sábado, 25 de mayo de 2013

Un galeón en Siam

Para Rosaluz

Esta historia llegó a mí hace años, cuando vivía en Tailandia. En un viaje reciente a ese país volví a hablar de este pasaje histórico y aunque corresponde a una época, el siglo XVIII y el régimen Borbón ilustrado, que por lo regular no son parte de este blog creo que vale la pena darlo a conocer. A final de cuentas lo que quiero destacar es un vínculo de varios siglos entre México y el Sudeste de Asia.

De 1750 a 1754, bajo el gobierno en Filipinas de Francisco José de Ovando, Marqués de Brindisi, se realizaron esfuerzos por establecer relaciones diplomáticas y comerciales con los países vecinos del sudeste de Asia. El contexto geopolítico de la región en esa época se distinguía sobre todo por la presencia de los holandeses que dominaban el comercio desde Batavia, cerca de lo que es hoy Jakarta, en Indonesia. La Compañía Holandesa de Indias Orientales dominaba tanto el comercio de especias como el tránsito marítimo, en feroz confrontación con cualquier presencia europea en la zona. El poder español enfrentaba crecientes dificultades para mantener un comercio fluído y estable entre Filipinas y los estados de la peninsula que después sería llamada Indochina por los franceses.

Esa región vivía también una etapa de inestabilidad marcada por guerras ente los reinos de Siam, Camboya, Birmania, Champa y Vietnam. A lo largo de aquel siglo muchas de las iniciativas españolas desarrolladas para "salir de Manila" como se acostumbraba decir toparon con el desconocimiento de la realidad local de los pueblos vecinos e incluso con desastres naturales que terminaron por diluir el deseo de un comercio directo de seda, marfiles y piedras preciosas con la región.  El tema de la construcción de un galeón en el reino de Siam, aún cuando fue un fracaso, alienta la imaginación y permite reconstruir una etapa llena de aventura y atrevimiento.

Casi dos siglos antes, en 1609, don Antonio de Morga mencionaba que de aquella región  "vienen raras veces algunos navíos a Manila, que traen menjuy, pimienta, marfil y mantas de algodón, rubíes y zafíros mal labrados y engarzados, algunos esclavos, cuernos de badas (rinocerontes), pellejos, uñas y muelas deste animal y otras bujerías; y en retorno, llevan las que hay en Manila; su venida y vuelta es entre Brisas y Vendavales, por los meses de Abril, Mayo y Junio." (1). De tal forma que el interés por comerciar con la región seguía siendo atractivo para los comerciantes de Manila.

Por otra parte, la construcción de barcos había sido desde un inicio un eslabón debil de la cadena de comercio en el Pacífico, tomando en cuenta las vicisitudes del largo recorrido por el océano más grande del mundo, lo que acortaba la vida hasta de las mejores naves. Por ello se buscó la posibilidad de construir barcos en otros lugares, considerando costos más bajo de producción y menos problemas con la mano de obra. Entre los primeros intentos por entablar relaciones comerciales entre Manila y la región destacan: la construcción del barco Nuestra Señora del Rosario en astilleros camboyanos en 1654, que encalló en Filipinas con la pérdida de la tripulación y la carga. Posteriormente, en 1718 se forjó un acuerdo entre una embajada que envió el gobernador Fernando de Bustillo Bustamante a Siam, sin que se lograran en lo inmediato avances sustanciales.



Ayuthaya, capital de Reino de Siam



Acercamiento español con el reino de  Siam

El historiador Florentino Rodao realizó una investigación doctoral sobre las relaciones de España con Siam y Tailandia y relata los intentos realizados desde el inicio del siglo XVIII de establecer comercio entre Filipinas y Siam, aunque con pocos avances prácticos, como lo hemos mencionado arriba. 

En el año 1751 llegó a Manila un barco procedente de Siam, el San Vicente Ferrer, al cual se le concedió exención de los derechos de aduana por decisión del Gobernador, a pesar de una queja del Real Consejo referente a la obligación de cobrársele el almojarifazgo. Entre los pasajeros viajaba el jesuita Juan Jesús Regi y Aroche como embajador del rey siamés Borommakot (1733-1758), dispuesto a promover en Manila la formación de una compañía para un ambicioso proyecto de construcción de barcos. Acercó pues la miel a los osos.

La iniciativa era recaudar la friolera de 30,000 pesos, con el propósito de construir un astillero en Siam que, después, compraría el monarca asiático y cuyos beneficios, una vez pagado el importe del barco, se repartirían entre los ciudadanos de Manila que hubieran contribuido. El dinero fue reunido para constituir la Compañía de Nuestra Señora de Buen Fin y el jesuita pudo volver a Siam en 1752 junto con un enviado del gobernador de nombre José (o Joseph) Pasarín, con el propósito de entrevistarse con el monarca siamés.

Ya en Siam, lo españoles recibieron un terreno que sería llamado 'Campo Real de Nuestra Señora del Buen Fin' (...) donde se levantaron los astilleros en los que se construyó un buque llamado Guadalupe o Guadalupe Mexicana, que fue botado el 21 de julio de 1753".

Rodao indica la existencia de un expediente sobre esta empresa en el Archivo General de la Nación, en México, Secc. Filipinas, Leg. 3, exp. 17, folios 297-313. En la siguiente entrada hablaremos de algunas vicisitudes de la empresa y del fin que tuvo el Galeón.

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(1) Antonio de Morga. Sucesos de las Islas Filipinas., p. 315

(2) Florentino Rodao García. Españoles en Siam (1540-1939). Una aportación al estudio de la presencia hispana en Asia.  Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, Biblioteca de Historia. Madrid, 1997, pp. 74- 84.


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