miércoles, 28 de diciembre de 2016

Carta de Hernán Cortés al Rey de Cebú, 1527

 Es bien conocido el interés que el conquistador Hernán Cortés tenía de ser el encargado de la siguiente etapa de dominio español, esta vez en Asia. Hemos tratado el asunto en varias entradas en diciembre de 2009.  Consultar Hernán Cortés y la Mar del Sur. Para el efecto, tenía preparadas embarcaciones dispuestas a zarpar rumbo a Oriente y también hacer buen negocio construyendo barcos en la costa del Pacífico.

En 1528 la paciencia de Cortés tuvo su premio, pues la corona española se vio necesitada de enviar una misión de rescate hacia las islas de la especiería y tomó la oferta del conquistador para enviar desde la Nueva España una expedición.  Cortés aprovechó y nombró a su pariente Alvaro de Saavedra Cerón para llevar esta aventura. Ver la suerte de Saavedra

En ese contexto, resulta interesante la lectura de una carta del mismo Cortés escrita en mayo de 1527, ni más ni menos que para el Rey de Cebú. El texto, que puede ser considerado común a este tipo de expedición (en ocasiones se escribía una copia en árabe o en hebreo, por si se presentaba la oportunidad). La diferencia estriba en que el texto critica duramente a Magallanes por su impericia y el haber faltado a la disciplina. Cortés es duro contra aquel portugués, probablemente para mostrarse él mismo como alguien con mejores condiciones como político y diplomático. 

Espero que los lectores disfruten de esta pieza del arte de hacer pedazos la fama ajena.


 La distancia entre Cebu y el Maluco (Molucas)

Carta que escribió Hernán Cortés al Rey de Cebú, manifestándole el objeto de la expedición que iba al Maluco mandada por Alvaro de Saavedra (Archivo de Indias en Sevilla, Leg. 6o de Patronato Real)

A vos el honrado é buen Rey de la isla de Cebú, que es en las partes del Maluco: Yo D. Hernando Cortés, Capitán General é Gobernador desta Nueva-España, por el muy alto y potentísimo Emperador, Cesar Augusto, Rey de las Españas, nuestro Señor, os envió (sic) mucho a saludar, como aquél á quien amo y aprecio y deseo todo bien y amor por la buenas nuevas que de vuestra persona é tierra he sabido, y por el buen tratamiento é acogida que sé que habeis hechos á los españoles que por ella han aportado.

Ya terneis noticia por relacion de los españoles que en vuestro poder quedaron presos, de cierta gente que el gram Emperador é Monarca de los cristianos á esas partes envió, puede haber siete ó ocho años, del gran poder, grandeza y ecelencias suyas: y por esto, y porque del capitan y gente que yo agora en su poderoso nombre envio, os podeis informar de los que mas quisierdes saber, no será menester desto hacer luenga escritura; pero es bien que sepais, como este tan poderoso Príncipe, queriendo saber la manera é contratacion destas partes, envió á ellas un capitan suyo llamado Hernando de Magallanes con cinco naos, de las cuales por mal recabado y proveimiento del dicho capitan, no volvieron en sus Reinos mas de la una, de donde S.M. se informó de la causa del desbarato é perdicion de las otras: y puesto que de todo recibio pena, lo que mas sintió, fue haber su capitan cedido de sus Reales mandamientos é instruccion que llevaba, mayormente en haber movido guerra ó discordia con vos é vuestras gentes; porque la intencion con que S.M. le envió, no fue sino para os tener á todos por muy verdaderos amigos é servidores, é ofreceros toda buena voluntad para vuestras honras é personas; y por esta desobidiencia permitió el Señor é hacedor de todas las cosas, que él recibiese el pago de su desacato, muriendo como murió en la mala demanda que intentó contra la voluntad de su Príncípe: y no le hizo Dios poco bien en morir como ahí murió, porque si vivo volviera, no fuera tan liviano el pago de sus desconciertos. Y para que vos y todos los otros Reyes y señores desas partes conozcais la voluntad de S.M., é como de lo hecho por este capitán le ha pesado, puede haber dos años que envió otros dos capitanes con gentes á esas tierras para os satisfacer desto; y para que mas recabdo hobiese y mas cierta toviesedes su embajada, me envió á mandar á mi, que en su poderoso nombre resido en estas sus tierras, que son muy cercanas á las vuestras, que por mi parte yo despachase para este fin otros mensageros, mandándome y encargándome mucho con mucha diligencia y brevedad o proveyese: y así envio tres navíos con gente, que de todo esto os sabrá dar muy larga y verdadera razon, y podeis satisfaceros y tener por muy cierto todo lo que de mi parte os dijere, porque yo en el nombre deste grande y poderoso Señor así lo afirmo é certifico; y pues estamos tan cercanos, y en poca distancia de tiempo nos podemos comunicar, recibiré mucha honra que de todas las cosas que de mi querais ser aprovechado, me las hagais saber, porque sé que S. M. será de todo esto muy servido; y demas de su voluntad, yo me terné dello por muy contento y rescibiré mucha gracia, y el Emperador nuestro Señor servicio en que si alguno de los españoles que quedaron  en vuestra prision fueren vivos, los deis á ese capitan, y si por ellos quisierdes rescate, él lo dará á vuestra voluntad y contentamiento, aunque en mas que esto recibireis de S. M. mercedes, y de mi buenas obras, pues, queriendo, ternemos por mucho tiempo mucha contratacion é amistad. Fecha á veinte é ocho de Mayo de mil é quiniento é veinte é siete. Hernando Cortés.

Martín Fernández de Navarrete . Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV : con varios documentos inéditos concernientes á la historia de la marina castellana y de los establecimientos españoles en Indias. Madrid: Imprenta real, 1825. Vol. 5,pp. 461-462.



Tripulantes Filipinos

Un amable lector pregunta  acerca de los porcentajes de los tripulantes filipinos en el viaje del galeón.  La pregunta surge de la lectura de un viaje a Manila en 1584, publicada el pasado mes de octubre.

Esta es mi respuesta, por el momento.

La importancia que tuvieron los tripulantes filipinos en el manejo de la navegación en el Pacífico apenas comienza a ser valorada. De hecho, los navíos eran fabricados en Filipinas por manos locales y los marineros eran filipinos. No conozco una obra que se dedique exclusivamente a hacer este recuento, pero existen varios aspectos que han sido descritos. En el blog he recogido datos dispersos, pero trataré de compilar información más consistente.  El Memorial escrito por Hernando de los Rios Coronel ofrece algunas cifras. Por lo pronto, menciono algunas de las entradas de este blog que tratan este tema.


 

martes, 13 de diciembre de 2016

Causas para escoger Manila como la capital de Filipinas

El pasado 12 de noviembre participé en un simposio en el Museo de las Culturas Asiáticas de Singapur, con una conferencia sobre los primeros años de la conquista española en Filipinas. El simposio es parte de las actividades en torno a las ciudades puerto de Asia, una región que se distingue por su interconnectividad marítima desde la antigüedad.

Las ciudades son el personaje de esta exposición. De qué manera se han formado. Cómo han crecido y cómo algunas han desaparecido.  De qué manera se comunican entre ellas y se enriquecen con las culturas de los nuevos vecinos.  El Sudeste de Asia es quizás una de las zonas más variadas, con la presencia de indios, malayos, chinos, tailandeses, vietnamitas, filipinos, y un sinnúmero de otras poblaciones. La característica principal es la comunicación por mar y la relación entre la diversidad de pueblos que habitan este enorme espacio geogrpafico. El Islam convive con el Cristianismo y con el Budismo, así como con la adoración de espíritus. Aún con las notables diferencias culturales entre una y otra cultura, existe una gran comunicación y circulación de ideas.



Algunos han querido ver en esta región una similitud con la estructura del Mediterráneo, que ha sido la cuna de culturas clásicas y que mantiene una perfil muy destacado por las conexiones desde el Oriente Medio hasta España. Cierto o no, la región del Sudeste de Asia ha tenido y ha fortalecido vínculos ancestrales y también por sus aguas se han comunicado culturas clásicas de la región.  Ha sido testigo del ascenso de grandes poderes y el dominio de los Europeos desde hace cinco siglos. Fue también teatro de operaciones militares en el que se enfrentaron los japoneses, los ingleses y el nuevo imperio americano de forma por demás encarnizada.  En la actualidad, cerca de 600 millones de personas viven ahora una época de transición posterior a la guerra fría y sus ciudades son polos de crecimiento económico, aunque aún mantienen focos de pobreza en múltiples regiones.

*     *     *

El tema con el que participé es el origen de Manila, que se convirtió en la capital de Filipinas en 1571. Mi propuesta se basa en la documentación del Archivo General de Indias relativa al encuentro entre españoles y portugueses en la isla de Cebú en el período 1566-1569,  que significó un momento delicado y fundamental para reorientar la conquista de Filipinas hacia la isla de Luzón. El asunto ha sido visto de manera lateral, sin prestar suficiente atención a las circunstancias políticas que atravesaban las coronas españolas y portuguesas y, mucho menos, a la situación prevaleciente en la región del Sudeste de Asia en aquel momento.  En mi opinión, se cuenta ahora con suficiente información para reconstruir un hecho singular, prácticamente una guerra europea en aguas asiáticas, que afortunamente no llegó a muchas pérdidas de vidas, pero definió el espacio de expansión y conquista de Portugal y España en esas latitudes.

El arrivo de Miguel López de Legazpi a Cebú en 1565 al frente de una armada proveniente de la Nueva España tuvo varias consecuencias fundamentales. Primero, inauguró la posibilidad de realizar el viaje de regreso por el Pacífico, bajo la guía del frailer Andrés de Urdaneta. Ese avance técnico abrió el gran océano a la posibilidad de expansión española a partir del territorio novohispano. Otra consecuencia que no debe ser soslayada es la posibilidad de explorar y dominar las islas de las especias. Sin embargo, acuerdos añejos entre España y Portugal no permitían esa posibilidad, y la corona española se acercaba peligrosamente a terreno considerado portugués. Ver entradas de este blog Tornavuelta y El reparto de un mundo ignorado.

En los años siguientes, llenos de dificultades para los soldados españoles en las islas del sur de Filipinas, se hizo presente una armada portuguesa dirigida por el Capitán Mayor Gonzalo Pereira, apodado Marramaque. Entre portugueses y españoles se celebraron varias reuniones muy llenas de colorido y protocolo (cañonazos de saludos, entrega de regalos, cenas) para negociar la salida de los españoles de lo que se consideraba "territorio" portugués. En vano, los tratos corteses y los mensajes que se intercambiaron, los españoles se mantuvieron en las islas y en 1568 los portugueses bloquearon Cebú por espacio de tres meses.  Una imposible guerra en el fin del mundo, en el que el arma más dañina era el hambre y la enfermedad.  Sin embargo, Gonzalo Pereira tuvo que retirar su tropas para atender una insurrección en la isla de Ternate, lo que dió tiempo a los españoles para fortalecerse. 

El misterio de esos encuentros y lo que nos muestran varios comentarios de la época es que la salida de los españoles de Cebú (sin dejar completamente abandonada la plaza), primero para ir a Panay y en 1571 hacia Manila, es que posiblemente los portugueses dieron información sobre las oportunidades de comercio en la isla de Luzón. En aquella época, China era una realidad borrosa para los españoles, un poderoso y rico país hacia el norte, pero desconocido en sus dimensiones y su política.  A partir de los años de incertidumbre en Cebú, y del enfrentamiento militar con los portugueses, López de Legazpi escribió al Rey de España acerca de la nueva meta: ir hacia el norte, dejar las especierías y acercarse a China.

Ver entrada ¿Por qué Manila?

Las evidencias son fantásticas, pues muestran personajes de gran talento como López de Legazpi, Andrés de Urdaneta, Gonzálo Pereira y otros, que ofrecen material suficiente para escribir una gran historia. Si alguien quiere hacer un film con esto, me apunto como guionista 😀.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Los buques suicidantes (2)

En la entrada anterior tratamos del viaje más largo del mundo en la época de las naves a vela. Un trayecto que de Manila a Cadiz, pasando por Acapulco y Veracruz, podía tomar hasta dos años para completarlo. Todo podía suceder en ese tiempo, con muchas probabilidades de que la muerte sorprendiera a los pasajeros.

La parte de aquel texto que menciona la Isla de Cedros,  frente a las costas de Baja California, trajo a mi memoria un cuento de Horacio Quiroga titulado Los Buques Suicidantes. Recrea la atmósfera asfixiante y misteriosa de las calmas que ocurren en los mares, sin viento o peor aun cuando los barcos quedan entrampados en enormes telarañas de sargazos y ramas, islas flotantes que no aparecen en los mapas.



Comparto la narración del escritor uruguayo.

"Resulta que hay pocas cosas más terribles que encontrar en el mar un buque abandonado. Si de día el peligro es menor, de noche no se ven ni hay advertencia posible: el choque se lleva a uno y otro.

Estos buques abandonados por a o por b, navegan obstinadamente a favor de las corrientes o del viento, si tienen las velas desplegadas. Recorren así los mares, cambiando caprichosamente de rumbo.

No pocos de los vapores que un buen día no llegaron a puerto, han tropezado en su camino con uno de estos buques silenciosos que viajan por su cuenta. Siempre hay probabilidad de hallarlos, a cada minuto. Por ventura las corrientes suelen enredarlos en los mares de sargazo. Los buques se detienen, por fin, aquí o allá, inmóviles para siempre en ese desierto de algas. Así, hasta que poco a poco se van deshaciendo. Pero otros llegan cada día, ocupan su lugar en silencio, de modo que el tranquilo y lúgubre puerto, siempre está frecuentado.

El principal motivo de estos abandonos de buque son sin duda las tempestades y los incendios que dejan a la deriva negros esqueletos errantes. Pero hay otras causas singulares entre las que se puede incluir lo acaecido al _María Margarita_, que zarpó de Nueva York el
24 de Agosto de 1903, y que el 26 de mañana se puso al habla con una corbeta, sin acusar novedad alguna. Cuatro horas más tarde, un paquete, no teniendo respuesta, desprendió una chalupa que abordó al _María Margarita_. En el buque no había nadie. Las camisetas de los marineros se secaban a proa. La cocina estaba prendida aún. Una máquina de coser tenía la aguja suspendida sobre la costura, como si hubiera sido dejada un momento antes. No había la menor señal de lucha ni de pánico, todo en perfecto orden; y faltaban todos. ¿Qué pasó?

La noche que aprendí esto estábamos reunidos en el puente. Ibamos a Europa, y el capitán nos contaba su historia marina, perfectamente cierta, por otro lado.

La concurrencia femenina, ganada por la sugestión del campo de batalla presente, oía estremecida. Las chicas nerviosas prestaban sin querer inquieto oído a la voz de los marineros en proa. Una señora recién casada se atrevió:

--¿No serán águilas?...

El capitán se sonrió bondadosamente:

--¿Qué, señora? ¿Aguilas que se lleven a la tripulación?

Todos se rieron y la joven hizo lo mismo, un poco avergonzada.

Felizmente un pasajero sabía algo de eso. Lo miramos curiosamente. Durante el viaje había sido un excelente compañero, admirando por su cuenta y riesgo, y hablando poco.

--¡Ah! ¡si nos contara, señor!--suplicó la joven de las águilas.

--No tengo inconveniente--asintió el discreto individuo.--En dos palabras--y en los mares del norte, como el _María Margarita_ del capitán--encontramos una vez un barco a vela. Nuestro rumbo--viajábamos también a vela--nos llevó casi a su lado. El singular aire de abandono que no engaña en un buque, llamó nuestra atención, y disminuímos la marcha observándolo. Al fin desprendimos una chalupa; abordo no se halló a nadie, y todo estaba también en perfecto orden. Pero la última anotación del diario databa de cuatro días atrás, de modo que no sentimos mayor impresión. Aún nos reímos un poco de las famosas
desapariciones súbitas.

Ocho de nuestros hombres quedaron abordo para el gobierno del nuevo buque. Viajaríamos de conserva. Al anochecer nos tomó un poco de camino. Al día siguiente lo alcanzamos, pero no vimos a nadie sobre el puente. Desprendióse de nuevo la chalupa, y los que fueron recorrieron en vano el buque: todos habían desaparecido. Ni un objeto fuera de lugar. El mar estaba absolutamente terso en toda su extensión. En la cocina hervía aún una olla con papas.

Como ustedes comprenderán, el terror supersticioso de nuestra gente llegó a su colmo. A la larga, seis se animaron a llenar el vacío, y yo fuí con ellos. Apenas abordo, mis nuevos compañeros se decidieron a beber para desterrar toda preocupación. Estaban sentados en rueda y a la hora la mayoría cantaba ya.

Llegó mediodía y pasó la siesta. A las cuatro, la brisa cesó y las velas cayeron. Un marinero se acercó a la borda y miró el mar aceitoso. Todos se habían levantado, paseándose, sin ganas ya de hablar. Uno se sentó en un cabo y se sacó la camiseta para remendarla.
Cosió un rato en silencio. De pronto se levantó y lanzó un largo silbido. Sus compañeros se volvieron. El los miró vagamente, sorprendido también, y se sentó de nuevo. Un momento después dejó la camiseta en el cabo arrollado, avanzó a la borda y se tiró al agua. Al
sentir el ruido, los otros dieron vuelta la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido. En seguida se olvidaron, volviendo a la apatía común.

Al rato otro se desperezó, restregóse los ojos caminando, y se tiró al agua. Pasó media hora; el sol iba cayendo. Sentí de pronto que me tocaban en el hombro.

--¿Qué hora es?

--Las cinco--respondí. El viejo marinero me miró desconfiado, con las manos en los bolsillos, recostándose enfrente de mí. Miró largo rato mi pantalón, distraído. Al fin se tiró al agua.

Los tres que quedaban se acercaron rápidamente y observaron el remolino. Se sentaron en la borda, silbando despacio, con la vista perdida a lo lejos. Uno se bajó y se tendió en el puente, cansado. Los otros desaparecieron uno tras otro. A las seis, el último se levantó,
se compuso la ropa, apartóse el pelo de la frente, caminó con sueño aún, y se tiró al agua.

Entonces quedé solo, mirando como un idiota el mar desierto. Todos, sin saber lo que hacían, se habían arrojado al mar, envueltos en el sonambulismo moroso que flotaba en el buque. Cuando uno se tiraba al agua, los otros se volvían momentáneamente preocupados, como si recordaran algo, para olvidarse en seguida. Así habían desaparecido
todos, y supongo que lo mismo los del día anterior, y los otros y los de los demás buques. Esto es todo.

Nos quedamos mirando al raro hombre con excesiva curiosidad.

--¿Y usted no sintió nada?--le preguntó mi vecino de camarote.

--Sí, un gran desgano y obstinación de las mismas ideas, pero nada más. No sé por qué no sentí nada más. Presumo que el motivo es éste: en vez de agotarme en una defensa angustiosa y a _toda costa_ contra lo que sentía, como deben de haber hecho todos, y aún los marineros sin darse cuenta, acepté sencillamente esa muerte hipnótica, como si
estuviese anulado ya. Algo muy semejante ha pasado sin duda a los centinelas de aquella guardia célebre, que noche a noche se ahorcaban.

Como el comentario era bastante complicado, nadie respondió. Se fué al rato. El capitán lo siguió un rato de reojo.

--¡Farsante!--murmuró.

--Al contrario--dijo un pasajero enfermo, que iba a morir a su tierra.--Si fuera farsante no habría dejado de pensar en eso, y se hubiera tirado al agua."

Los buques suicidantes (1)

Una narración sobre las islas Filipinas, escrita probablemente por un religioso que vivió allá entre 1620 y 1640, ofrece abundantes detalles que además tienen cierta flema dramática. El texto es anónimo pero el cronista jesuita Pablo Pastells consideró que por el estilo del texto y la época podría tratarse del padre Diego Bobadilla. El texto, si algún amable lector lo reconoce, está en la biblioteca del Don Carlo del Pezzo, de la cual no tengo otra referencia.


Un segmento de ese escrito se dedica al viaje desde Manila hacia España, via México. Solamente cuento con el texto en inglés, traducido del español por Emma Blair y James Alexander Robertson (volumen XXIX), pero en esencia es asi:

"El viaje desde Manila a México dura cuatro, cinco, seis o incluso siete meses.  Se parte de Manila,  que queda en los treinta grados y medio, en el mes de julio y durante los vendabales. Se toma rumbo al norte hasta que se llega a los treinta y ocho o cuarenta grados. Los pilotos toman ese curso porque están seguros de encontrar vientos favorables; de otro modo se corre el riesgo de encontrar  mar calmo, que es más temido en los largo viajes que los vientos fuertes. 

Desde el momento en que se dejan las Filipinas hasta que se llega cerca de las costas de la Nueva España no se ve tierra, excepto una cadena de islas conocida como Ladrones, o la Zarpana (también conocida como Rota en Guam), que está a unas 300 leguas del Embocadero de las Filipinas. Los habitantes de esas islas son bárbaros y van casi desnudos. Cuando nuestras naves pasan por ahí, esas personas llevan pescado, arroz, y agua fresca, que cambian no por oro o plata sino por hierro, que valoran mucho, porque lo usan para hacer sus herramientas y para la construcción de sus pequeñas embarcaciones. 

Después de esas islas, la primera tierra a la vista es la isla de Cedros, muy cerca de la costa de México. El espacio abierto entre isla de ladrones y esta isla está sujeto a grandes tormentas, que son peligrosas sobre todo cerca de Japón, que se pasa sin embargo sin poder verlo. Durante todo el largo viaje, no hay día en que no se vean pájaros. Son aves que viven en el mar y también se pueden ver ballenas y marsopas.

En cuanto se acercan a la costa de América, a una distancia de sesenta, ochenta o cien leguas hay signos en el mar que indican que el barco está a esa distancia. Estos signos son largos carrizos traídos por los ríos de la Nueva España, que se juntan y forman una especie de balsa. En esos carrizos se pueden ver monos, que son otro signo de que se aproxima la costa. Cuando el piloto descubre esos signos, cambia inmediatamente de curso, y en lugar de seguir hacia el este, coloca la proa del barco hacia el sur, para evitar quedar atrapado en el mar o en un golfo, porque se vuelve difícil salir de ahi. Pero cuando se divisa la costa se sigue hasta ella para llegar al puerto de Acapulco, que está a dieciocho grados.

Acapulco es un buen puerto, que está protegido de los vientos, y protegido por un fuerte. Ahí  desembarcan los pasajeros y las mercancías, que son llevada por mulas hacia la Ciudad de México, que está a ochenta leguas de distancia. El camino es desértico y cubierto en parte por montañas. Se sufre por los mosquitos y por el calor extremo. 

Para llegar de México a España se va al puerto de Vera Cruz, un viaje de ochenta y cinco leguas. En la ruta se pasa por Los Angeles (Puebla) que tiene cerca de seis mil habitantes, y donde el Obispo tiene un salario de sesesenta mil escudos.

El arrecife y las rocas en la boca del puerto de Vera Cruz defienden la entrada mejor que la fortaleza que la dirige, aunque el fuerte es excelente. A ese puerto arriban las flotas de comercio de España, que traen vino, aceite de oliva, ropa, cera, canela, papel y otras mercancías europeas. Esas flotas pasaban antes el invierno aqui, pues antes llegaban en junio y se quedaban hasta el año siguiente en el mismo mes. Ahora llegan en el mes de mayo y regresan en el mes de agosto. Por regla toman tres meses para llegar a España. En cuanto a mi, tomó cien días en hacer ese viaje.  

Se toca el puerto de la Habana en Cuba, que es el mejor puerto de las Antillas (y que es muy seguro y defendido por tres fortalezas). Ahí llegan dos flotas de comercio, la de México y la de Tierra Firme, que unen sus galeones. Desde ahí, siguiendo a lo largo de la costa de Florida y de Nueva Francia, llegan al cabo de Finisterre o San Vicente, para tomar curso hacia Cadiz, que es el fin del viaje. 

Este también es el fin de esta relación, que he escrito obedeciendo a una personas a quien espero le haya sido agradable."


* ¿Por qué le puse el nombre de buques suicidantes a esta entrada? Los invito a la leer la segunda parte.



domingo, 16 de octubre de 2016

Hallazgo arqueológico en Acapulco

Diarios reportan el descubrimiento de restos de porcelanas chinas, aparentemente de la época Ming, en una excavación que se hacía en la plaza municipal de la ciudad de Acapulco, a un costado de una biblioteca pública. La versión es que la lluvia dejó al descubierto piezas de porcelana y cerámica entre los desechos de una excavación que se hacía en el sitio. De inmediato se comunicó el hallazgo a las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por lo que se envió a un equipo de especialistas. 

A primera vista, las piezas tienen diseños asiáticos, seguramente parte de porcelana china procedente de Filipinas.  Acapulco fue el puerto mexicano que recibió por 250 años la carga del galeón de Manila, con productos de Asia, que luego era transportada el resto del país y a Europa. 


Entre los especialistas se encuentran estudiantes adscritos a la Dirección Subacuática Arquelógica de la Universidad de Zacatecas, quienes apoyan en el rescate de esas piezas. Originalmente, los jóvenes estaban trabajando en otro sitio en ese mismo puerto, junto al fuerte de San Diego, en donde también recientemente se localizaron fragmentos de piezas venidas con el famoso Galeón de Manila.

En el hallazgo se encuentran también conchas, corales y huesos de animales.

Aún es pronto para determinar la importancia de los hallazgos, pero cabe resaltar varios elementos. Primero, la atención prestada por los trabajadores al descubrimiento de piezas y su actitud responsable para informar a los expertos. Segundo, la riqueza que aún se esconde en el territorio mexicano, y probablemente en varios otros países que comerciaron con Asia, acerca de piezas provenientes de China y Filipinas, principalmente. 




Información de Elibeth D. Nicolas, del portal Bajo Palabra, publicada el 6 de octubre de 2016.

domingo, 9 de octubre de 2016

Un viaje a Manila, 1584

Los documentos preservados en los archivos ofrecen una oportunidad para sumergirse en el ambiente que dominaba el viaje por mar entre Acapulco y Manila. Los museos nos ofrecen con mayor frecuencia la posibilidad de tocar, oir y ver copias de viejos documentos, mapas, imágenes que permitan saber lo que fueron aquellos azarosos viajes. En esta ocasión quiero compartir con los lectores parte de uno aquellos documentos, que se encuentra en el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México. Se trata de una carta escrita por el licenciado Fernando Melchor Dávalos (o de Avalos), quien eran comisionado para la Inquisición en Filipinas.  La lectura del texto, transcrito por Eugenio Reyes, puede servir para "escuchar" las asuntos, las angustias y las esperanzas de un viajero de hace 400 años.

Melchor Dávalos ofrece una descripción suculenta. El viaje fue uno de los más cortos, apenas dos meses y medio, pero como sucedía con frecuencia, la llegada a Filipinas tenía contratiempos para la navegación (los barcos hacían agua). Hace referencia al cambio de calendario en 1582, por órdenes de Gregorio XIII, en substitución del calendario Juliano. Menciona la muerte del Gobernador Gonzalo o Gonçalo Ronquillo de Peñaloza, que hemos narrado en este blog, así como los problemas en Ternate, una de las islas de las especias. El resto de la carta es para explicar los problemas burocráticos que enfrenta con las autoridades civiles de Filipinas, por lo que no lo incluyo esta vez. Sin embargo resalto que, para despedir su carta, Melchor Dávalos hace todas las galanterías de la época, pero pone una frase que dice mucho sobre la vida de Manila en aquella época.

Sugiero al lector revisar las entradas de este blog sobre Gonzalo Ronquillo y sobre la vida de los marineros.

Museo Naval de Madrid, Batalla naval contra los holandeses

RAMO: Inquisición 
Vol. 139 Exp- 9. (5  Fojas)

(Al margen superior) .
Recibida en México en veinte de diciembre de 1584
Del licenciado Avalos.
Muy Ilustrísimos y reverendísimos Señores.

Yo con toda la familia bendito Nuestro Señor llegamos a Manila en este cabo del mundo sin contraste in viam pazis  con salud, partimos del puerto de Acapulco a nueve de marzo de este año de 84 según la  nueva computación de los años y llegamos al puerto de Ybalon (sic) a guarecernos de poca ocasión adonde estuvimos doce o trece días, setenta u ochenta leguas de manila. En efecto duró la navegación desde Acapulco aquí como dos meses y medio sin tomar las Islas de Los Ladrones que las desconocieron algunos pilotos que habiendo amanecido las proas con la isla de Guahan (sic) dijeron que era Sarpan (sic) y que habíamos de correr hacia el Sur a buscar agua sana  y habiéndonos salido  a recibir los indios con más de 200 navechuelos y dándonos pescado y trocado cosillas por hierros viejos diciéndonos por señas que adonde íbamos que volviésemos a su tierra, cegonos dios a los pilotos o se hicieron desentendidos y como a medio día poco más anduvimos por unos bajos no conocidos en cinco y seis y ocho brazas viendo los abismos día de Santa Cruz de mayo conforme a la dicha nueva cuenta libronos la misma Cruz en virtud del crucificado muy por su infinita bondad que por merecimientos de los navegantes, conforme al buen tiempo que tuvimos hasta ybalon pudiéramos llegar en sesenta días a Manila y el mal piloto mayor nos trajo  en contemplaciones por respeto y regalos arando la mar y cruzando y quitando velas algunas de noche habiendo como digo tiempo siempre gracioso y bonancible y porque escribí al presidente en el puerto de Ybalon que no saliese en tierra sino  que saliésemos de allí atriando (sic) o como quiera y que la mar nos proveería saliendo a ella y que de los grandes cuidados que su Majestad tenía debía ser no el menor saber de nosotros y que se requería brevedad ansi para darle aviso, como para tener lugar de despachar las naos, y más que nos decían allí como don Gerónimo Ronquillo (sic: Gonzalo Ronquillo de Peñaloza) era muerto un año había y que el día de sus honras en su sepultura se comenzó un fuego que había quemado la ciudad toda y que estaba la tierra en tan extrema necesidad y desconsuelo, y muy sola de Christianos y llena de cuatro o cinco mil chinos y que la Nao San Martín en que yo venía hacia agua y que como quiera que nos saliésemos de allí vino en un batel desde su capitanía y al bordo me dijo que él se iba a tierra a recrear y que si quería me fuese a la capitanía que todos cabíamos en ella si yo tenía temor de el agua que haría minas y que no le atase yo los pies ni las manos ni le hiciese requerimientos yo le respondí que no  recibiese pesadumbre  y que fuese en buena hora si le parecían de poca importancia mis cartas. Otro día bien de mañana volvió con su chalupa a la Nao, y me dijo que me pedía llevase a los pilotos porque quería hacer junta y consultar la partida de allí fuimos y hice que tomásemos resolución de salir remolcando y como quiera, así  nos partimos y lléganos sin zozobras  a Cavite dos legua de aquí, y como Diego Ronquillo (hijo del Gonzalo Ronquillo y gobernador interino) no quisiera  huéspedes tardabase en enviar fragatas para llegar y habiendo yo salido a  misa un día que acá era de la Concepción conforme a la computación vieja hice que enviara [una] fragatilla dejando en Cavite nuestras casas en las naos [y] viniésemos presidentes y oidores y el Fiscal y dimos un Santiago y juntamos la ciudad y al gobernador Diego Ronquillo y presentamos nuestras providencias y tomamos las varas y gobierno en conformidad de todos los no interesados y luego procuramos fragatas en que traer  nuestras casas y tuvimos mejor despacho mandando que rogando nos las prestasen … muy apaciblemente negocia conmigo el presidente y me consulta las cosas graves, con los demás es como fue siempre mi suerte de domar potros, la gente que allá va de los que veníamos dirá su razón, yo pienso vivir y juzgar mediante Dios sin reprehensión y no pienso escudarme contra detractores porque mis obras tendrán siempre consigo testimonio de mi trato y cristiandad. 

Ofrecese la jornada del Maluco por que el Rey de Ternate a tomado la fortaleza de Sant Juan y está en ella fortificado y ha hecho renegar muchos moros que ya eran cristianos y tiene consigo algunos turcos y javos; emviose de aquí el socorro los días pasados al capitán portugués que está en otra fuerza retirado y esperando agravio me hará el presidente si me deniega la empresa a la cual me ofrecí [el] día de San Juan, y está resolviéndose y el fiscal me contradice por la necesidad de esta Real Audiencia porque la jornada será de meses y no de años y tendrá buen suceso y de tal calidad que el Duque de Medina si acá estuviera la podía emprender que le importa a su Majestad uno o dos millones de renta y escribe el portugués que allí está por capitán mayor que había facilidad en la guerra y habida se podrán dar sin tocar  a la Real Hacienda a dos mil soldados cada dos mil moros indios de repartimiento. Encomiendase mucho a dios este negocio yo lo tengo en lo que es razón y me tendré por dichoso en recobrar a mi Rey su  hacienda y reputación y a dios la honra.
(...)

Muy Ilustrísimos y Reverendísimos Señores
Besa pies y manos de Vuestra Señoría.
Su siervo Fernando Melchor Dávalos  (Rúbrica)



Solo el obispo y un herrero hacen casas de cantería y van buenas (sic) 






sábado, 24 de septiembre de 2016

Otros ejemplos de arte cristiano en Asia


Goa, India. Buen Pastor, siglo 17, marfil, altura 41 cms. Museo de las Civilizaciones Asiáticas.


Sri Lanka. Árbol de Jesse, padre del Rey David. Marfil, 24 x 18 cms. Museo de las Civilizaciones Asiáticas.


China, Dehua, 1690-1710. Porcelana, altura 37.8 cm. Museo de las Civilizaciones Asiáticas. Una representación de la virgen y el niño Jesús derivada de Guanyin, o Bodhisttva Avalokiteshvara.


Goa, India. Altar de fines del siglo 17 o principios del 18. Madera teka pintada y dorada, con figuras en marfil. 89x105 cm (abierto); 89 x45 cm (cerrado)



China, probablemente Guangzhou (Cantón), 1730s. Madera laqueada, oro, plata. 279 x 107 x 58 cms. Contiene u crucifijo en marfil peocedente de la India. Museo de las Civilizaciones Asiáticas.


Vietnam, siglo 19, Palo de Rosa con incrustaciones de madre perla. 46.5 x25 cm. Museo de las Civilizaciones Asiáticas, Singapur.



Norte de Vietnam. Arcangel Miguel venciendo a Satanás. siglo 19. Madera pintada, hierro, vidrio. altura 86 cm. Museo de las Civilizaciones Asiáticas, Singapur.

Muestras de arte cristiano en Asia

De la referida exhibición en el Museo de las Civilizaciones Asiáticas, en Singapur, agrego algunas de las piezas más notables.

 Atril de lectura con el monograma jesuita, hecho en Japón a fines del siglo 16. Laqueado con madre perla, 34.5 x 31.7 x 32 cm. Colección privada.


Altar privado con escena de la Sagrada Familia y Juan Bautista. Japón, fines del siglo 16. Laqueado con oro y madre perla, pintura al oleo en placa de cobre. 51.3 x 35.5. x 4 cm.

Mismo altar, cerrado. Pertenece al Museu des Artes Decorativas de Lisboa. Fundaçāo Ricardo do Espírito Santo Silva.

La laca japonesa es muy apreciada por su manufactura y la rareza de los materiales. Algunas de estas piezas quedaron en manos privadas en Japón, aunque otras fueron exportadas a Europa y Nueva España.

Arte cristiano en Asia

El Museo de las Civilizaciones Asiáticas, en Singapur, presentó recientemente una bella muestra titulada Arte Cristiano en Asia, Arte Sagrado y Esplendor Visual, que reune una rica selección de piezas provenientes de varias regiones asiáticas, todas con motivos del culto cristiano. Porcelanas, textiles bordados, enconchados, marfiles, tallas de madera, entre otros objetos, realizados en Irán, India, China, Indonesia, Japón, Vietnam y por supuesto Filipinas, ofrecen a los visitantes una idea de la influencia religiosa en la extensa región, pero también de la aportación de artistas locales y sus propias interpretaciones del pensamiento cristiano.

Del catálogo de la exhibición cito una idea de  Alan Chong, uno de los curadores de la muestra:

"Es un error ver al arte asiático cristiano como completamente dependiente de los ejemplos europeos, y considerarlo simplemente como una producción para la exportación a Europa. De la misma forma, es necesario evitar la tendencia que descarta cualquier variación del modelo original como un error o malentendido. Todavía se considera que el arte cristiano hecho en Asia es naïve (inocente) o como réplicas sin conocimiento de su sentido, hechas para que los misioneros realicen su labor educativa (...) Aunque la Contrarreforma fue estricta en definir los cánones religiosos y artíticos "y subrayaba la importancia de contar con imagenes precisas y instructivas, es imposible suprmir la creatividad del artísta, sea éste europeo o asiático."

Otro aspecto revelador de la exposición es que los objetos religiosos fueron muy apreciados entre la élites asiáticas. Miembros de las cortes musulmanas en Siria, Turquía o Irán, coleccionaban arte religioso cristiano. Los emperadores Mogules (Mughal, en inglés) Akbar (quien reinó de 1556 a 1605) y Jahangir (reinó de 1605 a 1627) eran muy atraídos por este arte religioso. Esto fue percibido claramente por los misioneros cristianos en la región, quienes obsequiaban piezas artísticas con contenido religioso, así como científico (mapas, instrumentos astronómicos) o instrumentos musicales.


Retrato de Matteo Ricci, hecho por You Wenhui (alias Emmanuele Pereira, 1575-1633)*

La muestra trata también de abandonar la vieja clasificación basada en conceptos "nacionales" como la referencia de Hispano-Filipino, o Indo-Portugués, o Luso-Asiático, o del mercado holandés. Ese anacronismo impide observar corrientes más profundas de creatividad que comunican enormes espacios en la región y la conectan con el mundo. En muchos casos, la calidad en la fabricación, por ser resultado de siglos de experiencia, no podría ser reproducida en otras latitudes y merece ser reconocida por su elevado nivel.

*El retrato de Ricci fue pintado por un artista chino en Beijing en 1610, oleo sobre tela, 120 X 95 cm. Hoy se encuentra en Roma, Patrimonio del Fondo de Edifici di Culto amministrato dal Ministero dell'Interno, en prestamo de la iglesia del Santo Nombre de Jesús.

Aquí el video que promueve la visita a la exposición.


domingo, 21 de agosto de 2016

Exposición en México sobre el Tornaviaje

A partir del 18 de agosto se exhibe en el Museo Franz Mayer "Tornaviaje: La Nao de China y el Barroco en México (1565-1815)." La muestra incluye 250 piezas artísticas de origen asiático, ampliamente apreciadas en la Nueva España. Entre los objetos se encuentran: textiles, marfiles, cerámica, pinturas, esculturas, retablos y varios objetos de navegación. 19 de estas piezas provienen del Museo Naval de Madrid, 173 son de la colección Franz Mayer y varias más que han sido prestadas por cinco colecciones prticulares.

El tema de la exhibición coincide con otras muestras que se han venido presentando en México y en el mundo, al ligar aspectos del comercio a través del Pacífico, con el efecto cultural que los bienes religiosos y artísticos tuvieron en la mentalidad de las élites en la América hispanizada. El barroco fue la expresión cultural dominante en aquel largo período y resulta muy interesante ver que los objetos comisionados en Asia satisfacían precisamente los gustos barrocos de aquel tiempo. 

 Un galeón español en el Museo Naval de Madrid

El Galeón de Manila, o la Nao de China como también se le conocía, fue el vehículo que puso en contacto ambos extremos del Océano Pacífico a lo largo de 250 años. Este fue un hecho de enorme trascendencia para el mundo, al vincular espacios económicos y culturales muy diversos.  El galeón que viajaba entre Manila y Acapulco recogía productos y llevaba personas de diversas partes, no solamente de China. Como los lectores de este blog conocen, la contribución de productos del Sudeste de Asia fue de particular relevancia en este vínculo comercial.

El costillar del barco, o la cuaderna

 
La exhibición, curada por Luis Gerardo Morales Moreno, se divide en cinco ejes temáticos: Navegación, Comercio, Corsarios y Naufragios, Cultural Material, la Cuenca del Pacífico. Se anuncia que esta muestra viajará posteriormente a Filipinas.

Como decía Germán Dehesa: Aykir 

 

martes, 2 de agosto de 2016

Acervos asiáticos en Portugal

La presencia de las culturas de Asia continúa presente en Portugal, al menos en sus ricos archivos y museos. En Lisboa visitamos tres centros de particular interés para quien desee acercarse a la aventura ibérica en Asia. Se trata del archivo general de Portugal conocido como Torre do Tombo; la Biblioteca Nacional y la Fundación de Oriente.























En Torre do Tombo se localiza la documentación heredada de la administración del Estado do India, de las exploraciones y la administración colonial en diversos puertos de Asia, especialmente de Goa y Macao. Es un acervo realmente impresionante que se ubica en el norte de la ciudad de Lisboa, con las condiciones adecuadas para la investigación. Un recinto moderno que cuenta con los sistemas necesarios de archivo y consulta, además de una actitud atenta y experta del personal especializado. Espero tener la oportunidad de adentrarme el próximo año en los acervos que guardan la historia de los migrantes portugueses que llegaron a la Nueva España y que posteriormente se desplazaron hacia Filipinas.

La Biblioteca Nacional de Portugal tiene documentación invaluable sobre el período de las exploraciones y conquista. Las crónicas escritas por decenas de viajeros, que fueron leídas con entusiasmo en toda Europa, ahora son apenas conocidas por expertos y no han sido reeditadas en tres o cuatro siglos. Aún queda por conocer, especialmente fuera de Portugal, la historia de este período, oculto quizás tras eventos tan importantes como el "descubrimiento" de América o la expansión holandesa e inglesa de siglos posteriores.  Entre varios historiadores, persiste la tendencia a separar la historia con base en modelos nacionales contemporáneos, pero afortunamente se hacen algunos esfuerzos para integrar una visión de conjunto sobre la era de la navegación entre los siglos XV al XVII, en que España y Portugal jugaron un papel central. Para la historia del Sudeste de Asia es fundamental referirse al proceso que condujo a los ibéricos a aventurarse al sur de África y a la India, en busca del lugar de origen de las especias. La convergencia de marineros, misioneros, comerciantes y aventureros de muchas partes de Europa dio aliento a ese proceso, que espera todavía a nuevas generaciones de investigadores que trabajen sobre conceptos integradores, como es la historia global y los estudios comparativos o historias conectadas.

Biblioteca Nacional de Portugal 

Finalmente, visitamos el Museo de Oriente, que pertenece a la Fundación del mismo nombre. Se trata de un bello museo con ricas colecciones de arte producido en las colonias portuguesas en India, Malaca y Macao, entre otras.  Marfiles, porcelanas, armas, joyas en pedredería, biombos, ocupan el extenso primer piso del museo, mientras que el segundo tiene salas de etnografía de Asia. Actualmente presenta una espléndida colección de marionetas de sombra de Indonesia, China, Camboya, Vietnam. 




Sugiero releer la entrada de este blog acerca de la imagen de los portugueses ante los ojos de los asiáticos, Espejo invertido

jueves, 21 de julio de 2016

Galicia y Filipinas

Es ineludible mencionar, como lo hice en la entrada anterior, los vínculos históricos y culturales entre Galicia y el norte de Portugal. Ambas regiones comparten una raíz similar y recibieron influencias de toda Europa desde la antigüedad. El lugar más destacado del extremo noroeste de España es sin duda Santiago de Compostela, que a partir del siglo IX comenzó a recibir peregrinos desde lugares remotos, sobre todo porque eran viajes a pie desde Alemania, Flandes y Francia. Con esos visitantes se fraguó una cultura cristiana deseosa de recuperar los lugares santos en Oriente Medio y el sur de la península ibérica en manos de los mozárabes. En la construcción de esos proyectos participaron también las órdenes militares de los templarios y los camilleros de San Juan, como mencioné en la entrada anterior.

Galicia, al norte de la península ibérica tiene valles y bosques de gran belleza, que desembocan en el impetuoso Atlántico, en el finisterre o finis mundi de aquella época. El puerto principal es La Coruña, y el centro religioso es Santiago de Compostela. Cuenta la leyenda que Carlomagno soñó con el paraje en el que se encontraban los restos del apóstol Santiago: un campo de estrellas, como podría pensarse por la existencia de piedra ígnea, con destellos metálicos. Se supone que el cuerpo del apostol Santiago fue transladado desde Jerusalem hasta Hispania por misioneros de la primera edad cristiana. En aquel lugar y con este material se construyó la ciudad y la catedral, que cuenta con un atractivo especial por el color y la composición arquitectónica. El peregrinaje influyó para que ese santuario conservara algunas de las reliquias más importantes de la edad media y fuera un lugar de creación artística, por ejemplo, libros de coro gregorianos y escultura en piedra del maestro Mateo.


La catedral de Santiago de Compostela. 
Actualmente y por algunos años más está siendo reparada.

Por dichas reparaciones, no es posible ver el famoso Pórtico de la Gloria, dentro de la catedral, uno de los ejemplos cumbre del arte románico.

Una (mala) foto del incensario o sahumerio. Botafumeiro en Gallego


En 2011 dos escritores publicaron un pequeño libro de homenaje a la herencia gallega en Filipinas: Cruceiro, Spanish Galicia at some Crossroads in Philippine History & Culture (1521-1898). Lino L. Dizon y José R. Rodríguez recuerdan que después del viaje de Fernando Magallanes en 1519, fue enviada desde el puerto de La Coruña, en Galicia, una nueva flota española en 1525, bajo el mando García Jofre de Loaisa (c.1490-1526). El intento era repetir el trayecto magallánico para concentrarse en las islas Molucas. Se habilitaron siete barcos, Santa María de la Victoria, Espíritu Santo, Anunciada, San Gabriel, Santa María del Parral, San Lesme y Santiago.  Debido al mal tiempo, solamente cuatro de ellos lograron cruzar el estrecho de Magallanes rumbo al Pacífico. El Santiago tomó rumbo al norte y llegó hasta las costas de México en julio de 1526. El Santa María del Parral cruzó el Pacífico hasta las islas Célebes, donde se hundió. El Santa María de la Victoria fue el único que llegó a las islas de la especiería. Para obtener mayor contexto, sugiero al lector que lea varias entradas de este blog de noviembre de 2009.


 Gobernadores gallegos en Filipinas

El libro nos cuenta la historia de Gómez Pérez Dasmariñas, que también es conocido como das Mariñas, quien fungió como el séptimo Gobernador General de Filipinas de 1589 a 1593. Natural de la villa de Betanzos, cerca de la Coruña, en Galicia. Hemos referido en este blog varios de los momentos de su gestión, así como la de su hijo, Luis Dasmariñas, particularmente en las Molucas y en Camboya. Hay un nuevo libro sobre estos singulares personajes, escrito por John Newsome Crossley, The Dasmariñases, Early Governors of the Spanish Philippines. Pronto escribiremos sobre este nuevo estudio. Otro gobernador nacido en Galicia fue Juan Niño de Tabora, de 1626 a 1632. Entre sus actividades destacadas se cuenta la defensa en 1627 del puesto español en Taiwán ante los ataques holandeses y la recaptura del astillero de Camarines, en Luzón en 1628.

Dizon y Rodríguez ennumeran a varios misioneros gallegos que se asentaron en la primera etapa española de Filipinas: fray Francisco Blanco, franciscano de Monterrei, Ourense; fray Jacinto Rivera, agustino originario de Ribadavia, Ourense; fray José Alvarez, agustino de San Miguel de Banqueses, Verea, Ourense; fray José Benito Rosendo, augustino de San Juan de Saurnín, Ourense. La lista se extiende hasta el finales de la dominación española en Filipinas, pero los mencionados corresponden a prominentes sacerdotes de Galicia que vivieron en las islas en el siglo XVII.


Santiago de Compostela
Vista del rio Minho, que separa Galicia de Portugal