Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

lunes, 11 de junio de 2012

Se buscan

La doctora en Historia del Arte, Rie Arimura, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, recuerda que el pasado 8 de junio fue el 150 aniversario de canonización de los 26 mártires cristianos en Nagasaki, Japón. 

En el marco de esta conmemoración, en el Museo de los 26 Mártires en aquella ciudad japonesa se inauguró una exposición especial. En ella están exhibidas cerca de cien pinturas de la vida de san Felipe de Jesús realizadas por niños mexicanos en 1962 y que fueron enviadas a Nagasaki para conmemorar la fundación de la Iglesia de San Felipe y el citado museo. Se tiene noticia, por una vieja filmación, que también algunos de esos escolares mexicanos viajaron a Japón, muchos de ellos tendrán ahora cerca de 60 años.

Cincuenta años después de la fundación del museo y con el propósito de reunir a los niños que en esa época participaron en recordar a los mártires y a San Felipe de Jesús, se está tratando de localizar a personas involucradas con aquel evento.

Si conoce a alguna de estas personas, favor de comunicarse al (01) 55 5544 2252, al (01) 55 5585 1973 o escribir a: rie_arimura@yahoo.com.mx o emma_leticia@hotmail.com

El sentido de este esfuerzo consiste en dar a conocer las gestiones y aportaciones realizadas por mexicanos hace 50 años y, al propio tiempo, poder rescatar una historia de intercambios entre México y Japón en épocas más recientes.

miércoles, 6 de junio de 2012

El Pacífico americano

Durante los cuarenta años del reinado de Carlos V de España, de 1516 a1556, se desarrolló un intenso tráfico marítimo en las costas del recién descubierto Mar del Sur, desde la Nueva España hasta Perú. El principal interés de los españoles en el espacio que hoy conocemos como Pacífico fue la búsqueda de nuevos territorios de conquista, que llevaron a cabo personajes como Francisco Pizarro y Diego de Almagro, junto a tantos otros exploradores, sacerdotes, esclavistas y aventureros, quienes fueron articulando la expansión española en torno al mantenimiento de rutas marítimas, con la consiguiente tala de bosques, construcción y carenado de barcos, control de mano de obra indígena y africana, principalmente en América Central.

Desde Acapulco hasta Panamá se desarrolló en la primera mitad del siglo XVI un fragorosa industria marinera, que desde su inicio alimentaría con recursos y hombres la conquista del imperio Inca entre 1531 y 1533. Como señala Woodrow Borah ¨La comunicación y el comercio marítimo y terrestre entre las diversas colonias españolas del Nuevo Mundo se iniciaron casi con su establecimiento¨. Aún en la actualidad es difícil imaginar la intensidad del intercambio material y humano que se suscitó en ese breve período, con la apertura de puertos y establecimiento de poblaciones orientadas al comercio, algo que se acentúa por la escasez de documentos y registros de ese primer período.


Centroamérica en un mapa de 1600

A mediados del quinientos, el comercio integraba tanto los puertos en el Golfo de México, como en el Caribe, la media luna centroamericana y el reino del Perú. 

En el Caribe, los barcos no sólo distribuían los artículos que llegaban de España en los galeones, sino que llevaban de una colonia a otra los productos locales. En el siglo XVI la Habana compraba harina mexicana y Veracruz recibía de Yucatán, por mar, cera y miel de abeja. En el Pacífico, el tráfico principal comprendía el transporte de carga y pasaje entre Panamá y el Perú, porque los galeones llegaban únicamente a la costa atlántica del Istmo, al puerto de Nombre de Dios. También se desarrolló un tráfico considerable de pasajeros y mercancías locales no sólo entre los ¨varios reinos del Perú¨, sino también entre la costa occidental de Sudamérica y la costa occidental de la Nueva España.

Los limeños bebían chocolate centroamericano y lo pagaban con plata del Potosí. Dejando atrás a Guatemala, las naves coloniales unían a los dos grandes centros virreinales españoles del Nuevo Mundo, México y Lima. El viaje entre México y el Perú era quizás el más largo y difícil de los que se realizaban en aguas del Pacífico frente a las costas de América.
Aún en la actualidad las comunicaciones terrestres entre Centro y Sudamérica encuentran dificultades en cuanto a la infraestructura, como en el caso de Panamá donde se debate sobre la viabilidad de completar la ruta panamericana pues los requerimientos técnicos son de tal magnitud que podrían afectar la biósfera del estrecho de Darién. Desde aquel período de conquista, la comunicación debió ser necesariamente por la vía marítima.

El transporte terrestre de carga y equipaje por recua de mulas, o mediante el uso ilegal, aunque común, de cargadores indígenas era tan lento y costoso que se prefería el transporte por mar siempre que fuera posible. Además, dos barreras geográficas formidables hacían imposible que se abriera una ruta por tierra entre México y Lima. En el sur de Costa Rica y en el norte de Panamá, unas montañas extraordinariamente abruptas y las espesas selvas hacen el transporte por tierra prohibitivamente difícil. Los españoles no pudieron ni siquiera abrir un camino a través de esa zona hasta que conquistaron y colonizaron Costa Rica en la década de 1560 a 1570. Más al sur, en el sur de Panamá y en el Chocó, la cordillera y una de las selvas más espesas y lluviosas del mundo hacían prácticamente imposible los desplazamientos por tierra, de manera que después de los primeros y penosos intentos de exploración que se hicieron, la comunicación entre Panamá y el sur se hizo enteramente por mar. 

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Woodrow Borah, Comercio y navegación entre México y Perú en el siglo XVI, Instituto Mexicano de Comercio Exterior, México, 1975. (Primera edición en inglés, 1954).

martes, 22 de mayo de 2012

Presentación del libro



El próximo jueves 31 de marzo, 19:00 horas, se presenta el libro Urdaneta Novohispano, una compilación  de estudios sobre la gesta de la navegación entre Nueva España y Filipinas en el siglo XVI. 


Centro Cultural de España, atrás de Catedral. 

domingo, 13 de mayo de 2012

Corte virreinal en México y Lima

Bajo el dominio de los Habsburgo, los virreinatos de la Nueva España y Perú compartieron durante casi un siglo formas similares de gobernar,  encarnadas en importantes personajes de la realeza española, acreditados como grandes administradores que sirvieron alternativamente en las ciudades de México y Lima.

En el siglo XVI y principios del XVII, Perú y México ¨compartieron¨ virreyes que se trasladaban de una a otra capital con toda su corte, imponiendo estilos de administración y fórmulas palaciegas que de acuerdo a algunos estudiosos todavía perduran en la vida política contemporánea de estos países.



Antonio de Mendoza, primer virrey de México de 1535 a 1550, y  al final de su administración se trasladó al Perú en 1551, donde murió diez meses más tarde, en julio de 1552.

Pasarían varias décadas antes de que se repitiera el movimiento, cuando Martín Enríquez de Almanza dejó el Virreinato de México en el que duró doce años (1568-1580) y gobernó Perú de 1581 a 1583.

Luis de Velasco y Castilla es un caso especial, ya que estuvo en México de 1590 a 1595, gobernó Perú de 1596 a 1604 y regresó a México de 1607 a 1611.

Gaspar de Zúñiga y Acevedo, 1595-1603 (México) y 1604-1606 (Perú),

Juan de Mendoza y Luna, 1603-1607 (México) 1607-1615 (Perú).

Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, 1612-1621 (México), 1622-1629 (Perú).

García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra 1642-1648  (México) 1648-1655 (Perú).

La lista puede continuar, pero es mejor hacer un corte temporal hasta la primera mitad del siglo XVII, para destacar que se trata del periodo formativo de las sociedades americanas, con la pacificación o aniquilamiento de la resistencia indígena; la etapa en que se fundaron las grandes ciudades; se descubrieron los fabulosos minerales del Potosí, Guanajuato, Zacatecas; la época en que se extendió el imperio español hacia el Pacífico y alguna vez se soñó con conquistar China.

Desde los puertos del Callao, Huatulco, Acapulco y Manzanillo se forjaron lazos comerciales muy estrechos con Asia, principalmente Manila, en los que la plata americana jugó un papel esencial. La reacción de España ante este ímpetu comercial fue tratar de mantener la uniformidad en la administración de los virreinatos americanos, cruzados por enormes dificultades y contradicciones, como lo atestiguan las infinitas normas legales que fueron impuestas a los dominios de ultramar. En próximas entradas trataré de mostrar la vinculación profunda entre Perú y Nueva España frente al sueño de Asia.

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Eduardo Torres Arancivia, Corte de Virreyes, El entorno del poder en el Perú del siglo XVII. Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, Lima, 2006.

viernes, 4 de mayo de 2012

José Rizal



No quiero dejar de mencionar el magnífico texto del escritor Juan Goytisolo acerca del héroe nacional de Filipinas José Rizal (1861-1896). Lleva por título Noli mi tangere, el propio nombre de la novela escrita en español por el mártir de la independencia. 

El escritor español descubre ante el público la personalidad intelectual de un personaje fundamental de la historia de Filipinas, pero también de las últimas colonias de España en Asia y América (Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam), que perdió en la guerra contra el poder ascendente de Estados Unidos.

Siempre me ha parecido fascinante la figura política, cultural y humana de José Rizal, que podría ser comparada con su contemporáneo de lucha José Martí, poeta y revolucionario. El texto que publica el diario El País es una aportación valiosa para descubrir también la relevancia de Rizal como novelista.

Me alejo brevemente de los temas que usualmente trato en esta bitácora, pero en realidad al rendir homenaje a Rizal también cabe mencionar las aportaciones que hizo a la historia colonial de su país, al haber estudiado en los difíciles años de su exilio en Europa textos como Sucesos de Filipinas, de Antonio de Morga.


http://elpais.com/elpais/2012/04/30/opinion/1335791368_885924.html

martes, 1 de mayo de 2012

Relaciones tempranas sobre Filipinas

No es casual que los españoles fueran los primeros en describir Filipinas, por medio de sus narraciones de viaje, o de las relaciones geográficas que los misioneros acostumbraban escribir como parte de sus deberes hacia la administración colonial española. Una vez consolidada la presencia española en las islas, a partir del siglo XVII, el trabajo de evangelización incluyó la creación de diccionarios de las lenguas locales al español, lo que representa también una rica fuente de interpretación de las culturas.  

Una de las narraciones más notables que nos acercan al archipiélago filipino a principios del siglo XVI es El Primer viaje alrededor del mundo de Antonio Pigafetta, 1521. Sin duda es una descripción invaluable y aguda que todavía transmite el asombro ante paisajes y escenas completamente desconocidas en Europa.
Santo Niño de Cebú, siglo XVI

Los historiadores y antropólogos contemporáneos siguen encontrando en estos textos observaciones que permiten descorrer el velo que cubre la historia prehispánica de Filipinas. Las descripciones realizadas por los administradores y misioneros incluía una lista de preguntas esenciales sobre la geografía, el clima, los recursos naturales, el comercio, la población, su organización política y sus costumbres.


López de Legaspi Relación de las Islas Filipinas, 1570.

Miguel de Loarca Relación de las Islas Filipinas, 1582.

Juan de Plascencia Las costumbre de los indios tagalos de Filipinas, 1589 e Instrucción de las costumbre que antiguamente tenían los naturales de Pampanga en sus pleitos, 1589.

Anónimo, Codice Boxer, 1590.

Pedro Chirino Relación de las Islas Filipinas, 1604.

Antonio de Morga, Sucesos de las Islas Filipinas, 1609.

Francisco Colin, Labor evangélica, ministerios apostólicos de los obreros de la compañía de  Jesús, fundación y progresssos de su provincia en las Islas Filipinas, 1660.

Francisco Alcina Historia de las Islas e Indios de las Bisayas, 1688.

Adicionalmente, existen decenas de cartas de administradores y misioneros, sobre todo franciscanos, dominicos y jesuitas, la mayoria recuperados por Blair y Robertson en su monumental obra de 55 tomos.

Es evidente que el propósito principal de estas descripciones era identificar elementos aprovechables para la colonización y dominio de las islas. La percepción de los europeos descubre rápidamente la existencia de recursos materiales de gran interés para el apetito colonial y -más sorprendente aún- la posibilidad de intercalar estructuras políticas afines al régimen de dominio europeo, sin destruir totalmente la red social y política existente. 

Una vez más, la experiencia previa de los ibéricos en América había mostrado la necesidad de actuar con prudencia ante la variedad de pueblos insulares en Asia. La existencia de mecanismos de trabajo forzado por deudas, tributos y sacrificios fue rápidamente adoptado para el objetivo del dominio hispano. En este terreno, las experiencias desarrolladas en México y Perú, las cortes criollas, brindaron también una impronta americana a la estructura social y política filipina.

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Mario D. Zamora (Coord.) Los indìgenas de las islas filipinas. Ed Mapfre Madrid, 1992. 

Laura Lee Junker. Raiding, trading and feasting: the political economy of Philippine chiefdoms. University of Hawai´i Press, 1999.

domingo, 22 de abril de 2012

Generación de filipinistas


Retomo un comentario de la doctora María Cristina Barrón, formulado en una reciente mesa redonda realizada en El Colegio de México. En ese momento planteó un esquema interesante de la evolución que ha tenido en el México contemporáneo el conocimiento de los temas de la relación transpacífica alrededor del estudio del dominio español sobre los territorios americanos y Filipinas, es decir, desde el establecimiento de la ruta del galeón, de 1565 a 1815.


La doctora Barrón señala la presencia en México de tres generaciones de historiadores sobre estos temas. Filipinistas les llamaría yo, aunque algunos de los historiadores que menciona se ocuparon de asuntos varios pero tocan el tema transpacífico con resultados muy positivos. 

Primera generación.

Rafael Bernal.  En este blog me he referido a él porque reúne las características de ser un buen escritor (autor de la famosa novela policiaca El Complot Mongol), diplomático y cuidadoso investigador. El libro de mayor difusión fue México en Filipinas, Historia de una transculturación, publicado por la UNAM en 1965.

Luis Muro, quien dedicó su vida al Archivo General de la Nación, publicó entre otras muchas obras, un libro sobre la expedición Legazpí-Urdaneta a las Filipinas (1557-1564) que tuvo gran difusión gracias a la colección Sep-Setentas. 

Relaciones transpacíficas Lothar Knauth. Este autor es a mi parecer de notable importancia, porque debido a su formación académica internacional utilizó las normas de investigación que enseñó a sus alumnos desde los años sesenta del siglo pasado. Proveniente del campo del estudio de la literatura (Universidad de Kansas City), llegó a México en 1959, donde tomó contacto con personalidades com Miguel León-PortillaAlberto Ruz Lhuillier, Juan Ortega y Medina y Edmundo O´Gorman y sobre todo con el mundo americano. Enriqueció su visión en Harvard, donde adquirió un profundo conocimiento de Japón y China. Buena parte de ese viaje en el mundo del conocimiento fue plasmado en el libro Confrontación Transpacífica. El Japón y el Nuevo Mundo Hispánico, 1542-1639, publicado por la UNAM en 1972.

En esta primera generación se inscribirían también investigaciones sobre líneas muy específicas. Expediciones científicas, Luis Abraham Barandica y José Antonio Cervera. Sobre el tema de Guam, la antigua isla de Ladrones, enmedio de la ruta de la Nao de China en el Pacífico, Cutberto Hernández, Armando Azúa García. Acerca de las islas Molucas y el comercio de las especierías, Andrés del Castillo, Armando Arzúa García.

Segunda generación.


Carmen Yuste López es una autora muy relevante por la profundidad y extensión de su obra, así como por la formación de nuevos investigadores. Desde un inicio de su carrera aportó interpretaciones sobre aquella mundialización operada en el siglo XVII, especialmente en el terreno económico, comercial y del consumo. Su obra más reciente es Emporios Transpacíficos, Comerciantes mexicanos en Manila, 1710-1815, publicado por la UNAM en 2007.

Benito Legarda, After the Galleons: Foreign Trade, Economic Change and Entrepreneurship in the Nineteen Century Philippines (2001).

Vera Valdés Lakowsky es una autora que se ha especializado en el estudio de la circulación de la plata en el sistema comercial del galeón, con aportaciones muy puntuales sobre navegación, intercambios y el papel de las diversas economías que conformaron el sistema mundial complejo. 

Otro autores citados por la doctora Barrón son: Guadalupe Pinzón Ríos. El océano del galeón, Luis González Villanueva, Filipinas bajo el Imperio Español. María Fernanda García de los Arcos, quien se ha ocupado de la migración forzada a las Filipinas. Ostwaldo Sales Colín, El Movimiento Portuario de Acapulco. Luis Abraham Barandica Martínez, la propia María Cristina Barrón, quien realizó estudios especializados en Manila, el arquitecto Jorge Lóyzaga, estudioso de la influencia novohispana en Filipinas y Guam.

Tercera generación.


Nueva sangre está en activo en los cubículos universitarios, sobre todo explorando terrenos apenas trabajados, como la influencia de Filipinas en México. Se menciona a la doctora Paulina Machuca. Los estudios sobre documentación filipina en la Universidad Iberoamericana por parte de la Dra. Cristina Torales. Tesis doctorales recientes en historia en el Colmex, en particular Deborah Oropeza, sobre la presencia de migrantes asiáticos en América.


Corte de caja.

Como frecuentemente sucede, en toda lista faltan nombres, y quizás debería añadirse a personalidades que antecedieron a los estudios sobre los temas transpacíficos, como Mariano Cuevas y su biografía sobre Urdaneta, aunque llena de prejuicios morales y con errores de transcripción; Francisco Santiago Cruz, sobre la Nao de China; Tomás Oteiza Irirarte, sobre Acapulco.

En suma, creo que una tarea fundamental de las entidades educativas es hacer un inventario público de las líneas de investigación  que se llevan a cabo en ámbitos diversos, desde la historia económica, las instituciones jurídicas, la migración, los intercambios culturales y artísticos, las mentalidades, pero también lo que se hacen en diversos estados de la República. Será el CONACyT o la SEP o un encuentro de todos los estudiosos de estos temas, pero es evidente la urgencia de contar con un panorama de lo que existe en nuestro país, la formación de nuevas generaciones y la detección y preservación de archivos. 

Una información, insisto, que sea disponible al público.

sábado, 7 de abril de 2012

Relaciones transpacíficas


El día del temblor, martes 20 de marzo, se realizó en El Colegio de México un coloquio organizado por el Archivo General de la Nación, el Colmex y el Colegio de San Luis, acerca de nuevas aproximaciones históricas sobre la relación entre Filipinas y Nueva España en los tiempos del Galeón de Manila.



La primera parte del coloquio estuvo presidida por Aurora Gomez, Directora del Archivo General de la Nación, junto con  Isabel Monroy, del Colegio de San Luis Potosí. Se informó acerca del acuerdo que existe entre el Colmex,  el Colegio de San Luis Potosí, el Archivo General de la Nación y el Archivo General de Filipinas para fomentar el trabajo histórico en los ricos acervos que se conservan tanto en México con el el país asiático.  En esta iniciativa ha tenido un papel relevante la embajada de México en Manila.

Esta fue la razón de la presencia de Victor M. Manalo, director del Archivo General de Filipinas, así como de dos investigadores filipinos que realizan una estancia en México para identificar materiales de interés en los fondos existentes, Kristyl N. Obispado y Kristoffer R. Espejo, profesores de historia de la Universidad de Filipinas en Diliman.

Fue muy interesante recordar que en los años sesenta, durante el gobierno del presidente López Mateos, se realizó una entrega de material microfilmado del AGN al Archivo General de Filipinas. La tecnología de aquella época ha sido rebasada y las posibilidades de colaboración ahora se han potenciado. Una dificultad, como apuntan los investigadores filipinos, es el desconocimiento del idioma español y especialmente de la paleografía de los siglos XVI y XVII.

Por su parte, Bernardo García Martínez del Colmex plantea varia interrogantes metodológicas sobre las diferencias y similitudes  de los conceptos de señorías, pueblos y municipios, tanto en Mesoamérica (Altepetl en México) como en Filipinas (Barangay), y su tratamiento a los ojos de la administración española civil y religiosa en ambas latitudes. Aparentemente se habla de los mismos conceptos, que atienden a los núcleos de población indígena, su distribución y el reconocimiento de sus estamentos de poder y administración, pero en la práctica resultaron distintos, como distintos pueden ser los orígenes.

Hace veinte años, Raymond Buve señalaba mejoras en los archivos mexicanos luego de siglos de abandono. Las condiciones de trabajo eran penosas y los catálogos pobremente realizados hacían muy dificil el trabajo del historiador. De hecho, la idea de colocar los materiales en series anuales por legajos, o siguiendo criterios personales hacía que se ¨perdieran¨ valiosos documentos. Cantidad de material fue destruido o dispersado en el siglo XIX y en el período de la Revolución Mexicana. Ha sido la obra de muchos hombres y mujeres lo que ha permitido la recuperación, catalogación y preservación de documentos. Este panorama corresponde también a los materiales de la historia del Galeón, que afortunadamente se encuentran por lo general en copias tanto en los archivos de España, como Filipinas, Perú y México.

De ahí la importancia de avanzar ahora hacia nuevas perspectivas de análisis que permitan trascender la simple enumeración de acontecimientos en la relación transpacífica y mostrar la rica complejidad de la interacción humana en los siglos del Galeón de Manila.

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Raymond Buve (1990). Historians and their Instruments in Mexico. Itinerario, 14 , pp 107-112, Leiden University, 1990.

martes, 3 de abril de 2012

El Museo Ayala de Manila


Una grata sorpresa fue encontrar en Google Art Project una sección dedicada a los dioramas sobre la historia de Filipinas, que se encuentran en la colección permanente del Museo Ayala de Manila. Este tipo de recurso didáctico es de mucha utilidad en la difusión de conceptos entre la población, especialmente entre estudiantes de los primeros niveles.



El trabajo realizado en Filipinas por el Museo Ayala desde hace décadas ha sido en ese sentido uno de los más destacados, sobre todo porque durante mucho tiempo la memoria histórica de ese gran país parecía borrarse ante la presencia de la influencia cultural de Estados Unidos.


sábado, 24 de marzo de 2012

Una biblioteca en Manila

El gran historiador del barroco novohispano Irving A. Leonard descubrió en el Archivo General de la Nación en la ciudad de México siete delgados folios de color café, posiblemente de papel chino de arroz. Se trata de una lista de libros escrita con la nota: ¨Enero 1583. Documentos sobre asuntos varios enviados por el Comisario de Manila a los Inquisidores de la ciudad de México¨.

¨Parece probable que esta colección haya sido una pequeña biblioteca personal compuesta exclusivamente de ejemplares únicos, hecho que movió al empleado que hizo el apunte a omitir detalles numéricos. A la cabeza de la primera página está el acostumbrado signo de la cruz, bajo la cual se lee este críptico renglón¨ 

Memoria de los libros sigtes q trygo yo trebiña - 1583


Esto ha hecho pensar en algún personaje de apellido Trebiña o quizás Treviño, que llevó a Manila sus lecturas preferidas, casi todas de corte profano, escritos seglares y de ficción, en una época en que la literatura no religiosa era rigurosamente vigilada por la Inquisición. Se trata de 53 volúmenes, de los cuales 23 son títulos de literatura, 11 no de ficción y 19 obras religiosas.

¨Pero más interesantes aun que las estadísticas, son las propias obras. En conjunto, esta selección literaria refleja los gustos del tiempo, y salvo algunas excepciones, indica que el tal Trebiña era un caballero de alto juicio crítico. Figuran en ella cuatro o cinco obras caballerescas, que por cierno no son muy representativas del género: La historia de los nobles cavalleros Oliveros de Castilla yArtus d´Algarbe y la Historia del emperador Carlomagno y de los doce pares de Francia, en prosa: y  Caballero determinado -tal vez la versión de Chevalier deliberé, por Olivier de la Marche, que con tanta frecuencia figura en las listas de aquel tiempo-; el Orlando furioso, de Ludovico Ariosto, traducido por Jerónimo de Urrea -quien también hizo una versión del Chevalier deliberé-, el Caballero de la clara Estrella, compuesto en octavas reales por Andrés de Losa¨.

En opinión de Iriving A. Leonard, la selección es un indicio de que la literatura caballeresca comenzaba a ceder paso a una literatura de evasión, incluso amorosa, moldeada por versos delicados y refinada prosa. La influencia italiana en la literatura española se expresa en Garcilaso de la Vega, de quien se enlistan dos títulos en la lista de Manila.

¨Casi tan aceptables como las precedentes eran para el público las colecciones de apotegmas, anécdotas e historias breves que ofrecen a sus lectores, bajo las tapas de un solo libro, una gran variedad de entretenimiento e instrucción. La lista de Trebiña incluye varias obras de este tipo, entre ellas la más significativa de estas joyas de la literatura castellana del siglo XIV, El Conde Lucanor o libro de Patronio de Don Juan Manuel, cuyos cincuenta interesantes  ¨enxemplos¨ son la fuente de ingenios literarios como Cervantes, Calderón y Sheakespeare. La Floresta española, menos valiosa pero ampliamente divulgada, una compilación semejante de anécdotas y relatos, también se encuentra en la lista de Manila. Y la colección de cuentos, incidentes y diálogos, graciosamente escritos pero un tanto absurdos, de Antonio Torquemada, el Jardín de flores, que conquistó un éxito inmerecido, se envió también a Filipinas en 1583¨.

Poesía

En poesía, la lista de libros de Trebiña revela un gusto más depurado, con la salvedad quizás de lo libros de caballerías versificados. Al trasladar su pequeña biblioteca a los confines de la tierra, seguramente para su propio solaz y esparcimiento, eligió los escritos de algunos de los mejores poetas de su propio siglo y de los anteriores. Al paso que gustaba de las innovaciones de la llamada escuela italiana, seguía apreciando los viejos metros castellanos, a juzgar por el ejemplar de un Romancero, que debe ser alguna colección de antiguas canciones, y sobre todo por las patéticas Coplas de Jorge Manrique a la muerte de mi padre

¿Quién era Trebiña?

El investigador considera difícil identificar al dueño de la colección de libros que lllegó a Manila, pues no se localiza a ningún pasajero con ese nombre o algún habitante de Manila por aquel tiempo. Leonard alude a un librero de apellido Treviña que operaba en la ciudad de México por aquellos años, pero no existe prueba de alguna relación. ¨Ni la cantidad ni la calidad de los volúmenes registrados permite suponer que nos hallemos ante un tratante de libros o un mercader¨. Podría tratarse de un seglar, no de un eclesiástico. Tal vez se trate de un funcionario que viajaba con su familia, pues se incluyen libros para niños. ¨La variedad de contenido que ofrecen los escritos no de ficción parecen revelar a un caballero de cierta instrucción que desea tener a mano lectura para todas sus aficiones¨. En el futuro, quizás se aclare la misteriosa personalidad del tal Trebiña.



La bahía de Manila a fines del siglo XVI, grabado de Theodorus de Bry.

El significado de esta colección

Una visión de conjunto de esta reducida biblioteca transportada a las Filipinas en 1583 deja la impresión de que su propietario trató de reunir un conjunto de libros lo bastante reducido para que fuese posible incluirlo en el equipaje personal que habría de acompañarle en un largo viaje, y suficientemente variado por su carácter como para alimentar las necesidades de su cuerpo, de su inteligencia y de su espíritu durante una residencia prolongada en un remoto lugar apartado de sus corrientes culturales,

Es desde luego cierto que el carácter heterogéneo de muchos de estos escritos y la marcada preferencia por obras de influencia italiana son rasgos típicos del gusto literario de fines del siglo XVI tanto en España como en otras partes del imperio, pero la selección que contiene esta lista de libros de Manila acusa el deliberado propósito de reunir la mayor variedad de géneros literarios en un espacio reducido.

En suma, Leonard señala que ¨por pequeña y poco explícita que sea la lista de libros de Trebiña (...) tiene un enorme valor probatorio de la difusión cultural y de los productos del espíritu creador de España por todos los ámbitos del extenso territorio que formaba el imperio en el siglo XVI¨.

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Irving A. Leonard, Los libros del Conquistador, Lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica, México, Reimpresión, 1996, pp. 191-201. Cap.XV. Una biblioteca particular. Manila, 1583. El título original en inglés: Books of the Brave. Beign an Account of Books and of Men in the Spanish Conquest and Settlement  of the Sixteenth-Century New World, 1949. Es interesante señalar que Leonard vivió en Filipinas en los años veinte del siglo pasado, donde precisamente se aficionó al idioma español e inició su carrera como hispanista. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

jueves, 15 de marzo de 2012

Coloquio


El martes 20 de marzo se llevará a cabo un coloquio en el Colegio de México sobre nuevos enfoques históricos sobre la relación entre Filipinas y Nueva España en la época que navegó el Galeón de Manila en el Pacífico. Es un evento organizado por el Archivo General de la Nación, el Colmex y el Colegio de San Luis.




Es interesante que estarán presentes académicos filipinos, como el Director Ejecutivo de los Archivos Nacionales, Victorino M. Manalo y dos profesores de historia la Universidad de Filipinas en Diliman, Kristyl N. Obispado y Kristoffer R. Espejo. Por la parte mexicana acuden Cristina Barrón, de la Universidad Iberoamericana,  y dos investigadores del Colmex, Bernardo García Martínez y Carlos Marichal.

Los temas son muy variados pero orientados a la reflexión sobre las fuentes documentales que permiten un conocimiento más profundo de la relación existente en los siglos XVII y XVIII en la región del Pacífico, simbolizada por el Galeón de Manila.

viernes, 9 de marzo de 2012

Nuevo libro


Acaba de aparecer el libro Urdaneta Novohispano. La inserción del mundo hispano en Asia, bajo la coordinación de la doctora Cristina E. Barrón Soto,  investigadora de la Universidad Iberoamericana de México. Se trata de una recopilación de ensayos que fueron presentados en el encuentro académico sobre el tema, realizado en el Museo Franz Mayer del 17 al 19 de septiembre de 2008. En aquel momento se realizaron también dos exposiciones sobre la vida de Andrés de Urdaneta, en ese museo de la ciudad de México y en el Fuerte de San Diego, en Acapulco.


Más de uno levantará la ceja cuando lea que el gran marinero Andrés de Urdaneta (1498-1568) es considerado un personaje novohispano. Sin embargo, lo que intenta el libro con notable éxito es aprovechar el 500 aniversario del nacimiento de Urdaneta para enfocar el análisis del establecimiento de la ruta transpacífica entre Nueva España y Filipinas y las consecuencias que tuvo en ambos territorios hispanos de ultramar. Durante mucho tiempo los estudios sobre el dominio español en el Pacífico han sido vistos como una sola voluntad imperial española (supuestamente centralizada, racional y uniforme) perdiendo de vista el sistema complejo que dio vida a todas las partes involucradas.  Aquí se muestra que no siempre el todo es la simple suma de sus partes.

Observar el proceso desde esta perspectiva permitió que los promotores del seminario, Cristina Barrón Soto, Ostwald Sales Colín y Luis González Villanueva, lograran atraer diversas instituciones e investigadores en torno al eje que operó por 250 años entre Nueva España y Filipinas.

Participaron la Universidad Iberoamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio Mexiquense, el Instituto de Estudios Superiores de Monterrey, la Universidad de Filipinas, la Universidad Ateneo de Manila, la Universidad de Nagoya, la Universidad de Valencia y la Universidad de las Naciones Unidas.

A finales de marzo se realizará la presentación del libro en el museo Franz Mayer. Enhorabuena.

jueves, 1 de marzo de 2012

Conquista de China



La revista Letras Libres publica en su edición de febrero un interesante artículo del historiador inglés Hugh Thomas acerca de los múltiples intentos de la Corona Española por invadir China en el último cuarto del siglo XVI. Es un ejercicio muy sintético de los acontecimientos suscitados en aquel período, que estuvo marcado por el interés de consolidar el poder global del imperio español y, al mismo tiempo, por la imposibilidad de continuar realizando aventuras expansionistas, debido a la crisis económica que minaba a la Corona.

En este blog hemos venido describiendo la denominada empresa de China, que constituyó por décadas un sueño compartido por burócratas, misioneros, comerciantes y aventureros europeos que residían en Manila. Se plantearon proyectos concretos de invasión del gran reino, con un conocimiento mínimo de las dimensiones de lo que significa China. Por su parte, Hugh Thomas concluye:
La idea de una expedición militar destinada a conquistar China nunca se abandonó explícitamente. Pero tampoco se hizo nada. Como el gran funcionario que era, Felipe II pensaba que la procrastinación y el silencio eran la reacción correcta ante las ideas de los gobernantes filipinos y sus aliados religiosos. Los altos funcionarios no responden las cartas si no saben qué decir.
Así se perdió la gran oportunidad. El cristianismo no se convirtió en la religión dominante de China, como había ocurrido en la Nueva España. Ningún aristócrata español recibió un título con el nombre del Río Amarillo.
Es un asunto que ha sido tratado por múltiples autores y hoy existen enfoques mucho más elaborados, como los de Manel Ollé, que logran observar el proceso geopolítico del encuentro con China desde una perspectiva integral.

EL artículo fue traducido por Daniel Gascón.




Curiosa ilustración de Raúl Arias para la revista Letras Libres


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Manel Ollé, Estrategias filipinas respecto a China: Alonso Sánchez y Domingo Salazar en la empresa de China, Universitat Pompeu Fabra. Tesis doctoral dirigida por Dolors Folch Fornesa, Barcelona, 1998.