sábado, 17 de octubre de 2009

El Tratado de Zaragoza


El 22 de abril de 1529 se firmó un acuerdo entre las coronas portuguesa y española para reordenar la propiedad sobre los territorios en Asia. Con la firma de Don Joao III y Carlos V se estableció en el Tratado de Zaragoza una línea de demarcación de polo a polo de las "posesiones" de ambos imperios en Asia.



La forma rudimentaria de medir esta línea se hizo con conocimientos imprecisos acerca de la localización de los territorios; tres siglos antes de que se pudiera medir la longitud o distancia que existe entre cada meridiano.

El Tratado dispone el trazo de una línea imaginaria de polo a polo, a partir del 19° hacia el Noreste por el Este desde las Molucas. Esa línea concedia a Portugal en términos reales, obviamente desconocidos en ese momento, una longitud de 187° frente a los 173° de España. Más allá de esa demarcación el soberano español no podía afirmar su dominio, ni comerciar, ni navegar.

Se estableció una cláusula de salvaguardia en caso de que los científicos futuros establecieran nuevos parámetros y las Molucas estuvieran más allá de la línea antimeridiano (la antípoda de Brasil) el tratado perdería su vigencia. Podría hablarse más bien de una hipoteca, donde España reconoce el dominio portugués sobre aquellas islas.

En términos monetarios, la corona portuguesa pagó 350,000 ducados, una cifra menor a la exigida originalmente por España, por un millón de ducados. En términos políticos, la corona española ganó tiempo para sus planes de expansión en Asia, como lo demostró cuatro décadas más tarde, con la expedición de Legaspi-Urdaneta en 1564-65.

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Este acuerdo fue antecedido por diversos momentos de choque entre ambas coronas en el ámbito asiático, comenzando con la llegada de la armada de Magallanes a las islas de la Especiería, donde ya estaban instalados los portugueses. Esta situación hizo comprender a los españoles (o al menos a los administradores de la corona en España) que no podrían superar a los portugueses en la región sin antes garantizar una vía de acceso desde el Pacífico. Por ello resulta interesante asomarnos a las crónicas de aquellos viajeros, como Magallanes, pues nos permitirá comprender la visión que tenían los ibéricos del conjunto del mundo.

El Tratado de Zaragoza encierra varios elementos de importancia estratégica, pues en los hechos se consuma como el primer tratado europeo sobre el Pacífico. Como se ha mencionado, es el reconocimiento implícito de España de la serie de fracasos en la expediciones para acceder a las islas de la especiería tanto desde Europa como de América.

Más aún: el Tratado representa el hecho histórico de que Carlos V puso en la balanza su visión geoestratégica como emperador, más que como rey de España: sacrificó a las Molucas para mantener su poderío global y el equlibrio de sus enormes gastos en las guerras europeas del siglo XVI con Holanda, Inglaterra. En cuanto al rey de Portugal, el acoso de la piratería francesa en contra de los bastiones portugueses en Brasil y Guinea también le impulsaban a llegar a una tregua con su vecino español.

Según Diaz-Trechuelo se tomaron en consideración diversos elementos de la política europea para firmar este tratado:
  • La unión en los hechos de las coronas española y portuguesa por medio del matrimonio de Carlos I de España con Isabel de Portugal, celebrada el 11 de marzo de 1526 "al reforzar los lazos familiares que unían a las dos Coronas, creó un ambiente propicio al acuerdo en el espinoso tema de las Molucas". Estos vínculos de sangre serían utilizados una generación más tarde con la absorción de Portugal por España, bajo el reinado de Felipe II, como veremos más adelante.
  • Para el emperador español la tregua con Portugal aliviaba las presiones a las que era sometido por muchos de sus rivales en el resto de Europa.
  • En el primer cuarto del siglo XVI era evidente que la ruta del Pacífico tendría demasiadas dificultades y no era posible competir en ese momento con los portugueses, que habían logrado reunir ventajas en el conocimiento marítimo, comercial y militar en sus propios dominios asiáticos. Esto fue cierto hasta el descubrimiento de la Tornavuelta en la segunda mitad del dieciseis, gracias al viaje de Legapi-Urdaneta.
De esta forma, las Molucas comenzaron a desvanecerse en el escenario del Pacífico, para regresar al ámbito del comercio del océano índico, a su filiación asiática. Los portugueses continuaron con su propósito de dominar el comercio, principalmente de especias, en la región hasta que llegaron los holandeses e ingleses.

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O.K. Spate. The Spanish Lake.

Lourdes Díaz-Trechuelo. El Tratado de Tordesillas y su proyección en el Pacífico, Universidad de Córdoba. Revista Española del Pacífico, No. 4, año 1994. Consultada el 25 de septiembre de 2009.
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