Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

viernes, 30 de abril de 2010

Soñar con Asia

Desde el inicio de la conquista de América, la historia de la Nueva España estuvo jaloneada por extremos de mito y profesía. La gran expectativa de colonizar un nuevo espacio desconocido alimentaba el interés por desplegar la obra misionera en el "nuevo" continente, pero sin dejar de pensar en el mítico Cathay que buscaba Colón.

No podía escapar de esa visión el imaginario misionero, sobre todo el franciscano, que llevó consigo una concepción mileniarista del mundo, abrigando la posibilidad de redimir a todos los hombres en el mundo antes del final de la historia. Los franciscanos que llegaron a la Nueva España estaban impregnados de un intenso misticismo y, de acuerdo a Francisco Morales, estaban un tanto alejados del mundo académico.
Los iniciadores de la misión franciscana en México pertenecen a este último grupo. Envuelto en corrientes del reformismo español de los últimos años del siglo XV y principios del XVI, el grupo básico de esa misión pertenecía a la custodia de San Gabriel, con sede en Extremadura, origen de la corriente más estricta del franciscanismo español del XVI.
Su ideal misionero nació en un cotexto de lucha por un estilo de vida basado en dos notas fundamentales: radicalismo evangélico y eremitismo contemplativo. El objetivo concreto de ese ideal es, en sus orígenes, un tanto vago, pues bien pude referirse a la misión entre los moros recién conquistados en el sur de España, a la de los pueblos descubiertos en la misteriosa América, o a los pueblos de Oriente, un anhelo, al parecer permanente en la orden.
Entre los portadores de esta concepción del mundo se encontraba el ya citado Martín de Valencia, originario de la provincia de León, que llegó con los primeros doce misioneros franciscanos a América. Durante su estancia en México jamás cejó en el deseo de alcanzar China, que en su mente era el lugar más apropiado para la evangelización. Comenzó a gestarse la idea de que los pueblos americanos nos estaban a la altura de lo que podrían rendir los pueblos asiáticos.

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Francisco Morales, OFM, De la utopía a la locura. El Asia en la mente de los franciscanos de Nueva España: del siglo XVI al XIX, en Órdenes religiosas entre América y Asia. Ideas para una historia misionera de los espacios coloniales. Elisabetta Corsi, Coordinadora. El Colegio de México, 2008, p65.

jueves, 29 de abril de 2010

Contratiempo

Aún con la más moderna tecnología, las embarcaciones contemporáneas enfrentan las eternas situaciones meteorológicas que dificultan la navegación. Si acaso, ahora es posible preveer el clima y ubicar las naves vía satélite, pero la fuerza de los vientos obliga a buscar refugio y a cambiar de planes.

Esto es lo que sucedió entre el 28 y el 29 de abril al galeón Andalucía, al que los vientos en la zona del Mar Rojo, frente al cuerno de África, le ha obligado a buscar abrigo en el puerto de Sudán.

En cuanto se reanuden las condiciones de travesía, la nave reiniciará su recorrido y hasta el momento no se espera un retraso para su arribo a China. De inmediato tomará rumbo al estrecho de las lágrimas, un espacio de poco más de 30 kilómetros que separa África de la península Arábiga. En árabe es conocido como Bab el-Mandeb, traducido también como puerta de las lamentaciones. Un romántico nombre que recuerda el dolor de los naufragios que han sucedido en la zona.

Suerte a los navegantes.

domingo, 25 de abril de 2010

Mito y leyenda

Reflexionemos un poco acerca del mensaje que hemos escuchado por siglos respecto a la evangelización católica en Asia, iniciada por portugueses y españoles en el siglo XVI.

La imagen de Francisco Javier domina claramente el panorama de aquella época, con su férrea voluntad por llegar a China y Japón. Pocos ponen en duda su capacidad para iniciar una obra duradera que tuvo sus mejores momentos a lo largo de un siglo de presencia jesuíta en esas naciones. Sin embargo, sería necesaria colocar un poco, sólo un poco, de realismo para observar la evolución posterior que tuvieron aquellas civilizaciones; en especial la china, que apenas fue tocada por la presencia del cristianismo militante.

La grandes civilizaciones asiáticas siguieron su camino como culturas basadas en una cosmogonía propia, extremadamente compleja, que adora a los ancestros y a un orden divino distinto al que se venera en Occidente. Sus estructuras sociales, culturales y políticas fueron suficientemente fuertes como para recibir y en algunos casos asimilar la influencia externa, sin sufrir un cambio radical en sus formas de vida.

Una joven académica de la Universidad de la Rioja aborda este tema cuando analiza las relaciones hispano japonesas en el siglo XVI. Sus observaciones son de interés para el conjunto de la relación de Europa y Asia. Además aporta en su texto un tono saludablemente provocador:

Sangre, mártires por la fe, gloria eterna, ínfulas de un imperio grandioso al que todas las naciones del mundo temen y envidian al mismo tiempo... Ésta es la sensación provocada en cualquier persona que se acerque a la literatura que versa sobre las relaciones hispano-japonesas durante los siglo XVI-XVII, aquel tiempo que ha sido llamado -obviamente, de manera pretenciosa y triunfalista- el Siglo Iberico nipón.

Este pretendido siglo cristiano dio comienzo en 1543 con la llegada de una pequeña embarcación portuguesa a las costas de Japón tras un naufragio. En efecto, a partir de entonces, los contactos entre Oriente y Occidente dejaron de ser casuales, y se estableció una relación continuada de tipo económico, religioso, diplomático e incluso cultural entre la península ibérica y la región asiática.

Para fines del siglo XVI, Castilla y Portugal ya habían perdido el monopolio de la navegación, y los ibéricos cedieron paso a las nuevas potencias marítimas en el liderazgo por el descubrimiento de nuevas tierras. Holanda e Inglaterra comenzaron a merodear por el Pacífico. El caso de Japón, los gobernadores evaluaron las nuevas posibilidades que aquellos visitantes les brindaban.

El llamado Siglo Ibérico (1543-1643) concluiría, en el caso de Japón, de una manera trágica con la rebelión de Shimabara de diciembre de 1637 a abril de 1638. Según numerosos autores, el hecho de que ésta tuviera lugar en una zona preferentemente cristiana, fue determinante para que el Shogun dictara el último y definitivo decreto anticristiano, que puso fin por razones obvias al contacto con las naciones católicas.

Sin embargo, Japón no quedó cerrado al mundo por completo. Permitió a Holanda el comercio a través de una nave anual, práctica que continuaría durante toda la era Tokugawa, hasta que con la Restauración Meiji (1864) Japón volviera a tener contactos con el resto de los países. De cualquier forma, la clausura nipona tampoco fue total, ya que siguió manteniendo relaciones con parte de China y Corea.

Agrega la investigadora que, en el siglo XX aparecieron numerosos estudios que rabasaron las interpretaciones tradicionales; por desgracia todos ellos demasiado parciales, o demasiado ligados a la historia de cada orden religiosa.

Los jesuitas toman la pluma para tejer loas y guirnaldas a sus grandes misioneros, empezando por San Francisco Javier; los franciscanos, para cantar orgullosos las glorias de sus hermanos muertos por la fe; y otro tanto, ya en tono menor, les ocurre a los dominicos y los agustinos, sin que falten en sus páginas, algunas veces acaloradas y con frecuencia demasiado apologéticas, piques y pullas en un debate en el que, a fin de cuentas, a todos les asiste la razón. Pocos ha elevado su vista más allá, esforzandose por completar el panorama en su conjunto.
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Ainhoa Reyes Manzano, "Mitos y leyendas sobre las relaciones hispano-japonesas durante los siglos XVI-XVII". Cuadernos de investigación histórica, No. 29, 2005, pp.53-76, Universidad de la Rioja.

domingo, 18 de abril de 2010

Haifa

Hablando del galeón Andalucía: el pasado viernes 16 de abril llegó a su segunda parada, el puerto de Haifa, en Israel, después de haber tocado Malta. Lleva recorridos más de 3,700 kilómetros desde España.

La embarcación, que funciona también como un museo naval, sirve para el conocimiento actual de lo que fue la enorme empresa marinera española de los siglos XVI a XVIII. Fue creada para contruibuir a la Exposicion Universal de Shanghai y al propio tiempo se construyó con modernas tecnologías de navegación. Es una réplica de un galeón, con alma ambientalista.


Visitantes de Israel en el galeón Andalucía

Vale la pena seguir la bitácora del galeón, escrita por sus tripulantes.

Su siguiente etapa es llegar al cercano puerto de Said, en Egipto, para ingresar al canal de Suez.

Producción de galeones

Un lector de este blog pregunta respecto al galeón Andalucía, que fue construído en Huelva y actualmente hace un recorrido rumbo a Shanghai, China:
¿ Por qué no se ha intentado hacer una réplica exacta totalmente en madera utilizando la técnica de la época? Este no tiene valor histórico ninguno, sólo vale para hacer películas.
Mi respuesta es de índole histórica y económica. La corona española abusó de los recursos naturales de sus propios pueblos en la península, construyendo navíos de alguna forma ineficientes y que, al cabo de pocas décadas, dejaron en situación precaria a las poblaciones que se dedicaban a producirlos. Esto es cierto tanto para los astilleros gallegos y vascos, como para los mexicanos y los filipinos. El uso de maderas de enormes proporciones, muchas de ellas consideradas preciosas como la caoba, dieron al traste con las reservas forestales de la época. ¿Para qué repetir ese dispendio?

Por otra parte, la tecnología empleada servía de poco para enfrentar los retos del océano. La vida útil de un barco variaba mucho según cuáles fueran los servicios que prestaba. Era la excepción que algún navío, de los que hacían largas travesías, durara quince o más años, con frecuentes reparaciones.

Un estudio de la marina mercante holandesa muestra que la mayoría de las embarcaciones tenía una vida activa de cinco a diez años (1).

En el lado del Atlántico, el viaje conocido como la Carrera de Indias, cada embarcación podía realizar cuatro o a lo sumo cinco viajes de ida y vuelta. Se destinaban entonces a otras tareas menos desgastantes, en rutas cortas.

Un costo oculto era el mantenimiento, que generalmente recaía en las arcas de la Corona, o para decirlo en breve, del complejo financiamiento de plata proveniente de América, con aspectos inflacionarios e improductivos. Ello llevó de algún modo a la bancarrota a España.

Gracias al lector anónimo por esta pregunta.
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(1) Wilfred Brulez, Shipping Profits in the Early Modern Period, Acta Historiae Neerlandicae, 14, 1981, pp 67-68.

sábado, 17 de abril de 2010

Franciscanos

Con frecuencia se alaba la labor de los misioneros jesuitas en Asia, sobre todo por la emblemática travesía de Francisco Javier, el santo misionero por excelencia. No obstante, la orden franciscana tuvo un importante papel que llevó a una vinculación estrecha la obra educativa y de propaganda religiosa en América y Asia.

En la perspectiva franciscana existen raices sobre el concepto misionero que se remotan a la edad media, época de su fundación en Europa (Francisco de Asís, 1182-1226). En aquél período dió inicio el contacto misionero europeo con Asia. Giovanni di Pian Carpine y Guillermo de Rubruk, franciscanos , llegaron a las puertas del imperio chino.


La imagen de los 12 franciscanos que llegaron el 13 de mayo de 1524 a San Juan de Ulúa, en Nueva España. Portada de la catedral metropolitana de la ciudad de México.


Los primeros franciscanos que llegaron a México contaban como cabeza de misión a fray Martín de Valencia, superior de la provincia de San Gabriel, acompañado por Francisco de Soto, Martín de Jesús (de la Coruña), Juan Suárez, Antonio de Ciudad Rodrigo, Toribio de Benavente (Motolinía), García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Francisco Jiménez. Además, dos frailes legos, Andrés de Córdoba y Juan de Palos.

Martín de Valencía trataría de realizar alrededor de 1534 la primera expedición misionera en tierras asiáticas desde la Nueva España, pero fracasó en su intento, por falta de recursos y por su excesiva edad. A pesar de ese fracaso, el deseo de "conquistar China" en el aspecto religioso siguió siendo un "ardoroso deseo" de muchos misioneros que pisaron territorio americano.

Padroado Portugués

La estrecha unidad entre el poder político y la labor misionera fue característica de la expansión portuguesa iniciada en el siglo XIV. La estrecha interdependencia de la iglesia, la sociedad y el estado, hacía natural que los príncipes consideraran que su principal tarea era expandir la fe cristiana, al mismo tiempo que ampliaban sus dominios y fortalecían su comercio. Pero las armas de los principes no son las mismas que las de los santos y por ello fue necesario confiar en un cuerpo especializado de misioneros para dedicarse a la propaganda de la fe cristiana.

El fenómeno puede ser visto también desde la óptica de una herencia medieval directamente relacionada con las cruzadas. Si bien la última fue en 1269 contra Túnez, el pensamiento guerrero-religioso siguió presente en la mentalidad imperial ibérica (portuguesa y española por igual) como lo demuestra la expulsión de los árabes en 1492.

Como hemos apuntado, la creación del Padroado en el caso de Portugal y del Patronato en España reunían en una sola estructura las peores formas del europeísmo, la unión entre la misión y el imperialismo colonial.

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Por ello resalta como un aspecto modernizante para la época la propuesta jesuíta, que encontró un ambiente propicio en Portugal. Si bien la orden religiosa se fundó en España, por españoles, en la etapa sucesiva encontró el cobijo necesario con la corte portuguesa.
La efectividad de la nueva orden en la corte portuguesa de Joao III estaba basada en las buenas relaciones con la Reina Catalina de Austria, quien a la muerte de su esposo, en 1557, se convirtió en la regente de su hijo de tres años, Sebastiao. Cuando renunció en 1562, la regencia recayó en el infante Enrique, que había sido inquisidor general de Portugal y nombrado Cardenal en 1540. El era aún más favorable a los jesuitas que la reina y escogió a un miembro de esa orden para tutor del principe.
En 1568 Sebastiao llegó a la mayoría de edad y las relaciones con los jesuitas se hicieron todavía más estrechas, fortalecidas por el sentimiento del rey de ser "Capitán de Dios", "idea fija que se fue transformando poco a poco, en la orgullosa convicción de estar predeterminado a grandes cosas".
Éstas no incluían el matrimonio, puesto que huía de la compañía femenina, sino un plan para la reconquista del norte de África, concebida bajo la influencia de sus consejeros jesuitas. Eventualmente fue vencido y muerto el 4 de agosto de 1578, en la batalla deAlcázar Kebir.Este asunto coincidió con desastres jesuitas similares en el sur de Kyushu, en Japón.
La guarda pretoriana de la Contrarreforma, apunta Lothar Knauth, aunque efectiva en la corte y altamente estimada por el Papa y la curia romana, órganos que estaban de acuerdo en sus conceptos de una jerarquía pre-ordenada, tendría que acostumbrarse a luchar a la retaguardia en el campo de batalla abierta.
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Lothar Knauth, Confrontación Transpacífica. UNAM, México, 1972, pp. 95-96.

domingo, 11 de abril de 2010

El Andalucía llega a Malta

El galeón Andalucía llegó al puerto de Malta, en medio del Mediterráneo, y aquí se muestra el abanderamiento del barco, una antigua tradición medieval que aún se conserva en todos los puertos del mundo.

El recorrido de Málaga a Malta es 2,144 kilómetros, lo que ha permitido demostrar la capacidad de navegación del gaelón. Si su camino hubiera sido hacia el Atántico, como en "la carrera de España", esta primera etapa lo colocaría más o menos en las islas Canarias, un paso antes de entrar en el infinito azul rumbo a América.

jueves, 8 de abril de 2010

Japoneses en Jalisco

Acuso recibo de un bello libro recientemente editado por la Universidad de Guadalajara, escrito por Melba Falck Reyes y Héctor Palacios, acerca de una historia fascinante: la de Juan de Páez, comerciante avecindado en la capital de Jalisco, a principios del seiscientos, de origen japonés, procedente de Osaka.

La acuciosa investigación arroja información documental valiosísima sobre los orígenes de este personaje y su integración a la sociedad novohispana.

En la contraportada, los autores señalan:

La sociedad novohispana, y tal vez todavía más la tapatía, era en el siglo XVII, cosmopolíta a un grado que nos resulta difícil de entender hoy en día, pues su vertiente urbana procedía de cuatro continentes. La presencia de asiáticos -llamados a menudo "chinos"- era común: su puerta de entrada en los dominios hispanos era por Filipinas, entonces una auténtica colonia de México. Entre ellos hay uno que otro japonés, y que las fuentes más diversas documentan. Pero esta información es a veces escueta, muy fragmentada, permite un tratamiento sobre todo estadístico, de destinos anónimos, sin el soplo vital y el correr de la sangre.

No obstante, en el caso de la investigación ahora publicada, Juan de Páez y su suegro Luis de Encío aparecen como personajes reales, plenamente documentados "como si se tratara de cualquier tapatío de la élite".

Y esta es la novedad: los dos inmigrantes japoneses, uno tras otro, tuvieron una promoción social poco común. Páez se pudo codear con los principales mercaderes, terratenientes, alto clero de la ciudad; acabó siendo el hombre de confianza de todos: albacea de muchos de ellos, y mayordomo de la catedral desde 1645 hasta su muerte en 1675.
Un libro que encierra una historia personal y muchas historias entrelazadas a las que se suman las vicisitudes de la investigación a lo largo de muchos años. Esperemos que este tipo de trabajo académico prolifere a fin de dar cuenta de una enorme cantidad de archivos olvidados.

Felicidades a los autores.

domingo, 21 de marzo de 2010

Zarpa la Nao Andalucía

El domingo 21 de marzo de 2010 zarpó la Nao Andalucía del puerto de Sevilla, rumbo a la Feria Mundial de Shanghai.
El acontecimiento es resultado de meses de intensos preparativos de la nave, construida por la Fundación del mismo nombre, que logró movilizar el interés de múltiples partes para su construcción, en el marco de un proyecto que incluye la capacitación de navegantes y la creación de un museo flotante.

La experiencia de visitar un navío del siglo XVII ha sido compartida por miles de personas en España y pronto lo será también en China. Esperemos que algún día pueda llegar a puertos mexicanos.

Enhorabuena.

viernes, 12 de marzo de 2010

La ruta de Villalobos

La expedición de Ruy López de Villalobos, de 1542 a 1545, enfrentó en todo momento la dificultad de entrar a una zona vedada por la partición estratégica entre España y Portugal. Concitó la resistencia de los lusitanos instalados en las islas de la especiería y, sobre todo demostró, por quinta ocasión, que nada podría hacer España para dominar Asia sin encontrar una ruta de regreso hacia América. Habrían de pasar dos décadas para que esto sucediera.

Los marineros españoles que regresaron por la vía portuguesa sufrieron una tremenda humillación, que no perdonarían.

Sin embargo, dos hechos fundamentales se derivaron de esta expedición: los primeros atisbos acerca de Japón y la incorporación de nuevos misioneros a la corriente jesuíta que comenzaba a dominar la región.

Un estudio acucioso de la expedición se encuentra en la revista Anales de Derecho, de la Universidad de Murcia, Número 23, 2005, pp. 249-292, escrito por José María Ortuño Sánchez-Pedrero.

La expedición de Villalobos

Dejé hasta este momento la información sobre una importante expedición efectuada entre 1542 y 1545 por Ruy López de Villalobos porque en cierta forma constituye una excepción respecto al impulso conquistador encabezado por Hernán Cortés y la prudencia mostrada por la corona española en la mitad del siglo XVI. La siguiente información está tomada de Lothat Knauth (1). Recomiendo leer también la obra de Juan Gil (2).

En 1537 Andrés de Urdaneta, uno de los sobrevivientes de la expedición de Loaisa, informó a Carlos V sobre las condiciones de las Molucas.
Por aquel entonces Pedro de Alvarado, capitán de Cortés y conquistador de Guatemala, que visitaba España, se reunió con Urdaneta y obtuvo una patente para el descubrimiento del Mar del Sur.
Al volver a México, Alvarado celebró un acuerdo con el virrey de Mendoza para llevar a cabo una empresa conjunta. El arreglo se formalizó en el tratado de Tiripetío, firmado el 29 de noviembre de 1540.
Debido a que Alvarado murió a raíz del levantamiento indígena en el Bajío, el virrey escogió a su pariente Ruy López de Villalobos como capitán de esa expedición, con una tripulación de trescientos setenta hombres. En uno de los barcos que zarparon los primeros días de noviembre de 1542, iban el contador Guido de Lavezares y seis miembros del clero; cuatro agustinos, dirigidos por el padre Jerónimo de Santisteban, y dos curas, que más tarde por complicaciones de la expedición se unirían a los jesuítas que operaban en la India.

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Cabe destacar en este momento la participación de un sacerdote, Cosme de Torres (1510-1570), quien había llegado a la Nueva España dos años antes, en 1540, junto con el impetuoso capitán Pedro de Alvarado.

Originario de Valencia, fue ordenado sacerdote y obtuvo un cargo magisterial en Valencia, Mallorca y Ulldecona. A los 28 años decidió marchar a Nueva España, acompañando a un franciscano que murió poco después de llegar a Veracruz; por ello, Cosme de Torres llegó solo al monasterio de la órden seráfica de San Francisco en la ciudad de México, en donde los frailes lo recibieron y le pidieron que tomara el hábito, "porque en ello haría grande servicio a Dios para enseñar Gramática a los frailes y también a los mozos de la tierra indíigenas, que lo hay muy hábiles para eso".

Cosme de Torres decidió en cambio aceptar un cargo de capellán, lo que lo mantenía libre de sujetarse a una orden monástica. Cuando se anunció la expedición a las Molucas resolvió ir "contra la voluntad de todos aquellos señores y señoras los cuales tenían más amor que si fuera su hijo carnal" (Schurhammer, citado por Lothar Knauth). Cosme de Torres jugaría un papel muy importante en la etapa final de la misión de Francisco Javier en Japón.

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Después de permanecer en Mindanao, en el sur de Filipinas (o como denomina Villalobos a esas islas: Cesarea Caroli), la expedición se dirigió a Ternate, en las especierías, donde se adentraba a una zona en litigio entre españoles y portugueses.
 
Amboina, donde murió Ruy López de Villalobos el 4 de abril de 1546, asistido espiritualmente por Francisco Xavier, quien visitaba la región como Nuncio del Papa en Asia. Imagen tomada de Ambon Map Wikipedia.
 

El misterio de Japón

Mientras la flota de Villalobos se encontraba en Tidore tuvieron noticias, por informes del portugués Diego de Freitas, de las islas Ryukyu. Más tarde llegaron informes provenientes de la cercana Ternate, que un tal Pero Díez (¿Pedro Díaz?), español de Galicia, había vuelto de Borneo en un barco japonés. Villalobos pidió más informes y Díez escribió una carta en la cual relataba cómo en mayo de 1544 había partido de Patani, al sur de Tailandia, rumbo a Ningpo y Nanking, en China.

García de Escalante, cronista de la expedición, preparaba un informe al soberano en los siguientes términos:
De allí atraversaron a la isla de Japón, que está en 32 °, hay de ella a Ningpo ciento e cincuenta leguas, córrese casi Este-Oeste. Es tierra muy fría, y por la costa los pueblos que vieron son pequeños, y en cada isla hay un señor, y el rey de todos no supo decir a dó residía. La gente de estas islas es bien dispuesta, blanca e barbada, no tienen yerba como en el archipiélago de las Filipinas; pelean con varas, que en las puntas tienen puestos clavos agudos, no tienen espadas ni lanzas; leen y escriben como los chinos, y en la lengua parecen alemanes. Tienen muchos caballos en que andan; las sillas no tienen arzón trasero, y los estribos son de cobre. La gente labradora se viste de paño de lana, que parece estameña, ques de la manera de la (que) Francisco Vázquez halló la tierra dó fue; y los principales visten sedas, damascos, rasos y tafetanes.
Las mujeres son en gran manera muy blancas y hermosas. Andan en cabello, vestidas a manera de castellanas, de paño o seda, conforme a su estado. Las casas son de piedra y tapia, por dentro encaladas, los tejados de teja a nuestro modo, con altos y ventanas y corredores. Tienen todos los bastimentos, ganados y frutas que en la tierra firme. Hay mucha azúcar. Tienen halcones y azores con que cazan, no comen vaca. Es tierra de muchas frutas, en especial de melones. Labran la tierra con bueyes y arados, traen calzado de cuero, y en las cabezas traen capeletes, como albaneses, de cerda, quítanselo los unos a otros por cortesía. Son islas de muchas pesquería. La riqueza que tienen es plata, la cual tienen en barretas pequeñas. (3)
El gallego decía haber visto en esa isla muy poco oro, pero grandes cantidades de hierro y cobre, pero había encontrado a unos portugueses que venían de las islas Ryukyu, que según dijeron, eran ricas en oro y plata, con unos habitantes fuertes y con apariencia de guerreros. El informe de Pero Díez, escrito en español, fue la primera relación de un español sobre el Japón.

Los españoles, incapaces de mantener su posición en las Molucas, se rindieron a las demandas de los portugueses y estuvieron de acuerdo en volver a España a través de territorio portugués. Rumbo a Malaca, en Amboina, conocieron a Francisco Javier, misionero de los nativos. En este sitio murió Villalobos en los brazos del que sería el primer santo jesuíta.

Para el 22 de enero de 1547 el agustino Gerónimo de Santiesteban informó al virrey de Mendoza, desde Cochin en el sur de la India, que de los trescientos cincuenta miembros de la expedición de Villalobos, sólo ciento diez y siete habían llegado a la Malaca portuguesa. Gran parte de los españoles conoció en diciembre el informe que Jorge Álvarez envió a Francisco Javier sobre el Japón recién descubierto. Lothar Knauth resume lacònicamente el fracaso de esta expedición:
Poco después, en el lejano Absburgo, los Fúcares entablaban una demanda en contra de la Corona Española por 3, 946, 939 maravedíes que cubrían los gastos durante las expediciones a las Molucas.
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(1) Lothar Knauth. Confrontación Transpacífica. El Japón y el Nuevo Mundo Hispánico, 1542-1639. (México: UNAM. 1972), p.36.

(2) Juan Gil. Mitos y Utopías del Descubrimiento. Vol. 2. El Pacífico. (Sevilla: Athenaica, 1989).

(3) García de Escalante Alvarado. Viaje a las Islas del Poniente. Estudio Preliminar de Carlos Martínez Shaw. Editorial Universidad de Cantabria, col. Difunde # 57: Cantabria 4 Estaciones. 2015.

El título original de la obra de García de Escalante Alvarado es Relación del Viaje que hizo desde Nueva España a las Islas del Poniente, después Filipinas, Ruy López de Villalobos de orden del Virrey de Nueva España, Don Antonio de Mendoza. Fechada en Lisboa el primero de agosto de 1548.