Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

lunes, 24 de septiembre de 2018

De Acapulco a Veracruz, 1679

Concluiremos en esta entrada la crónica del Padre Pedro Cubero dedicada a la Nueva España como parte de su largo viaje alrededor del mundo. En tres entradas anteriores de este blog hemos transcrito la información que aquel insólito viajero español hizo por el mundo a fines del siglo XVII. 

El valor documental de este trayecto dentro de la Nueva España es la descripción del camino que seguían los productos traídos de Asia hasta el virreinato americano y que posteriormente eran exportados a España desde Veracruz. Es curioso por lo menos que Pedro Cubero no llegó a la Ciudad de México, sino que recorrió la ruta entre los actuales estados de Guerrero, Morelos, Puebla y Veracruz.  

El autor refiere su paso por Trisco o Tisco, cercano a la ciudad de Puebla. Supongo que es Atlixco, pero no he podido identificar el poblado específico, que describe muy elogiosamente. Otra población de dudosa referencia es Talapa, cerca de Veracruz, muy probablemente Xalapa.  Agradeceré la ayuda de los lectores para aclarar los nombres de estas localidades. 

Como en las tres entradas anteriores, he actualizado la puntuación del texto y he dividido algunos párrafos para facilitar la lectura.

El "plato fuerte" de este capítulo es la memoria que hace el autor de la actividad del obispo Juan de Palafox, treinta años antes de que Pedro Cubero pasara por Puebla. Eso indica el enorme impacto de las aciones del que fue Virrey y Obispo de la Nueva España en los turbulentos años cuarenta de aquel siglo.

Esta vez podremos leer el capítulo 47 acerca del trayecto que se hacía de Acapulco a Veracruz, las dos entradas de la Nueva España.

Nueva España, siglo XVII

Capítulo XLVII
Sale el autor del puerto de Acapulco y cuenta lo que sucedió en su viaje.

Salí de Acapulco y pasando diversas montañas. al segundo día llegué a la tan celebrada cuesta del Papagayo, que sobre su aspereza de subida y bajada tiene mas de tres leguas. En lo alto de la cumbre nos cogió una tan grande tempestad de truenos, relámpagos y agua, que entendimos el cielo se venía abajo y apeándome para ponerme debajo de un árbol, porque los arroyos de agua que bajaban eran tan grandes y con tanta furia que las cabalgaduras no podía de ninguna manera caminar. Vi un árbol cuya corteza olía a bálsamo y reparé que entre aquella arboleda debía haber muchos árboles aromáticos, porque era grande la fragancia que allí había. 

Luego bajamos para pasar el rio del Papagayo y lo que yo más me recelaba era [el rio] no hubiera crecido, porque es de los ríos más temidos de toda la Nueva España, por haberse tragado tantos hombres. Su corriente es muy veloz y atreinta pasos del vado tiene un despeñadero, tan alto y profundo que en cayendo allí no hay humano remedio. Pasámosle con felicidad por no haber crecido y fuimos a hacer noche a una pequeña casa de campo.

Al otro día pasamos a aquel tan profundo arroyo, que llaman de la imagen. Su origen de un peñasco muy alto donde hay una peña que parece de mármol blanco, que desde el arroyo se ve y representa una imagen muy grande como de nuestra Señora de la Concepción, que la misma naturaleza labró allí. Luego se pasan unos pequeños lugares de Indios, que por ser de poca importancia los dejo al silencio y llegamos a la ciudad de Tisla [Tixtla], cita en una hermosa llanada [llanura], muy amena. 

Es harto grande y tiene muy buenas casa y allí moran muchos españoles. En la plaza mayor está la casa del Alcalde mayor y a las espaldas está la iglesio parroquial. De allí nos partimos para Chilapa, víspera del Corpus Christi, y tuve una muy mala noche, porque estando encima de la cuesta nos anocheció y el Indio que nos guiaba perdió la senda, y por no despeñarnos por aquellos barrancos nos fue necesario quedarnos donde nos cogió la noche, al pie de un árbol. Y no fue daño sólo este sino que de media noche para abajo sobrevino una tan gran tempestado de truenos y agua que el cielo se venía abajo.

Amaneció Dios, y con mucho trabajo llegamos Chilapa dia de Corpus Christi y dije misa en el convento de los padres agustinos y me quedé aquel dia allí por ser tn festivo y hallarme rendido.

De allí cogimos el camino para Trisco [posiblemente Atlixco, hoy en el Estado de Puebla] y pasando algunos pequueños lugares e ingenios de azúcar llegamos a Trisco, que es una muy hermosa ciudad ytiene muy famosos campos de trigo, que abastecen gran parte de la Nueva España. Fuy a posar al Convento de los Padres Carmelistas Descalzos, porque tenía un amigo religioso, que era el padre Fray Miguel de Santa Teresa, que había estado en Acapulco a recoger la limosna y lo le había ayudado. En esta ciudad me estuve tres días y me regalaron muy bien estos santos regliosos.

Tisco es una muy buena ciudad de la Nueva España a la falda de unas pequeñas colinas. Su campaña es tan deliciosa, como en nuestra España de la Vega de Granada, y tiene muy saludables aguas. Hay una hermosa plaza, muy ricos conventos, y en particular el de San Francisc, que está en un alto, el de los padres Carmelitas, y de San Agustin. La iglesia mayor es Colegiata y muy hermosa. 

[Puebla y Juan de Palafox]

Desde allí despaché una carta a un mercader de la Puebla de los Ángeles, que se llamaba Martin Carrasco, que era yerno del contador de Acapulco Don Martin Calvo, y le envié una carta que me había dado para el, y antes de entrar el cerrillo, que llaman de San Juan, me salió a recibir en un coche y me llevó a su casa, que era en la calle mayor de la Puebla de los Ángeles y luego al otro día fui a visitar al Ilustrísimo Señor Don Manuel de Santa Cruz, dignísimo Obispo de ella, que me recibió con notable agazajo y cariño. Vi la tan célebre, cuanto hermosa catedral, fábrica insigne de aquel Santo Varón el Ilustrísimo Señor Don Juan de Palafox y Mendoz. El Colegio insigne que fundó, llamado de San Juan Bautista, con la hermosa librería [biblioteca]: obra por cierto de tan gran varón, que por serlo tanto no dejaré de hablar algo de su vida.


Biblioteca Palafoxiana, Puebla

Fue Abad de Cintra, Fiscal del Consejo de Guerra y del de las Indias y Consejero en el mismo. Limosnero de la Emperatriz Doña Mariana, Reina de Hungría, y paso a Alemania con el título de su Capellán mayor. En este viaje hizo a su Rey muy señalados servicios y vuelto a España otros grandes en Aragón y Castilla.

En el año 1639 fue electo Obispo de la Puebla de los Ángeles, Visitador de la Nueva España y sus Tribunales y Residenciador de los Virreyes Marqueses de Cerralbo y Caldereta. Tuvo la comision del comercio de Filipinas, Perú y Nueva España. La víspera de San Juan, que llegó a Veracruz, cumplió cuarenta años de edad. Y entró en su iglesia a 22 de julio y visitó la fábrica de su templo, que había veinte años que cesó su edificio. Y dió limosna para que se prosiguiera quince mil pesos y con su ejemplo se han juntado grandes limosnas.

Ejecutó el Concilio de Trento y Cedulas Reales, en lo que toca a las doctrinas que tenían los religiosos. Precedieron riesgos y amonestaciones y lo consiguió y lo aprobó todo el Consejo. Puso en muy buen orden lo perteneciendo al culto divino y mejoró la hacienda de la fábrica de su iglesia. Visitó su clero y obispado, estableciendo en él maravillosas costumbres, dando numerosas limosnas, confesando y administrando todos los Sacramentos.

Edificó con una obra pía la obra del convento de San Ginés, de religiosas. Celebraba de Pontificial todos los días que manda el Ceremonial Romano. En la Sala del Cabildo de su iglesia puso los retratos de los Señores Obispos sus predecesores. El primero que hubo fue el ilustrísimo Señor Obispo Garcés, natural del Reyno de Aragón, con elogios dignos de su memoria.

Fundó el año de 1646 el Colegio de San Juan Bautista con dote de diez mil pesos y una insigne librería. Edificó el Colegio de Doncellas dedicado a la Concepción, que han de ser huérfanas y de aquí salen para religiosas o casadas. Obra digna de tan cristiano celo. Edificó el Santuario del Arcángel S. Miguel, con casa e iglesia, por los grandes milagros. Consagró al Arzobispo de México Don Juan Muñoz y a otros. Hizo imprimir cantidad de manuales y constituciones para que se cumpla debidamente con todo, y como verdadero prelado escribió algunas cartas pastorales.

[...]

Edificó casa para obispos, y hizo donación de ella a la dignidad episcopal, con una numerosa librería, la cual vi muy de espacio, que contaba de cuatro mil cuerpos de libros, varios, extraños y curiosos. Desta sede fue nombrado para Arzobispo de México, que no aceptó, por voto que tenía de no aceptar otro ninguno.

En materia de predicar, casar huerfanas, dar limosnas, se hubo y cumplió como padre, pastor y maestro. De esta ocupación tan santa paso a la visita de México, de virreyes, tribunales y ministros, y con ocasión de llamar el Rey al Duque de Escalona su Virrey le mandó hiciese oficio de Virrey y gobernó sin salario y lo hizo con grande ejemplo, sin vender los oficios.  Dábanse a los más beneméritos, premiaba los virtuosos, acababa pleitos de muchos años, hizo obras muy heróicas y hizo el oficio con grande alivio y consuelo de sus súbditos. 

Llenó las cajas reales en cantidad de trescientos mil pesos, sin haber impuesto tributo ni gabela. Derribó ídolos que había y puso cruces  santos en su lugar. Erigió en México un batallón de doce compañías sin costa. Desterró los portugueses de la Veracruz y veinte leguas de su costa. Y otras muchas cosas que hizo con su gran espíritu en servicio de Dios y de su Rey, con suma fidelidad y celo. Habiendo visitado todo su Obispado y confirmado en el más de cien mil almas, fueron tantas, y tan grandes las limosnas que dio a sus ovejas que volvió empeñado a su casa, que de limosna fue necessario venir a España.

[De Puebla a Veracruz]

Tiene esta hermosa ciudad de la Puebla de los Ángeles muchos y suntuosos monasterios y iglesias. Las calles son esapcioas y bellas. Fui a visitar el antiguo convento del seráfico padre San Francisco y aquel santuario tan insigne del Calvario. Y hay en cada paso una hermosa ermita adornada con pinturas superiores y en casi todas ellas habitaban sacerdotes. Vi la procesion de la infra octava del Corpus Christi y di gracias a su Divina Magestad con adorno y gravedad. Lo cierto es que es opinión común que la clerecía de la Puebla de los Ángeles es de la mas lucida y virtuosa, que tiene toda la Nueva España. 

[...]

En fin, el tiempo de la partencia de la flota [del Atlántico] se llegaba y yo no podía detenerme más en aquella ciudad, con que habiendo recibido la bendición del Ilustrísimo Señor Obispo y de otros religiosos amigos y de un paisano mio que era Vicario de la Santa Iglesia Catedral, desde el tiempo del Ilustrísimo y reverendisimo Señor Don Juan de Palafox y Mendoza, me partí para la Veracruz. Y a una jornada de allí que es una venta que llaman los dos arroyos fue necesario el juntarnos mucha gente, porque en un sitio, que llaman Mal País, dos días antes habían robado muchos pasageros Cachupines (que así llaman los de aquel país a los españoles) juntámonos más de veinte y cuatro, o veinte y cinco de tropa, con que fuimos prosiguiento nuestro camino y pasamos por el Mal País, sin habernos sucedido fracaso ninguno.


Cofre de Perote

Pasamos aquella montaña tan áspera del volcán de Perote, donde más de dos leguas todo es piedra pomez, que arrojó aquel volcán cuando reventó.  Llegamos a Talapa [¿Xalapa?] y antes de llegar a la bajada de la venta de Perote nos cogió una horrenda tempestad de truenos, relámpagos y rayos. De los mayores que jamás he visto.  Llegamos a Talapa, que es un lugar muy ameno y delicioso de donde traen aquella raíz tan saludable que llaman en España Raíz de Ialapa [¿Talapa?]. 

De allí nos partimos y llegamos a unas ventas donde era tanta la multitud de mosquitos que nos quemaban vivos y esta plaga no solamente hay en estas ventas, mas en todo el camino desde Acapulco hasta la Veracruz de tal fuerte que cuando llegué llevaba las manos y el rostro tan hinchados que parecía un monstruo. Y después en la Veracruz me curé con sumo de limón. 

Llegamos a Veracruz vieja y antes de entrar hay una arboleda muy hermosa de una legua que es un cielo el pasar por ella, por la fragancia que arroja y llega hasta un caudaloso y ameno rio, que es de los mejores, que tiene la Nueva España. Pero el lugar no tiene casi nada de bueno, porque la iglesia está arruinada y las casas caídas, y hay mucha plaga de mosquitos. En este rio dicen ser donde aportó Fernando Cortés y dio barreno a las naos.

De allí a la Veracruz nueva habrá siete leguas y es un camino muy seco y arenoso con que fuimos de noche un caballero del hábito de Santiago llamado Don Juan de Alvarado, vecino de Cadiz y yo. Y al amanecer, entramos en el puerto de la Veracruz nueva. 

Este viaje de Acapulco a la Veracruz, por ser tan trillado de los Españoles, no he querido detenerme en contarlo por menudo. Y lo mismo haré en el viaje, que hizo la flota desde la Veracruz a España. Porque mi intento en este libro no ha sido más que referir con claridad, fidelidad, y realidad mi peregrinación, deteniéndome sólo en aquellas cosas más extrañas y peregrinas.



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