Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

lunes, 10 de junio de 2013

Migración oriental en Perú


El historiador Fernando Iwasaki Cauti lamentaba, a principios de los noventa del siglo pasado,  que los estudios historiográficos peruanos habían fragmentado la investigación sobre las diversas comunidades que llegaron al Perú en el siglo XVI. Existen estudios sobre la presencia de europeos y sobre los esclavos traídos de Africa, pero poco se sabe de otros colectivos étnicos. Pocas noticias, dispersas, hablan de la presencia de personas asiáticas en Perú a principios del siglo XVII.


En aquel entonces, el virreinato de El Perú se mantenía por orden imperial fuera de las rutas del Pacífico. Sin embargo, "la fluida circulación de mercaderes, burócratas, clérigos y pasajeros diversos" que menciona el autor tanto por vía del Pacífico (tocando tierra en la Nueva España) como por el Atlántico, muestran evidencias de la presencia asiática en aquel Virreinato americano desde el siglo XVI.

La mayoría de los asiáticos permaneció en México,  como se ha referido, pero algunos fueron remitidos al Perú, entre la servidumbre de magnates o de alguna otra forma de trabajo forzado o esclavo. El padrón de Lima de 1613, citado por Iwasaki, señala la presencia en la ciudad de 114 personas de tal origen: 38 era chinos o filipinos, 20 japoneses, y los restantes de la ¨India de Portugal¨, categoría que comprende a varios malayos y un camboyano. Agrega el autor que:
"Tan sólo 8 de los 114 asiáticos reconoció haber ingresado al Perú a través de México, a la vez que 17 de ellos admitieron expresamente ser esclavos. La mayoría de los empadronados trabajaba en un taller artesanal, mientras que las mujeres parecían confinadas a los servicios domésticos. Apenas 5 orientales dependía de mercaderes, 2 eran esclavos de sacerdotes y 4 eran propiedad de un mismo dueño. Poco es lo que aportan los datos en realidad, y quizás sea más útil conocer el número de años que algunos llevaban en Lima al momento de realizarse la encuesta: 6 personas habían llegado al Perú entre 1580 y 1590; 3 entre 1590 y 1600 y 8 entre 1600 y 1610". 


Ya hemos hablado de la presencia de chinos en la capital del Virreinato del Perú.  El dato aportado líneas arriba abre el apetito respecto a la actividad e influencia de extranjeros asiáticos en Lima. Un pequeño dato oculto en el Diario de Lima, escrito por el clérigo Juan Antonio Suardo (quien arranca su crónica el 15 de mayo de 1629) señala un tema asiático de la vida cotidiana de aquella época.  Se refiere a las fiestas de canonización de los mártires cristianos de Japón, celebradas en julio de 1629 y reiteradas en 1633. Estos mártires incluyeron a seis religiosos franciscanos y tres jesuitas, a más de una veintena de ¨japoneses familiares que les ayudaron¨. El cronista indica que "los padres de San Francisco hicieron grandiosas y costosas fiestas para celebrar la canonización de algunos santos de la religión, que padecieron en el Japón, por nuestra fe católica, que dicen se gastó como 10,000 pesos".

Las celebraciones consistieron en oficios, procesiones, salvas, cánticos e invenciones de fuegos, engalanamiento de las dos iglesias mayores de San Francisco y San Pedro y de las casas (de las congregaciones) del trayecto, y sermones en las iglesias principales de Lima, durante una semana (del 6 al 14 de julio de 1629), según registra el cronista Suardo.

Seguiré buscando.
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Fernando Iwasaki Cauti, Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI, Mapfre,  Madrid, 1992. p 235.


domingo, 26 de mayo de 2013

Se llamaba Guadalupe


La construcción de barcos en Siam, destinados a recorrer el vasto Océano Pacífico fue un proyecto de breve aliento borrado de la memoria contemporánea, pero que en su momento fue un ambiciosa iniciativa. En la entrada anterior, daba cuenta de la construcción del Galeón Guadalupe, mejor conocido como La Mexicana, por el nombre de la virgen patrona de ese país. El nombre no debería sorprender, toda vez que cada navío contaba siempre con nombres de santos para contar con protección divina. Seguramente el negociador de la empresa, José o Joseph Pasarín, quien se desempeñó en la administración española en Filipinas como Alcalde Mayor de Bulacán, habrá escogido el nombre de la virgen mexicana (1).

En palabras del historiador Florentino Rodao "tras el primer viaje a Manila, Pasarín informó que el Galeón había salido más caro de lo previsto por la Compañía, por lo que se había quedado empeñado con el Rey (de Siam) en 12,850 pesos de los 44,510 que había costado. La razón aparente fue haber tenido que invernar en Siam, pero también pudo ser la falta de mano de obra. Sin rentabilidad se suspendió el proyecto de la compañía y no se volvió a saber nada más" (2). 

Parece que en 1756 hubo nuevas propuestas de amistad al gobierno de las Islas FIlipinas, tanto por parte camboyana como siamesa, pero el Gobernador Pedro Manuel de Arandía (1754-1759) declinó la idea y ordenó únicamente se 'sobrellevase la correspondencia, sin empeñarse en el caso y obligarse para los eventos que podían ocurrir de refugio de nuestros comerciantes en sus costas y no otro fin'.

En el contexto regional, explica Rodao, a partir de aquel momento volvieron a dominar los conflictos internos tanto en Filipinas como en los reinos de la península. Mientras que Manila fue ocupada por tropas inglesas entre los años 1762 y 1764, Siam sufrió un recrudecimiento del conflicto con Birmania, que culminó con el ataque y conquista de Ayuthya por los birmanos en 1767. La toma de la capital siamesa supuso para Siam el punto final de la dinastía Ayutthaya y el desmembramiento temporal de la maquinaria estatal, con una época de hambre y depravación como resultado del 'estado de lucha constante y de desorden'. 

Cabe recordar que aquel momento fue el origen de cambios que condujeron a la instauración del actual reino de Tailandia, Chakri, fundado en 1782.

A fines del siglo XVIII, concluye Rodao, Siam ya se había impuesto como el estado más poderoso en el Asia Sudoriental, con un extenso territorio bajo su control y compitiendo con Vietnam por el dominio de Camboya. Las buenas relaciones con el Imperio Chino ayudaron a mejorar los recursos para el país y a que Siam ofreciera un trato especial a estos súbditos de los que tan necesitado estaba este país, escaso de población, para mejorar el comercio. Esta mayor dependencia de China y la destrucción de la antigua capital supuso asimismo el resquebrajamiento de los ya débiles lazos con las naciones europeas: tanto los históricos como los que representaban alguna forma de influencia cultural en Siam.

La aventura de Pasarín

La construcción de aquel barco La Mexicana debió ser un asunto popular, y sin duda de notable importancia pública, pues lo cuenta en su crónicas Juan de la Concepción, lo recoge en su libro clásico William Lyte Schurtz y quedó en un expediente oficial que rescata la historiadora mexicana María Fernanda de los Arcos. Sigamos este pasaje histórico en las palabras de José Pasarín, recogidas por Schurtz (3): 

José Pasarín ha dejado un curioso relato de su ceremoniosa acogida en la Corte. El Rey envió a sus nobles al puerto a preguntar qué deseaba, fue llevado al Palacio en procesión por el rio (Menam) en dos largas barcas de 78 remeros. En Palacio le llevaron a un gran patio, donde "con admiración y respeto" vio dos filas de elefantes al servicio del Rey, con sus caparazones y jaeces de oro y pedrerías. Le impresionó su "grande y rotunda corpulencia", "la silenciosa gravedad con que movían sus cuerpos enormes". 


Pasó el emisario entre una filas de soldados, fue introducido en un salón majestuoso adornado con espejos y tapices persas, ante los más distinguidos mandarines del imperio, en cuclillas y descalzos sobre las alfombras. El español estuvo admirado por su aspecto de "gravedad misteriosa y sabiduría" pero rehusó lo que consideró ridículo: entrar allí descalzo, sin espada, bastón ni sombrero y sentarse en el suelo. Como representante del "más augusto Monarca del Universo y súbdito de la más gloriosa nación de la Tierra" amenazó con regresar a Manila sin someterse a aquellos "insultos a su dignidad, que indirectamente lo eran a su Rey... Pero el Emperador se me excusó por la inoportunidad de tantas ceremonias y me permitió llevar sombrero, espada, bastón y calzado e hizo traer dos almohadones para que me sentara".

Resueltas las cuestiones del protocolo el orgulloso Pasarín, con solemnidad, saludó a los presentes en estilo europeo, se acomodó en los almohadones, dominando en altura a los demás e imitó como mejor pudo la "recogida y extática actitud" de los mandarines y su ensimismamiento del que le despertó el sonido de un gong cuando entró el jefe del Gobierno a sentarse en magnífico tronco. Los presentes se postraron "con bárbara cortesía", incluídas muchachas desnudas de la cintura para arriba, mientras otras movían bellos abanicos ante su rostro. Los mandarines no osaban mirar directamente ni al primer ministro ni a su séquito. Los nobles mostraron su disgusto por la falta de embarazo de este y por su tranquilidad ante el raro espectáculo. 

Cuando Pasarín saludó al Ministro en su más cortés estilo español, éste con una sonrisa, le invitó a acercarse con los almohadones, le preguntó acerca de los monarcas españoles, su salud, edades, descendencia y poco después se retiró con gran aparato. Unos días después Pasarín fue preguntado por escrito a qué edad se habían casado los Reyes de España, una pregunta que Pasarín sabía que se preguntaba en Siam. Tras estos espectaculares preliminares vino después la tediosa negociación para restablecer las relaciones comerciales.  Hasta aquí la picaresca aventura de Pasarín.

El (mal) negocio del galeón


María Fernanda García de los Arcos elabora un análisis histórico con base en el expediente que existe en el AGN de México. Señala la historiadora que "hacer que se construyeran  galeones fuera de las posesiones españolas no era una práctica habitual pero tampoco inusitada. Después de la conquista de Filipinas se había encontrado en estas islas la posibilidad de solucionar muchas de las dificultades que suponía la obtención de las naves, fuertes y de gran capacidad de carga, que se requerían para la navegación por el Pacífico. El archipiélago ofrecía buenas maderas y fibras para la jarciería así como una mano de obra experimentada en la construcción naval".

Sin embargo, en el curso de los años afloraron las dificultades para continuar con la producción de barcos en Filipinas:
  • El limitado financiamiento desde América, aunado al aumento de costos de producción local en el siglo XVIII (al mismo tiempo que los galeones aumentaban de tamaño), que llegaron a ser de casi cien mil pesos.
  • El trabajo forzado en los astilleros era fuente de inestabilidad social y era observado como un peligro para la colonia filipina.
  • "La falta de hierro y plomo, derivada del escaso desarrollo que la minería tenía por entonces. Ambos metales se hacían venir de China, Nueva España u otros lugares. También se recuperaban y se utilizaban una y otra vez en la medida de lo posible".
García de los Arcos resume que la fórmula para evitar cargar los gastos a la cuenta real fue la creación de la compañía por acciones. 30,000 pesos divididos en cien acciones de 300 pesos cada una. "Debería ser un buque grande, armado con sesenta cañones y con fuerte poder defensivo. Su capacidad de carga sería de unas dos mil quinientas a tres mil piezas.  Al tratarse de un barco de tipo europeo, para organizar y vigilar su construcción irían desde Filipinas a Siam un comisario, dos constructores, un maestro de herrería, dos calafateadores, dos barrenadores y un contramestre. Se proyectaba que, ya convertido en Galeón de Manila, zarpara para Acapulco en 1754. Para comandarlo se trasladó a Siam el capitán don José Pasarín, según se ha dicho tal vez mexicano".

No tengo claridad acerca de destino final del galeón, pero aparentemente la tormenta financiera, más que los temporales de la naturaleza, impidió que navegara hacia México. 

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(1) María Fernanda G. de los Arcos comenta acerca de José Pasarín: "según se ha dicho tal vez mexicano" Guadalupe mexicana a la deriva por el Mar de China. en Des Indes occidentales à l´Amerique latine, Coord. por Alain Mussete y Thomas Calvo. Centre d´études mexicaines et centraméricaines (Mexico). Fontenay/Saint Cloud, ENS 1997. p. 589

(2) Florentino Rodao García. Españoles en Siam (1540-1939). Una aportación al estudio de la presencia hispana en Asia.  Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, Biblioteca de Historia. Madrid, 1997, pp. 74- 84

(3) W. L. Schurz, The Manila Galleon, Nueva York, Dutton & Co., 1939, p. 197-198. Juan de la Concepción. Historia General de Filipinas. Conquistas espirituales y temporales.

sábado, 25 de mayo de 2013

Un galeón en Siam

Para Rosaluz

Esta historia llegó a mí hace años, cuando vivía en Tailandia. En un viaje reciente a ese país volví a hablar de este pasaje histórico y aunque corresponde a una época, el siglo XVIII y el régimen Borbón ilustrado, que por lo regular no son parte de este blog creo que vale la pena darlo a conocer. A final de cuentas lo que quiero destacar es un vínculo de varios siglos entre México y el Sudeste de Asia.

De 1750 a 1754, bajo el gobierno en Filipinas de Francisco José de Ovando, Marqués de Brindisi, se realizaron esfuerzos por establecer relaciones diplomáticas y comerciales con los países vecinos del sudeste de Asia. El contexto geopolítico de la región en esa época se distinguía sobre todo por la presencia de los holandeses que dominaban el comercio desde Batavia, cerca de lo que es hoy Jakarta, en Indonesia. La Compañía Holandesa de Indias Orientales dominaba tanto el comercio de especias como el tránsito marítimo, en feroz confrontación con cualquier presencia europea en la zona. El poder español enfrentaba crecientes dificultades para mantener un comercio fluído y estable entre Filipinas y los estados de la peninsula que después sería llamada Indochina por los franceses.

Esa región vivía también una etapa de inestabilidad marcada por guerras ente los reinos de Siam, Camboya, Birmania, Champa y Vietnam. A lo largo de aquel siglo muchas de las iniciativas españolas desarrolladas para "salir de Manila" como se acostumbraba decir toparon con el desconocimiento de la realidad local de los pueblos vecinos e incluso con desastres naturales que terminaron por diluir el deseo de un comercio directo de seda, marfiles y piedras preciosas con la región.  El tema de la construcción de un galeón en el reino de Siam, aún cuando fue un fracaso, alienta la imaginación y permite reconstruir una etapa llena de aventura y atrevimiento.

Casi dos siglos antes, en 1609, don Antonio de Morga mencionaba que de aquella región  "vienen raras veces algunos navíos a Manila, que traen menjuy, pimienta, marfil y mantas de algodón, rubíes y zafíros mal labrados y engarzados, algunos esclavos, cuernos de badas (rinocerontes), pellejos, uñas y muelas deste animal y otras bujerías; y en retorno, llevan las que hay en Manila; su venida y vuelta es entre Brisas y Vendavales, por los meses de Abril, Mayo y Junio." (1). De tal forma que el interés por comerciar con la región seguía siendo atractivo para los comerciantes de Manila.

Por otra parte, la construcción de barcos había sido desde un inicio un eslabón debil de la cadena de comercio en el Pacífico, tomando en cuenta las vicisitudes del largo recorrido por el océano más grande del mundo, lo que acortaba la vida hasta de las mejores naves. Por ello se buscó la posibilidad de construir barcos en otros lugares, considerando costos más bajo de producción y menos problemas con la mano de obra. Entre los primeros intentos por entablar relaciones comerciales entre Manila y la región destacan: la construcción del barco Nuestra Señora del Rosario en astilleros camboyanos en 1654, que encalló en Filipinas con la pérdida de la tripulación y la carga. Posteriormente, en 1718 se forjó un acuerdo entre una embajada que envió el gobernador Fernando de Bustillo Bustamante a Siam, sin que se lograran en lo inmediato avances sustanciales.



Ayuthaya, capital de Reino de Siam



Acercamiento español con el reino de  Siam

El historiador Florentino Rodao realizó una investigación doctoral sobre las relaciones de España con Siam y Tailandia y relata los intentos realizados desde el inicio del siglo XVIII de establecer comercio entre Filipinas y Siam, aunque con pocos avances prácticos, como lo hemos mencionado arriba. 

En el año 1751 llegó a Manila un barco procedente de Siam, el San Vicente Ferrer, al cual se le concedió exención de los derechos de aduana por decisión del Gobernador, a pesar de una queja del Real Consejo referente a la obligación de cobrársele el almojarifazgo. Entre los pasajeros viajaba el jesuita Juan Jesús Regi y Aroche como embajador del rey siamés Borommakot (1733-1758), dispuesto a promover en Manila la formación de una compañía para un ambicioso proyecto de construcción de barcos. Acercó pues la miel a los osos.

La iniciativa era recaudar la friolera de 30,000 pesos, con el propósito de construir un astillero en Siam que, después, compraría el monarca asiático y cuyos beneficios, una vez pagado el importe del barco, se repartirían entre los ciudadanos de Manila que hubieran contribuido. El dinero fue reunido para constituir la Compañía de Nuestra Señora de Buen Fin y el jesuita pudo volver a Siam en 1752 junto con un enviado del gobernador de nombre José (o Joseph) Pasarín, con el propósito de entrevistarse con el monarca siamés.

Ya en Siam, lo españoles recibieron un terreno que sería llamado 'Campo Real de Nuestra Señora del Buen Fin' (...) donde se levantaron los astilleros en los que se construyó un buque llamado Guadalupe o Guadalupe Mexicana, que fue botado el 21 de julio de 1753".

Rodao indica la existencia de un expediente sobre esta empresa en el Archivo General de la Nación, en México, Secc. Filipinas, Leg. 3, exp. 17, folios 297-313. En la siguiente entrada hablaremos de algunas vicisitudes de la empresa y del fin que tuvo el Galeón.

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(1) Antonio de Morga. Sucesos de las Islas Filipinas., p. 315

(2) Florentino Rodao García. Españoles en Siam (1540-1939). Una aportación al estudio de la presencia hispana en Asia.  Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, Biblioteca de Historia. Madrid, 1997, pp. 74- 84.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Enconchados ¿Influencia asiática?


El mes pasado, en una mañana de calor hirviente, entré a una pequeña iglesia franciscana en Savannakhet, Laos, una población fronteriza con Tailandia al margen del rio Mekong. La iglesia es uno de los puntos de interés enmarcada por una plaza con portales y casas de dos pisos con ventanas de madera. A la entrada de la iglesia llamó mi atención una imagen de la virgen en laca con incrustados de concha nácar. Desconozco la edad de la obra, pero puedo suponer que es de una factura contemporánea, como los alhajeros que se comercian en esta región. Lo que me hizo recordar esta bella imagen es la controversia que existe sobre la influencia de las lacas orientales en la artesanía mexicana y en general en América Latina. 







Siglos de intercambio cultural a través del Pacífico pueden conducirnos a la confusión de quién dio origen a ciertas técnicas y motivos o cómo fueron adoptados en otras latitudes. El caso de los "enconchados"es uno de esos misteriosos elementos de la artesanía como expresión popular que tiene raíces profundas difíciles de determinar. 

En el mundo novohispano las pinturas con incrustaciones de concha nácar fueron muy apreciadas como manufactura de origen prehispánico y propias de América aunque con motivos cristianos europeos. La similitud con el arte de la laca en China y Japón hizo pensar en una influencia asiática directa en Nueva España. Después de casi un siglo de debate entre especialistas, la respuesta no es definitiva. La técnica requiere, por el peso de la concha, una tabla preparada para adherir las piezas previamente cortadas como una especie de vitral. Los especialistas han trabajado mucho en descubrir las diferencias en los tintes, las lacas y los pegamentos en Asia y en América.

La investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, Sonia I. Ocaña Ruiz, estima que en la actualidad se conocen cerca de 250 pinturas de este tipo, muchas de ellas en manos privadas y en colecciones fuera de México, principalmente España. En un interesante ensayo explica el inicio y desarrollo de la controversia sobre el origen de estas obras, las técnicas y los variados usos en marcos o en biombos.

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Sonia I. Ocaña Ruiz, Marcos "enconchados": autonomía y apropiación de formas japonesas en la pintura novohispana. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, Num 92, 2008, UNAM, México.

miércoles, 10 de abril de 2013

Intercambio biológico


Para Itziri.

Del ámbito de la botánica llegan aportaciones importantes para la comprensión de los contactos entre Asia y América a partir del siglo XVI como resultado del intercambio humano y comercial propiciado por la Nao de China. La bióloga Reyna Maria Pacheco Olvera publicó en 2010 un artículo que resume parte de su tesis de maestría (1), en la que señala las diversas formas en que el intercambio de plantas en el Pacífico se dio en ambos sentidos, en un amplio rango de usos, tanto para la alimentación, como para textiles y medicinas.  Conforme a su interesante y extenso estudio, alrededor de 230 especies de plantas útiles fueron intercambiadas con diversos fines. La investigadora mantiene una página de internet junto con otros analistas del tema.

A diferencia de los análisis convencionales, la bióloga Pacheco señala de qué manera el Galeón de Manila no se limitó al comercio de seda y plata, sino que desde un principio se incorporó el intercambio de plantas y sus productos a la vida cotidiana de los pueblos tanto en América como en Europa y Asia. La Nao de China modificó las necesidades básicas desde el siglo XVI, en la alimentación, la forma de combatir las enfermedades, las fibras para el vestido y el material de construcción de las viviendas.

En una primera instancia, como ya ha sido ampliamente documentado por Alfred W. Crosby (2), la colonización de América significó un vuelco en la vida de muchos pueblos a ambos lados del Atlántico. El proceso de adaptación de los europeos al terreno americano generó, por medio de la experimentación, un uso renovado de los cultivos indígenas que en esencia es una adaptación cultural de dimensiones formidables, en el que se mezcla la papa, el cacao, el chile en los gustos europeos. Esa experiencia se fue afinando en los campos del nuevo continente, pero también en las embarcaciones que iniciaron su trayecto hacia el poniente a través del Océano Pacífico. La forma en que describe este proceso permite pensar de qué manera los viajeros de aquellos siglos cumplían al mismo tiempo la tarea de guerreros, administradores, misioneros y agricultores:

‟Se utilizaron métodos especiales para proteger las especies durante el trayecto y procurar que llegaran en buen estado para favorecer el cultivo exitoso: las especies carnosas con semillas se conservaban entre azúcar molida; las cebollas se propagaban por el bulbo, no por semillas; las raíces tuberosas, como la papa y el jengibre (Zingiber officinale L.), se conservaban en arena seca; los bejucos (Calamos spp.), que se plantaban por estacas, se transportaban envueltas en musgo y al llegar se remojaban antes de plantarse.
‟(...) el mercado de especies y productos trajo consigo un intercambio cultural que se reflejó en el conocimiento popular y la percepción de las plantas útiles e introducidas adoptadas durante los 250 años que persistió el comercio de la Nao de China, período en el que viajaron especímenes vivos, hojas y estructuras de plantas como raíces, frutos, flores y semillas de diversos usos.
‟Cada una de las especies útiles adoptadas pasó por un proceso de aceptación distinto en cada cultura. Ciertos vegetales fueron aceptados de inmediato, por ejemplo en México la caña de azúcar (Saccharum officinarium, L.), el café (Coffea arabica L.) y el plátano (Musa ssp.) fueron introducidos exitosamente y se destinaron espacios para su cultivo con la intención de exportar la producción. Las especies tintóreas, también llamadas colorantes, como el palo de campeche (Haematoxylum campechianum L.) y el añil (Indigofera spp.), asi como el insecto de origen mesoamericano denominado grana cochinilla (Dactylopius coccus) tuvieron gran aceptación y se explotaron comercialmente con éxito.
La industria farmacéutica también se vio favorecida con el comercio, ya que adquirió una importancia notable con la venta de medicamentos, principalmente con la finalidad de abastecer los almacenes y boticas de la Nueva España, España y Cavite (Filipinas). Se comerciaron plantas secas con virtudes medicinales, como la manzanilla (Chamomilla spp.) y otras preparadas en forma de aguas, aceites y ungüentos; también se enviaban semillas, raíces y frutas, como la pimienta malagueta (Pimienta dioica L.), la raíz de jalapa (Convolvulus jalapa L.), la quina de Perú (Cinchona officinales L.), el azafrán (Crocus sativus L.) y los dátiles (Phoenix dactylifera L.), e incluso se transportaron plantas vivas, como la violeta (Violeta officinale L.).
‟Los soldados y navegantes disfrutaron de un peculiar mestizaje culinario al enriquecer su alimentación durante los viajes con productos de diferente lugares del mundo. Consumían garbanzos (Cicer aurientium L.), frijoles, cebolla, arroz (Oryza sativa L.) y azúcar; posteriormente adoptaron el chocolate, producto derivado del cacao (Theobroma cacao L.) para beberlo durante el viaje.
En el Mole,  platillo mexicano por excelencia se combinan productos de Asia (arroz, ajo, cebolla, pimienta) América (chile, cacao, jitomate), por lo menos.


Propósitos comerciales.

La carrera por las especias tuvo desde un principio un carácter comercial, sin embargo las consecuencias culturales fueron mucho más profundas de lo que cualquiera hubiera podido imaginar en aquella época.
‟ En Europa las especias de Asia ganaron popularidad en los círculos sociales acomodados, por lo que se pretendían que uno de sus principales productores, las Filipinas, se convirtieran en las nuevas Islas de la especiería, pero la agricultura no se reveló prometedora en dicho sitio y no se explotaron las riquezas naturales con la intensidad que se hizo en América, salvo excepciones como la canela (Cinnamomum zeylanicum Blume) y nuez moscada (Mystica fragans Houtt.).
‟Existió cierta preferencia por algunas plantas y sus productos en el intercambio comercial, por ejemplo, algunas especies asiáticas como la cebolla (Allium cep L.), la amapola (Papaver somniferum L.), la almendra (Terminalia catappa L.), y el jengibre; plantas americanas como los frijoles (Phaseolus vulgaris L.) y el chile (Capsicum annum L.); y las plantas de otras regiones como ajo (Allium sativum L.), manzanilla (Chamomilla spp.), haba (Vica faba L.) y sandía (Citrullus lanatus Thumb.).
‟Las plantas que se intercambiaron por lo general se encontraban en proceso de domesticación (...) Por esta razón, su suceptibilidad ante las condiciones geográficas y biológicas en un nuevo sistema ecológico era variable. Algunas de ellas se enfrentaron a la competencia con especies nativas que dificultaban el desarrollo de su cultivo, pero en otras ocasiones el escenario era contrario, puesto que las especies introducidas amenazaban la supervivencia de las especies nativas. Por esta razón, la selección artificial fue una valiosa herramienta para manejar el impacto de éstas en nuevos ecosistemas; en algunos casos se logró disminuir la competencia de algunas especies introducidas con las nativas y en otros fue inevitable el efecto, como ocurrió con el cultivo de trigo introducido por los españoles en la Nueva España que desplazó a muchas plantas nativas eliminándolas de su entorno.
‟El éxito en la introducción de las plantas en proceso de adopción estaba sujeto a las condiciones sociales y biogeográficas de cada región. La tolerancia a la presencia de plantas introducidas fue determinante para el exitoso cultivo de éstas en los diferentes continentes. Algunas de ellas eran más rentables si se cultivaban en el sitio original y así se garantizaba que el comercio continuara en tierra nuevas.
‟La creciente demanda de productos europeos, americanos y asiáticos permitió la creación de instituciones comerciales que se encargaron de la producción de especies de diferentes regiones, del procesamiento y venta de productos derivados de éstas, y con ello se abrió paso al proceso comercial e incrementar las ganancias económicas de los países implicados en el intercambio. Por ejemplo, la explotación y exportación de productos de otras especies, como arroz, azúcar y cáñamo (Cannabis sativa L.) permitió que se elevara la autonomía de las Islas Filipinas al dar origen a industrias muy productivas.
En las postrimerías de la presencia española en Filipinas, ya bajo la idea de la administración colonial ilustrada, se fortaleció la política de cultivos intensivos para la exportación.
‟La introducción y posterior cultivo exitoso del tabaco (Nicotina tabacum L.) en Filipinas propició la conformación de la Real Compañia de Filipinas, una de las instituciones que manejaba el capital económico de las islas. El desarrollo de la industria tabacalera tuvo tal éxito que por un tiempo se terminó la dependencia de los subsidios de México y se convirtieron en productores y exportadores a los países asiáticos. También en las Islas se intensificó el cultivo de plantas a gran escala, como caña de azúcar, cacao, canela, así como la producción de gusanos de seda, y la explotación de las riquezas minerales del país.
‟En 1784 se fomentó la producción agrícola, sobre todo la especiería, y se exportaban petates, esteras finas, sombreros de palma, algodón, varias clases de madera, nuez moscada, pimienta (Piper nigrum L.), arroz y azúcar. en 1785 se estableció La Real Compañía de Filipinas conformada para regular el movimiento comercial directo con España, de la que obtenían plata, grana, añil y con quien intercambiaban frutos. Numerosas especies extranjeras fueron aceptadas y en la actualidad siguen siendo utilizadas en una gran parte del mundo, como el chile (Capsicum spp.), el cual fue cultivado y se obtuvieron diversas variedades que en tiempos modernos son muy apreciadas en la gastronomía de Asia y la India.
Hasta aquí la extensa transcripción de un texto de mucho interés, disponible en internet para quien desee leerlo completo.

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(1) Reyna Maria Pacheco Olvera, El intercambio de plantas en la Nao de China y su impacto en México, en Caminos y mercados de México, pp. 593-607.  Coord. Janet Long y Amalia Attolini Lecón, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Histórica/ Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2010 (serie Historia General, 23).

(2)Alfred W. Crosby. El Intercambio Transoceánico. Consecuencias biológicas y culturales a partir de 1492. UNAM, México 1991.

jueves, 4 de abril de 2013

Gerónimo de Gálvez


(continuación)

Cuando llegaron a Manila ya estaba el Santa Rosa de Lima descargando. El espía fue inmediatamente a buscar a Gálvez y le relató toda su historia y el éxito de sus pesquisas. Gálvez le recomendó que siguiera fingiendo con don Sebastián, sin decirle sobre todo que él estaba allí. Para no correr el peligro de topar con su adversario en las calles y madurar bien su plan de venganza, no bajó un solo día a tierra y nombró gente que vigilara a su enemigo y al espía que lo había encontrado. 

   Acabado de descargar el galeón se acostumbraba llevarlo a los astilleros de Cavite para repararlo de todo a todo y limpiarle el casco. Gálvez pidió y obtuvo permiso para inspeccionar personalmente estos trabajos, así que zarpó con el galeón para Cavite, comisionando antes al espía para que en un día fijo, al caer la tarde, llevara allá a su enemigo con cualquier engaño. 

   El espía, ansioso de la recompensa ofrecida, no tardó en engañar al confiado don Sebastián para que fuera a Cavite, diciéndole que se podría arreglar un buen negocio de contrabando con uno de los oficiales que era amigo suyo y mandaba la guardia del Santa Rosa de Lima. Así, el día señalado, salió don Sebastián rumbo a Cavite, en una canoa con el espía que remaba. Ya de noche llegaron junto al galeón y subieron inmediatamente sobre cubierta. 


   En el barco no estaba más que Gálvez, pues se había dado maña para despachar a toda la guardia a pasar la noche en las tabernas y casas de juego de Cavite y los trabajadores ya se habían retirado. 

   Así, pues, no hizo don Sebastián más que poner los pies sobre cubierta cuando le salió al encuentro Gálvez, declarándole quién era. De la Plana comprendió la traición que le habían hecho y trató de fugarse, pero un certero puñetazo del piloto lo tendió sobre el puente. Entonces se llenó de miedo, pidió, rogó, ofreció, pero Gálvez estaba sordo a todo lo que no fuera su venganza. Levantando a don Sebastián hizo que el espía los amarrara, el uno al otro, de las manos izquierdas, de manera que don Sebastián no pudiera escapar, le dio una daga, tomó otra y lo invitó a pelear. 

   El miedo apenas si le permitía a de la Plana moverse; con la daga en la mano veía estúpidamente a Gálvez y musitaba palabras ininteligibles con las que pretendía pedir perdón. Gálvez, cegado ya por la cólera, le dio una puñalada ligera en el brazo, pero don Sebastián, presa de pánico, sólo acertó a cortar el lazo que lo unía con su enemigo y, tirando la daga, corrió a refugiarse en lo alto del mástil. Gálvez lo siguió con la daga ensangrentada entre los dientes, sin decir una palabra. Así pasaron de cordaje en cordaje, cada vez más cerca del perseguidor, cada instante más lleno de pánico el perseguido. 

   Por fin don Sebastián llegó al punto más alto del mástil, donde ya no podía huir ni avanzar. Hasta allí lo siguió Gálvez, la daga entre los dientes, los ojos fijos en su adversario, las manos crispadas sobre las cuerdas. Ya lo iba a alcanzar cuando un grito desgarró la noche silenciosa de Cavite. El espía, desde la cubierta, vio sobre el fondo claro del cielo cómo don Sebastián maromeaba en el aire, golpeaba en una antena y caía pesadamente sobre cubierta. 

   Con toda calma bajó Gálvez desde lo alto del mástil, la daga siempre en la boca. Cuando estuvo sobre el puente se acercó a su enemigo esperando encontrarlo muerto, lo volteó de cara al cielo y vio que aún vivía Por un momento pensó en rematarlo con la daga, pero cambió de ideas. Revisando al herido a la luz de una linterna que había acercado el espía, vio que tenía la columna vertebral rota y que estaba paralizado de la cintura para abajo. Gálvez guardó la daga y ordenó al espía que lo ayudara para transportar al herido a Manila. Tal vez por su mente cruzó la idea del perdón, pero fue más poderoso el recuerdo de la hermosa Solina y repitió la frase que había grabado sobre la tumba en Acapulco. 

   Ayudado por el espía bajó al inconsciente don Sebastián, lo acomodó en el bote mismo que había traído y, tomando los remos, llegó antes que amaneciera a Manila. Entre él y el espía arrastraron el cuerpo inanimado hasta un jacalón de la calle de la Rada, en el barrio de los criminales y allí lo dejaron en el suelo. Gálvez pagó espléndidamente los servicios de su espía y se quedó solo con su enemigo. 

   Cuando don Sebastián recobró el conocimiento vio a Gálvez frente a él; inmovilizado, lleno de terror, no se atrevía a hablar. Gálvez, al ver que había vuelto en sí, no le hizo daño alguno, se concretó a ponerle frente a los ojos un medallón en el que estaba una miniatura de la hermosa Solina y a sentarse frente a él, acechando su muerte. 

   El dolor que sufría don Sebastián era atroz y la sed llegó a atormentarlo en tal forma que, dominando su miedo, se atrevió a pedir un poco de agua, pero Gálvez, que sin moverse lo veía fijamente, no contestó una palabra. El mismo silencio le sirvió de respuesta cuando pidió un cirujano. Por fin, comprendiendo que todo era inútil y que su muerte era inevitable, pidió un confesor, pero Gálvez seguía inmóvil, sosteniendo la miniatura de la hermosa Solina frente a los ojos del moribundo. 

   Tres días duró esta escena terrible, durante tres días y tres noches Gálvez no se apartó un segundo de su enemigo y durante todo ese tiempo no habló una sola palabra, no hizo un solo movimiento más que mostrarle el retrato de Solina y acechar su muerte. Cuando ésta llegó, Gálvez se volvió a Cavite y los frailes de la Misericordia que encontraron el cadáver le dieron cristiana sepultura en un lugar oscuro. 

   Un mes después zarpó el Santa Rosa de Lima para Acapulco llevando como piloto a Gálvez. Éste era su último viaje y en Acapulco dejó para siempre la vida del mar y se le vio durante algún tiempo recorrer toda la Nueva España, vestido de penitente, visitando los santuarios, haciendo el bien, socorriendo pobres y regresando cada tres o cuatro meses a Acapulco a visitar la tumba de Solina. 

   Un amanecer los pescadores lo encontraron muerto sobre esa tumba con la miniatura en las manos y los buenos frailes de San Hipólito lo enterraron junto a la mujer que había amado

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Rafael Bernal. Material de lectura. El cuento contemporáneo 50, UNAM, Coordinación de Difusión Cultural, Dirección de Literatura, México, 2009. Selección y nota de Vicente Francisco Torres.,pp. 6-13. 

Gerónimo de Gálvez, Piloto del Rey


Por Rafael Bernal
El honor es patrimonio del alma.
Calderón de la Barca 
El Ateo de Zalamea


Por el año de gracia de 1687 llegó a la Villa Rica de la Vera Cruz un hombre de mar, piloto del Rey, llamado Gerónimo de Gálvez, acompañado de su mujer, la preciosa Solina. Pronto se supo por todo el puerto la historia de la joven y enamorada pareja. 

   En las tabernas de los muelles se rumoró que Gálvez había llegado a la Veracruz, después de haber sido piloto durante muchos años en el Mediterráneo; huyendo del Tribunal de la Santa Inquisición al que se había hecho sospechoso, lo mismo que su mujer. Los dos eran naturales del puerto de Cartagena y llevaban en las venas gran cantidad de sangre morisca y, según la Inquisición, no habían olvidado por completo las prácticas de su raza en materia religiosa. El padre de la bella Solina murió en el tormento cuando pretendían interrogarlo en Sevilla sobre su ortodoxia, y la madre, que también estaba presa, murió de pesar. Así las cosas, Gálvez, que tampoco era bien visto por la Inquisición, resolvió trasladarse con su mujer a América, refugio de todo perseguido en aquellos tiempos, y se estableció en Veracruz. 

   Desgraciadamente todos los barcos que partían de Veracruz y eran lo bastante importantes para ameritar un piloto de la categoría de Gálvez, iban para España, lugar prohibido para él. En cambio, en el Océano Pacífico escaseaban los pilotos que guiaran la llamada Nao de China o Galeón de Manila en su peligroso viaje. La línea de galeones del Pacífico necesitaba por lo menos de doce pilotos experimentados para su servicio, siendo diez y seis los que debía haber por decreto real, pero era casi imposible conseguirlos por lo largo y peligroso de la travesía y porque todos se enriquecían en uno o dos viajes y dejaban entonces el oficio para pasarse a España a gozar de sus pesos de oro sin los sobresaltos del mar. 


   El sueldo de los pilotos era sólo de setecientos pesos de oro al año, pero tenían permitido el llevar algo de mercancía en la nave y con eso y el contrabando, al que eran muy afectos, en dos viajes redondos quedaban ricos. Muy importante era el cargo de Piloto en los galeones de Manila, pues generalmente el capitán de la nao era algún señor principal que hacía el viaje y no entendía una palabra de cosas de mar, por lo cual el piloto resultaba ser el verdadero capitán en todo lo referente al manejo de la nao y así se explica que se les permitieran muchas irregularidades, especialmente el contrabando. 

Gálvez y Solina, buscando una vida más fácil, se trasladaron a Acapulco, y el año de 1689 quedó Gerónimo inscrito como Piloto en el galeón Santa Rosa de Lima, de larga y gloriosa historia en los anales de la línea. 

   Tres años vivieron felices el piloto y su mujer, aunque las separaciones eran largas pues sólo lograban estar juntos dos meses cada año, mientras se descargaba y cargaba el galeón en Acapulco. Cuando éste zarpaba Solina quedaba sola en su casa, sin salir para nada, si no era a pasear en las tardes por la playa, bajo el fuerte de San Diego. 

   En 1692 llegó a Acapulco, camino a Manila, un joven hidalgo, don Sebastián de la Plana, cortesano, calavera y arruinado, que buscaba en un breve exilio en Filipinas el rehacer su fortuna despilfarrada en Madrid. Ese año el galeón tardó en salir un mes más de lo acostumbrado y el cortesano don Sebastián se aburría mortalmente en Acapulco. Un día vio a Solina pasear por la playa, la vio más de lo debido y el diablo hizo que se le metiera dentro del alma la imagen de la bella morisca. Inmediatamente, haciendo alarde de galantería madrileña y cortesana, empezó a rondarla y a requerirla de amores, que fueron enérgicamente rechazados. Más de quince días anduvo de la Plana tratando de vencer la obstinación de la hermosa Solina, sin conseguir más que desaires y malas razones y se admiraba de que la mujer de un piloto cualquiera pudiera resistir tanto a un hombre acostumbrado a vencer mujeres de la corte con sólo una mirada. Por fin, no pudiendo vencerla por las buenas razones que le decía ni por los muchos regalos que ella siempre rechazó, pagó a dos espadachines de mala muerte para que la raptaran y la llevaran por fuerza a su posada. 

   Los espadachines esperaron a Solina en la tarde en la playa y se la llevaron. A la mañana siguiente regresó a su casa, el vestido destrozado, el cabello alborotado y el corazón deshecho, pues ella amaba desde el fondo del alma a Gerónimo de Gálvez. Pasó la mañana escribiéndole una carta, sin contar a nadie su terrible aventura luego se encerró en su alcoba y a los tres días murió, nadie supo si de tristeza o envenenada por su propia mano. Esa misma tarde zarpó el galeón para Filipinas llevándose a don Sebastián de la Plana. 


   Seis meses más tarde llegó el Santa Rosa de Lima a Acapulco. Desde cubierta Gerónimo de Gálvez buscaba con ansia a su mujer entre la multitud que llenaba la playa vitoreando a la nao. Siempre Solina era la primera en aparecer, corría a la playa apenas los cañones del fuerte de San Diego anunciaban que la nao estaba en la bocana y, desde allí, le hacía señas a su marido con un lienzo blanco. Al no verla, Gálvez se llenó de presentimientos, entregó a toda prisa los informes de rigor y saltó a tierra. Al llegar a su casa la encontró ocupada por otra gente, que le dio la noticia de la muerte de Solina. 

   Desesperado fue en busca del sepulcro y un buen fraile de San Hipólito se lo mostró dándole la carta que Solina le había dejado. Cuando la hubo leído, y supo por ella la villanía de don Sebastián de la Plana, su cólera fue terrible, vagó por las callejuelas del puerto, invocó la justicia divina y todo el mundo se enteró de su tragedia. 

   Antes de que saliera el galeón mandó hacer un monumento que puso sobre la sepultura de Solina. Como único epitafio estaba esta frase: “Me vengaré…” 

   Todo Acapulco supo la historia y no tardó en llegar a Manila entre las barras de plata y órdenes reales que llevaba el galeón compañero del Santa Rosa de Lima que zarpó antes. Así supo don Sebastián de la Plana la cólera de Gálvez y el epitafio de la tumba. No era un cobarde, pero el remordimiento de su mala acción y la cólera del piloto ultrajado lo llenaron de tal pavor, que resolvió cambiarse de nombre y dejarse crecer la barba No contento aún con esto, hizo que un cirujano le llenara de cicatrices la cara con la esperanza de que así Gálvez nunca lo identificara. 

   A pesar de todas estas precauciones, cuando se anunció en Manila que ya el Santa Rosa de Lima estaba en el canal y entraría dentro de unos días al puerto, de la Plana sintió tal pavor, que huyó. 

   Apenas desembarcado, Gálvez se dedicó a buscar al asesino de su mujer, pues así lo consideraba. Recorrió toda Manila y las villas cercanas sin encontrar rastro de él. Algunos le dijeron que don Sebastián había regresado a Acapulco, otros que estaban en las islas de la Especiería o Molucas, otros lo imaginaban en Macao, en China, en Japón o en cualquier ciudad europea del Extremo Oriente. 

   Ante tan contradictorios informes Gálvez decidió seguir navegando en el galeón por ver si encontraba a su enemigo en Acapulco ycomisionar espías para que lo buscaran entre todo el laberinto de islas y mares de la Malasia, hasta las costas chinas y el Japón, donde había un establecimiento holandés. 

   Seis años duró la búsqueda y en ellos Gálvez gastó todas sus ganancias, pero no desesperaba y en cada viaje recorría las Filipinas, ofreciendo dinero a quien le diera noticias de su enemigo y comisionando cada vez mayor número de espías. Pero todo parecía ser inútil: tan bien supo de la Plana ocultarse a su perseguidor. 

   Por fin, uno de los espías localizó a de la Plana en Macao, donde había sentado plaza en el ejército portugués. Cuando el espía se convenció de que ese era el hombre a quien buscaba se hizo amigo de él, le prestó dinero y lo ayudó en varias formas hasta granjearse su confianza y hacer que le contara su verdadero nombre y la razón de su fuga. Entonces el espía dijo que Gálvez ya había muerto y que el crimen estaba completamente olvidado, por lo que don Sebastián podía regresar a Manila sin ningún peligro. Le hizo ver cómo allá sería fácil enriquecerse en el comercio de la nao, pues nunca faltaban oportunidades para mandar un poco de mercancía de contrabando y doblar el capital en seis meses. Para animarlo más le hizo ver que había en Filipinas muchas viudas ricas y hermosas que deseaban casarse para volver a España con sus maridos y entregarles toda su fortuna. Tan bien supo hablar el espía y tanto supo decirle al desesperado don Sebastián, que resolvió emprender el regreso a Manila con la flota de juncos chinos que llevaban la seda y otras telas de China a Filipinas para embarcarla allí en el galeón. El espía resolvió acompañarlo para ponerlo en manos de Gálvez y cobrar su recompensa, y para disimular la razón de su viaje, le dijo que él conocía mucha gente rica con la que podían hacer negocios juntos. 

 (continúa...)
  

lunes, 1 de abril de 2013

El Galeón de Manila: precursor de la globalidad

El Instituto Cervantes de Pekín, junto con la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y el Centro de Estudios Extranjeros de la UNAM en China, promueven una mesa redonda el próximo 10 de abril en la sede del Instituto en Pekín con el tema ariba citado.

Participan cuatro destacados investigadores sobre el tema de la ruta comercial que comunicó a España, el continente americano y China. Dice la invitación que la "Nao" se revela como el primer ejemplo de globalización entre los tres continentes; con un papel fundamental en el acercamiento y conocimiento de China y su cultura al mundo occidental.

El miércoles 10 de abril, a las 19:00 hrs. disertarán sobre el tema: Manel Ollé, Carmen Yuste, Kai Zhang y Guo Ping Jin.


http://pekin.cervantes.es/FichasCultura/Ficha87579_64_1.htm

viernes, 29 de marzo de 2013

Ciclo de Conferencias



Del 3 al 6 de abril se realizará en el Instituo Cervantes de Shanghái, China, un ciclo de conferencias titulado Los orígenes de la globalización: El Galeón de Manila. Contribuyen a este esfuerzo los consulados de México y Filipinas en Shanghái, y las universidades Pompeu Fabra (Barcelona) UNAM (México) y el Ateneo de Manila. El ciclo incluye a cuatro especialistas internacionales que hablarán sobre la ruta comercial entre la Nueva España y Filipinas, su impacto en la cultura en China y Filipinas, y las conexiones con América y Europa en lo que se denomina la primera globalización del mundo, en los siglos XVI y XVII.

  •  “Introducción histórica al Galeón de Manila”, a cargo de la Dra. Dolors Folch, profesora emérita de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, miércoles 3 de abril.
  • “El galeón y la cultura filipina”, a cargo del Dr. Fernando Zialcita, profesor de la Universidad Ateneo de Manila, jueves 4 de abril.
  • “El impacto del Galeón en la dinastía Ming”, con el  Dr. Han Qi, profesor de la Universidad Nankai de Tianjin, viernes 5 de abril.
  • “Nueva España, el cabo americano del Galeón de Manila”, ofrecida por la Dra. Carmen Yuste, profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, sábado 6 de abril.
El propio sábado 6 de abril el ciclo concluye con una Mesa Redonda moderada por el Dr. Carles Brasó Broggi, profesor de la Universitat Oberta de Catalunya.

martes, 26 de marzo de 2013

Geólogos 2

En apretada síntesis, los investigadores Anne-Marie Desaulty y Fancis Alberede explican las tendencias inflacionarias en Europa motivadas por el descubrimiento y explotación de minerales en América a partir de 1515; un ciclo largo que duró cerca de 150 años. El elemento central, según diversos historiadores citados en su ensayo, fue la enorme demanda china de plata desde mediados del siglo XVI, lo que llevó a la búsqueda de nuevas fuentes de abasto del preciado metal en América. Hemos tratado este tema con anterioridad por las consecuencias que tuvo en el equilibrio económico mundial e incluso en la inestabilidad política de China a finales de ese siglo.

El aumento de la demanda de plata incentivó el desarrollo de técnicas que permitían incrementar la producción de metales y obtener mejor calidad del producto en América. Actualmente se acepta que a esa demanda global de plata contribuyó la propia China, lo que tuvo por consecuencia una intensificación de la exploración minera en México y Perú, redujo los costos de producción y condujo a una verdadera Revolución de Precios en Europa.



La novedad en todo esto es que, con el estudio del contenido de plata en las monedas del norte europeo se determina que la proporción del metal blanco de origen peruano era menor que el proveniente de la Nueva España. Tal estudio se realizó en monedas acuñadas desde el reinado de María Tudor (1516-1558) hasta  Carlos I Estuardo (1600-1649).


Se calcula que en el período de 1526 a 1670 el volumen de moneda en circulación en Inglaterra aumentó diez veces, de 1.4 millones de libras  a 14 millones de libras en el año 1670. En ese período, las importaciones de plata ascendieron también de unas 600 mil libras (entre 1559 y 1561) a 4 millones de libras en 1670. En ese periodo se siguieron utilizando en la acuñación de monedas las fuentes europeas tradicionales de plata de Alemania (Sajonia, Bohemia y el Tirol) y España, entre otras. 


El ensayo revisó estudios previos sobre la producción y comercio de lingotes de plata (bullions), registros oficiales del comercio del metal, que debe ser considerado también como una mercancía, y estudios sobre el efecto de la introducción de plata en la economía europea en aquella época. Queda pendiente por dilucidar muchos factores, como el contrabando, los saqueos realizados por corsarios ingleses a puertos americanso y a la flota española, el ritmo con el que el metal era incorporado a la circulación monetaria, por citar algunos ejemplos. Lo importante es que el análisis isotópico de diversidad de monedas inglesas en ese lapso muestra un bajo contenido de plata producida en Sudamérica y en cambio un componente en aumento de la plata mexicana, lo que obliga a cuestionar concepciones anteriores y a preguntar hacia dónde se destinaban las exportaciones peruanas de plata.



En términos generales, la localización geográfica de la producción de plata en América determinó las rutas de comercio y estableció patrones regulares de abasto a diversos mercados mundiales. De esta forma, el metal producido en el centro de México, Zacatecas, Guanajuato, tenía su salida a través de la Ciudad de México y el puerto de Veracruz, en el Golfo de México, y de manera natural se destinaba hacia Europa. En cambio, la plata producida en Perú-Bolivia sólo tenía como medio de salida el océano Pacífico y de ahí a Acapulco, o también con mayor dificultad a través de Panamá como única ruta práctica hacia el Atlántico. Alentado por la demanda asiática del metal blanco, la producción en Sudamérica se desvió de manera natural hacia el oeste, con rumbo a Filipinas y de ahí al resto de Asia.


Los autores señalan que "la extracción y el comercio de plata, aunque estaban fuertemente fiscalizados, estaba en manos privadas; a la luz de la evidencia isotópica, la plata de México parece haber sido utilizada para adquirir mercancías de Europa, principalmente mercurio para el amalgamiento y esclavos de África, que eran la demanda principal de esas minas.  En contraste, la plata extraída del Virreinato del Perú, en particular de El Potosí, se destinó a comprar principalmente bienes chinos, incluyendo oro, que era parcialmente revendido en los mercados europeos."

La incógnita principal reside en el monto de metálico que fue transferido, en tanto que las múltiples prohibiciones a ese tipo de comercio hacen pensar que las cifras oficiales no muestran la realidad de los embarques realizados. La clave propuesta por los investigadores para el análisis del origen de la plata que circulaba en Europa en el siglo XVII abre la posibilidad de continuar estudiando la circulación de moneda de plata también en el terreno asiático, con nuevas herramientas técnicas para la historia, a fin de saber el origen y destino que tuvo esta producción americana.

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Ann-Marie Desaulty, Francis Albared. Cooper, lead, and silver isotopes solve a major economic conudrum of Tudor and early Stuart Europe. Geology, publicado en línea el 6 de noviembre de 2012. La primera pertenece la la Ecole Normale Superieur, Université de Lyon, Francia.y el segundo al Department of Earth Science, Rice University, Houston, Texas.

sábado, 23 de marzo de 2013

Geólogos al rescate

La revista Geology publicó en noviembre de 2012 los resultados de un estudio elaborado por Anne-Marie Desaulty y Francis Albarede sobre la composición química de monedas acuñadas en el Inglaterra en el siglo que corre de 1550 a 1650, en los tiempos de las dinastías Tudor y Stuart. El estudio de los componentes de cobre, plomo y plata arroja un resultado sorprendente: la proporción de plata peruana es mucho menor que la plata procedente de la Nueva España. 

¿Qué significa esto? Que existió una transferencia mayor de lo que se pensaba de plata producida en Sudamérica hacia el comercio con Asia y en particular a China, probablemente por medio de contrabando, mientras que la plata novohispana es la que llegó a España y después a los demás países europeos, sobre todo Inglaterra y Holanda. 


Por largo tiempo se ha considerado que la implacable inflación (aumento de precios) que sacudió a Europa en un ciclo largo de 1515 a 1650, se debió a la afluencia de plata de México y el Virreinato del Perú (hoy Bolivia), el crecimiento de la población europea, y la disminución del precio de mercado de la plata. 



El Potosí era la fuente de riqueza más grande jamás soñada por los conquistadores


Los geólogos, de la Université de Lyon y de Rice University, realizaron un complejo análisis del contenido de plata, cobre y plomo en las monedas acuñadas en Inglaterra durante el período de los Tudor y en la primera etapa de los Estuardo. El informe contiene información técnica sobre los isótopos en las aleaciones de esas monedas, una especie de ADN de su contenido.  Lo que logran demostrar es que las acuñaciones inglesas muestran un predominio de la plata de Europa y México,  en contraste con una contribución espectacularmente pequeña de plata proveniente del Virreinato del Perú. 



Esta observación contrasta con el registro disponible de la producción de metales en las minas de América. De ahí la pregunta: ¿hacia dónde se destinó la plata producida en el  Potosí? Esta observación indica que la plata exportada por México se dirigió hacia el este, mientras que la plata de Potosí fluía hacia el oeste. Sin embargo, la investigación contradice la opinión convencional sostenida por siglos de que la ruta del Pacífico salía casi únicamente desde México. Aquí queda la duda de compaginar este tipo de hallazgos con un estudio riguroso de los volúmenes transportados, una tarea que deberán emprender nuevos historiadores.


El análisis realizado por los geólogos pone en evidencia que había una ruta Potosí-China, probablemente de dimensiones mayores a las que se pensaban. Sin embargo, este comercio se realizaba en contra de múltiples edictos que estrictamente prohibían el intercambio de plata peruana por mercancías asiáticas, como hemos mencionado en este blog. Estaríamos entonces ante uno de los fenómenos de contrabando más grande jamás registrado en la historia, sumado a la corrupción gubernamental y al ocultamiento propiciado por una amplia cadena de intereses privados.

Seguiremos sobre el asunto.
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Anne-Marie Desaulty y Francis Albarede.  Copper, lead, and silver isotopes solve a major economic conundrum of Tudor and early Stuart Europe. Revista Geology, Sociedad Geológica Americana, Noviembre de 2012.

sábado, 9 de marzo de 2013

El primer clavicordio en China

Este fin de semana, los artistas mexicanos Horacio Franco, flauta, y Santiago Alvarez, clave, ofrecieron dos  magníficos conciertos en Pekín; en la Ciudad Prohibida y en Yihu 8, la antigua universidad chino-francesa. El evento podría parecer simplemente un acto rutinario de promoción cultural, pero la atmósfera de la música barroca en los recintos chinos obliga a pensar en la extraordinaria actividad realizada hace cuatrocientos años por los misioneros europeos para hacer llegar su visión del mundo hasta el centro del poder imperial chino. En el propio palacio del emperador se tocó música europea, con un clavicordio traído desde los confines del mundo.

¿Cómo fue posible introducir en aquella época ese instrumento, con qué motivos, quién lo intentó?




A fin de octubre de 1599, mezclados entre comerciantes portugueses, el misionero jesuita Diego de Pantoja, aprovechando la oportunidad de una gran feria celebrada en la ciudad de Guangzhou, entró de incógnito en China. Lo guiaba el padre Lazzaro Cattaneo, estacionado en Macao,  junto con otros jesuítas que estarían destinados a jugar un importante papel en Asia.

Portaba diversos regalos desde Macao encomendados por el padre Matteo Ricci jefe de la misión en China con el propósito de acercarse a la corte cen Pekín: dos relojes, un grabado al aguafuerte del Palacio San Lorenzo del Escorial, recientemente terminado en España, cuadros en los que se mostraba el modo de vestir de los soberanos europeos, un retrato de la Virgen con el Niño, y otros dos con Santa María Maggiore y El Salvador. También se incluía un clavicordio. 


"Matteo Ricci, por su profundo conocimiento de la sociedad china y por la gran inclinación que sentía la alta sociedad china por los objetos exóticos extranjeros, previó que si se lograban ofrecer regalos occidentales al Emperador Wan Li, sería muy posible que éste, por curiosidad, quisiera apreciar la gracia de este instrumento musical extranjero. Por eso, consideró que, antes de entrar en Beijing, debía haber algún jesuita que supiera tocarlo".

Cabe mencionar que la Compañía de Jesús había establecido en sus inicios la eliminación del coro y la ejecución musical tradicionales durante la celebración de la misa, con objeto de evitar la distracción de los creyentes y, a la vez, distinguir a la Compañía de otras órdenes religiosas. Sin embargo, teniendo en cuenta la situación especial de China, Matteo Ricci tomó la decisión de servirse de la música occidental también como medio de evangelización, pero como él "no tenía facilidad para la música, propuso entonces que Pantoja aprendiera la técnica de ese instrumento musical y la teoría de la armonía de Cattaneo, experto en clavicordio y en armonía. Pantoja aceptó con gusto esta proposición y comenzó su aprendizaje que duró cuatro meses".






El clavicordio europeo entregado al emperador Wan Li "era un instrumento musical con cuerdas de acero, que se ubicaba sobre una mesa. Su registro tenía cuarenta sonidos, con tres octavas de Do bajo para arriba, más un intervalo de cuarto grado (...) Como el Emperador Wan Li deseaba conocer las propiedades de este instrumento musical, envió a cuatro eunucos músicos para que aprendieran de los sacerdotes la técnica de su interpretación (...)

 "Entonces Pantoja hizo valer su recién adquirida habilidad y se desplazó diariamente a palacio para dar clases. Como el resultado del aprendizaje iba a determinar el porvenir de los cuatro músicos, éstos mostraron sumo respeto hacia su maestro. Así pues, antes de comenzar las clases, los cuatro alumnos insistieron en celebrar una ceremonia de salutación hacia el nuevo maestro, en la que rogaron al padre Pantoja que les enseñara pacientemente y que no se mostrara contrariado si aprendían con lentitud. Luego, hicieron lo mismo ante el clavicordio como si éste fuera un ser humano. El aprendizaje duró más de un mes"

La obra misionera continuó a lo largo de otros dos siglos y ya hemos narrado aquí el trabajo realizado en la corte china en los siglos XVII y XVIII. Seguiré buscando información sobre este propósito misionero de influir a los jerarcas chinos por medio de los sentidos.
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Zhang Kai. Diego de Pantoja y China. Un estudio sobre la "Política de Adaptación de la Compañía de Jesús". Editorial de la Biblioteca de Beijing (Pekín),  China, Noviembe de 1997. Traducción al español: Tang Baisheng y Kang Xiaolin. pp. 41, 43 y 55.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Nuevo libro de historia

Enrique Semo, fundador de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, considera que “los historiadores no debemos trabajar sólo con el pasado, sino con el futuro, porque si bien la historia tal cual no se repite, enseña muchas cosas. Al escribir un libro de historia se escribe al mismo tiempo uno de esperanzas, de visión del futuro.


“Una historia que no es concebida como una relación dialéctica entre pasado, presente y futuro es limitada. La historia que busca verdades en el pasado y en el presente puede ilustrar las diferentes posibilidades que entraña el futuro".

El doctor Enrique Semo acaba de publicar un nuevo libro: México, del antiguo régimen a la modernidad. Reforma y Revolución, coeditado por la UNAM  y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. 


En su larga carrera como investigador y docente ha formado a generaciones de historiadores en el área económica. Un trabajo fundamental es Historia del capitalismo en México, uno de mis primeros estímulos intelectuales. Gracias doctor Semo.