sábado, 21 de enero de 2012

Tercera Jornada, 1598

El gobernador Francisco Tello encabezó el gobierno de Filipinas de 1596 a 1599 y en ese cargo dió punto final a la aventura en Camboya. Entre tanto y liberado de sus responsabilidades oficiales, el anterior Gobernador, el joven Luis Dasmariñas retomó las riendas del asunto y cubrió con su propio patrimonio los costos de una nueva expedición, sin resultados positivos. El fracaso del tercer intento se debió aparentemente a que la pequeña armada salió a destiempo del puerto de Cavite, en el mes de septiembre de 1598, en plena temporada de monzones y, al enfrentar vientos contrarios tuvo que buscar refugio en la costa de China, en un puesto militar español denominado El Pinal, a seis leguas marítimas de Cantón. El almirante del barco insignia, Pedro de Béistegui, perdió el rumbo cerca del actual Vietnam y, en el naufragio de esa nave perecieron ahogados alrededor de cuarenta y cinco soldados.

Entre los soldados de esta tercera jornada, Tello señala en un informe oficial, había un grupo que recientemente había llegado desde la Nueva España, quienes debido ¨a ser muy flojos y la tierra muy pobre para mantenerlos me pareció que serían útiles para esta expedición, especialmente porque en esta ocupación (como soldados) serán pagados sin ningún costo para Su Majestad.

Desde su refugio, Luis Dasmariñas continuó solicitando refuerzos y pertrechos, pero el gobernador Tello, con el respaldo de la Audiencia de Manila, decidió no acceder a sus peticiones para no dejar desprotegida la ciudad. En cambio, le pidió que regresara a Filipinas, de modo cortés, puesto que ya la empresa era un asunto privado pagado por el propio Dasmariñas. Las razones del Gobernador, explicadas en la misiva al Rey, eran precisamente la estrechez en que vivía Manila y la necesidad de soldados para defenderla de un eventual ataque, como efectivamente sucedió en los años subsecuentes. En Madrid se consideró correcta la decisión del Gobernador y, de hecho, se dio por concluida oficialmente la invasión a Camboya.

Consecuencias

Años y siglos después, la aventura de Camboya adquirió tintes épicos, útiles para las narraciones populares en España y en México. Casi de inmediato, el impacto de aquellas jornadas incendiaron el ánimo popular en España y en América. Un hecho demostrativo  del impacto de la empresa camboyana es que autores contemporáneos a los hechos se inspiraron para escribir literatura de ficción, probablemente perdida para siempre, como la de Andrés Claramonte y Corroy, El nuevo Rey Gallinato y ventura por desgracia, así como la de José Martino Ferreira, Relacao que contem os venturosos e prodigiosos successos de Joao Baptista Gallinato, e como veyo a ser Rey das provincias e reynos de Camboya que esta junto com o grande e potentissimo reyno de China.

Subyace en los informes y en la literatura una queja constante contra los novohispanos, expresada de maneras muy diferentes, incluyendo la sátira que se hacía de ellos en Filipinas, calificándolos como pícaros y buscones. Este es el argumento que manejó el padre Gabriel Quiroga de San Antonio en el año 1604, para solicitar al rey Felipe III que reiniciara la conquista de Camboya y otros reinos (Laos, Anam, Siam). Aparte de la posibilidad de anexionar otros reinos al imperio español y propagar la fe cristina, se propuso la transmigración americana al continente asiático.

Claramente es una posición opuesta a las del gobernador Dasmariñas padre, pero refleja la misma preocupación respecto a la carga social que constituían los criollos. De su puño y letra señala:

(...) la oportunidad de dar ocupación y buen uso a toda la gente perdida, inútil y dada a la vagancia que existe en México, Perú y Filipinas, que existen en abundancia y que no necesitan ser traídos de España. El daño que estos soldados causan por doquier donde se presentan y sus malas acciones que podrían cometer es más de una razón para enviarles en esta misión. Además es evidente que la novedad de la jornada y la esperanza de obtener resultados es lo que los mantendrá pacificados.

Otro documento, el memorial escrito por Pedro Sevil de Guarga, impreso en Valladolid en 1603 y resumido por W.E.  Retana en 1909, es ilustrativo del pensamiento de aquella época. Este capitán había participado en las incursiones en Camboya e insistía en que por razones religiosas y de honor, España debería continuar su campaña en la península indichina. Su petición fue apoyada por 18 teólogos españoles. En aquel momento, el espíritu de aventura invadió al Conde de Bailén, quien ofreció financiar y encabezar una nueva invasión a Camboya.


Afortunadamente la Corona española desoyó tales propuestas, que la hubieran conducido a una aventura desastrosa. Tanto Felipe II como su hijo mantuvieron una actitud prudente, a pesar de las presiones que existían por parte de los representantes de Filipinas en la corte española, especialmente algunos religiosos que abogaban por tales empresas.

Siglos después W.E. Retana opinaba que el buen tino de Rey de España desestimó las pretensiones de Sevil y de sus teólogos, ¨con lo que probó que era mejor cristiano que éstos¨. En la actualidad podemos identificar esa prudencia con una visión global que desde el vértice del imperio español percibía la dificultad de expandir una costosa maquinaria que estaba en crisis, el imperio enfermo.

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Informe del gobernador Francisco Tello, ibidem, p.229.
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