Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

sábado, 21 de noviembre de 2009

una paz precaria 7


En diciembre de 1521 culminó la estancia de la tripulación de Magallanes en las islas de la especiería. Sus capitanes, Gonzalo Gómez de Espinosa y Juan Sebastián Elcano, el maestre Juan Bautista de Pozorón, y el contador Marín Méndez, se habían quedado a cargo de la expedición y habrían de obtener el reconocimiento de ser los primeros en dar la vuelta al mundo.

Nos hemos detenido en las descripciones hechas por Antonio Pigafetta acerca de esta escala, porque su relato ha trascendido en la historia y ofrece el primer recuento de tierras desconocidas hasta ese momento para los europeos, si tomamos en cuenta que los portugueses habían decidido mantener en secreto la localización de la fuente de la especiería.

En aquel fin de año, las dos naves de la expedición estaban preparadas y llenas de productos para partir hacia Europa. Sin embargo, el Trinidad mostró signos de que podría hundirse y echaron mano de buzos de aquellas islas para tratar de repararla. Así lo cuenta Pigafetta:

El miércoles 18 de diciembre de 1521 por la mañana todo estaba dispuesto para partir. Los reyes de Tadore, de Giailolo y de Bachián, así como el hijo del rey de Tarenate, vinieron para acompañarnos hasta la sla de Mare. El navío Victoria desplegó velas el primero y ganó el largo, donde esperó al Trinidad; pero éste levó anclas con mucha dificultad, y los marineros descubrieron que sufría una vía de agua en la cala. Volvió a anclar entonces el Victoria donde estaba ante. Se descargó en gran parte el Trinidad para buscar la vía y taponarla; pero aunque se le acostó de babor, el agua entraba cada vez con más fuerza, como por un caño, sin que pudieramos encontrar la vía; este día y el siguiente dimos a las bombas sin cesar, pero sin éxito.
Llegó la noticia a oídos del rey de Tadore, y vino al navío a ayudarnos. Mandó se sumergiesen cinco de sus buzos, acostumbrados a permanecer mucho tiempo bajo el agua; trabajaron más de media hora sin econtrar el agujero por donde entraba el agua, y como, a pesar de las bombas, el agua subía siempre, envió a buscar al otro extremo de la isla a tres buzos más hábiles aún que los primeros.
La ruta que siguió la nave Trinidad, de Magallanes

Este incidente traería consecuencias dramáticas para la expedición, que una vez más se encontraban ante el dilema de continuar la trayectoria hacia Europa. La vieja nave insignia de Magallanes, el Trinidad, parecía una ballena encallada en la playa, que se resistía a seguir el viaje. Ante la tardanza para repararla y el riesgo de perder los vientos propicios del Este, los capitanes tomaron la decisión de dividirse: el Victoria regresaría solo por la ruta de la India, al mando de Sebastián Elcano, mientras que el Trinidad permanecería los meses necesarios para tomar la improbable ruta de retorno hacia América, al mando del leal Gómez de Espinosa.
... durante este tiempo carenarían al Trinidad, el cual podría aprovechar en seguida los vientos del Oeste para ir a Darién, al otro lado del mar, en la tierra de Diucatán (Yucatán). Dijo entonces el rey que tenían a su servicio doscientos cincuenta carpinteros, a los que emplearía en este trabajo bajo la dirección de los nuestros, y que aquellos de nosotros que se quedaran en las islas serían tratados como sus propios hijos. Pronunció estas palabras con tanta emoción, que a todos nos hizo derramar lágrimas.
Los que tripulábamos el Victoria, temiendo que su carga fuese excesiva, por lo que podría abrirse en alta mar, decidimos enviar a tierra sesenta quintales de clavos, y los llevamos a la casa en que se alojaba la tripulación del Trinidad. Hubo algunos, sin embargo , que prefirieron quedarse en las islas del Malucco mejor que volver a España, ya por temor de que el navío no resistiera tan largo viaje, ya porque el recuerdo de lo que sufrieron antes de llegar a las Malucco les amedrentase, pensando que morirían de hambre en medio del Océano.
El sábado 21 de diciembre de 1521, día de Santo Tomás, los dos barcos se despidieron con sendas cargas de artillería. El que partía llevaba 47 europeos y 13 indios. En tierra quedaban 54 europeos. El destino era incierto para todos: Sebastián Elcano debería regresar por una ruta acechada por los portugueses, vía la India y alrededor de África, tomando riesgos impredecibles. Los que se quedaban sabían acaso que no volverían a ver su propia tierra. Pero más paradójico aún: Sebastián Elcano, quien se había sublevado contra la autoridad de Magallanes, pasaría a la historia como el capitán que concluye la vuelta al mundo. Ahora apenas se menciona a Gómez de Espinosa, quien en todo momento fue el fiel lugarteniente de Magallanes.
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Antonio Pigafetta, op.cit. pp. 244.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Productos y costumbres 5

Casi al final de su estancia en la isla de Tidore, en diciembre de 1521, aquellos marineros que habían zarpado de España con Magallanes seguían observado, con curiosidad y asombro, las costumbres locales, tal como son descritas por Pigafetta en su diario. Cuenta que el 17 de diciembre el rey de Bachián obtuvo permiso del rey de Tidore para pasar a tierra y hacer una alianza con los españoles.
Le precedían cuatro hombres con largos puñales en la mano; dijo, en presencia del rey de Tadore y de todo su séquito, que estaría siempre pronto a ponerse al servicio del rey de España; que guardaría para él sólo los clavos de especia que habían dejado los portugueses en su isla hasta la llegada de otra escuadra española, y no los cedería a nadie sin su consentimiento, y que por medio de nosotros iba a enviarle un esclavo y dos bahars de clavos; hubiera gustosamente dado diez, pero nuestros barcos estaban tan cargados, que ya no soportaban más.

Aves del Paraíso
Nos dio también para el rey de España dos pájaros muertos muy hermosos; tenían el tamaño de un tordo: la cabeza, pequeña; el pico, largo; las patas, del grueso de una pluma de escribir y de un palmo de largo;la cola, parecida a la del tordo; sin alas, y en su lugar largas plumas de diferentes colores, parecidas a penachos; las plumas, oscuras, salvo las de las alas; no vuelan más que cuando hace viento; dicen que vienen del Paraíso terrestre, y les llaman bolodinata, esto es, pájaro de Dios.
No pude determinar qué tipo de ave describe Pigafetta.

Extraña costumbre del rey de Bachián
Representaba el rey de Bachian unos setenta años. Nos contaron de él una cosa muy extraña: siempre que iba a combatir a los enemigos, o cuando iba a emprender algo de importancia, se entregaba antes dos o tres veces a los placeres de uno de sus criados destinados a tal fin, así como César, según el relato de Suetonio, acostumbraba a entregarse a Nicomedes.
Sin comentarios.

Brujos
Un día el rey de Tadore envió a decir a los nuestros que guardaban el almacén de nuestras mercancías, que no saliesen durante la noche, porque había isleños que por medio de cierto ungüentos tomaban la figura de un hombre sin cabeza; de este modo se paseaban por la isla, y cuando encontraban alguno a quien no querían, le tocaban untándole la palma de la mano, por lo que el hombre caía enfermo y moría al cabo de tres o cuatro días; si encontraban tres o cuatro personas a la vez, no las tocaban, pero poseían el arte de aturdirlas. Añadió el rey que era preciso velar para conocer a estos brujos, que ya habían prendido a muchos.
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Antonio Pigafetta, op.cit. p. 243.


jueves, 19 de noviembre de 2009

Productos y costumbres 4

Pigafetta describe una ceremonia en la que el rey de Tidore casó a su hija con el hermano del rey de Bachián, en diciembre de 1521. Para el efecto, pidieron a los visitantes europeos que dispararan desde los galeones Victoria y Trinidad artillería en honor de los desposados.
El rey de Bachián, con su hermano, el futuro esposo de la hija del rey de Tadore, vinieron en un gran barco, con tres filas de remeros a cada lado; ciento veinte hombres en total. Estaba el barco adornado con muchos pabellones de plumas de papagayo, blancas, amarillas y rojas: mientras bogaban, los timbales y la música acompasaban el movimiento de los remos. En otras canoas estaban las muchachas que debían presentar a la esposa. Nos saludaron dando la vuelta alrededor de nuestros navíos y del puerto.
Etiqueta y ceremonias
Como la etiqueta no permite que un rey pise la tierra de otro, el rey de Tadore visitó al de Bachián en su propia canoa. Este al verle llegar, se levantó del tapiz (alfombra pequeña) en que estaba sentado y se colocó al lado, cediendo el sitio al rey de Tadore, el cual, por cortesía, tampoco quiso sentarse en el tapiz y se puso al otro lado, dejando el tapiz en medio de los dos. Entonces el rey de Bachián ofreció al de Tadore quinientos patolles, como compensación por la esposa que daba a su hermano. Los patolles son paños de oro y seda fabricados en China y muy apreciados en esas islas; vale cada uno tres bahars de clavos, poco más o menos, según el trabajo y el oro que tenga; cuando algún personaje del país muere, los parientes, para honrarle, se visten con estos paños.

Al día siguiente se ofreció una cena al rey de Bachián. Cincuenta mujeres llevaban los platillos:

Cubiertas de paños de seda desde la cintura a las rodillas, yendo de dos en dos, con un hombre en medio, con sendos platos grandes, en los que había otros platitos conteniendo diferentes guisos; los hombres llevaban grandes vasos de vino; diez mujeres de las de más edad hacían de maestras de ceremonias. Llegaron en este orden al barco y presentaron todo al rey, que estaba sentado sobre un tapiz bajo un dosel rojo y amarillo.
A su regreso, las mujeres se juntaron a algunos de nosotros, a los que la curiosidad impelió a ver el convoy, y no pudieron librarse de ellas sino después de hacerles algunos regalitos. El rey de Tadore nos envió en seguida viveres, tales como cabras, cocos, vino y otros comestibles.
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Antonio Pigafetta, op.cit. p. 242.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Productos y costumbres 3


Antonio Pigafetta da cuenta, en su diario de viaje por las islas de la especiería, de usos y costumbres de los habitantes de esa región de Asia, prácticamente desconocida para los europeos. Es importante destacar que esta descripción de 1521, se realizó en el mismo periodo en que los españoles se desplazaban con una fuerza demoledora por el continente americano. Con curiosidad similar a la de los cronistas españoles, que nos dejaron un recuento minucioso de las culturas Azteca, Maya o Inca, señala Pigafetta:

Jengibre
Produce asimismo la isla, jengibre, que comimos verde como su fuera pan, o nace en un árbol, sino en un arbsto con tallos a flor de tierra de un palmo de largo, parecidos a los pimpollos de las cañas, a los que también se asemeja en las hojas, aunque las del jengibre son más estrechas; no sirven para nada los tallos; sólo se aprovecha la raíz, que es el jengibre usual en el comercio; el jengibre verde no es tan fuerte como el seco; para secarle se espolvorea de cal, pues de otro modo no podría conservarse.
Casas

Las casas de estos isleños están construidas como las de las islas vecinas, aunque no tan elevadas sobre la tierra, y rodeadas de cañas en forma de seto.

Mujeres y hombres

Las mujeres de este país son feas; van desnudas como las de las otras islas, cubriendo sus partes sexuales con un paño hecho de corteza de árbol; los hombres van igualmente desnudos, y a pesar de la fealdad de sus mujeres, son muy celosos; se enfadaban mucho al vernos llegar a tierra con las pretinas abiertas, porque se imaginaban que esto podría inducir a malas tentaciones a sus mujeres; hombres y mujeres van descalzos.

Paños de corteza de árbol

Sus telas de corteza de árbol las hacen del siguiente modo: cogen un trozo de corteza y la ponen en agua hasta que se ablanda; la golpean después con una especie de látigos para extenderla a lo largo y a lo ancho, según creen conveniente, hasta que parece una tela de seda cruda con hilos entrelazados interiormente como si fuese tejida.

Pan de madera

Con la corteza de un árbol parecido a la palmera hacen su pan, así: toman un trozo de esta madera y le quitan ciertas espinas negras y largas; en seguida la machacan y hacen un pan al que llaman sagou; llevan provisión de este pan en sus viajes por mar.
Sago, Metroxylon sago. Se sigue utilizando en la cocina asiática actual, como harina para los fideos, almidón para hacer más espesa la sopa y los guisados, o para capear. Se come también con azúcar, en bolitas de masa.
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Antonio Pigafetta, op.cit. pp. 238.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Productos y costumbres 2

Pigafetta describe a la nuez moscada (Myristica fragans):

También produce la isla nuez moscada, parecida a nuestras nueces, tanto por el fruto como por las hojas. La nuez moscada, cuando se la cosecha, semeja al membrillo por su forma, color y pelusilla que la cubre, pero es más pequeña; su primera corteza es tan espersa como el pericarpio de nuestra nuez; debajo hay una tela delgada, o mejor dicho, de cartílago, bajo la cual está el macis, de un rojo vivo, que envuelve la cortesa leñosa que contiene la nuez moscada propiamente dicha.

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Antonio Pigafetta, op. cit. p 237.

martes, 10 de noviembre de 2009

Productos y costumbres

Clavos de olor

La curiosidad de los crónistas lusitanos y españoles del siglo XVI tiene siempre algo de ingenuo y enriquecedor. Inmersos como estaban en el espacio medieval, observaron con asombro un mundo extremadamente complejo. Sus testimonios han sido fuente invaluable de generaciones de antropólogos e historiadores de la cultura. En el texto de Pigafetta vale rescatar sus observaciones sobre los frutos de la tierra y las costumbre de los habitantes de las islas de la especiería.

El 17 de noviembre de 1521, domingo, bajó a tierra para examinar el árbol del clavo (Syzygium aromaticum), y ver cómo se produce el fruto.

He aquí lo que observé: tiene una gran altura y su tronco es de grueso como el cuerpo de un hombre, más o menos, según su edad; sus ramas se extienden mucho hacia el medio del tronco, pero en la copa forman una pirámide; su hoja se asemeja a la del laurel, y la corteza es de color aceitunado; los clavos nacen en la punta de las ramitas, en grupos de diez a veinte; dan más fruto en un lado que en otro, según las estaciones; los clavos son al principio blancos, al madurar rojizos y al secarse negros; se cosechan dos veces al año, la primera por Navidad y la segunda por San Juan, esto es, poco más o menos, hacia los dos solsticios, estaciones en que el aire es más templado en este país, que en el solsticio de inverno es más cálida porque el Sol está entonces en el cenit.
Cuando el año es cálido y hay poca lluvia, la cosecha de clavos es en cada isla de tres a cuatrocientos bahars. El árbol crece solamente en las montañas, y parte perece cuando se le transplanta al llano; la hoja, la corteza y la parte leñosa del mismo árbol tiene un olor y sabor tan fuertes como el fruto, el cual, si no se coge en plena madurez, engorda tanto y se pone tan duro, que no sirve de él más que la corteza; no hay árboles de clavo más que en las montañas de las cinco islas Malucco, y algunos en la isla de Giailolo y en el islote de Mare, entre Tadore y Mutir, pero sus frutos no son tan buenos; dicen que la niebla le da cierto grado de perfección; lo cierto es que a diario vimos niebla, en forma de nubecitas, rodeando tan pronto una, tan pronto otra de las montañas de estas islas; cada habitante posee algunos árboles, que vigila y de los que recoge los frutos, pero sin pensar siquiera en el cutlrivo; en cada isla se llama de modo diferente a los clavos: gomode en Tadore, bongavalan en Sarangani y chianche en las islas Malucco.
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Antonio Pigafetta, op.cit, pp. 237.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Dimensiones

Si se atiende a los relatos mencionados por Pigafetta, el poderío portugués en Asia, bajo el mando del almirante Diego López de Sequeira equivaldría a las dimensiones actuales de la Quinta flota y la parte oeste de la Séptima Flota de Estados Unidos.

La quinta flota abarca 19.4 millones de kilómetros cuadrados desde el arco africano al Medio Oriente, incluyendo el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.

La séptima flota consiste de casi 60 barcos, 350 aviones y 60.000 cuerpos de marines y marineros. Es responsable de 135 millones de kilómetros cuadrados del Pacífico y el Océano Índico, una región 14 veces el tamaño de Estados Unidos.

sábado, 7 de noviembre de 2009

una paz precaria 6

Comercio de Malaca

El portugués Pedro Alfonso de Lorosa informó a los españoles que anualmente van muchos juncos a Malaca a Bandán a comprar macis y nuez moscada, y desde allí a las Maluco para cargar clavos. En tres días se hace e lviaje de Bandán a las islas Maluco, y en quince se va de Bandán a Malaca. Este comercio, decía, es, entre el de estas islas, el que rinde más beneficio al rey de Portugal, por lo que tiene gran cuidado en ocultárselo a los españoles.

Lo que Lorosa acababa de decir era en extremo interesante, y procuramos persuadirle a que se embarcase con nostros a Europa, prometiéndole grandes gajes de parte del rey de España.

Pedro Alfonso de Lorosa decidió regresar a Europa en la expedición magallánica.


una paz precaria 5




Valiosas noticias de un informante portugués

Pigafetta relata que en la tarde del 13 de noviembre de 1521, llegó ante los españoles en Tidore el portugués Pedro Alfonso de Lorosa.

Lorosa vino a bordo del navío en una piragua. Supimos qe el rey (de Tidore) le envió a buscar para advertirle que, aunque él fuese de Tarenate, debía guardarse mucho de mentir en las respuestas a nuestras preguntas. Efectivamente, cuando vino nos dio todas las noticias que podían interesarnos.
Dijo que estaba en la Indias hacía diesciséis años, diez de los cuales los pasó en las islas Malucco, adonde llegó con los primeros portugueses, que verdaderamente se habían establecido allí desde diez años antes; mas que guardaron el más profundo silencio sobre el descubrimiento de las islas; añadió que hacía once meses y medio un gran navío vino de Malaca a las islas Malucco para cargar clavo de especia e hizo su cargamento, pero que el mal tiempo les retuvo algunos meses en Bandán.
Procedía el navío de Europa, y el capitán portugués, que se llamaba Tristán de Menezes, dijo a Lorosa que la noticia más importante por entonces era que una escuadra de cinco navíos, al mando de Fernando Magallanes, había partido de Sevilla para ir descubriendo las Malucco en nombre del rey de España; y que el rey de Portugal, tanto más disgustado de la expedición, cuanto que aquél era uno de sus súbditos que buscaba su daño, envío navíos al cabo de Buena Esperanza y al cabo de Santa María, en el país de los caníbales para interceptarle el paso en el mar de las Indias; pero que no le habían encontrado.
Supo en seguida que pasó por otro mar y que iba a las islas Malucco por el Oeste, y ordenó a D.
Diego López de Sichera (Sequeira), su capitán en jefe en las Indias, que enviase seis navíos de guerra a Malucco contra Magallanes; mas que a Sichera llegó la nueva de que en este tiempo los turcos preparaban una flota contra Malaca, y se vió obligado a mandar sesenta barcos de guerra al estrecho de la Meca (el Golfo de Adén), en la tierra de Judá, los cuales encontraron las galeras turcas encalladas a la orilla del mar, cerca de la bella y fuerte ciudad de Adem, y las quemaron todas.
Esta expedición impidió al capitán general portugués hacer lo que le habían encargado contra nosotros; mas poco después envió a nuestro encuentro un galeón a dos mandos de bombardas, mandado por el capitán Francisco Faría, portugués; no llegó el galeón a las islas Malucco, porque, ya por los arrecifes que hay cerca de Malaca, ya por las corrientes y vientos contrarios que encontró, tuvo que volver al puerto de donde había salido.
Lorosa añadió que, pocos días antes, una carabela con dos juncos había venido a las islas Malucco para obtener noticias sobre nosotros; los juncos esperaron en Bachián para cargar clavos de especia, llevando a bordo siete portugueses, los que, a pesar de las amonestaciones del rey, no quisieron respetar ni a las mujeres de los indígenas ni a las del mismo rey, y fueron todos asesinados. Al saber esta noticia el capitán de la carabela juzgó oportuno partir a toda prisa y volverse a Malaca, abandonando en Bachián los dos juncos con cuatrocientos bahars de clavos y mercancía bastantes para cambiarlas por otros ciento.
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Antonio Pigafetta, op.cit. p 234-235.

una paz precaria 4

En el diario de Pigafetta se asienta el 12 de noviembre de 1521 una descripción del comercio que realizaron los españoles en las tierras que apenas conocían.

Tráfico. El rey mandó construir un cobertizo, que acabaron en un día, para nuestras mercancías; allí llevamos todo lo que destinábamos para cambiar, y quedaron guardándolo tres de los nuestros. El valor de las mercancías que íbamos a dar en trueque de clavos de especia se fijó de esta manera:

Por diez brazas de paño rojo de buena calidad debian darnos un bahar de clavos; el bahar equivale a cuatro quintales y seis libras, y cada quintal pesa cien libras;

Por quince brazas de paño de clase mediana, un bahar de clavos;

Por quince hachas, un bahar;

Por treinta y cinco tazas de vidrio, un bahar (todas las tazas de vidrio las cambiamos así con el rey);

Por diecisiete cathiles de cinabrio, un bahar, y lo mismo por otro tanto de azogue;

Por veintiséis brazas de tela, un bahar, y de tela más fina sólo dábamos veinticinco brazas;

Por ciento cincuenta cuchillos, un bahar;

Por cincuenta pares de tijeras o por cuarenta gorros, un bahar;

Por diez brazas de paño de Guzzerate (¿Gujarat?), un bahar;

Por un quintal de cobre, un bahar
Continúa su relato:
Llevamos una gran partida de espejos; pero se quebraron la mayor parte en la travesía, y el rey se apropió casi todos los quehabían quedado enteros. Parte de estas mercancías provenían de los juntos que apresamos.
Hicimos, como se ve, un tráfico muy ventajoso, no sacando, sin embargo, todo el provecho que hubiéramos podido, porque deseabamos apresurar en lo posible el regreso a España (¡¡ subrayado nuestro).
Además de los clavos, hacíamos a diario buena provisión de víveres; los indios venían sin cesar con sus barcas para traernos cabras, gallinas, nueces de coco, bananas y otros comestibles, que nos daban por cosas de poco valor.
Agua caliente: También nos aprovisionamos de un agua excesivamente caliente, pero que expuesta al aire durante una hora se ponía muy fría. Dicen que esto proviene de que el agua mana de la montaña de los árboles del clavo. Reconocímos por esto la impostura de los portugueses, que quieren hacer creer que falta porcompleto el agua dulce en las islas Malucco, y que deben ir a buscarla muy lejos en otros países.
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Antonio Pigafetta, op.cit. pp 233-234.

una paz precaria 3

Noviembre de 1521. La situación de los españoles se volvió muy tensa durante su breve estancia en Tidore. La muerte del rey de Ternate tornó cualquier movimiento en motivo de sospechas. El 11 de noviembre se acercó a los españoles un hijo del rey asesinado y traía consigo a la viuda y los hijos de Serrano, el aventurero portugués, pero el encuentro estuvo lleno de recelos y se hizo un simple intercambio de tela india de seda y oro, algunos espejos, tijeras y cuchillos.

No se menciona la suerte que corrieron lo familiares malayos de aquel Francisco Serrano, aunque si el de un criado indio que se había convertido al cristianismo. Se llamaba Manuel y hablaba portugués. Traía un mensaje de otro mercenario que se encontraba en Ternate, Pedro Alfonso de Lorosa, o Llorosa, quien ofrecía sus servicios a los españoles para entrar en posesión de las tierras en Ternate donde se asentaban los portugueses. Pocos días después se realizaría un encuentro con Llorosa en el barco de los españoles.

Por lo pronto tomemos dos notas del diario de Pigafetta, del 11 de noviembre de 1521, respecto a las costumbres y al comercio local en la isla de Tidor:
Costumbres del rey de Tadore. Informándome de las costumbres del país, supe que el rey puede tener para su placer tantas mujeres como le parezca; pero una sola es su esposa, y las demás, esclavas.
Su serrallo: Tenía fuera de la ciudad una gran casa, donde vivían doscientas de sus más bonitas mujeres, con igual número de criadas. El rey come siempre solo o con su esposa en una especie de estrado elevado, desde donde ve a todas las otras mujeres, sentadas alrededor, y después de haber cenado escoge la que compartirá su lecho aquella noche. Cuando el rey termina su comida, sus mujeres comen todas juntas si él lo consiente, y si no, cena cada una en su habitación. Nadie puede ver a las mujeres del rey sin su permiso especial, y si algún imprudente se acercara a su habitación, de día o de noche, le matarían en el acto. Para proveer el serrallo real, cada familia tiene la obligación de dar una o dos hijas. El rajá sultán Manzor tenía veintiséis hijos, ocho varones y dieciocho hembras. Hay en la isla de Tadore una especie de obispo, que tenía cuarenta mujeres y muchos hijos.
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Antonio Pigaffeta. Viaje alrededor del mundo, traducción al castellano de Federico Ruiz M., Espasa-Calpe Argentina S.A., 1941. Texto íntegro incluído en La primera vuelta al mundo, Magallanes, Elcano y el Libro Perdido de la Nao Victoria, Academia Colombiana de Historia, Plaza & Janés, segunda edición, Bogotá, 1988, pp. 230-245.

sábado, 24 de octubre de 2009

Una paz precaria 2

Continúa Pigafetta su descripción de las islas Malucco:
Os será sin duda agradable, monseñor, conocer algunos detalles sobre las islas en que crecen los árboles que producen los clavos de especia. Son cinco: Tarenate, Tadore, Mutir, Machián y Bachián.

Tarenate (Ternate) es la principal. El citado rey dominaba casi completamente en las otras cuatro.

Tadore (Tidor), en la que estábamos, tiene su rey propio, así como Bachián. Mutir y Machián no tienen rey; su gobierno es popular, y cuando hay guerra entre los reyes de Tarenate y Tadore, ambas repúblicas democráticas suministran combatientes a los dos partidos. Toda la provincia dode cree el clavo se llama Malucco (Molucas).
En el diario de Pigafetta aparece de nuevo aquel portugués, Francisco Serrao, que se había quedado a vivir en las islas Malucco. En la entrada del 10 de noviembre escribe:
Al llegar a Tadore nos dijeron que ocho meses antes había muerto un tal Francisco Serrano, portugués. Era capitán general del rey de Tarenate, que estaba en guerra con el de Tadore, al que obligó a dar su hija en matrimonio al rey de Tarenate, exigiendo además, en rehenes, a casi todos los hijos varones de los personajes de Tadore.
Con este arreglo hicieron las paces, y del matrimonio nació el nieto del rey de Tadore, Calanogapi, ya mencionado. Sin embargo, el rey de Tadore no perdonó jamás sinceramente a Francisco Serrano, y juró vengarse de él.
Serrano muere envenenado. En efecto, algunos años después Serrano se dispuso un día a ir a Tadore para comprar clavos de especia, y el rey le envenenó con tósigo preparado en hojas de betel, no sobreviviendo más de cuatro días. Quiso el rey hacerle funerales y entierro según los usos del país; pero criados cristianos que tenía Serrano se opusieron. Al morir Serrano dejó un hijo y una hija, nios que tuvo con una mujer con la que se casó en Java. Toda su fortuna consistía en doscientos bahars de clavos de especia.
Invitación de Serrano a Magallanes para venir a Malucco. Serrano fue gran amigo y creo que pariente de nuestro desdichado capitán general, y fue quien le decidió a emprender este viaje, porque durante la estancia de Magallanes en Malaca supo por cartas que Serrano estaba en Tadore donde se podía hacer un comercio ventajoso. Magallanes no olvidó lo que Serrano le escribió cuando el difunto rey de Portugal, D. Emanuel, rehusó a aumentar su sueldo en un testón al mes, recompensa que creía sobrado merecida por los servicios prestados a la corona.
Proyecto de Magallanes. Para vengarse vino a España y propuso a su majestad el emperador ir a Malucco por el Oeste, obteniendo el real permiso.
Diez días después de la muerte de Serrano, el rey de Tarenate, llamado rajá Abuleis, que se había casado con una hija del rey de Bechián, decclaró la guerra a su yerno y le expulsó de su isla. Su hija intervino como mediadora entre su padre y su marido, y envenenó a aquél, que sobrevivió solamente dos días a la ponzoña.
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Antonio Pigafetta, op.cit, p. 232.

viernes, 23 de octubre de 2009

Una paz precaria 1


Antes de concertar el Tratado de Zaragoza, en 1529, las coronas española y portuguesa habían entrado en conflicto por el interés de ambas de controlar las islas de la especiería. Los lusitanos tenían ventaja al dominar la ruta por África y la India, donde contaban con varios puertos para abastecerse en el largo camino. Los españoles en cambio, debían pasar ocultos ante la vigilancia portuguesa o intentar, como lo hicieron repetidas veces, por el lado del Pacífico.

El acuerdo firmado en Zaragoza fue, como hemos visto, una tregua calculada en el despacho de Carlos V, pensada en hábiles términos geostratégicos, pero con muy poco interés de la parte española de mantener su vigencia... al menos hasta que encontraran un método seguro de acceder a la zona. Esto duró prácticamente tres décadas, una generación, que condujo a los españoles a conquistar las islas Filipinas, claramente en la órbita portuguesa.

Detengámonos un poco en las crónicas de marineros y soldados que entraron en aquel conflicto, localizado en el otro extremo de Europa, las islas Molucas, en el extremo oriental del archipiélago indonesio, que estaban dominadas por dos estados indígenas soberanos, Ternate y Tidore, con sus propios conflictos y que exigían tributo precisamente en especias de las poblaciones a su alrededor.

Tres expediciones amparadas por España tenían como propósito llegar y asentarse en las Molucas, dos enviadas desde la península: la de Fernando Magallanes, realizada de 1519 a 1522 y la de García Jofre de Loaisa, entre 1525 y 1526, y una tercera que salió desde la Nueva España, a cargo Álvaro de Saavedra Cerón, sobrino de Hernán Cortés, 1525 a 1526.


* * *

Antonio Pigafetta dejó escrito un diario del viaje de Magallanes alrededor del mundo, que constituye el testimonio más valioso de aquella expedición. Con curiosidad de explorador describe la llegada de los españoles a las ansiadas islas de la especiería, procedentes de Filipinas, del 7 de noviembre hasta 21 de diciembre de 1521, para continuar su travesía de regreso a Europa.

Ya había muerto Magallanes, pero la expedición mantenía su objetivo de afianzar el poder español en un territorio tan desconocido como apreciado. La corona española estaba dispuesta a reclamar ese espacio como si fuera parte del área acordada en el Tratado de Tordesillas, algo improbable debido a la imprecisión del conocimiento geográfico de aquella época.

Dejemos correr la narración de Pigaffeta que nos cuenta con detalle el choque de los imperios portugués y español para encontrarse en el extremo opuesto de Europa: uno, que había llegado por la ruta de África y la India y el otro por el lado del Pacífico. La historia contada en una nuez.
7 de noviembre de 1521. Vemos las isla Malucco. El piloto que cogimos en Sarangani nos dijo que (las cuatro islas) eran las islas Malucco. Dimos gracias a Dios, y en señal de regocijo disparamos toda la artillería. No debe extrañar nuestra gran alegría al ver estas islas, si se tiene en cuenta que hacía veintisiete meses menos dos días que corríamos los mares y que habiamos visitado una infinidad de islas, buscand siempre las Malucco.
Impostura de los portugueses. Los portugueses han propalado que las islas del Malucco están situadas en un mar innavegable a causa de los arrecifes que se encuentran por todas partes y de la atmósfera nebulosa y empañada de espesas nieblas; sin embargo, es todo lo contrario, y nunca, hasta las mismas Malucco, hubo menos de cien brazas de agua.
8 de noviembre de 1521. Llegada a Tadore. El viernes 8 de noviembre, tres horas antes de la puesta del Sol, entramos en el puerto de una isla llamada Tadore. Anclamos cerca de tierra, con veinte brazas de agua, y disparamos toda la artillería.
9 de noviembre de 1521. Visita del rey. A la mañana siguiente vino el rey en una piragua y dio vuelta en torno de nuestro navíos. Salimos a su encuentro en las chalupas para testimoniarle nuestro reconocimiento; nos hizo entrar en la piragua y nos colocamos a su lado. Estaba sentado bajo un quitasol de sed, que le cubría enteramente. Delante de él, en pie, un hijo suyo llevaba el ctro real; dos hombres con sendos vasos de oro llenos de agua para lavarse las manos, y otros dos con dos cofrecillos dorados de betre (betel).
Acogida del rey. Cuando supo quiénes eramos y el objeto de nuestro viaje, nos dijo que él y todos los pueblos tendrían gran alegría siendo amigos y vasallos del rey de España; que nos recibiría en su isla como a sus propios hijos; que podíamos bajar a tierra y estar en ella como en nuestras casa; y que, por amor a nuestro soberano, era su voluntad que desde aquel día en adelante dejase el nombre de Tadore y tomase el de Castilla.
Por lo que se puede observar, el rey cumplía cuidadosamente con un protocolo necesario para protegerse de la amenza de los españoles. No existía en sus acciones ninguna ingenuidad, luego de haber convivido con los portugueses por más de una década, prefirió generar confianza en los recién llegados. El domingo 10 de noviembre tuvieron una segunda entrevista en la que se mostró la curiosidad del rey.
Nos preguntó cuáles eran nuestros sueldos y qué ración nos daba a cada uno el rey de España. Satificímos su curiosidad. Nos rogó también que le diésemos un sello del rey y un estandarte real, pues quería, según dijo, que tanto su isla como la de Tarenate, en la que se proponía proclamar rey a su sobrino Calanogapi, fuesen en adelante tributarias del rey de España, por quien en lo futuro combatiría, y que si por desdicha sucumbiese a sus enemigos, iría a España en uno de sus barcos, llevando consigo el sello y el estandarte. Nos rogó en seguida que le dejáramos algunos de los nuestros, que le serían más preciados que todas las mercancías, las cuales -añadió- no le recordarían tanto tiempo como los hombres al rey de España y a nosotros.
Viendo nuestra prisa por cargar los navíos con clavos de especia, nos dijo que los de la isla no estaban bastante secos para nuestro objeto y que los buscaría en la isla de Bachián, en donde esperaba encontrar cantidad suficiente.
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Antonio Pigaffeta. Viaje alrededor del mundo, traducción al castellano de Federico Ruiz M., Espasa-Calpe Argentina S.A., 1941. Texto íntegro incluído en La primera vuelta al mundo, Magallanes, Elcano y el Libro Perdido de la Nao Victoria, Academia Colombiana de Historia, Plaza & Janés, segunda edición, Bogotá, 1988, pp. 230-245.