domingo, 19 de abril de 2009

La encomienda en Filipinas

Cuando Filipinas fue colonizada, las conquistas de México y Perú habían concluido, pero quedaba fresca aún la controversia entre Fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda sobre los excesos cometidos en esa etapa. Esta polémica dejó asentados principios generales del derecho indiano que fueron utilizados a lo largo de siglos para proteger los derechos de los indios en América y en Filipinas. Como ya se mencionó, no alcanzaron plena vigencia las leyes nuevas en 1542 y en épocas posteriores se procuró un nuevo cuerpo jurídico para renovarlas, a pesar de que su aplicación provocó protestas generales de los colonizadores.

La encomienda en Filipinas se estableció finalmente el 16 de noviembre de 1568. La carta real que establecía la encomienda entre los soldados dice, a la letra 
“encomendaréis y repartiréis conforme a la ley de sucesión de los yndios los pueblos que os pareciere de esas yslas que se reduxeren a nuestro servicio con tanto que no encomendareis ni reparais las cabezeras y puertos de  mar ni lugares poblados de españoles porque estas an de quedar para nuestra corona Real como mandamos que queden. Carta Real de Legazpi. El Escorial, 16 de noviembre de 1568. AGI, Filiinas 339, T.I, Citado por Nuchera. P.35.

Desde una primera etapa, la respuesta de los conquistadores en Manila a la prohibición española de tener esclavos filipinos fue introducir la esclavitud española. Esto significa que podría comerciarse con esclavos extranjeros por métodos que no se consideraban injustos debido a que era de raza y religión diferente, no sujetos a la corona española.

La ocupación española en la isla de Luzón y el reparto de la población en encomiendas generó una demanda constante e irrefrenable de trabajo esclavo, tanto para el mantenimiento de la colonia española, como para satisfacer la construcción de barcos. Ello fue debatido con pasión por los religiosos reunidos en el Sínodo de Manila de 1582 que prohibieron una y otra vez la práctica esclavista pero con magros resultados (1).

Un defensor del derecho de los indios, a la manera de Bartolomé de las Casas fue el obispo Domingo de Salazar, quien argumentó en todo momento contra la esclavitud de los filipinos. Sin embargo quedó abierta la posibilidad de apresar esclavos provenientes de otros lugares. (2).

Un ejemplo de esa diferencia entre los propios filipinos se encuentra en la descripción hecha en ese tiempo por uno de los primeros misioneros españoles en las islas, fray Martín de Rada, quien después de haber vivido cuatro años en México, describió con fina atención a la sociedad filipina pre-hispánica. Explica que la gente de Luzón era más pacífica que los del resto del archipiélago, como era el caso de los zambales y los maguianos de Mindoro
 “que son como los chichimecas dessa nueva españa” y que son más “bellicosos, pero en robos, hurtos, tiranías de hazienda y personas y aún por nada de deuda, que alguno le deviesse, yr a su pueblo y matar al primero que las sementeras hallasen”.  

Rada informa que existen cuatro formas o razones para esclavizar entre los indios: esclavos antiguos, por nacimiento, por delitos o por deudas.

Los colonos españoles, interesados en mantener sus privilegios, aprovecharon el resquicio legal para abastecerse de esclavos que tuvieran tales características.
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(1) El Sínodo de Manila fue estudiado por Jose Luis Porras como tesis doctoral con el mismo nombre en 1985. Editada por Historical Conservation Society. Vol LII.  Manila 1990.

(2) texto rescatado por Lewis Hanke en Cuerpo de documentos del siglo XVI sobre los derechos de España en las Indias y en Filipinas. Fondo de Cultura Económica. México. Primera reimpresión, 1977. Pp. 119-270

(3) Carta del P. Martín de Rada, OSA, al Padre Alonso de la Veracruz, OSA, dándole noticias de las costumbres, ritos y clases de esclavitud que hay en las Filipinas, con otras  informaciones importantes de las Islas. Fechado el 16 de julio de 1577. Este texto se encuentra en Historia de la Provincia Agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús,conocido como HPAF, compilada por Isacio R. Rodriguez, Vol. XIV,  Manila 1978, pp. 476 a 494.  
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