Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

domingo, 24 de abril de 2016

Otra biblioteca personal en Manila siglo XVII

Disculparán los lectores mi ausencia durante el mes de marzo, que se debió a la carga de trabajo en el doctorado en Historia que actualmente realizo en la Universidad Nacional de Singapur.

En esta entrada nos referiremos a la biblioteca personal de de Hernando de los Ríos Coronel, un personaje del cual ya hemos hablado en ocasiones anteriores. Ríos nació en Andalusía en 1559 y obtuvo fama como hombre de letras, navegador y geógrafo. Llegó a Filipinas en 1588 y en las décadas siguientes tuvo diversos cargos administrativos y militares. Fue el autor del primer mapa español de Taiwán y de Luzón, también mencionado en este blog. Hizo importantes propuestas de reforma económica para las islas Filipinas.

Uno de sus biógrafos, citado varias veces en esta bitácora, es John Newson Crossley, quien también publicó un ensayo sobre bibliotecas en Filipinas en el siglo XVII, en el que detalla la lista de libros que pertenecieron a Ríos Coronel.

Este autor resume que "Entre 1558 y 1595 fue nombrado Capitán en la infantería como se menciona en los relatos de las expediciones fracasadas a Camboya en 1595-1596. Se ordenó 'de Orden Sacra, que fue el año de seicientos y tres.' En 1605 fue nombrado Procurador General, y llegó a España, de donde volvió a las Filipinas en 1611." Poco antes de su regreso a Filipinas fue ordenado sacerdote en la iglesia de San Pedro en Sevilla. Volvió nuevamente a España en 1617 y murió el 31 de enero de 1624.

Crossley identifica 31 ejemplares en la biblioteca de la Universidad de Santo Tomás, todos impresos antes de 1603.  "Aproximadamente  dos tercios de estos libros no fueron primeras ediciones. Hay cuatro libros más que pertenecen a una secuencia de cinco libros de Dionysius Carthusianus (1532-1535) que podrían haber pertenecido a Ríos, pero las portadas faltan en cada uno de ellos." El personaje solía estampar su firma en la portada de los libros de su propiedad. Casi todos los ejemplares fueron reencuadernados, pero de manera defectuosa, de tamaño de un cuarto o de un octavo, en vitela. Las cubiertas probablemente reemplazaban el encuadernado original en cuero, que no se mantiene bien en el clima tropical.

Por cierto, se sabe que la encuadernación de libros en Filipinas fue introducida por el padre Juan Cobo, OP, alrededor de 1592, aunque décadas antes también se practicaba en el Parián, desde los años de 1580. "El obispo Salazar en una carta dirigida al rey (en 1583) escribe que un encuadernador de México llegó a Manila, y su comercio fue adoptado rápidamente por su aprendiz chino, quien creó su propio taller de encuadernación, superando a su propio maestro. Como las encuadernaciones de los libros de Ríos son tan similares, parece muy probable que estos libros hayan sido reencuadernados todos en Manila" nos dice Crossley.



La colección de libros de Ríos Coronel incluye una amplia variedad de temas. De los 31 libros, 20 son textos religiosos (13 exégesis biblicas, dos de docrtina, uno de catequesis y cuatro de sermones); seis se refieren a las ciencias y cinco son libros de filosofía. Uno de los textos más importantes es la primera edición del libro de Nicolás Copérnico, De Revolutionibus Orbium Coelestium, Nuremberg 1543.  De acuerdo con Crossley las tablas de Copérnico fueron utilizadas en 1564 por Andrés Urdaneta para calcular la ruta de regreso de Filipinas a la Nueva España. "Algunos ejemplares de este libro de Copérnico viajaron a México, y sabemos que seis de ellos fueron enviados en 1600, así que el libro era, sin duda alguna, conocido en las Indias. Es, por lo tanto, posible que Ríos adquirió el libro en algún sitio entre España y Filipinas." 

Es importante remarcar este hecho porque antecede a la prohibición de los libros sobre la teoría de heliocéntrica en 1616, confirmada en 1632. Los cálculos copernicanos ofrecieron beneficios prácticos para los navegantes del siglo XVI, pero a la vuelta del siglo una oleada de cerrazón ideológica de la iglesia, urgida de imponer su poder tras el cisma protestante, prohibió los textos que hablaban de que el centro del universo es el sol y no la tierra. Esa es la materia por la que fue condenado Galileo en 1633.

Otro libro científico en la colección es De emendatione tempore, "escrito por el protestante Scalinger (1593), quien era astrónomo, historiador y filólogo. Era responsable de la corrección de la cronología de calendarios antiguos." Uno más, el pequeño libro De Alimentorum Facultatibus Libri Tre del griego Galeno (c. 130-201), que fuera médico del emperador romano Marco Aurelio,  aparece en la lista publicado en 1549.

Entre los libros de Ríos Coronel se encuentra De Animalibus de alberto Magno, edición de 1519. Probablemente el ejemplar fue propiedad de Ignacio Santibáñez, el primer arzobispo de Manila, quien llegó a Filipinas el 28 de mayo de 1598 y murió tres meses después. Su nombre aparece en el libro, así como el de Ríos Coronel. Otros títulos son Etymologie de Isidoro de Sevilla (c. 560-636).

"Teniendo en cuenta que Ríos era piloto y navegador no resulta nada sorprendente que tuviera un libro sobre meteorología" apunta  Crossley. "I Meteori por Cesare di Alessano (?-1587) el cual escribió libros científicos, está redactado en italiano. En 1607, cuando Ríos estaba en España, pidió permiso para llevar un relojero a las Filipinas, qunque fuera un italiano, lo que hace suponer que Ríos sabía hablar italiano (en general no era permitido emplear extranjeros). Este libro no sólo trata del tiempo, sino de muchos aspectos del mar, y tiene muchas anotaciones por Ríos. Desafortunadamente, estas anotaciones han sido recortadas cuando el libro fue reencuadernado, y no se pueden leer sin dificultad."

Otros textos que reflejan el clima intelectual del siglo XVI bajo la influencia de Erasmo, la Reforma protestante y la preocupación ante el Islam, son los libros de Arias Montano, Commentaria in Duodecim Prohetas (1571), Dionsius Carthusianus, In Quatur Evangelistas Enarrationes (1532-1535), Oleastro (1586), Hector Pinto In Esaiam Prophetam Comentaria (1567) y Pozo (1567). Ríos poseía dos libros de Benito Arias Montano, el bibliotecario de El Escorial durante Felipe II. Sus obras seguidoras de pensamiento de Erasmo fueron prohibidas en 1607. También tenía dos libros sobre la Epístola a los Romanos (utilizada opr Martín Lutero en sus argumentaciones): Fero (1569) y Viguera (1558), y cuatro sobre los Salmos: Pozo (1567), Titelmans (1567), Castro (1578) y Arias (1574).

Aparecen dos libros que fueron censurados por la Inquisición en Manila. Uno es un ejemplar impreso en Alcalá de Henares en 1569 del libro de Juan Fero Evangelium Ioannis et eius Epistola Canonica. Francisco de Herrera, quien fuera comisario general del Santo Oficio durante 40 años en Manila expurgó el texto en 1628.

El tema de la lucha contra el Islam se refleja en un libro de Petrus Guerra de Lorca que aparece en la lista: Catecheses Mystageogicae pro advenis ex secta Mahometana, impreso en Madrid en 1586. Es una especie de manual para tratr con musulmanes, que probablemente Ríos valoraba por la presencia en Filipinas de una población islámica muy activa. 

En opinión de Crossley, "Ríos era abogado de los indios, pero no tenía el mismo respeto para los musulmanes. Esto podría haber sido debido en parte a las alianzas de los musulmanes con los holandeses, que fueron una amenaza constante para las Filipinas en aquel momento y durante muchos años. En una Real cédula de 29 de mayo de 1620, el Rey aprobó 'la propuesta de Fernando de los Ríos Coronel, procurador general de esas islas, acerca de declarar esclavos a los indios de las islas de Mindanao y otras adyacentes que se han rebelado, se han hecho mahometanos y se han aliado con los holandeses si fuesen capturados en la guerra, lo que animaría a los naturales y soldados a enfrentarse a ellos. Se ordena que ejecuten la servidumbre ordinaria contra los mahometanos, pero no contra los gentiles, para no perjudicar la evangelización, y que informen sobre si estos mindanaos hacen esclavos entre los españoles y naturales de Filipinas."

La biblioteca de Ríos es un importante testimonio de la vida y pensamiento de uno de los funcionarios más importantes de la época en Filipinas, aun cuando es sólo parcial y muchos ejemplares fueron destruidos o extraviados en los siglos siguientes. Se conservan en la sección de libros raros de la Universidad de Santo Tomás en Manila.

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Crossley,  John Newsome. Hernando de Los Ríos Coronel and the Spanish Philippines in the Golden Age. Ashgate Publishing, Ltd., 2013.
 -----------“Una biblioteca en las Filipinas en 1611.” Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica, no. 35 (n.d.). 
Fantoli, Annibale. “The Case of Galileo.” University of Notre Dame Press, 2012. 
 

viernes, 26 de febrero de 2016

Más información sobre antiguas bibliotecas en Manila

La historia de las bibliotecas en Filipinas es un penoso recuento de pérdidas constantes por incendios y guerras. Varios historiadores se han dado a la tarea de reconstruir, con evidencias dispersas, la existencia de buenas bibliotecas en Manila y en otras ciudades del archipiélago desde la llegada de los españoles. Ese ánimo por contar lo perdido tiene un sentido noble pues contribuye a comprender los alcances del pensamiento de los conquistadores (militares y espirituales); saber qué leían y conocer el espacio mental en que se desenvolvían. En este blog hemos hablado del mundo de los libros en los inicios de la conquista española de las Filipinas: la primera imprenta fundada en Manila en la década de 1590 y del primer título conocido, una doctrina cristiana de 1593. Los libros filipinos llegaron a América en los años subsecuentes, como lo atestigua la biblioteca del convento de Guadalupe, en Zacatecas, que posee algunos bellos ejemplares en papel de arroz. Hemos dado cuenta también de una biblioteca privada en Manila a fines del siglo XVI.

En esta ocasión nos basamos en dos estudios que se complementan. Uno, escrito por el historiador filipino Vicente S. Hernández acerca de las bibliotecas de las órdenes religiosas en Filipinas (1996) y el segundo es el recuento hecho en 2011 por John R. Crossley sobre la biblioteca de Hernando de los Ríos Coronel.

Las bibliotecas contenían variedad de temas, sobre todo religiosos, pero también científicos y literarios, en diversos idiomas. El idioma español llegó a ser dominante en los círculos letrados, por lo resulta interesante reflexionar que este elemento es otro de los muy estrechos vínculos entre la Nueva España y Filipinas en los siglos XVI a XVIII. Misioneros, comerciantes y administradores españoles terminaron sus días en México después de haber vivido por largo plazo en Filipinas. Esta circularidad de los colonos filipinos permite suponer que algunas de los acervos que se consideran desaparecidos probablemente se encuentran en América.

Vicente S. Hernández indica que la primera colección de libros debió ser llevada a Filipinas por los agustinos, que llegaron en la expedición de Miguel López de Legazpi a Cebú en1565. Los cinco misioneros agustinos fueron Fray Andrés de Urdaneta, Fray Diego de Herrera, Fray Martín de Rada, Fray Andrés de Aguirre y Fray Pedro de Gamboa. Poco después de la fundación de Manila en 1571, el pirata chino Li Ma Hon atacó la pequeña ciudad, quemó las casas y entre las pérdidas se cuentan los libros que poseían esos misioneros. En las décadas siguientes se construyeron nuevas iglesias (1574, 1586) que a su vez fueron afectadas por terremotos e incendios. A pesar de todos los embates, al final de ese siglo se contaba ya con una buena biblioteca de la orden de los agustinos.

Por su parte, los Franciscanos llegaron a Manila el 24 de junio de 1577 y establecieron el convento y la iglesia de San Francisco en Intramuros, dedicado a la Virgen de los Angeles el 2 de agosto de 1578. El lugar se convirtió desde entonces en la residencia oficial de los superiores de la provincia franciscana de San Gregorio Magno de las Filipinas y el Oriente, con una rica biblioteca, pero de acuerdo a Vicente S. Hernández no se cuenta con información detallada de los libros que contenía en sus orígenes. La biblioteca del siglo XIX sobrevivió a la salida de los españoles después de 1898, pero no al bombardeo de la Segunda Guerra Mundial.

Los frailes de la orden de Santo Domingo llegaron en 1588, pero el primer Arzobispo de Manila, Domingo de Salazar fue dominico y precedió a la órden desde 1579. Se tiene conocimiento de que contaba con una importante biblioteca, que debió incorporarse al acervo de los padres dominicos a la vuelta del siglo XVII. En este caso, la responsabilidad de esta órden al fundar la Universidad de Santo Tomás (UST), primera en su tipo en Asia, fue incrementar la biblioteca que en sus orígenes proviene de aquella remota etapa. Como casi todas las instituciones filipinas, el convento y la iglesia sufrieron las vicisitudes de las guerras y la destrucción casi total, sin embargo, la UST
cuenta todavía con invaluables colecciones antiguas.


Libro tagalo para la enseñanza del idioma español, 1610

El obispo Salazar invitó a los jesuitas a instalarse en Manila en 1581. Los primeros misioneros jesuitas en Filipinas fueron Antonio Sedeño, Alonso Sánchez y Pedro Chirino. La historia piadosa cuenta que los padres llegaron con pocos objetos, pero con una caja de libros. Ya en 1585 contaban con el Colegio de Manila, también conocido como Colegio de San Ignacio. Cuando los jesuitas fueron expulsados de los territorios españoles, en el año 1768, la biblioteca fue distribuida entre las demás órdenes. Los jesuitas regresaron a Filipinas en 1859 y comenzaron a reconstruir los acervos, pero igualmente una parte importante se perdió sobre todo en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

El texto de Vicente S. Hernández salta al siglo XIX para enlistar esfuerzos realizados por autoridades civiles bajo el espíritu reformador de los Borbones. En la última etapa del dominio español en Filipinas se intentó la modernización de los acervos y se establecieron sociedades especializadas en aspectos económicos, sobre todo geografía, agricultura, e industria. Tales sociedades llevaron a las islas nuevos textos relacionados con el avance técnico y se encargaron de difundir el conocimiento de la época, también con la publicación de material de divulgación. El 12 de agosto de 1887 se estableció por orden real el Museo-Biblioteca de Filipinas, bajo el Departamento de  Administración Civil del gobierno local. Comenzó a funcionar en 1891, con cuatro temas: antropología y etnología; historia natural; artes y oficios. Contaba con alrededor de 1,500 libros que habían sido adquiridos en Filipinas y tenía una afluencia de 30 visitantes diarios. Tuvo varios cambios de directores y el traslado de Intramuros (Casa de Moneda) a Quiapo, por lo que tuvo que cerrar intermitentemente. Cabe mencionar que en 1898 estalló la revolución y el proyecto se congeló.

Una reflexión personal, quizás parcial, es imaginar a José Rizal descubriendo material de la historia de Filipinas en la biblioteca del Museo Británico, o por medio de amigos como Ferdinand Blumentritt, gran coleccionista de libros sobre Filipinas. Ante la ausencia de bibliotecas actualizadas y no comprometidas con el aspecto religioso, fue necesario encontrar la historia en otras latitudes.

En la próxima entrega seguiremos con el tema y reseñaremos un excelente ensayo de John R. Crossley que queremos compartir con los lectores.

lunes, 11 de enero de 2016

Sebastián Vizcaino y el Pacífico

Para iniciar bien el año, nuestro amigo Francisco Moreno del Collado ofrece a los lectores un ensayo que compendia varios momentos de la carrera del Pacífico entre 1586 y 1627. La particularidad de este trabajo es que reconoce la acción de un personaje poco conocido en la historia del Galeón de Manila: Sebastián Vizcaíno (1548-1627).

La singularidad de este militar, explorador, comerciante y pionero de la diplomacia del Pacífico, es que resume el temple de muchos otros de sus contemporáneos que se atrevieron a hacer la travesía de América a Asia.

En la síntesis que aquí se presenta los lectores podrán encontrar una lista de lecturas adicionales al alcance del internet, así como la posibilidad de identificar a otros actores históricos de Inglaterra, Holanda y Japón que también intervinieron en la inauguración de la ruta del Pacífico.

Agradezco a Francisco su aportación y espero que podamos seguir contando con nuevas investigaciones que ayuden a fijar personajes y períodos del Galeón de Manila.

Para leer el ensayo, hacer click en este sitio: Sebastián Vizcaíno y el Galeón de Manila

Reciban los lectores los mejores deseos para el año 2016.


Vista de la Bahía de Acapulco en 1628, por el ingeniero holandés Adrián Boot

martes, 22 de diciembre de 2015

Naufragio en la dinastía Tang

Esta es una historia muy lejana que antecede en cinco siglos al Galeón de Manila. Sin embargo, las lecciones de una nueva exhibición en el Museo de las Civilizaciones Asiáticas en Singapur sobre el naufragio de un barco de la dinastía Tang (690-705) tiene muchos elementos que se proyectan hacia el comercio transpacifico, sus modalidades y condiciones. 

¿Qué nos enseña esta muestra en Singapur?


Los mares del Sudeste de Asia eran muy activos hace más de mil años, cuando Europa dormia en la oscuridad de la edad media y en América, por ejemplo, florecía la cultura Teotihuacana. Los primeros comerciantes que tocaron diversos puertos en regiones de la actual Malasia e Indonesia eran en su mayoría de procedencia árabe. Un producto muy atractivo era el incienso de Omán, entre muchos y variados productos que eran considerados exóticos y muy apreciados, como cuernos de rinoceronte, especias, o maderas olorosas. El tipo de embarcación variaba, pero en general eran navíos a vela como el de la ilustración, no más de 20 metros de eslora (largo del barco), impulsados por vela. 

Los elementos rescatados de aquel naufragio muestran una intensa relación entre puertos de diversas culturas y la variedad de productos sugiere que el barco siguió una ruta que partió  del sur de China, siguió por las costas de lo que hoy se conoce como Vietnam y Malasia; probablemente pasó por Singapur y encalló al norte de Java antes de dirigirse hacia la India. Aún más sorpendente es la posibilidad de que en el mismo navío había, además de la tripulación china,  probablemente comerciantes árabes o indios, conviviendo como en los modernos barcos comerciales.  Eso obliga a preguntarse ¿qué tan modernos son nuestros tiempos?

Traigo a colación este apunte porque permite resaltar la importancia del intercambio comercial en la región del sudeste de Asia antes de la llegada de los europeos en el siglo XVI. Es un ejemplo del marco cultural y económico que hizo posible la actividad de un galeón llegado desde el otro lado del Pacífico, la Nueva España, con un producto altamente deseado, la plata. Una perspectiva de largo plazo permite poner en contexto la importancia de la llegada de los portugueses a Malaca a principios del ese siglo, irrumpiendo en las rutas asiáticas y, medio siglo después, la llegada de los españoles a Filipinas. 

A los lectores de este blog les deseo felices fiestas y los mejores deseos para el 2016. En el año que viene procuraré ofrecer información más detallada y miradas asiáticas sobre el galeón de Manila.


Platos chinos para el comercio en el Sudeste de Asia e India.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Los remordimientos de la conquista


Para Eugenio Reyes.

Un nuevo libro sobre los inicios de la presencia española en Filipinas muestra una perspectiva diferente. Esta vez, los conquistadores se encuentran aislados literalmente en un mundo que desconocen: el archipiélago filipino, la variedad de sus pobladores, de sus tradiciones y de sus ritos. El puñado de conquistadores que llega a Cebú en 1565, bajo el mando de Miguel de Legazpi, con personajes como Andrés de Urdaneta y Martín de Rada, establecen una relación trans-pacífica, que saben será de enormes beneficios para la corona española. En 1571 se encuentran ya en Manila y están en abierto negocio con el mundo asiático, aún cuando no saben ciertamente de dónde provienen las maravillas que llegan a la capital española de Filipinas. Los chinos se encargan casi de todo en el comercio con China, pero también llegan embarcaciones numerosas del oeste, Malaca, India, Camboya y Siam.



La historia que cuenta Romain Bertrand en Les long remords de la Conquete, editado el mes pasado por Seuil, comienza con un hecho insólito en la extraña normalidad de Manila. El 29 de mayo de 1577, el joven casi niño Diego Hernández de Ávila, nacido en la Nueva España, comparece ante el Gobernador. En ese año no había un obispo y la Inquisición sería establecida hasta 1583. ¿Cuál es la preocupación para iniciar un juicio de tanta trascendencia, que debe ser documentada y llevada hasta España? Tal vez el adolescente fue hechizado por sirvientes nativos y en su sueño ve un mundo completamente desconocido. ¿Un caso de alucinación ante una poderosa droga? Los esclavos indios son acusados de hechicería, en un proceso difícil de definir, pues todo apunta a la complicidad de los propios españoles que abusan de los indígenas y conviven con ellos. Toda la información ha estado guardada por siglos en el Archivo General de la Nación en México, ramo Inquisición.

Escrita con pasión y fluidez, esta historia es una investigación académica de casi 600 páginas, donde la mitad se refiere a fuentes. El extraño episodio muestra un ambiente lleno de recelos políticos entre los españoles y de temor ante lo desconocido, particularmente el poder de la magia de los filipinos. El libro muestra con lujo de detalles los límites de una conquista que parece no tener fuerza. El mundo asiático que se congrega en Filipinas es extremadamente cosmopolita, y sin embargo, los conquistadores cuentan con pocos recursos para dominarlo.


Espero que este tipo de narrativa histórica pueda tener un buen recibimiento, en la medida en que ofrece mucha información y un trabajo serio de análisis. En el ánimo de las historias conectadas que proclaman historiadores como Serge Gruzinski o Sanjay Subrahmayan, el texto entreteje lo que sucede en Asia, en la Nueva España y en Europa, en esa primera globalización.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Seminario en Manila

En el marco de las celebraciones del 450 aniversario del arribo a Cebú, en Filipinas, de la expedición comandada por Miguel de Legazpi y Andrés de Urdaneta, la semana pasada tuvo lugar un seminario en Manila, con la presencia de expertos de diferentes partes del mundo. Un evento en el que destaca la presencia de investigadores mexicanos y filipinos en el tema de la incorporación de Filipinas al espacio imperial español, que comienza a retomar interés a nivel mundial, por las repercusiones que tuvo en la economía mundial. 

El seminario constó de cinco paneles dedicados a los aspectos técnicos de la navegación, ya que el descubrimiento de la ruta de regreso a América fue la suma de conocimientos geográficos y astronómicos en manos del padre Andrés Urdaneta. Como constantemente se ha insistido en este blog, el intercambio cultural que resultó de la conexión transpacífica tuvo alto impacto en ambas partes del Pacífico. El segundo panel se ocupó precisamente de dos rasgos que prevalecen tanto en América como en Asia: los textiles y las especies vegetales que fueron transportadas en la famosa carrera de galeones. El tema del intercambio cultural, arquitectónico y religioso fue tratado en el tercer panel, y en el cuarto se revisó el sistema de comercio. El seminario concluyó con diversas historias sobre el uso de medicamentos e información sobre puertos alternativos utilizados por la ruta del galeón.

Esperamos que las presentaciones puedan quedar pronto al alcance del público, principalmente a través de internet. Felicidades a los organizadores.
 

Panel 1 – Shipbuilding  and Naval History
“Naval history: Manila – Acapulco Galleon”
           Dr. Ivan Valdez, Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM , México

“The first and the last: the tale of two galleons, the San Pedro, 1565 and the Magallanes, 1817”
Dr. Augusto De Viana, University of Santo Tomas, Philippines

“De Sevilla a Manila: los socorros de Filipinas o como
acabar con el galeón (1613-1620)”
Dr. Thomas Calvo, El  Colegio de Michoácan, México

Shipbuilding”
                Mr. Xabier Agote, ALBAOLA La Factoria Maritima Vasca, Spain






 Panel 2 – Cultural Traces
“El flujo de plantas americanas en Filipinas a través del
Galeón de Manila”
Dra. Paulina Machuca, El Colegio de Michoacán, México

“Paralelismos entre los textiles artesanales tradicionales
de las Filipinas y México: un común pasado hispánico”
Prof. Amalia Ramίrez Garayzar, Universidad Intercultural Indίgena de
Michoacán, México

“Mexican Plants in the Philippines Courtesy of the Galleon Trade”
Mr. Pio Andrade, Philippines

“Cultural influences of the making of traditional textiles and garments between natives from Philippines and México”
Dra.  Claudia Rocha Valverde, El Colegio de San Luis, México


Panel 3 – Devotion
“La Virgen de Guadalupe patrona de dos pueblos hermanos”
Dra. Ma. Cristina E. Barrón Soto, Universidad Iberoamericana, México

“The Costs of Evangelization: Missionaries and the Galleons”
Prof. Grace Liza Concepcion, University of Asia and the Pacific, Philippines

“Church Architecture”
               Archt. Jorge Lóyzaga, México


Panel 4 – Routes and Trade
“Encompassing Comparisons and Global Conjunctures: Macau and the Manila-Acapulco Galleon (XVIIIth century)”
Dr. Manuel Perez-Garcia, Renmin University, China

“The Contrabandistas: Defenders of ‘Free Trade’ on the Manila-Acapulco Galleons”
Prof. Karl Friedrik Poblador, University of the Philippines

“Transcontinental Textile exchanges and the Compression of Space during the 18th Century”
Dr. Fernando Zialcita, Ateneo de Manila University, Philippines



Panel 5 – Stories of the Galleon
“Simples and Drugs: Medicine in the Galleons in the 18th Century”
Prof. Rhoda Wani Obias, University of the Philippines

“The Galleon’s First Port of Call and Last Stopover:
Historical Notes on the Galleon Port of Palapag, Northern
Samar”
Mr. Ian Christopher Alfonso, National Historical Commission of the Philippines

“Los desafίos de la lectura de la historia: el caso del
Galeón Manila-Acapulco”
Dr. Tomás Calvillo, El Colegio de San Luis, México

"Business and Friendship: A Spanish Merchant's Ties in Late Eighteenth-Century Manila"
Dra. Marya Svetlana Camacho, University of Asia and the Pacific






viernes, 23 de octubre de 2015

Las promesas del extranjero

Acabo de leer el libro The Promise of the Foreign, escrito por el doctor Vicente L. Rafael, profesor de historia de la Universidad de Washington.  Se trata de una aproximación al complejo tema del idioma español en Filipinas durante la última etapa del dominio español en las islas. El estudio gira principalmente en torno a las dos novelas que hicieron famoso al héroe nacional filipino José Rizal (1861-1896). El título podría traducirse como la promesa de lo extranjero, pero me he permitido titular esta entrada del blog de forma más directa, señalando a un ente que ha tenido una carga muy grande en la historia del pueblo filipino: el extranjero, lo extranjero.

El libro examina el inicio del nacionalismo filipino en la útlima decada del siglo XIX.  La lucha de un puñado de intelectuales conocidos como Ilustrados comenzó por demandar cambios en la administración colonial, perfilando la posibilidad de establecer cierta autonomía en las islas. En 1896 estalló un movimiento independentista radical, conocido como Katipunan (asociación en idioma tagalog) dirigida por Andrés Bonifacio, Teodoro Plata, Ladislao Diwa. La reacción del gobierno español fue violenta y tuvo como primera víctima a José Rizal, quien era prisionero del régimen. Fue fusilado el 30 de diciembre de 1896, dejando una marca imborrable en la memoria del pueblo filipno.

Si bien Rizal no estaba al tanto de la insurrección, sus opiniones y publicaciones tuvieron gran influencia en el movimiento independentista de Filipinas. Su dos novelas, Noli me Tangere y el Filibustero, fueron ampliamente reconocidas como inspiradoras de un espiritu nacional filipino, escritas en idioma español. Vicente L. Rafael hace referencia a este hecho contradictorio. Hablar el idioma de los colonizadores podría ser un vehículo de afirmación, pensaban los Ilustrados, que colocaría a Filipinas en el mismo nivel que la metrópoli. Paulatinamente, esa idea se modificó ante la insensibilidad de la administración colonial, y su desprecio por la cultura filipina. Creció en la generación de José Rizal la idea de la independencia y parte de esa situación fue el estallido de 1896. 

El resto de la historia es más dramático. El inicio de la guerra Hispano-Estadounidense de 1899 frenó en seco cualquier posibilidad de independencia de Filipinas, que pasó a formar parte del imperio emergente. Con un sólo zarpazo, Estados Unidos anexó Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Durante la primera mitad del siglo XX, el pueblo filipino fue sometido por los nuevos dueños, su cultura y su idioma. De la historia de Cuba y Puerto Rico, los lectores de este blog seguramente tienen mejor conocimiento.


El libro de Vicente L.Rafael nos explica lo que fue una promesa no cumplida: el empleo del idioma español como lengua unificadora de Filipinas, un país que no logró la independencia deseada, sino muchas décadas más tarde, después de la segunda guerra mundial, y bajo un dominio políitco y cultural totalmente diferente. El idioma inglés se convirtió en el medio de comunicación e hizo que el español prácticamente se olvidara. 

En este blog hemos hablado de la obra y de la personalidad de José Rizal así como de la herencia del idioma español en Filipinas. La historia de las islas comenzó a ser contada en el siglo XVI en idioma español y aún hoy es la fuente de información más importante para su estudio histórico. VIcente L. Rafael ha sido uno de lo académicos que mejor ha estudiado la complejidad del proceso de "traducción" de la cultura española y de la religión católica, así como del asentamiento de la lengua extranjera, el Castilla, en la cultura del archipiélago. El idioma español fue visto como una promesa de modernidad. Para los Ilustrados filipinos era una oportunidad de colocarse en un circuito internacional; de ser reconocidos. El obstáculo, ya se dijo, fue la administración corrupta e incapaz de entender las aspiraciones locales. La iglesia filipina fue también una barrera para la transformación de las islas. El imperio español vivía sus útlimas décadas en clara descomposición.

Un capítulo que me pareció de mucho interés es el que se refiere al género de la comedia popular, que se presentaba en los pueblos de FIlipinas en las lenguas locales en el siglo XIX. Era una copia un tanto burda del teatro español, incluídos temas de aquella literatura, pero con la intención de entretener al público filipino. Para varios analistas, la baja calidad de aquella obras no merecía un análisis detenido. Sin embargo, Vicente L. Rafael revisa con atención el sentido simbólico de aquellas obras y el impacto popular que tuvieron. Eran de hecho la forma de apropiación de la cultura colonial española, de sus paisajes, de sus personaje y de sus giros de lenguaje, que causaban el deleite de la población filipina.  Podemos imaginar el movimiento trashumante de las compañías de actores que recorrían las islas;  algo similar a lo que fue en su momento también la expresión de la carpa cómica en las ciudades del México de los años 30. Ninguno de los dos géneros sobrevivieron a los cambios que se avecinaban, pero son testimonio de la vida cultural activa y creativa de ambos pueblos.

Debo agradecer, muchos años después, el regalo del doctor Kenneth Mill, de la Universidad de Toronto, quien me entregó con este libro un estímulo más para comprender un poco más de la cultura filipina.

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Vicente L. Rafael,  The Promise of the Foreign. Nationalism and the Technics of Translation in the Spanish Philippines, Durham and London: Duke University Press, 2005.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Nueva España y el Pacífico

Interesante hecho que el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México ha planeado para octubre varias actividades en torno a la relación de la Nueva España y el Pacífico.  En la entrada anterior de este blog informamos del curso-taller sobre la expansión portuguesa en el Pacífico, que tendrá lugar el 15 de octubre. Pues ahora damos cuenta de un ciclo de cinco mesas redondas, los días 13 y 14, en torno a la conexión de Nueva España y el Pacífico Asiático.





Es un programa realmente variado y atractivo, con ponentes de primera línea, españoles, japoneses, mexicanos y portugueses. Para que se animen, estas son las ponencias que se darán en los dos días del seminario:

Martes 13 de octubre.

Mesa 1. La expansión ibérica. Modera: Carlos Martínez Shaw.
  • Salvador Bernabéu Albert. Descubrimientos y desventuras del primer galeón del Pacífico: "San Jerónimo (1566)."

  • Francisco Roque de Oliveira. Metageografías de Asia en las descripciones geográficas y la cartografía portuguesa del siglo XVI.


Mesa 2.  Propuestas y descripciones comerciales. Modera: Carmen Yuste.
  • Marina Alfonso Mola. El Comercio entre China, México y España. El memorial de Horacio Levanto (1620-1622).

  • Guadalupe Pinzón.  La expedición neerlandesa de 1747: un intento inglés y holandés por comerciar con Nueva España.


Mesa 3. Intercambios culturales. Modera: Guadalupe Pinzón.
  • Rie Arimura. Arte de las órdenes mendicantes: interacciones entre el imperio español y Japón.

  • Iván Escamilla. Nueva España como puente transoceánico del imperio español en el discurso criollo del siglo XVIII.


Miércoles 14 de octubre

Mesa 4. Redes y contactos externos al Galeón. Modera: Marina Alonso.
  • Rui Manuel Loureiro. El impacto de la transición Ming-Qing en el mundo ibérico utlramarino.
  • Etsuko Miyata. Estructura y red comercial entre Asia y América durante los siglos XVI y XVII: Intervención portuguesa en el Galeón de Manila.
  • Alberto Baena Zapatero. El comercio de mercancías en los barcos de la Armada que hicieron la ruta directa entre Manila y Cádez a través del Cabo de Buena Esperanza (1765-1784).

Mesa 5. Manila como eje articulador del comercio asiático y americano. 
              Modera: Salvador Bernabeu.
  • Carmen Yuste. Las correspondencias de riesgo en las ordenanzas de la Casa de la Misericordia de Manila, siglo XVIII.
  • Carlos Martínez Shaw. El informe del Consulado de Manila sobre la situación económica de Filipinas en 1788. 

Para mayor información, consultar la página del Instituto aquí.


martes, 8 de septiembre de 2015

Expansión Portuguesa




El galeón que viajaba de Manila a Acapulco formó parte de una red mucho más amplia, mundial, que tenía su contraparte por el lado de la India. Cuando asumimos esta complejidad comprendemos mejor la riqueza del intercambio con Asia, no meramente comercial, sino cultural, que le dio forma a nuestro mundo contemporáneo.

La expansión de Portugal, a partir del siglo XV, y el establecimiento de la Carrera de la India, dió un impulso notable al comercio entre Asia y Europa. Así, cuando los españoles ocuparon Filipinas, a partir de 1565 (Cebú) y con la fundación de Manila en 1571, se "cerró el círculo" en el cual el comercio quedaba en manos de dos reinos ibéricos: España y Portugal. 


En 1580, Felipe II de España obtuvo también la corona de Portugal, por lo que durante 60 años, los destinos de aquel comercio con Asia quedaron a merced prácticamente de un sólo poder unificado. 

Todo este preámbulo es para invitar a las personas interesadas en el tema "Expansión portuguesa e intercambios comerciales y culturales ibéricos por el Pacífico (siglos XVi-XVIII)" a que participen en un seminario impartido en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. La jornada académica se realizará el jueves 15 de octubre y contará con investigadores de primer nivel, españoles, portugueses y mexicanos.

Para mayor información, consultar la página:

http://www.historicas.unam.mx/eventos/2015/curso_expansion_portuguesa.html
 

sábado, 15 de agosto de 2015

Una historia regional

Hace pocas semanas me trasladé nuevamente dentro de Asia, y ahora desde Singapur seguiré escribiendo esta bitácora.  Continuaré tecleando notas sobre las distintas facetas de la relación histórica de los pueblos a través del Pacífico, ahora en búsqueda de más información sobre la mecánica del comercio en el Sudeste de Asia, su historia y la riquísima cultura de sus pueblos. Todo ello, sobra decir, tuvo influencia también en la formación cultural en América hispana, a raíz de los intercambios del Galeón de Manila.


La estratégica isla de Singapur está situada en la punta sur de la peninsula malaya, en el centro de lo que se conoce como Sudeste de Asia.  En términos históricos la región al sur de China y al este de la India ha tenido varias denominaciones y muchas interpretaciones. Los chinos llamaron Nan Hai (Mar del Sur) a la zona. Los europeos anglosajones se ahorraron términos y la llamaron "Más allá de la India" (Further India). A una parte en tierra firme que incluye Vietnam, Camboya y Laos (no Tailandia, por cierto), los franceses la denominaron "Indochina" (Indochine). Sin embargo, debido a la dinámica de las corrientes marítimas y las temporadas de monzones, también es ampliamente conocida como "La tierra detrás de los vientos". Este término, tan impreciso como todos los que desean abarcar mucho espacio, me gusta y además por su evocación de aventuras suena más romántico.

Para introducirse en la zona, el trabajo de Anthony Reid es de gran interés. En múltiples estudios, el historiador australiano ha pintado un gran mural de la región, escapando de la tradición de las historias locales. Para subrayar la importancia de este esfuerzo, cabe recordar que portugueses y españoles comenzaron a escribir sus impresiones sobre la región desde el siglo XVI. Un siglo después vinieron holandeses e ingleses, y más tarde los franceses. En cada enfoque hay matices, grados diferentes del interés colonialista, y el cúmulo de información que proporcionan decenas de autores europeos tiene la intención de describir lugares, recoger leyendas, conocer las riquezas locales, para apropiarse de ellas. Al final, lo que se tiene son capítulos parciales ("nacionales") en diferentes idiomas, pero hasta la segunda guerra mundial no había una historia regional.

En su obra magna, Southeast Asia in the Age of Commerce (1988), Anthony Reid escribe:

El propósito de este estudio es sugerir de qué manera la historia total puede ofrecer importantes asuntos para ser analizados en los dos siglos previos al establecimiento de la hegemonía comercial holandesa en el Sudeste de Asia. En tanto que lo permitan las fuentes, me concentraré en aquellos elementos distintivos y en los cambios que más afectaron a la población en general, más que a los dirigentes y extranjeros que jugaron tan importante papel en las crónicas públicas. Frecuentemente, estos son cambios de larga duración discernibles sólo si se observa el gran fresco que es amplio en tiempo y en espacio, con un ojo siempre pendiente para localizar desarrollos comparables en otras partes del mundo. Estas prioridades determinan que debemos comenzar con las estructuras y las limitaciones que hicieron del Sudeste de Asia una región, y posteriormente movernos a los cambios que hicieron lo que he llamado "la era del comercio", un período tan crítico para los pueblos detrás de los vientos, como para la mayor parte del mundo.



Por la precisión del texto, continúo en extenso la cita de Reid:


En el período en que el Capitalismo y el Renacimiento transformaban a Europa, fuerzas extraordinarias también actuaban en el Sudeste de Asia. La expansión del tempo del comercio magnificó el tamaño y el papel de las ciudades cosmopolitas. Se formaron estados y se fortalecieron en las ciudades, y formas seculares de pensamiento y cultura florecieron dentro de éstos.
Eventualmente, en el siglo XVII, la penetración comercial europea estableció un monopolio eficiente, cuyo efecto no fue el fortalecimiento sino la supresión de la vida urbana y comercial indígena, de tal forma que muchos de estos procesos fueron revertidos abruptamente. Se pide al lector que se despoje de estereotipos como el del Oriente inconmovible o un espacio decadente. La edad del comercio generó tantos cambios en el Sudeste de Asia como en Europa, aunque de ninguna manera en direcciones iguales.

A esta definición de objetivos habría que agregar el impacto que tuvo la relación con América. Tal como hemos venido ilustrando en este blog, tagalos, malayos, indios, siameses, camboyanos, mindanaos, llegaron a Nueva España y Perú principalmente. Muchos de ellos simplemente fueron clasificados como chinos. Productos de la región y técnicas indígenas se fundieron en nuestras culturas, desde la comida hasta el vestido. Espero que los lectores sigan la ruta de La Nao Va, ahora en las aguas del sudeste de Asia.
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Anthony Reid. Southeast Asia in the Age of Commerce, 1405 -1680. Silkworm Books, Bangkok, 1988.

viernes, 10 de julio de 2015

El Galeón de Manila y los flujos de plata

Siempre es útil hacer una recapitulación del trabajo que hacemos. En esta bitácora reviso la miscelánea de temas que salen del enorme arcón del Galeón de Manila, conforme a donde nos conduce la información. No obstante, Francisco Moreno nos propone esta vez una revisión más amplia de la temática del comercio en una perspectiva de tres siglos. Para ello ha preparado un texto que resume mucha información que estoy seguro será del agrado de los lectores.


Imágen de Aquapolque, o Acapulco, por Theodor de Bry



 El Galeón de Manila y los flujos de la plata, por Francisco Moreno, disponible aquí

lunes, 6 de julio de 2015

Juan Grau y Montfalcón

Hemos venido hablando de las propuestas formuladas por diversos personajes para mejorar la situación económica del sistema imperial español. Iniciando con los arbitristas, que hacían públicas sus propuestas con la intención de hacerlas llegar a los administradores más elevados en Madrid, hasta funcionarios encargados de regiones específicas, en este caso Filipinas, quienes también ofrecían sus ideas para resolver problemas de tipo económico. En esta ocasión hablaremos de una propuesta que tuvo importante acogida en el Consejo de Indias hacia 1640. El promotor de las ideas de cambio fue el Procurador General de las Filipinas en 1635, Juan Grau y Montfalcón, en un documento de 136 páginas, con 85 propuestas (1). 

El documento fue resumido por el autor, cinco años después de su propuesta original, en una versión para el Consejo de India que contiene cuatro puntos:

1. "(...) en qué cantidad y en qué forma ha de correr de aquí adelante el Comercio de aquellas islas." 
2. "(...) sí será conveniente, que la permission de que hoy gozan, a sí en la traída de las mercaderías como en el retorno de la plata, se les crezca y aumente." 
3. (...) sí han de comprender en la cantidad del permiso de las mercaderías, las que son propias de las Islas o se han de entender en solas las de la China." 
4. (...) sí se ha de abrir el comercio del Perú a Nueva España, como solía hacerle, por el da;o que suspenderse resulta a las Philipinas y Nueva España."

En lo que podría considerarse una pieza valiosa de análisis geopolítico, Juan Grau y Monfalcón aduce sobre estos temas:
"Las Islas Philipinas son precisamente necesarias. Lo primero, para aumentar la predicación evangélica. Lo segundo, para conservar la autoridad, grandeza y reputación de esta Corona. Lo tercero, para defender las Islas del Moluco y su contratación. Lo cuarto, para sustentar la India Oriental. Lo quinto, para aliviar de enemigos las Occidentales. Lo sexto, para quebrantar la fuerza de los holandeses, ayudar la de las dos coronas de Castilla y Portugal. Lo séptimo, para amparar el comercio de la China para ambas."
Este memorial fue presentado al obispo Juan de Palafox a su llegada a México, para comenzar una acción exhaustiva de revisión del comercio con Filipinas. El prelado estuvo en América de 1640 a 1649 con la doble función de obispo y visitador, por lo que tomó muy en serio entre sus tareas favorecer la relación con el Oriente, como hemos intentado mostrar en un ensayo publicado recientemente en la revista de Historia Novohispana No. 52, de la UNAM. 



Regresemos atrás en el tiempo, para explicar la importancia de estas propuestas.

Desde el inicio del comercio a través del Pacífico, 1565, se siguió una línea práctica, dedicada a responder a las necesidades de comerciantes, viajeros y funcionarios. Podría calificarse de política errática, que abrió oportunidades para muchos atrevidos que cruzaron gratis el océano y comenzaron a hacer fortuna en Filipinas. También permitió abusos, especialmente contra los filipinos, a quienes se obligaba a prestar sus servicios a los recién llegados (españoles, criollos mexicanos y varios más) bajo dos criterios: que los indígenas recibían educación religiosa y que la prioridad de la colonia giraba en torno a las necesidades del galeón. Al final del siglo XVI la corona intentó corregir esta anarquía y comenzó una ciclo continuo de ajustes por medio de cédulas reales que tenían poco efecto real en la mecánica comercial. En 1593 se decidieron nuevas regulaciones para el comercio conocidas como Permission (así, en español antiguo).  Eran los años iniciales y todo obedecía a un espiritu de exploración y prueba.  


El sentido general las regulaciones de 1593  atendían  cuatro aspectos:

        -periodicidad anual de las navegaciones, dos galeones cada año.

         -carga máxima de 300 toneladas

         -navíos, aparejos vituallas y salarios correrían por cuenta del erario real

         -implantación de la permissión, lo que de manera práctica eran licencias de comercio.

La historiadora Carmen Yuste explica en su Introducción al libro publicado en 1736 por Antonio Álvarez de Abreu (2) que el comercio con Oriente se concentró entre Filipinas y Nueva España. "(...) ante la imposibilidad de administrar directamente Las Filipinas debido a la lejanía, la metrópoli cedió a la Nueva España esta función, y si bien le impuso el envío del situado anual a las Islas, permitió por otro lado el establecimiento de un comercio intercolonial que habría de dar grandes beneficios a la Nueva España. Los productos que por este comercio se introducían eran básicamente telas -de algodón y sobre todo sedas-, especias -canela, clavo y pimienta- y productos de loza y marquetería que encontraron en el mercado novohispano una gran demanda. El comerciante filipino, por su parte, compraba productos propios de la Nueva España, mercancía europeas llegadas por Veracruz y extraía cantidades considerables de plata".

Prosigue la doctora Yuste: "Estas características del tráfico comercial entre Las Filipinas y Nueva España provocaron la oposición continua de los monopolistas andaluces, ya que los colocaba en una situación desfavorable. En primer lugar, porque los beneficios de este tráfico muy pocas veces lllegaban a ellos. En segundo, porque el galeón era un fuerte competidor de la flota española, que cargada de mercancías europeas entraba por Veracruz. Y por último, porque si en un principio los comerciantes novohispanos mantuvieron intereses comunes con los comerciantes andaluces, lograron mediante el comercio directo con Las Filipinas un poder económico que les permitió imponer condiciones a los flotistas. Además, no debemos olvidar la importancia de Manila como centro del comercio oriental, a la cual llegaban todos o casi todos los mercaderes asiáticos a realizar sus transacciones. Estas transacciones se hacían, la mayoría de la veces, por el intermedio de la plata que recibían los filipinos de Nueva España. Ello provocó también la oposición del comercio andaluz, que si bien veía en Las Filipinas un gran mercado, encontraba por otra parte en ellas un punto de escape de la plata americana que por mediación de los chinos y otros grupos orientales llegaba a ingleses y holandeses, potencias comerciales interesada en el mundo asiático."

En suma, los intereses religiosos, económicos y políticos que movilizaban al imperio, así como la amenaza de las potencias del norte de Europa en aguas asiáticas, motivaron al Consejo de Indias a tomar en consideración la propuesta formulada por Grau y Montfalcón. Otro asunto es que hayan logrado sus propósitos.
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(1) Memorial dado al Rey en su Real Consejo de las Indias por D. Juan Grau y Montfalcón, procurador general de las islas Filipinas, sobre las pretensiones de la ciudad de Manila y demás islas del Archipiélago en su comercio con las Nueva-España. Afortunadamente el documento está en línea. También una traducción al inglés. 

(2) Alvarez de, Abreu. Extracto Historial del Comercio entre China, Filipinas y Nueva España, Vol.  1 de 2 tomos. México: Instituto Mexicano de Comercio Exterior, 1977. Introducción, notas y arreglo del texto por Carmen Yuste. pp. 9-13. En este libro se compendian los primeros 150 años de legislación del comercio del Pacífico. El libro de Alvarez fue traducido al inglés por Emma Blair en The Philippine Islands, Vol XXX

Creo importante resaltar que ya es muy difícil encontrar la colección del IMCE, dirigida por el doctor Enrique Florescano, en la que aparecieron publicados muchos e interesantes textos para el conocimiento del comercio desde la época prehispánica, la Nueva España y la etapa independiente. Sería muy útil que en el ámbito universitario y gubernamental se hiciera el esfuerzo para editar una nueva colección para beneficio de las nuevas generaciones de investigadores de la historia y de la economía de México.

jueves, 2 de julio de 2015

Duarte Gomez Solís, comerciante portugués

En las entradas anteriores hemos tocado el tema de las propuestas de reforma económica que proliferaron en España en el siglo de XVII, algunas de ellas relacionadas con Filipinas. En esta ocasión mencionaremos a uno de los arbitristas más conocidos y por cierto más citados en los trabajos históricos sobre el tema: Duarte Gómez Solís. Se trata de un personaje especial pues, además de ser portugués de origen, fue cristiano nuevo, es decir, que él o sus padres habían abandonado el judaísmo. No deja de resultar un tanto extraño pues en el contexto de persecución religiosa y de celosa búsqueda de la pureza de sangre, Duarte Gómez lograra incrustarse plenamente en la sociedad no sólo portuguesa sino en los principales círculos de la corte española. 

Nos informa Natan Wachtel, uno de sus biógrafos modernos, que Duarte Gómes (o Gómez) Solís nació en Lisboa en 1561, en una familia rica de comerciantes y banqueros. Sus padres salieron de Portugal y Duarte pasó su infancia en Medina del Campo, España, ciudad famosa por sus ferias comerciales. Tal vez sus padres emigraron a causa de algunos problemas con la Inquisición. ¿Habrá practicado del judaísmo en secreto, como muchos de sus contemporáneos? es dificil saberlo, pero ciertamente tuvo la capacidad de ocultarlo y presentarse como un convencido católico.

Comenzó su carrera en 1585 como comerciante en la costa oeste de la India. Navegando hacia Goa, al bordear la costa de África, la nave naufragó en la costa de Mozambique, y fue capturado por pobladores locales. Sin embargo, pudo llegar al puerto de Goa, que era un punto muy importante de la red comercial portuguesa en Asia. Ahí logró el cargo de administrador general del comercio de la pimienta, uno de los productos más preciados de todo el tráfico comercial de Asia en aquel momento. Llegó a ser un estrecho colaborador del gobernador, Manuel de Sousa Coutinho, pero cuando el virrey Matías de Albuquerque ocupó el cargo en 1592, Gómez Solís fue detenido y enviado de vuelta a Lisboa, acusado de irregularidades financieras. En Portugal fue absuelto y regresó a Goa en 1593, donde continuó su carrera hasta 1601. Regresó a Europa y ahí vivió hasta su muerte en 1632, a la edad de 71 años. En total, Duarte Gomes Solís navegó cuatro veces alrededor del Cabo de Buena Esperanza. Cabe mencionar que las condiciones de los viajes eran tan inciertas en aquel momento que sufrió dos naufragios, fue capturado por africanos y fue víctima de piratas ingleses.


Comerciantes portugueses de la época

Al regresar a la península en 1604 casó en Lisboa con la hija de uno de los banqueros más ricos de Portugal, Heitor Mendes Brito. Seguramente, el fruto económico y las experiencia acumuladas en India rinderon suficiente para instalarse en la península como un hombre con recursos y respetado. Vivió en Madrid hasta 1610 cerca de la corte del rey, donde emprendió la carrera de arbitrista. Como hemos mencionado,  la palabra arbitrio combina los diversos significados de asesoramiento o quien ofrece una opinión, medidas o  acciones convenientes. A principios del siglo XVII, cientos de estos proyectores pululaban en la corte con propuestas para las curar todos los males sociales y económicos de España.  Duarte Gómez Solís escribió dos obras importantes sobre política y economía, además de otras piezas cortas:

  • 1622, Discursos Sobre los Comercios de las dos Indias (dedicado al rey Felipe IV).

  • En 1628 publica Alegación en favor de la Compañía de la India Oriental, y Comercios ultramarinos (dedicado al Conde-Duque de Olivares).

La segunda obra es sorprendente, pues propone la creación de una entidad comercial similar a la Compañía Holandesa de de las Indias Orientales, que ha sido calificada como la primera corporación moderna por acciones. El modelo de negocios de la VOC (Vereenidge Oostindische Compagnie) significaba toda una novedad para la época, en oposición al monopolio del Estado español, que controlaba las rutas comerciales en Asia, en particular la ruta del galeón de Manila. Para un observador con tanta experiencia como Gómez Solís, la idea habrá resultado especialmente atractiva, aunque en la corte española fue desechada. Al paso del tiempo también aquel modelo del norte de Europa declinó por muchas razones, pero algunos historiadores han querido ver en la política comercial ibérica de aquel momento, contrapuesta a la eficiencia holandesa e inglesa, la razón de la temprana decadencia del imperio español. 

Los razonamientos expresados por Gómez Solís ofrecen muchos elementos de estudio sobre la mecánica del comercio en Asia y sobre la operación del galeón de Manila, para la historia de las ideas económicas ibéricas y la estructura política del imperio. La propuesta de que el comercio quedara en manos de expertos y no de aristócratas resultaba muy atrevida, pero no tanto como la de que debería darse una especie de amnistía a los ricos comerciantes cristianos nuevos para ayudaran a fortalecer los lazos económicos del imperio en todos los dominios ibéricos (que en aquella época,  se extendía prácticamente a todo el planeta). Desde su perspectiva, el comercio libre era un mecanismo para ventilar la economía, lo cual se contrapone al pensamiento bullionista, que recomienda la acumulación de metales preciosos. ¿Adelantado a su tiempo o más bien el imperio no estaba preparado para escuchar sus osadas propuestas?

Wachtel comenta que ninguno de los dos libros menciona el lugar en el que fueron impresos.Además, "entre el primer libro y el segundo, el autor se ha convertido en Caballero Noble de la Casa del Rey". Estos detalles sugieren que las obras fueron publicadas por el autor y quizás sin el permiso requerido de la Inquisición. El título de "Caballero Noble de la Casa del Rey significa que incluso si el consejo de Duarte Gomes Solís no siempre fue tan influyente, su personalidad era bien vista", añade Wachtel. 


Con frecuencia  Duarte Gómez Solís se disculpa por su torpeza, insistiendo que es comerciante y no erudito. Sin embargo, sus razonamientos dan evidencia de que era un hombre cultivado: con frecuencia se cita a los historiadores de las conquistas portuguesas, João de Barros y Damião de Gois; muestra un gran conocimiento geográfico y menciona los autores de la antigüedad griega y romana. Algo notable es que ambos libros están dirigidos al rey Felipe IV en Madrid (quien gobernó de 1621 a 1640). Era una circunstancia especial el hecho de que Gómez Solís escribiera en español y en la capital del imperio; lo que se explica porque desde 1580 y hasta 1640 las coronas de España y Portugal estaban en poder de los Habsburgo.

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Wachtel, Nathan. The Faith of Remembrance: Marrano Labyrinths. Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2013.