miércoles, 25 de noviembre de 2009

De Tidor al Darién

Los capitanes de la expedición de Magallanes tenían en mente dos rutas en el incierto camino a las islas de la especiería: por el Pacífico y por el trayecto de la India, dominado por los portugueses. En diciembre de 1521 Sebastián Elcano y Gonzalo Gómez de Espinosa decidieron separarse para intentar ambas, cada cual por su parte.

A fin de medir el grado de incertidumbre con que operaban estos capitanes valdría la pena hacer ese recuento. El descubrimiento del Mar del Sur se hizo el 25 de septiembre de 1513, cuando Vasco Núñez de Balboa atisbó desde las colinas del istmo de Panamá el anchuroso océano. La razón para llamarlo así radica en que la tropa española venía del norte. Ese descubrimiento abrió la posibilidad de continuar con la búsqueda de una vía de acceso al Oriente, en particular a la fuente de la especias.

Exactamente seis años más tarde, en septiembre de 1519 zarpó Magallanes de San Lucas de Barrameda en España y llevaba consigo la noción de que era posible regresar a aquel punto en Panamá, rumbo a Europa. Información privilegiada que resume el interés de la elite europea por alcanzar una meta de enormes proporciones, y en la que participaban cientos de científicos, marineros y misioneros con el propósito de alcanzar el impreciso oriente, la misteriosa China, la fuente de las riquezas. En ese lapso se "tropezaron" con América y aún así continuaron con su proyecto.

Dificilmente aquellos hombres podrían imaginar las dimensiones de lo que entonces veían; el oceáno Pacífico es el más grande del mundo, con una superficie de 179.7 millones de kilómetros cuadrados, y ocupa más de la tercera parte de la superficie de la tierra. Contiene
aproximadamente 25,000 islas, más que todos los demás océanos del mundo juntos, casi todas las cuales están ubicadas al sur de la línea del Ecuador. El punto más bajo de la superficie de la corteza terrestre, la Fosa de las Marianas, se encuentra en el Pacífico.

Los capitanes de Magallanes contaban con la noción de que era posible el retorno por el Pacífico, como lo señala el hecho citado por Pigafetta de que se plantearon el regreso al estrecho del Darién.

Febril actividad exploradora

Simultáneamente, desde la recién conqusitada Nueva España se hacían planes para enviar expediciones al otro lado del Pacífico. Los gobernadores españoles del Nuevo Mundo, incluído Hernán Cortés, ordenaron febriles exploraciones para reconocer el litoral del Pacífico desde Panamá hasta Tehuantepec, en Oaxaca, México.
Las primeras expediciones se hicieron desde el Golfo de San Miguel, en Panamá, hacia el Norte, a cargo de Balboa, el propio descubridor, y del gobernador de Darién, o Castilla del Oro, Pedrarias Dávila, y fue necesario habilitar los puertos del Atlántico, Santa María la Antigua y Acla, como centro de obtención de la madera para la construcción de naves, que se transportarían por tierra al otro mar. Después fueron Gil González de Ávila y Andrés Niño quienes, de 1522 a 1525, reconocerían toda la costa hasta el Golfo de tehuantepec, así como el lago de Nicaragua.
De Panamá a Perú (1522-1532)
Por entonces también el gobernador Pedrarias impulsa las expediciones al sur de Panamá. Pascal de Andagoya recorre la costa occidental de la actual Colombia y remonta el rio de San Juan a través de la provincia de Conchamá, trayendo muchas noticias de las riquezas del Imperio de los Incas. El descubrimiento de la costa más al sur, en busca de este imperio, pasando el Golfo de Guayaquil hasta Tumbez, en el comienzo del actual Perú, estuvo a cargo, entre los años de 1524 y 1532, de Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernándo de Luque, vecinos de Panamá, y desde Tumbez ellos mismos conquistaron por tierra el tan buscado Imperio Inca.

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Carlos Prieto. El Océano Pacífico: Navegantes españoles del siglo XVI. Alianza Editorial, México, 1972, pp.29-30.
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