Se cumple un sueño

La salida de la Nao Andalucía desde Sevilla
Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.
El acontecimiento es resultado de meses de intensos preparativos de la nave, construida por la Fundación del mismo nombre, que logró movilizar el interés de múltiples partes para su construcción, en el marco de un proyecto que incluye la capacitación de navegantes y la creación de un museo flotante.
Por aquel entonces Pedro de Alvarado, capitán de Cortés y conquistador de Guatemala, que visitaba España, se reunió con Urdaneta y obtuvo una patente para el descubrimiento del Mar del Sur.
Al volver a México, Alvarado celebró un acuerdo con el virrey de Mendoza para llevar a cabo una empresa conjunta. El arreglo se formalizó en el tratado de Tiripetío, firmado el 29 de noviembre de 1540.
De allí atraversaron a la isla de Japón, que está en 32 °, hay de ella a Ningpo ciento e cincuenta leguas, córrese casi Este-Oeste. Es tierra muy fría, y por la costa los pueblos que vieron son pequeños, y en cada isla hay un señor, y el rey de todos no supo decir a dó residía. La gente de estas islas es bien dispuesta, blanca e barbada, no tienen yerba como en el archipiélago de las Filipinas; pelean con varas, que en las puntas tienen puestos clavos agudos, no tienen espadas ni lanzas; leen y escriben como los chinos, y en la lengua parecen alemanes. Tienen muchos caballos en que andan; las sillas no tienen arzón trasero, y los estribos son de cobre. La gente labradora se viste de paño de lana, que parece estameña, ques de la manera de la (que) Francisco Vázquez halló la tierra dó fue; y los principales visten sedas, damascos, rasos y tafetanes.
Las mujeres son en gran manera muy blancas y hermosas. Andan en cabello, vestidas a manera de castellanas, de paño o seda, conforme a su estado. Las casas son de piedra y tapia, por dentro encaladas, los tejados de teja a nuestro modo, con altos y ventanas y corredores. Tienen todos los bastimentos, ganados y frutas que en la tierra firme. Hay mucha azúcar. Tienen halcones y azores con que cazan, no comen vaca. Es tierra de muchas frutas, en especial de melones. Labran la tierra con bueyes y arados, traen calzado de cuero, y en las cabezas traen capeletes, como albaneses, de cerda, quítanselo los unos a otros por cortesía. Son islas de muchas pesquería. La riqueza que tienen es plata, la cual tienen en barretas pequeñas. (3)
Poco después, en el lejano Absburgo, los Fúcares entablaban una demanda en contra de la Corona Española por 3, 946, 939 maravedíes que cubrían los gastos durante las expediciones a las Molucas.
(...) en la primera vista que lo vi, sentí en mí una decha de amor que me atravesó el corazón que de ahí en adelante siempre me pareció que era imposible a mi poder vivir apartado de su santa conversación. Y con todo eso aquella hora resistí al Espíritu Santo que me llamaba.
"Las expediciones holandesas desde la Florida, el Caribe, y las costas del Golfo de México y de Centroamérica, se reflejaron en la cartografía. Con el tiempo, los resultados de estas incursiones, junto con las de ingleses y franceses, arrebataron a la corona española los privilegios de haber colonizado el Nuevo Mundo; pero, sobre todo, la despojaron del beneficio que le acarrearon sus riquezas naturales."
Los portugueses en todas sus expediciones militares llevaron siempre misioneros -nos dice Patricia Ponce-, en este caso los primeros fueron franciscanos, pero eran un puñado insignificante para tan inmenso y dilatado campo de apostolado. Lo franciscanos se establecieron en Goa en 1517 y posteriormente en Cochín, Meliapur, Salsete y Calicut; los siguieron los dominicos.
Un antecedente muy importante fue la presencia de franciscanos nestorianos en India. Los nuevos misioneros trataban sin embargo mostrar una visión diferente, ortodoxa, del pensamiento cristiano, preocupados como estaban por las desviaciones que se observaban en Europa a raíz de la presencia del protestantismo.
Francisco Javier viajó a la India con la investidura de Nuncio apostólico, una especie de regente religioso subordinado a la corona portuguesa, por lo que estaba constreñido por el poder político-militar lusitano y al mismo tiempo tenía la facultad de movilizarse casi a su antojo por todos los territorios conocidos. Esta es la parte más sorprendente y destacada de su obra: el constante desplazamiento en sólo diez años, de 1542 a 1552.
Ahora, al navegar mares verdaderamente redondos y adentrarse en tierras insospechadas, su conciencia dio un vuelco. No sólo era necesario replantear la cosmología y la cartografía, sino que era preciso recomponer la imagen de las especies vegetales y animales. Y volver a interrogarse sobre la naturaleza y el destino de los humanos.
¿Qué significaba en terminos de los planes divinos (en el sentido de la historia) la existencia de pueblos que se habían desarrollado al margen tanto de la estírpe abrahamica como del paganismo clásico? ¿Qué contornos debería poseer la nueva familia de los creyentes? ¿Era necesario para incorporarse a ella adoptar los modales culturales europeos: era preciso aprender a hablar con Dios en latín o en portugués para recibir la salvación ofrecida por el Evangelio? ¿Estaban los neófitos obligados a hacer tabla rasa de la propia memoria, renunciar a toda filiación, arrojar por la borda todos los valores que habían inspirado a sus amados ancestros desconocedores de la plena revelación?