domingo, 22 de julio de 2012

Trata de esclavos, Nicaragua, Perú

La contraparte de la expansión marítima hacia el Pacífico fue la explotación de los recursos madereros del litoral centroamericano y el comercio de esclavos. En otras entradas de este blog, señalamos la continuidad que tuvo el tráfico de esclavos en América  en el litoral del Pacífico hasta bien entrado el siglo XVIII, tomando información del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán.

Debido al volumen de la trata de esclavos africanos poco se habla de la presencia de forzados que también llegaron de Asia; sin embargo existen evidencias de que en esa primera globalización la demanda de esclavos era tan grande que incluso llegaron desde el otro lado del Pacífico, vía Europa. El comercio humano formaba parte del circuito comercial que tenía a Acapulco como centro y que se extendía a lo largo de Centroamérica y hasta el Perú.

Deseo destacar aquí el caso de un esclavo asiático que recorrió aquellas latitudes, arrastrado por el comercio de bienes y de seres humanos que dio pie a aquella expansión. Es un expediente estudiado por Fernando Iwasaki Cauti, como un ejemplo muy interesante de las primeras migraciones asiáticas, forzadas, hacia el Perú virreinal, que cito in extenso.



En 1575, un esclavo llamado Diego Yndio, ¨natural de la China de las Yndias del mar ozéano¨. litigó en Sevilla contra su amo porque se consideraba ¨libre de su nasçimiento y no sobjeto a sirbidumbre alguna¨. El chino declaraba haber sido sacado muy pequeño de su tierra y trasladado a Portugal, donde después de quince años fue vendido a un clérigo sevillano que lo empleó durante una década para finalmente venderlo al espartero Rodrigo Alonso antes de embarcarse a América.

El curioso proceso requería testigos excepcionales, y en la propia Sevilla acudió a declarar el anciano Esteba de Cabrera `yndio natural que dixo ser de la China¨, quien afirmó conocer a Diego y certificó su origen chino:

A la segunda pregunta dixo que este testigo tiene al dicho diego yndio por natural de la china yndia, rreyno y señorío de su magestad, porque este testigo como dicho tiene, lo conoçió en ella de la dicha hedad de seis años que dicho tiene. Y este testigo lo cree e tiene por cierto sin ninguna duda, porque el dicho diego yndio no save ni entiende hablar otra lengua sino la que platica e habla en la dicha provincia de la china, la qual es muy diferente de las que se hablan en otras partes e provinçias de las yndias. Y ansí lo a oydo dezir al governador françisco de castañeda que el dicho diego yndio hera natural, naçido y criado en la china, de adonde este testigo ansimismo es natural.

El aludido Francisco de Castañeda era un tenebroso personaje que dirigió interinamente Nicaragua de 1531 a 1534, luego de la muerte del celebre Pedro Arias Dávila, mejor conocido como Pedrarias . Como nunca tuvo provisión de gobernante no figura como tal en ninguno de los inventarios de autoridades coloniales conocidos, pero por sus felonías merece un lugar de privilegio en la historia universal de la infamia de los tiempos coloniales:

Y lo peor de todo, S.M., es que Pedrarias Dávila y el licenciado Francisco de Castañeda, alcalde mayor e contador de V.M., y Juan Téllez, que tuvo cargo de la tesorería por muerte é fallecimiento de Diego de la Tovilla, tesorero de V.M., cada uno de ellos tenían en la Mar del Sur un navío que contrataba con ellos en la cibdad de Panamá, de Castilla del Oro. Y porque en aquel tiempo no había contratación ninguna de otras provincias, ni los dichos tenían de qué aprovecharse en los fletes de sus navíos, tomaron por espediente para su ganancia la destrucción y desolación desta tierra. Porque V.M. sabrá, que estando sus navíos en el puerto de la Posesión, llevaban los escuadrones de indios é indias naturales desta provincia á embarcar en sus navíos, tan sin temor de Dios  ni de la Justicia Real ni acatamiento de V.M.
Castañeda era socio del Adelantado Pedro de Alvarado en la jornada de la Especiería y lo fue también en su intento de inmiscuirse en la Conquista del Perú, mas no por el oro, sino porque se dedicaba al proscrito y lucrativo negocio de la trata de de esclavos indígenas. De hecho, Francisco de Castañeda huyó de Nicaragua para no enfrentarse a su Juicio de Residencia, donde el tráfico de esclavos era uno de los peores cargos contra él.

Siguiendo el itinerario de otros soldados, el prófugo Castañeda fue a refugiarse al Perú en 1535, llevando consigo a un grupo de esclavos chinos adquiridos en México a los sobrevivientes de la expedición de Jofre de Loaysa (1525-1534), Diego Yndio y Esteban de Cabrera -los protagonistas del juicio de Sevilla de 1575- estuvieron entre aquellos infelices esclavizados por Castañeda.
Que sabe y es verdad que el dicho gobernador francisco de castañeda enviaba a españa çierta cantidad de yndios naturales de la China y el Pirú, encaminados a doña sancha castañeda su madre, entre los quales dichos yndios vino este testigo e vio que en ellos vino el dicho diego yndio.
Este testimonio es uno de tantos que existen dispersos en archivos y bibliotecas acerca de la migración forzada en el Pacífico, en espera de un estudio riguroso e integral que muestre el factor del trabajo esclavo en la expansión española tanto en América como en Asia.
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 Fernando Iwasaki Cauti. Extremo Oriente y Perú en el Siglo XVI. Mapfre. Madrid, 1992. p. 231-236
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