miércoles, 25 de marzo de 2009

Transformación del consumo (2)

Con anterioridad Europa conocía los productos orientales, especias, sedas, marfiles y maderas por las rutas de la India; los españoles habrían de importarlos un siglo después de la Conquista a través del Pacífico y por la vía de México. La línea de navegación descubierta por Urdaneta en 1564 permitió proveer de mercancías orientales a España y a sus virreinatos principales: México y Perú. De China y otras regiones llegaban a México, y después a España, el arroz, el mango, el tamarindo, el clavo, la pimienta, el azafrán, telas de algodón y sedas (el mantón, bordado, se conocería como de Manila) porcelanas, biombos (byobu en japonés) y marfiles. México enviaba a Manila, cacao, maíz, cochinilla, caballos, ganados, aceite y vino, éstos últimos procedentes de España y, sobre todo, plata de sus minas.

Debido a la recesión económica en España hacia la tercera década del siglo XVII disminuyó el envío de plata a España y en consecuencia se redujo la compra de manufacturas. Se produjo entonces un desequilibrio en uno y otro extremos del comercio que contribuyó a la transformación de la economía de la Nueva España. El debilitamiento del comercio a través del Atlántico volvió más importante, en proporción, el intercambio a través del Pacífico. Otra consecuencia de ello fue la integración de la producción para satisfacer la demanda local. Los españoles avecindados en México comprendieron que debían desarrollar sus capacidades productivas y sus instituciones políticas locales. El siglo XVII es el momento en que se hace énfasis en satisfacer las necesidades de la colonia, reorientando los sistemas de producción e intercambio.

“Es posible pues, que en el siglo XVII, los comerciantes mexicanos decidieran invertir más por el Pacífico que por el Atlántico, lo que explicaría que la crisis atlántica fuera más severa; pero que debido al reajuste y reacomodo de los sectores productivos, la Nueva España mantuviera una relativa autonomía respecto al sector externo” [1].Otra razón de peso es que la metrópoli percibía que la plata americana se estaba desviando a Asia.

En consecuencia, la plata mexicana fluía hacia las tierras asiáticas; no tanto porque las mercancías orientales fueran baratas, sino que el metálico de la Nueva España demandaba ingentes cantidades de bienes, la mayoría suntuarios, que no se producían en tierras americanas. Pronto, en tierras americanas los precios de todas las mercancías se acrecentaban desproporcionadamente, creando inflación y, a pesar de múltiples intentos de la Corona española por regular tal situación y obligar a que los productos asiáticos llegaran a la Península, tales mercancías se quedaban principalmente en México y Lima.

[1] Carmen Yuste. El comercio transpacífico. INAH, Departamento de Investigaciones Históricas, Colección Científica Núm. 109, México, 1984. pp.32 -34


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