domingo, 12 de abril de 2009

Antonio de Morga


En 1609 se publicó en la ciudad de México, en la imprenta de Gerónimo Balli, el libro Sucesos de las Islas Filipinas. Se trata de la primera historia integral de aquel país en su etapa inicial y que habría de tener una influencia enorme a lo largo de los siglos para el entendimiento de ese momento crucial del entrecruzamiento entre Oriente y Occidente. Escrita por el doctor Antonio de Morga, quien había vivido en Manila desde 1595, donde llegó como Teniente del Gobernador, pero al reestablecerse la Audiencia de Manila en 1598 fue nombrado primer Oidor.

En raras ocasiones, un administrador ha logrado reunir en una obra una visión tan completa de los aspectos culturales, políticos y económicos de un país. En ella inaugura una fórmula distinta a la crónica e introduce en su voluminoso libro elementos concretos de evaluación, precios, movimiento de mercancía, asuntos políticos candentes y testimonios de diversos actores de aquel momento en que se iniciaba la colonización de Filipinas. En opinión del historiador Lothar Knauth "el juicio sobre Morga, historiador, no puede ser sino favorable. Su contribución es una de las mayores de la historiografía occidental al tema del Asia oriental y, por supuesto, sobresaliente en la de Filipinas. Tiene aún más importancia si se toma en cuenta que en su tiempo la historia era monopolio de religiosos, y que a pesar de que escribió como miembro de la burocracia, no era cronista oficial" (1).

El libro consta de ocho capítulos que abarcan desde el desembarco de Miguel López de Legazpi en Cebú, en 1564, hasta la administración de Pedro de Acuña en los primeros años del seiscientos. En el octavo capítulo, Morga realiza una notable descripción de las costumbres, formas de gobierno y de la naturaleza de las islas Filipinas, que constituye un testimonio de primera importancia para el conocimiento de un espacio muy poco conocido para los colonizadores europeos.

Al parecer se publicaron pocos ejemplares de aquel libro en México, pero la repercusión que tuvo a lo largo de los siglos constata que tuvo amplia difusión en los medios políticos y culturales de su época. En 1868 la Hakluyt Society publicó una versión en inglés a cargo de Henry E. J. Stanley.

El líder histórico de la independencia de Filipinas, José Rizal (1861 - 1896) entró en contacto con los Sucesos en la biblioteca del British Museum en 1888 y decidió publicarla acompañada de amplios comentarios y precisiones. En el prólogo a su edición, dedicada A Los Filipinos escribe:
"Nacido y criado en el desconocimiento de nuestro Ayer, como casi todos vosotros; sin voz ni autoridad para hablar de lo que no vimos ni estudiamos, consideré necesario invocar el testimonio de un ilustre Español que rigió los destinos de Filipinas en los principios de su nueva era y presenció los últimos momentos de nuestra antigua nacionalidad. Es, pues, la sombra de la civilización de nuestros antepasados la que ahora ante vosotros evocará el autor; os transmito fielmente las palabras, sin cambiarlas ni mutilarlas, adaptándolas, sólo en lo posible, a la moderna ortografía e introduciendo mayor claridad en la un tanto defectuosa puntuación del original, a fin de hacer más fácil su lectura. El cargo, la nacionalidad y la virtudes de Mora, juntamente con los datos y testimonios de sus contemporáneos, Españoles casi todos, recomiendan la obra a vuestra consideración. 
Si el libro logra despertar en vosotros la conciencia de nuestro pasado, borrado de la memoria, y rectificar lo que se ha falseado y calumniado, entonces no habré trabajado en balde, y con esta base, por pequeña que fuese, podremos todos dedicarnos a estudiar el porvenir
José Rizal,
Europa, 1889

La publicación hecha por Rizal tuvo entonces un contenido profundamente revolucionario, que reafirma aún en nuestra época el sentido nacional de la historia filipina en busca de su independencia. Y quizás tenga sentido que de manera paralela trabajaba en Manila, como administrador colonial, Wenceslao Emilio Retana (1862 – 1924), quien recopiló una gran cantidad de información histórica y tuvo la oportunidad de recibir del chantre jubilado de la catedral de Manila la documentación necesaria para publicar el libro de Morga. En 1907 publicó en Madrid su propia edición del libro, enriquecida por docenas de notas de fuentes primarias y agudas observaciones. Entre las fechas en que vivió en Filipinas (1884 - 90) y cuando publica los Sucesos se operó en él una transformación tal que lo convirtió en un filipinista anticlerical, alejándolo de su propio pasado colonialista y de defensa irrestricta de los frailes.

Por muchos, demasiados años, el libro Sucesos no volvió a publicarse en idioma Español. Los nuevos colonizadores, esta vez americanos, realizaron una importante labor de recopilación de documentos históricos filipinos, al cuidado de E.H. Blair y J.A. Robertson, quienes publicaron 55 volúmenes de una colección denominada The Philippine Islands entre los años 1903 y 1905. El libro de Morga aparece en idioma Inglés en los volúmenes XV y XVI de esa publicación.

Fue hasta 1997, cuando Patricio Hidalgo Nuchera, académico español publicó los Sucesos, incluyendo un estudio introductorio y los comentarios realizados en su tiempo por Rizal y Retana. Afortunadamente en México el Fondo de Cultura Económica editó el famoso libro en el año 2007, con un estudio preliminar de Francisca Perujo.

En palabras de Lothar Knauth “tal vez el sentido más importante en la obra de Morga es que representa la transición de la conquista a la colonia. Se acababa ya el empuje hacia lo desconocido y quedaba sólo el analizar y conservar lo conquistado (…) un libro con hondo sentido histórico. Símbolo de la mejor hazaña del oficial español de fines del siglo diez y seis que siguió a los conquistadores hasta los límites de las posibilidades expansionistas, sin dejar de reflexionar sobre aquella nueva situación política y humana, que él mismo había hecho posible”.

Sobre la vida Antonio de Morga:
http://en.wikipedia.org/wiki/Antonio_de_Morga
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Lothar G. Knauth. Morga: Génesis de un símbolo. Historia Mexicana No. 54. Vol. XIV. El Colegio de México. pp. 272 - 291. México, 1964.
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