, así como músicos indígenas.


Es por ello que recomiendo escuchar el famoso Hanacpachap Cussicuinin, para darle una textura musical a estas obras pictóricas.

viernes, 27 de enero de 2012

Los eventos de Camboya


Los acontecimientos de Camboya quedaron en el olvido durante los siglos XVIII y XIX. Un libro que daba cuenta de los hechos militares en aquel país, poco tiempo después de que habían ocurrido, es La breve y verdadera relación de los sucesos del Reyno de Camboxa al Rey Don Philipe nuestro Señor, escrito por fray Gabriel de San Antonio de la orden de Santo Domingo, y publicado en Valladolid en 1604.


Durante mucho tiempo este texto fue muy difícil de localizar y era prácticamente inaccesible para el gran público, hasta que en 1914 apareció una traducción al francés, a cargo de Antoine Cabaton, con un amplio estudio preliminar y muy abundantes notas.  

sábado, 21 de enero de 2012

Tercera Jornada, 1598

El gobernador Francisco Tello encabezó el gobierno de Filipinas de 1596 a 1599 y en ese cargo dió punto final a la aventura en Camboya. Entre tanto y liberado de sus responsabilidades oficiales, el anterior Gobernador, el joven Luis Dasmariñas retomó las riendas del asunto y cubrió con su propio patrimonio los costos de una nueva expedición, sin resultados positivos. El fracaso del tercer intento se debió aparentemente a que la pequeña armada salió a destiempo del puerto de Cavite, en el mes de septiembre de 1598, en plena temporada de monzones y, al enfrentar vientos contrarios tuvo que buscar refugio en la costa de China, en un puesto militar español denominado El Pinal, a seis leguas marítimas de Cantón. El almirante del barco insignia, Pedro de Béistegui, perdió el rumbo cerca del actual Vietnam y, en el naufragio de esa nave perecieron ahogados alrededor de cuarenta y cinco soldados.

Entre los soldados de esta tercera jornada, Tello señala en un informe oficial, había un grupo que recientemente había llegado desde la Nueva España, quienes debido ¨a ser muy flojos y la tierra muy pobre para mantenerlos me pareció que serían útiles para esta expedición, especialmente porque en esta ocupación (como soldados) serán pagados sin ningún costo para Su Majestad.

Desde su refugio, Luis Dasmariñas continuó solicitando refuerzos y pertrechos, pero el gobernador Tello, con el respaldo de la Audiencia de Manila, decidió no acceder a sus peticiones para no dejar desprotegida la ciudad. En cambio, le pidió que regresara a Filipinas, de modo cortés, puesto que ya la empresa era un asunto privado pagado por el propio Dasmariñas. Las razones del Gobernador, explicadas en la misiva al Rey, eran precisamente la estrechez en que vivía Manila y la necesidad de soldados para defenderla de un eventual ataque, como efectivamente sucedió en los años subsecuentes. En Madrid se consideró correcta la decisión del Gobernador y, de hecho, se dio por concluida oficialmente la invasión a Camboya.

Consecuencias

Años y siglos después, la aventura de Camboya adquirió tintes épicos, útiles para las narraciones populares en España y en México. Casi de inmediato, el impacto de aquellas jornadas incendiaron el ánimo popular en España y en América. Un hecho demostrativo  del impacto de la empresa camboyana es que autores contemporáneos a los hechos se inspiraron para escribir literatura de ficción, probablemente perdida para siempre, como la de Andrés Claramonte y Corroy, El nuevo Rey Gallinato y ventura por desgracia, así como la de José Martino Ferreira, Relacao que contem os venturosos e prodigiosos successos de Joao Baptista Gallinato, e como veyo a ser Rey das provincias e reynos de Camboya que esta junto com o grande e potentissimo reyno de China.

Subyace en los informes y en la literatura una queja constante contra los novohispanos, expresada de maneras muy diferentes, incluyendo la sátira que se hacía de ellos en Filipinas, calificándolos como pícaros y buscones. Este es el argumento que manejó el padre Gabriel Quiroga de San Antonio en el año 1604, para solicitar al rey Felipe III que reiniciara la conquista de Camboya y otros reinos (Laos, Anam, Siam). Aparte de la posibilidad de anexionar otros reinos al imperio español y propagar la fe cristina, se propuso la transmigración americana al continente asiático.

Claramente es una posición opuesta a las del gobernador Dasmariñas padre, pero refleja la misma preocupación respecto a la carga social que constituían los criollos. De su puño y letra señala:

(...) la oportunidad de dar ocupación y buen uso a toda la gente perdida, inútil y dada a la vagancia que existe en México, Perú y Filipinas, que existen en abundancia y que no necesitan ser traídos de España. El daño que estos soldados causan por doquier donde se presentan y sus malas acciones que podrían cometer es más de una razón para enviarles en esta misión. Además es evidente que la novedad de la jornada y la esperanza de obtener resultados es lo que los mantendrá pacificados.

Otro documento, el memorial escrito por Pedro Sevil de Guarga, impreso en Valladolid en 1603 y resumido por W.E.  Retana en 1909, es ilustrativo del pensamiento de aquella época. Este capitán había participado en las incursiones en Camboya e insistía en que por razones religiosas y de honor, España debería continuar su campaña en la península indichina. Su petición fue apoyada por 18 teólogos españoles. En aquel momento, el espíritu de aventura invadió al Conde de Bailén, quien ofreció financiar y encabezar una nueva invasión a Camboya.


Afortunadamente la Corona española desoyó tales propuestas, que la hubieran conducido a una aventura desastrosa. Tanto Felipe II como su hijo mantuvieron una actitud prudente, a pesar de las presiones que existían por parte de los representantes de Filipinas en la corte española, especialmente algunos religiosos que abogaban por tales empresas.

Siglos después W.E. Retana opinaba que el buen tino de Rey de España desestimó las pretensiones de Sevil y de sus teólogos, ¨con lo que probó que era mejor cristiano que éstos¨. En la actualidad podemos identificar esa prudencia con una visión global que desde el vértice del imperio español percibía la dificultad de expandir una costosa maquinaria que estaba en crisis, el imperio enfermo.

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Informe del gobernador Francisco Tello, ibidem, p.229.

viernes, 13 de enero de 2012

Segunda jornada, 1594-1596

Antonio de Morga indica el año de 1594 como fecha del arribo a Manila de ¨un junco grande, en que venían algunos Cambojas y Sianes y pocos Chinas¨.  En ese navío llegaba Belloso, y de inmediato se reunió con Blas Ruys Hernán González (en adelante, Blas Ruiz), con quien se preparó para convencer al nuevo gobernador de las islas, Luis Dasmariñas, para que enviara tropas para defender ahora al Rey de Camboya contra el Siamés. Este joven gobernador era hijo de Gómez Pérez Dasmariñas, quien fue asesinado un año antes, en 1593, cuando iba hacia las islas Molucas.

Belloso y Blas Ruiz lograron primero el apoyo de los influyentes dominicos o, como dice el cronista, ¨los tomaron como valedores¨ ante el nuevo Gobernador. Seguramente en sus relatos mostraba la parte fiera de su carácter, sin explicar lo ocurrido realmente en Camboya y con el Rey de Siam. Tenía ante sí a un público deseoso de aventuras y era sencillo conmover a los frailes y al joven gobernador de la posibilidad de una gran hazaña con bajo costo en los países vecinos.

Luis Dasmariñas, un hombre joven y con poca experiencia decidió enviar a Camboya una armada comandada por el sargento mayor de Manila, Juan Juárez Gallinato, compuesta por tres barcos con 120 españoles y algunos mercenarios japoneses y filipinos a bordo. Es importante señalar que las autoridades de Manila, el Ayuntamiento y el jefe militar, no vieron ninguna justificación para la empresa autorizada por el Gobernador con el apoyo de los religiosos de la Orden de Santo Domingo.

Antonio de Morga, a la sazón Capitán General de las islas, señaló en su momento tres razones en contra de tal decisión, mismas que quedaron por escrito: la mermada población española que permanecía en Manila; el desconocimiento de lo que realmente sucedía en Camboya, y el peligro político de hacer enemigo al Rey de Siam, del que tampoco se conocía el verdadero poder. Con tales conflictos, de Filipinas partió la misión hacia su incierto destino.

Quizá para atemperar los argumentos expuestos por el Capitán General, el gobernador Luis Dasmariñas consideró útil realizar una maniobra de distracción, por lo que envió de regreso a Tailandia a la tripulación que había llegado con Belloso, incluyendo para el efecto algunos regalos para el Rey de Siam, pensando que con esa treta podría ocultar sus verdaderas intenciones. Como es lógico, tal maniobra habría de resultar de lo más desafortunada, ya que el Gobernador actuaba del mismo modo que los mercenarios a quienes respaldaba.

De cualquier modo, la armada española enfrentó días después un temporal que dispersó las naves. Juárez Gallinato encalló en Singapur, una pequeña y hermosa isla anclada en el océano malayo, mientras que Belloso y Ruiz llegaron a la desembocadura del río Mekong, unas 600 millas al norte. Así, un viaje que regularmente tardaba ocho días culminó en semanas de padecimientos en medio de la selva.

Finalmente, Belloso y Ruiz lograron reunir sus tropas y llegar a la capital camboyana (Chordemuco) y encontraron un escenario completamente distinto al que suponían. Los camboyanos, lidereados por un hombre llamado Anacaparan, habían echado fuera a los siameses y habían colocado a su líder en el trono de Camboya. Los españoles decidieron aprovechar la situación y, en espera del capitán Gallinato, trataron de ponerse a las órdenes del nuevo jerarca camboyano, quien vivía a cierta distancia de la capital, en una aldea denominada Sistor. Sin embargo, el nuevo líder desconfió de los soldados procedentes de Filipinas, no aceptó recibirlos, aunque tampoco actuó en su contra.

En aquel momento, había en la capital camboyana seis barcos chinos y, en los días de espera, los españoles comenzaron a tener fricciones con sus tripulantes ¨por razones de honorº. No tardó esta situación en convertirse en otro acto de vandalismo, cuando los españoles mataron a gran número de chinos y les robaron sus mercancías. El Rey camboyano censuró tales actos y los españoles decidieron acudir a su corte en Sistor, a nueve leguas de distancia, para presentar una carta, falsificada, del Gobernador de Filipinas (la original estaba en manos de Juárez Gallinato, en Singapur). Anacaparan no los recibió y por el contrario los mantuvo a distancia, ordenándoles terminantemente reintegrar las mercancías a los chinos.

Temerosos de su situación, Belloso y Ruiz decidieron escapar pero, antes de hacerlo, hacia la media noche entraron a la aldea donde estaba el rey Anacaparan, incendiaron las chozas y asesinaron a muchos camboyanos y a su líder. Sólo entonces dieron la media vuelta para regresar a FIlipinas, perseguidos por los airados camboyanos. Cuando llegaron a la capital camboyana encontraron a Juárez Gallinato, quien recién llegaba de Singapur y trataron de convencerlo de ocupar Camboya. Deseaban persuadirlo de que, una vez muerto el Rey, muchos líderes y señores camboyanos aceptarían la tutela española. Gallinato decidió no proseguir con tal desatino y reprendió a sus subalternos por los enfrentamientos recién ocurridos, aunque...¡les incautó el botín! y se fue rumbo a Vietnam.

Sin embargo, Belloso y Ruiz lograron convencer a su capitán de que ellos viajarían a la capital de Laos, Langxan, donde estaba exiliado el rey legítimo de Camboya, Praucar Langara. Días después llegaron a la ciudad que hoy se conoce como Vientián y encontraron una nueva sorpresa: el Rey había muerto y sólo quedaba su hijo, un adolescente del mismo nombre, aficionado al alcohol y dominado por su abuela y sus tías. Convencidos de que, ante las nuevas circunstancias, era el momento de entronizar al joven los españoles regresaron a Camboya, río abajo, en diez embarcaciones, acompañados de los camboyanos leales al nuevo monarca.

Monumento a Diego Belloso en Camboya s/f

Luego de asesinar a los que se oponían a este nuevo Rey, Belloso y Ruiz obtuvieron el reconocimiento oficial como caballeros (Chao Phraya) de Camboya, comandantes militares y jefes cada uno de una provincia. En la efímera corte del joven Praucar las circunstancias se fueron complicando para los españoles, debido a que un militar musulmán, probablemente venido de Malasia, se amancebó con una tía del Rey y paulatinamente disputó la influencia de Belloso y Ruiz sobre el joven monarca. Al cabo de poco tiempo, dicho líder militar pudo dominar completamente la situación y expulsar a los españoles.

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Antonio de Morga, Sucesos de las islas Filipinas, capítulo V. p.92.

sábado, 7 de enero de 2012

Planes de invasión

A lo largo de casi una década, de 1592 a 1600, un puñado de soldados y frailes españoles entró en el reino de Camboya, se hizo de un gran poder, para al fin perderlo todo. Los capitanes de esta aventura, con nombres dignos de una novela, eran peninsulares: Juan Juárez Gallinato, Diego Belloso y Blas Ruiz Hernán González, quienes vivieron una de las historias más extrañas y fantásticas de la conquista de las Filipinas, a finales del siglo XVI. Mientras los líderes de esa campaña eran españoles, cabe suponer que la tropa anónima era mexicana, compuesta por colonos, marinos y mercaderes llegados de la Nueva España.

La invasión de Camboya podría atribuirse al espíritu caballeresco de los españoles quijotescos, avant la lettre y, entre ellos, algunos nuevos mexicanos que, habiendo pasado por tierras de la Nueva España, terminaron sus vidas en Filipinas por aquellos años. Pero a diferencia del humanismo cervantino, estos quijotes simplemente actuaban en razón de intereses mezquinos. Una revisión de los hechos que condujeron a la invasión de Camboya por tropas españolas arroja interesantes elementos para apreciar que, entonces como ahora, existen reglas inviolables del trato internacional, de la cortesía y del derecho.

La aventura de Camboya puso de relieve el dilema de invadir la región del Mekong para enviar allá a la escoria que pululaba en América y que también llegaba a Asia. Desde un principio, la preocupación de poblar Filipinas con gente blanca y decente fue un prurito de la Corona española.

En la práctica, el problema era que la población criolla que abundaba en México, en permanente demanda de privilegios de clase, si tenía los rasgos físicos que tanto aprecian aún ahora en la televisión y en las revistas de sociales, pero constituía una pesada para el erario y para el mantenimiento del orden en la Nueva España (*).  El excedente de aquella población desempleada se enviaba a las islas a realizar tareas militares y administrativas aunque, en realidad, era una especie de honorable destierro. Hemos tratado el tema de los forzados y reclutas en notas anteriores.

En México se acostumbraba decir a los indeseables: mándalo a Filipinas. Estos mexicanos de mala fama adquirieron el mote de Huachinangos (red snapper) entre los filipinos, quizás por su color, pero más por su carácter arrogante y advenedizo... los ancestros de nuestros políticos de oportunidad, los arribistas de todas las épocas.






En el año 1593 el gobernador de Filipinas, Gómez Pérez Dasmariñas, se quejaba amargamente de que llegaban de México personas de muy mala calidad.

En México ay un abuso, que para limpiar aquella tierra de fascinerosos y malos los destierran a título de soldados, que sirvan a V. Md. (Vuestra Majestad) y no son buenos sino para estragalla (estragarla, echarla perder), pegando los malos vicios y costumbres que de allá sacaron a los de acá: que en una república que ahora nace es de mucho inconveniente a su principio, a lo cual no avían de passar (a Filipinas) sino los hombres más enteros, qualificados y virtuosos, y assi están desacreditadas estas yslas, de que aquí no llega un hombre de bien; suplico a V. Md. lo mande considerar y remediar, con que si fuere posible, la gente de guerra que aquí viene sea de la buena de Castilla, y de allá venga y lo mismo si hoviere lugar sea de los religiosos, que no vengan de México, sino de los reynos de Castilla, y los más escenciales y exemplares.

Podría parecer, simplemente, que los españoles atribuían todos los males a los novohispanos, sin ver sus propios defectos pero, más que cierto chovinismo, la corrupción era rampante en las colonias españolas, tanto en América como en Filipinas. Una carta escrita en Filipinas por el padre agustino Alonso de Vico, dirigida al obispo de Nueva España, muestra la desesperación de algunos pocos que veían la grave descomposición social que prevalecía en la joven colonia:

El estilo de la Nueba España de los hombres pobres para hacerse ricos, es pensar tener un hijo frayle que luego al mismo punto es rico, porque los conventos son ricos y los bienes de la orden que debrían gastarse en servicio de Dios se reparten entre los priores y provinciales, de modo,  que ya están introducido que los priores, demás de la coleta (el estipendio, sueldo) que se da señalada por la provincia al provincial, se le a de untar las manos muy bien (ahora decimos en México dar mordida) y que aquel es mejor prior que unta las manos (...)

Más adelante afirma ante el Obispo:

(...) testigo soy de vista que de un convento nuestro llamado Chilapa (en el actual estado de Guerrero, en México) sacó el provincial dinero y ropa y otras joyas más de quatrocientos ducados y que vinieron unos indios a quexarse del prior, porque más de treinta leguas les havía hecho ir cargados al puerto de Acapulco a costa de los mismos indios, y no les quiso pagar nada, y el provincial que es aora de la Nueba España Fray Juan de Contreras tenía una hermana que no era rica, y aora lo es notablemente, y a este tono son todas las cosas de la Nueba España.

... y continúa lamentándose, porque:

Más aunque esto está perdido, sin comparación está más esta pobre y miserable provincia de las Philipinas, porque los males de ellas andan tan públicos que los religiosos de ella no sólo son escándalos a los fieles a cuya vista estamos (...) porque esta provincia está tan apoderada de criollos, que no se usa sino los mismo que en la Nueba España y con más publicidad y libertad; hay religiosos que tractan y tienen grangerías (hacen negocios); no se habla de letras ni de estudios, porque dizen que en esta provincia no son necesarias las letras.
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Carta transcrita por W.E. Retana en su edición de Sucesos de las Islas Filipinas, México, 1609. Eds. Polifemo, Madrid, 1977, pp. 194-195.

(*) La migración proveniente de otros territorios americanos, como el Virreinato del Perú, era muy limitada en Filipinas.

lunes, 2 de enero de 2012

Lo que acontecía en Siam, 1593

Continua el relato sobre la invasión a Camboya.

Las embajadas que llegaban a Manila eran, sin duda, un testimonio de la importancia que los diversos reinos de la región reconocía en la presencia española en Asia. En efecto, a pocos años de controlar Filipinas, los ibéricos habían logrado concitar el respeto, o quizás el temor, de sus vecinos, quienes prefería mantener un ambiente pacífico, pero distante, de los recién llegados a la región.

El puñado de hombres de espada y de fortuna comandado por Belloso habría regresado al reino de Camboya, pero las circunstancias  en aquel reino habían cambiado radicalmente: el Rey de Siam (tailandés) había realizado una rápida campaña sobre Camboya y Laos y había regresado a su ciudad capital, Ayuthaya.

Corría el año de 1593.

(...) En la ciudad de Chordemuco (capital de Camboya en ese entonces) con Prauncar Langara, el Rey de aquellos lugares, cuando vino sobre él, el Rey de Siam, con mucha gente de guerra y elefantes, tomó la tierra, y la casa y tesoros del rey, que con su muger y hermana y una hija, y dos hijos que tenía, se entró huyendo la tierra adentro, hasta el reyno de los Laos.

En la versión de los participantes españoles, el Rey de Siam regresó a Ayuthaya dejando algunos capitanes siameses (tailandeses) de guardia en Camboya ¨y lo que no pudo llevar por tierra lo envió a Siam por mar, en algunos juncos. Apresó a tres castellanos que allí encontró y los embarcó con otros esclavos camboyanos en el junco, con mucha ropa y guardia siamesa, y chinos marineros¨

Hallándose en la mar, los tres españoles se sublevaron con la ayuda de los chinos y mataron y rindieron a la guardia de Siam. No obstante, los aliados circunstanciales, chinos y españoles, tomaron el barco por botín y discutieron dónde debía dirigirse la nave. Si aceptamos esta versión, pensaríamos que, como no hubo acuerdo, los tres españoles vencieron a varias decenas de chinos y mataron a la mayoría, llevando la nave a Manila, para luego liberar a los camboyanos que habían sobrevivido.


Ayuthaya, capital del Reino de Siam

El Rey de Siam, llegando a su corte en la ciudad de Ayuthaya, al norte del actual Bangkok, esperaba el navío y, al ver la tardanza, temió que se hubiera perdido o, como en efecto sucedió, que la tripulación se hubiese insurbordinado. Por ello mando en busca de la nave a uno de los españoles que tenía cautivo, ni más ni menos que a Diego Belloso, al que el Rey de Camboya enviara a Manila como mensajero. Se convirtió así, de pronto, en embajador del bando contrario. Para convencer al Rey de Siam, Belloso prometió que regresaría con múltiples riquezas y, sobre todo, con la ayuda de los españoles de Filipinas.

Su plan dio resultado y obtuvo un navío con rumbo a Manila, comandado por un soldado siamés. No obstante, la nave encalló en Malaca (en Malasia, cerca del actual Singapur). Con ese incidente, el comandante tailandés decidió deshacerse de la carga, venderla en aquel puerto y regresar a Siam, pero amaneció misteriosamente muerto ... y Belloso pudo seguir su camino a Filipinas con todo y regalos.