Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

domingo, 25 de mayo de 2014

Puerto caballos 2

Una línea recta norte-sur desde Puerto Caballos, en la costa atlántica de Honduras, hasta el Golfo de Fonseca en Nicaragua, frente al océano Pacífico, parece un trazo ideal para  comunicar los dos mares y durante un tiempo fue el sueño de algunos audaces administradores, ingenieros y conquistadores para, en última instancia, comunicar Europa con Asia. Esta es la historia de una propuesta frustrada, de llevar por esta ruta soldados y armas hasta Filipinas, formulada en 1578 por el oidor de la Audiencia de Guatemala, Diego García de Palacio, constructor de barcos, astrónomo, geógrafo, pero no muy buen administrador ni político.

Corría la década de los setenta del siglo XVI y los colonos europeos en las costas centroamericanas estaban inermes ante el clima, las enfermedades tropicales y los insectos, pero aún más ante los ataques de piratas y merodeadores principalmente ingleses. Los conocimientos de don Diego García de Palacio resultaban de gran interés para contrarrestar los efectos de algunas de estas calamidades, en particular las generadas por los bucaneros de la reina Isabel. 


Debió ser un hombre de gran curiosidad natural, como se desprende de varios escritos de corte científico, en particular dos libros: "Diálogos Militares de la formación e información de personas, instrumentos y coas necesarias para el buen uso de la guerra" (1583) e "Instrucción Náutica" (1587). Realizó la primera descripción de las ruinas mayas de Copán, 250 años antes de que comenzaran las investigaciones arqueológicas modernas. Evaluó la posibilidad de construir puertos en Iztapa y Acajutla, en la costa del Pacífico, determinando que no ofrecían las condiciones necesarias de profundidad y refugio. En cambio, consideró que El Realejo era la mejor opción para el comercio naval y la construcción de barcos, debido a la cercanía con la producción de madera. Todo ello contribuyó a fortalecer su prestigio como experto en temas náuticos (matemáticos, astronómicos, construcción de barcos), pero también en materia jurídica sobre las condiciones éticas para una "guerra justa". Probablemente sus publicaciones tenían el propósito de divulgar conocimiento, si bien Garcia de Palacio carecía de experiencia práctica directa en esas materias.

Precisamente en el puerto El Realejo una de sus principales tareas fue supervisar la construcción de dos galeones, el Santa Ana y el San Martín. La construcción que debió durar de 1577 a 1579 se demoró hasta 1582, con un costo excesivo de 46,000 pesos, en una época en que el precio en Manila podría ser de 6,000 pesos. Este antecedente fue importante en la carrera de García de Palacio, acusado más tarde de abierta corrupción.

Los piratas

Otro elemento contradictorio de la personalidad de don Diego García de Palacio se mostró en dos ocasiones consecutivas relacionadas con los ataques de los piratas Francis Drake y Thomas Cavendish. En ambas ocasiones fue nombrado comandante militar para perseguirlos.  La primera alrededor de 1578 para capturar a Francis Drake, por lo que se ordenó preparar un ejército de 200 hombres que serían reclutados por leva en Guatemala, algo que no se logró y finalmente Drake ya había escapado de regreso a Inglaterra. Entretanto, como se ha dicho, don Diego García se quedó entre 1577 y 1580 en El Realejo, Nicaragua.

Una década más tarde, don Diego ya estaba instalado en la Ciudad de México, y en noviembre de 1587 Thomas Cavendish captura del galeón Santa Ana que regresaba de Manila y se encontraba frente a Baja California, por lo que nuestro personaje recibió la encomienda del virrey marqués de Villamanrique para perseguir al inglés, que poco antes había tomado el puerto de Huatulco y asolaba las costas del Pacífico.  Es curioso constatar que aquel galeón capturado por el pirata Cavendish era el mismo que había sido construido por don Diego en Nicaragua. Todo fue en vano, la respuesta fue tan lenta que cuando quiso salir en su búsqueda el pirata ya iba rumbo a Asia. Este evento volvió a marcar la imagen de don Diego como poco capaz para las tareas de defensa militar.

Propuesta sobre Filipinas

El 8 de marzo de 1578, desde Guatemala don Diego escribe una Carta al Rey sobre la Conquista y Pacificación de las islas Filipinas, y las ventajas de hacerse la navegación para ellas desde el puerto de Fonseca.  En ella ofrecía pacificar las islas con sus propios recursos a cambio de obtener el gobierno de las islas y el monopolio de la ruta de comercio del Pacífico, una propuesta que sugiere que él tenía un considerable caudal a su disposición. España había tomado control de las Filipinas siete años antes y la colonia era administrada desde la Nueva España. También sugería que la ruta de comercio se realizara por medio del istmo de América Central, moviéndolo de Panamá a Honduras, para utilizar Puerto Caballos y llegar al Golfo de Fonseca.

La misiva al rey critica la manera en que hasta ese momento se había conducido la colonización y cristianización de Filipinas y "propone que se lleve a cabo una estrategia para llevar tropas de manera regular desde España a las islas del Poniente, por medio de barcos dedicados específicamente a este proyecto tanto en el mar del Norte (Océano Atlántico) como en el mar del Sur (Océano Pacífico). El proyecto implica que cada año se transporten quinientos hombres de guerra hasta juntar el número que bastase a acometer y resistir cualquier oppuesto de enemigos. Su argumentación es directa, pues proponía que no se utilizara la ruta de Veracruz a Acapulco, ni la de Portobello, sino una nueva, más corta, en Honduras. El argumento para no pasar por la Nueva España, don Diego explica que los soldados europeos:
viniendo como vendrán indispuestos, cansados y enfadados de los trabajos de la mar viendo la anchura, grosedad y la mala fama que agora tiene la China por faltas particulares procurarán quedarse y esconderse (en la Nueva España). Podría Vuestra Majestad mandar atravesasen por esta provincia desembarcándose en el puerto de Caballos que es en la mar del Norte y que se tomasen a embarcar en la del Sur en el puerto de Fonseca que sólo dista el uno del otro sesenta y siete leguas y aunque  en la Nueva España no hubiera tan larga travesía, los inconvenientes dichos y otros de substancia: hay en esta provincia más salud, menos regalos y aparejos para huirse, buenos mantenimientos y más barata disposición para hacer navíos y otras cosas forzosas y necesarias para el viaje y comodidades de él.
Con algo que podría ser calificado como candidez, don Diego García de Palacio se presenta como la persona indicada para dirigir una armada a las islas Filipinas y ser nombrado gobernador general (por aquella época gobernaba desde Manila Francisco de Sande):
Y si para esto Vuestra Majestad fuese informado que en mi concurren las calidades que son menester para tal administración según se tiene experiencia de la cuenta que de más de once años a esta parte que administro vuestra justicia he dado me atreveré con el favor divino a servirle y gastaré toda mi hacienda y la de otros mis amigos que me prestaran yendo a aquella jornada. Y para enmendar la manquera (el desconocimiento) que en común se presume de los letrados en las cosas de la guerra después que me puesto los ojos en servir a Vuestra Majestad en este negocio he compuesto unos diálogos militares consagrados a vuestro glorioso nombre, por do se entenderá que no ha estorbado mi principal profesión a saber muchas cosas y adherentes que sólo pertenecen a la ordinata (reglas) de las guerras a que una natural inclinación me ha forzado ocupar los ratos de mi recreación.
Puede derivarse de esta argumentación que el traslado de tropas no se limitaría a Filipinas, sino principalmente a las Molucas y acaso hacia China. Afortunadamente la Corona española no hizo caso de la propuesta, que quedó en el olvido. Otros motivos  prácticos relegaron por siglos el desarrollo de los puertos de Honduras y la comunicación con el Pacífico.

Acusado de corrupción.

Desde 1583 don Diego comenzó a llamar la atención del arzobispo Pedro Moya de Contreras, comisionado como visitador para vigilar la corrupción en la Nueva España. El interés principal era la forma en que los oidores en México obtenían ventajas con la especulación de la tierra y la intermediación de favores en la Audiencia. Gracias a sus conexiones con la Corona y con el Virrey logró evadir castigo por cargos de enriquecimiento ilícito, pero en 1589 el Consejo de Indias condenó a Don Diego por 72 imputaciones, entre otras: nepotismo, aceptar uso de amenazas, explotación del cargo público para ganancias privadas, desplazamiento de las comunidades indígenas, y trabajo forzado de los indios sin pago. Probablemente contaba en su haber la ineficiente construcción de los galeones en Nicaragua en la década anterior. Fue suspendido como oidor y obligado a pagar multas. Murió el 15 de noviembre de 1595. 
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José Antonio Cervera Jiménez. Los planes españoles para conquistar China a través de Nueva España y Centroamérica en el siglo XVI.  Cuadernos Inter.c.a.mbio. Año 10, Vol. 10, No. 12 (2013). Disponible en: http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/intercambio/article/view/12348

Erika Elizabet Laanela, Instrucción Náutica (1587) by Diego García de Palacio: An early nautical handbook from Mexico. Thesis M of A, Texas A & M University, disponible en:
http://nautarch.tamu.edu/Theses/pdf-files/Laanela-MA2008.pdf

sábado, 24 de mayo de 2014

Puerto Caballos

Para Hugo y Marbella

¿Quién podría imaginar que desde las tierras de la actual Honduras se fraguó alguna vez un plan para conquistar China? Esta es la inverosímil historia que vincula a una zona del Caribe, en la costa norte de lo que hace siglos fue conocida como Hibueras o Higueras, donde se fundaron desde el inicio de la conquista española dos puertos para el comercio regional: Puerto Caballos* y Fonseca. El primero ha cambiado su nombre en el curso de los siglos y hoy es conocido como Puerto Cortés.

El objetivo era dominar el comercio de especias.

En este blog hemos mencionado otros intentos por invadir el imperio celeste, fraguados por cortesanos del imperio español, pero principalmente por vecinos de Manila. En cambio, las propuestas planeadas desde el continente americano, que aparecen ahora como delirios fantásticos, simplemente muestran el desconocimiento que se tenía de las dimensiones del océano Pacífico. Con todo, a principios del siglo XVI los proyectos para llegar a Asia desde la recién conquistada América florecían por doquier y forman parte de una lógica sencilla: dan continuidad al sueño de Cristóbal Colón y muchos otros navegantes en la búsqueda de Cathay, en espera de riquezas de todo tipo, oro, mercancías y sobre todo especias. En la segunda mitad del siglo XVI ese impulso, auspiciado principalmente por las coronas de España y Portugal, ya había desatado lo que se conoce de diversas maneras como la primera edad moderna, era del comercio o primera globalización.

Centroamérica jugó un papel importante en aquel momento inicial,  a pesar de que apenas era conocida por los visitantes circunstanciales llegados de Europa. Fue el punto de refugio de las naves de Colón en su cuarto viaje y de todos aquellos navegantes que deseaban dar un paso más hacia el occidente. Se veía a aquel estrecho de tierra como un trampolín para cruzar el Mar del Sur, como era conocida esa inmensa masa de agua en aquella época. Le siguieron otros más, por el camino de Venezuela (tierra firme) o desde México, incluyendo al conquistador Hernán Cortés (De Tidor al Darién, noviembre de 2009).


Precisamente Hernán Cortés llegó a ese lugar en 1524, en la expedición que lo llevó a la Hibueras buscando castigar a Cristóbal de Olid, según lo cuenta en sus Cartas de Relación. De ahí se trasladó a Puerto Trujillo. Este viaje quedó consignado también por Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista.

"En el siglo XVI, escribe  Elizabeth Fonseca Corrales, los puertos hondureños de Trujillo y Caballos eran los únicos fondeaderos centroamericanos para los barcos que navegaban desde Sevilla con la flota anual. A partir de fines de siglo, los ataques de corsarios motivaron la búsqueda de un puerto más fácil de defender. En 1605 se estableció el puerto de Santo Tomás de Castilla, lo cual significó una victoria decisiva de la provincia de Guatemala sobre la de Honduras por el control del comercio proveniente de España".

A largo plazo, se dio privilegio a los puertos en la Nueva España y Portobello en Panamá para el comercio Atlántico. Con el Pacífico, como sabemos, Acapulco se convirtió en el punto más importante de ese eje marítimo. En Centroamérica el desarrollo de puertos y astilleros fue precario y sujeto a las decisiones de comercio que se modificaban con mucha frecuencia. El caso del puerto El Realejo en Nicaragua es importante en ese sentido, como lo comentamos en este blog (diciembre de 2010). Con los siglos, y hasta la actualidad, la importancia estratégica del Golfo de Fonseca rivalizó por mucho tiempo con el estrecho del Darién.

Otro plan para conquistar China.

Cuando esta zona centroamericana fue poblada por españoles, en Bilbao nacía Diego García de Palacio, considerado como un respetable científico de su época, interesado en aspectos de navegación, desde la astronomía, la geografía, construcción de barcos y de puertos.  Llegado a su madurez, en 1572, llegó a ser oidor de la Audiencia de Guatemala. Hijo de una familia de la burguesía cantábrica, estudió en Salamanca y a sus cincuenta años lo encontramos en Centroamérica ocupando un cargo medio que probablemente ofrecía más prestigio que dinero, a menos que su iniciativa para los negocios le permitiera dar el golpe económico más importante de su vida. Recogemos aquí un interesante estudio formulado por  el doctor José Antonio Cervera Jiménez, que no tiene desperdicio:
" Hacia el final de su estancia en Guatemala, García de Palacio recibió la orden de vivir en el puerto de El Realejo, en la actual costa nicaragüense. Allí construyó dos galeones con la intención de cruzar el Océano Pacífico: El Santa Ana, de 400 toneladas de peso, y el San Martín, ligeramente mayor, de 500 toneladas. En mayo de 1578, fue nombrado alcalde del crimen en la Ciudad de México, aunque no partió hacia Acapulco desde El Realejo sino hasta finales de 1580, ya que se quedó, entre otras razones, supervisando la construcción de los dos galeones. Sin embargo, el virrey novohispano no quedó contento, ya que se gastó una enorme cantidad de dinero en la construcción de los dos barcos. Ambas naves costaron ocho veces más que si se hubieran construido al otro lado del Pacífico, en la bahía de Manila. Debido a este despilfarro, se levantó un testimonio acusatorio por parte de un contador, que influiría en el posterior proceso realizado sobre Diego García de Palacio, años después".
"En enero de 1581, poco después de su llegada a la capital virreinal, García de Palacio recibió el grado de doctor en cánones por la Real y Pontificia Universidad de México. El 10 de noviembre del mismo año, fue nombrado por unanimidad rector de la misma universidad. Fue el inicio de la época más próspera de García de Palacio. Sin embargo, los últimos años de su vida estuvieron marcados por el emprendimiento de negocios turbios por parte de su familia, que dieron lugar a acusaciones y, finalmente, a la ruina económica y moral. Diego García de Palacio murió básicamente de depresión, en 1595, dejando a los miembros de su familia sumidos en la pobreza". 
En la siguiente entrada retomaremos la propuesta que este hombre notable hizo para llevar tropas y armas a Filipinas, por la vía de Centroamérica, con miras a invadir China.
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* Puerto Caballos, lleva el nombre de Puerto Cortés y se sitúa en las coordenadas geográficas 15° 50´ 43.54´´ de latitud norte y 87° 55´ 21.85´´ de longitud oeste en territorio de Honduras, Ingris Lagos Soriano y Pastor Gómez Zúñiga,  "Puerto Caballos: nacimiento, evolución y muerte de una quimera transoceánica (1541-1607)" , Boletín AFEHC N°47, publicado el 04 diciembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2531

Julio Pinto Soria. Historia de Centroamérica. Vol. II El régimen colonial. Ed. Sociedad Estatal Quinto Centenario/Flacso, Madrid, 1993.  pp. 127-128.

José Antonio Cervera Jiménez. Los planes españoles para conquistar China a través de Nueva España y Centroamérica en el siglo XVI.  Cuadernos Inter.c.a.mbio. Año 10, Vol. 10, No. 12 (2013). Disponible en: http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/intercambio/article/view/12348

sábado, 19 de abril de 2014

Náufragos

El reverso de la historia del Galeón de Manila puede ser contado también como un listado de naufragios y percances que costaron innumerables vidas y fortunas perdidas en el mar. Los desastres pueden ser atribuídos a las tempestades que azotan al "pacífico", océano que mal fue nombrado de esa manera, pues es especialmente voraz e impredecible, como lo atestiguan quienes cruzaron en barco ese enorme tramo del planeta. 

Otros tantos desastres se debieron a la ambición de los poderes imperiales, que acarreaban tesoros en los navíos hasta correr el riesgo de hundirlos en medio del trayecto; piratas y corsarios hicieron lo propio al atacar las naves que se dirigían a Acapulco, cargados de mercancías, o a Manila, con apetecibles cofres de plata.

San Nicolás de Bari evita un naufragio. Bicci de Lorenzo, 1433.

Para muchos de ellos, comerciantes, sacerdotes, mujeres y niños, la aventura sería la primera y única ocasión en el mar. El viaje era tan arriesgado y largo que la mayoría de las veces no tendría boleto de retorno, sólo de ida para iniciar una nueva vida en Filipinas, el otro lado del mar. En momentos de tempestad, la esperanza de que ocurriera un milagro acompañaba a los viajeros que se embarcaban en aquellas cáscaras de madera por semanas y meses. Los viajeros imploraban para que al menos una isla los recibiera mientras algún otro barco fuera a su rescate.

Un caso más dramático es cuando la voluntad humana, cuando la autoridad de un capitán castigaba a un hombre y lo condenaba a quedarse solo en una isla en medio del océano, como sucedió con Alexander Selkirk (1676-1721) cuya estancia en solitario castigo por cuatro años y cuatro meses en una de las islas denominadas Juan Fernández frente a las costas Chile, dio pie al famoso Robinson Crusoe, escrito por Daniel Defoe.

Un lector amigo, Paco Moreno, quien nos ha proporcionado siempre información interesante, publicó en su blog la historia de Selkrik y la importancia de las islas en aquella parte del sur del océano Pacífico. 



Hoy escribo estas líneas motivado porque un viajero de las letras, Gabriel García Márquez llegó a su puerto final.  El gran escritor narró con maestría la experiencia de un náufrago moderno, que padeció el mismo miedo, hambre y sed que sus antecesores milenarios.

martes, 15 de abril de 2014

Concluye exposición sobre el Pacífico

En el Archivo de Indias, en Sevilla, el 20 de abril será la clausurada la exposición "Pacífico, España y la aventura del Mar del Sur", que desde que fue inaugurada en septiembre pasado recibió a más de 127,500 visitantes. La exposición fue organizada conjuntamente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Archivo General de Indias y Acción Cultural Española, en conmemoración del V Centenario del avistamiento del océano Pacífico por Vasco Núñez de Balboa.

La muestra estuvo al cuidado de Antonio Fernández Torres y Antonio Sánchez de Mora, utilizando parte del extenso acervo que se conserva en el Archivo General de Indias.


Interesante que la clausura de la exposición contará con un concierto del grupo Arcadiantiqua / Música prima, que interpretará un repertorio de música americana con aportaciones indígenas a partir de manuscritos peruanos, colombianos y mexicanos. La música barroca del período virreinal es parte del patrimonio común de las naciones que iniciaron un contacto estrecho a partir, no sólo de la conquista española, sino también de la historia del océano Pacífico. Falta mucho por investigar acerca de las influencias culturales mutuas que se propagaron hacia el mundo, incluyendo Asia, y la música barroca que se disfrutaba en los largos viajes transpacíficos.

Por cierto, la exposición se trasladará a Bogotá, Colombia.

sábado, 5 de abril de 2014

La gente que vino de Oriente

Aunque el término Oriente puede ser confuso, pues Asia está al occidente de México, es muy común referirse a todo lo que proviene de aquel continente como oriental, personas, objetos y cultura. Otra expresión que durante mucho tiempo causó confusión es el identificar a la gente como china, a pesar de que en su origen provienen de la zona más poblada del planeta, con diversidad de culturas, religiones e idiomas. Ese anacronismo está tan arraigado en México que a muchos les da lo mismo saber si alguien es japonés, indio o malayo "...todos son chinos".  

Pero lo que me interesa es mostrar que en un capítulo con este título el investigador Armando González Quiñones, del INAH de Zacatecas, en su Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común, nos ofrece una serie de ejemplos sobre la presencia asiática en aquel estado de la actual República Mexicana. Cita concretamente el libro de don Eugenio del Hoyo Plateros, Plata y Alhajas de Zacatecas, la presencia en los años 1691-1692 de dos orfebres filipinos; uno de nombre Juan de los Reyes, "filigranero de oro, natural de Manila", y otro Francisco Mañago, "filigranero de oro, de nación Pampanga, natural de las Islas Filipinas". En 1647, "Simón de los Angeles, oficial filigranero, natural de las Islas Filipinas" murió en Sombrerete. Estas noticias permiten suponer que en un lugar tan rico como Zacatecas la producción de joyería, incluyendo accesorios que por ejemplo se adaptaban a la porcelana (chocolateros, viandas, copas), requerían mano de obra experta de Asia, en concreto de Filipinas, que terminó viviendo en México.

En la región del Sudeste de Asia existe una larga tradición en la joyería, que recibió influencias varias, desde la India, Tailandia, Malasia, y que se amoldó a las necesidades y gustos de consumidores principalmente europeos. Filipinas no era la excepción, si bien la producción de oro en las islas siempre fue muy poca. A manera de ejemplo, encuentro en el portal Filipino cultured muestras del siglo XIX de este arte. Dos peinetas, de influencia española pero muy similares a las que se utilizaban en festividades en la Nueva España y en Perú. La montura de una de ellas es carey, tan apreciado en el Sudeste de Asia.




No debería extrañar entonces la presencia de estos maestros artesanos en tierra mineras mexicanas, hace apenas cuatro siglos.

Don Eugenio de Hoyo hace mención también de esclavos radicados probablemente filipinos o malayos, pero no chinos, en Zacatecas en aquel período:


  • "1650. Un chino esclavo  llamado Bernardo, de 30 años"
  • "1656. Un esclavo chino llamado Juan de la Cruz". Quizás refiriéndose al mismo esclavo, en el mismo año se encuentra la noticia: "Juan de la Cruz, chino libre, compra un esclavo mulato llamado Mateo de la Cruz"
  • "1664. Un chino, mi esclavo, llamado Juan, de edad de 30 años, casado con una india"
  • "1696. Isabel, esclava y china".
El libro de Armando González Quiñones cita al historiador Ernesto Lemoine V. quien comenta sobre el auge minero de Zacatecas en el siglo XVI.

Zacatecas siguió en ascenso durante la segunda mitad del siglo XVII, por más que en algunos documentos de la época se trasluzca que el lugar empezaba a venir a menos. En efecto, el virrey Duque de Escalona escribió al monarca en 3 de julio de 1640, acerca de la decadencia del mineral por falta de indios para que lo trabajasen, ante lo cual propone "Que convenía a poner remedio en ello, y disponer que aquel Real de Minas, le den indios de repartimiento, como los hay en el Perú, o que se mandasen traer de China negros (sic) en las naos que de allí vienen cada año, que cuestan allá baratos".

El historiador comenta que "desde luego, la medida, inhumana como tantas de su tiempo, no se aplicó, y Zacatecas pudo pasarse sin la mano de obra de los orientales que costaban tan barato.

Regresando al tema de las mercaderías. el libro de González Quiñones ofrece dos noticias: en 1580 el presbítero sevillano Luis Ponce de Esquivel, uno de los primeros pobladores de Zacatecas, dejó al morir catorce platos de China, cuatro escudillas de China, que "rematáronse en Gonzalo Sánchez, a tres reales y cuartillo cada pieza, 8 pesos, 1 tomín". 

El gusto por esos bienes de origen asiático, no necesariamente chino, siguió creciendo y a principios del siglo XVII, el obispo andariego, Don Alonso de la Mota y Escobar, describe de esta manera el comercio de productos asiáticos, observado durante su visita pastoral a la entonces extensa Diócesis de la Nueva Galicia, de la ciudad de Zacatecas:

Entre los vecinos nobles, pocos hay ricos y ésos son mineros, pero entre la gente intermedia muchos hay ricos de veinte, treinta y cuarenta mil pesos, y de cien mil habrá tres o cuatro, y todos éstos son mercaderes de tienda pública; pero ninguno de ellos lo es de España, que acá llaman, porque no emplean allá sino en México, de donde traen todo tipo de genero de ropa de Castilla, paños, lienzos, sedas vino, aceite, hierro, especias, y con esto traen también ropa y sedas de esta tierra, y de la que se trae de China, lo cual se trajina y trae a esta ciudad en carros y carretas; habrá en ella al pie de cincuenta tiendas de mercaderías que traen caudal de dos mil a treinta mil pesos; quiero decir que comenzando la ínfima por dos mil pesos van subiendo  por sus números sucesivos hasta llegar a treinta mil pesos, los mercaderes de menor valor y caudal venden por sus personas en sus tiendas y los más ricos tienen mozos y criados españoles.
Tienen estos mercaderes dos corredores de lonja* que sirven de lo que suena su oficio; además de esto hay otras tiendas donde se venden cosas menudas de jarcias y baratijas, todo cosa de poco precio y menos caudal.

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* Lonja, comercio por subasta.

Armando González Quiñones, Zacatecas y Filipinas, Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común, Edición del autor, México, 2002. 



sábado, 8 de marzo de 2014

Libros filipinos en Zacatecas

El movimiento constante de personas y bienes en el Galeón de Manila fue sedimentando una relación estrecha que quedó fija en costumbres y objetos que hoy perduran en museos, casas y bibliotecas. Zacatecas tiene el privilegio de conservar parte de esa riqueza, a pesar de los saqueos y siglos de incuria.

La obra de Armando González Quiñones, que hemos venido citando, tiene un énfasis especial en los libros provenientes de Oriente, impresos en Filipinas en el frágil papel de arroz, y que él ha catalogado con base en su ubicación -por lo menos hasta hace algunos años.


El investigador informa:

La imprenta entró a Manila a fines del siglo XVI. Los primeros libros que se le pueden atribuir son de 1589: dos ediciones de la Doctrina Cristiana (ver entrada de este blog del 23 de abril del 2009) una con la traducción al tagalo y otra con la versión china. El segundo taller se erigió en la Villa de Pila de 1606, cuando sólo hacía treinta años se había fundado el pueblo, luego los hubo en Bataán (1610) y San Guillermo de Bacalor. Allí se imprimieron de fibra vegetal -papel de arroz- poco resistente, de manera que de algunas obras sólo quedan escasísimos ejemplares exportador a Europa a raíz de la impresión, y que alcanzan cotizaciones muy altas. Aunado a lo anterior, debido a la entera destrucción de Filipinas, como consecuencia de la Batalla de Manila al finalizar la segunda guerra mundial, fue la desaparición de los ejemplares filipinos, no quedando hoy otro recuerdo que el monumental Catálogo publicado en 1903.
En 1700 los franciscanos, los jesuitas y los dominicos tenían sus imprentas; los agustinos tuvieron también una, cuya vida fue muy corta; la de los franciscanos funcionó al principio en Tayabos, dando a luz un Vocabulario Español-Tagalo del P. Santos, después aqulla imprenta la llevaron a San Fernando de Dilag, cerca de Manila, en donde permaneció poquísimos años, pasándola luego, también por pocos años, a su convento de la capital de donde fue trasladada definitivamente a Sampaloc, en cuyo punto funcionó hasta su cierre que fue a principios del siglo XIX; los dominicos mantuvieron siempre su imprenta en el Colegio de Santo Tomás; y los jesuitas tuvieron la suya en su convento hasta fines del siglo XIII, cuando fue cerrada como consecuencia de su expulsión, quedando en local sin variar a disposición del Arzobispado.
De estas tres imprentas proceden los libros más raros y más estimados que se arrebatan los aficionado: Historias, Crónicas, Superiores Disposiciones, Pastorales, Gramáticas y Vocabularios formados por los frailes de las lenguas del país.


La Biblioteca "Elías Amador" -Museo Pedro Coronel- conserva libros conventuales de San Francisco de Zacatecas, de Santo Domingo de Zacatecas, de la Compañía de Jesús de Zacatecas y del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe, Zacatecas.
Por cierto que el blog de Ekisaky calcula en 20,000 los volúmenes acumulados en esta bella biblioteca.


viernes, 7 de marzo de 2014

Zacatecas y Filipinas

Cayó en mis manos un libro de Armando González Quiñones, publicado en 2002 por el autor, del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Lleva por título precisamente Zacatecas y Filipinas y se anuncia como una "Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común." Supongo que no será fácil que los lectores encuentren esta edición de apenas 200 ejemplares, por lo que me he permitido citar ampliamente algunos de los pasajes elaborados por el investigador regional, quien alude al hecho de que la zona central del altiplano mexicano recibió y prodigó influencias culturales continuas hacia el Océano Pacífico, que lo comunicaron con las islas Filipinas. "Mexicanos y Filipinos se establecieron en ambas colonias, por lo que hubo entre ambos influencias culturales. La presencia de mexicanos en Filipinas y de filipinos en México -y por ende en Zacatecas-, propiciaron influencias culturales mutuas, algunas de las que actualmente forman parte de folklore mexicano."

De manera breve he mencionado en este blog algunos de los elementos por los que creo que, en efecto, se verificó este encuentro e intercambio cultural, a saber: a) la integración de las élites novohispanas, en particular las ligadas a la explotación minera, con el circuito comercial del Galeón de Manila, por lo que territorio adentro de la Nueva España se constituyeron centros económicos y de comercio que tenían mucho que ver con el lado opuesto del Pacífico (mayo de 2009, Desigualdad y Comercio). b) esta vinculación tiene espacios muy definidos que aún deben ser estudiados por los historiadores y que se extienden hasta el norte de México, incluyendo los territorios que ahora forman parte de EU, como Texas y Nuevo México (enero de 2011, Caminos de la Plata), mejor conocido como Camino Real de Tierra Adentro. 

Armando González Quiñones lo ilustra de la siguiente manera:

"De Filipinas los juegos pirotécnicos y las peleas de gallos (de ascendencia Malaya). Los inmigrantes filipinos fueron quienes introdujeron la pelea de gallos que ha llegado a ser muy popular en las ferias mexicanas. Esta fiesta es originalmente de la región sureste de Asia, posiblemente de Tailandia; sin embargo, pasó a la Nueva España con un matiz filipino, al gallo se le pone una navaja de plata y la pelea es a muerte (...) Los religiosos no escapaban a la afición por la pelea de gallos, lo que motivó que el provincial de la extensa provincia franciscana de Zacatecas, Fr. Antonio Rizo, por medio de una orden prohibiera expresamente y bajo penas severísimas, que los religiosos jugaran a los naipes, gallos y otros juegos de suerte; ya fuera poco, ya mucho dinero, ya cosa que valiera, y aún al asistir a donde hubiese juego ni siquiera pretexto de pedir limosna". "Por esta época nacen las ferias provinciales que han de tener tanta importancia turística y comercial hasta nuestros días: las de San Juan de los Lagos, San Marcos, Zacatecas, etc. Los coloridos adornos de papel de China, se hicieron muy populares en nuestras fiestas religiosas y el Parián."

Un libro manuscrito en papel china

En el Colegio Apostólico de Guadalupe se localizan volúmenes de gran importancia traídos de Filipinas y custodiados a lo largo de siglos. El historiador franciscano Lino Gómez Canedo comentó acerca de algunos de estos libros, disponibles en la biblioteca de actual museo.



"En cualquier parte puede surgir lo inesperado. Así, entre los restos del antiguo Archivo del Ex Colegio de Misioneros de Guadalupe, Zacatecas me encontré hace algún tiempo con un grueso volumen en papel china, mutilado en varias pares, que contiene la Floresta Franciscana, o sea las revelaciones que en 1640 recibió en Macao, Sor María de la Cruz, monja de Santa Clara de aquella ciudad, revelaciones que dieron origen a muchas controversias. En este volumen las revelaciones van seguidas por comentarios o escolios de los padres Fray Antonio de Santa María, famoso misionero de China, y de Fray Bartolomé de Letona, autor de una biografía de nuestro Beato Sebastián de Aparicio (...) Piezas como ésta tienen que haber dejado en nuestras Bibliotecas y Archivo otros misioneros que atravesaron México de regreso del Extremo Oriente, ojalá esta comunicación sirva de estimulo para que algún estudioso explore sistemáticamente los Archivos y Bibliotecas de México en busca de materiales relativos a la Historia de las Misiones en el Extremo Oriente"

Armando González Quiñones formula un comentario específico. "En la Biblioteca Elías Amador se custodian actualmente algunos libros impresos en Filipinas en papel arroz, procedentes de las antiguas bibliotecas conventuales de San Francisco, Santo Domingo y la Compañía de Jesús."

Seguiremos sobre este tema.

jueves, 13 de febrero de 2014

El Orientalismo de Anthony Reid

No me refiero al Orientalismo del que habló de manera tan apasionada e iluminada Edward Said, aquel que reflexionaba sobre la percepción occidental, idealizada y exótica (así como adversa y negativa), de lo que conocemos como Oriente Medio. Me referiré con ese título a las raíces del conocimiento del Sudeste de Asia, el espacio exacto en el que quedó anclado el comercio transpacífico casi desde su inicio, a partir del siglo XVII. Esta reflexión toma como base las opiniones elaboradas por uno de los grandes historiadores contemporáneos, experto en esa región, Anthony Reid.

A finales del siglo XVI, la Corona española llegó a percibir los límites de su propia expansión, con la derrota de la gran armada frente a las costas de Inglaterra, el conflicto tenaz en los territorios de Holanda y la fragmentación política de Europa. El mundo islámico, siempre presente, imponía sus límites en Oriente Medio. En Asia, en ese mismo momento, la posibilidad de continuar la expansión, tomando como base los puertos de Malaca, Goa y Manila, aunque llenaba de entusiasmo a misioneros y comerciantes que esperaban llegar (e incluso conquistar China) se topaba con una enorme muralla cultural imposible de escalar con los mermados recursos de un Imperio en deuda permanente y con heridas graves en todos sus costados. La prudencia quizás y el reconocimiento íntimo de que no podía atender a las demandas de penetrar el enorme espacio asiático cambiaron la historia.

Anthony Reid ha dedicado su vida a estudiar el momento histórico del arribo de los europeos al Sudeste de Asia, a donde pretendían moverse rumbo al norte y entrar de lleno a China y Japón. Ahora, cuando sigo las peripecias del Galeón de Manila me resulta de mucha utilidad detenerme en las reflexiones sobre el espacio complejo y (a los ojos de los visitantes extranjeros) amorfo y menos interesante que China, que es el Sudeste de Asia.

En el período en que el capitalismo y el Renacimiento transformaban a Europa, fuerzas extraordinarias también actuaban en el Sudeste de Asia. La expansión del tiempo del comercio magnificó el tamaño y el papel de las ciudades cosmopolitas. Se formaron estados y se fortalecieron en las ciudades, y formas seculares de pensamiento y cultura florecieron dentro de éstos.
Eventualmente, en el siglo XVII, la penetración comercial europea estableció un monopolio eficiente, cuyo efecto no fue el fortalecimiento sino la supresión de la vida urbana y comercial indígena, de tal forma que muchos de estos procesos fueron revertidos abruptamente. Se pide al lector que se despoje de estereotipos como el del Oriente inconmovible o un espacio decadente. La edad del comercio generó tantos cambios en el Sudeste de Asia como en Europa, aunque de ninguna manera en direcciones iguales.
La historia colonial, el orientalismo y la etnografía condujeron, desafortunadamente a la fragmentación del conocimiento. Algunas investigaciones pioneras trataron de cubrir cada aspecto de la vida de los sujetos utilizando la literatura, el lenguaje, los relatos de viajeros, las estadísticas de comercio y sobre todo sus propias impresiones de primera mano. En esa etapa primitiva de la investigación parecía posible escribir una historia total de la región o de un pueblo.




Reid reconoce el desafío que implica un estudio total, en una época de especialistas como la nuestra, cuando no hay personas que dominen decenas de lenguas y otras habilidades.

Se corren riesgos al intentar un enfoque tan amplio, como la superficialidad o el caer en la obviedad. Sin embargo -rebate el autor- mantenerse confinado en la especialidad en la que se entrena a los nuevos estudiosos también representa riesgos, y quizás algunos más graves, como excluir aquellas dimensiones de la historia que son vitales para la mayoría de la población.

Geógrafos modernos, antropólogos, demógrafos y científicos del medio ambiente han tenido más éxito que los historiadores convencionales en explorar muchas de las carencias en que la “gente simple” de la región vivía. Al utilizar tales descubrimientos los historiadores pueden encontrar un camino para extender los límites impuestos por las narraciones de viajeros, y las crónicas de los reyes.
“También estoy convencido que abordar al Sudeste de Asia como un todo permite describir una variedad de áreas de la vida que de otra manera quedarían en la sombra. Para cada área cultural individual las fuentes son desesperadamente fragmentarias. Cuando las estudiamos en conjunto, una imagen coherente comienza a emerger acerca de la vida de la región en su conjunto. Incluso ante la enorme variedad de lenguas y culturas, la región estuvo sometida a una misma presión climática, física y comercial y por lo tanto desarrolló estándares de cultura material muy similares".
Finalmente, el ejemplo de Fernand Braudel, quien escribió la magna obra sobre la vida en el mediterráneo en el siglo XVI, sirve para exigir a la disciplina histórica tener historiadores ambiciosos, que abarcaran más allá de lo que aparecía en su microscopio.

El exitoso esfuerzo para allegarse los elementos de varias disciplinas, particularmente la geografía, a fin de mostrar tanto los “destinos colectivos” de la región amplia como su espléndida variedad le proporcionó al autor el coraje para creer que también en las tierras detrás de los vientos tales métodos podrían generar resultados valiosos.

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Anthony Reid. Southeast Asia in the Age of Commerce, 1405 -1680. Silkworm Books, Bangkok, 1988. VOl 1. The Lands below the Winds.  Vol 2.  Expansion and Crisis (1993).

Anthony Reid. Charting the shape of Early Modern Southeaste AsiaSilkworm Books, Bangkok, 1999.

Autores Varios. Anthony Reid and the study of the Southeast Asia past, Geoff Wade and Li Tana (eds), Institute od South East Asia Studies, Singapore, 2012

miércoles, 22 de enero de 2014

Cacahuate, girasol,chile, tabaco

La comida china se enriqueció con la aportación americana del chile o ají, de origen americano. Como mencionamos en la entrada anterior de este blog, un interesante resumen preparado por el profesor Han Qi, de la Universidad Nankai de Tianjin, sobre el impacto en Asia de los cultivos llevados desde diversas latitudes de América por el Galeón de Manila, nos permite observar una migración de los productos y un cambio en los patrones de alimentación en China.


Chiles de seda china

Hoy día sería inimaginable la comida de Sichuán y otras provincias chinas sin el ingrediente festivo y picante del chile. "En 1591, Gao Lian la mencionó en su obra Ocho máximas sobre la vida, donde describía su color, apariencia y las características de su cultivo".  En otra obra, Espejo de flor, publicada en 1688, el escritor Chen Haizi se refería al chile:

"La pimienta extranjera tiene la flor de color blanco, en otoño se cosecha el fruto, que se parece a una pluma; el color pasa del verde al rojo; se puede engranar en una cuerda para servir de objeto decorativo; tiene un sabor picante; la gente la cosecha y la muele en polvo para utilizarla en invierno, reemplazando el pimiento"
Puede deducirse que antes de convertirse en un ingrediente imprescindible en la mayoría de provincias, el chile sirvió de ornamento. Aún ahora es posible encontrar girnaldas de seda hechas en forma de chiles.

Con respecto al cacahuate (o maní), el profesor Han Qi refiere que el primero fue introducido por los portugueses a través de la ruta marítima de occidente en el siglo XVI, cuando Zhao Xuemin lo registró en el Suplemento del Compendio de materia médica: "el maní se produce en Fujián, la flor cae en el suelo y nace el fruto. No existió anteriormente; a principios del reinado de Kangxi (1654-1722), el monje Yingyuan volvió de Fusang (Japón) con la semilla del maní, que al exprimirla da el aceite". De esta forma, el cultivo dio inicio en la zona costera del sur de China, pero al descubrirse sus propiedades como aceite se propagó el uso en el norte.

"En 1639, un poema de Wen Zhengheng aludió por vez primera al girasol, originario de América del Norte, y en China cultivado, durante mucho tiempo, en pequeñas regiones. Su uso se generalizó después de que He Degang, en 1903, afirmara en el Informe sobre los productos agrícolas de Fujun, que las semillas del girasol podían producir aceite".

Tabaco

Hoy en día el consumo de tabaco en Asia ocupa 56 por ciento del total mundial. En este continente es común encontrar todavía un alto nivel de tolerancia a formas de consumo que han sido atenuadas en Europa o en Estados Unidos, como fumar en lugares públicos o el uso por parte de consumidores muy jóvenes.  Este producto fue introducido hace cuatrocientos años desde América.

"La primera referencia a la introducción del tabaco, originario de Centroamérica, data de 1611, cuanto Yao Lu escribió en su obra Libro de Rocío: 'en Luzón se produce una hierba llamada tabaco, la trajeron y cultivaron en Zhangzhou. Ahora la producción es mayor que la de Luzón, adonde la transportan y venden'. Y aclara que al principio sirvió de medicina: 'se enciende un extremo del tabaco, el humo penetra en la garganta; puede prevenir el miasma; su zumo puede envenenar los piojos'. Otro documento alude a la compra, por parte de unos soldados, de medio kilo de tabaco (junto con un caballo) para curar la enfermedad del frio'."

Si al principio su uso fue medicinal, en los últimos años de la dinastía Ming se había convertido en una verdadera moda entre la población china. Otra fuente de la época, Memoria del suelo en el Templo Tao, del escritor Zhang Dai señala: "cuando era niño no sabía qué era el tabaco. Diez años más tarde, todo el mundo fumará tabaco. Por todas partes se ponen mesas de tabaco. Es una hierba mágica. Durante el reinado de Chongzhen (1611-1644), fue prohibido, pero a partir de los Qing todo el mundo fuma, desde las mujeres hasta los altos funcionarios".

El profesor Han Qi también nos informa cómo el tabaco entró de lleno en la vida social en China, en diferentes presentaciones: tabaco seco, el húmedo, el tabaco en pipa, el rapé, la pipa. Además, debido a su efecto anti-fatiga, aparte de satisfacer cierto tipo de demanda psicológica, pronto se convirtió en un producto de consumo social, tan importante como el té y el alcohol.

En suma, la presencia de productos agrícolas de origen americanos comenzó a transformar el consumo y la economía del gigante asiático; un fenómeno que es menos conocido que el del uso de la plata novohispana y peruana. En ocasiones anteriores hemos tocado este tema y se agradece el trabajo del profesor Han Qi al documentar tantos elementos de la relación entre China y el mundo que, en esencia, permanecen ocultos para quienes no hablamos chino.
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Han Qi, "La influencia del galeón de Manila sobre la Dinastía Ming", en Los orígenes de la Globalización: El Galeón de Manila, coordinado por Carles Brasó Broggi, Shanghai, diciembre 2013, Cap. III, 67-104.

domingo, 19 de enero de 2014

Maíz, camote, papa, chile

Esta vez, la Nao Va al mercado. 

En China varios ingredientes de origen americano forman parte de la dieta cotidiana. Aunque es poco probable que alguien recapacite sobre la procedencia ancestral de lo que pone en su mesa, maíz, papa y chile son, entre otros productos alimenticios fundamentales de la cocina china, resultado de la interacción del Galeón de Manila con las culturas de Asia.

En una conferencia realizada en abril del año pasado en Shanghai, el profesor Han Qi, de la Universidad Nankai de Tianjin, habló ampliamente de la introducción de productos americanos en la dieta asiática y su impacto en la agricultura china a partir del siglo XVI.  Los textos presentados en esa ocasión recién han sido publicados por el Instituto Cervantes en un esfuerzo muy importante por dar a conocer la historia del Galeón de Manila desde un enfoque integral, que incluye elementos de la cultura y la sociedad. En esta entrada retomaré parte de la amplia y documentada argumentación del profesor Han Qi, en un texto que merece ser conocido por los lectores de otras latitudes.



Nuevo libro sobre el Galeón de Manila

El inicio de la ruta que unía a Acapulco con Manila coincide con la última etapa de la dinastía Ming (1368-1644), cuando se introducen decenas de especies y plantas americanas desde Filipinas hacia el Sudeste de Asia y China. El profesor Han Qi destaca maíz, camote, papa, cacahuate, girasol, tomate, chile, calabaza, frijol, piña, chirimoya, guayaba, cacao y tabaco. La introducción de estos cultivos, que no fue uniforme en el tiempo, ni con el mismo éxito en la producción y el consumo, representa una etapa de intenso intercambio biológico, que fue en ambas direcciones del océano Pacífico, como lo hemos comentado en previas entradas de esta bitácora.

"Los primeros documentos que atestiguan la existencia del maíz datan de 1560", en un texto de Zhao Schichun Historia de Pinglian: "el trigo extranjero tiene hojas anchas y cortas, la espiga está en la punta como el arroz. El fruto se parece a una torre y se halla en el nudo de la paja. La flor roja cuelga de la espiga y mide unos quince centímetros de largo. En marzo se siembra la semilla y en agosto se cosecha el fruto".

El camote (boniato o papa dulce) también tiene fecha de entrada en los cultivos chinos, 1582, cuando Chen Yi, cantonés, consiguió cultivar en su tierra un camote traído de Vietnam ( Historia de Dongguan). "En Fujián las plantaciones empezaron en 1593: en La Historia de Fujián, de Zhou Lianggong, se dice que los comerciantes de dicha región, tras ver las tierras cultivadas de boniato, fueron a Luzón y trajeron esquejes para plantarlos en Zhangzhou, Quanzhou, Putian, Changle y Fuqing. Si bien el cultivo del boniato se limitó a Fujián y Cantón, a finales del sigloXVII se extendió a Jiangxi, Hunan y Zhenjiang, y a mediados del XVIII llegó al norte". 

Con relación a la papa, el profesor Han Qi refiere al holandés Henry Stuys quien durante su estancia en Taiwán en 1650 aludió por vez primera a la entrada de ese producto en China, cuando la isla estaba bajo el dominio holandés.

Efectos sobre la productividad

El historiador chino ofrece una visión interesante sobre el impacto de estos cultivos en la economía china, "una segunda revolución alimentaria en el país, tras la ocurrida durante la dinastía Song, cuando el cultivo del arroz se generalizó en el sur de Jianghuai". Los nuevos productos:

1. Enriquecieron la oferta alimenticia de la población china, que antes del cultivo del maíz usaban arroz, trigo, sorgo y soya (soja). La mayoría de la población, sobre todo los trabajadores, comenzaron a consumir maíz y camote.

2. Aumentó la extensión de tierra cultivable y la producción de cereales. "Aquí hay que recordar que el maíz, el boniato y la patata se adaptan fácilmente a las tierras secas y pobres, y tienen una alta productividad. En consecuencia, las regiones del desierto y la montaña, antes consideradas estériles, se convirtieron en tierras propicias al cultivo de estos productos. Entre 1724 y 1887, la tierra cultivable aumentó un 26,03 % (125 millones de hectáreas), generalizando el cultivo de especies americanas en la mayoría de nuevas explotaciones".

3. El uso mayoritario del maíz y el boniato cambió el desarrollo de la gastronomía china, pero también facilitó, debido a la baja demanda de mano de obra (para cultivarlos), que los campesinos pudieran dedicar más tiempo al cultivo de otros productos, como el tabaco, el algodón y el té"

"Así pues, el maíz y el boniato permitieron explotar las regiones más secas, en el marco de la continua lucha contra la hambruna, ofreciendo una alta productividad que contribuyó al crecimiento de la población china. Según los documentos oficiales, se pasó de ciento cuarenta millones en 1600, a ciento cincuenta millones en 1650, y doscientos cinco millones en 1700, fruto de la explosión demográfica del siglo XVIII. En 1800 llegó a trescientos cuarenta y cinco millones, y a cuatrocientos treinta millones en 1850. Pues bien: la introducción del maíz y el boniato es uno de los motivos de este rápido crecimiento demográfico, que, entre 1700 y 1850, provocó un aumento de la población de doscientos veinticinco millones".
En la siguiente entrada continuaré refiriendo interesantes datos sobre el cacahuate, el girasol, el chile y el tabaco en China, que ofrece el profesor Han Qi. 

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Han Qi, "La influencia del galeón de Manila sobre la Dinastía Ming", en Los orígenes de la Globalización: El Galeón de Manila, coordinado por Carles Brasó Broggi, Shanghai, diciembre 2013, Cap. III, 67-104.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Hospedería de San Jacinto

Con los mejores deseos para los lectores en el año 2014.

Decenas de jóvenes españoles impulsados por la fe religiosa recorrieron cada año el largo y accidentado camino entre Sevilla y Manila desde finales del siglo XVI y hasta el siglo XIX, cuando concluyó el tránsito directo entre México y Filipinas. Las dificultades del viaje, que podía durar entre ocho meses y en alguna ocasión hasta dos años, fueron un gran reto para varios misioneros que deseaban en principio llegar a las islas de Oriente. Queda pendiente investigar, en clave sicológica y social, el poderoso impulso que animaba a estos hombres; un valor que en la actualidad es difícil incluso imaginar si se compara con el interés pecuniario o de prestigio individual que estimula a las sociedades modernas. Detrás de las biografías de varios de aquellos misioneros, enterradas en archivos, debe estar una veta muy interesante de experiencias humanas y una psique tan particular que aún es necesario analizar. 

En aquel viaje sin retorno a la Nueva España y Filipinas, tras un recorrido en el Atlántico que podía variar de mes y medio, con buen tiempo, hasta seis meses (si se descuentan barcos hundidos o las enfermedades a bordo), se llegaba a Veracruz, y a lomo de mula o a pie se llegaba en cosa de otras semanas a Puebla y a la ciudad de México. 

Ya hemos mencionado aquí el hospicio agustino de Santo Tomás de Villanueva, que alojaba a los misioneros de esa orden y cuyo edificio engalana el costado norte de la Alameda Central. En esta ocasión hablaremos del hospicio de los dominicos, ubicado "en una casa que está extramuros de esta ciudad, en las huertas entre el convento de San Cosme y el pueblo de Tacuba, nombrada San Jacinto de Nuestra Señora de Guía, para que sirva de hospedaje a los religiosos que vienen por su cuenta para las dichas islas".  

La casa con huerta se encontraba a media legua de los confines de la ciudad del siglo XVI, junto a la actual calzada México-Tacuba, frente al Colegio Militar. 



El 29 de septiembre de 1582 llegaron a Veracruz los miembros de la Orden de los Predicadores destinados al Oriente, que en 1587 fundaron la Provincia del Santo Rosario de las Filipinas. "Tras unos días de descanso en Puebla, en donde algunos murieron, los religiosos se distribuyeron por los conventos de la Provincia de México, esperando la primavera del año siguiente para embarcarse en Acapulco". En ese período colaboraron con el trabajo misionero en México y seguramente aprendieron mucho para sus tareas en Filipinas.

Seis años más tarde, en 1598 fue adquirida la  nueva casa de tránsito, con las limosnas del rey y de otras personas caritativas. El padre Procurador Fr. Diego de Soria compró allí una casa y una huerta, para descanso y vida recogida de los frailes que iban a evangelizar China y Filipinas. Tomo aquí el texto de Fray Miguel A Medina, OP, con precisiones sobre el origen de esta casa:

"Las actas de 1621 la denominan: Domus St. Dominici de Mexico. Sin duda se trata de un error, y así parece deducirse de la corrección efectuada por el siguiente Capítulo. Pero el error tendrá como consecuencia la desaparición de la segunda parte: desde entonces será S. Jacinto de México. Esta es la denominación que aparece en los documentos de la Provincia, con la precisión geográfica de "extramuros de México". Algunos documentos se refieren a él con el nombre de San Jacinto de China y en otros, finalmente, se le conoce como San Jacinto de los filipinos, por referencia los frailes que él paraban.
"Los primeros en gozar de las ventajas de la nueva casa fueron los 35 componentes de la expedición conducida por FrayTomás Hernández en 1601."
"Normalmente las expediciones tenían que esperar en San Jacinto desde agosto-septiembre hasta mediados de febrero del año siguiente, fecha en que solía partir el galeón de Manila. El tiempo de estancia variaba, desde dos días como ocurrió a una expedición de 15 religiosos en 1790, a tener que estar esperando año y medio". Sin embargo se dio el caso de 32 religiosos que salieron de Sevilla en 1613 y llegaron a Manila hasta 1615.

La forma de vida

Un personaje fundamental que se hospedó en San Jacinto fue fray Domingo Fernández Navarrete, autor de una de las obras más interesantes y leídas sobre China, Tratados históricos, políticos, éthicos y religiosos de la Monarchia de China, que lo confrontó con los misioneros jesuitas en aquellas latitudes y en el Vaticano. Cuenta el misionero que llegó a México en 1646 junto con otros 27 dominicos y en esa casa "comenzamos luego a vivir conforme al estilo de nuestra Santa Provincia, sin más cama que dos mantas sobre unas tablas; dos horas de oración mental, coro, estudio y lo demás, que nuestro instituto conduce. Domingos y fiestas no faltaba sermón, ni confesores en la iglesia, ni conclusiones cada semana". 

La casa de los predicadores se sostenía con lo producido en las huertas, además de que los gastos de viaje y estancia de los misioneros en tránsito era costeado por las cajas reales. La disciplina religiosa y el ayuno en la solían coincidir con el tiempo de estancia de los viajeros que se hospedaban en San Jacinto.

Al igual que en otras órdenes misioneras, con el correr de los años, la disciplina se relajó y en varias ocasiones fue necesario obligar a los jóvenes que tenían por destino Manila, para que continuaran el viaje desde Acapulco. Mucho de ellos preferían quedarse en la Nueva España, de clima benigno y en condiciones privilegiadas. 

El fluir de noticias

La llegada de visitantes desde Europa y las cartas y relaciones desde Asia, colocan a este hospicio como un lugar de incesantes noticias sobre lo que acontecía en el mundo. Seguramente ahí fue discutido el tema de los métodos misioneros que seguían los jesuitas en China y Japón; los martirios a que fueron sometidos misioneros en aquellas lejanas tierras y otros tantos relatos de un mundo apenas conocido por los occidentales en esa época. De algún modo, la casa de San Jacinto a las afueras de la Ciudad de México se convertía en un espacio cosmopolita de su tiempo.

En Filipinas

Los dominicos llegaron al puerto de Cavite el 21 de julio de 1587. Cinco de ellos permanecieron en una casa que fue denominada Convento de Santo Domingo. Cuatro más se destinaron a Bataan y otros seis a Pangasinan. Esa orden se hizo cargo de Baybay, Binondo y el Parián, donde vivían los comerciantes chinos, la provincia de Pangasinan, algunos pueblos del norte de Tarlac, el valle de Cagayan, las actuales provincias de Cagayan, Isabela, y Nueva Viscaya, incluyendo las laderas de la Cordillera Central y el oeste de la Sierra Madre, las islas Babuyan y las de Batanes, con interrupciones.

Una de las tareas misioneras más importante desarrolladas por los dominicos fue la fundación de la Universidad de Santo Tomás, probablemente la más antigua de Asia. El primer obispo de Filipinas, Fray Domingo de Salazar, perteneció también a esa orden. Un éxito notable fue su dedicación al conocimiento de lenguas y dialectos que existían en el archipiélago filipino, como la primera doctrina cristiana, escrita en tagalog.
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Fr. Miguel A. Medina OP.  San Jacinto de México entre España y Filipinas, en Los Dominicos en el Nuevo Mundo, Siglos XIX-XX. Actas del V Congreso Internacional, Querétaro, Qro (México) 4-8 septiembre 1995. Editorial San Esteban, Salamanca, España, 1997, pp. 107-123.

Pablo Fernandez. History of the Church in the Philippines (1521-1898). Orientalia Dominicana-Philippines No.8, 1979, pp. 23-24.

martes, 17 de diciembre de 2013

Negros esclavos en Cantón

En línea con el tema del tráfico de esclavos por parte de comerciantes europeos en la región asiática en los siglos del comercio (o de la "modernidad", como también se le llama), me encuentro con una historia que me ha dejado impresionado. Forma parte de un libro escrito por el Obispo y Virrey de la Nueva España Juan de Palafox (1600-1659), relativo a la caída de la dinastía Ming (1368-1644). El destacado representante de la Corona en América  cuenta cómo la invasión manchú desde el norte de China en 1644, condujo a la creación de una nueva dinastía denominada Qing (1644-1911). Fue un cambio de régimen relativamente rápido y sin embargo, a lo largo de un lustro en la segunda mitad de los años cuarenta de ese siglo, continuó la resistencia de los súbditos chinos de la etnia Han, principalmente en las provincias del sur, como Fujián y Guandong, cuya capital es Guangzhou.

En español se le da el mismo nombre Cantón, tanto a la provincia como a la capital. 


La resistencia china en aquellas provincias tomó varias formas, incluida la lucha de los terratenientes y algunos guerreros-comerciantes en las costas del Mar del Sur de China, que dieron dolores de cabeza por muchos años a los invasores del norte. Lo sorprendente es que estos guerreros contaban también  en las provincias del sur con la fuerza militar de esclavos negros (Hei Nú, 黑  ).

Transcribo íntegro el pasaje de esta historia:

“También se hallaron en esta ocasión en la ciudad de Quangtung (Cantón) más de seiscientos negros de varias naciones, pero todos ellos Cristianos y esclavos fugitivos de la ciudad de Macan (Macao) de la cual se huyeron a lo interior de la China. Eran estos negros a los principios de esta Guerra más de tres cientos, y sirviose de ellos contra el Tártaro aquel famoso corsario Icoan, que los tenía junto a su persona, fiándose más de ellos, que de sus naturales Chinos. Ellos le sirvieron con valor y fidelidad; hasta que vencido de el Tártaro y muertos muchos de ellos, se asentaron los restantes, que eran ya poco menos de doscientos, en servicio de los vencedores en esta ciudad de Quangtung". 

"Estos negros pues se portaron tan valientemente en esta escaramuza contra los corsarios a vista de el Virrey, y toda su gente los alabó con encarecimiento. Ni se contentó con alabanzas, sino que agradecido a su fidelidad y valor, mandó darles algunos regalos de cosas de carne. Mas ellos anduvieron tan cristianos, y tan píos, que le respondieron estas palabras: Señor sepa Vuestra Excelencia, que nosotros somos católicos Cristianos, y que la santa Iglesia católica manda a sus hijos que no coman carne en la cuaresma que es un espacio de tiempo de cuarenta y seis días cada un año. Ahora es ese tiempo que nosotros llamamos Cuaresma. Así no podemos comer esos regalos que Vuestra Excelencia nos ofrece, aunque lo estimamos, y agradecemos muy de corazón. Vuestra excelencia nos perdone, y nos dé licencia para obedecer a nuestra Iglesia, y nuestra ley tan santa, que no solo tenemos obligación de guardarla, sino de morir por ella, si fuere necesario.

"He puesto este caso, aunque parece menudencia, con mucho gusto; porque los juzgo por digno de alabanza, y de memoria eterna, y por un argumento glorioso de la verdadera fe, que cría unos espíritus y respetos tan generosos en unos sujetos de suyo tan viles, y también por este caso es confusión de las perfidia (s) de los herejes; que pueden aprender religión los que se llaman religionistas, de unos negros, y sobre negros esclavos, y sobre esclavos fugitivos. Come carne el hereje carnal todo el año, y tiene por ceremonia ociosa, y aun por abuso el que en la santa católica se prohibe a sus tiempos. También comen carne todo el año los buitres, y las avestruces, y los cuervos con que consiguen su apetito y se desconocen la razón. Luego el saber los hombres abstenerse a tiempos de lo que apetecen, los diferencia de los animales brutos; y los que siguen sin abstinencia su apetito no se distinguen de los brutos animales.

"Quieren ver cuán cierto es esto la luz de la razón. Pues juzgando los Tártaros, que no tienen otra luz, y aun en esa la tienen ofuscada, con el ser de Bárbaros e Idólatras o Ateístas.

"Quedó el Virrey atónito con esta respuesta, y después de informado bien del misterio de ella, alabó de nuevo a estos negros, y a su fe, y a su obediencia con admiración y publicidad; y lo mismo hicieron todos los Tártaros diciendo: Que merecían aun más alabanzas, por esta respuesta, que por el valor con que habían peleado. Así discurre, aunque sea bárbaro, quien no niega el discurso a la luz de la razón: y es razón bastante para convencer a las piedras, el ver, que el verdadero Dios crió a los hombres con diferente fin que a los brutos animales. De lo cual se colige con evidencia que no es ley del verdadero Dios, ni es ley que lleva al verdadero Dios aquella en que viven los hombres, sin diferencia de los brutos. Por el camino a sy fin. Por medios racionales se consigue el fin racional. Porque es ley sentada en las ciencias; que sean los medios proporcionados a los fines.

"Ni Dios nuestro Señor quiso dejar de pagar de contado esta fineza, y de aprobar esta acción, con un favor milagroso, que hizo a estos negros a vista de los mismos Tártaros que lo notaron, y los aplaudieron todos con Gloria de la verdadera y católica religión. Fue el caso, que cuatro días después de este asalto, volvieron los corsarios a dar un asalto a esta ciudad, y con más furia, y más confianza que la vez pasada. Esta vez saltaron desde luego a tierra y se arrojan a la ciudad: Opusiéronseles los Tártaros con igual fuerza, gobernados de el mismo Virrey de las letras. Peleóse de entrambas partes con pertinacia, desde el amanecer hasta el medio día. Hubo muchas muertes de una parte y otra; porque llovieron todo este tiempo balas y flechas y lanzas, porque iban al aire.

"Halláronse en este encuentro los negros católicos por la parte del Tártaro, conocidos ya por católicos, y mirados como tales, y ellos obligados de las alabanzas y cortesías pasadas. Que hasta los negros se obligan con alabanzas y cortesías. Y deseosos de aumentar su crédito, y el de su santa fe, que tan heróicamente habían profesado delante bárbaros y gentiles, y poderosos y vencedores, se procuraron señalar más este día, arrojándose a los más formidables de los peligros.

"Quedó finalmente la victoria por el Tártaro, y los corsarios se entregaron a la fuga, y se acogieron desordenadamente a sus embarcaciones, quedando en la plaza mucha sangre, y cuerpos muertos de los unos y de los otros. Solos nuestros católicos negros perecieron este día inmortales, y aun invulnerables. Con ser más de doscientos, y haberse hallado en lo más sangriento de los encuentros, y en lo más espeso de las flechas y balas, no murió ninguno de ellos, ni fue herido, ni descalabrado, ni hubo arma ninguna que llegase a ofenderles, con asombro de los Tártaros, y crédito de nuestra santa fe. Reconocieron ellos este favor del cielo; y así desde el mismo lugar de la batalla se fueron todos juntos, sin dejar las armas de las manos, a dar gracias a Dios nuestro Señor en la Iglesia que la compañía de Jesús tiene en esta ciudad de Quangtung. No quiso Dios nuestro Señor dilatar la paga a estos nuevo (s) Cristianos negros, agradeciendo a la fineza de la fe con que le habían servido, teniendo tan pocas obligaciones: Digo tan pocas obligaciones. Porque, aunque la razón de criatura era igual con ellos con todos los demás hombres, y esta razón de criatura en los hombre es tan trascendente, que los hace a todos esclavos de Dios en todas sus formalidades y esos, y otros católicos de Europa, que están más arraigados en la fe de sus abuelos, por tantos siglos, y más llenos de la luz y conocimiento de la fe católica, y más fundados en este conocimiento".

La importación de esclavos africanos en China se remota  varios siglos antes de la aparición de los europeos en la región y corría a cargo principalmente de comerciantes árabes. No deja de causar sorpresa el alto nivel de interacción cultural que prevalecía en la zona y si se quiere de cierto cosmopolitismo de la época.
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Juan de Palafox, Historia de la conquista de la China por el Tártaro, París, 1670. Capítulo  XVI. Profesan heróicamente la fe Católica unos negros esclavos, delante de el Tártaro idólatra.

Chang Hsing-lang. "Importation of negro slaves to China under the Tang Dynasty (a.d. 618-901)", Catholic University of Peking, Bulletin No.7, December, 1930, pp. 37-59.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Esclavismo en Japón

En los siglos XVI y XVII aparecen múltiples noticias que muestran la presencia de esclavos japoneses en la región Asia Pacífico, o como ya mencionamos incluso en la Nueva España. Lo que cabe precisar es que el enfoque de Japón frente a la esclavitud difiere en gran medida de los patrones del trabajo forzado en varios otras culturas de la macro región asiática. La unificación de Japón al finalizar el siglo XVI bajo el dominio Shogún trajo consecuencias notables en la presencia de los japoneses en toda la región. 

Una explicación ampliamente aceptada es que el esclavismo en Japón dejó de ser atractivo económicamente porque importar mano de obra, aún siendo forzada, era poco rentable pues se estaba gestando un proceso de homogeneización interna con intenso intercambio dentro de sus fronteras. El ascenso de una clase laboral libre, dispuesta a trabajar por un salario, ganó terreno en la economía de las islas. El uso del dinero y el auge de las ciudades vio aparejada la movilidad de la mano de obra libre, según explica Yosaburo Takekoshi, aunque reconoce que existen pocos elementos estadísticos para mostrar este proceso.  A partir del ámbito económico, el principio de la libertad del trabajo se habría transferido al terreno cultural, donde el esclavismo se tornó anacrónico ante los ojos de las élites japonesas. En el periodo Sengoku (1467-1615) continuó existiendo la trata de esclavos, pero ya en 1590 esta práctica fue oficialmente prohibida por Toyotomo Hideyoshi aunque no erradicada del todo. Coexistían formas de contratos forzosos y de sumisión junto con los códigos de trabajo más regulares. Más tarde, durante el periodo Edo por ley se decretó el trabajo no libre para familiares de criminales ejecutados, aunque en la práctica no se utilizó ese recurso.





Una visión distinta es la de Thomas Nelson, investigador de la Universidad de Oxford, quien elabora ampliamente sobre la esclavitud en Japón:

"Las fuentes portuguesas y otras occidentales están repletas de registros de la exportación de esclavos japoneses en la segunda mitad del siglo XVI. Algunos ejemplos deben servir para ilustrar este punto. Muy probablemente, los primeros japoneses que pusieron un pie en Europa eran esclavos. Ya en 1555, la Iglesia denunciaba que los comerciantes portugueses estaban tomando jóvenes esclavas japonesas con ellos de vuelta a Portugal y vivían con ellas en pecado. En 1571, el comercio de esclavos se llevaba a cabo a una escala tal que el rey Sebastián de Portugal, se sintió obligado a emitir una orden que lo prohíbe en Japón para que no se obstaculice la actividad misionera católica en Kyushu.

Sin embargo, la desunión política en Japón impidió que la corona portuguesa lograra frenar el tráfico de personas; la disponibilidad de mercancía humana y los beneficios derivados del comercio esclavo (en el exterior) mermaron la efectividad de esa prohibición. En 1603 y 1605, los ciudadanos de Goa protestaron contra la ley, afirmando que la Corona se equivocaba al prohibir el tráfico de esclavos que habían sido adquiridos legalmente. Finalmente, en 1605 Felipe III, en ese entonces rey de España y de Portugal, emitió un documento que era una obra maestra de la ofuscación destinado tanto para apaciguar a sus críticos en Goa que exigían el derecho a tener esclavos japoneses y también para satisfacer a los jesuitas, que insistían en que se prohibiera esa práctica pues afectaba la imagen misionera.

Los peores temores de los jesuitas se confirmaron muy pronto, escribe Thomas Nelson, cuando Hideyoshi, el gran unificador de Japón después de un siglo de guerra civil, llegó a Kyushu. Ahí expresó su disgusto de que muchos de sus compatriotas acostumbraran la venta de esclavos japoneses a los extranjeros, y se interrogó a los jesuitas fuertemente en esta práctica. El 24 de julio 1587, Hideyoshi envió la siguiente carta al Vice - Provincial  jesuita Gaspar Coelho:

"Ha llegado a nuestra atención que portugueses, siameses y camboyanos que vienen a nuestras costas para comerciar,  están comprando muchas personas, toman cautivos a sus reinos, arrancando japoneses lejos de su patria, sus familias, los niños y los amigos. Esto es intolerable. De este modo, el Padre (jesuita) deberá garantizar que todos los japoneses que hasta ahora han sido vendidos en la India y otros lugares distantes vuelvan a Japón. Si esto no es posible, porque están muy lejos, en reinos remotos, por lo menos que los portugueses dejen libres a las personas (japoneses) que hayan comprado recientemente. Voy a dar el dinero necesario para hacer esto. "
Quizás no fue una coincidencia que pocos días después Hideyoshi promulgó su primer decreto de expulsión de misioneros. 

Es evidente la contradicción que se observa entre la intención de las autoridades japonesas para controlar e incluso eliminar la esclavitud en manos japonesas y, por otra parte, la salida de esclavos de las islas que terminaban en diversos lugares de Asia (o incluso en América y en Europa). 

Más que cifras, es posible obtener indicios del tráfico de esclavos japoneses en manos de comerciantes de Portugal. Uno de estos es la molestia generada en China por la ingente presencia de japoneses en Macao, a quienes se les consideraba fuente de inestabilidad y carne de cañón para la piratería en la zona. En 1613, las autoridades china exigieron a los portugueses que no retuvieran más japoneses. El argumento por demás extraño era: "Ustedes como extranjeros ¿para qué quieren japoneses, si pueden usar (esclavos) negros? Nuestra ley establece dar muerte a los japoneses donde se les encuentre. Al tener a esta gente, es como tener tigres que también pueden devorarlos a ustedes". 

La pena por llevar esclavos japoneses a Macao era la decapitación del traficante y del esclavo.
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Thomas Nelson. Slavery in Medieval Japan, Monumenta Nipponica, Sophia University, Vol. 59, No. 4, invierno 2004 , pp 463-492