Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

sábado, 18 de octubre de 2014

Dos esclavos de la India portuguesa

Para Eugenio Reyes, por su dedicación y solidaridad.

En el año 1652, Antón Chino o António Chino fue acusado de hechicero por la Inquisición en México, sin embargo, en su  declaración ante el temible tribunal se descubrió mucho más que una posible transgresión a las reglas de la iglesia católica. En su historia personal se resume en realidad la tragedia de decenas o quizás cientos de asiáticos que sufrieron la desgracia de ser sometidos a esclavitud y forzados a vivir en países ajenos para ellos, como la Nueva España.

El documento del proceso inquisitorial se encuentra en el Archivo General de la Nación, de México, en el volumen 456, folios 70-74. El caso fue estudiado en 2013 por Maria de Deus Beites Manso y Lúcio de Sousa, de la Universidad de Evora, Portugal. También Tatiana Seijas aborda el tema en su nuevo libro Asian Slaves in Colonial Mexico. From Chinos to Indians, Cambridge Latin American Studies, 2014.


Acapulco, puerta de entrada de esclavos asiáticos a América


En múltiples entradas hemos tratado de informar acerca del  comercio de seres humanos en el contexto del comercio transpacífico. En concreto abordamos el papel de los comerciantes portugueses como  principales traficantes de esclavos hacia América, tanto desde el lado Atlántico como desde Asia. En esta ocasión presentamos dos casos, digamos inusuales, de esclavos que procedían de contextos diferentes y que resulta extraño que hayan terminado sus días en la Nueva España del siglo XVII. Retomaremos aquí el hilo del relato escrito por Maria de Deus Beites y Lúcio Sousa, con modificaciones en la traducción.

Nuestro personaje nació alrededor de 1585 en Cochin, en el actual estado de Kerala, en India. Declaró que su padre se llamaba Chene y era escribano, su madre, de nombre Unieche se dedicaba a cuidar su casa. Aparentemente Antonio no provenía de una familia pobre, pues de hecho sabía leer y escribir, una herramienta de gran utilidad en la profesión que desarrollaría más tarde: la de comerciante especializado en la venta de pimienta. En esa calidad viajaría por toda la costa Malabar, entrando en contacto con el mosaico de culturas y religiones que negociaban en la región: hindús, árabes, judíos, cristianos. Hacia 1615, cuando tenía alrededor de 30 años, sufrió un incidente que cambiaría el curso de su vida y lo llevaría a otros extremos del planeta.

"Como era costumbre en esa época en la región de Cochin, el comerciante acompañado de nueve chinos se dirigió a un barco portugués para vender su pimienta.  Al finalizar la transacción, probablemente ya cerca de la noche,  este grupo de comerciantes aceptó la sugerencia de la tripulación portuguesa de pernoctar en la embarcación.
"Confiando en los portugueses, sería muy tarde cuando se percataron de que era una trampa urdida eficazmente por los lusitanos para quedarse gratuitamente con la pimienta y, sumado a ello, apresar a los comerciantes para convertirlos en esclavos. Fueron secuestrados y el barco portugués hizo la vela hacia Malaca. En esa ciudad, bajo control portugués. Ahí fueron vendidos por 25 fardados, alrededor de 155 reales".
El primer dueño sería un piloto de nombre Antonio Gomes que, eso sí, lo llevaría a la iglesia para convertirlo al catolicismo y bautizarlo con su propio nombre como Antonio China o Antonio de China. "En Malaca viviría cinco años, de 1615 a 1620. Desconocemos las tareas que desempeñaba pero probablemente estaban relacionadas con el comercio de pimienta.  Existe la posibilidad de que, debido a los conocimientos lingüísticos  de Antonio se desempeñara como traductor o jurubaça, nombre que se daba a las personas que intervenían en los negocios entre comerciantes europeos y asiáticos desde el sudeste de Asia hasta Japón" apuntan Beites y Sousa.

Poteriormente Antonio Gomes viajó como esclavo a lugares como Macassar y las islas Molucas, en la actual Indonesia, y terminó siendo vendido una vez más, en este caso a Francisco Farinhas, otro portugués, por la cantidad de 50 pesos. Este comerciante tenía relación con las Filipinas, que sería el destino siguiente de Antonio de China. En Manila, Antonio fue vendido por Francisco Farinhas a un calafate de nombre Miguel, que viajaba para Acapulco en el famoso Galeón de Manila. 

En la rápida descripción sólo se cuenta que ya en América Antonio de China fue vendido nuevamente por 150 pesos a un hombre de apellido Fanvexa, Sobre este último se desconoce el nombre propio, profesión o nacionalidad. De cualquier forma, existe una elevada probabilidad de que se tratase de un comerciante de esclavos establecido en la Nueva España, ya que poco tiempo después Antonio fue llevado al puerto de Veracruz, donde una vez más fue vendido por 250 pesos. En esta ocasión, el capitán portugués  que lo compró se llamaba Jacinto da Silva, con el cual viviría otros 16 años, de 1634 a 1650, en la región de Cuinacan,Veracruz, un municipio que ya desapareció. 

Tatiana Seijas reconstruye cuidadosamente la ruta que seguía el circuito esclavista en la Nueva España, comenzando por Acapulco y sus alrededores (Coyuca de Benitez, Coyuca de Catalán, Zacatula, Juxtlahuaca), para ser trasladados a Cuautla. Toluca, Ciudad de México y Puebla. Un destino final era Veracruz, pero también se encuentran esclavos asiáticos en Guadalajara, Yahualica, Zacatecas y San Luis Potosí.

En aquel lugar de la costa atlántica de la Nueva España Antonio se dedicó a la adivinación, prediciendo el futuro de quienes lo solicitaban, y en una ocasión pudo descubrir a los autores de un robo. En poco tiempo sus predicciones fueron acertadas y le granjearon fama entre la población que lo reconoció como hombre sabio o zahorí.

La fama de esclavo de Antonio como adivino o hechicero llegó a oídos de la Inquisición, donde le instruyeron un proceso de investigación. El 9 de marzo de 1652 fue enviado a la cárcel del Santo Oficio en la Ciudad de México, donde describió su propia historia, antes y después de ser esclavo. En su discurso de vida se describe la forma como fue raptado y reducido a la esclavitud, así como la ilegalidad de su captura, un asunto en que los inquisidores no ofrecieron ninguna opinión. En rigor, Antonio debería ser un hombre libre, sin embargo la ausencia de derechos cuando se es esclavo o el desconocimiento del contexto social para un extranjero, hacían muy difícil semejante tentativa. Para obtener la libertad se requerían documentos oficiales y la voluntad de la iglesia.



Con todo, este no sería el único caso. En los mismos expedientes aparece el del esclavo Antonio Rosado, nacido en Goa, "en la India Oriental", alrededor de 1590. En 1651, cuando cae en las redes de la Inquisición, acusado de renegado, es decir, que rechazó en público a Dios y a la Vírgen María durante la misa del mediodía del domingo 19 de marzo de 1651 en la iglesia de la Misericordia

Rosado tenía 61 años, casi la misma edad de Antonio China cuando fue hecho prisionero. El padre de Rosado era un capitán del Virrey de la India y su abuelo se llamaba André Furtado. Sus bisabuelos del lado paterno serían un Capitán General de Goa y de Malaca, quien falleció en el viaje de regreso de Goa a Lisboa, y una esclava de Mozambique, combinación no extrana para la época y entre los portugueses. La madre de Antonio Rosado, con una genealogía menos ilustre, era una mora cristiana libre de Terrenate. En sus primeros 27 años de vida, Rosado vivió en Goa, donde sirvió quizás como empleado en la orden franciscana. 

Más tarde prestó servicios a varios amos, viajando desde la India hacia el Sudeste de Asia y finalmente a las Filipinas. A pesar de su condición de  hombre libre, su amo en Manila lo vendió ilegalmente, a pesar de las protestas de Rosado, y fue enviado a América, donde no logró recuperar su libertad. Su dueño era un tal Andrés Alvarez, dueño de obraje en México.  Consta en el documento  depositado en el AGN, Inquisición, Vol. 456, exp 27, folio 443-459, año de 1651, que renegó de Dios porque estaba harto de los abusos y golpes de su amo, pues a su edad ya no tenía la fuerza para seguir trabajando como se le exige.

En la calle se le dieron 200 azotes en la cabeza, y se le puso mordaza en la boca. Al dueño se le hizo una amonestación para que no lo vuelva a golpear ni amenazar.


"Su testimonio fue tan cruel como conmovedor, pero su comportamiento atípico muestra también un trastorno sicológico producto del período en que fue sujeto a la esclavización. Privado de su libertad, y a merced de los maltratos de sus dueños, Rosado se rebela contra la hipocresía del sistema colonial prepotente, algo que enfurece al Santo Oficio. Contrariamente a Antonio China, Rosado reniega de la ideología dominante, en su tentativa de escapar de un estatuto marginal en el cual no encuadraba. Rosado, tanto como Antonio China, son dos casos raros,  no solamente porque son esclavos oriundos de la India portuguesa que vivieron en México, sino más bien debido a sus rangos de edad. Ambos tenían más de sesenta años de edad, cuando que la media de vida de un esclavo en América en el siglo XVII era extremadamente baja".

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Maria de Deus Beites Manso y Lúcio de Sousa, "Os Portugueses e o Comércio de Escravos nas Filipinas (1580-600)". NICPRI / Universidade de Évora, Portugal, Lisboa, 2013.

Tatiana Seijas. Asian Slaves in Colonial Mexico. From Chinos to Indians, Cambridge: Latin American Studies, 2014. p.96

miércoles, 15 de octubre de 2014

Yangzhou

Este no es un blog de viajes, pero deseo compartir en esta ocasión una visita que hice a la añeja ciudad de Yangzhou, famosa por su prosperidad derivada del comercio de sal en la ruta de la seda. También fue importante hace más de 600 años en la conexión entre el norte y el sur de China, por medio de las comunicaciones fluviales y parte del sistema del gran canal.

Una ciudad cuyos mercaderes dedicaron parte de su fortuna para crear palacios con jardines y pequeños lagos, remansos de tranquilidad y lujo.



Detalles de la arquitectura y la jardinería.



En cada rincón se recrea la naturaleza como símbolo del equilibrio del universo. Cada pequeño espacio es para ser disfrutado en silencio. Afuera, la ciudad se llenaba de los gritos del comercio. 


Marco Polo menciona que vivió en Yangzhou, probablemente ente 1282 y 1287. El viajero italiano sugiere que fue gobernador de la ciudad, aunque lo más probable es que haya sido empleado como administrador en el comercio de la sal.  En la historia china (y vaya que tienen registros de todo) no se consigna la presencia de un gobernante europeo en la ciudad, aunque estudios recientes muestran la presencia de una vibrante comunidad italiana en Yangzhou. Existe incluso una tumba de Catarina Villioni, hija de un comerciante italiano, fallecida en 1342.  De cualquier manera, es interesante observar cómo en la actualidad, la historia de Marco Polo sigue siendo útil para la llamada diplomacia cultural. Italia sostiene un pequeño museo que muestra la odisea del viajero medieval y el comercio entre Europa y Asia.


En Yangzhou, una estatua dedicada a Marco Polo.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Lista de galeones

Una referencia muy útil para conocer la dinámica histórica del comercio en el océano Pacífico es el sitio internet creado por Bruce Cruikshank, en el que compila información que está dispersa en muchos archivos y libros en Europa y América Latina. El sitio en inglés se ocupa específicamente del Galeón de Manila, que navegó de 1565 a 1815. El autor de la página reconoce la dificultad para recopilar y uniformar este tipo de información, debido a la ambigüedad de muchas de las fuentes, especialmente en el siglo XVI y XVII. 



Fragmentos de monedas españolas y mexicanas, Museo de Nanjing, China.

La estructura de la página es muy amigable y es posible ver la información por períodos, por destinos, llegadas y salidas, por nombres de los navíos así como estadísticas que reúnen la información anual o por décadas. Sin embargo, en mi opinión la mejor parte es la breve síntesis de las fuentes utilizadas para mencionar cada galeón, pues ofrece una lectura transversal de muchas fuentes que están dispersas.

En paralelo, es muy interesante seguir una narrativa del sistema del galeón que se encuentra en la página de Historia Naval de España y que brinda artículos específicos, con citas de personajes e historiadores, por épocas del desarrollo de esta impresionante interacción comercial, política, pero sobre todo humana.

Aquellos lectores interesados en seguir al detalle las peripecias del galeón seguramente tendrán, como dice el clásico, muchas horas de esparcimiento.

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https://sites.google.com/site/manilagalleonlisting/home

lunes, 25 de agosto de 2014

viernes, 15 de agosto de 2014

Colima y el Galeón


En diversas ocasiones hemos venido ilustrando las rutas por las que fueron penetrando los productos asiáticos en la sociedad de la Nueva España, acarreados por el Galeón de Manila. Se trata de una profunda interacción cultural representada por los bienes que fueron altamente apreciados desde aquella época en México, destacando el estatus de sus poseedores novohispanos. El interés de este blog, más que la apreciación estética, corresponde a identificar indicios de la presencia de asiáticos en territorio americano desde la inauguración de la ruta del Galeón a finales del siglo XVI y a lo largo de dos siglos y medio. Existe un número creciente de investigaciones acerca de los restos materiales de esa influencia asiática en México y nos interesa dar a conocer tal tipo de análisis.

Hemos mencionado la ruta de Michoacán, que recorría la llamada Tierra Caliente y llegaba hasta la Ciudad de México en trenes de mulas. Cuando se determinó que Acapulco sería el puerto de entrada del Galeón, toda la región recibió el impacto económico que la moldeó a lo largo de siglos. Junto con Michoacán, el actual estado de Guerrero forma una macro región del Pacífico. Sin dedicar un texto específico hemos mencionado en diversos momentos esa misma influencia en ciudades como México, Puebla, Xalapa y Veracruz.

También se ha tratado el impacto en las zonas mineras de Zacatecas y el menos conocido Camino Real de Tierra Adentro o Ruta del Norte, que extiende la influencia del Galeón hasta el actual territorio de Estados Unidos.



En ese contexto queremos destacar dos estudios de la investigadora Paulina Machuca Chávez, de El Colegio de Michoacán, dedicados a la influencia filipina sobre Colima. Ambos textos se complementan y ofrecen una visión muy amplia y a la vez detallada de la presencia del Galeón en el pequeño estado enclavado en la costa del Pacífico. En el primero, la autora argumenta puntualmente elementos como la escala que hacía en Galeón en el puerto de Salagua, hoy llamado Manzanillo; la introducción de la producción y uso variado de la palma de coco que aún hoy distingue a esa región, desde dulces, vinos y materiales de construcción. Un elemento muy interesante es que "debido a la importación de la población filipina asentada en Colima, las autoridades coloniales incorporaron a su sistema de gobierno la figura de alcalde de chinos, un hecho totalmente atípico en la Nueva España.

Una parte muy original de la investigación de la doctora Paulina Machuca aparece en ambos textos, relativa a los inventarios de bienes de personajes de Colima, que revelan el gusto por los productos asiáticos, chinos, filipinos y de variado origen. La autora se dio a la tarea de rastrear descripciones de productos asiáticos en testamentos, cartas de dotes, relaciones de mercaderías e inventarios de bienes.

Su propuesta es comprender el concepto de cultura material: "el conjunto de objetos producidos por una sociedad, destinados a satisfacer necesidades de índole utilitaria o simbólica, y que forman parte de la vida cotidiana de las personas. Inquieta saber cómo es que nuevos elementos se incorporan a la cultural material de un lugar determinado -en este caso, el vecindario de Colima-, y cómo son reapropiados por la misma sociedad que los emplea".

Con ese marco de análisis y las herramientas de su investigación, ofrece resultados muy interesantes. Loa ajuares de matrimonio o las mortajas incluían vestuario hecho en Asia, de los más diversos materiales, pero sobre todo de seda. Todo era altamente apreciado y mostraba a sus poseedores como personas de alto rango social, pero incluso encuentra que la ropa usada y raída seguía siendo comprada, de segunda y tercera mano, por el solo hecho de provenir de Asia.

Más perdurables que los atuendos y ropa de cama (cuyas descripciones son muy detalladas aunque prácticamente no existen restos materiales), son los muebles, utensilios, vajillas y ornamentos que también formaban parte de las fortunas personales.

Seguiremos sobre el tema.
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Paulina Machuca Chávez, "Colima y Manila, dos ciudades hermanadas por la historia", Portes, Revista Mexicana de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico, tercera época, México: Vol. 4, Num. 8, Julio-Dic. 2010, pp 7-29.

--------------------------------"De porcelanas chinas y otros menesteres. Cultura material de origen asiático en Colima, siglos XVI-XVII". Relaciones 131, México: verano 2012, pp 77-134, ISSN 0185-3929.


jueves, 24 de julio de 2014

Archivos

En las semanas recientes he asistido al Archivo General de la Nación, un impresionante espacio en la ciudad de México, en lo que fue la penitenciaría federal desde la época del dictador Porfirio Díaz hace más de un siglo.

Busco material relacionado con esta página sobre la relación entre Filipinas y la Nueva España en los ramos llamados instituciones coloniales. El AGN cuenta con 207 fondos (23 subfondos, 304 secciones, 49 subsecciones y 574 series), y los que corresponden al período novohispano contienen 39,481 volúmenes, que ocupan 4,651 metros lineales de las celdas donde miles de personas purgaron sus condenas durante el siglo pasado. Estas son aproximadamente 5, 310 piezas, que van desde legajos en todo tipo de papel y tamaños, hasta documentos en tela; mapas, dibujos, escudos, sellos, códices, pinturas. 

La sección dedicada a los temas de la Nueva España está guardada en la galería cuatro -de seis con que cuenta el edificio en forma de estrella. Curioso si se piensa que la dominación española sobre México duró tres siglos, comparado con los dos siglos de nación independiente de este país.


La preservación de la memoria histórica de México, su recuperación y estudio ha atravesado muchas vicisitudes y hoy representa uno de los grandes acervos del mundo. Incendios, inundaciones, asaltos dejaron cicatrices en esas ricas colecciones. Para quien quiera adentrarse un poco más en el esfuerzo realizado en siglos pasados puede ser útil la descripción histórica que se incluye en la página del AGN.

Ver los documentos conservados por más de cuatro siglos (¡los preparados en Filipinas escritos sobre papel de arroz!) nos lleva a la reflexión sobre las fuentes que se utilizan todos los días en la recomposición histórica. Investigadores jóvenes en su mayoría, de diferentes sectores sociales, conviven con viejos maestros en las mismas mesas; escarban en miles de folios que esperan nuevas interpretaciones o revisiones de lo que hasta ahora se ha dicho en la historia.  Leer, releer, transcribir, escribir, como oficio cotidiano del historiador.

En su reflexión sobre la rebeldía de las fuentes históricas, que se niegan a ser iguales y ordenadas conforme a lo que usualmente se acepta por historia, Michel de Certeau comenta que "los orígenes de nuestros archivos modernos implican ya, en efecto, la combinación de un grupo (los ¨eruditos¨), de esferas (las bibliotecas) y prácticas (de copia, impresión, comunicación, clasificación, etc.)."

Museos, bibliotecas y colecciones han sido el privilegio de los poderes en todos los imperios. Pienso, junto con el autor, en las "colecciones reunidas en Italia y luego en Francia a partir del siglo XV, y financiadas por grandes mecenas para apropiarse de la historia (los Medicis, los duques de Milán, Carlos de Orleans y Luis XII, etc)." También pienso en los anuarios y enormes colecciones de las dinastías chinas, sometidas al rigor ideológico de cada período. Re-leídas y re-escritas por cada generación; afortunadamente protegidas frente al furor de la Revolución Cultural.
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Michel de Certeau, La escritura de la historia, Universidad Iberoamericana, México, 2006.

lunes, 14 de julio de 2014

Primeros escritos europeos sobre China


En las próximas entradas de esta bitácora trataré de recorrer parte de las crónicas iniciales que viajeros, comerciantes, misioneros occidentales dejaron como testimonio de Asia en el siglo XVI y hasta la primera mitad del XVII. La idea es contrastar esta visión, que ha quedado sedimentada en el imaginario global. La expansión portuguesa y española en la región en aquellos siglos contó evidentemente con el antecedente de la maravillas contadas por Marco Polo un par de siglos antes.

Con el inicio de la era de los descubrimientos, los viajeros europeos llevaban consigo la mentalidad de las cruzadas, lo que nublaba la forma de interpretación de una realidad compleja como la asiática. Los portugueses al inicio del siglo XVI había llegado por  la India hasta las puertas de China. Uno de los personajes que contribuyeron a consolidar una visión distorsionada de Asia fue Tomé Pires, un comerciante portugués de especias que había hecho una fortuna en Malaca, un puerto malayo recién conquistado en 1511 en el sudeste de Asia.  Este comerciante viajero representa el caso más evidente de incomprensión de los códigos asiáticos en los primeros años de exploración europea en la zona.

Aquella temprana presencia portuguesa en la región provocó diversas reacciones en Asia, comenzando por la introducción de armas de fuego como el arcabuz que desató una suerte de carrera armamentista en el siglo XVI, dotando a los poderes locales de instrumentos de defensa desde el Golfo Pérsico hasta Japón, pasando por el sudeste de Asia. La reacción imperial de China y de Japón ante los cambios que se avecinaban fue similar: el confinamiento del comercio con los europeos a los puertos asignados para ello, como es Cantón. 

Para su desgracia, Tomé Pires fue comisionado en 1516 por el Rey de Portugal para encabezar una misión diplomática  ante el emperador Zhengde de China, que ya estaba alertado sobre la presencia extranjera en su zona de influencia . Luego de años de esperar ser recibido como embajador, fue hecho prisionero en el sur de China, donde murió en 1524. Desde su cautiverio escribió cartas y un recuento general conocido como Summa Oriental, con una gran cantidad de observaciones. La amargura del personaje  trasciende su época y aún ahora se percibe en muchos viajeros que rechazan por desconocimiento lo que viene de esas latitudes.  

Como contraparte, la campaña misionera de Francisco Javier abrió una época, conocida como el siglo cristiano en Asia. Durante doce años, de 1540 a 1552 recorrió los espacios dominados por los portugueses en ese continente, sin poder lograr su objetivo de lograr una evangelización masica en Asia. Sin embargo, ese recorrido es considerado el inicio de una largo proceso para convertir al cristianismo al continente más poblado del planeta.

Una gran parte de las descripciones de China y Oriente en general hechas por los viajeros europeos de aquella época eran parciales, por necesidad, y se limitaban a describir las zonas que podían visitar, el tipo de población con la que entraban en contacto, el breve tiempo que permanecían en los  diversos lugares y el desconocimiento o abierto rechazo a comprender la cultura local, el idioma, las costumbres.


En un gran número de crónicas de finales del siglo XVI, los datos que circulaban en cartas y narraciones, habían sido escuchados y escritos desde los puestos de avanzada de los europeos en Asia, principalmente Manila, Macao, Cantón. Son por lo general textos pintorescos, que alimentaban la curiosidad de los lectores europeos. Un terreno distinto es la correspondencia que circuló entre Filipinas, México y España, que da cuenta del día a día de la administración de los territorios ultramarinos. Riquísimo archivos guardan aún información muy valiosa sobre espacios que apenas eran conocidos en aquella época. Los documentos que se guardan pueden ofrecernos informes sobre acontecimientos, pero también iniciativas que quizás no maduraron, como la invasión a China de la que ya hemos hablado en este blog, pero que muestran el estado mental de los primeros colonos europeos en Asia.
     
En ese tipo de archivos, se localiza la acción del agustino Martín de Rada, poseedor de una amplia experiencia misionera en México y en el sur de Filipinas. El fue el primero en formular de manera explícita un proyecto de conquista de China en una carta dirigida al rey Felipe II, fechada el 8 de julio de 1569. En la carta señala la importancia de dotar a las islas filipinas con una adecuada fuerza naval y argumenta a favor de convertir ese espacio como un punto de partida para la conquista de China.

Como otros de sus contemporáneos, especialmente embajadores y comerciantes portugueses y españoles, describe a grandes rasgos las características del imperio: grandeza, orden, desarrollo urbano y ausencia de belicosidad. Claro, no tenían porqué saber de un pasado guerrero chino de miles de años, pero quizás esa suerte de inocente visión del momento le permitía pensar en una conquista (en el sentido más bien religioso) que podía realizar un puñado de hombres validos de Fé, un tanto a "la mexicana" que aún estaba fresca en la mentalidad de su generación.

Rada había obtenido su información a partir de portugueses y de indios filipinos que comerciaban con los chinos. En particular, conocía a un chino de nombre Canco, quien había escapado de un barco pirata y obtuvo refugio con Martín de Rada. Volvió a escribir, esta vez al virrey de la Nueva España Martín Enríquez el 10 de agosto de 1572, y anunció la posibilidad de introducirse de incógnito en China.

La forma que planteaba, un tanto fantástica, era que en ese año de 1572 en ocasión del ascenso de un nuevo emperador de nombre Wanli, de la dinastía Ming, se había decretado un indulto para el retorno de chinos que habían estado exiliados. Como algunos de aquéllos chinos en el exterior se habían convertido al cristianismo podrían regresar secretamente a su país, ahora como aliados de los europeos. La misión no se realizó principalmente por la improvisación con que fue concebida, pero Martín de Rada atribuía el fracaso más bien al temor de los chinos de entrar a su patria con extranjeros.

Paralelamente, la llegada de misioneros jesuitas a China por el lado portugués quedaría marcada en la historia con más boato y propaganda que la misión de Martín de Rada. Un gran cambio se suscitó con la presencia más permanente de los misioneros en China, sobre todo jesuitas, que abrió una nueva época de comprensión. Como apunta el historiador catalán Manel Ollé ‟en el momento en el que los padres jesuitas Matteo Ricci y Michele Ruggieri acceden, a través del conocimiento de la lengua china, a la lectura de los registros históricos, institucionales, filosóficos etc. se abren las puertas a un nuevo paradigma de percepción que dará sus frutos durante las primeras décadas del siglo XVII (...y que) representa un cambio cualitativo". En esta lista Alessandro Valignano ocupa un lugar prominente.

Así llegamos a Diego de Pantoja (1571-1618 Macao) Lisboa, 1596, Goa 1597, Macao 20 de julio de 1597. Relación de la entrada de algunos padres de la Compañía de Jesús en la China y particulares sucesos que tuvieron y de cosas notables que vieron en el mismo reino. Pertenece a la tradición jesuita y es uno de los cronistas de esa orden que acompañaron a Mateo Ricci. Dedicaremos algunas entradas de este blog a hablar de este admirable misionero.

Un asunto relevante que perduró por siglos fue la ruptura entre jesuitas y el resto de las congregaciones católicas, lo que se consideró el debate de los ritos chinos y la adecuación a las culturas de Oriente. Es un tema central, pero que no puede ser revisado en este breve recuento de crónicas.

Otras visiones

Desde 1575 los agustinos habían tenido también presencia en China, aunque con escasos resultados. El mejor producto de una visita de Martín de Rada en aquella época fue un memorial que describe la mítica Cathay de Marco Polo. 

Los misioneros no jesuitas también hicieron un esfuerzo notable en entender la mentalidad china, a despecho de la acusación jesuíta de que era simples “frailes idiotas”, y ello se demuestra en las obras lingüísticas como la del padre Juan Cobo en 1593, Pieng Cheng-Cha Chen-Shua Shih-Lu, destinadas a catequizar a los chinos residentes en Manila. El campo de prácticas de los misioneros filipinas eran los barrios manilenses en que comerciantes asiáticos vivían por largas temporadas en las islas. Uno de los grandes logros fue la fundación de la Universidad de Santo Tomás como obra de los dominicos.

Bernardino de Escalante (1537-1605). Discurso de la navegación que los portugueses hacen a los Reinos y Provincias del Oriente y de la noticia que le tiene de las grandezas del Reino de China. publicado en Sevilla en 1577. Fue traducido al inglés en 1579. Es un trabajo de síntesis de la información proporcionada por misioneros, si bien el no viajó al Oriente.
Gaspar da Cruz, dominico portugués (1520-1570) publicó en Evora en 1569 su Tratado das cousas da China, que en principio no tuvo un gran impacto editorial, pero sus descripciones lograron influir en muchos misioneros deseos de llevar al imperio celeste.
Juan González de Mendoza, agustino, Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del Gran Reino de la China, 1585. Puede considerarse un éxito de ventas, pues en 16 años alcanzó 38 ediciones en 9 idiomas diferentes. Nunca estuvo en Oriente, pero utilizó la información proporcionada por Martín de Rada  y fray Pedro de Alfaro.
Joseph de Acosta. Historia Natural y Moral de las Indias. Parecer sobre la Guerra de China y Respuesta a nuestro padre. Fundamentos que justifican la guerra contra China. 1586-1587

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Stewart Gordon. When Asia was the world. Traveling merchants, scholars, warriors, and monks who created the ¨riches of the East¨, Da Capo Press, Philadelphia, EUA, 2009. p 157-177.

Manel Ollé, "Comunidades mercantiles en conflicto en los estrechos de Taiwán (1624-1684)", Revista de Historia Económica (second series) pp. 271-297, Universidad Carlos III de Madrid, 2005.

Pedro G. Galende, O.S.A., Apologia Pro Filipinos. Ed. Salesiana Publisher, Manila, 1980.

Destaca la obra de J. Cobo. Apología de la Verdadera Religión, edición facsimilar a cargo de F. Villarroel, Universidad de Santo Tomás, Manila 1986.

Fernando Iwasaki Cauti, Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI. Mapfre, Madrid, 1992.

martes, 10 de junio de 2014

Constelación de puertos

La llamada ruta marítima de la seda es una red comercial de enorme importancia que tuvo como centro a un grupo de ciudades chinas conectadas con el mundo, especialmente en las provincias de Fujián y Guangzhou. Los antecedentes de este comercio se remontan a los siglos XII y XIII, y de forma destacada están relacionados con la gran aventura del almirante Zheng He (1371-1433), en el siglo XIV. Sin embargo, el interés de esta nota es concentrar la atención en el gran cambio que se operó cuando aquellos puertos chinos establecieron la conexión comercial desde Asia central hasta el Sudeste de Asia y América, por medio del Galeón de Manila-Acapulco, una vez que Manila fue establecida como puerto español en 1571.

Encuentro de culturas y sistemas

En la etapa final de la dinastía Mingen la segunda mitad del siglo XVI en China, se gestaba un cambio fundamental que tenía qué ver con el comercio internacional, pues el gobierno buscaba regular los intercambios con el resto del mundo y en especial el movimiento de la plata que dominaba a la economía china, proveniente sobre todo de Japón. El sistema tradicional de comercio tenía un tinte imperial curioso. Considerado como intercambio tributario, los emperadores chinos no comerciaban, sino que recibían los tributos de pueblos y naciones que reconocían la autoridad de China. A cambio, generosamente proporcionaban regalos y plata

Los comerciantes que provenían del Asia Central eran recibidos en ciudades del norte de China por administradores, que atendían a los embajadores (muchos de ellos eran conductores de caravanas de camellos que no tenían representación oficial de sus naciones). En la parte marítima de China este sistema fue conocido como Shibosi y consistía en oficinas de comercio marítimo, controlado por supervisores en tres puertos: Ningbo, en la provincia de Zhejiang para el comercio con Japón; Quanzhou, en Fujián, para el comercio con las islas de Taiwán y Ryukyu y Guangzhou, o Cantón, para el resto del sudeste de Asia. En ocasiones, se permitía a los visitantes extranjeros llegar a Beijing, la capital, donde eran atendidos por el Ministerio de Ritos y, ocasionalmente, tenían audiencia multitudinaria con el emperador.

El comercio para los extranjeros era ventajoso, pero a la larga los chinos padecían las consecuencias y procuraban equilibrar su balanza comercial espaciando los plazos de entrada de misiones comerciales extranjeras. Un fenómeno importante fue la creciente dependencia del flujo de plata japonesa, que monetizó el comercio interno de China y llevó incluso a la decisión de cobrar impuestos en plata a la población. Para evitar esa situación de dependencia se tomaron diversas medidas correctivas. En 1549 se limitó el comercio entre Japón y China.  En 1565 se reinstauró la oficina de supervisión en Guangdong.  En 1567 se decidió concentrar el comercio en Yuegang, al sur de Xiamen, en la provincia de Fujián. Todo ello coincide con el establecimiento por los portugueses en Macao (con autorización china) en 1557 y la fundación Manila en manos españolas en 1571. A partir de entonces, el comercio externo de China tomó un rumbo diferente y alentó la producción manufacturera en cadena, siglos antes que la llamada Revolución Industrial Inglesa.

Es interesante observar que la presencia europea en esas ciudades se suma a un proceso interno que ya existía en China y que canalizaba el flujo de comercio que venía desde Asia Central. Con ello también tomó impulso la producción interna de seda, porcelana, té y muchas manufacturas. Si logramos escapar de la visión histórica convencional, que sólo observa el comercio desde el ángulo europeo o asiático, y lo vemos como un sistema integral enorme que conecta a toda China, la perspectiva puede ser muy enriquecedora.

Tomemos por ejemplo la ciudad de Nanjing. Localizada en un nudo económico del río Yangtze, Nanjing ha sido una ciudad muy importante en la historia del comercio de China. Fue una de las cuatro capitales de China, se convirtió en el centro de la ruta, punto de llegada de viajeros del mundo y de salida de comerciantes chinos. La ciudad conectaba China con los reinos del este de Asia, por medio de comerciantes, así como con el movimiento de misioneros budistas. Esto hizo de Nanjing el punto de confluencia entre la ruta de la seda y la ruta marítima. 
 
Qingjing Mosque

No hay que olvidar que en el interior del país se desarrolló una intrincada red de canales y rutas fluviales que comunicaban a China de Norte a Sur , el famoso Gran Canal, y de ese centro productivo hacia la costa. A partir del siglo XV muchas ciudades se especializaron y progresaron en el interior del país, proporcionando productos para el comercio mundial. China "la fábrica del mundo" no es un tema del siglo XX.

A partir de ese centro se distinguen ciudades fluviales como Yangzhou, o marítimas como los mencionadas arriba. En una breve lista podemos resumir:

Sur y Este de China

Guangzhou, mejor conocida como Cantón, y su antiguo puerto Huanpu o Whampoa, en la desembocadura del rio Perla. Fue el emporio del comercio hacia el sur de Asia.

Quanzhou, en Fujián, conocida como Zayton por Marco Polo, perdió poder frente a otros puertos en esa misma provincia.

Zhangzhou, conocida como media luna, por la forma de su bahía, en el sur de Fujián, sirvió al comercio con Filipinas.

Fuzhou, en la desembocadura del rio Minjiang, también en Fujián, se dedicó al comercio con Taiwán.

Al norte:

Penglai, en la provincia de Shandong, era conocida como Dengzhou en la antigua China, frente al mar de Bohai, fue el punto de contacto con la península coreana.

Ningbo, ya mencionada, era conocida como Mingzhou, estaba conectada con el Gran Canal, conectaba el comercio con Japón.

Probablemente no nos digan mucho estos nombres, pero la correspondencia cultural entre aquellos puertos y las ciudades mexicanas de Acapulco, Puebla, Ciudad de México, Xalapa o Zacatecas es muy estrecha.