domingo, 3 de octubre de 2010

Conquista espiritual


Al final del siglo XVI el tema de moda era la Conquista Espiritual de China y por extensión de Asia. Se hablaba en Madrid, en Roma, en México, Macao o Manila acerca de una empresa de evangelización más vasta que la realizada en América. La pieza central del debate misionero era sin duda resultado de la amarga experiencia evangelizadora de la Nueva España, más de medio siglo antes. La denominada Conquista Espiritual de México había traído consigo la conversión masiva de los indios americanos, pero pocos años más tarde la filosofía humanista de muchos religiosos, desde Las Casas, Sahagún y Montesinos, hacía notar el exceso cometido sobre los hombres americanos y la destrucción de su cultura.

Ese pensamiento (algo cercano a un sentimiento de culpa colectivo) persiguió a los hombres más ilustrados de aquella época, entre ellos, los Riccianos en China y algunos misioneros que entraron a Filipinas, como Martin de Rada, agustino, y Domingo de Salazar, dominico. ¿Cómo evitar esa destrucción de la cultura china, a la vez transformándola y convirtiéndola al Catolicismo? 1. Al margen de esa elaboración intelectual de los misioneros renacentistas, el problema de tipo administrativo, económico y militar resultaba enorme y mostraba ya los límites reales del obeso imperio español.



Sobre el aspecto espiritual y filosófico, fue precisamente en México, como nos recuerda Robert Ricard, donde años antes de las incursiones en Asia, se fueron ajustando sobre la marcha los métodos de evangelización y específicamente la tarea del bautismo. Los misioneros en Nueva España habían tenido frente a sí, de pronto, enormes territorios que cristianizar, por consiguiente, cada religioso debía bautizar verdaderas multitudes. Ello obligó a reducir las ceremonias bautismales a lo escencial, lo que más tarde se vió como impropio pues carecían en realidad de la enseñanza prebautismal básica 2.


Bautismo tradicional sólo para los caciques indígenas

La experiencia misionera en Filipinas proviene de aquel antecedente americano; sobre todo de la veta agustina y franciscana, asociada al mileniarismo del siglo XVI; de la obsesión del fin del mundo y la llegada inminente del juicio final. Para los misioneros estacionados en Filipinas todavía el éxito de su empresa se medía en términos cuantitativos y era inapelable: pensaban que habían logrado la conversión de todos los pueblos de las islas recién conquistadas. En tal razón se preguntaban ¿porqué debía haber diferencia en el trato con China, comparada con Filipinas o con América? 3. En el trato con los asiáticos aprendieron la necesidad de inaugurar una nueva labor de las órdenes misioneras.

Comparadas con la Compañía de Jesús, que fue creada para combatir al protestatismo europeo con las armas de la intelectualidad, las órdenes misioneras tenían menos motivos para buscar nuevos métodos en la evangelización de Filipinas o de cualquier otra región. Aparte de tener confianza en sus propios sistemas de evangelización el verdadero problema político que preocupaba a los misioneros era lograr la estabilidad política en la región asiática y evitar el riesgo siempre presente de perder el dominio español en las islas Filipinas. La última década del siglo XVI traía consigo las amenazas, reales o imaginarias, de una invasión china o japonesa sobre las islas filipinas. Una pregunta recurrente de los residentes españoles en las islas era: ¿Qué podría hacer la pequeña comunidad española estacionada en esas islas sin la ayuda de los indios filipinos?

Esta divergencia de objetivos y prácticas en la evangelización se encuentra en la raíz de los conflictos entre los jesuítas y las órdenes misioneras. Franciscanos y Dominicos, que hacen votos de pobreza al ordenarse no podían admitir tampoco el lujo de seda y sirvientes de que hacían alarde los jesuítas en China. Para estos últimos el propósito era acercarse como iguales a la corte mandarina; convertir a la élite y luego a las masas. Los jesuítas se preocupaban de que los misioneros fuesen rudos y afectaran la sensibilidad china. Uno de los métodos franciscanos era la proclamación de la palabra divina en las calles de las ciudades chinas, lo que a los ojos jesuítas presumiblemente molestaba a los chinos y degradaba el mensaje religioso. Los jesuítas desdeñaban el trabajo misionero y consideraban que los padres carecían de la disciplina básica: el conocimiento de las lenguas locales.



1 En 1590 había 136 jesuítas en Japón, 170 catequistas, y un servicio de 300 personas entre mayordomos y sirvientes. Había más de 200 iglesias, una imprenta, escuelas, hospitales y seminarios. Dunn, George H., S.J. Generation of Giants, 1962.

2 Ricard compila diversas informaciones de los más destacados misioneros. Los franciscanos tuvieron que bautizar a partir de 1524 más de un millón de indígenas. El mismo Fray Martin de Valencia en carta a Carlos V indica un mínimo de un millón doscientos mil para el período de 1524 a 1532. Pedro de Gante, en una misiva de 1529 habla de catorce mil bautismos al día. Finalmente, en 1536, Motolinía bautizaba semanalmente en Tlaxcala de 300 a 500 niños. El mismo autor calcula en cerca de cinco millones el número de indios bautizados de 1524 a 1536. Robert Ricard. La Conquista Espiritual de México. Ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-1524 a 1572, F.C.E., México, tercera reimpresión 1994, pp. 164-177

3 En su famoso Memorial, el obispo de Filipinas Domingo Salazar desarrolla la tesis de que es necesario lograr la alianza de los indios filipinos a través de una trato benevolente y humanitario, toda vez que las islas no pueden ser defendidas frente a las amenazas del exterior sólo con los escasos recursos de la corona española. En Lewis Hanke, Cuerpo de Documentos del Siglo XVI, F.C.E., México.
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