domingo, 5 de abril de 2009

Esclavos y concubinas

Si bien, Filipinas y Nueva España no se consideraban a sí mismas como  sociedades esclavistas, tenían diversas formas para enmascarar el uso de mano de obra forzada, y en ambos extremos del comercio transpacífico prosiguió el lucrativo comercio de esclavos. La demanda de esclavos satisfacía una vasta gama de requerimientos, como sirvientes personales, cuya posesión daba prestigio al dueño; concubinas de origen exótico y otros. Era tal la demanda que un decreto del 29 de mayo de 1620 especifíca que sólo la gente de honor puede importarlos (1):

Respecto de que en las naos de Filipinas suelen venir muchos esclavos, que consumen bastimentos: ordenamos y mandamos, que ningún pasajero ni marinero pueda traer más de un esclavo, excepto las personas de calidad y con mucha proporción y limitación

La Corona Española llegó a preocuparse por el tráfico de sirvientes para la ostentación y de mujeres para convertirlas en concubinas, una práctica muy común desde el período colonial (2).

"Hase entendido que los pasajeros y marineros de las naos de contratación de Filipinas, traen y llevan esclavas, que son causa de muy grandes ofensas de Dios y otros inconvenientes, que se deben prohibir y renunciar y con más razón en navegación tan peligrosa, quitando todas las ocasiones de ofenderle: Para cuyo remedio ordenamos y mandamos al Presidente y Oidores de nuestra Real Audiencia de Manila, que no permitan traer, ni llevar esclavas en aquellas naos y con particular cuidado acudan al remedio de lo suodicho, de forma que cesen estos inconvenientes, y se eviten: y asimismo ordenamos y mandamos al fiscal de la audiencia, que cuide de la execución y el oidor más antiguo, al tiempo de la partida, visite las naos y reconozca si viene alguna muger casada y sin necesidad de pasar y el conocimiento de causa sea ante los dichos presidente y oidores, que provean justicia y sea capítulo de residencia

La introducción de asiáticas vendría a complementar la existencia de una red de concubinas, principalmente indias y negras, que enriquecieron la gama de colores (tanto por su tez como por sus vestidos) del México colonial. Viajeros en diferentes épocas mencionaban la displicencia en el vestir de ciertas damas negras en México, que eran amantes de hombres ricos.  

Otra solicitud de sirvientes eran los pajes, que eran adquiridos para servir en las casas ricas de México y Perú. Un escritor filipino señala que durante la Feria de Acapulco algunos comerciantes peruanos adquirieron jóvenes varones sirvientes, que en realidad les servirían de efebos (3).

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1. Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias, Madrid, 1752, citado por Francisco de Santiago Cruz. La Nao de China. Editorial Jus, 1962, pags 146 y 147.

2. Ibidem. Santiago Cruz., Decreto firmado en San Lorenzo, 22 de abril de 1608.

3. Jose María Luengo. A History of the Manila-Acapulco Slave Trade (1565-1815). Mater Deu Publication Tubigon, Bohol, Filipinas, 1996.

 


 

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