Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Cinco siglos

Continúan las actividades celebratorias del descubrimiento del Mar del Sur, ahora conocido como Océano Pacífico, el 25 de septiembre de 1513, en el estrecho de Panamá. El diario español El País ha venido publicando varios artículos sobre este acontecimiento histórico y puede ser de mucho interés para el público interesado aprovechar las crónicas plasmadas en tales textos.

El sueño del paso a la India, del escritor argentino Daniel Samoilovich es particularmente interesante y colorido. 

Por su parte, Mariano Cuesta Domingo coloca a Núnez de Balboa frente a la Historia, en un texto que parece tratar de recuperar la imagen de quien ha sido tratado con rudeza por los historiadores. Una tarea difícil para quien encarnó las características de casi todos los conquistadores, ambición y rudeza.

El polizón que descubrió la Mar del Sur, escrito por Fernando Pajares describe con bastante detalle la veta aventurera y atrevida de Balboa.


Para concluir el paseo por el Darién, vale la pena dar un paso por la exhibición montada en el Archivo General de Indias en torno a este acontecimiento, y en el que se muestras mapas, documentos originales y piezas artísticas alusivas a la época. La temática y el enfoque coloca a este descubrimiento como el primer paso hacia la globalización.



"Toma de posesión de la Mar del Sur" de Vicente Urrabieta,
propiedad del Museo Naval. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Exposición en el AGI

Dentro de los variados festejos por el V Centenario del descubrimiento del Pacífico, el Archivo General de Indias, en Sevilla, inaugura el día 19 de septiembre una exposición para conmemorar que en 1513 Vasco Núñez de Balboa divisó el Mar del Sur, en el actual territorio de Panamá. Con amplio material gráfico y audiovisual, que incluye documentos y un total de 160 piezas originales de la época, la galería mostrará el proceso de descubrimiento y exploración del Pacífico.



La exposición concluye el 9 de febrero de 2014.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Hallazgos filipinos en internet

Debo hablar ahora acerca del proceloso océano del internet en el que esta Nao navega. Desde la cantidad de contactos y amigos que he encontrado en diversas partes del mundo, hasta los hallazgos de información (y errores) que circulan en la red global. Tengo pensado escribir, algún día, un texto en defensa del uso que hago de Wikipedia como referencia útil, a fin de que los lectores tengan la posibilidad de encontrar más información sobre determinado tema y sigan bogando. En China me encuentro con limites para la navegación y sin embargo creo que es posible llegar algún día a los medios locales en su idioma, quizás con un navío en mandarín... y sigo soñando.

En esas estoy cuando recibo un generoso correo de un lector amigo, Paco Moreno, quien desde Madrid nos comparte la página que contiene la obra La Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón.  Esta es una obra clásica en nueve volúmenes escrita por el marino e historiador Cesáreo Fernández Duro y publicada a finales del siglo XIX, época difícil para España tras la pérdida de sus dominios en casi todo el mundo. La obra abarca prácticamente toda la extensión naval de lo que fue el Imperio Español desde el siglo XVI.




De imprescindible consulta para cualquier interesado en el tema, raro es el artículo o libro relacionado que no incluye referencias al Océano Pacífico y Oriente en particular. Por fortuna, es posible descargar capítulo por capítulo la obra completa desde la página de la Armada Española.

Esta magna obra contiene abundante información sobre el Pacífico, Filipinas y el galeón de Manila. La hemos buscado a través de los nueve libros y a continuación listamos con sus índices los 11 capítulos de varios tomos que nos interesan.

Tomo 2 Capítulo 14. Islas Filipinas 1564-1572 

Tomo 3 Capítulo 04. Islas Filipinas 1573-1589 

Tomo 3 Capítulo 17. En Filipinas 1600-1607 

Tomo 3 Capítulo 24. Oceanía 1609-1616 

Tomo 4 Capítulo 22. Islas Filipinas 1621-1664 

Tomo 5 Capítulo 20. Extremos 1668-1700 

Tomo 6 Capítulo 05. En las Indias 1701-1710 

Tomo 6 Capítulo 12. Ocurrencias en Indias 1718-1728 


Tomo 7 Capítulo 04. Pérdida de Manila 1762

Tomo 9 Capítulo 12. Filipinas 1808-1830 

Desde el otro lado del mundo, estimado Paco, agradezco la gentileza de este préstamo bibliográfico.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Congreso Internacional sobre el Mar del Sur

De la Mar del Sur a la construcción de un nuevo escenario oceánico, es el título del congreso internacional que organiza la universidad de Sevilla, la Escuela de Estudios Hispano-Americanos/CSIC y el Archivo General de Indias, del 23 al 27 de septiembre en Sevilla. 



El congreso tiene como propósito "aunar los esfuerzos de investigadores, estudiosos, instituciones y asociaciones relacionadas con el gran océano para evaluar lo realizado hasta ahora, analizar la documentación custodiada en docenas de archivos de tres continentes y estudiar los aportes españoles en la exploración, poblamiento y desarrollo de las islas y archipiélagos de Oceanía. Sin olvidar los nuevos enfoques metodológicos: las miradas sobre sus culturas autóctonas, la construcción simbólica del espacio y el análisis de las transferencias artísticas, técnicas y comerciales que posibilitaron la primera globalización a la ruta Manila-Sevilla".

 El amplio y ambicioso programa se desarrollará por conducto de 11 mesas temáticas. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Vislumbraron el Pacífico

Con motivo del descubrimiento del Mar del Sur, del 24 al 26 de septiembre se realizará el coloquio Vislumbraron el Pacífico y pusieron a México en el Centro del Mundo, 1513-2013, un esfuerzo coordinado por la Dra. Ma. Cristina E. Barrón Soto, de la Universidad Iberoamericana (UIA), junto con la Biblioteca Digital Mexicana, El Archivo General de la Nación, el Centro de Estudios de Historia de México Carso y la Biblioteca Francisco Xavier Clavigero de la UIA. 



Los mastines de Núñez de Balboa atacan a indios del Caribe,
según un grabado de Teodoro De Bry.


El evento inicia con la presentación de un documental sobre la Isla de Clipperton, el martes 24 de septiembre.

El 25 de septiembre la Dra. Barrón ofrecerá la Conferencia Migistral que da nombre al coloquio, seguida de nueve ponencias diversas, que se anuncian de la siguiente manera:

  • "Cálculos y mediciones en el Pacífico", por el Dr. José Antonio Cervera, de El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y Africa (CEAA).

  • "Andrés de Urdaneta en la Nueva España (1538-1568)", sustentada por del Dr. Lui Abraham Barandica Martínez de la Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras.

  • "La fortificación del puerto de Acapulco" por el Arq. Manuel Rus.

  • "El Galeón de Manila" por  el Arq. Armando Azua, de la UIA, Departamento de Historia.

  • "Si quieres saber rezar hazte a la mar", Mtra. Teresa Matabuena, UIA, Biblioteca Francisco Xavier Clavigero.

  • "La conquista espiritual agustina en Filipinas", Pbro José Gerardo Herrera Alcalá, Presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica, A.C.

  • "Los primeros asentamientos jesuíticos en Filipinas", Lic. Mónica Acosta, El Colegio de México,  CEAA.

  • "Testimonios auténticos de la religión seráfica en la provincia de Filipinas acerca del martirio de Nagasaki", Dr. Manuel Ramos Medina, Centro de Estudios de Historia de México Carso, Fundación Carlos Slim.

  • "Nagasaki un bastión para la cristiandad: la fundación de la Misericordia de la Asunción, 1583-1618", Lic. Víctor Hernández, El Colegio de México, CEAA.


Enhorabuena.

500 años del descubrimiento del Mar del Sur


En septiembre se celebran los 500 años del "descubrimiento" del Mar del Sur a manos de Vasco Nuñez de Balboa.  El encuentro de los exploradores españoles con el Pacífico se dio en la temible zona del Darién, hirviente e inhóspita, como la segunda etapa de la expansión que irradiaba desde el Caribe, cuyo centro de operaciones era la isla La Española. Venían los conquistadores desde el norte geográfico, por lo que al asentarse en las costas de Uraba, en tierra firme, estaban dirigiéndose hacia el sur. 



Ante la noticia de que al cruzar lo que se advertía como un estrecho de tierra podría encontrar otro mar (y atraído por la promesa de obtener riquezas infinitas) Núñez de Balboa se aseguró de recorrer el camino acompañado de 190 soldados, guías indígenas y una jauría de perros.  Emprendió la marcha el 1 de septiembre de 1513 y el 25 de ese mes atisbó el desconocido mar desde la cima de la cordillera del río Chucunaque. 


Hoy Balboa es el principal puerto del Canal de Panamá, el nombre de la moneda oficial panameña y de la cerveza de ese país, como se describe en un artículo de El País publicado hoy acerca de este trascendente acontecimiento histórico, material y humano. Se abrió la puerta hacia la conquista del imperio del Inca y el control de América en manos españolas, así como la posibilidad de continuar el anhelado camino hacia el otro lado del mundo.

El clima y la población de la costa atlántica en América Central fueron desde un principio barreras para el asentamiento de los españoles. El avance hacia el Pacífico fue la oportunidad de expandir la acción conquistadora hacia otros terrenos templados en el sur, en tierra continental, y mejor abastecidos de minas, tierras cultivables y recursos forestales. 

Como una moneda, la cara que ve al Atlántico fue dejada por décadas y siglos como una frontera a la que llegaban piratas, ingleses y cimarrones africanos. El Pacífico en esas latitudes, la otra cara de la moneda, aprovechaba la dinámica del intercambio entre los dos polos en que se concentró el poder virreinal, la Nueva España y Perú. La historia de esa región está escrita también con dos caras: la de las hazañas guerreras, notables sin duda, de los conquistadores, y la del furioso poder destructivo sobre la población indígena que fue diezmada en pocos lustros, como lo atestiguó tempranamente fray Bartolomé de las Casas.


sábado, 24 de agosto de 2013

Un gobernador de Tlaxcala a Filipinas

En esta ocasión invito a los lectores a conocer un pasaje de la administración española al inicio del siglo XVIII, época de activo movimiento de administradores bajo el dominio Borbónico, que recorrieron Europa, América y Filipinas, casi siempre en un contexto de crisis y de fallida reforma. Este es el caso de un gobernador español que sobrevivió a un motín popular en Tlaxcala, México; participó luego en la Guerra de Sucesión en Europa, y en premio fue enviado a Manila, donde encontró dramática muerte. Personajes como el que nos ocupa, más que virtuosos, son ejemplo de una maquinaria imperial en crisis que mostraba sus fallas estructurales y dificultades políticas a lo ancho del planeta.

El historiador español Florentino Rodao ofrece el siguiente contexto histórico: ¨Para España, la Guerra de Sucesión y la subida de los Borbones al trono hispano supuso una revitalización de la presencia ibérica en Manila, que se puede percibir desde la llegada del primer gobernador producto del nuevo régimen: Fernando Manuel de Bustamante y Bustillo (1717-1719). Los Borbones portaron una nueva mentalidad dentro del Imperio Español que intentaría aprovechar sus posibilidades comerciales; en el caso de las Filipinas se puede percibir con la fundación de la Real Compañía de las Filipinas y con la apertura del puerto de Manila, ambas en 1785".

Es difícil trazar un corte exacto en cualquier proceso histórico, aunque en este caso se advierte la presencia de una nueva mentalidad administrativa de la metrópoli. Más comercio y menos colonización, parecía el lema de la época, sin embargo, las inercias generadas por el control anterior, basado en prebendas hacia los colonizadores y el intento de ocupar físicamente los territorios, parecían prevalecer en todo el sistema imperial. La breve estancia de Bustamante en los diversos puestos ofrece la oportunidad de hacer una revisión de estas contradicciones. En un ensayo escrito por un historiador filipino contemporáneo, Ferdinand C. Llanes, se discute en detalle sobre el significado para Filipinas de la transición en la administración desde la llegada de los Borbones al poder y coloca nuevas interrogantes en la interpretación histórica de este pasaje.




Tlaxcala-Manila-Ayuthaya-Manila

Don Fernando Manuel Bustamante Bustillo y Rueda nació en el valle de Toranzo, Santander, en 1663. Era señor y pariente de las casas solariegas e infanzonas de Bustillo de la Herrán, por lo que gustaba firmar cambiando sus dos primeros apellidos, de ahí que se genere confusión en las fuentes históricas. No hablaremos aquí de su infancia, pero podemos decir que a los 27 años se le encuentra ya en un cargo de importancia en América.

Llegó a México el 10 de octubre de 1690 como Gentilhombre del Virrey Conde de Galve, "que lo nombró Alcalde Mayor de Tlaxcala, dándole al mismo tiempo el grado de Teniente de Capitán General, que antes se concedía a todos los alcaldes de aquella provincia".  Llegó en un momento de turbulencia en el gran reino americano y le tocó vivir la insurrección popular contra las medidas dictadas por el Virrey para controlar el abasto de grano en la ciudad, el famoso Gran Tumulto del 8 de junio de 1692, del que ya hemos hablado en otra ocasión.

Apenas unos días más tarde, el 14 de junio de 1692, y también por la furia popular causada por la carestía de maíz, la pacífica Tlaxcala también se levantó en tropel contra el palacio de gobierno. La respuesta de Bustillo Bustamante fue tratar de dominar con su reducida guardia a la muchedumbre, compuesta esencialmente de población indígena, pero sus asistentes lo disuadieron ante la evidencia de que tenían poca capacidad para resistir a una gran multitud. La historiadora Concepción Pajarón Parody, en un estudio clásico escrito hace medio siglo, cuenta de esta manera aquel momento, basada en las crónicas del Ayuntamiento de Tlaxcala:

"Ordenó a su teniente general, don Amador de Mirafuertes, que guardara las bocacalles de la plaza. Al mismo tiempo manda al Cabildo de la ciudad y a la nobleza de los naturales que traten de apaciguar los ánimos, valiéndose de cuanto medios fuese necesarios. (...) El Ayuntamiento de Tlaxcala escribe al Rey en 13 de julio de aquel mismo año para informarle sobre el suceso y dice que a eso de las tres de la tarde algunos naturales, privados de sus sentidos, prendieron fuego al Palacio, que han habitado en todos los tiempos los gobernadores que han sido de esta provincia y al presente habitaba don Fernando Manuel de Bustamante, como gobernador actual y teniente de Capitán General"
"De nada le valieron los esfuerzos realizados para contenerlos. A una señal que uno de ellos hizo, embistieron con tanta furia y arrojo que atropellaron a los españoles que guarnecían el Palacio y le pegaron fuego durando la lucha unas tres horas. El Alcalde Mayor, entretanto, sólo tenía para defenderse veinte arcabuceros, que actuaron con valentía. Pero como los indios eran tantos, y el fuego crecía velozmente los más abandonaron el palacio para salvarse. Quedó Bustamante con sólo seis hombres, defendiéndose con valentía hasta que viéndose acosados por los indios, y por el fuego, sin más recursos que el del cielo y su valor, resolvió salir por una puerta falsa y acompañado de los seis hombres que le quedaban llegó a la Plaza a pie, armado de rodela y alfanje. El teniente general, con doce hombres, acudió a socorrerlos, logrando con tan poca gente que los indios se retiraran y abandonaran la ciudad"
"Hecha la calma, el primer cuidado de Bustamante fue salvar el Palacio que estaba ardiendo. Sólo se quemó la antesala, otra pieza inmediata al cuarto del Alcalde y el Archivo (...) De la refriega salió Bustamante lastimado en una pierna. Perdió sólo tres de sus hombres mientras los indios tuvieron más de doscientos muertos".
"El desvelo que sentía por sus vasallos se hizo patente en los días que siguieron al motín. Animó a los vecinos asustados por la superioridad numérica del enemigo y los organizó en milicias para contener a los indios que amenazaban con bajar de nuevo a pegar fuego a todas las casas de los españoles" (...) Esta enérgica actitud desanimó a los sublevados y cuando los esperábamos  que volviesen crueles a la venganza vinieron humildes y rendidos a dar obediencia y disculparse unos con otros, ciento veintisiete pueblos que tiene la provincia"
Desde la Ciudad de Veracruz se enviaron fuerzas militares para controlar a la provincia y Bustamante fue llamado a la Ciudad de México para dar cuenta de sus acciones. En un memorial dirigido al Rey intentó explicar que el motín fue causado por los indígenas y propuso que se les aleccionara con la destrucción de dos pueblos, San Bernardo y Santa Cruz, donde habían saqueado los graneros. Afortunadamente no se tomó tan drástica medida. Fue exculpado y repuesto en su cargo donde se mantuvo hasta el fin de su mandato. Cabe señalar que algunos cronistas sospechan que el maíz y trigo tomado por la población pertenecía precisamente al Gobernador.

Regresó a Europa, donde tuvo un papel destacado en la Guerra de Sucesión, lo que le redituó ser nombrado como Gobernador en Filipinas en 1717. Entre tanto obtuvo reconocimientos como miembro de las órdenes religioso-militares, incluyendo la de Santiago. Fue partidario en todo momento de la casa de los Borbones y se tiene noticia de que estuvo en Cadiz "defendiendo la Bahía del ataque de ingleses y holandeses y tomó parte en otras campañas por tierras andaluzas".

Volveremos a ver a este personaje en la lejana Manila (alejada de la península y la corte por supuesto), pero no como un castigo, sino como un reto en su carrera.  Zarpó de Acapulco en el galeón Santo Cristo de Burgos y en los primeros días de julio de 1717 llegó al puerto de Bacón, donde tuvo que dejar a su mujer gravemente enferma pues en la travesía había dado a luz a dos mellizos. Concepción Pajarón comenta: "Difícil debía ser la situación del Archipiélago, pues Bustamante no duda en abandonar a su mujer en aquel estado, marchando por tierra para hacerse cargo del gobierno lo más pronto posible". Pocos días después  ella moriría.

El final de su recorrido

Al inicio del siglo XVIII, la vida en Filipinas había llegado a un estado de conflicto dominado por los diversos sectores que se aprovechaban del comercio del galeón, así como de la explotación de la población indígena. Comerciantes, burócratas llegados desde España y México, religiosos y aventureros medraban con esta situación. Un primer intento de colocar orden en el caos fue el nombramiento de Fernando Manuel de Bustillo Bustamante y Rueda, un representante de las ideas reformadoras en España que enfrentó una serie de problemas "con mejor voluntad que fortuna", como apunta Concepción Pajarón.

En el contexto concreto de los acontecimientos de Filipinas, Bustillo Bustamante heredaba una tremenda serie de conflictos en el que las órdenes religiosas se habían enfrentado con los administradores anteriores y entre ellas mismas. Estancamiento económico, corrupción y una plaga de langostas que había destruido la cosecha de arroz por esos años. Este estado de conflicto se percibía en otras latitudes, como lo pudo atestiguar el propio funcionario durante su etapa en México.

Una de sus primeras acciones fue tratar de recaudar ingresos que no habían sido pagados a las Cajas Reales. Para exigir el pago de impuestos a los funcionarios retuvo el situado, o subvención real en plata que traía consigo en el galeón, lo que generó la primera gran fricción con la clase política de las islas. También intentó resolver la caída del comercio con los países vecinos que abastecían el galeón, especialmente China y los reinos del sudeste de Asia. La presencia de holandeses e ingleses en la región había afectado gravemente al emporio manilense y el contrabando penetraba por todos los poros del comercio local.

En una entrada anterior habíamos hablado brevemente de los primeros intentos del gobierno colonial en Filipinas de acercarse a Siam, la actual Tailandia, para fortalecer el comercio y eventualmente construir galeones. El antecedente inmediato del que hablábamos es precisamente una embajada enviada en 1718 a cargo de su sobrino don Gregorio Alejandro de Bustamante y Bustillo, para fortalecer el comercio con Siam. En febrero de 1719 también autorizó una misión comercial a Tonquín, hoy Vietnam, probablemente en busca de sedas. Salieron también enviados a comerciar con Macao, Cantón y Madrás, así como a Batavia, bajo el dominio holandés.

En el caso de Siam, en papel obtuvo un excelente acuerdo con el Rey que gobernaba en la ciudad de Ayuthaya, con capitulaciones muy provechosas para la Corona española, como la autorización para la construcción  de barcos en suelo siamés, con la posibilidad de comprar y usar madera y hierro local a buenos precios. A excepción del salitre y el marfil, que eran estancos propiedad del Rey, se autorizó a los españoles a comprar libremente toda clase de productos para su venta en Manila o en la Nueva España.

"En compensación, explica Concepción Pajarón, los siameses gozarían de total exención de tributos en Manila. Los barcos y embarcaciones que llevaran salitre, hierro, plomo, arroz y otros artículos, tampoco pagarían derechos de entrada y salida y a los comerciantes se les permitiría llevar sus mercancías a Manila".

En suma, todas estas acciones comerciales, más el intento de hacer que los morosos pagaran sus impuestos fueron motivo de que muchos lo acusaran de utilizar el cargo para beneficio propio, como era usual en los funcionarios que llegaban por poco tiempo a tan lejanas tierras. Pero el asunto que descarriló su gobierno y acabó con su vida fue haber tocado los intereses de la iglesia.

Con el propósito de hacer valer una orden de arresto contra un contador que se había refugiado en la Catedral (ni más ni menos que en posesión de los archivos de gobierno) el Gobernador ordenó violar el principio de santuario que garantiza en recintos religiosos la protección de los perseguidos por la justicia civil. A pesar de que se solicitó la intervención del Arzobispo de Manila Francisco de la Cuesta, no se hizo entrega del contador, de tal modo que Bustamante y Bustillo envió a las fuerzas del orden y detuvo al propio Arzobispo. Ofendidos por la acción de fuerza, Franciscanos, Dominicos y Agustinos salieron de sus conventos y el 11 de octubre de 1719 se reunieron frente a la casa del Gobernador  La respuesta del experimentado militar fue lanzar la artillería contra la multitud, pero con tan malos resultados que el recinto fue ocupado por los manifestantes. No obtuvo respuesta de su propia guardia y blandiendo su sable, el Gobernador se enfrentó a los insurrectos que en poco tiempo dominaron la situación y le dieron muerte. Su hijo murió en el mismo hecho de sangre.





Su periodo de gobierno duró escasos 15 meses pero dejó una huella profunda en el imaginario popular filipino. A su muerte, cada acción realizada por el Gobernador fue utilizada por los perpetradores, especialmente por las órdenes religiosas, para acusarlo de abusos y mal gobierno. Otra versión es que su muerte se debió a una revuelta popular incitada por la escasez de arroz.

Paradojas de la historia, en México estuvo a punto de la muerte por el maíz y en Manila por el arroz.

El Arzobispo de Manila, Francisco de la Cuesta fue liberado de la prisión en donde estaba encerrado y asumió el cargo interino de Gobernador. Con todo, el Rey de España ordenó en julio de 1721 su destitución y fue enviado a Michoacán, México. Fue consagrado en el cargo como Obispo de Michoacán el 18 de abril de 1724, pero murió un mes más tarde, el 30 de mayo, a la edad de 63 años.


El legado económico de Bustamante y Bustillo tampoco fue de largo alcance. Apunta Florentino Rodao que "Las presiones de los mercaderes de Cadiz y de Sevilla limitaron el comercio del Galeón a aquellos productos que no se remitieran después, desde Nueva España, a la península y en enero de 1718 motivaron un decreto real prohibiendo a los galeones cargar seda de la China, elaborada o no. La falta de comercio con China, la imposibilidad del gobierno de pagar las tasas de Macao y Cantón y esa falta temporal de arroz -por la ya mencionada plaga de langostas y por los problemas de distribución- azuzaron la búsqueda de alternativas para que no decayese el comercio exterior".

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Ambeth Ocampo. Murder in 1719.  Inquirer, Manila, 15 octubre 2010.

Concepción Pajarón Parody, El Gobierno en Filipinas de Don Fernando Manuel de Bustamante y Bustillo (1717-1719), Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, 1964.

Florentino Rodao García. Españoles en Siam, 1540-1936: Una aportación al estudio de la presencia hispana en Asia. Biblioteca de Historia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1997.

Ferdinand C. Llanes. The trade mission to Siam in 1718 in the context of Filipinas-Siam relations and Southeast Asian history. Asian Studies, Volume 35, 1999.

jueves, 22 de agosto de 2013

Efemérides

Un lector de este diario de ruta escribe:

Por si te interesan para tu blog, te adjunto esta breve relación de efemérides que se conmemoran en 2013.


  • 500 años del descubrimiento del océano Pacífico por Vasco Nuñez de Balboa.
  • 400 años de la salida desde Japón hacia Nueva España y Europa de la Embajada de Hasekura Tsunenaga.
  • 300 años del Tratado de Utrech, por el que España conservó sus posesiones en América y Asia-Pacífico.
  • 200 años de la supresión del Galeón de Manila por las Cortes de Cádiz.


Agradezco a Paco Moreno este interesante listado de coincidencias, como las que suelen pasar en la historia. Comenta que en marzo pasado ofreció una conferencia sobre el Galeón de Manila y utilizó esta información para introducir el tema. Que nos avise sobre la próxima ocasión en que vuelva a hacer una presentación.

martes, 6 de agosto de 2013

Esclavos japoneses en México

El diario Yomiuri Shimbun publicó el pasado mes de mayo una interesante nota histórica sobre la presencia de esclavos japoneses en la Nueva España en el siglo XVII. A su vez, el diario El País rescata la nota del periódico nipón y la coloca en perspectiva. Lectura muy recomendable, que espero signifique algo más que el rescate de un hecho "curioso" y en cambio un mayor interés por conocer el proceso histórico que nos condujo a esta modernidad.



Los investigadores Lucio de Sousa, de la Universidad de Evora, y Mihoko Oka, de la Universidad de Tokio, descubrieron un documento en el Archivo General de la Nación, sección Inquisición, en México. Aunque la investigación pronto será publicada, adelantan que tres  personajes, Gaspar Fernandes, Miguel y Ventura, identificados sólo como Xapon, procedentes de la prefectura de Bungo, en el sur del archipiélago japonés, fueron vendidos en Nagasaki en 1585 a un comerciante portugués de nombre Perez por siete pesos, en un contrato de tres años. Gaspar tenía en aquel momento ocho años. 

Siete pesos el precio de un esclavo, comparado con el costo de una botella de aceite de oliva que en aquel entonces ascendía en España a ocho pesos.

El documento, como tantos otros que esperan en los archivos de México, Perú o España, se localizó en los expedientes de la Inquisición porque Pérez fue arrestado en Manila en 1596, acusado de judaísmo. El portugués y su familia cruzaron entonces el Océano Pacífico para llegar a la Nueva España, donde arribaron en diciembre de 1597, bajo la custodia del Santo Oficio. Los tres esclavos formaban parte de su menaje, once años después de que los había adquirido. Comparecieron en el juicio inquisitorial y aparentemente obtuvieron su libertad por haber colaborado con las autoridades.

En opinión de los investigadores, el documento ofrece una perspectiva novedosa pues establece que viajeros japoneses, forzados o voluntarios, había realizado el trayecto hacia América desde el siglo XVII, antes del período en que Japón cerró sus puertas al mundo en 1639. Muy interesante. ¿Qué sería de aquellos tres forzados y cómo se adaptarían a la vida en México? ¿Escaparía Perez, el dueño, de las garras de la Inquisición?

En otra ocasión hemos hablado sobre este tema con base en una importante fuente de información, el estudio de Virginia González Claverán acerca de un documento colonial sobre el comercio de asiáticos en la Nueva España. Pronto colocaré una nota sobre el papel de los portugueses en el comercio esclavo en el Sudeste de Asia. 

viernes, 26 de julio de 2013

El lado novohispano del Pacífico

La doctora Carmen Yuste informa sobre la realización de un interesante congreso internacional sobre la presencia novohispana en el Mar del Sur, como era conocido el inmenso Océano Pacífico. El Congreso es organizado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, los días 14,15 y 16 de agosto. 



El adjetivo interesante es preciso, pero también puede calificarse como novedoso para una temática que no cesa de sorprendernos. 

Las ponencias que serán presentadas en seis mesas de trabajo a lo largo de tres jornadas cubren aspectos puntuales del descubrimiento del Mar del Sur, el desarrollo de la ruta hacia las Filipinas, la posibilidad de expansión hasta China, la articulación económica de la Nueva España y Filipinas. Novedoso también porque incorpora investigaciones sobre la arqueología submarina y meteorología histórica.

En la medida en que se realice más de este tipo de encuentros, con la intención de descubrir y no sólo conmemorar pasadas glorias, la investigación histórica tiene perspectiva de enfilar a nuevos mares.

Felicidades adelantadas a todos los que contribuyen a este esfuerzo.

domingo, 21 de julio de 2013

La Cruzat, víctima del poder

Durante el gobierno del Conde de Alburquerque, 1702-1710, título que ostentaba don Francisco de la Cueva Enríquez, entró de lleno la moda francesa de las pelucas y saraos en su corte. Se dejó atrás la austeridad de negro en el vestido y se iniciaron las tertulias con base en las nuevas modas de Europa. Un sonado caso de aquella época corresponde a la presencia de "una dama de singulares atractivos, además del encanto de la juventud" pues estaba precedida por su origen supuestamente filipino y por una dote de seiscientos mil pesos, heredados a la muerte de su padre, que para la época significaban una cantidad exhorbitante, según nos cuenta Tomás Oteiza Iriarte.

Doña Ignacia María Cruzat, ampliamente conocida en México como La China, por haber crecido en Manila, cuando su padre Fausto Cruzat y Góngora tenía el cargo de gobernador de Filipinas, tenía en su forma de vestir y sus modales el trato del Oriente. No debe ser confundida con la China poblana, de origen y destino distinto.

Su historia personal quedó inscrita como una tragedia de la clase dominante en el virreinato mexicano, pero creo que trasluce también un modo muy propio de arreglar asuntos de poder y de dinero, en el que los intereses de comerciantes enriquecidos por el comercio con Filipinas, la iglesia (principal cliente de productos suntuarios orientales como las porcelanas, la seda y el marfil, además de ser la fuente central de crédito de la época), los hacendados y los mineros. Al decir de don Gonzalo Aguirre Beltrán, este caso retrata una organización social que permite a los aventureros peninsulares buscar novia y dote en América y hacerse de riquezas acumuladas con base en la explotación indigena y negra (agregaría que también filipina).

Siendo joven y bella, era invitada a los salones de la aristocracia novohispana, pero también era reconocida a nivel popular por la ayuda que brindaba a los necesitados, hasta convertirse en defensora de los desvalidos y "paño de lágrimas" de los pobres del virreinato. Dejemos el relato a don Tomás Oteiza, quien explica:

"Dama tan principal y popular, tan estimada en las altas esferas sociales como queridísima de las clases desheredadas, necesariamente tenía que despertar, entre los jóvenes de la más alta prosapia, encendidas pasiones amorosas, y eso lo fue para su desgracia.

Las fiestas y reuniones de la sociedad novohispana en gran boato 

"Muchos fueron los pretendientes que aspiraban alcanzar su blanca mano, entre los cuales tres fueron los más significados por las influencias que gozaban; pero la Cruzat, con muy inteligente discreción, eludía los galanteos que tendían a comprometerla en matrimonio, procurando no manifestar preferencias por ninguno de los galanes que la asediaban, ni dar lugar a que su actitud fuera interpretada como coquetería, sino de completa seriedad en asunto tan delicado en aquella sociedad rígida y quisquillosa en las cosas del honor; pero la ansiedad e unos y otros, y el temor de que inclinara sus afectos por otros nobles que vivían fuera de la capital, hizo que los pretendientes fueran agudizando su afán de conquista enforma manifiesta, arrastrando tras de sí a sus familiares y amigos, haciendo, con esa labor, que se formaran tres grupos entre la clase social más distinguida conforme sus relaciones y simpatías; si en un principio no se mostraban hostiles, a medida que pasaban los días y las semanas fueron distanciándose más y más hasta que los campos de acción quedaron completamente definidos. 

"Uno de los grupos que simpatizaba con el conde de Santiago como pretendiente, estaba apoyado por el virrey; otro, que se inclinaba por don Domingo Ruíz Sánchez de Tagle, contaba con la valiosa ayuda del arzobispo; el tercero en discordia, el oidor Uribe, disfrutaba con abierto respaldo de la audiencia, por lo que los más distinguidos personajes intervenían en aquel singular combate cuyo objetivo era ganarse el corazón de una dama; pero ella, con la dignidad de una soberana que tenía a sus pies a los más poderosos del reino, con la flor de la sonrisa en sus labios, desarmaba a tan poderosos capitanes, declinando rendirse con fina cortesía, empleando en sus respuestas medidas frases, no dejando de agradecer el interés que ponían en su favor, y el honor que con ello le dispensaban, pero cuidando no demostrar alguna esperanza que diera pie a una interpretación favorable; y esta discretísima actitud hizo exaltar más la animosidad que reinaba en la sociedad.

Casa de los Condes de Santiago Calimaya, herederos de Legazpi, conquistador de Filipinas

"Este interés de los principales personajes del virreinato en favor de sus predilectos fue trascendiendo a más bajas esferas hasta llegar a la clase humilde, la que también tomó partido porque era muy conocida en aquel ambiente, trayendo como consecuencia que toda la ciudad fuera agrupándose, inclinando sus simpatías por cada uno de los pretendientes conforme a sus relaciones y conveniencias.

Las circunstancias de aquella sociedad giraban en torno a acontecimientos menores como el que nos ocupa y otros graves para la economía, como fue la captura y hundimiento del galeón Nuestra Señora de la Encarnación, por parte del pirata inglés Wood Rogers, durante el recorrido de Manila a Acapulco, el 22 de diciembre de 1709. Casi como sucede en la actualidad, los dramas de los poderosos llaman la atención a la población, la distraen de sus asuntos y encarnan la incertidumbre de una vida precaria para la mayoría.  El posible matrimonio de La Cruzat había absorbido la atención de la población de la Ciudad de México. 

"No se hablaba de otra cosa, sino de las posibilidades de triunfo de cada uno de los pretendientes tan bien respaldados en aquel torneo; todos eran comentarios de lo mismo en palacio que en la residencia arzobispal, en la audiencia, como en todos los barrios de la ciudad, excitados por la incógnita que suscitaba la habilidad con que La China evitaba inclinarse en favor de uno o de otro, pues en las circunstancias en que se hallaba, no quería al decidirse, herir la susceptibilidad de los personajes que apoyaban a los demás. No faltaban en aquel enjambre de comentarios, oficiosos que, sin tomar partido, recogían noticias en un lado para llevarlas, corregidas y aumentadas a otro gozando con ser portadores de informaciones de primera fuente, alborotando más los ánimos de por sí exaltados.

"Los tutores de la Cruzat, que observaban con mucho pesar que La China involuntariamente había suscitado tan honda división en la ciudad, decidieron ocultarla en una finca campestre propiedad de familiar cercano, más todavía, cuando no podían eludir las visitas que a todas horas llegaban a la casa unas enviadas por el virrey, en ocasiones en que no podía hacerlo personalmente; otras por representantes del arzobispado; aquellos que se sentían influyentes, de motu propio, la virreina que perdía oportunidad de evitar que otros llegaran cuando ella estaba, procuraba bajo cualquier pretexto llevarla a palacio, haciéndose acompañar por la novia de la ciudad en sus paseos; magistrados de la audiencia que también querían mantener a raya a sus contrarios, hacia la vida imposible en aquella casa, ya que no podían impedir que personas de tanta significación hiciera su entrada; por otra parte, sentíanse alarmados porque se hablaba ya de llevar a cabo el matrimonio por medio del tumulto si fuera preciso; y a fin de evitar este escándalo, una noche, cuando ya dormía la ciudad, sigilosamente la sacaron de la casa sin aparato alguno para que nadie se diera cuenta, hasta el punto donde la esperaba un coche que la llevaría al lugar donde había de permanecer hasta que volviera la tranquilidad, y pudiera manifestar libremente sus preferencias.  

"Entre tanto, el abogado Juan Díaz Corral presentó demanda contra don Domingo Ruíz Sánchez de Tagle por declinar palabra de compromiso matrimonial que había dado a otra dama principal; el arzobispo, al ser enterado de ello, excomulgó al abogado imposibilitándolo para ejercer abogacía; el virrey, al apreciar el grave giro que tomaban los acontecimientos en la sociedad de la cual formaba parte, estimó prudente guardar expectante silencio; pero no así la virreina, que atizaba el fuego apasionadamente en favor del predilecto del arzobispo, causando con ello disgusto  a su esposo, que en lo posible quería mantenerse alejado, para que su autoridad no se viera comprometida mezclándola en aquel asunto que había alborotado la ciudad entera.

"Enterado el arzobispo del lugar donde se encontraba la Cruzat, fue a sacarla de su refugio y la llevó al convento de San Lorenzo, donde la dejó al cuidado de las monjas, dando aviso inmediatamente a su favorito, e indicaciones de que se preparara para la boda.



El 14 de junio de 1703 La China Cruzat se casa con 
Domingo Ruíz de Tagle en la iglesia y convento de San Lorenzo

Puestos de acuerdo, preparóse el matrimonio al amparo de fuerza armada; pero sabedor del virrey del día y hora, mandó tropas a la iglesia con órdenes de impedirlo, mas las monjas, cerraron las puertas del templo y del convento, dando lugar con ello a que terminara la ceremonia. Indignado el virrey por este desacato a su autoridad, ordenó luego que pusieran presos a todos los que acompañaron a los contrayentes, multando fuertemente a las monjas, con veinte mil pesos, y destierro a Vereacruz al novio; con veinte mil pesos y destierro al puerto de Acapulco a su padre, y con diez mil pesos y cárcel en la ciudad de México al hermano del novio.

"La audiencia, que también se sentía burlada, anuló el matrimonio basándose en que había sido llevado con lujo de fuerza dentro de la iglesia; la virreina, ante la severa actitutd asumida por su esposo y por la audiencia, trató de intervenir, pidiéndole que cuando menos se diera por consumado el matrimonio, y que con las multas impuestas quedaran conmutadas las de destierro; pero el duque de Albuquerque rotundamente se negó a ello, manifestando que su papel era hacer cumplir los acuerdos de la audiencia, motivando sus secas respuestas y su inflexible actitud a una seria disputa entre ambos, llegando a extremos tales, que la virreina, toda llorosa, abandonó el palacio para recogerse a vivir en la casa de una amiga.

"Gustó a las clases populares la firmeza del virrey castigando severamente a personas tan encumbradas, caso insólito, porque siempre, validos de sus influencias, lograban escapar del catigo cuando lo hubieran merecido.

"La Cruzat, al ser aprendido su novio, quedó en el convento, y como consecuencia de las emociones sufridas, murió a los pocos días de un ataque al corazón (otra fuente señala que murió de tabardillo, enfermedad producida por el piojo blanco). Así terminó tan sonado suceso, con tan dramático fin para dama tan principal y querida por toda la ciudad de México, cuyos habitantes, al conocer la noticia de su muerte quedaron profundamente consternados, acudiendo a su entierro tal número de personas como no se había visto hasta entonces". Concluye así don Tomás Oteiza su relato.

Saque el lector sus propias conclusiones, yo me quedo con la que propone don Gonzalo Aguirre Beltrán: el 2 de mayo de 1826 el Congreso de la Unión declara abolidos los títulos de nobleza y sus adornos.
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Tomás Otezia Iriarte, Acapulco, La ciudad de los Navíos de Oriente y de las Sirenas Modernas. Edición del autor, México, 1965, pp 131-136.

Gonzalo Aguirre Beltrán, Las proezas del Marqués y de la Marquesa de Sierra Nevada. Revista digital de la Universidad Veracruzana, consultada el 17 de julio de 2013. Una excelente radiografía política de la época, donde "la organización social de la colonia de explotación llamada Nueva España está de tal manera dispuesta que el cuerpo legal, regente de dotes y herencias, parece deliberadamente confeccionado para favorecer la buena fortuna de aventureros metropolitanos quienes, mediante la institución del matrimonio, mantienen la vigencia de una cierta cantidad de estados señoriales cimentados en la esclavitud del negro africano y en el trabajo forzado del indio de repartimiento".

martes, 11 de junio de 2013

El legado del Samurai


El diario español El País publica un interesante artículo del jurista F. Alvaro Durántez Prados acerca de la embajada japonesa encabezada por el noble japonés Hasekura Tsunenaga con rumbo a la Corte Española y el Vaticano de 1613 y 1620. 



Una historia de samurais, misioneros, comerciantes que dejó honda huella en muchos lugares, incluyendo el Virreinato de la Nueva España. Vale mucho la pena su lectura.

lunes, 10 de junio de 2013

Migración oriental en Perú


El historiador Fernando Iwasaki Cauti lamentaba, a principios de los noventa del siglo pasado,  que los estudios historiográficos peruanos habían fragmentado la investigación sobre las diversas comunidades que llegaron al Perú en el siglo XVI. Existen estudios sobre la presencia de europeos y sobre los esclavos traídos de Africa, pero poco se sabe de otros colectivos étnicos. Pocas noticias, dispersas, hablan de la presencia de personas asiáticas en Perú a principios del siglo XVII.


En aquel entonces, el virreinato de El Perú se mantenía por orden imperial fuera de las rutas del Pacífico. Sin embargo, "la fluida circulación de mercaderes, burócratas, clérigos y pasajeros diversos" que menciona el autor tanto por vía del Pacífico (tocando tierra en la Nueva España) como por el Atlántico, muestran evidencias de la presencia asiática en aquel Virreinato americano desde el siglo XVI.

La mayoría de los asiáticos permaneció en México,  como se ha referido, pero algunos fueron remitidos al Perú, entre la servidumbre de magnates o de alguna otra forma de trabajo forzado o esclavo. El padrón de Lima de 1613, citado por Iwasaki, señala la presencia en la ciudad de 114 personas de tal origen: 38 era chinos o filipinos, 20 japoneses, y los restantes de la ¨India de Portugal¨, categoría que comprende a varios malayos y un camboyano. Agrega el autor que:
"Tan sólo 8 de los 114 asiáticos reconoció haber ingresado al Perú a través de México, a la vez que 17 de ellos admitieron expresamente ser esclavos. La mayoría de los empadronados trabajaba en un taller artesanal, mientras que las mujeres parecían confinadas a los servicios domésticos. Apenas 5 orientales dependía de mercaderes, 2 eran esclavos de sacerdotes y 4 eran propiedad de un mismo dueño. Poco es lo que aportan los datos en realidad, y quizás sea más útil conocer el número de años que algunos llevaban en Lima al momento de realizarse la encuesta: 6 personas habían llegado al Perú entre 1580 y 1590; 3 entre 1590 y 1600 y 8 entre 1600 y 1610". 


Ya hemos hablado de la presencia de chinos en la capital del Virreinato del Perú.  El dato aportado líneas arriba abre el apetito respecto a la actividad e influencia de extranjeros asiáticos en Lima. Un pequeño dato oculto en el Diario de Lima, escrito por el clérigo Juan Antonio Suardo (quien arranca su crónica el 15 de mayo de 1629) señala un tema asiático de la vida cotidiana de aquella época.  Se refiere a las fiestas de canonización de los mártires cristianos de Japón, celebradas en julio de 1629 y reiteradas en 1633. Estos mártires incluyeron a seis religiosos franciscanos y tres jesuitas, a más de una veintena de ¨japoneses familiares que les ayudaron¨. El cronista indica que "los padres de San Francisco hicieron grandiosas y costosas fiestas para celebrar la canonización de algunos santos de la religión, que padecieron en el Japón, por nuestra fe católica, que dicen se gastó como 10,000 pesos".

Las celebraciones consistieron en oficios, procesiones, salvas, cánticos e invenciones de fuegos, engalanamiento de las dos iglesias mayores de San Francisco y San Pedro y de las casas (de las congregaciones) del trayecto, y sermones en las iglesias principales de Lima, durante una semana (del 6 al 14 de julio de 1629), según registra el cronista Suardo.

Seguiré buscando.
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Fernando Iwasaki Cauti, Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI, Mapfre,  Madrid, 1992. p 235.