martes, 22 de septiembre de 2009

Ternate

1511-1521. La respuesta de los poderes locales ante la presencia de los europeos fue pragmática: El comercio entre las islas de la especiería y Malaca podría continuar, ahora en manos de portugueses. El intercambio se basaba en la venta de especias y la compra de utensilios de uso común o de lujo, como ropa y herramientas de metal, o seda y oro.

¿Qué diferencia podría haber si los extranjeros de piel clara y un dios martirizado aceptaban seguir con las reglas de comercio?

De esta manera se mantuvo el comercio entre Malaca y el Maluco, primero usando los juncos chinos disponibles y, casi dos años después, en julio de 1513, con el primer envío de un barco portugués comandado por el capitán Antonio de Miranda y Azevedo. El recién llegado no sólo aceptó el intercambio, sino que propuso el establecimiento de una factoría en Ternate y el asentamiento de comerciantes en la isla.

Sin embargo, Azevedo llevaba consigo una misión adicional: encontrar a Francisco Serrao, quien podría ser procesado como desertor. En Malaca se hablaba por aquel entonces de que había una especie de dios blanco adorado por los "salvajes" de la isla. La sorpresa fue saber que el personaje era el propio Serrao, en calidad de encumbrado ministro del Sultán Bolief (o Boleyse, Abu Lais o Abdul Hassan según diversas fuentes) casado con una o dos mujeres locales y gozando de un poder enorme gracias a sus habilidades de soldado. Dan ganas de pensar en Heart of Darkness, la novela de Joseph Conrad o en la versión cinematográfica moderna, ambientada durante la guerra de Vietnam, en la pelicula de Francis Ford Coppola Apocalypse Now, con Marlon Brando.

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Serrao tenían en su haber antecedentes de indisciplina ante sus superiores, pues en abril 1510, durante el sitio de Goa, había sido comisionado por Albuquerque para obtener provisiones desde Cochin. Serrao decidió que su barco requería reparaciones y demoró en llegar en auxilio de su comandante. En castigo fue arrestado por insubordinación. Sin embargo continuó en su carrera.

Pocos años más tarde, nuevas circunstancias le favorecieron pues había adquirido amplia ascendencia sobre el sultán de la isla de Ternate, algo que lo protegió del castigo de sus superiores. De esta manera Serrano sobrevivió algunos años, como un renegado pero intocable personaje de su país y como el hombre que podía controlar el preciado comercio de las especias en la fuente misma. El final de este soldado quedó en manos de sus anfitriones, pues fue envenenado en 1521. Para los portugueses, la muerte del desertor resultó en su propio afianzamiento en la isla.
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