miércoles, 1 de abril de 2009

Demanda de esclavos II

El sistema comercial del galeón tenía un complejo mecanismo administrativo y un impacto regional muy amplio, dado que requería de un sistema de abasto en las regiones donde llegaba. Aguirre Beltrán (1) afirma que “encontrándose Acapulco a gran distancia de la capital, el suministro de víveres para el viaje de retorno de la Nao de China debe de haber presentado grandes dificultades; por otra parte, este suministro era calculado según la cuantía de la tripulación, en tal forma que un aumento considerable en la demanda de alimentos para el refrescamiento de los esclavos, era siempre un trastorno de consideración.”

En el Archivo General de la Nacion se encuentran múltiples quejas de los pueblos en el camino a Acapulco que solicitan constantemente a las autoridades se les libere de la obligación de pagar los abastos para las tropas que van a embarcarse rumbo a Filipinas. Lo primero que destaca es que existía un presupuesto para tales gastos y sin embargo se obligaba a pueblos y comunidades de esta región a poner de su peculio para alimentar al correo hacia Acapulco. La pregunta obligada es: ¿quien se quedaba entonces con las ganancias?

“Los esclavos que entraban por Acapulco, en un principio, no pagaron sino los derechos de almojarifazgo comunes a toda clase de mercancías que tocaban el puerto. En 1626, Felipe IV impuso un derecho sobre la introducción, equiparable al que cubrían los capitanes negreros cuando pagaban su registro en los puertos de las Indias. Se fijó este derecho en 400 reales, que traducidos a ducados, o sea pesos de diez reales, resultaban 40. Esta tasa era considerablemente mayor que la que cubría el asentista, o suministrador de víveres y otros efectos, Rodriguez Lamego, que por entonces usufructuaba el monopolio y que era de 24 ducados por cada pieza de negro. Para asegurar el cumplimiento de su mandato el rey ordenó que ningún escribano hiciese escritura de venta si no constaba por certificación de los oficiales reales de Acapulco que se habían pagado los derechos mencionados”.

La presencia de esclavos asiáticos en los siglos posteriores hace parecer que tales instrucciones no se cumplieron cabalmente y que el tráfico de esclavos por el Pacífico continuó sin pagar los derechos que se le exigían a la entrada de esclavos chinos. Si evaluamos los costos de transporte en el Atlántico y en el Pacífico, que son relativamente similares, el alto gravamen de importación de esclavos por Acapulco, y la presencia constante de asiáticos esclavos aún en el siglo XVIII nos indica que el contrabando continuó floreciendo en la Nueva España (2). Si bien, por definición, el contrabando no es documentable, no es remoto que existan en algún texto perdido algunas cuentas de esclavos sin licencia.

Aunque menos frecuente que en la manera anterior, en ocasiones también entraron por Acapulco barcos dedicados al comercio de esclavos en forma casi exclusiva. Algunos de ellos, que pretendieron introducir su mercancía de contrabando sin conseguirlo, fueron confiscados y su producto aplicado al tesoro Real, no obstante las protestas de los asentistas del Atlántico que aseguraban pertenecerles tales descaminos, según las capitulaciones de sus contratos
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1. Aguirre Beltrán, Gonzalo. La población negra de México. Estudio etnohistórico. Fondo de Cultura Económica. México. 1972. p. 51.

2. Silvio Zavala, Los Esclavos Indios. El Colegio Nacional. Da cuenta de que en 1687 se encontraban chinos indios en obrajes de México en calidad de esclavos. AGN Hospital de Jesus, Legajo 318, expediente 46. Zavala p. 342.
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