domingo, 21 de agosto de 2011

Escenario de conflicto

Hemos explorado hasta aquí la profunda interacción de China y Occidente con base en el intercambio de plata, sobre todo de procedencia americana, desde mediados del siglo XVI. La percepción europea sobre la importancia de China fue en aumento y en consecuencia el conflicto de los poderes europeos para controlar el comercio con el imperio oriental. Los primeros en llegar fueron los portugueses, con enclaves como Malaca (ocupada en 1511, en un conveniente punto en la ruta marítima que conduce hacia China) y luego el importante puesto comercial de Macao. Cuando los españoles aparecen en la zona, intentaron establecer puertos de avanzada en la costa de Fujián, uno conocido como El Pinal que tuvo corta vida. A la vuelta del siglo, los holandeses comenzaron a incursionar en la zona, con una actitud mucho más belicosa y eso motivó un virtual estado de guerra entre los europeos que mantenían el intercambio con China.

Por su parte, muchos españoles avecindados en la región alimentaban el sueño de invadir China. El historiador catalán Manel Ollé cuenta la historia de tales intentos de invasión encabezada por varios misioneros anclados en Filipinas en las dos últimas décadas del siglo XVI. Martín de Rada, Juan González de Mendoza y el jesuita Alonso Sánchez diseñaron, prepararon y estuvieron a punto de llevar a cabo una "invasión" española en China, entrando por las costas de Fujián. Sus planes consideraban factible tomar una parte del territorio de los Ming, con el apoyo de mercenarios japoneses.

Tales planes, que hoy se observan como sueños descabellados, enfrentaron dos barreras infranqueables antes de llegar a su culminación: Felipe II tuvo conocimiento de ellos en el momento de la derrota de la "Armada Invencible" en las costas inglesas, lo que a cualquiera le hubiera provocado el desánimo como para iniciar otra batalla en el otro lado del mundo. La segunda razón fue la oposición en el seno de la corriente misionera, principalmente por parte de los jesuitas que ya realizaban labor evangélica en China y quienes desalentaban el uso de métodos militares en el acercamiento con el gigante asiático. Prevaleció la prudencia y no se volvió a hablar de conquista en las décadas siguientes.

Lo interesante de este recuento es la conclusión sobre el equilibrio internacional que se consolidó en la región asiática, en el momento mismo de la instalación de los españoles en Filipinas, por precaria que hubiera sido. Con agudo realismo el historiador Manel Ollé señala:
"Al final resultó que no fueron los españoles de Filipinas quienes conquistaron China, sino fue al revés. Fueron los chinos los que sutilmente conquistaron Manila. Porque Manila acabó pronto convertida en una floreciente y mercantil ciudad China gobernada y liderada por una élite española. Pero en el siglo XVII fue ya una ciudad de 30,000- 35,000 chinos con unos pocos de centenares o miles de españoles, a lo sumo. Es decir, que el sueño de Empresa de China que conquistará el Imperio Celeste, dio paso a la realidad de un Galeón que fue surgiendo en la década de los años 80-90. Fue tomando fuerza y esta dinámica juncos que anualmente acudían a Manila cargados de seda, especias, porcelanas y todo tipo de abastecimientos para el día a día de la supervivencia de la colonia filipina que quedaban alejada de la metrópoli mexicana y con necesidad de cuerdas, de cera y de todo tipo de cosas".

La China marítima de la provincia del Fujian se encontraba comprometida en un proceso de apertura al comercio y diferentes puertos como Malaca, Brunei, Manila o Champa empezaban a recibir barcos. En 1615 la superintendencia de marina de Fujian publicó una lista de 115 productos de índole diversa sujetos a tasación. Es decir, que indicaban qué es lo que entraba por esta canal oficial de procesamiento de la navegación.

Esta lista fue posteriormente publicada en 1617 en el famoso libro de Tang Xie “Dong Xi Hai Gao” que significa “Informe de los mares del Este y del Oeste”. A través de ésta y otras listas es posible conocer las pautas de importación de las últimas décadas del imperio Ming; predominaban los productos relacionados con la farmacopea –cuernos de rinoceronte o de búfalos de agua, nidos de ave, caparazones de tortuga, aloes, aceites de alcanfor, sulfuro...– productos aromáticos, materiales para la decoración y los acabados de construcción, tejidos, pieles de animales, maderas nobles, minerales raros, manjares secos, semillas, granos... En realidad un tipo de comercio antiguo, podemos decir así, pero también dirigido a las élites.

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Manel Ollé, Comunidades mercantiles en conflicto en los estrechos de Taiwán (1624-1684).Universidad Pompeu Fabra

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