martes, 30 de abril de 2019

Más de la medicina filipina

En la entrada anterior nos referimos a la obra de Fr. Blas de la Madre de Dios, misionero de origen portugués que escribió hacia 1611 en Manila acerca de las medicinas caseras que se usaban, y se siguen utilizando, en las Filipinas. El comentario final es que el archipiélago Filipino fue un espacio muy importante para el conocimiento de la herbolaria y de la medicina tradicional por parte de los misioneros y que reune la herencia cultural de los múltiples pueblos de aquellas islas. Es importante remarcar que Filipinas ha sido un cruce de caminos entre Asia y América.

Fr.  Manuel Blanco, Flora de Filipinas, según el sistema de Linneo, 
Manila, Imprenta de Santo Tomás, 1837. Tomado de Wikipedia.

A fines del siglo XVI, los españoles que llegaban a Filipinas llevaban consigo un acervo de conocimientos fundados en la creencia doctrinaria humoral originada en la Grecia clásica. Esta teoría de los  humores considera que el cuerpo humano está compuesto de cuatro sustancia básicas: bilis negra, bilis, flema, sangre. No es de extrañar que los europeos tuvieran esas ideas y tuvieran como libro de cabecera el escrito por Dioscórides, Materia Médica, que sirvió de base a los herbarios filipinos.

El libro de Fr. Blas de la Madre de Dios es el resultado de la observación de las experiencias terapéuticas de las plantas de Filipinas, de la clasificación de las enfermedades endémicas y de la concepción curativa de los pueblos del archipiélago. No había en apariencia una contradicción con el pensamiento indígena que valora el papel del espíritu, del estado anímico del paciente, y que atiende al conjunto del individuo, cuerpo y alma, para proceder a la curación.

Enfermedad, sanación y muerte

Sin embargo, la idea que ahora llamamos holística no podía ser comprendida por los primeros conquistadores, que sólo advertían toscamente la idea de la salud de lo indígenas locales. Un ejemplo de esto es una carta de Miguel López de Legazpi escrita en Cebú en julio de 1567.
"No se les ha visto que tengan ídolos; a sus antepasados tienen por dioses y, quando están enfermos o tienen otra necesidad, acuden a sus sepulturas con grandes llantos y alabanzas a pedirles sanidad, favor y socorro, donde hacen ciertas limosnas y imbocaciones (sic); y ansimismo imbocan y llaman al Demonio, y dicen que le hacen venir en una caña hueca y que alli habla a las sacerdotisas, que por la mayor parte son mugeres las que hacen esta imbocación y hablan con el Demonio, y él la respuesta da al público y les dice lo que han de ofrecer, aves y otras cosas, según que pide y quiere el Demonio; y en estas imbocaciones ordinariamente, para que el Demonio venga a hablarles en la caña, sacrifican un puerco y se lo ofrecen. Y tienen muchas superticiones de esta calidad." (1)
Tal como en el continente americano, los europeos tuvieron que "re-inventar" con el sesgo de su cultura la geografía, la población y la cultura de los pueblos conquistados. En el caso de Filipinas, muchas de las labores de sanación eran obra diabólica.  María Belén Baños Llanas la creencia  popular en los anitos, "considerados espíritus tutelares o protectores, intermediarios entre el Báthala y los hombres, que estaban en todos lo ámbitos de la vida social." Personas especializadas, usualmente mujeres, oficiaban como sacerdotisas para atender los augurios de buena cosecha de arroz, evitar las catástrofes, ayudar en los partos.

Especialmente en caso de enfermedad se acudía a las anitera, especie de curandera en las islas Filipinas.  Estas llevaban una caña delgada, con la que auscultaban a la persona enferma y aspiraban los males con la caña. De su boca, las aniteras sacaban unas piedras que se creía eran la materialización de la enfermedad. Mientras los conquistadores veían en ello influencia diabólica, los filipinos confiaban en la eficacia de la curación.

"Si 'profetizaban' la vida, todos comían y bebían, cantando las tradiciones de los antepasados del enfermo, es decir, de sus anitos, a quienes se ofrecía el sacrificio. Por el contrario, si 'profetizaban' la muerte, alababan al enfermo por cuyas virtudes y proezas los anitos lo habían elegido para ser uno de ellos. A partir de entonces, los familiares y amigos tratarían al enfermo como si fuera un anito. No obstante, e independientemente del resultado de las predicciones, siempre terminaban con una fiesta, con música, comiendo y bebiendo."

Por su parte, la historiadora mexicana Paulina Machuca ofrece un contexto de largo plazo para comprender el intercambio biológico entre Filipinas y México, de lo que nos ocuparemos en otro momento. Por lo pronto, tomamos un pasaje de los primeros años del translado de plantas entre Filipinas y la Nueva España que indican la importancia que algunos colonizadores otorgaron al cultivo de plantas de interés medicinal. Guido de Lavezares escribió en 1569 cómo había procurado introducir la raíz de jengibre (Zingiber officinale), el arbol de tamarindo (Tamarindus indica) y semillas de pimienta (Peper nigrum) para ser cultivado en la Nueva España. Envió muestras en el galeón San Juan que zarpó de Cebú en julio de 1567 rumbo a Acapulco. No se tiene conocimiento del resultado de esta iniciativa de Lavezares. (2)

Muchas cosas habrían de cambiar en los años siguientes, sobre todo con la transformación de Manila en un puerto comercial importante que comunicaba Asia y América. Con ello se acentuó la migración china hacia las islas y la fundación del Parián en el que se encontraban, además de productos de consumo, porcelanas y textiles, numerosos remedios de origen chino. Esto agregó otro ingrediente en la concepción médica en Filipinas y en la región del Sudeste Asiático, pues el conocimiento médico que procedía de China llegó en manos de los comerciantes. Como tanto otros conocimientos tradicionales, las compilaciones de los académicos llegaban muchos años y hasta siglos después, este es el caso del compendio  más importante de medicina china.

La influencia china (3)

El Ben Cao Gang Mu (本草纲目) es un compendio de materia médica del siglo XVI en forma manuscrita en 20 volúmenes, compilado por Zhao Xuemin (hacia 1719-1805), oriundo de Qiantang (actual Hangzhou), provincia de Zhejiang. El libro es considerado el trabajo médico más importante de la dinastía Qing. Zhao Xuemin era hijo de un médico de renombre, y tanto él como su hermano siguieron los pasos de su padre. Zhao era conocido como un ávido coleccionista de obras médicas, farmacológicas y astrológicas. Cultivó un jardín de hierbas, probó las propiedades de varias plantas y dirigió una clínica.

Ben Cao Gang Mu

Esta obra originalmente formaba parte de la serie de 100 volúmenes titulada Liji shi er zhong (Doce series de Liji), que Zhao completó durante décadas de coleccionar y arreglar. El trabajo se agrupó en 12 categorías, abarcando varios temas médicos relacionados con enfermedades, curaciones y materia médica, incluyendo la medicina popular.

De las 12 categorías, sólo existen dos, que fueron revisadas e impresas por Zhang Yingchang en el décimo año del reinado de Tongzhi (1871). El prefacio de este manuscrito afirma que el autor tardó 40 años en completar la obra, entre 1765 y 1805, durante los reinados de los emperadores Jiaqing y Qianlong, ambos de la dinastía Qing.

Este cuerpo de conocimientos compila los conocimientos que, en la práctica, siguieron los chinos en su diáspora hacia diferentes puntos en el sudeste de Asia, especialmente Filipinas.

La influencia del comercio de la Nao (4)

La bióloga mexicana Reyna María Pacheco Olvera ha estudiado el intercambio de plantas a bordo del Galeón de Manila. Ella infroma que se comerciaron con fines medicinales plantas secas como la manzanilla, en preparaciones en agua, aceites y ungüentos. "(t)ambién se enviaban semillas, raíces y frutas como la pimienta malagueta (Pimienta dioica L.), la raíz de jalapa (Convolvulus jalapa L.), la quina de Perú (Cinchona officinalis L.), el azafrán (Crocus sativus L.) y los dátiles (Phoenix dactylifera L.), e incluso se transportaron plantas vovas, como la violeta (Violeta officinale L.)."

El intercambio era claramente en ambos sentidos, pues el consumo europeo y americano de plantas para usos farmacéuticos incorporó las de origen asiático.  Se crearon empresas dedicadas a su cultivo, si era el caso de que fuera más barato producirlas, por ejemplo en México, o importarlas desde Filipinas. "Por ejemplo, (...) la industria farmacéutica se vio favorecida al enriquecerse con el intercamnio de productos para remediar diversos padecimientos. En México se conocen numerosos remedios de herbolaria tradicional en l que se utilizan especies introducidas como manzanilla, ricino (Ricinus communis L.), ruda (Ruta graveolens L.), perejil (Petroselinum sativum Hoff.), orégano (Origanum vulgare L.), además de las especies nativas."

El Galeón de Manila fue un vehículo esencial para lograr este intercambio, enriqueciendo tanto el acceso a remedios médicos, como a productos textiles y alimentos.

___________
(1) Patricio Hidalgo Nuchera (ed). Los Primeros de Filipinas. Crónica de la Conquista del Archipiélago. Madrid: Miraguano Ediciones y Ediciones Polifemo, 1995. pp. 221.

(2) Reflexiones sobre Materia Médica China. Disponible en línea: https://www.researchgate.net/publication/280447053_Reflexiones_sobre_Materia_Medica_China [consultado: Mar 02, 2019].

(3) Paulina Machuca. "The arrival of American plants in the Philippines: ecological colonialism in the sixteenth-to-eighteent centuries." Anais de História de Além-Mar, XV (2014). pp.231-260.
(4) Reyna María Pacheco Olvera, "El intercambio de plantas en la Nao de China y su impacto en México.", en Caminos y mercados de México, Janet Long Towell y Amalia Attolini Lecón (coordinadoras). México: UNAM, Instituto de INvestigaciones Históricas e Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2009. pp. 593-608.

Se puede consultar también el portal iniciado por esta investigadora: https://sites.google.com/site/ethnobotanynao/

lunes, 25 de marzo de 2019

Medicina Filipina

Esta breve entrada es más modesta que el título que lleva. Es la referencia a El Libro de Medicinas Caseras de Fr. Blas de la Madre de Dios, publicado en Manila en 1611. Sin embargo, el tema es muy vasto porque permite observar la riqueza del conocimiento farmacológico en esta región de Asia  en aquella época.  Es un testimonio también de las influencias que este cuerpo de saberes recibió de otras culturas, sobre todo la china y para sorpresa de algunos también de las culturas americanas.

El libro de fray Blas de la Madre de Dios fue publicado originalmente en 1611 pero reeditado hasta 1992 por Francisco Guerra y María del Carmen Sánchez (Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica del Instituto de Cooperación Iberoamericana y el patrocinio de la Comisión Nacional del V Centenario).

El autor nació en Lisboa alrededor de 1555 y muy joven fue enviado a la India con la posibilidad de ser comerciante. En 1581 estaba en el puerto de Malaca donde dejó el comercio y se integró a la Provincia franciscana de San Gregorio Magno. En 1585 se trasladó a Manila, donde su congregación religiosa mantenía un hospital dedicado a la atención de los indígenas. Su aprendizaje de la lengua tagala y su dedicación religiosa le permitió compilar gran cantidad de información sobre los conocimientos médicos y prácticas filipinas que incluye en su libro. Falleció en Manila el 7 de septiembre de 1626.



El libro de Medicinas Caseras de Fr. Blas de la Madre de Dios, Manila 1611.

Escriben los editores modernos que "(...) el valor singular que representa este primer herbario misionero de Filipinas, no radica sólo en la actividad farmacológica de las drogas que menciona, ni en la creencia doctrinaria de la patología humoral, sino en haber recogido el sistema terapéutico de una medicina tradicional que reunía elementos antropológicos característicos de la cultura filipina."

El libro muestra un amplio conocimiento de saberes prácticos, útiles para el contexto en que los medicamentos y remedios sirven para curar o mejorar la condición del paciente. "(...)  el cuerpo enfermo se cura a sí mismo como una reacción fisiológica natural al proceso de la vida; pero, es bien sabido que cada horizonte cultural establece en su evolución lo que es salud y lo que debe ser considerado como enfermedad." En las comunidades indígenas filipinas "el estado de enfermedad estaba determinado por creencias mágicas acerca de su origen y tratamiento, y a lo largo de siglos habían adoptado normas para la atención de los enfermos y agentes curativos cuya actividad sobrenatural estaba profundamente arraigada entre ellos, independientemente de su acción farmacológica."

Algunos antecedentes

La ocupación de las Filipinas por los españoles se dió casi un siglo después de la conquista de México y Perú. En este caso, por la historia personal de Fray Blas de la Madre de Dios, debe mencionarse también el legado del despliegue portugués en Asia desde el siglo XVI. Es decir, en este compilador de los conocimientos médicos de los filipinos debemos hacer referencia a dos tradiciones europeas paralelas que "observan" al mundo indígena de las islas con los filtros de otras culturas. Es clave que en el lado portugués existiera el ímpetu por recopilar información sobre medicinas y especias comerciales, tal como fue Tomé Pires  (1465?-1524) "apotecario" (farmacéutico) del príncipe Afonso de Portugal y comisionado en Malaca entre 1512 y 1515. El resultado fue un libro, Summa Oriental, que permaneció en la oscuridad hasta el siglo XIX y que contiene detallada información sobre el comercio de todo tipo de productos, así como sobre los puertos y los pueblos del Sudeste de Asia.

Otro texto fundamental que recopila información desde la India es Coloquios dos Simples e Drogas da India (Goa 1563) por Garcia de Orta (1501?-1568), un portugués de origen judío. Lo novedoso del libro de Orta es que discute con una visión científica euroasiática de aquella época la importancia de los medicamentos. Su obra tuvo cierta difusión en los medios europeos, sobre todo cuando fue traducida al latín por Carolius Clusius en 1567. Desgraciadamente, el origen judío del Orta oscureció la difusión de su obra y por cierto fue juzgado por la Inquisición después de su muerte.

Otro compilador de los conocimientos médicos asiáticos fue Cristóbal Acosta o Cristovão da Costa (c.1525-1594), quien publicó en Burgos en 1578 su Tractado de las Drogas y Medicinas de las Indias Orientales, en idioma español. Esta obra toma partes del libro de García Orta y tuvo mayor difusión. También fue traducido al latín, el idioma de los universitarios europeos.



Descripción de la piña, en el Tractado de Acosta, 1578
(wikipedia, public domain)


La herencia portuguesa en el conocimiento de Asia es poco reconocida en la actualidad, como si en en el siglo XVI y XVII no hubiera habido contacto con el mundo hispánico, lo cual es absurdo. El libro de Fray Blas de la Madre de Dios prueba la circulación de conocimientos, aún con la dificultad de las distancias y que la información fluía en el seno de pequeñas élites.

Del lado del Pacífico, es inevitable citar la existencia del Códice De la Cruz-Badiano, que es una obra mayor de recopilación del conocimiento farmacológico de las plantas de América usadas por los aztecas.  El códice fue escrito por el médico indígena Martín de la Cruz, nacido en Tlatelolco y que probablemente fue traducido del náhuatl al español por Juan Badiano, estudiante indígena del Colegio franciscano de Santa Cruz de Tlatelolco. El códice tiene fecha de 1553 y pasó por varios acervos europeos hasta que en 1990 fue devuelto por el Vaticano a México. Lo menciono aquí porque representa tanto el amplio conocimiento de los pueblos sobre la herbolaria y sus efectos, como por el interés de los misioneros por recobrar tales conocimiento. A ese celo diríamos científico se adhiere el trabajo realizado por los misioneros que como Fray Blas de la Madre de Dios hizo en Filipinas. Resalta que en 1672 se publicara en Querétaro, México, el Tesoro de Medicinas atribuido a Gegorio López, que es una mezcla de información europea y mexicana.

Otras publicaciones

Pero, centrándonos en la idea de la medicina local filipina y las publicaciones hechas durante el período hispano, los editores de la obra de Fray Blas de la Madre de Dios reconocen que los médicos y cirujanos formados en la tradición europea supieron reconocer el valor de los conocimientos locales, porque atendían a los pacientes tanto criollos como indígenas en condiciones locales. A esto le llaman medicina misionera.
Algunos de estos conocimientos eran en ciertos casos simples apuntes que se iban acumulando en los hospitales para resolver los casos concretos de las enfermedades de esos lugares. Estas obras fueron publicadas décadas y hasta siglos después de que fueron escritas y sobre todo utilizadas en Filipinas.  Aquí la lista elaborada por Francisco Guerra y María del Carmen Sánchez:
Se tiene conocimiento del libro de Fray José de Valencia (c.1610-1669) lego franciscano, quien escribió Flora Filipina: en la que con minuciosidad se describen las raíces y yerbas, sus figuras, sitios donde se crían y sus virtudes medicinales. No llegó a publicarse. 
El jesuíta Francisco Ignacio Alcina (1609-1674) escribió la Historia Natural del sitio, fertilidad y calidad de las Islas e Indios de Bisayas, concluída en 1668, con dos capítulos dedicados a plantas medicinales y aromáticas.
El agustino Ignacio de Mercado (1648-1698) escribió en 1685 Libro de Medicinas de esta tierra y declaracones de las virtudes de los árboles y plantas que están éstas Islas Filipinas.  Sin embargo fue publicado hasta 1837 y 1845 como parte de una gran publicación del padre Francisco Maniel Blanco (1778-1845) bajo el título Flora de Filipinas, según el sistema sexual de Linneo, en el último cuarto del siglo XIX.  El valor de esta obra se acrecienta por la participación de varios artistas, 12 filipinos y 5 españoles, que ilustraron esta obra. Recientemente ha sido publicada nuevamente en Manila, como obra de colección, por el grupo editorial Vibal.
George Joseph Kamel (1661-1706), jesuita, escribió Herbarum Aliarumque stirpium in insula Luzone, Philippinarum primaria, nascentium. Partes de esta obra llegaron a la Royal Society de Londres que las incluyó en Philosophical Transactions en 1699 y en el tomo III de Historia Plantarum de John Ray en1704.
El jesuita Pablo Clain o Paulus Klein (c.1670-1717) publicó en Manila en 1712 Remedios fáciles, para diferentes enfermedades, en donde se incluyen numerosos nombres indígenas de remedios filipinos.
El jesuita Juan José Delgado (1697-1755) "incluyó mucha información medicinal" en su libro Historia general sacro-profana, política y natural de las Islas del Poniente llamadas Filipinas. Esta obra también tardó en publicarse hasta el final del siglo XIX.
El agustino Alejandro Cacho (c. 1675-1745) escribió Medicina de árboles y yerbas, sobre la flora filipina de las provincias de Nueva Ecija y Nueva Vizcaya.
Otro agustino, Antonio Mozo (1720-1794) incluye información sobre botánica medicinal de las Filipinas en su Noticia histórico-natural de los gloriosos triunfos de la Orden de San Agustin en las Islas Filipinas, impresa en Madrid en 1763.
El agustino Juan de Viso (c. 1720-1750) escribió un Tratado sobre los Arboles y hierbas índicas y Filipinas.
Hipólito Casiano Gómez (1655-1726), agustino misionero en la isla de Cagayancillo escribió Tratado de Medicina Casera en lengua panayana.
El dominico Fernando de Santa María (1704-c. 1770) fue el autor del Manual de Medicinas caseras para consuelo de los pobre Indios, impreso en Manila en 1768. Esta obra fue muy popular y contó hasta seis reimpresiones. Contiene una lista de drogas filipinas de la zona de Manila.
El dominico Juan Belby o Belvis escribió hacia 1798 unos Apuntes relativos a las Plantas Filipinas, que no fueron publicados.
Los agustinos Julio Saldaña (1835-c.1910) y Mauricio Ferrero (1844-c.1910) publicaron en Iloilo sendos tratados de Medicina Casera a fines del siglo XIX, en lengua bisaya.
Como se puede observar, el largo arco de tiempo en que se realizaron las observaciones de la naturaleza filipina y de los conocimientos locales, transitaron diferentes concepciones de la medicina desde la concepción humoral (dominante en el Medioevo europeo) hasta llegar a la visión naturalista ilustrada del siglo XIX.  Filipinas fue una fuente fértil de observación y conocimiento que debe ser reconocida en la actualidad.

Seguiremos con este tema en las próximas entradas del blog.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Diez años navegando

¡La Nao Va cumple diez años!

Deseo celebrar con los lectores el décimo aniversario de esta bitácora electrónica. 

Ha sido un placentero esfuerzo personal que me ha ayudado a comprender múltiples aspectos de la historia del Galeón de Manila, de la relación entre los pueblos asiáticos y americanos, especialmente de Filipinas y México. 

He publicado 529 entradas y hay un acumulado de más de 160,000 lecturas. El vehículo es el idioma español y no deja de sorprender que hay lectores en África, Rusia, Medio Oriente, Japón y China, aunque el público principal está en América Latina, Estados Unidos y Europa.

En apenas diez años ha habido profundas transformaciones en el uso de los medios electrónicos y los blogs están siendo sustituidos por otros sistemas instantáneos de comunicación, como Twitter, Instagram, Facebook, entre otros. Sin embargo, La Nao Va sigue navegando en este sistema porque ofrece espacio para una reflexión o apuntes menos inmediatos, incluso como puerta de acceso a lecturas especializadas, de las que procuro siempre dar el dato para aquellos lectores que deseen leer un poco más. Mucho agradeceré las sugerencias de los lectores para mejorar y renovar lo que sea necesario en este esfuerzo de información.

Una característica de este blog, del que hasta ahora hago mención, es el uso de Wikipedia, ese invento contemporáneo de miles de ojos que ha vuelto accesible información para el gran público. Como historiador, advierto a mis alumnos no quedarse en esta información, sino consultarla como una llave, para luego seguir profundizando. 

En estos años hemos visto además la ampliación de archivos públicos invaluables, como el Portal de Archivos Españoles PARES y Archive.org que son maravillosas fuentes gratuitas de información. Espero que pronto se sume el Archivo General de la Nación de México y otros en América Latina a este esfuerzo por hacer accesible la memoria histórica. Varios museos en el mundo ofrecen ahora en sus portales electrónicos la posibilidad de mirar con detenimiento las obras de arte y piezas de la cultura material de muchos pueblos.

Si bien soy responsable de este blog, el soporte principal reside en los cientos y miles de investigadores que han contribuido a la ampliación del conocimiento histórico. En lo concreto, a los profesores en las universidades, como el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, la University of Western Ontario de Canadá, la National University of Singapore (donde estoy por concluir el doctorado en historia), el Centro de História Além-Mar de la Universidad Nova de Lisboa, la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, la biblioteca de la Universidad de Santo Tomás, el Colegio de San Luis, el Centro de Estudios China-México, el Instituto Cervantes en Beijing y en Manila, la Sede de la UNAM en China, entre muchos otros. Perdón que omita los nombres de tantos amigos que he hecho por este medio, pero ustedes saben a quienes me refiero con afecto y agradecimiento.

Toda navegación requiere de una tripulación que coordina sus movimientos para llegar a buen puerto. Quien investiga en los archivos, el que divulga, el que contribuye con una imagen, el que lee y comparte con sus amistades. Diez años navegando, muchas gracias.


domingo, 13 de enero de 2019

El favorito de la Reina, en Acapulco

Siglos antes de que Acapulco se convirtiera en un centro de turismo, el puerto recibía personajes interesantes que procedían de varias partes del mundo, gobernadores, obispos, adminstradores y militares de renombre. Tal es el caso de don Fernando de Valenzuela, quien fue desterrado a las islas Filipinas en el siglo XVII. 

El texto que nos informa de este evento fue escrito por Tomás Oteiza Iriarte en su crónica histórica de Acapulco. Dejemos que nos lo cuente: 

"Corría el mes de octubre del año de 1678, cuando en la ciudad de Acapulco comentábase, en las tertulias que era costumbre hacer en los portales de las casas, sobre la llegada de un personaje que era todo un enigma. No era virrey, aunque la guardia que lo acompañaba pertenecía a palacio; tampoco era un gobernador de Manila, porque no traía su propia escolta como era costumbre; ni un oidor de aquella audiencia, porque no lo rodeaban los leguleyos (abogados) hablando siempre de pleitos; y sin embargo, el desconocido personaje paseaba su importancia por las playas y calles del puerto, rodeado de ayudantes, quienes lo trataban con señaladas muestras de cortesía, sólo observadas en círculos de la corte real."



Fernando de Valenzuela
Retrato hecho por Claudio Coello
(Wikipedia, dominio público)

Se trataba nada menos que de don Fernando de Valenzuela, (1636-1692) favorito de la reina de España Mariana de Austria (1639-1696). El personaje había caído en desgracia en circunstancias dramáticas para la corte española, dividida en bandos enfrentados. De un lado, don Fernando de Valenzuela, valido de la reina madre y del otro don Juan José de Austria, medio hermano del rey Carlos II o bastardo

Mariana de Austria
Retrato hecho por Diego Velázquez
 (Wikipedia, dominio público)


Ser Valido implicaba dirigir la administración de la corte y de asuntos fundamentales del reino sobre la base de la confianza del soberano, un cargo de mucho poder pero también de muchos riesgos por la cantidad de enemigos. Bastardo era el hijo nacido fuera del matrimonio, como es el caso de Juan José de Austria, sin posibilidad de ser rey pero que en muchos casos tenía poder suficiente para participar en la corte y hacer política, 

Mariana de Austria había quedado viuda de Felipe IV (1605-1665) y fue nombrada reina regente en tanto su hijo Carlos II, quien apenas tenía cuatro años a la muerte de su padre, llegara a la mayoría de edad. La reina gobernó de 1665 a 1677, primero con el apoyo de  su confesor, el padre jesuìta Juan Everardo Nithard y posteriormente con el mencionado Fernando de Valenzuela.

El rápido ascenso político de Fernando de Valenzuela dentro de la corte causó muchas fricciones con los miembros de la alta monarquía. Valenzuela era un hombre de origen medio en la monarquía, que había entrado a la corte con bajos encargos, pero que obtuvo el aprecio de Carlos II y de su madre la reina Mariana. Llegó a ser nombrado Grande de España, con la consiguiente molestia de la vieja aristocracia.

La estrecha relación de la reina Mariana con este hombre de confianza condujo a críticas e incluso fue tratado en aquella época barroca de teatros y burlas bajo la insinuación de una relación íntima con la reina. Se le llegó a llamar "el duende de palacio" y fueron tantos los bienes obtenidos en su corta carrera política que circuló un pasquín en que se dibujaba a Valenzuela con títulos y galardones y encima un rótulo: "esto se vende". Junto a él, la imagen de la reina con su mano sobre el corazón: "esta se da."

El grupo de Juan José de Austria, el bastardo, reunió fuerzas para neutralizar el poder de la reina Mariana de Austria y de su valido Fernando de Valenzuela. En enero de 1677 la situación se volvió insostenible y Valenzuela buscó refugio en el Monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial.  Hasta ahí llegaron hombres armados bajo el mando del duque de Medina Sidonia, quienes forzaron el lugar el 17 de enero de 1677.  Se había violado un lugar santo y eso provocó la reacción de la iglesia. El prisionero quedó en manos del Nuncio Apostólico (el representante del Papa) Sabo Millini. 

Sin embargo, en febrero de 1678 el Nuncio tomó una determinación drástica, pues condenó a Valenzuela al destierro por diez años en Filipinas y anuló los honores acumulados por el antiguo valido, además de la confiscación de los bienes. El golpe de mano anulaba así el dominio de la reina y consolidaba a Carlos II como el soberano con el apoyo de la alta aristocracia.

Carlos II reinó hasta su muerte en 1700. Al no tener descendencia, la dinastía Habsburgo llegó a su término en España. Esa crisis monárquica en España generó un conflicto europeo de grandes proporciones, la Guerra de Sucesión (1701-1713).



Carlos II "El hechizado" (c.1685)
Retrato hecho por Juan Carreño de Miranda
(Wikipedia, dominio públic)

El exilio a Filipinas

Excepto la muerte, difícilmente se puede pensar en un castigo tan grande para un noble español como el exilio en la colonia más alejada de la metrópoli. Fue una derrota política en un momento de grave crisis de la monarquía. El tono de la época, debemos insistir, estaba marcado por el arte barroco y no es casual que los grandes autores y artístas que aún resuenan en la base del idioma y la cultura española eran los protagonistas de ese momento histórico. Al respecto, Octavio Paz dice:
"El teatro fue una de las grandes pasiones del siglo XVII español. Don Fernando de Valenzuela, el Duende de palacio, durante los primeros tiempos de la regencia de Mariana de Austria, organizaba representaciones teatrales a las que asistían las personas reales. Ésta fue una de las tretas con las que conquistó el favor de la regente. Valenzuela era el director de escena y se encargaba también de los decorados y el vestuario; su hábil ayudante era el conde de Galve, subsidrector de escena."
El doctor Miguel Luque Talaban ha reconstruido el recorrido del notable prisionero de España a Filipinas con base en documentación existente en España, México y Filipinas. Llegó al castillo de San Juan de Ulúa, Veracruz, donde estuvo preso del 15 de octubre de 1678 al 20 de febrero de 1679, "día en el que fue conducido a Acapulco, embarcado por último el 31 de marzo para su destino final a bordo del galeón San Antonio."

Llegó a Filipinas el 31 de julio de 1679, donde quedó recluido en una prisión de madera hecha para ese propósito en el fuerte de San Felipe de Cavite.  Se le dió un trato de riguroso aislamiento.  El Gobernador era Juan de Vargas Hurtado, quien tenía sufientes problemas para controlar a los grupos de poder local, representados por los comerciantes, los dueños españoles de la tierra y los misioneros, se hizo cargo de hacer cumplir la condena de Valenzuela.

En julio de 1682 el rey Carlos II levantó parcialmente el aislamiento de Valenzuela y se le permitió escribir, tener correspondencia y caminar acompañado de sus criados. Es interesante observar, como lo hace Luque Talaban, que el personaje en desgracia utilizó sus habilidades para escribir poesía e incluso un memorial para el rey, pidiendo clemencia ante su situación. 

Quedó escrito un poema con el lamento de Valenzuela. Endechas que compuso en el puerto de Acapulco, donde se embarcó para pasar a Manila, lugar de su destierro. Probablemente fueron escrita en febrero o marzo de 1679. Aquí un fragmento:

"Si mi mal no permite
dar tregua al tormento,
remedio es el callar;
que no tienen los males mas remedio.
Yo soy..., pero ¿qué digo?
Yo fui...,¡qué mal me acuerdo!
Yo he de ser...,¡mal discurrro!
Y puesto donde ignoro, ¿qué pretendo?
Otros dirán qué soy,
y alcanzaré por ellos
de lástima la dicha,
que no pudo alcanzar el valimento.
Despojado de cuanto
fue dádiva del tiempo
me vide en un instante,
ejecutando en mí justos decretos.
Por grande me envidiaron;
¡qué dictámen tan necio!
¡Como si el ser yo grande
fuera a hacer a los otros más pequeños.


Pasado el tiempo que calma los ánimos, Valenzuela, por intercesión de los amigos logró que en 1689 le fuera levantada la pena y pudiera volver a España; pero no bien había desembarcado en Acapulco, le fue denegado el permiso, obligándolo a permanecer en el puerto.   Nuevas gestiones le permitieron pasar a México con la condescendecia de su viejo amigo el virrey conde Galve. 

Fueron tres años en que se dedicó a la cría de caballos y quizás disfrutó su libertad en un exilio más apacible. Hemos escrito en este blog acerca de aquella época al referirnos a la historia del Parián, "un mercado oriental" en el corazón de la ciudad de México. Valenzuela tenía esta vez un amigo protector, el propio virrey conde de Galve, con quien había promovido el teatro español en otras épocas. Había escasez de alimentos, corrupción y arte. Vivían en aquel lugar entre otros grandes personajes Sor Juana Inés de la Cruz y Don Carlos de Sigüenza y Góngora. ¿Los habrá conocido?

No es muy clara la razón de su muerte el 7 de enero de 1692 en la Ciudad de México. La caída de un caballo que estaba domando o la coz del animal. Su muerte política había llegado años antes.
_______________
Tomás Oteiza Iriarte,  Acapulco, la Ciudad de las Náos de Oriente y de las Sirenas Modernas, México: Edición del Autor, 1965, pp. 161-162.

Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las rampas de la Fe. México: Fondo de Cultura Económica, tercera edición, 1985, p.351.

Miguel Luque Talaban, La inconstante fortuna de Fernando de Valenzuela y Enciso. Su destierro en las islas Filipinas y los últimos años en la ciudad de México (1678-1692), Archivo Agustiniano, Vol. 95, No.213,  2011, pp. 213-244.

Juan J. Delgado, La Historia General Sacro-Profana, Política y Natural de las Islas del Poniente llamadas Filipinas. Biblioteca Histórica Filipina, p.276.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Felices Fiestas 2018

Con los mejores deseos para todos los lectores: Felices fiestas y venturoso año 2019

 Carraca portuguesa

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Los contactos entre Asia y Occidente


En fechas recientes se han realizado diversos eventos conmemorativos de las relaciones históricas entre Asia y el mundo occidental. La temática que las une pasa por la cultura, los esfuerzo de propagación del cristianismo en Asia, el desarrollo de las rutas marítimas y el conocimiento inicial que tuvieron los europeos acerca de los pueblos del continente asiático.  En esta oportunidad damos cuenta de tres eventos que se llevan a cabo en China y en España.

1.Simposio Internacional con motivo del IV Centenario del Fallecimiento de Diego de Pantoja.

A principios de septiembre de 2018 se llevó cabo en Beijing un seminario dedicado a conmemorar el IV Centenario del fallecimiento del jesuita español Diego de Pantoja, activo en China al final del siglo XVI. En este blog hemos hablado de la obra del misionero que formó parte del grupo de Mateo Ricci y Alejandro Valignano y que lograron introducirse en el círculo cerrado de la corte Ming. Diego Pantoja enseñó música barroca en la Ciudad Prohibida de Beijing a finales del siglo XVI y describió en idioma español varias de sus observaciones sobre la cultura china de la época. Eso lo convierte en uno de los primeros sinólogos en este idioma.



El evento fue organizado por el Instituto Cervantes de Beijing, la Embajada de España en la R.P. de China y la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing. La Universidad Nacional Autónoma de México y el Colegio de México también colaboraron al enviar distinguidos investigadores al evento.

El objetivo del seminario fue "rescatar del olvido a esta figura poliédrica y paradigmática y valorar el papel pionero que jugaron sus predecesores, coetáneos y sucesores españoles en los intercambios y difusión del conocimiento entre China y Occidente."

Retrato de Diego Pantoja, obra de Wan Li


"Pese a todas sus aportaciones, Diego de Pantoja ha permanecido durante siglos prácticamente olvidado tanto en China como en Occidente." Por ello se busca "reivindicar las tempranas aportaciones que desde el español se hicieron a los estudios sinológicos."

Sin embargo, el simposio se extendió a temas contemporáneos de la relación cultural de China con los países de habla hispana, en Europa y en América Latina. Esperamos que pronto se publiquen los ensayos presentados en el evento.

2. Asia y mundo marítimo

El Museo Naval ubicado en Madrid inauguró en septiembre una importante muestra de objetos de origen asiático y material relacionado con la potencia naval española en siglos anteriores. Dicha exposición estará abierta hasta el 20 de mayo de 2019 y será un estímulo para que varios lectores puedan visitar Madrid y el museo.

El motivo de la exposición es múltiple, pues se cumplen varios aniversarios de las relaciones de España con países asiáticos. 300 años de contactos con Tailandia, 150 años con Japón, 50 años con Singapur y 45 años con la República Popular China. Por esa razón se expone una diversidad de objetos, algunos de los cuales no son conocidos por el público en general.

 Cartel del exposición

3. La Nao Victoria navega nuevamente

Hace ocho años dimos seguimiento en esta bitácora a la trayectoria del galeón Andalucía, que hizo un recorrido alrededor del mundo, por la vía de África y Asia, desde marzo hasta noviembre de 2010.

En esta ocasión, veremos un nuevo proyecto, esta vez en manos de la Fundación Nao Victoria, que coincide con el 500 aniversario del viaje de circunavegación de Fernando de Magallanes en 1519- 1522.  Se esperan muchas celebraciones de este acontecimiento que demostró las conexiones entre los océanos del mundo. Hay una página de internet denominada Ruta Elcano que da seguimiento tramo por tramo del viaje de Magallanes, basado en la bitácora de Francisco Albo, Contramaestre de la nao Trinidad.

Recomiendo a los lectores las entradas de nuestro blog La Nao Va, de los meses de octubre y noviembre de 2009, con la descripción del viaje magallánico.


martes, 9 de octubre de 2018

La crónica del evento en Thammasat

Me da gusto compartir la información publicada por la agencia española EFE sobre el seminario organizado en la Universidad Thammasat de Bangkok. Apareció en algunos diarios, como La Vanguardia, de España.



Gaspar Ruiz-Canela
Bangkok, 8 oct (EFE).- El Galeón de Manila, que cubría la ruta comercial entre Asia y Latinoamérica a través del océano Pacífico, inició una verdadera globalización con China en el centro del intercambio de apreciadas especias, seda y plata, entre otros productos.

Así lo afirmaron hoy en una conferencia en Bangkok varios historiadores de Tailandia, México, España y Chile con motivo del Día del Galeón, que conmemora la llegada del navegante y fraile español Andrés de Urdaneta a Acapulco (actual México) desde Manila en 1565.

"China era la pieza central de la globalización", indicó el historiador mexicano Cuauhtémoc Villamar durante la conferencia titulada "Conectividad transpacífica a través del Galeón de Manila: Sudeste Asiático, la costa pacífica de las Américas y España" en la Universidad de Thammasat.

Villamar explicó que la ruta del galeón, que estuvo activo hasta 1815, creó el primer comercio "verdaderamente global", ya que el intercambio entre Asia y América también afectaba al resto del mundo en el aspecto económico, cultural y migratorio.

En este sentido, las monedas de plata acuñadas por la Corona española fueron la primera divisa global, al tiempo que la plata española era utilizada para el pago de impuestos durante la dinastía Ming en China, que exportaba productos de lujo como porcelana y seda a cambio de metales preciosos o alimentos como el chocolate y el chile.

El historiador mexicano relató que la escasez temporal de la plata procedente de México y Perú influyó en la caída de la dinastía Ming, al interrumpir el pago de los tributos.

En su opinión, el establecimiento de un sistema de comercio "predecible" fue el mayor logro del Galeón de Manila, una lección que se puede aplicar hoy día ante la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

Villamar también mencionó contrapartidas del mercantilismo globalizado como la "extrema" dependencia financiera de la plata, el endeudamiento endémico de la Corona española y los casos de pillaje y explotación de los indígenas en América.

El experto español Juan José Morales citó las palabras del escritor hispano-incaico Inca Garcilaso de la Vega, quien en el siglo XVI ya defendía que no había dos mundos, sino uno, al tiempo que recordó que las especias como la pimienta, el clavo o la nuez moscada de la actual Indonesia eran codiciadas por las cortes europeas.

Apostilló que la apropiación por parte de Holanda de la producción de las especias en las islas Molucas, antes en manos de las poblaciones indígenas, fue uno de los factores que provocaron la decadencia del Sudeste Asiático.

En su intervención, Morales afirmó que un español, Juan González de Mendoza, escribió en el siglo XVI uno de los libros más informativos sobre China en la época, al tiempo que los españoles fundaron en Manila la primera universidad de Asia.

Dentro del intercambio cultural, los pañuelos de seda de Cantón (China) y los abanicos chinos se transformaron en parte de la cultura española y mexicana.

"El mantón de Manila en realidad procedía de Cantón", precisó Morales, autor junto al estadounidense Peter Gordon del libro "La Ruta de la Plata: China, Hispanoamérica y el nacimiento de la globalización, 1565-1815".

En un afán de llegar a China y a las "Indias Orientales" en busca de seda, porcelana y especias, España llegó a América y luego financió la circunnavegación del mundo lograda por Fernando de Magallanes, que murió asesinado en Filipinas, y Juan Sebastián Elcano tras cruzas el Pacífico de oeste a este.

Fue Urdaneta quien logró encontrar la ruta del "tornaviaje", desde Asia a América, gracias a la corriente de Kuroshio, al norte de Japón, e hizo posible la ruta de ida y vuelta del Galeón de Manila, también conocido como Nao de China.

Según el profesor tailandés Piemsak Hongjamrassilp, la Corona española creó un imperio con centros importantes en los actuales Filipinas y México, entre otros, debido a la larga duración de los viajes, incluidos los entre tres y cinco meses que el Galeón de Manila tardaba en recorrer la ruta en un sentido.

Piemsak señaló que los españoles firmaron un tratado de amistad y comercio con el reino de Siam en 1718 y establecieron brevemente una pequeña colonia en Ayutthaya, la antigua capital tailandesa.
La conferencia en Thammasat fue organizada en cooperación por la embajada de España y los miembros de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). EFE