Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cagayanes

En la punta norte de la isla de Luzón se localiza la provincia de Cagayanes, distinguida por ser una zona estratégica en comunicación con la isla de Taiwán y las costas del sur de China. La percepción de la importancia de la región  fue reforzada por los ocupantes españoles desde el período de la ¨pacificación¨de Filipinas a finales del siglo XVI. 


En una carta del gobernador Gonzálo Ronquillo de Peñalosa a Felipe II, Rey de España, escrita en junio de 1582, relata la necesidad que tuvo de enviar tropas a la zona de Cagayanes debido a la presencia de piratas chinos y japoneses. En su recuento señala que los españoles hicieron frente a tales  invasores y que en feroz batalla aniquilaron a doscientos japoneses, incluyendo al hijo del comandante, con sólo tres españoles muertos.



A partir de la expulsión de japoneses y chinos en 1582 se iniciaron las primeras incursiones españolas en aquella zona al norte de Luzón, lo cual condujo al descubrimiento de las oportunidades de expansión y el sometimiento de los naturales. El comandante español Juan Pablo Carrión exploró el rio Cagayanes y los fértiles valles protegidos por el terreno montañoso y fundó en aquella época la provincia de Nueva Segovia, que ha cambiado en extensión a lo largo de la historia.


Los pobladores originales de esta región debieron recibir influencia de una multitud de pueblos de la región, como lo muestran las imágenes del Códice Boxer. 


La distancia entre Taiwán y el norte de Filipinas es de apenas 250 kilómetros a través de un estrecho que incluye muchas islas, con dos grupos: Batanes y Babuyanes. De ahí que resulta natural la presencia de piratas chinos y japoneses en la zona. De hecho, ese fue el camino seguido por tropas japoneses durante la segunda guerra mundial para invadir Filipinas.



martes, 29 de noviembre de 2011

Tagalos

A partir del arribo de los españoles a las islas filipinas se formularon varias estimaciones generales sobre la población en el archipiélago en la segunda mitad del siglo XVI: una tarea difícil para cualquier colonizador o misionero, aún después de la traumática experiencia de los españoles en América, donde las concentraciones humanas rebasaban las dimensiones conocidas en Europa y al poco tiempo se vivió un desplome de la población indígena derivado de las enfermedades y el maltrato.

En comparación con Nueva España o Perú, en Filipinas la población nativa era relativamente escasa y dispersa en el enorme tapiz de islas, además de las diferencias entre cada uno de los pueblos y sin autoridades centrales. De tal forma, para los españoles el tema demográfico se volvió relevante hasta el inicio del siglo XVII, cuando comenzaron a observar el declive de la población y, como apunta O.D. Corpuz, la preocupación de los encomenderos y misioneros fue una caída de las recaudaciones, en forma de encomiendas y diezmos.

Las primeras estimaciones podían considerar a la población sujeta a la encomienda o la población de las doctrinas o pueblos. El problema para los historiadores es que tales datos sólo consideran a los habitantes sujetos al control español, no a los individuos que también ocupaban el espacio filipino y que resistieron por un largo período, quizás hasta el siglo XVIII.  La tarea de los historiadores contemporáneos es reconstruir una información que es limitada y sesgada. Ciertas estimaciones sobre la población indígena en las islas en los años de la conquista, y aún medio siglo después, deben ser tomadas con pinzas: 

  •  En 1588, el obispo Domingo de Salazar informaba de 586,800 feligreses, que aportaban un total de 14,700 tributos. La intención del obispo era solicitar al rey de España más misioneros para ayudar a la pacificación de las islas, pues deja señalado que existe una parte de los habitantes que aún no han sido convertidos a la religión católica. Corpuz deriva la posibilidad de que la población ascendiera entonces a alrededor de 800,000 personas.

  • Historiadores jesuitas hablaría más tarde de ¨menos de dos millones de habitantes¨. Sin embargo, las crónicas de siglos posteriores trataron de reducir las estimaciones.

  • El censo hecho por los estadunidenses en 1903 alega que aquellas cifras fueron abultadas y que la población no pudo ser en el siglo XVI de más de medio millón de personas.


Tagalos

Valga la nota anterior para introducir más imágenes del Códice Boxer, con sujetos del principal grupo étnico de la isla de Luzón, es decir los tagalos, cuyo nombre significa proveniente del rio.









Islas donde se habla el tagalog



O.D. Corpuz. The roots of the Filipino Nation. Philippine Centennial (1898-1998) Edition. Manila, 1989. Apéndice, p. 515-570.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Bisayas

En el archipiélago filipino, la cantidad y diversidad de pueblos es francamente enorme. Sabemos que la geografía explica la historia, pero el conjunto de más de 7,000 islas que conforman a este país induce sobre todo a la descentralización política, administrativa e incluso religiosa. Es muy difícil la tarea de crear estructuras unificadas, si se toma en cuenta la diversidad geográfica, la densidad poblacional y  variantes notables en fertilidad del suelo y acceso (incluso con pequeñas islas montañosas). 




Ante esta variedad se estableció una distribución territorial específica de las órdenes religiosas en Filipinas, ya que no podían todas estar en todos los lugares. Los primeros en llegar, agustinos y franciscanos, fueron beneficiados con amplio territorio misionero en la zona tagala, en Luzón, la principal isla tanto por superficie como por población.  Los agustinos también obtuvieron además las provincias de Pampanga e Ilocos en tierras fértiles del archipiélago. Los franciscanos se ocuparon también de la provincia de Camarines, donde se habla Bikol o Bicolano.
  
También en Luzón, se instalaron los jesuitas, mientras que los dominicos se ocuparon de la comunidad china en las inmediaciones de Manila, así como en Pangasinan y Cagayan.

Más al sur...

... el grupo de las islas Bisayas fue dividido a lo largo de líneas lingüísticas y geográficas entre agustinos y jesuítas. Esta fue la zona de arribo de los españoles, con la capital en Cebú y por cierto tiempo se pensó en que sería el centro de control del archipiélago, pero varias décadas más tarde los europeos se trasladaron a Manila, en la isla de Luzón.

En un principio, se tuvo que echar mano de misioneros preparados en la Nueva España, pero pronto se observó un declive en la calidad del trabajo misionero, señala John Leddy Phelan, por lo que fue necesario reformar la estructura de las misiones a fin de lograr mayor control, sobre todo en espacios remotos, con poca población. Surgía así un problema constante en las islas: el poder de los frailes sobre las comunidades rurales.

Se establecieron cabeceras de región, a las que acudía la población en días de fiesta religiosa, como la Navidad y el Corpus Christi. Se intentó en un principio el método de las reducciones de pueblos, es decir, concentraciones de poblaciones dispersas, pero la geografía -nuevamente- hacia impracticable un sistema que tuvo relativo éxito en América desde el siglo de la conquista.



Las ilustraciones que aquí presentamos nos muestran una población bisaya en contacto con las corrientes comerciales y culturales de la región, profundamente influida por el islam.


La división de clases entre propietarios de la tierra y desposeídos alimentaba la práctica del trabajo servil por deuda, una especie de esclavitud ¨por contrato¨ que podía durar largos períodos. Los españoles continuaron con la costumbre, aunque frecuentemente la criticaban por razones ético-religiosas.


Los españoles quedaron impresionados con la costumbre de la población de Bisayas de tatuarse el cuerpo de manera integral. De inmediato fueron llamados ¨los pintados¨



John Leddy Phelan. The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565-1700. The University of Wisconsin Press, Madison, 1959. p. 36.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Zambales

Zambales es una de las seis provincias en que está dividida la isla de Luzon, en Filipinas. De hecho, fue la zona de expansión de los españoles a partir del siglo XVI y hoy es la segunda demarcación política más grande en la isla más importante del archipiélago. Originalmente estaba habitada por población de origen malayo, que compartía costumbres con toda la región del sudeste de Asia, como cazadores, pescadores, recolectores.

Las ilustraciones que aquí se presentan forman parte del Códice Boxer. 


Uno de los rasgos comunes de las poblaciones de la región es la combinación de creencias animistas, practicadas durante siglos, que se mantuvieron a pesar de la presencia del islamismo en los siglos XIV y XVI. Es interesante observar que aún en la actualidad, la veneración de espíritus de la naturaleza, conocidos como anitos, sigue estando vigente después de 400 años de presencia de la religión católica.


                  

Jorge Mojarro observa que en la edición de Carlos Quirino y Mauro García de algunas partes referidas a loas Zambales en el Códice Boxer fueron obscurecidas o censuradas debido a que eran demasiado fuertes. De hecho, esta sección habla de canibalismo.

"The manners, Customs, and Beliefs of the Philippine Inhabitants of Long Ago; Being Chapters of 'A late Sixteenth-century Manila Manuscript.' Transcribed, Translated and Annotated."Philppine Journal of Science 87 (1958): 325-449.                                                                               


martes, 15 de noviembre de 2011

Un abanico de pueblos


En marzo de 2009, aludíamos a un famoso documento del siglo XVI filipino-español que adquirió el nombre del historiador inglés Charles R. Boxer (1904-2000), por lo que ahora el libro de folios es conocido como Códice Boxer. Se trata de múltiples notas y 75 valiosas ilustraciones que datan alrededor de 1595. Generalmente atribuido al gobernador español en Filipinas Luis Pérez Dasmariñas, el material puede tratarse en realidad de una encomienda de varios autores y probablemente los dibujos a color hayan sido realizados por un artista de origen chino, como lo denotan la técnica y los detalles.

El manuscrito se encuentra en la biblioteca Lilly, de la Universidad de Indiana, especializada en conservar obras bibliográficas antiguas. Recientemente ha circulado en la red parte del material del Códice Boxer, que revela el excelente estado que guarda el manuscrito y el valor como testimonio de las culturas que conformaban el archipiélago filipino. En las ilustraciones aparecen los diversos pueblos, tagalos, zambales, vizayas y los llamados negritos. 

En beneficio de los lectores, colocaré las imágenes consultadas en internet, que merecen sin duda la atención de quienes se interesan por la rica cultura del sudeste de Asia.  

Portadilla del cuaderno de folios, con el ex libris del profesor Charles Ralph Boxer, y una anotación sobre el origen del libro

Referencia en La Nao Va: http://lanaova.blogspot.com/2009/03/una-rica-variedad-de-pueblos.html

domingo, 13 de noviembre de 2011

Museo en marcha

El comercio entre La Nueva España y Filipinas tuvo una duración de 250 años, con un intercambio anual de dos y tres navíos de 1565 hasta 1815.  La revolución de Independencia impidió continuar el contacto con Asia, por lo que España retomó el comercio con Filipinas por la ruta larga de Africa e India.

Para recordar la etapa final de aquel recorrido, el Museo Naval de Acapulco tiene preparada una exposición titulada Navíos de la Independencia, del 23 al 30 de noviembre, que podrá ser apreciada en la Secretaría de Marina, en la ciudad de México.
 
 

Modelo de un gran galeón

La anunciada exposición itinerante del Museo Naval de Acapulco se trasladará en diciembre a la biblioteca José María Lafragua, de la Benemérita Universidad Autonoma de Puebla. Marcelo Adano, fundador del museo en Acapulco, informa que será expuesta una réplica a escala del navío Nuestra Señora de los Remedios, que fue realizada con base en los planos originales tomados del Archivo General de la Nación. La construcción de la réplica duró dos años y medio, con la integración de 17 mil piezas y 15 tipos de madera.

En enero, la exposición estará en el Museo Histórico Naval de Veracruz. 

Marcelo Adano ha dedicado su vida al estudio de la historia de la navegación, las rutas y los navíos, y en esta ocasión ofrece al público tanto las réplicas a escala, como las investigaciones realizadas en torno a esta importante etapa de la historia de México. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

Encuentro en el mar

Esta bella ilustración pertenece al Códice Boxer, y muestra un barco español en aguas filipinas en el siglo XVI. Una admirable impresión de color y detalles, poco conocida.

domingo, 16 de octubre de 2011

Don Quijote y China


En 1615 apareció la segunda parte del libro de Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha. El autor mostraba inquietud para sacar a la luz su nueva obra, tanto por el éxito de la primera, como en parte por el hecho de que en 1614 había aparecido ya un tomo que pretendía ser la continuación de su exitosa obra; pero con la firma de un misterioso Alonso Fernández de Avellaneda. 


El orgullo de escritor hizo que don Miguel de Cervantes aludiera con burla a aquel que había pretendido tomar su lugar en la crónica de la vida del Quijote. Para ello hace alarde de la fama que ha tenido su primer y original libro, hasta en remotos países del Oriente. Cervantes alega en una deliciosa fantasía que el mismo emperador de China le escribió apremiándolo para recibir ese segundo tomo, pero él ha preferido dedicarlo al Conde de Lemos. 


¨(...) porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago (la amargura) y la náusea que ha causado otro don Quijote que con nombre de Segunda parte se ha disfrazado y corrido por el orbe¨.


Cuenta de una carta entregada a Cervantes por mensajero venido desde China.




¨Y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome o por mejor decir suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Juntamente con esto me decía que fuese yo a ser el rector del tal colegio. Preguntéle al portador si Su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de costa (recursos para viajar a China).


Respondióme que ni por pensamiento.


—Pues, hermano —le respondí yo—, vos os podéis volver a vuestra China a las diez o a las veinte o a las que venís despachado, porque yo no estoy con salud para ponerme en tan largo viaje; además que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y, emperador por emperador y monarca por monarca, en Nápoles tengo al grande conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear¨.


Manel Ollé, de quien retomo esta viñeta, apunta también que en aquella época la referencia cervantina a China reflejaba el interés de los europeos y de los habitantes de América por un país rico y lejano. 


Así lo demuestra el éxito de las crónicas de viajeros, entre las que se encuentra la famosa Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del Gran Reyno de la China, del agustino Juan González de Mendoza publicada en 1585. El misionero vivió dos años en México y nunca llegó a Oriente, pero recoge en su obra crónicas e información de gran interés para el ávido público de habla española, mostrando por vez primera caracteres chinos. El libro fue reimpreso y traducido a los principales idiomas de Europa casi de inmediato.


Se puede sumar a esta lista, la obra de otro contemporáneo de Cervantes, Lope de Vega, quien escribió años más tarde su crónica sobre los mártires cristianos en Japón, de la que ya hemos hablado en este blog. En suma, el impacto de Oriente en la mente europea crecía con una gran rapidez y estimulaba la imaginación de comerciantes, misioneros y literatos del Siglo de Oro


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Manel Ollé. Comunidades mercantiles en conflicto en los estrechos de Taiwán (1624-1684). Universidad Pompeu Fabra, Barcelona.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Bulas

El término Bula designa a un sello de bronce que se incorporaba a documentos de extrema importancia emitidos por altas autoridades. Cuando el Papa estampaba su firma en una decisión importante que debía ser conocida se le denomina Bula Papal, con los que se significaba la validez de lo que se desea promulgar. Ahora es posible consultar este tipo de documentos, desde el sitio vaticano denominado Lux in arcana, dedicado a mostrar importantes archivos a los que el público dificilmente podría acceder. De febrero a septiembre de 2012 se realizará también una exhibición física de muchos documentos en el museo del capitolio en la ciudad de Roma.

La noticia que nos ofrece Irene Savio, corresponsal en Italia del diario Reforma, es que ¨el Vaticano hace por fin pública la bula Inter Cetera II y el sumario en virtud de la cual el Pontífice español Alejandro VI fijó las líneas de demarcación de los dominios marítimos y terrestres que pertenecerían a España, y los que serían de Portugal¨.



Reproduzco a continuación la nota de la periodista, escrita ayer en Roma.

La excepcionalidad del anuncio reside en que dicho documento es el manuscrito original de la bula Inter Cetera II del 4 de mayo de 1493 conservado en los registros de la Santa Sede, donde también se preservó el sumario que llevó a la redacción de la misma.

"Ha sido gracias a este sumario que los investigadores descubrieron que se expidió una segunda bula Inter Cetera, redactada en junio pero fechada el 4 de mayo de 1493. Esto ocurrió porque la primera versión de la bula, con fecha del 3 de mayo, no satisfacía los Reyes católicos", explicó a Reforma Luca Carboni, secretario general del Archivo Secreto Vaticano y el estudioso encargado de analizar el documento por encargo de la Santa Sede.

Así se explica que, a diferencia de la primera versión, la segunda bula de Alejandro VI asigna a España todos los territorios situados al oeste de un imaginario meridiano ubicado a unas 100 leguas de las islas de Cabo Verde y de las Azores, limitando los anteriores derechos portugueses a expandirse por el Atlántico.

"Con la emanación de la segunda bula, en substancia, la Iglesia detalla el reparto de América entre las potencias de España y Portugal, con el fin de evitar controversias subsecuentes", precisó Carboni.

"Hay que tener en cuenta que en esa época el Papa era una autoridad no sólo religiosa sino también llamada a intervenir sobre cuestiones políticas y su autoridad era reconocida por todos los Estados cristianos como representante de Dios en tierra", añadió el experto.

La importancia de la bula queda de manifiesto si se considera que dicho documento fue el que sentó las bases jurídicas para la colonización de las Américas tras el regreso de Colón a Europa, en marzo de 1493, anticipando la firma del tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1494 entre los Reyes españoles Isabel y Fernando, y Juan II, Rey de Portugal.

En su documento, el Papa también estableció la excomunión para toda persona "de cualquier dignidad, incluso imperial o real" que violara sus dictámenes.

"Bajo pena de excomunión latae sententia en la que incurrirá automáticamente quien atentare lo contrario, prohibimos severamente a toda persona de cualquier dignidad, estado, grado, clase o condición que vaya a esas islas y tierras (...) sin especial licencia vuestra o de vuestros herederos y sucesores", escribió Alejandro VI.

También, el Papa invocó el envío de misioneros para evangelizar a los indios que residían en el Nuevo Mundo, lo que suponía una ampliación del universo cristiano conocido hasta ese momento.

Además, homenajeó y avaló la obra Colón como el brazo ejecutor de la cristianización de las Américas, a quien Alejandro VI llamó de "hombre apto y muy conveniente a tan gran negocio y digno de ser tenido en mucho".

Una copia idéntica de la bula Inter Cetera II se encuentra en Sevilla, España, pero carece del sumario.

domingo, 9 de octubre de 2011

La reja de Catedral

"La reja del coro de la catedral de la Ciudad de México era de madera preciosa, pero el cabildo decidió hacerla de metal y para entonces -1721- no había en la Nueva España ni en Manila artífices capaces de hacerla.

"Diseñó el proyecto Nicolás Rodríguez Juárez. Los chinos no entendieron bien el proyecto y hubo necesidad de que un franciscano italiano les explicara en lengua china el significado de la obra. La reja, de tumbaga y calaín -una mezcla de bronces, estaño y zinc- se fundió en Macao, en la provincia de Guangzhou. De Macao se llevó a Filipinas en un patache y de Filipinas al Puerto de Acapulco en 125 cajones. No costó 17 mil pesos como se había calculado, sino 46,300, que debió pagar el Cabildo.





"Sin embargo no hay una reja igual en el mundo. Hubo necesidad de recortarla y con el metal sobrante se hicieron anillos llamados "tumbagas". Se la empotró entre las soberbias cornisas de oro que sostienen los dos grandes órganos tan exqusitamente labrados."
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Información tomada de Fernando Benítez La Nao de China, Cal y Arena, 1989. p. 65
Ver también:
http://www.arquidiocesismexico.org.mx

jueves, 22 de septiembre de 2011

Productos

Un documento muy importante para describir la mecánica del comercio transpacífico es el Extracto Historial del Comercio entre China, Filipinas y Nueva España, compilado por Antonio Alvarez de Abreu, que contiene información sobre las políticas comerciales coloniales desde 1565 hasta 1736. En diferentes momentos señala que el grueso del comercio de especias era pimienta, clavo y canela.

Un Real Despacho del 27 de octubre de 1720 ordena al Gobernador General de las Filipinas,

"que el comercio que se ha practicado por los vecinos de aquella jurisdicción con el reino de Nueva España, en adelante se reduzca solamente a los géneros de oro, canela, elefantes*, cera, losa, clavo, pimienta, cambayas, lienzos pintados, chitas (¿chinitas?, es decir porcelana pequeña), zarazas, gasas, lampotes, mantas de Ilocos, seda floja y en rama, y los demás que no sean tejidos de seda, oro y plata". Se ordenaba que al año viajaran "dos bajeles de a 500 toneladas cada uno, prescribiendo el importe de su carga a la cantidad de 300,000 pesos y el retorno a 600,000 con las demás providencias que en él se expresan"
El asunto de las cantidades era muy debatido porque los comerciantes en Manila (que eran en realidad agentes mexicanos del comercio) tenían cuotas para llenar los barcos y desde la Ciudad de México alegaban dificultades para cumplir con dichas cuotas o, en ocasiones, consideraban que éstas eran muy limitadas. Un ejemplo es el traslado de loza  que es voluminosa y frágil y que, en términos de comercio era considerada de poca ganancia.

En el caso de la especiería se alega que una parte importante de la carga se queda en la Nueva España y no se registra, es decir, entra de contrabando, mermando la que se debe enviar a España.


"la pimienta, clavo y canela, que aunque se le haya informado a Vuestra majestad no la llevan los comerciantes de España en las flotas, que pasan a la Vera-Cruz, como se expresa en el real despacho; lo contrario manifiesta (...) el escribano real y teniente del Mayor de Minas, Registros y Real Hacienda, de orden del virrey de México, en que, con reconocimiento de los registros y certificaciones del cargue de los 17 navíos de flota, que comandó el teniente general don Fernando Chacón, con toda distinción manifiesta pasar el número de la canela de más de 170 737 libras (...) que omitieron anotar el peso; y la especería, debajo de cuyo nombre se contiene la pimienta y el clavo, de más de 70 986 libras sin comprenderse las balas, sacos, cajones y barriles, en que se halla dicha omisión. Exhorbitante cantidad, por la mucha que se gasta en la Nueva España, de la que se coge en (se desvía a) las provincias Chiapas y Tabasco."
Este ejemplo ilustra un viejo problema del abasto de especias asiáticas para satisfacer la demanda europea. Los españoles dejaron el monopolio de las especias a los portugueses, que preferían llevar los productos por la vía del oceáno Indico y bordeando Africa, lo que convirtió a Lisboa en el emporio de la especiería ibérica. Recuérdese que desde el siglo XVII la otra parte monopólica del mercado estaba en manos de los holandeses, que habían arrebatado las molucas a los españoles. En suma, por la vía de Manila no pasaban grandes cantidades, ni grandes variedades de especias, más que las tres fundamentales.

(las razones de España para ceder el monopolio de las especias a los portugueses son bastante complejas, pero existió un quid pro quo con el control del comercio de la seda).

Otro ejemplo temprano de esta "distribución de los mercados" es la descripción de 1640 escrita por el administrador Grau y Monfalcón, en el sentido de que Filipinas y los ciudadanos de Manila no obtenían ventaja o provecho de las Molucas, cuando todavía estaban en posesión de España, ya que representaban mas bien una carga administrativa y militar. Por ejemplo el preciado clavo de olor, Carpyophyllus aromaticus, originario de las Molucas llegaba en pequeñas cantidades a Manila , pero de ahi se destinaba a Malaca (puerto malayo en posesión de los portugueses) o Goa (en India, también en manos de los lusitanos).

De esta forma, el comercio fue relativamente pequeño e irregular. El historiador William Lyte Schurtz opina que pudo haber un acuerdo entre los holandeses y los comerciantes de Cadiz, enemigos entre ellos, pero en plena competencia con los comerciantes mexicanos, para que no se recurriese al comercio del Galeón de Acapulco, con lo que lograban que el precio de los productos fuera igual en Cadiz y en Batavia (el antiguo puerto de Jakarta, en posesión de los holandeses). En un momento dado los andaluces ofrecieron a Manila que si cortaba el trafico de la seda china recibiría como compensación el monopolio del tráfico de la especiería, propuesta que Manila no aceptó y en ello encontró el apoyo del Gobierno de Madrid".

Puede suponerse que la introducción de otras especias, con menos interés comercial que las tres mencionadas, fueron ingresando al mercado americano de manera paulatina y siempre acompañadas por la indispensable experiencia de quienes sabían emplearlas en sus propios guisos, pócimas y fragancias.
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* No he encontrado registro de importación de elefantes.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Itinerante

Próximamente una flotilla del Museo Naval de Acapulco zarpará en gira nacional hacia México D.F., Puebla y Veracruz, tomando el mismo camino que las mercancías que llegaban a Acapulco desde Asia en el Galeón de Manila, rumbo a Europa.


Este es el anuncio de una nueva iniciativa de Marcelo Adamo, creador y ferviente impulsor del pequeño museo que se encuentra en el puerto de Acapulco. 


Por décadas, la colección de modelos de barcos se ha ido ampliado y también los alcances del museo, pues ha salido a escuelas para mostrar las maravillas del galeón y así educar a los menores sobre una historia que es desconocida para tanta gente. La colección de réplicas de barcos, la biblioteca y el taller de miniaturas de barcos (de muy respetable tamaño) cumplen mucho más que una función lúdica, pues es el empeño por recordar la gesta marítima que se desarrolló en el Pacífico mexicano y que cruzó tantas veces el gran Océano Pacífico.


Ahora se propone llevar parte de esa experiencia a la antigua capital virreinal y al puerto que conectaba el comercio con la Carrera de la Indias, es decir, la ruta entre Veracruz, la Habana y Sevilla.



Explica el director del museo: contaremos cómo iremos poniendo "a son de mar" nuestros barcos para iniciar el viaje.


Enorhabuena. Lo estaremos esperando acá en el altiplano mexicano.



sábado, 3 de septiembre de 2011

Engranaje comercial

Plata americana, comercio asiático, manufacturas chinas. Todo ello involucra al galeón de Manila, pero cada vez se descubre de manera más nítida el nivel de intercambio entre culturas tan distantes en Europa, Asia y América, en el que operaron muchas fuerzas mercantiles ajenas a la voluntad de la Corona española. La peculiaridad de ese fenómeno globalizador que cabe resaltar aquí es la importancia adquirida por Nueva España, por su situación geográfica "a caballo entre dos mundos", que la proyectó, después de haber sido encontrada la ruta del tornaviaje por Urdaneta, en un puente entre dos continentes: Europa y Asia.

¨Por la ciudad de México pasaron todas las mercaderías que desde las islas Filipinas hacían llegar los comerciantes españoles a Europa, señala Gustavo Curiel. Por consecuencia, en los mercados, las tiendas y las ferias del virreinato, era posible adquirir objetos suntuarios procedentes de todo el orbe conocido. Las lujosas mercaderías, que eran enviadas al virreinato, hicieron que los comerciantes, que manejaron esta clase de objetos, se enriquecieran rápidamente. En este momento surgen tiendas especializadas como las de géneros de Castilla, China y de la Tierra¨.
¨Mucho se ha comentado de la multitud de ricos objetos que llegaban al virreinato en el galeón de Manila. Con el objeto de imaginar la variedad de piezas suntuarias que cada año arribaban a las costas de Acapulco, para luego ser transportadas a lomo de mula hasta la ciudad de México para su venta, se enumera a continuación algunas de estas lujosas mercancías. Conviene recordar que estos objetos fueron comprados en el Parián de Manila, y otros sitios del lejano Oriente, con la plata que dio fama y poderío a la Nueva España¨. 

He aquí una lista elaborada por el connotado investigador Gustavo Curiel sobre mercancias transportadas en las naos que venían de Filipinas:

arrimadores de estrado
abanicos
alcatifas o alfombras
bandejas de maque
biombos de laca dorada
atriles de maque
cajas de narra
escribanías de nogal
escritorios de narra
embutidos de marfil
escudillas de porcelana acubiletadas
flamenquillas
platones
frasqueras
juguetes de loza y vidrio
medias de seda
platos de porcelana
pliegos de papel pintado
vasos de unicornio
pulseras de perlas netas
aderezos de granates
tumbangas de metal
rodaestrados de maque y durados
sillas de mano de maque
sillas de madera
sartas de granates
tabernáculos

Veremos más tarde otras interpretaciones que nos hablan de un cargamento de los galeones más simple, destinado al consumo no suntuario, algodones, especias, ropa de todo tipo, cuerdas, láminas de metal. Sin embargo, lo que resalta a los ojos del investigador de la estética novohispana es la presencia de productos de delicada manufactura que perduraron en manos de familias acomodadas y que ahora podemos apreciar en los museos en América.
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Gustavo Curiel, Tránsito de obras suntuarias a la Nueva España reflexiones sobre el comercio artístico transmarítimo, en España y Nueva España: sus acciones transmarítimas. Universidad Iberoamericana, México, 1991, pp. 144-145