domingo, 1 de septiembre de 2013

500 años del descubrimiento del Mar del Sur


En septiembre se celebran los 500 años del "descubrimiento" del Mar del Sur a manos de Vasco Nuñez de Balboa.  El encuentro de los exploradores españoles con el Pacífico se dio en la temible zona del Darién, hirviente e inhóspita, como la segunda etapa de la expansión que irradiaba desde el Caribe, cuyo centro de operaciones era la isla La Española. Venían los conquistadores desde el norte geográfico, por lo que al asentarse en las costas de Uraba, en tierra firme, estaban dirigiéndose hacia el sur. 



Ante la noticia de que al cruzar lo que se advertía como un estrecho de tierra podría encontrar otro mar (y atraído por la promesa de obtener riquezas infinitas) Núñez de Balboa se aseguró de recorrer el camino acompañado de 190 soldados, guías indígenas y una jauría de perros.  Emprendió la marcha el 1 de septiembre de 1513 y el 25 de ese mes atisbó el desconocido mar desde la cima de la cordillera del río Chucunaque. 


Hoy Balboa es el principal puerto del Canal de Panamá, el nombre de la moneda oficial panameña y de la cerveza de ese país, como se describe en un artículo de El País publicado hoy acerca de este trascendente acontecimiento histórico, material y humano. Se abrió la puerta hacia la conquista del imperio del Inca y el control de América en manos españolas, así como la posibilidad de continuar el anhelado camino hacia el otro lado del mundo.

El clima y la población de la costa atlántica en América Central fueron desde un principio barreras para el asentamiento de los españoles. El avance hacia el Pacífico fue la oportunidad de expandir la acción conquistadora hacia otros terrenos templados en el sur, en tierra continental, y mejor abastecidos de minas, tierras cultivables y recursos forestales. 

Como una moneda, la cara que ve al Atlántico fue dejada por décadas y siglos como una frontera a la que llegaban piratas, ingleses y cimarrones africanos. El Pacífico en esas latitudes, la otra cara de la moneda, aprovechaba la dinámica del intercambio entre los dos polos en que se concentró el poder virreinal, la Nueva España y Perú. La historia de esa región está escrita también con dos caras: la de las hazañas guerreras, notables sin duda, de los conquistadores, y la del furioso poder destructivo sobre la población indígena que fue diezmada en pocos lustros, como lo atestiguó tempranamente fray Bartolomé de las Casas.


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