Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

lunes, 14 de julio de 2014

Primeros escritos europeos sobre China


En las próximas entradas de esta bitácora trataré de recorrer parte de las crónicas iniciales que viajeros, comerciantes, misioneros occidentales dejaron como testimonio de Asia en el siglo XVI y hasta la primera mitad del XVII. La idea es contrastar esta visión, que ha quedado sedimentada en el imaginario global. La expansión portuguesa y española en la región en aquellos siglos contó evidentemente con el antecedente de la maravillas contadas por Marco Polo un par de siglos antes.

Con el inicio de la era de los descubrimientos, los viajeros europeos llevaban consigo la mentalidad de las cruzadas, lo que nublaba la forma de interpretación de una realidad compleja como la asiática. Los portugueses al inicio del siglo XVI había llegado por  la India hasta las puertas de China. Uno de los personajes que contribuyeron a consolidar una visión distorsionada de Asia fue Tomé Pires, un comerciante portugués de especias que había hecho una fortuna en Malaca, un puerto malayo recién conquistado en 1511 en el sudeste de Asia.  Este comerciante viajero representa el caso más evidente de incomprensión de los códigos asiáticos en los primeros años de exploración europea en la zona.

Aquella temprana presencia portuguesa en la región provocó diversas reacciones en Asia, comenzando por la introducción de armas de fuego como el arcabuz que desató una suerte de carrera armamentista en el siglo XVI, dotando a los poderes locales de instrumentos de defensa desde el Golfo Pérsico hasta Japón, pasando por el sudeste de Asia. La reacción imperial de China y de Japón ante los cambios que se avecinaban fue similar: el confinamiento del comercio con los europeos a los puertos asignados para ello, como es Cantón. 

Para su desgracia, Tomé Pires fue comisionado en 1516 por el Rey de Portugal para encabezar una misión diplomática  ante el emperador Zhengde de China, que ya estaba alertado sobre la presencia extranjera en su zona de influencia . Luego de años de esperar ser recibido como embajador, fue hecho prisionero en el sur de China, donde murió en 1524. Desde su cautiverio escribió cartas y un recuento general conocido como Summa Oriental, con una gran cantidad de observaciones. La amargura del personaje  trasciende su época y aún ahora se percibe en muchos viajeros que rechazan por desconocimiento lo que viene de esas latitudes.  

Como contraparte, la campaña misionera de Francisco Javier abrió una época, conocida como el siglo cristiano en Asia. Durante doce años, de 1540 a 1552 recorrió los espacios dominados por los portugueses en ese continente, sin poder lograr su objetivo de lograr una evangelización masica en Asia. Sin embargo, ese recorrido es considerado el inicio de una largo proceso para convertir al cristianismo al continente más poblado del planeta.

Una gran parte de las descripciones de China y Oriente en general hechas por los viajeros europeos de aquella época eran parciales, por necesidad, y se limitaban a describir las zonas que podían visitar, el tipo de población con la que entraban en contacto, el breve tiempo que permanecían en los  diversos lugares y el desconocimiento o abierto rechazo a comprender la cultura local, el idioma, las costumbres.


En un gran número de crónicas de finales del siglo XVI, los datos que circulaban en cartas y narraciones, habían sido escuchados y escritos desde los puestos de avanzada de los europeos en Asia, principalmente Manila, Macao, Cantón. Son por lo general textos pintorescos, que alimentaban la curiosidad de los lectores europeos. Un terreno distinto es la correspondencia que circuló entre Filipinas, México y España, que da cuenta del día a día de la administración de los territorios ultramarinos. Riquísimo archivos guardan aún información muy valiosa sobre espacios que apenas eran conocidos en aquella época. Los documentos que se guardan pueden ofrecernos informes sobre acontecimientos, pero también iniciativas que quizás no maduraron, como la invasión a China de la que ya hemos hablado en este blog, pero que muestran el estado mental de los primeros colonos europeos en Asia.
     
En ese tipo de archivos, se localiza la acción del agustino Martín de Rada, poseedor de una amplia experiencia misionera en México y en el sur de Filipinas. El fue el primero en formular de manera explícita un proyecto de conquista de China en una carta dirigida al rey Felipe II, fechada el 8 de julio de 1569. En la carta señala la importancia de dotar a las islas filipinas con una adecuada fuerza naval y argumenta a favor de convertir ese espacio como un punto de partida para la conquista de China.

Como otros de sus contemporáneos, especialmente embajadores y comerciantes portugueses y españoles, describe a grandes rasgos las características del imperio: grandeza, orden, desarrollo urbano y ausencia de belicosidad. Claro, no tenían porqué saber de un pasado guerrero chino de miles de años, pero quizás esa suerte de inocente visión del momento le permitía pensar en una conquista (en el sentido más bien religioso) que podía realizar un puñado de hombres validos de Fé, un tanto a "la mexicana" que aún estaba fresca en la mentalidad de su generación.

Rada había obtenido su información a partir de portugueses y de indios filipinos que comerciaban con los chinos. En particular, conocía a un chino de nombre Canco, quien había escapado de un barco pirata y obtuvo refugio con Martín de Rada. Volvió a escribir, esta vez al virrey de la Nueva España Martín Enríquez el 10 de agosto de 1572, y anunció la posibilidad de introducirse de incógnito en China.

La forma que planteaba, un tanto fantástica, era que en ese año de 1572 en ocasión del ascenso de un nuevo emperador de nombre Wanli, de la dinastía Ming, se había decretado un indulto para el retorno de chinos que habían estado exiliados. Como algunos de aquéllos chinos en el exterior se habían convertido al cristianismo podrían regresar secretamente a su país, ahora como aliados de los europeos. La misión no se realizó principalmente por la improvisación con que fue concebida, pero Martín de Rada atribuía el fracaso más bien al temor de los chinos de entrar a su patria con extranjeros.

Paralelamente, la llegada de misioneros jesuitas a China por el lado portugués quedaría marcada en la historia con más boato y propaganda que la misión de Martín de Rada. Un gran cambio se suscitó con la presencia más permanente de los misioneros en China, sobre todo jesuitas, que abrió una nueva época de comprensión. Como apunta el historiador catalán Manel Ollé ‟en el momento en el que los padres jesuitas Matteo Ricci y Michele Ruggieri acceden, a través del conocimiento de la lengua china, a la lectura de los registros históricos, institucionales, filosóficos etc. se abren las puertas a un nuevo paradigma de percepción que dará sus frutos durante las primeras décadas del siglo XVII (...y que) representa un cambio cualitativo". En esta lista Alessandro Valignano ocupa un lugar prominente.

Así llegamos a Diego de Pantoja (1571-1618 Macao) Lisboa, 1596, Goa 1597, Macao 20 de julio de 1597. Relación de la entrada de algunos padres de la Compañía de Jesús en la China y particulares sucesos que tuvieron y de cosas notables que vieron en el mismo reino. Pertenece a la tradición jesuita y es uno de los cronistas de esa orden que acompañaron a Mateo Ricci. Dedicaremos algunas entradas de este blog a hablar de este admirable misionero.

Un asunto relevante que perduró por siglos fue la ruptura entre jesuitas y el resto de las congregaciones católicas, lo que se consideró el debate de los ritos chinos y la adecuación a las culturas de Oriente. Es un tema central, pero que no puede ser revisado en este breve recuento de crónicas.

Otras visiones

Desde 1575 los agustinos habían tenido también presencia en China, aunque con escasos resultados. El mejor producto de una visita de Martín de Rada en aquella época fue un memorial que describe la mítica Cathay de Marco Polo. 

Los misioneros no jesuitas también hicieron un esfuerzo notable en entender la mentalidad china, a despecho de la acusación jesuíta de que era simples “frailes idiotas”, y ello se demuestra en las obras lingüísticas como la del padre Juan Cobo en 1593, Pieng Cheng-Cha Chen-Shua Shih-Lu, destinadas a catequizar a los chinos residentes en Manila. El campo de prácticas de los misioneros filipinas eran los barrios manilenses en que comerciantes asiáticos vivían por largas temporadas en las islas. Uno de los grandes logros fue la fundación de la Universidad de Santo Tomás como obra de los dominicos.

Bernardino de Escalante (1537-1605). Discurso de la navegación que los portugueses hacen a los Reinos y Provincias del Oriente y de la noticia que le tiene de las grandezas del Reino de China. publicado en Sevilla en 1577. Fue traducido al inglés en 1579. Es un trabajo de síntesis de la información proporcionada por misioneros, si bien el no viajó al Oriente.
Gaspar da Cruz, dominico portugués (1520-1570) publicó en Evora en 1569 su Tratado das cousas da China, que en principio no tuvo un gran impacto editorial, pero sus descripciones lograron influir en muchos misioneros deseos de llevar al imperio celeste.
Juan González de Mendoza, agustino, Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del Gran Reino de la China, 1585. Puede considerarse un éxito de ventas, pues en 16 años alcanzó 38 ediciones en 9 idiomas diferentes. Nunca estuvo en Oriente, pero utilizó la información proporcionada por Martín de Rada  y fray Pedro de Alfaro.
Joseph de Acosta. Historia Natural y Moral de las Indias. Parecer sobre la Guerra de China y Respuesta a nuestro padre. Fundamentos que justifican la guerra contra China. 1586-1587

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Stewart Gordon. When Asia was the world. Traveling merchants, scholars, warriors, and monks who created the ¨riches of the East¨, Da Capo Press, Philadelphia, EUA, 2009. p 157-177.

Manel Ollé, "Comunidades mercantiles en conflicto en los estrechos de Taiwán (1624-1684)", Revista de Historia Económica (second series) pp. 271-297, Universidad Carlos III de Madrid, 2005.

Pedro G. Galende, O.S.A., Apologia Pro Filipinos. Ed. Salesiana Publisher, Manila, 1980.

Destaca la obra de J. Cobo. Apología de la Verdadera Religión, edición facsimilar a cargo de F. Villarroel, Universidad de Santo Tomás, Manila 1986.

Fernando Iwasaki Cauti, Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI. Mapfre, Madrid, 1992.

martes, 10 de junio de 2014

Constelación de puertos

La llamada ruta marítima de la seda es una red comercial de enorme importancia que tuvo como centro a un grupo de ciudades chinas conectadas con el mundo, especialmente en las provincias de Fujián y Guangzhou. Los antecedentes de este comercio se remontan a los siglos XII y XIII, y de forma destacada están relacionados con la gran aventura del almirante Zheng He (1371-1433), en el siglo XIV. Sin embargo, el interés de esta nota es concentrar la atención en el gran cambio que se operó cuando aquellos puertos chinos establecieron la conexión comercial desde Asia central hasta el Sudeste de Asia y América, por medio del Galeón de Manila-Acapulco, una vez que Manila fue establecida como puerto español en 1571.

Encuentro de culturas y sistemas

En la etapa final de la dinastía Mingen la segunda mitad del siglo XVI en China, se gestaba un cambio fundamental que tenía qué ver con el comercio internacional, pues el gobierno buscaba regular los intercambios con el resto del mundo y en especial el movimiento de la plata que dominaba a la economía china, proveniente sobre todo de Japón. El sistema tradicional de comercio tenía un tinte imperial curioso. Considerado como intercambio tributario, los emperadores chinos no comerciaban, sino que recibían los tributos de pueblos y naciones que reconocían la autoridad de China. A cambio, generosamente proporcionaban regalos y plata

Los comerciantes que provenían del Asia Central eran recibidos en ciudades del norte de China por administradores, que atendían a los embajadores (muchos de ellos eran conductores de caravanas de camellos que no tenían representación oficial de sus naciones). En la parte marítima de China este sistema fue conocido como Shibosi y consistía en oficinas de comercio marítimo, controlado por supervisores en tres puertos: Ningbo, en la provincia de Zhejiang para el comercio con Japón; Quanzhou, en Fujián, para el comercio con las islas de Taiwán y Ryukyu y Guangzhou, o Cantón, para el resto del sudeste de Asia. En ocasiones, se permitía a los visitantes extranjeros llegar a Beijing, la capital, donde eran atendidos por el Ministerio de Ritos y, ocasionalmente, tenían audiencia multitudinaria con el emperador.

El comercio para los extranjeros era ventajoso, pero a la larga los chinos padecían las consecuencias y procuraban equilibrar su balanza comercial espaciando los plazos de entrada de misiones comerciales extranjeras. Un fenómeno importante fue la creciente dependencia del flujo de plata japonesa, que monetizó el comercio interno de China y llevó incluso a la decisión de cobrar impuestos en plata a la población. Para evitar esa situación de dependencia se tomaron diversas medidas correctivas. En 1549 se limitó el comercio entre Japón y China.  En 1565 se reinstauró la oficina de supervisión en Guangdong.  En 1567 se decidió concentrar el comercio en Yuegang, al sur de Xiamen, en la provincia de Fujián. Todo ello coincide con el establecimiento por los portugueses en Macao (con autorización china) en 1557 y la fundación Manila en manos españolas en 1571. A partir de entonces, el comercio externo de China tomó un rumbo diferente y alentó la producción manufacturera en cadena, siglos antes que la llamada Revolución Industrial Inglesa.

Es interesante observar que la presencia europea en esas ciudades se suma a un proceso interno que ya existía en China y que canalizaba el flujo de comercio que venía desde Asia Central. Con ello también tomó impulso la producción interna de seda, porcelana, té y muchas manufacturas. Si logramos escapar de la visión histórica convencional, que sólo observa el comercio desde el ángulo europeo o asiático, y lo vemos como un sistema integral enorme que conecta a toda China, la perspectiva puede ser muy enriquecedora.

Tomemos por ejemplo la ciudad de Nanjing. Localizada en un nudo económico del río Yangtze, Nanjing ha sido una ciudad muy importante en la historia del comercio de China. Fue una de las cuatro capitales de China, se convirtió en el centro de la ruta, punto de llegada de viajeros del mundo y de salida de comerciantes chinos. La ciudad conectaba China con los reinos del este de Asia, por medio de comerciantes, así como con el movimiento de misioneros budistas. Esto hizo de Nanjing el punto de confluencia entre la ruta de la seda y la ruta marítima. 
 
Qingjing Mosque

No hay que olvidar que en el interior del país se desarrolló una intrincada red de canales y rutas fluviales que comunicaban a China de Norte a Sur , el famoso Gran Canal, y de ese centro productivo hacia la costa. A partir del siglo XV muchas ciudades se especializaron y progresaron en el interior del país, proporcionando productos para el comercio mundial. China "la fábrica del mundo" no es un tema del siglo XX.

A partir de ese centro se distinguen ciudades fluviales como Yangzhou, o marítimas como los mencionadas arriba. En una breve lista podemos resumir:

Sur y Este de China

Guangzhou, mejor conocida como Cantón, y su antiguo puerto Huanpu o Whampoa, en la desembocadura del rio Perla. Fue el emporio del comercio hacia el sur de Asia.

Quanzhou, en Fujián, conocida como Zayton por Marco Polo, perdió poder frente a otros puertos en esa misma provincia.

Zhangzhou, conocida como media luna, por la forma de su bahía, en el sur de Fujián, sirvió al comercio con Filipinas.

Fuzhou, en la desembocadura del rio Minjiang, también en Fujián, se dedicó al comercio con Taiwán.

Al norte:

Penglai, en la provincia de Shandong, era conocida como Dengzhou en la antigua China, frente al mar de Bohai, fue el punto de contacto con la península coreana.

Ningbo, ya mencionada, era conocida como Mingzhou, estaba conectada con el Gran Canal, conectaba el comercio con Japón.

Probablemente no nos digan mucho estos nombres, pero la correspondencia cultural entre aquellos puertos y las ciudades mexicanas de Acapulco, Puebla, Ciudad de México, Xalapa o Zacatecas es muy estrecha.





domingo, 25 de mayo de 2014

Puerto caballos 2

Una línea recta norte-sur desde Puerto Caballos, en la costa atlántica de Honduras, hasta el Golfo de Fonseca en Nicaragua, frente al océano Pacífico, parece un trazo ideal para  comunicar los dos mares y durante un tiempo fue el sueño de algunos audaces administradores, ingenieros y conquistadores para, en última instancia, comunicar Europa con Asia. Esta es la historia de una propuesta frustrada, de llevar por esta ruta soldados y armas hasta Filipinas, formulada en 1578 por el oidor de la Audiencia de Guatemala, Diego García de Palacio, constructor de barcos, astrónomo, geógrafo, pero no muy buen administrador ni político.

Corría la década de los setenta del siglo XVI y los colonos europeos en las costas centroamericanas estaban inermes ante el clima, las enfermedades tropicales y los insectos, pero aún más ante los ataques de piratas y merodeadores principalmente ingleses. Los conocimientos de don Diego García de Palacio resultaban de gran interés para contrarrestar los efectos de algunas de estas calamidades, en particular las generadas por los bucaneros de la reina Isabel. 


Debió ser un hombre de gran curiosidad natural, como se desprende de varios escritos de corte científico, en particular dos libros: "Diálogos Militares de la formación e información de personas, instrumentos y coas necesarias para el buen uso de la guerra" (1583) e "Instrucción Náutica" (1587). Realizó la primera descripción de las ruinas mayas de Copán, 250 años antes de que comenzaran las investigaciones arqueológicas modernas. Evaluó la posibilidad de construir puertos en Iztapa y Acajutla, en la costa del Pacífico, determinando que no ofrecían las condiciones necesarias de profundidad y refugio. En cambio, consideró que El Realejo era la mejor opción para el comercio naval y la construcción de barcos, debido a la cercanía con la producción de madera. Todo ello contribuyó a fortalecer su prestigio como experto en temas náuticos (matemáticos, astronómicos, construcción de barcos), pero también en materia jurídica sobre las condiciones éticas para una "guerra justa". Probablemente sus publicaciones tenían el propósito de divulgar conocimiento, si bien Garcia de Palacio carecía de experiencia práctica directa en esas materias.

Precisamente en el puerto El Realejo una de sus principales tareas fue supervisar la construcción de dos galeones, el Santa Ana y el San Martín. La construcción que debió durar de 1577 a 1579 se demoró hasta 1582, con un costo excesivo de 46,000 pesos, en una época en que el precio en Manila podría ser de 6,000 pesos. Este antecedente fue importante en la carrera de García de Palacio, acusado más tarde de abierta corrupción.

Los piratas

Otro elemento contradictorio de la personalidad de don Diego García de Palacio se mostró en dos ocasiones consecutivas relacionadas con los ataques de los piratas Francis Drake y Thomas Cavendish. En ambas ocasiones fue nombrado comandante militar para perseguirlos.  La primera alrededor de 1578 para capturar a Francis Drake, por lo que se ordenó preparar un ejército de 200 hombres que serían reclutados por leva en Guatemala, algo que no se logró y finalmente Drake ya había escapado de regreso a Inglaterra. Entretanto, como se ha dicho, don Diego García se quedó entre 1577 y 1580 en El Realejo, Nicaragua.

Una década más tarde, don Diego ya estaba instalado en la Ciudad de México, y en noviembre de 1587 Thomas Cavendish captura del galeón Santa Ana que regresaba de Manila y se encontraba frente a Baja California, por lo que nuestro personaje recibió la encomienda del virrey marqués de Villamanrique para perseguir al inglés, que poco antes había tomado el puerto de Huatulco y asolaba las costas del Pacífico.  Es curioso constatar que aquel galeón capturado por el pirata Cavendish era el mismo que había sido construido por don Diego en Nicaragua. Todo fue en vano, la respuesta fue tan lenta que cuando quiso salir en su búsqueda el pirata ya iba rumbo a Asia. Este evento volvió a marcar la imagen de don Diego como poco capaz para las tareas de defensa militar.

Propuesta sobre Filipinas

El 8 de marzo de 1578, desde Guatemala don Diego escribe una Carta al Rey sobre la Conquista y Pacificación de las islas Filipinas, y las ventajas de hacerse la navegación para ellas desde el puerto de Fonseca.  En ella ofrecía pacificar las islas con sus propios recursos a cambio de obtener el gobierno de las islas y el monopolio de la ruta de comercio del Pacífico, una propuesta que sugiere que él tenía un considerable caudal a su disposición. España había tomado control de las Filipinas siete años antes y la colonia era administrada desde la Nueva España. También sugería que la ruta de comercio se realizara por medio del istmo de América Central, moviéndolo de Panamá a Honduras, para utilizar Puerto Caballos y llegar al Golfo de Fonseca.

La misiva al rey critica la manera en que hasta ese momento se había conducido la colonización y cristianización de Filipinas y "propone que se lleve a cabo una estrategia para llevar tropas de manera regular desde España a las islas del Poniente, por medio de barcos dedicados específicamente a este proyecto tanto en el mar del Norte (Océano Atlántico) como en el mar del Sur (Océano Pacífico). El proyecto implica que cada año se transporten quinientos hombres de guerra hasta juntar el número que bastase a acometer y resistir cualquier oppuesto de enemigos. Su argumentación es directa, pues proponía que no se utilizara la ruta de Veracruz a Acapulco, ni la de Portobello, sino una nueva, más corta, en Honduras. El argumento para no pasar por la Nueva España, don Diego explica que los soldados europeos:
viniendo como vendrán indispuestos, cansados y enfadados de los trabajos de la mar viendo la anchura, grosedad y la mala fama que agora tiene la China por faltas particulares procurarán quedarse y esconderse (en la Nueva España). Podría Vuestra Majestad mandar atravesasen por esta provincia desembarcándose en el puerto de Caballos que es en la mar del Norte y que se tomasen a embarcar en la del Sur en el puerto de Fonseca que sólo dista el uno del otro sesenta y siete leguas y aunque  en la Nueva España no hubiera tan larga travesía, los inconvenientes dichos y otros de substancia: hay en esta provincia más salud, menos regalos y aparejos para huirse, buenos mantenimientos y más barata disposición para hacer navíos y otras cosas forzosas y necesarias para el viaje y comodidades de él.
Con algo que podría ser calificado como candidez, don Diego García de Palacio se presenta como la persona indicada para dirigir una armada a las islas Filipinas y ser nombrado gobernador general (por aquella época gobernaba desde Manila Francisco de Sande):
Y si para esto Vuestra Majestad fuese informado que en mi concurren las calidades que son menester para tal administración según se tiene experiencia de la cuenta que de más de once años a esta parte que administro vuestra justicia he dado me atreveré con el favor divino a servirle y gastaré toda mi hacienda y la de otros mis amigos que me prestaran yendo a aquella jornada. Y para enmendar la manquera (el desconocimiento) que en común se presume de los letrados en las cosas de la guerra después que me puesto los ojos en servir a Vuestra Majestad en este negocio he compuesto unos diálogos militares consagrados a vuestro glorioso nombre, por do se entenderá que no ha estorbado mi principal profesión a saber muchas cosas y adherentes que sólo pertenecen a la ordinata (reglas) de las guerras a que una natural inclinación me ha forzado ocupar los ratos de mi recreación.
Puede derivarse de esta argumentación que el traslado de tropas no se limitaría a Filipinas, sino principalmente a las Molucas y acaso hacia China. Afortunadamente la Corona española no hizo caso de la propuesta, que quedó en el olvido. Otros motivos  prácticos relegaron por siglos el desarrollo de los puertos de Honduras y la comunicación con el Pacífico.

Acusado de corrupción.

Desde 1583 don Diego comenzó a llamar la atención del arzobispo Pedro Moya de Contreras, comisionado como visitador para vigilar la corrupción en la Nueva España. El interés principal era la forma en que los oidores en México obtenían ventajas con la especulación de la tierra y la intermediación de favores en la Audiencia. Gracias a sus conexiones con la Corona y con el Virrey logró evadir castigo por cargos de enriquecimiento ilícito, pero en 1589 el Consejo de Indias condenó a Don Diego por 72 imputaciones, entre otras: nepotismo, aceptar uso de amenazas, explotación del cargo público para ganancias privadas, desplazamiento de las comunidades indígenas, y trabajo forzado de los indios sin pago. Probablemente contaba en su haber la ineficiente construcción de los galeones en Nicaragua en la década anterior. Fue suspendido como oidor y obligado a pagar multas. Murió el 15 de noviembre de 1595. 
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José Antonio Cervera Jiménez. Los planes españoles para conquistar China a través de Nueva España y Centroamérica en el siglo XVI.  Cuadernos Inter.c.a.mbio. Año 10, Vol. 10, No. 12 (2013). Disponible en: http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/intercambio/article/view/12348

Erika Elizabet Laanela, Instrucción Náutica (1587) by Diego García de Palacio: An early nautical handbook from Mexico. Thesis M of A, Texas A & M University, disponible en:
http://nautarch.tamu.edu/Theses/pdf-files/Laanela-MA2008.pdf

sábado, 24 de mayo de 2014

Puerto Caballos

Para Hugo y Marbella

¿Quién podría imaginar que desde las tierras de la actual Honduras se fraguó alguna vez un plan para conquistar China? Esta es la inverosímil historia que vincula a una zona del Caribe, en la costa norte de lo que hace siglos fue conocida como Hibueras o Higueras, donde se fundaron desde el inicio de la conquista española dos puertos para el comercio regional: Puerto Caballos* y Fonseca. El primero ha cambiado su nombre en el curso de los siglos y hoy es conocido como Puerto Cortés.

El objetivo era dominar el comercio de especias.

En este blog hemos mencionado otros intentos por invadir el imperio celeste, fraguados por cortesanos del imperio español, pero principalmente por vecinos de Manila. En cambio, las propuestas planeadas desde el continente americano, que aparecen ahora como delirios fantásticos, simplemente muestran el desconocimiento que se tenía de las dimensiones del océano Pacífico. Con todo, a principios del siglo XVI los proyectos para llegar a Asia desde la recién conquistada América florecían por doquier y forman parte de una lógica sencilla: dan continuidad al sueño de Cristóbal Colón y muchos otros navegantes en la búsqueda de Cathay, en espera de riquezas de todo tipo, oro, mercancías y sobre todo especias. En la segunda mitad del siglo XVI ese impulso, auspiciado principalmente por las coronas de España y Portugal, ya había desatado lo que se conoce de diversas maneras como la primera edad moderna, era del comercio o primera globalización.

Centroamérica jugó un papel importante en aquel momento inicial,  a pesar de que apenas era conocida por los visitantes circunstanciales llegados de Europa. Fue el punto de refugio de las naves de Colón en su cuarto viaje y de todos aquellos navegantes que deseaban dar un paso más hacia el occidente. Se veía a aquel estrecho de tierra como un trampolín para cruzar el Mar del Sur, como era conocida esa inmensa masa de agua en aquella época. Le siguieron otros más, por el camino de Venezuela (tierra firme) o desde México, incluyendo al conquistador Hernán Cortés (De Tidor al Darién, noviembre de 2009).


Precisamente Hernán Cortés llegó a ese lugar en 1524, en la expedición que lo llevó a la Hibueras buscando castigar a Cristóbal de Olid, según lo cuenta en sus Cartas de Relación. De ahí se trasladó a Puerto Trujillo. Este viaje quedó consignado también por Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista.

"En el siglo XVI, escribe  Elizabeth Fonseca Corrales, los puertos hondureños de Trujillo y Caballos eran los únicos fondeaderos centroamericanos para los barcos que navegaban desde Sevilla con la flota anual. A partir de fines de siglo, los ataques de corsarios motivaron la búsqueda de un puerto más fácil de defender. En 1605 se estableció el puerto de Santo Tomás de Castilla, lo cual significó una victoria decisiva de la provincia de Guatemala sobre la de Honduras por el control del comercio proveniente de España".

A largo plazo, se dio privilegio a los puertos en la Nueva España y Portobello en Panamá para el comercio Atlántico. Con el Pacífico, como sabemos, Acapulco se convirtió en el punto más importante de ese eje marítimo. En Centroamérica el desarrollo de puertos y astilleros fue precario y sujeto a las decisiones de comercio que se modificaban con mucha frecuencia. El caso del puerto El Realejo en Nicaragua es importante en ese sentido, como lo comentamos en este blog (diciembre de 2010). Con los siglos, y hasta la actualidad, la importancia estratégica del Golfo de Fonseca rivalizó por mucho tiempo con el estrecho del Darién.

Otro plan para conquistar China.

Cuando esta zona centroamericana fue poblada por españoles, en Bilbao nacía Diego García de Palacio, considerado como un respetable científico de su época, interesado en aspectos de navegación, desde la astronomía, la geografía, construcción de barcos y de puertos.  Llegado a su madurez, en 1572, llegó a ser oidor de la Audiencia de Guatemala. Hijo de una familia de la burguesía cantábrica, estudió en Salamanca y a sus cincuenta años lo encontramos en Centroamérica ocupando un cargo medio que probablemente ofrecía más prestigio que dinero, a menos que su iniciativa para los negocios le permitiera dar el golpe económico más importante de su vida. Recogemos aquí un interesante estudio formulado por  el doctor José Antonio Cervera Jiménez, que no tiene desperdicio:
" Hacia el final de su estancia en Guatemala, García de Palacio recibió la orden de vivir en el puerto de El Realejo, en la actual costa nicaragüense. Allí construyó dos galeones con la intención de cruzar el Océano Pacífico: El Santa Ana, de 400 toneladas de peso, y el San Martín, ligeramente mayor, de 500 toneladas. En mayo de 1578, fue nombrado alcalde del crimen en la Ciudad de México, aunque no partió hacia Acapulco desde El Realejo sino hasta finales de 1580, ya que se quedó, entre otras razones, supervisando la construcción de los dos galeones. Sin embargo, el virrey novohispano no quedó contento, ya que se gastó una enorme cantidad de dinero en la construcción de los dos barcos. Ambas naves costaron ocho veces más que si se hubieran construido al otro lado del Pacífico, en la bahía de Manila. Debido a este despilfarro, se levantó un testimonio acusatorio por parte de un contador, que influiría en el posterior proceso realizado sobre Diego García de Palacio, años después".
"En enero de 1581, poco después de su llegada a la capital virreinal, García de Palacio recibió el grado de doctor en cánones por la Real y Pontificia Universidad de México. El 10 de noviembre del mismo año, fue nombrado por unanimidad rector de la misma universidad. Fue el inicio de la época más próspera de García de Palacio. Sin embargo, los últimos años de su vida estuvieron marcados por el emprendimiento de negocios turbios por parte de su familia, que dieron lugar a acusaciones y, finalmente, a la ruina económica y moral. Diego García de Palacio murió básicamente de depresión, en 1595, dejando a los miembros de su familia sumidos en la pobreza". 
En la siguiente entrada retomaremos la propuesta que este hombre notable hizo para llevar tropas y armas a Filipinas, por la vía de Centroamérica, con miras a invadir China.
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* Puerto Caballos, lleva el nombre de Puerto Cortés y se sitúa en las coordenadas geográficas 15° 50´ 43.54´´ de latitud norte y 87° 55´ 21.85´´ de longitud oeste en territorio de Honduras, Ingris Lagos Soriano y Pastor Gómez Zúñiga,  "Puerto Caballos: nacimiento, evolución y muerte de una quimera transoceánica (1541-1607)" , Boletín AFEHC N°47, publicado el 04 diciembre 2010, disponible en: http://afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=2531

Julio Pinto Soria. Historia de Centroamérica. Vol. II El régimen colonial. Ed. Sociedad Estatal Quinto Centenario/Flacso, Madrid, 1993.  pp. 127-128.

José Antonio Cervera Jiménez. Los planes españoles para conquistar China a través de Nueva España y Centroamérica en el siglo XVI.  Cuadernos Inter.c.a.mbio. Año 10, Vol. 10, No. 12 (2013). Disponible en: http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/intercambio/article/view/12348

sábado, 19 de abril de 2014

Náufragos

El reverso de la historia del Galeón de Manila puede ser contado también como un listado de naufragios y percances que costaron innumerables vidas y fortunas perdidas en el mar. Los desastres pueden ser atribuídos a las tempestades que azotan al "pacífico", océano que mal fue nombrado de esa manera, pues es especialmente voraz e impredecible, como lo atestiguan quienes cruzaron en barco ese enorme tramo del planeta. 

Otros tantos desastres se debieron a la ambición de los poderes imperiales, que acarreaban tesoros en los navíos hasta correr el riesgo de hundirlos en medio del trayecto; piratas y corsarios hicieron lo propio al atacar las naves que se dirigían a Acapulco, cargados de mercancías, o a Manila, con apetecibles cofres de plata.

San Nicolás de Bari evita un naufragio. Bicci de Lorenzo, 1433.

Para muchos de ellos, comerciantes, sacerdotes, mujeres y niños, la aventura sería la primera y única ocasión en el mar. El viaje era tan arriesgado y largo que la mayoría de las veces no tendría boleto de retorno, sólo de ida para iniciar una nueva vida en Filipinas, el otro lado del mar. En momentos de tempestad, la esperanza de que ocurriera un milagro acompañaba a los viajeros que se embarcaban en aquellas cáscaras de madera por semanas y meses. Los viajeros imploraban para que al menos una isla los recibiera mientras algún otro barco fuera a su rescate.

Un caso más dramático es cuando la voluntad humana, cuando la autoridad de un capitán castigaba a un hombre y lo condenaba a quedarse solo en una isla en medio del océano, como sucedió con Alexander Selkirk (1676-1721) cuya estancia en solitario castigo por cuatro años y cuatro meses en una de las islas denominadas Juan Fernández frente a las costas Chile, dio pie al famoso Robinson Crusoe, escrito por Daniel Defoe.

Un lector amigo, Paco Moreno, quien nos ha proporcionado siempre información interesante, publicó en su blog la historia de Selkrik y la importancia de las islas en aquella parte del sur del océano Pacífico. 



Hoy escribo estas líneas motivado porque un viajero de las letras, Gabriel García Márquez llegó a su puerto final.  El gran escritor narró con maestría la experiencia de un náufrago moderno, que padeció el mismo miedo, hambre y sed que sus antecesores milenarios.

martes, 15 de abril de 2014

Concluye exposición sobre el Pacífico

En el Archivo de Indias, en Sevilla, el 20 de abril será la clausurada la exposición "Pacífico, España y la aventura del Mar del Sur", que desde que fue inaugurada en septiembre pasado recibió a más de 127,500 visitantes. La exposición fue organizada conjuntamente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Archivo General de Indias y Acción Cultural Española, en conmemoración del V Centenario del avistamiento del océano Pacífico por Vasco Núñez de Balboa.

La muestra estuvo al cuidado de Antonio Fernández Torres y Antonio Sánchez de Mora, utilizando parte del extenso acervo que se conserva en el Archivo General de Indias.


Interesante que la clausura de la exposición contará con un concierto del grupo Arcadiantiqua / Música prima, que interpretará un repertorio de música americana con aportaciones indígenas a partir de manuscritos peruanos, colombianos y mexicanos. La música barroca del período virreinal es parte del patrimonio común de las naciones que iniciaron un contacto estrecho a partir, no sólo de la conquista española, sino también de la historia del océano Pacífico. Falta mucho por investigar acerca de las influencias culturales mutuas que se propagaron hacia el mundo, incluyendo Asia, y la música barroca que se disfrutaba en los largos viajes transpacíficos.

Por cierto, la exposición se trasladará a Bogotá, Colombia.

sábado, 5 de abril de 2014

La gente que vino de Oriente

Aunque el término Oriente puede ser confuso, pues Asia está al occidente de México, es muy común referirse a todo lo que proviene de aquel continente como oriental, personas, objetos y cultura. Otra expresión que durante mucho tiempo causó confusión es el identificar a la gente como china, a pesar de que en su origen provienen de la zona más poblada del planeta, con diversidad de culturas, religiones e idiomas. Ese anacronismo está tan arraigado en México que a muchos les da lo mismo saber si alguien es japonés, indio o malayo "...todos son chinos".  

Pero lo que me interesa es mostrar que en un capítulo con este título el investigador Armando González Quiñones, del INAH de Zacatecas, en su Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común, nos ofrece una serie de ejemplos sobre la presencia asiática en aquel estado de la actual República Mexicana. Cita concretamente el libro de don Eugenio del Hoyo Plateros, Plata y Alhajas de Zacatecas, la presencia en los años 1691-1692 de dos orfebres filipinos; uno de nombre Juan de los Reyes, "filigranero de oro, natural de Manila", y otro Francisco Mañago, "filigranero de oro, de nación Pampanga, natural de las Islas Filipinas". En 1647, "Simón de los Angeles, oficial filigranero, natural de las Islas Filipinas" murió en Sombrerete. Estas noticias permiten suponer que en un lugar tan rico como Zacatecas la producción de joyería, incluyendo accesorios que por ejemplo se adaptaban a la porcelana (chocolateros, viandas, copas), requerían mano de obra experta de Asia, en concreto de Filipinas, que terminó viviendo en México.

En la región del Sudeste de Asia existe una larga tradición en la joyería, que recibió influencias varias, desde la India, Tailandia, Malasia, y que se amoldó a las necesidades y gustos de consumidores principalmente europeos. Filipinas no era la excepción, si bien la producción de oro en las islas siempre fue muy poca. A manera de ejemplo, encuentro en el portal Filipino cultured muestras del siglo XIX de este arte. Dos peinetas, de influencia española pero muy similares a las que se utilizaban en festividades en la Nueva España y en Perú. La montura de una de ellas es carey, tan apreciado en el Sudeste de Asia.




No debería extrañar entonces la presencia de estos maestros artesanos en tierra mineras mexicanas, hace apenas cuatro siglos.

Don Eugenio de Hoyo hace mención también de esclavos radicados probablemente filipinos o malayos, pero no chinos, en Zacatecas en aquel período:


  • "1650. Un chino esclavo  llamado Bernardo, de 30 años"
  • "1656. Un esclavo chino llamado Juan de la Cruz". Quizás refiriéndose al mismo esclavo, en el mismo año se encuentra la noticia: "Juan de la Cruz, chino libre, compra un esclavo mulato llamado Mateo de la Cruz"
  • "1664. Un chino, mi esclavo, llamado Juan, de edad de 30 años, casado con una india"
  • "1696. Isabel, esclava y china".
El libro de Armando González Quiñones cita al historiador Ernesto Lemoine V. quien comenta sobre el auge minero de Zacatecas en el siglo XVI.

Zacatecas siguió en ascenso durante la segunda mitad del siglo XVII, por más que en algunos documentos de la época se trasluzca que el lugar empezaba a venir a menos. En efecto, el virrey Duque de Escalona escribió al monarca en 3 de julio de 1640, acerca de la decadencia del mineral por falta de indios para que lo trabajasen, ante lo cual propone "Que convenía a poner remedio en ello, y disponer que aquel Real de Minas, le den indios de repartimiento, como los hay en el Perú, o que se mandasen traer de China negros (sic) en las naos que de allí vienen cada año, que cuestan allá baratos".

El historiador comenta que "desde luego, la medida, inhumana como tantas de su tiempo, no se aplicó, y Zacatecas pudo pasarse sin la mano de obra de los orientales que costaban tan barato.

Regresando al tema de las mercaderías. el libro de González Quiñones ofrece dos noticias: en 1580 el presbítero sevillano Luis Ponce de Esquivel, uno de los primeros pobladores de Zacatecas, dejó al morir catorce platos de China, cuatro escudillas de China, que "rematáronse en Gonzalo Sánchez, a tres reales y cuartillo cada pieza, 8 pesos, 1 tomín". 

El gusto por esos bienes de origen asiático, no necesariamente chino, siguió creciendo y a principios del siglo XVII, el obispo andariego, Don Alonso de la Mota y Escobar, describe de esta manera el comercio de productos asiáticos, observado durante su visita pastoral a la entonces extensa Diócesis de la Nueva Galicia, de la ciudad de Zacatecas:

Entre los vecinos nobles, pocos hay ricos y ésos son mineros, pero entre la gente intermedia muchos hay ricos de veinte, treinta y cuarenta mil pesos, y de cien mil habrá tres o cuatro, y todos éstos son mercaderes de tienda pública; pero ninguno de ellos lo es de España, que acá llaman, porque no emplean allá sino en México, de donde traen todo tipo de genero de ropa de Castilla, paños, lienzos, sedas vino, aceite, hierro, especias, y con esto traen también ropa y sedas de esta tierra, y de la que se trae de China, lo cual se trajina y trae a esta ciudad en carros y carretas; habrá en ella al pie de cincuenta tiendas de mercaderías que traen caudal de dos mil a treinta mil pesos; quiero decir que comenzando la ínfima por dos mil pesos van subiendo  por sus números sucesivos hasta llegar a treinta mil pesos, los mercaderes de menor valor y caudal venden por sus personas en sus tiendas y los más ricos tienen mozos y criados españoles.
Tienen estos mercaderes dos corredores de lonja* que sirven de lo que suena su oficio; además de esto hay otras tiendas donde se venden cosas menudas de jarcias y baratijas, todo cosa de poco precio y menos caudal.

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* Lonja, comercio por subasta.

Armando González Quiñones, Zacatecas y Filipinas, Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común, Edición del autor, México, 2002. 



sábado, 8 de marzo de 2014

Libros filipinos en Zacatecas

El movimiento constante de personas y bienes en el Galeón de Manila fue sedimentando una relación estrecha que quedó fija en costumbres y objetos que hoy perduran en museos, casas y bibliotecas. Zacatecas tiene el privilegio de conservar parte de esa riqueza, a pesar de los saqueos y siglos de incuria.

La obra de Armando González Quiñones, que hemos venido citando, tiene un énfasis especial en los libros provenientes de Oriente, impresos en Filipinas en el frágil papel de arroz, y que él ha catalogado con base en su ubicación -por lo menos hasta hace algunos años.


El investigador informa:

La imprenta entró a Manila a fines del siglo XVI. Los primeros libros que se le pueden atribuir son de 1589: dos ediciones de la Doctrina Cristiana (ver entrada de este blog del 23 de abril del 2009) una con la traducción al tagalo y otra con la versión china. El segundo taller se erigió en la Villa de Pila de 1606, cuando sólo hacía treinta años se había fundado el pueblo, luego los hubo en Bataán (1610) y San Guillermo de Bacalor. Allí se imprimieron de fibra vegetal -papel de arroz- poco resistente, de manera que de algunas obras sólo quedan escasísimos ejemplares exportador a Europa a raíz de la impresión, y que alcanzan cotizaciones muy altas. Aunado a lo anterior, debido a la entera destrucción de Filipinas, como consecuencia de la Batalla de Manila al finalizar la segunda guerra mundial, fue la desaparición de los ejemplares filipinos, no quedando hoy otro recuerdo que el monumental Catálogo publicado en 1903.
En 1700 los franciscanos, los jesuitas y los dominicos tenían sus imprentas; los agustinos tuvieron también una, cuya vida fue muy corta; la de los franciscanos funcionó al principio en Tayabos, dando a luz un Vocabulario Español-Tagalo del P. Santos, después aqulla imprenta la llevaron a San Fernando de Dilag, cerca de Manila, en donde permaneció poquísimos años, pasándola luego, también por pocos años, a su convento de la capital de donde fue trasladada definitivamente a Sampaloc, en cuyo punto funcionó hasta su cierre que fue a principios del siglo XIX; los dominicos mantuvieron siempre su imprenta en el Colegio de Santo Tomás; y los jesuitas tuvieron la suya en su convento hasta fines del siglo XIII, cuando fue cerrada como consecuencia de su expulsión, quedando en local sin variar a disposición del Arzobispado.
De estas tres imprentas proceden los libros más raros y más estimados que se arrebatan los aficionado: Historias, Crónicas, Superiores Disposiciones, Pastorales, Gramáticas y Vocabularios formados por los frailes de las lenguas del país.


La Biblioteca "Elías Amador" -Museo Pedro Coronel- conserva libros conventuales de San Francisco de Zacatecas, de Santo Domingo de Zacatecas, de la Compañía de Jesús de Zacatecas y del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe, Zacatecas.
Por cierto que el blog de Ekisaky calcula en 20,000 los volúmenes acumulados en esta bella biblioteca.


viernes, 7 de marzo de 2014

Zacatecas y Filipinas

Cayó en mis manos un libro de Armando González Quiñones, publicado en 2002 por el autor, del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Lleva por título precisamente Zacatecas y Filipinas y se anuncia como una "Miscelánea anecdotaria de una lejana historia común." Supongo que no será fácil que los lectores encuentren esta edición de apenas 200 ejemplares, por lo que me he permitido citar ampliamente algunos de los pasajes elaborados por el investigador regional, quien alude al hecho de que la zona central del altiplano mexicano recibió y prodigó influencias culturales continuas hacia el Océano Pacífico, que lo comunicaron con las islas Filipinas. "Mexicanos y Filipinos se establecieron en ambas colonias, por lo que hubo entre ambos influencias culturales. La presencia de mexicanos en Filipinas y de filipinos en México -y por ende en Zacatecas-, propiciaron influencias culturales mutuas, algunas de las que actualmente forman parte de folklore mexicano."

De manera breve he mencionado en este blog algunos de los elementos por los que creo que, en efecto, se verificó este encuentro e intercambio cultural, a saber: a) la integración de las élites novohispanas, en particular las ligadas a la explotación minera, con el circuito comercial del Galeón de Manila, por lo que territorio adentro de la Nueva España se constituyeron centros económicos y de comercio que tenían mucho que ver con el lado opuesto del Pacífico (mayo de 2009, Desigualdad y Comercio). b) esta vinculación tiene espacios muy definidos que aún deben ser estudiados por los historiadores y que se extienden hasta el norte de México, incluyendo los territorios que ahora forman parte de EU, como Texas y Nuevo México (enero de 2011, Caminos de la Plata), mejor conocido como Camino Real de Tierra Adentro. 

Armando González Quiñones lo ilustra de la siguiente manera:

"De Filipinas los juegos pirotécnicos y las peleas de gallos (de ascendencia Malaya). Los inmigrantes filipinos fueron quienes introdujeron la pelea de gallos que ha llegado a ser muy popular en las ferias mexicanas. Esta fiesta es originalmente de la región sureste de Asia, posiblemente de Tailandia; sin embargo, pasó a la Nueva España con un matiz filipino, al gallo se le pone una navaja de plata y la pelea es a muerte (...) Los religiosos no escapaban a la afición por la pelea de gallos, lo que motivó que el provincial de la extensa provincia franciscana de Zacatecas, Fr. Antonio Rizo, por medio de una orden prohibiera expresamente y bajo penas severísimas, que los religiosos jugaran a los naipes, gallos y otros juegos de suerte; ya fuera poco, ya mucho dinero, ya cosa que valiera, y aún al asistir a donde hubiese juego ni siquiera pretexto de pedir limosna". "Por esta época nacen las ferias provinciales que han de tener tanta importancia turística y comercial hasta nuestros días: las de San Juan de los Lagos, San Marcos, Zacatecas, etc. Los coloridos adornos de papel de China, se hicieron muy populares en nuestras fiestas religiosas y el Parián."

Un libro manuscrito en papel china

En el Colegio Apostólico de Guadalupe se localizan volúmenes de gran importancia traídos de Filipinas y custodiados a lo largo de siglos. El historiador franciscano Lino Gómez Canedo comentó acerca de algunos de estos libros, disponibles en la biblioteca de actual museo.



"En cualquier parte puede surgir lo inesperado. Así, entre los restos del antiguo Archivo del Ex Colegio de Misioneros de Guadalupe, Zacatecas me encontré hace algún tiempo con un grueso volumen en papel china, mutilado en varias pares, que contiene la Floresta Franciscana, o sea las revelaciones que en 1640 recibió en Macao, Sor María de la Cruz, monja de Santa Clara de aquella ciudad, revelaciones que dieron origen a muchas controversias. En este volumen las revelaciones van seguidas por comentarios o escolios de los padres Fray Antonio de Santa María, famoso misionero de China, y de Fray Bartolomé de Letona, autor de una biografía de nuestro Beato Sebastián de Aparicio (...) Piezas como ésta tienen que haber dejado en nuestras Bibliotecas y Archivo otros misioneros que atravesaron México de regreso del Extremo Oriente, ojalá esta comunicación sirva de estimulo para que algún estudioso explore sistemáticamente los Archivos y Bibliotecas de México en busca de materiales relativos a la Historia de las Misiones en el Extremo Oriente"

Armando González Quiñones formula un comentario específico. "En la Biblioteca Elías Amador se custodian actualmente algunos libros impresos en Filipinas en papel arroz, procedentes de las antiguas bibliotecas conventuales de San Francisco, Santo Domingo y la Compañía de Jesús."

Seguiremos sobre este tema.