sábado, 18 de abril de 2009

Forzados y reclutas mexicanos I

La administración colonial española en Filipinas contaba con una guarnición militar en Manila, abastecida con soldados mexicanos, que viajaban desde Acapulco. La doctora María Fernanda García de los Arcos explica, con abundancia de datos, que "el promedio anual fue de unos doscientos, lo cual, visto desde la perspectiva de los dos siglos y medio que duró la relación transpacífica del virreinato con Asia, daría una cifra relativamente importante. Se trató seguramente del caso de migración más numeroso entre una y otra orilla del océano Pacífico en aquella época y fue una de las causas de que hasta el momento de la independencia de México, el peso de la comunidad mexicana en la colonización de las Islas fuera considerable. Su influencia cultural ha llegado hasta la actualidad".

La Nueva España jugó un papel central en la colonización de las islas filipinas, debido a que los lazos comerciales pasaban por tierras americanas. Aquí se concentraban los marineros, los comerciantes y los soldados de la guardia de Manila, que viajaban en la carrera imprevisible y muchas veces peligrosa hacia el Poniente. La propia administración de las islas se concentraba en la ciudad de México.

El aspecto militar resulta por demás interesante, ya que se relaciona con el hecho de que la soldadesca que era enviada a Filipinas provenía básicamente de México y en su gran mayoría de la población criolla (españoles nacidos en América) que era abundante en la sociedad colonial de aquella época y por lo común sin empleo productivo. Las islas eran atractivas sólo para quienes tenían la ventaja del lucro, como los dueños de comercio o los administradores, o eran atraídos por un interés misionero que veía a Filipinas como trampolín para seguir hacia otros puntos en Asia.

Aquellos soldados estaban destinados a una incierta situación en la que habrían de vivir por años o en muchos casos por el resto de sus vidas. Iban destinados a ser guardias en las islas, al mando quizás de soldados locales. Su función tendría al cabo de los siglos una ventaja adicional, que fue transmitir la cultura hispana, con tonos mexicanos, a la población de las islas. De esta manera se fueron conformando dos estamentos diversos de colonos hispanos en los dominios asiáticos: la élite administradora y comercial, por un lado y de una masa de pobladores sin recursos, "blancos" criollos en gran parte nacidos en México.

En Filipinas se conocía a los reclutas mexicanos por el mote de guachinangos, quizás por su tez blanca y enrojecida por el sol del trópico.

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La demanda de soldados en Filipinas procuraba hacer frente a diversos peligros que corría la joven colonia filipina: por un lado, el constante asedio de los piratas ingleses y holandeses en los primeros años del siglo XVII. Por otro, el temor a las insurrecciones violentas de los chinos en la propia capital y en tercer lugar, a la necesidad de controlar las zonas del sur de Filipinas pobladas por musulmanes. Año con año los administradores exigían el envío de tropas para garantizar la supervivencia de Filipinas. Incluso en algún momento se pensó que sería inviable sostener la colonia ante el embate de tantos enemigos internos y externos. En respuesta, la corona española ordenaba, aunque casi siempre con retraso, el envío de soldados para reforzar el Regimiento de Infantería del Rey en Manila.

A fin de cumplir con las disposiciones reales de envío de soldados se establecía un procedimiento complejo: recepción de la petición por escrito que el gobernador de Filipinas hacía al virrey de la Nueva España; 2) el reclutamiento propiamente dicho que comportaba diversas modalidades; 3) el traslado de los seleccionados a la ciudad de México; 4) el viaje hasta Acapulco, 5) el embarque de los contingentes en este puerto del Pacífico con destino a Asia.

Daba inicio entonces lo que se llamó la bandera de enganche, un sistema de reclutamiento que incluyó abusos y engaños para llamar a jóvenes mexicanos con destino a Manila. De este tema hablaremos en una próxima entrega.
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María Fernanda García de los Arcos. Forzados y reclutas: Los criollos novohispanos en Asia (1756 - 1808). Potrerillos Editores S.A. de C.V. México. 1996.
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