Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

domingo, 10 de mayo de 2009

Padrinos y Compadres

Rafael Bernal señaló varias condiciones para la fijación de palabras españolas (muchas con tonos mexicanos) en el habla cotidiana de Filipinas. Una de ellas, fundamental, fue la presencia de hombres del pueblo, no de las élites, que llevaban sus costumbres y gustos. Ya aludimos al hecho de que en Filipinas se consume maíz pero no tortilla, debido a que sería impensble que hombres mexicanos, la mayoría soldados, se hubiera dedicado a esa laboriosa prepación del alimento nacional, algo que por siglos se ha obligado a hacer a las mujeres.

"El mexicano que entraba en la vida filipina diaria, afectó también las relaciones familiares. De México, por ejemplo, vino la institución del compadrazgo, no tan sólo como una relación extrafamiliar, a la manera de la iglesia, sino como un lazo de enorme fuerza entre individuos y familias, que afecta profundamente la estructura social y hasta la política. En contra de la costumbre europea cristiana de que cada niño tiene un padrino de bautismo, en México y Filipinas se extendió el número de padrinos, hasta abarcar la mayor cantidad posible de personas.  Hay padrinos de bautismo, de confirmación, de primera comunión, de boda, de velación, de la casa nueva, del primer diente, etcétera".

A la vez la relación de mayor importancia no se estableció entre el padrino y el ahijado, sino entre el padre del ahijado y el padrino, esto es, entre los nuevos compadres. En esta forma, la relación se hizo mcho más estable y de mayor fuerza, ya que se formó entre gente en la misma etapa de la vida y dentro del mismo límite de edad. Tanto en México como en Filipinas existe la tendencia de escoger padrinos ente la gente de importancia, de ser posible de más alta categoría social o económica que los padres del ahijado. Al principio, en ambos países los hijos y, por lo tanto, como compadres a alguno de los conquistadores o de los españoles de importancia, y es frecuente ver que el bautizado adopta el nombre del padrino. Es claro que la relación más importante que se buscaba en este sistema, no era la del ahijado niño con el padrino, sino la del compadrazgo. 

La práctica llegó a tales extremos que en 1599 la Audiencia de Manila tuvo que prohibirle a los chinos que vivían en extramuros de la ciudad que sirvieran como padrinos a los hijos de los tagalos. Se consideró que la fuerza del parentesco que se estaba creando, podía poner en peligro la seguridad de la sociedad española de las islas. Así, desde aquellos tempos ya se observaba la importancia política del compadrazgo y en la actualidad en Filipinas se podría usar el dicho mexicano: No le pido a Dios que me haga Presidente, sino que haga a mi compadre" 

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Rafael Bernal. México en Filipinas. Estudio de una transculturación. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas. Serie História No. 11. México, 1965. pp. 121 -122.

miércoles, 6 de mayo de 2009

El Siglo de Oro

El pasado lunes 4 de mayo la Biblioteca Nacional de España, en coordinación con la Biblioteca Virtual Cervantes, abrió un nuevo portal electrónico dedicado al teatro del Siglo de Oro, disponible en: http://teatrosiglodeoro.bne.es/es/Presentacion/index.html

Se trata de una colección en línea de 36 mil 224 páginas facsimilares y 710 copias o manuscritos de 44 destacados dramaturgos de la época. A través del sitio se podrá acceder a las obras autógrafas de autores como Tirso de Molina, Juan Ruiz de Alarcón, Miguel de Cervantes, Carlos Sigüenza y Góngora, Francisco Quevedo, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Baltazar Gracián, San Juan de la Cruz, Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León.

El coordinador del proyecto, Germán Vega García-Luengos, catedrático de la Universidad de Valladolid, señala que “el teatro español del Siglo de Oro fue compartido por todos los territorios del mundo hispánico al tiempo que logró una enorme expansión hacia otras literaturas y culturas, lo que supone, uno de los grandes capítulos de la dramaturgia universal y del pasado cultural de Occidente”.

“El repertorio conservado lo integra un volumen de textos que son sólo una parte de los originados por la fuerte demanda de espectáculos teatrales de un público de extracción muy diversa. En su tiempo, esta pasión en los escenarios produjo un tráfico enorme de manuscritos entre escritores, copistas y comediantes. También entre lectores, dado que el género teatral, cuyo destino genuino era la representación, se convirtió también en objeto preferente de lectura”.

“Esta afición secundaria, fue atendida por las imprentas que, conscientes de las posibilidades comerciales del teatro, sacaron al mercado miles de obras, ya agrupadas en formato de libro o por partes”.
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Curioso que se le llame Siglo de Oro pues, bien visto, el Siglo XVII en Occidente estuvo marcado por una crisis de larga duración caracterizada por las dificultades del vasto imperio español para controlar todas sus posesiones. España se volvió el centro de Europa debido a la expansión de su poderío mundial; una Europa que vivía en estado de guerra constante (en esa centuria sólo se vivieron cuatro años de paz completa), mientras que en el otro lado del Atlántico emergían, vigorosas, nuevas sociedades surgidas de la violenta conquista realizada un siglo atrás.

Un siglo, en fin, señalado por la crisis económica y social; dominado por la contrarreforma religiosa y el absolutismo, pero también por el estallido luminoso del arte y la cultura barroca. Paradójico pues que un siglo tan convulso pasaría a la historia, precisamente por esa razón cultural, como el Siglo de Oro.

Al abordar los temas del galeón debe pensarse también en la experiencia cultural de aquellas generaciones que transitaron físicamente a lo ancho y a lo largo del imperio español, de Sevilla a Veracruz, de Acapulco a Manila, del Callao a Panamá, y que en un trecho histórico de más de 150 años vivieron en la época barroca. El significado de este contexto cultural es muy relevante porque se refiere a la forma que tenían para percibir su realidad, a su contacto con formas de representación cultural y por supuesto a una cotidianeidad compleja y llena de incertidumbre.

martes, 5 de mayo de 2009

Michoacán (2)

El espacio geográfico de Guerrero y Michoacán está definido por la Sierra Madre, que genera dos zonas hidrográficas aledañas: una interna en la que corre el rio Balsas, o por su viejo nombre Zacatula, y otra externa, que da hacia el mar. Las exploraciones españolas presionaron a principios del siglo XVI para lograr un acceso al Pacífico. De este modo, aunque la ruta privilegiada por varias décadas siguió siendo el camino a Huatulco, en el sur y el puerto de Navidad, en el noroeste, las expediciones rumbo al continente asiático salieron de la Barra de Navidad y una vez que se estableció el tráfico regular la corona escogió la bahía Acapulco, por ser puerto profundo y de abrigo.

La presencia asiática en los estados actuales de Guerrero y Michoacán constituye un importante filón de estudio que requiere sin embargo la conjunción de muy variados instrumentos analíticos. Esta zona es conocida en Guerrero como la Costa Grande y en la parte michoacana Tierra Caliente. En esta tierra difícil, caliente y seca ha fructificado una de las mejores cepas de la cultura mexicana, producto de luchas persistentes entre las que debe destacarse a los negros cimarrones, fugitivos, que poblaron la zona en abierta resistencia al abuso virreinal, pero también a los marinos filipinos que se integraron al modo de vida de los indígenas locales. Por las barreras raciales de aquella época la combinación entre españoles y los demás grupos era un tanto difícil aunque no inexistente. En esta vasta región,
donde la costa es grande y la tierra caliente
la población indígena tenía varios origenes, aztecas, purépechas, chontales, tuxtecas, mazatecos, mixtecos, amuzgos. En lo que hoy es Guerrero se localizaban reinados de origen nahuatl y olmecoides. Fue esta una zona de contención y abierta disputa entre los reinos tarasco y azteca. Ello implica también matices en el tipo de aculturación de nuevos grupos poblacionales a partir del siglo XVI.En la gran región michoacana, dominada por los tarascos convivían negros y mulatos en diversas áreas tanto en barrios, haciendas y reales de minas. Ante el maltrato de hacendados y mineros se dio el caso de decenas de esclavos negros que escapaban a las zona más inhóspitas para vivir en libertad. Es interesante señalar aquí la respuesta negra a la esclavitud, que a lo largo de los siglos XVI y XVII fue violenta, propiciando la huída de los esclavos y creando “palenques” o lugares de cimarrones. Los primeros brotes de rebeldía se sucedieron desde el inicio de la Colonia y continuaron hasta la Independencia.

En cambio la respuesta asiática podría calificarse como pasiva, aunque explicable en razón de lo que arriba se ha señalado: eran pequeños grupos o simplemente individuos aislados. Una segunda razón de porqué el grupo filipino se integró más fácilmente que los negros es que ya venían de Asia con rudimentos del idioma español. Tercero, las costumbre y tradiciones del México indígena, incluyendo la sumisión por deudas y el trabajo obligatorio en la comunidad (el tequio mexicano) eran de algún modo similares a la experiencia asiática, en particular la malayo-filipina.


Gonzálo Aguirre Beltrán señala que “en el período de 1519 a 1650 la Nueva España recibió por lo menos 120 mil esclavos, o dos tercios de todos los africanos importados dentro de las posesiones españolas en América.

Resistencia y exilio

El 4 de noviembre de 1588, un grupo de datus o jefes de diversos pueblos filipinos, fueron denunciados por haber preparado una insurrección contra los abusos de los españoles en las islas. Seis años antes, desde 1582, aquellos líderes de los barangay habían elevado sus quejas ante el rey de España por los excesos que se cometían contra su soberanía y contra la población indígena, a pesar de que esas comunidades habían aceptado ser vasallas de la corona. El trabajo esclavo, la expropiación de las cosechas y la venta forzada de mercancías a los pueblos, a costos inflados, eran parte de la lista de quejas expuestas ante las autoridades españolas, principalmente ante el Arzobispo.

La Insurrección en Tondo, o conspiración de Maharlikas, como fue llamada, fue organizada por la élite de origen malaya, en una villa cercana a Manila, separada sólo por el rio Pasig. En ella participaron múltiples pueblos e involucró a un yerno del sultán de Brunei, llamado Agustín Legazpi, sin parentesco con el conquistador español. Jefes provenientes de muy distintas poblaciones se reunieron desde 1586 para discutir sus demandas: la apropiación española de sus esclavos y del oro que poseían. Legazpi propuso un ataque armado contra los españoles, confiado en que tendría el apoyo de un comerciante japonés que tenía armas, el capitán Joan Gayo. Sin planes precisos, decidieron esperar el momento oportuno para su insurrección.

O. D. Corpuz señala que la población de los pueblos vecinos a Manila hacia 1588 podría calcularse en 7,500 personas, de los cuales 3,000 estaban bajo el control de encomenderos privados, el resto estaban sometidos a la real encomienda. Manila, en cambio, apenas contaba con un centenar de españoles, dedicados a la administración y la iglesia (1). Otros tantos españoles correspondían a la guardia militar, en algunos casos viviendo ya con mujeres filipinas. La vulnerabilidad de la colonia era muy clara, y existía el peligro inminente de un ataque comandado por el corsario inglés Thomas Cavendish. El ambiente estaba marcado por la incertidumbre pues llegaban las noticias desde México de que aquel pirata había tomado el galeón Santa Ana en las costas de California (noviembre de 1587).

Pasaron los meses y los planes de los insurrectos fueron cambiando por la reticencia de varios jefes a unirse a la propuesta. El último recurso fue solicitar apoyo a los líderes musulmanes de Borneo. En octubre de 1588, Magat Salamat viajó por mar hacia el sur, hasta la isla de Calamianes, para obtener el apoyo de los sultanes que mantenían su religión musulmana. El error más grave fue confiar en un hombre llamado Antonio Surabao, quien los denunció ante el encomendero español de ese lugar, Pedro Sarmiento. Los mensajeros fueron aprendidos y llevados a las autoridades.

Veinticinco principales fueron juzgados y condenados con diferentes castigos. Los líderes, Agustín Legazpi y Martin Panga fueron decapitados. Sus cabezas fueron exhibidas en Manila. Otros jefes fueron ejecutados: Magat Salamat, Gerónimo Bassi, Amaghicon, jefe del pueblo de Navotas; Taes, jefe de Bulacan y el japonés Joan Gayo.

Diversas fuentes hablan de un grupo de cinco datus filipinos, que fueron remitidos al exilio en la Nueva España; ellos serían los primeros prisioneros políticos filipinos en suelo mexicano (2).

  • Pedro Baliguit, Jefe de Pandoan (o Pandacan)
  • Felipe Salonga, Jefe de Polo
  • Pitongatang, Jefe de Tondo
  • Calao, jefe de Tondo
  • Agustín Manuguit, de Tondo

No fue este un asunto menor o una curiosidad histórica, sino que marca un punto de convergencia en la historia de dos pueblos sometidos por la corona española, insensible ante las quejas de sus vasallos. Con la muerte de sus líderes, la posibilidad de resistencia de los pueblos de las islas se diluyó largamente.

¿Qué habrá sido de aquellos exiliados en la Nueva España?

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(1) O.D Corpuz. The roots of the Filipino Nation. Philippine Centennial (1898 - 1998) Edition. Manila, Philippines. Pp. 114- 118.

(2) Fr. José María Luengo. A History of the Manila - Acapulco Slave Trade (1565 - 1815). Mater Dei Publications. Tubigon, Bohol, Philippines. Primera edición, mayo de 1996.

lunes, 4 de mayo de 2009

Michoacán (1)

La iglesia influyó de manera decisiva en el perfil de la región. Los primeros evangelizadores fueron agustinos y franciscanos, dependiendo de los obispados de México, fundado en 1525 y Puebla en 1526. Una parte pasó a depender desde 1536 de los agustinos con sede en Michoacán. Investigaciones recientes, basadas en las fuentes parroquiales de Michoacán han arrojado valiosa información de primera mano[i]. Uno de esos estudios reúne la información de cuatro relaciones sobre el obispado de Michoacán a lo largo de tres siglos. En el estudio se describe el vasto estado de Michoacán, que en el período virreinal abarcaba partes de Jalisco, Estado de México, Colima, Guanajuato, San Luis Potosí y Guerrero.

A lo largo del período virreinal el poder eclesiástico constituyó en todo México una fuerza económica formidable, con intereses en la agricultura y la ganadería, por lo que algunas regiones poco comunicadas, como es el caso de las regiones que nos ocupan, quedaban a merced del poder de los frailes y párrocos[ii].

De hecho las administraciones civiles se crearon sobre la base de la expansión evangelizadora de misioneros y más tarde de las órdenes en sus conventos. Conviviendo con las estructuras civiles, las congregaciones religiosas se disputaban las poblaciones de mayores ingresos, y en varios casos las parroquias atendían directamente haciendas poderosas. A mediados del siglo XVI se trazó una frontera, no sin litigio, entre Michoacán y México a lo largo del rio Balsas, en la que los Agustinos quedaron bajo la férula de Valladolid y los Franciscanos dependían de México.

[i] Ricardo León Alanis. El obispado de michoacán en el siglo XVII. Un análisis global a partir de cuatro descripciones generales. en NOVAHISPANIA, 2. Universidad Nacional Autónoma de México, México 1996. pp.211-281.
[ii] El gobierno de la Iglesia en la Nueva España, organizado desde el siglo XVI a raíz de la Conquista, comprendía el arzobispado metropolitano de México más ocho diócesis que dependían de ésta. La primera sede episcopal mexicana fue fundada en 1526 en el gran centro indígena de Tlaxcala y más tarde trasladada a Puebla, ciudad española. el Obispado de Mérida (1526), el de México (1530), Oaxaca (1534), Michoacán (1536) y Chiapas (1538), Jalisco (1548),. Roberto Garza Ciriza, México ante la diplomacia vaticana, FCE, 1977.

domingo, 3 de mayo de 2009

Nombres filipinos

La cristianización en Filipinas tomó matices muy similares a lo acontecido en México después de la conquista. Los españoles mantuvieron esencialmente la toponímia original y muchos de los nombres de cosas y personas. Asi, la capital de ese país es Manila, porque en ese sitio se erigía un bastión malayo, donde desemboca el rio Pasig. La zona debió estar cubierta de los matorrales del trópico húmedo llamados nylad, y el nombre designa una campo cubierto de esa especie. El nombre original sería entonces Maynila.

Scyphiphora hydrophyllacea










(foto tomada de tidechaser.blogspot.com)

Filipinas, como se sabe, fue bautizada a partir del nombre del entonces príncipe Felipe II, aunque antes fue conocida como archipiélago de San Lázaro. o simplemente como Islas del Poniente.

Tanto como en México, existen apellidos españoles y también nombres indígenas. Los chinos mantuvieron sus propios nombres.

Ambeth Ocampo (1) señala que fue en 1849, bajo un decreto del Gobernador General Narciso Clavería y Zaldúa, cuando se regularizaron los nombres españoles, con base en un Catálogo de Apellidos. Es muy común encontrar Fernández, Pérez, Guerrero entre los ciudadanos filipinos. El escritor imagina que los españoles se deben haber divertido mucho imponiendo nombre "nativos" que llaman a escarnio como Alboroto, Baboy (puerco) , Baca (vaca) o Bayan.

Otra tradición en Filipinas fue mantener los apellidos de algunos jefes guerreros y de la nobleza malaya (como sucede con los nombres tlaxcaltecas en México). Es el caso de Cojuangco, importante familia propietaria de la cerveza San Miguel; Ongpin, Tupas o Solimán. Otros nombres prominentes son Macapagal (vencedor), Macaspac (quien puede romper sitios), Catacutan (el temible), Catapang (poderoso), que mostrarían ascendentes guerreros en quienes los llevan.

Puede uno imaginarse a los curas en los pueblos filipinos, desde los primeros años de la colonización bautizando multitudes. En algunos casos con el calendario en la mano, de ahí que se registraran nombres como Circuncisión, Difunto y Natividad. Ahora los nombres son en idioma Inglés, como Christmas y Valentine.

Existen nombres descabellados, que probablemente surgieron en los momentos de aburrimiento de los frailes a la hora de bautizar a cientos de nuevos convertidos, como Primero, Segundo, Tercero o Chaparro. Los filipinos de origen chino mantuvieron en algunos casos sus apellidos, escasamente españolizados, como el célebre Cardenal Jaime Sin (pecado en Inglés).

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Ambeth R. Ocampo. Looking Back. Anvil Publishing, Inc. Pasig, Metro Manila. Cuarta edición, 1994.

sábado, 2 de mayo de 2009

Tareas de esclavos

El uso principal de esclavos por parte de los españoles en Filipinas fue en las labores de casa y en trabajo no calificado relacionado con el comercio del galeón de Manila. Se tenía tal número de sirvientes que el obispo Diego de Soria planteó en alguna ocasión que si cada casa española donara un sirviente se podrían explotar las minas de oro de Igorot. Un visitante portugués señaló que “no hay soldado español en estas partes, no importa que tan pobre sea, que no tenga un esclavo indio que le sirva y algunos tienen hasta dos y tres”, de modo que los portugueses fueron muy hábiles en cubrir la demanda con esclavos traídos de Africa, India y Malaca.

El propio adelantado Legazpi, en carta escrita en Panay en 1570 cuenta que en efecto él ordenó la liberación de todos los esclavos que no debieran serlo, pero informa sibilinamente que envió a Nueva España:

“no sé cuántos muchachos y muchachas negrillos, a los quales pense hacía buena obra, porque allá podrán ser christianos y mejor tratados que no lo son acá. La yndia que llevaron fue sin mi licencia y contra mi voluntad, y tenían pena los que la llevaron, pero ello y los negrillos todos volvieron acá por mandado de vuestra excelencia, y está muy bien probeido”(1).

Un ejemplo del principio del “se obedece, pero no se cumple”.

La crueldad e injusticia que fue denunciada de manera regular por los frailes en Filipinas se refería a los Filipinos como súbditos del Rey de España. En el caso del arzobispo Domingo Salazar no se refería a los esclavos vendidos por los portugueses, sino a los naturales.

Las casas religiosas también necesitaban sirvientes. Los agustinos en sus actas capitulares de 1572 indicaban entre sus cuentas todas las “posesiones, herencias, esclavos y ganados” y en 1574 ordenaron que todos los esclavos fueran liberados, pero en 1672 pusieron el límite de un esclavo por cura aunque elevaron el nivel a cuatro en 1650.


Alipin, esclavos filipinos, Códice Boxer

Los conventos también mantuvieron esclavos “libres” trabajando para saldar sus deudas, y “pocos esclavos que no nos sirven a nosotros a menos que sean adquiridos para ser liberados bajo nuestro poder en la condición de que nos sirvan, en pago por el hecho de que les damos todo lo que requieran” (3).

Los ciudadanos de Manila consideraban en general que tener esclavos filipinos era tan necesario que cuando un decreto real llegó en 1581 para liberarlos, el gobernador Ronquillo pidió consejo al obispo Salazar sobre cómo tenerlos subrepticiamente, calculando la oposición que se suscitaría. El obispo convocó a la clerecía principal y concluyeron que la ley debería aplicarse estrictamente, y que los colonos que mantuvieran esclavos quedarían sin absolución. Las emociones se exaltaron a tal punto que el gobernador Ronquillo le recordó a obispo Salazar que él era nieto de un hombre que no había dudado en ahorcar a un obispo durante la guerra de los comuneros en España. Aun si tal conflicto permitió acrecentar la presión moral sobre los españoles para liberar a los esclavos filipinos, la práctica continuó y 50 años después el arzobispo Miguel García estableció impuestos especiales para cada “indio, japonés o negro esclavo en manos de español”.
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(1) Carta de Legazpi al Virrey de Nueva España, 25 de julio de 1570, HPAF, Isacio Rodriguez, tomo XIV, pp. 49 - 53.
(2) Archivo de los padres agustinos d Filipinas. Libro provincial.Fols 17, 18; libro de gobierno II, Fol 147.
(3) Agustin de Albuquerque, 5 de junio de 1575, HPAF, Isacio Rodriguez, tomo XIV, p. 245.

miércoles, 29 de abril de 2009

Expedición sanitaria

La epidemia que afecta a México y que amenaza convertirse en pandemia, permite recordar que  la lucha contra otra enfermedad, la viruela, producida también por el estrechamiento de nuestro planeta, impulsó hace poco más de doscientos años a los hombres de ciencia a utilizar los recursos médicos a su alcance, en este caso la vacuna, para lanzar una batalla verdaderamente global. 

Corrían los años reformadores de la corona española,  gobernada por el rey Carlos IV, quien había perdido una hija víctima de la viruela,  lo que lo sensibilizó para  introducir algunos avances en la salud pública y en la actualización científica de su país.  En ese contexto, se autorizó una expedición científica dirigida por el doctor Francisco Javier Balmis (1753 -1819) patrocinada por  la Corona para diseminar la vacuna contra la viruela; una hazaña científica que enlazó de manera perdurable a México con Filipinas. 

La expedición salió de La Coruña el 30 de noviembre de 1803, pasando por Puerto Rico y Venezuela, rumbo a México, donde operó a lo largo de casi un año. A finales de enero de 1805 llegó al puerto de Acapulco.  

Las crónicas señalan que se trataba de una rara peregrinación procedente de la ciudad de México, compuesta por veinticinco niños, cuyas edades oscilaban entre los cuatro y los seis años, provenientes de los hospicios de Valladolid, Querétaro y Zacatecas. "Llegaron a Acapulco para embarcarse con destino a Manila; eran portadores del beneficio de la vacuna contra la viruela, que tantos estragos había causado en la Nueva España, desde que aquel esclavo negro, Francisco Eguía, al servicio de Pánfilo de Narváez, la introdujo en 1520" (1).

Tomás Oteiza Iriarte señala que"en aquel tiempo no había manera de contar con ampolletas y la única forma de llevar de una parte a otra la vacuna, era, la de propagar su beneficio bajo la técnica de "brazo a brazo" a fin de mantenerla fresca. Con este procedimiento fue extendiéndose su aplicación por todas las colonias hispanas". La vacuna había salido de España en la corbeta "María de Pita"(...) con el propósito de introducir su aplicación por toda la América y las Filipinas. El Dr. Balmis contaba con una orden suscrita por el rey de España, para que tanto las autoridades civiles como las eclesiásticas, cooperaran con todos los medios a su alcance para su propagación y uso, sin obstáculos de ninguna especie".

"Como una medida efectiva y práctica el Virrey y Arzobispo de México expidieron circulares a todas las Intendencias y Obsipados, para que a su vez las hicieran extensivas a todos los Gobernadores y Alcaldes de los pueblos, así como también a las parroquias y capellanías, recomendándoles que al tener aviso de que llegaban a sus jurisdicciones el pelotón de niños y sus encargados, los recibieran como un Don del Cielo

Oteiza Iriarte menciona una crónica de aquella extraña procesión de niños:  "En Veracruz, Puebla, Oaxaca, Zacatecas y otras entidades del país, el doctor Balmis y su brigada sanitaria fueron recibidos con repiques de campanas, estallido de cohetes y música de alegres bandas".

"En Acapulco, el Gobernador del Castillo y el Alcalde, el párroco con sus acólitos acompañados por muchas gentes (sic) del pueblo, salieron a recibir a los infantes hasta el punto llamado La Garita, donde formaron una procesión, llevando en alto un niño que traía la vacuna antivariolosa en su bracito, semejando una imagen viviente; seguíanlo el sacerdote y las autoridades para así hacer comprender a las multitudes que era todo un bien, ese medio de combatir el grave mal. Hicieron su entrada a la ciudad, cantando la letanía de los santos, y una vez en la iglesia se llevó a cabo una función religiosa en acción de gracias. La confianza que despertó este proceder en el ánimo de las gentes (sic), permitió que al día siguiente se vacunaran muchos niños".

"Si de por sí, la salida del galeón de Manila del puerto de Acapulco era todo un acontecimiento, en esta ocasión, tuvo resonancias mayores, pues muchas madres que veían partir a aquellos niños sólo al cuidado de hombres rudos, les causaba profunda pena. Salieron de Acapulco el 5 de febrero de 1805 rumbo a Manila.  Tuvo una escala en Macao y otra en Cantón. Una vez cumplida su misión, prosiguieron el viaje de retorno a España, dándole así la vuelta al mundo".

Los resultados científicos de aquella expedición siguen siendo motivo de estudio para los historiadores, pero deja en la memoria un importante vínculo que une a México con Filipinas.

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Tomás Oteiza Iriarte. Acapulco: La Ciudad de las Naos de Oriente y de las Sirenas Modernas. Edición del autor. 1965, pp. 161-162.

martes, 28 de abril de 2009

El galeón en su región

Hemos mencionado que, a través del sistema comercial del galeón, España tomó bajo su control una red preexistente de abasto e intercambio en la región del sudeste asiático, que desde siglos antes estaba en manos de chinos, malayos, indios y otros pueblos. En ese contexto, Filipinas cumplió un papel muy especial para articular el comercio regional con el sistema mundial. 

Debe agregarse que el galeón de Manila fue el sistema de transporte de más larga duración en la historia, por un lapso contínuo de 250 años, y también el más conspicuo ejemplo de la primera globalización económica del mundo, así como de la inserción de muy variadas y dispersas economías locales dentro de un esquema complejo de comercio y dominio políticos, en aquel entonces bajo la égida europea.

En próximas entregas trataremos de abordar este tema, que toca elementos geopolíticos, pues indica la relaciones de poder entre los comerciantes españoles en Filipinas, los comerciantes en México y en Perú, y todos ellos en disputa contra el monopolio comercial de Sevilla. El tema administrativo abarca aspectos como la subvención para mantener a Filipinas, el controvertido Situado, la regulación de las mercancías y los costos económicos de la presencia de otras potencias, como Holanda e Inglaterra, sea de manera legal o encubierta a través de los piratas.

* * *
En ese contexto, abordaremos también una tendencia de investigación académica que se comenzó a desarrollar a partir de los años setenta del siglo pasado, orientada a identificar, primero, la inserción local-regional de ese comercio en el conjunto mundial y, segundo, a comprender los efectos locales de tal inserción (1).

Por ello, en etapas recientes se registran dos tendencias historiográficas en Asia, y específicamente en Filipinas:

a) la intención de “escapar de Manila” para estudiar a las otras regiones de Filipinas y

b) entender a Filipinas como parte de una región más vasta, el sudeste de Asia, y la dinámica que la conectaba con China y la India.


Desde su fundación en 1572, Manila se convirtió en uno de los focos del comercio, un enclave, entre China y Europa, por un lado, y entre Asia y América, por el otro, y simultáneamente de la propia región del sudeste de Asia. De tal forma, el movimiento comercial de Manila dependía de lo que comerciantes provenientes de todo el mundo traían y de su ritmo de visitas a Luzón, la mayor isla del archipiélago de las Filipinas.

Los estudios de historia regional y de historia social sobre Filipinas han generado desde los años setenta una imagen más completa de la historia y la sociedad filipinas. Se comienza a dejar atrás el enfoque dominante formulado a través de los siglos por los religiosos que hispanizaron el archipiélago. Es muy significativo que los análisis modernos de la(s) sociedad(es) filipinas hayan dejado atrás la imagen tradicional de una comunidad pasiva y retrasada, anclada en los valores cristianos (2).

Tales estudios describen una sociedad dinámica, o conjuntos de sociedades, denominadas barangánicas por ser núcleos de población más o menos autónomos: los barangay, que comparten una misma cultura en el archipiélago filipino, mismos que han cambiado constantemente a lo largo de cuatro siglos de historia registrada en respuesta a estímulos de tipo económico, demográfico y tecnológico (3).

El hecho de que Manila fuera el puesto más remoto del imperio español, se tradujo en un grave descuido de su desarrollo; donde el uso de los recursos locales se realizaba conforme a las necesidades del galeón, como madera y alimentos para las naves y la mano de obra para construirlas, sin ocuparse ni propiciar el crecimiento de una industria local. No obstante, como contraparte, al no ser una economía colonial monolítica, Filipinas mantuvo vigentes múltiples rasgos culturales originales, compartidos por cierto con sus vecinos de la rama malaya.

El gran lamento sobre la miseria económica y política de Filipinas por parte de su héroe nacional, José Rizal, quedó plasmado en sus novelas Noli Me Tangere y Filibusterismo. En ellas describe la mentalidad colonial de españoles y mexicanos en las islas.

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(1) John A. Larkin, The Place of Local History in Philippine Historiography, Journal of Southeast Asian History, No. 8, Sept. 1967. Philippine Social History, Global Trade and Local Transformation, ASAA Southeast Asia Publication Series, edited by Alfred w. McCoy and C. de Jesús. Sidney, Australia, Ateneo de Manila, University Press, 1982.

(2) Un trabajo importante es el de Onofrio D. Corpuz, The Roots of the Filipino Nation, Philippine Centennial, 1986 Edition. AKLAHI Fundation,Inc. Quezon City. Philipines. dos volúmenes.

(3) Scott William Henry, Barangay, Sixteenth-Century Philippines Culture and Society, Ateneo de Manila University Press, 1994. Anthony Reid. Southeast Asia in The Age of Commerce (1450 – 1680). Two volumes. Silkworm Books, Chiang Mai, Thailand, 1988.

domingo, 26 de abril de 2009

Palabras españolas en Filipinas

A manera de curiosidad, a continuación se incluye una lista de palabras del idioma Español que son de uso cotidiano en Filipinas, y que fue incluía en un informe de Arturo Guevara Sánchez acerca de la historia de los agustinos descalzos en México y de su influencia en aquel país. Las palabras, advierte el compilador, están escritas tal como se pronuncian (1).

ABALORYO. Cuenta.
ABITSUÉLA. Frijol.
ALSÁ. Rebelión, alzamiento.
BINDITA. Bendita.
BÓBO. Tonto.
BÚLIK. Plumaje blanco y negro. Se le dice asía a las gallinas que tienen dichos colores.
DESPERADO. Desesperado.
DIYÁNITOR. Conserje.
HÚDAS. Judas. traidor.
IMPLUÉNSA. Gripe.
KALÉSA. Calesa, coche antiguo.
KAMINERO. Barrendero. Persona que barre los caminos.
KANDÍLA. Vela.
KANTERO. Albañil. Tallador.
KAPÓN. Animal castrado. Generalmente esta palabra se aplica a los cerdos.
KATRE. Cama.
KOMPADRE. Compadre.
KORREGIDOR. Alude a un puesto en la antigua administración española. Se trata de un antiguo magistrado judicial, alcalde con nombramiento real que se desempeñaba en algunas de las poblaciones importantes.
KUMBIDADO. Invitado.
KUNSENTIDOR. Persona que admite algunos actos que no se supone que haya hecho.
KURSÓ. Diarrea.
LANSETA. Lanceta. Hoja para hacer cortes sutiles. Naaja.
LITRATO. Fotografía.
MANÍ. Cacahuate.
MASETERA. Maceta.
MASO. Martilo grande.
MASYADO. Excedido.
MÉXICO. Población de Pampangas, en la isla de Luzón, Filipinas.
MONGHA. Monja.
MORKÓN. Morcilla. En algunas partes de México se le dice así a las personas gordas o desaseadas.
PABO. Pavo, guajolote.
PALENGKE. Mercado.
PALIKÉRO. Ligereza.
PAROL. Farol.
PISETA. Peseta. Moneda.
PULIS. policía. Poner en policía era poner en orden.
PUTSÉRO. Caldo, puchero.
RESÚLTA. Fin, resultado.
RETRATISTA. Artísta. Fotógrafo.
SALAKOT. Sombrero indígena hecho con hojas de una planta.
SANTACRUSÁN. Fiesta de las flores de mayo.
SARÁDO. Cerrado.
SAYÓTE. Un tipo de verdura.
SIPÓN. Catarrro. Resfriado.
SORBETE. Golosina.
TARANTADO. Persona que comete errores con frecuencia.
TINDERO. tendero.
TISA. Gis.
TOKAYO. Tocayo.Se dice de la persona que tiene el mismo nombre que otra.
TSAMPURADO. Bebida alimenticia.
TSÁPERON. Chaperón.
TUBERO. Plomero.

Podría observarse que algunas de estas palabras parecen ser adecuaciones que provienen del idioma Inglés, como Desperado, Diyánitor (The Janitor) Impluensa (ahora tan de moda en México, influenza), Maní, Pulis (más bien derivado de Police).


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(1) Arturo Guevara Sánchez. Los agustinos descalzos: Breves noticias de su vida y logros en México y Filipinas. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2006. Colección Obra Diversa. Apéndice 2.

sábado, 25 de abril de 2009

Forzados y reclutas mexicanos III

Entre los migrantes que llegaban a Manila se registra la presencia de prisioneros americanos, mexicanos y de otros reinos, que debían purgar su condena en el exilio. Cuando se avecinaba el tiempo de la leva para obtener soldados para Manila se tomaba en cuenta a los convictos en las cárceles que estaban cumpliendo sus condenas y, en algunos casos, personas que eran buscadas por la justicia, a quienes se dictaba orden de captura.

"Entre los reos que se enviaban a Filipinas hubo convictos de diferentes delitos: homicidio, sodomía, adulterio, concubinato y otros. Pero lo más frecuente eran acusaciones como vagancia, vida irregular, ociosa, afición a los juegos de azar y otros (...) Eran fundamentalmente gente de extracción urbana desempleada o subempleada que pertenecía o se juntaba con grupos segregados de la sociedad, practicantes de actividades no bien vistas" (1) .

Volveremos sobre este tema de la vagancia, porque fue motivo de quejas de los administradores coloniales en Filipinas y un asunto recurrente en la percepción que se tenía de la población criolla en la Nueva España.

Debido a la variedad de faltas, la condena en Filipinas también fluctuaba entre los dos y los diez años. "Pero para algunos cumplir la sentencia no significaba el retorno inmediato a la patria, sino justamente hubo penas en las que se explicitaba que, terminado el tiempo, no pudiesen volver a la Nueva España sin especial permiso de la Audiencia de México"

Los lugares de condena eran los presidios de Samboanga, Cavite o las islas Marianas, a mitad del camino entre México y Filipinas. De cualquier modo, en el imaginario colonial quedó firmemente asentada la frase:

"Mandar a Manila" a alguien, como una forma para deshacerse de personas indeseadas por la sociedad, familiares incómodos o perseguidos políticos.

Los reos por vagancia, los desertores del ejército y personas denunciadas por sus familia por su "mala" conducta eran otras fuentes de abasto de la milicia enviada a Manila. No obstante, en las vísperas de la Independencia de México se agregaron a ese grupo los llamados "infidentes", acusados de ser traidores de España. Ellos eran vistos como enemigos de la Corona, sobre todo en la última etapa colonial, cuando se tambaleaban los cimientos del régimen. Se echó mano del destierro en presidios ultramarinos como Cuba, Puerto Rico, Ceuta en el continente africano, las islas Marianas y Filipinas.

Un análisis de archivos de esa época, elaborado por Andrés del Castillo, señala que fueron desterrados a Filipinas infidentes de la zona centro del país, principalmente, de ciudades como Querétaro, México, San Luis Potosí,y específicamente de pueblos como Huichapan, Milpa Alta (2). Muchos de ellos no volvieron al México que había adquirido su independencia de España. "Con el reconocimiento del gobierno español de la Independencia de México, en 1836, y la firma del tratado de amistad México -España, se declaró inexistente la causa de su aprehensión, los infidentes americanos fueron exonerados y pudieron regresar a México".
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(1) María Fernanda García de los Arcos. Forzados y reclutas. Los criollos novohispanos en Asia (1756 - 1808). Potrerillo Editores S.A. de C.V. México, 1996. P 118 -119.

(2) Andrés del Castillo. Los infidentes mexicanos en Filipinas. En El Galeón de Manila. Un mar de historias. Consejo Cultural Filipino - Mexicano. JGH Editores. México 1997. Pp. 157 - 173.

jueves, 23 de abril de 2009

La primera doctrina cristiana, 1593


En una entrega anterior, celebrábamos la creación de la nueva Biblioteca Digital Mundial creada por la UNESCO. En ella se encuentra disponible un acervo de imágenes de todo el mundo que, de verdad, abre un horizonte muy amplio para observar a través del tiempo y de los espacios regionales las diversas culturas del planeta.

Pues bien, en esa biblioteca se encuentran imágenes poco conocidas de lo que fue la primera doctrina cristiana publicada en Manila en 1593. Se denomina Doctrina Christiana en letra y lengua Española y Tagala, corregida por los Religiosos de las ordenes. Impresa con licencia en San Gabriel, de la Orden de Santo Domingo. En Manila, 1593.

El único ejemplar existente se conserva en la Biblioteca del Congreso, en Washington. Fue localizado en Italia durante la segunda Guerra Mundial y adquirido por William H. Schab, de Nueva York, en 1946, y después por Lessing J. Ronsewald, quien lo donó a la biblioteca donde ahora se conserva. Está escrito en lengua Tagala, la prehispánica o Baybayin, y la actual. Mide 20.5 por 14.5 cms.

La importancia de este y otros impresos de la época deriva del hecho que, oficialmente, la imprenta de tipos. o caracteres móviles, entró a Filipinas hasta el siglo XVII. No obstante, el descubrimiento de este texto indica que los misioneros construyeron una imprenta rústica xilográfica, ya a finales del siglo XVI. Durante mucho tiempo, siglos, se dudó de la existencia de esa imprenta. Sólo algunos filipinistas, como Wenceslao Retana, afirmaron que la imprenta "no fue importada sino creada en Manila (...) Debió haber una a modo de semi-invención de la imprenta" (1). El descubrimiento de este y otros impresos a mediados del siglo pasado confirmaron esa sospecha.

Otros textos de la misma época, igualmente importantes por haber empleado la imprenta xilográfica, son dos doctrinas escritas en idioma Chino, destinadas a los comerciantes de ese origen que vivían a las afueras de Manila, en el barrio de Binondo, conocido como Parián (2).

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(1)W. Retana. La imprenta en Filipinas. Origenes de la imprenta filipina, Madrid, 1911, Pp. 40 -41.

(2) J. Cobo y F. Villarroel. Pien Cheng-Chiao Chen-Ch´uan Shih-Lu. University of Santo Tomás, Manila 1986. Reproducción facsímile del original chino impreso en Manila en 1593.

miércoles, 22 de abril de 2009

Nuevo sitio de UNESCO

Un verdadero motivo de celebración es el lanzamiento realizado el martes pasado en la sede de la UNESCO en París de una Biblioteca Digital Mundial. Se trata de un sitio internet gratuito y multilingüe que contiene documentos históricos originales de numerosos países y culturas del mundo. Un sitio verdaderamente útil y bello, muy recomendable.

El sitio ofrece un acceso directo a archivos digitalizados de mapas, fotografías y libros, que se encuentran disponibles en bibliotecas localizadas en todo el mundo. Funciona en siete idiomas y cuenta con contenidos en más de cuarenta lenguas. Algo fundamental es que, por sus características, permite la investigación intercultural y a través de distintas épocas.

El portal electrónico ha sido concebido y preparado por un equipo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. La Biblioteca Alexandrina de Egipto ha prestado su asistencia técnica a la realización del proyecto. También han contribuido con sus conocimientos especializados y han aportado contenidos al sitio web las bibliotecas nacionales y algunas instituciones culturales y educativas de Arabia Saudita, Brasil, Egipto, China, Eslovaquia, los Estados Unidos de América, la Federación de Rusia, Francia, Iraq, Israel, Japón, Malí, Marruecos, México, los Países Bajos, Qatar, el Reino Unido, Serbia, Sudáfrica, Suecia y Uganda.

La Bilioteca Nacional de China aporta a su vez toda una serie de manuscritos, mapas, libros y reproducciones de estelas y huesos para oráculos, que abarcan el conjunto de la historia de China, desde la antigüedad hasta la historia moderna.

México aporta digitalizaciones de mapas, códices, textos y fotografías de enorme interés.

La sección dedicada al sudeste de Asia es de verdad interesante y de ella nos ocuparemos próximamente.