Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Gonzalo Ronquillo, gobernador y comerciante


Gonzalo Ronquillo de Peñalosa fue el cuarto gobernador general de las islas Filipinas. Llegó a Manila el primero de junio de 1580 y en los tres años que gobernó el archipiélago hasta su muerte en 1583 mantuvo un control férreo sobre la colonia y sus moradores, lo que motivó que fuera duramente criticado por el arzobispo de Manila, Fray Domingo de Salazar, y por Francisco de Sande quien lo había precedido en el cargo y cumplía desde la Ciudad de México el cargo de Oidor. Se le acusó de corrupción, de permitir el abuso de los encomenderos contra los indígenas y propiciar el enriquecimiento de familiares y allegados.  Al morir dejó en el cargo a su sobrino Diego Ronquillo.

Su carrera política había iniciado tiempo atrás en Perú, donde llegó como parte del séquito del virrey Diego  López de Zúñiga y Velasco Conde de Nieva en 1561. En los hechos fue enviado por su encumbrada familia para afincar intereses económicos en América, en una época de inestabilidad y conflicto en el Perú, pero propicia para los negocios privados y el rápido enriquecimiento. El mecanismo empleado era impecable: ocupar cargos en la corte virreinal para usufructuar encomiendas y dinero público. Regresó a España y pasó un breve tiempo por la Ciudad de México en una rápida carrera dedicada al beneficio privado en puestos públicos. Diez años más tarde era nombrado Gobernador General de las islas Filipinas, pero pronto se evidenció que mantenía sus intereses en Perú y en España.



En contravención con el decreto real del 14 de abril de 1579 que prohibía el comercio entre Filipinas y Perú, el gobernador Ronquillo envió tres barcos de Manila a El Callao, primero dos en julio de 1580 y un tercero en junio de 1581. El último de ellos iba con el pretexto de remitir artillería para la defensa de Lima. Era tan claro el interés de abrir la ruta de Manila al Callao para aprovechar en su beneficio el comercio de mercaderías asiáticas que provocó de inmediato la molestia de los comerciantes de la Nueva España quienes temían perder el monopolio del comercio con el Extremo Oriente.  Fernando Iwasaki describe así este enredo:

En México causó gran malestar la nueva de la nave de Ronquillo, no sólo por la amenaza que representaba para el monopolio de Acapulco, sino por la fundada sospecha de la evasión de los impuestos sobre las mercancías por parte del gobernador. Alertada la Corona por el virrey novohispano, el 11 de junio de 1582 se promulgaron tres fulminantes reales cédulas dirigidas a Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, al virrey Martín Enríquez (de Almansa, del Perú) y al conde de La Coruña (Lorenzo Suárez de Mendoza) virrey de la Nueva España.  En ellas se prohibía de manera terminante la navegación directa entre Perú y Filipinas, pero además se solicitaba una investigación exhaustiva del contenido de las naves despachadas, tanto en Lima, Acapulco y Manila. Sin embargo, ignorante de la resolución tomada contra él en Lisboa, Ronquillo seguía insistiendo en que sólo había enviado artillería para socorrer al Perú. 

Si el peregrino argumento de enviar artillería desde la lejana colonia filipina, que constantemente se quejaba de carecer precisamente de una buena defensa, era francamente inaceptable, el problema se recrudeció con el testimonio del Virrey en el Perú, quien evidenciaba que la famosa pieza de artillería era un cañon pedrero de doze quintales y ochenta quintales más en otras armas. El resto de la carga de la nao Nuestra Señora de la Cinta, que por cierto era capitaneada por Pedro Mercado de Peñalosa hermano del Gobernador, se describió de esta manera:

...ha ymbiado un navío con cantidad de cosas de China que son porçelanas y sedas y especería y hierro y sera y mantas y seda en maço y otras buxerías que son las que suelen traer y todo se ha vendido bien, sino ha sido la canela que tiene mala salida por no ser buena. Y lo que señalaba ser de la Real Hazienda eran como quatrocientos quintales de hierro y ciento y noventa quintales de especería en que entrava canela, pimienta y clavo.

La mentira del gobernador Ronquillo se acrecentaba, contrastada con los testimonios brindados por pasajeros y comerciantes en una indagatoria ordenada por la Corona en 1582. La parte más comprometedora era el hecho de que muchas mercancías eran propiedad del propio Gobernador de las FIlipinas y que tenía en Lima compradores ligados a su estancia anterior. Las redes familiares tejidas durante décadas abarcaban intereses verdaderamente globales, desde España a México, de Perú a Filipinas.

El tiempo corrió como siempre, más lento en las investigaciones burocráticas, pero veloz para el gobernador Ronquillo quien murió en Manila al año siguiente. Sin embargo, como veremos, la tentación de continuar con el prometedor comercio con Oriente se mantuvo en Lima por mucho más tiempo.
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Fernando Iwasaki, Ibidem, pp 32 y ss.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Mercadurías chinas en Perú

Un comerciante portugués que recorrió Perú durante la segunda y tercera  décadas del siglo XVII, Pedro de León Portocarrero, apenas conocido como el judio portugués, realizó un amplia descripción de la naturaleza y las costumbres del virreinato del sur de América. Tales observaciones se hallan en una obra descubierta a principios del siglo pasado y descifrada podemos decir hasta el año 1958, cuando se definió con más claridad el origen del autor y sus posibles intenciones de localizar oportunidades para el comercio entre Europa y América que escaparan del control español.

Se ha mencionado la posibilidad de que sus observaciones pudieran servir para potencias enemigas a la Corona española, pero sobre todo se descubre el ávido interés del comerciante en busca de espacios para sus negocios. Como extranjero fue rechazado en las regiones por donde anduvo y fue calificado como portugués y además como judío.

Se ha destacado que la obra tiene elementos a favor de la cultura indígena y su crítica a la dominación española. Escribe que los españoles maltratan a los indios que “traen muy oprimidos” y que los religiosos abusan de ellos “sus doctrineros les cogen todo su bien”. Al admirar la obra arquitectónica de los incas hace comparaciones interesantes con otros portentos del mundo:  “Aquí se ven sus piedras de tanta grandeza y tan bien labradas que exceden a todo encarecimiento y lindeza”, al grado de comparar el Camino del Inca con la Muralla China: “le hicieron los indios un camino por las montañas. todo de una igualdad y derecho subiendo valles y bajando montañas y pasando ríos y allanando las mayores dificultades del mundo le hicieron el camino más insigne, obra más excelente que se encuentra en el mundo, porque aquella famosa muralla que tienen los chinos, que los divide de los tártaros, no es más famosa que este grande camino”.

Un punto de interés para el que esto escribe es la descripción que Portocarrero hace de los productos orientales que llegaban a Perú alrededor de 1610 a 1625, cuando él estuvo en el país.  Cabe destacar que este comercio estaba prohibido desde el siglo anterior y sin embargo continuaba impetuoso como un río de productos asiáticos que técnicamente eran contrabando, pero que se amparaban por mil vericuetos legales y la complicidad de la corrupción.

De las mercadurías que vienen a México cada dos años de la China, se llevan al Perú grandes partidas de tafetanes y gorboranes enrollados y otros de librete, damascos ordinarios y damascos mandarines, que los madarines son los señores de los vasallos de la China, y estos damascos les pagan sus vasallos de tributo y otras sedsa, y todos los que se llaman mandarines son los mejores que vienen de la China, rasos de muchas suertes, en particular vienen muchos de lustre blancos de Lanquín, picotes y azabachados, muy lindos terciopelos llanos y labrados, negros y de colores, mucha diversidad de colchas y sobrecamas de muy varios colores. Grandes partidas de cates de seda blanca torcidas de Aucho y Chaguei y Lanquín y muchos cates de seda floja y de matices de colores, tocas de seda para mujeres y tocones. Llévase almizcle, algalia, ámbar negro, muchas y finas porcelanas y otras mil lindezas, y toda es ropa en que todos ganan y se vende bien y se visten de ellos los pobres, porque son sedas baratas y se traen muchas mantas de Lanquín, que son telas de lienzo feito (hecho) de algodón, blancos y azules. Lima es ciudad rica y regalada, la mejor ciudad de la América, abastecida de cuantas mercadurías se benefician y labran debajo del cielo.

Si tales productos se comerciaban a la luz del día, a pesar de las prohibiciones reales, estamos ante una simulación que benefició a comerciantes, consumidores y sobre todo a los burócratas del imperio, desde  Filipinas hasta Perú, pasando por México, de modo tal que el engranaje se aceitaba convenientemente en cada una de las plazas. En las frecuentes declaraciones oficiales, se escribía a la Corona que este comercio no valía la pena y que consistía en mercancías de mala calidad que sólo consumía la gente de bajo nivel. Ello no explica la cuantiosa salida de plata peruana y el ingreso de ingentes cantidades de productos asiáticos de todas las calidades. En próximas entradas intentaré mostrar parte de estos mecanismos amparados en la corrupción y el disimulo.
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Carlos Guillermo Carcelén Reluz, Universidad Nacional Mayor de San Marcio / IFEA, Espionaje, guerra y competencia mercantil en el siglo XVII. El judío portugués Pedro de León Portocarrero, autor de la Descripción del Virreinato del Perú.

http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibVirtualData/publicaciones/inv_sociales/N22_2009/pdf/a06.pdf

Fernando Iwasaki Cauti, Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI. Colecciones Mapfre 1492, Madrid 1992.



sábado, 10 de noviembre de 2012

Chinos en Perú

Las huellas e influencias de Oriente en la América virreinal no se restringían, como es obvio suponer, al virreinato de la Nueva España, con asiento en la ciudad de México, sino que se expandía a otras provincias y hasta el virreinato del Perú.

Estuardo Nuñez identifica varios indicios de tal influencia en la cultura peruana de los siglos XVI y XVII, En las crónicas se mencionan, aunque de pasada, chinos entre la población limeña,

En el Diario de Lima de Mugaburu se anota la muerte de un chino en el barrio del Cercado en 1656, y también que un chino mató a un español en agosto de 1649. Naturalmente este escueto dato encierra una realidad mayor ya que los chinos desempeñaron siempre oficios humildes u ocupaciones modestísimas y los ¨diarios¨ dan cuenta por lo general de sólo lo acaecido a personas visibles de figuración política o social.

El mismo cronista informa que durante un festejo popular en el año de 1656 se indica que hubo fuegos de artificio.
Sábado veinte y uno del corriente empezaron los del comercio sus fiestas. Y este día a la noche, hubo los mayores fuegos que ha habido en esta ciudad. Entraron los fuegos en la plaza a las cinco de la tarde por la calle de la Puente (sic). La primera entró una sierpe de 7 cabezas, figura muy para ver, en un carro con dos mulas y cuatro negros de librea, con sus montantes de fuego cada uno. p25. 

¿un dragón chino en el cielo de Lima? Creo que es elocuente muestra del oriente en el virreinato del sur.

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Estuardo Nuñez Huellas e Influencias de Oriente en la cultura peruana de los siglos XVI y XVII, en la expansión hispanoamericana en Asia. Siglos XVI y XVII, Ernesto de la Torre Villar, compilador, pp. 149-161

Mugaburu, Josephe y Francisco de, Diario de Lima, Lima, Concejo Provincial, 1935, p. 275.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Sampán

La palabra 三板 (San Pan) designaba a una embarcación que surcó los mares y grandes ríos de China desde hace casi mil años. En la foto aparece un modelo que representa el llamado barco de Cantón hecho en la provincia del mismo nombre (en chino es Guangdong). Es una construcción resistente y muy práctica cuyo nombre significa tres tablones, sin quilla y con una popa recortada. Podía ser de remos o, como en la imagen, de velas de tela que le proporcionaban gran fuerza. En algunas ocasiones tenía una pequeña habitación en la cubierta.


Este tipo de navíos era el que acarreaba mercancías hacia Filipinas y formaba parte del paisaje de Manila. Era el vehículo en el que llegaban los productos que posteriormente se transportaban al famoso Galeón de Manila.


En la cédula que cubre parte de barco chino se informa que este modelo lleva por nombre Piloto. Foto tomada en las oficinas del Consejo Chino de Comercio Internacional en Pekín.

sábado, 27 de octubre de 2012

El otro lado del Pacífico

Estimados lectores,

Por razones de trabajo he tenido la fortuna de trasladarme al otro lado del Pacífico, a la ciudad de Pekín o Beijing, desde donde ahora continuaré escribiendo esta bitácora electrónica. Es muy grande la tentación de tocar casi exclusivamente el tema de China, que a final de cuentas era el otro nombre del Galeón de Manila, o Nao de China, con innumerables asuntos que se suman a este recuento de la relación entre los pueblos del gran océano. Sin embargo, continuaré por lo pronto con los temas que tengo acumulados en cuanto a la influencia cultural asiática en México y América Latina en los tiempos del comercio colonial desde Filipinas.

Espero seguir contanto con el interés de los lectores y sobre todo con los comentarios acerca de los temas que abordo. 

En el momento actual, de intenso intercambio económico y cultural a nivel global, tiende a perderse la perspectiva sobre el pasado. Muchos pretenden que todo es absolutamente nuevo en estas relaciones y por el contrario, como hemos visto en entradas anteriores de este blog, existe una antigua y profunda relación entre los pueblos de la Cuenca del Pacífico. El interés fundamental de este tecleador es dar a conocer los aspectos humanos, los que dieron vida y sustento a dicha relación. Muchos aspectos pueden ser polémicos, como el del trabajo forzado o el abuso de la naturaleza y de poblaciones enteras por parte de los colonizadores extranjeros, pero es necesario mostrar en toda la gama el sentido de este intercambio. No puedo avalar la idea de que el único interés que tiene la historia del comercio transpacífico es el placer estético, válido en sí mismo, sin observar los costos humanos y materiales de ese intercambio.

Deseo poder atender sus preguntas sobre los temas que ya he publicado y también aquellos que van surgiendo de la investigación inacabable de la herencia del Galeón.




lunes, 3 de septiembre de 2012

Nueva ruta


Estimados lectores:

Este blog toma nuevos rumbos y se dirige al otro lado del Pacífico. Por varias semanas dejaré de actualizarlo, pero prometo regresar con nuevas historias. 


Cuauhtémoc

Islas Salomón


La primera expedición comandada por Alvaro de Mendaña en 1567-69 dio como resultado el descubrimiento de un grupo de islas en Melanesia, conocidas como islas Salomón. El propósito del viaje era descubrir un supuesto continente austral que comunicaba América con Asia por la parte sur. 

El piloto de la expedición, Pedro Sarmiento de Gamboa, trazó la ruta inicial hacia el sur oeste, a la altura de los 16 º latitud sur, donde recorrieron 800 leguas marítimas, aproximadamente 4,500 kilómetros, sin localizar ninguna tierra. Por ello decidieron cambiar de rumbo y dirigirse en zigzag, primero hacia el noroeste y luego al suroeste, a fin de cubrir un área mayor. Subraya Rafael Bernal la determinación de Sarmiento de Gamboa:
¨Sus conocimiento geográficos sobre esta zona eran, seguramente, los mismos que sirvieron a Abraham Ortelius para su famoso mapa de 1570, publicado en Amberes en el Theatrum Orbis Terrarum, en el cual se ve que el continente austral se extiende desde la Tierra del Fuego que forma parte de él, hasta la costa norte de Nueva Guinea, un poco al sur del ecuador. Si Mendaña y Sarmiento buscaban ese continente, no tenían más que navegar hacia el sur para dar con él, de acuerdo con Ortelius, quien, en esto, copia a Mercator. Pero navegaron, como lo hicieron, en zigzag al norte y al sur, perdían el tiempo, precioso en esas empresas, ya que al norte no esperaban encontrar nada.¨




En un mes de exploraciones, se dieron cuenta de que estaban en medio de un archipiélago y reconocieron y bautizaron las islas de Ramos, Galera, Buena Vista, Florida, San Dimas, San Germán, Guadalupe, Sesarga, Gudalcanal y San Jorge. Muchas de ellas conservan sus nombres y se hicieron famosas en el mundo durante la guerra del Pacífico. Dado que las tierras halladas no eran el continente austral, las bautizaron con el nombre del segundo de los mitos, el del oro del templo de Jersualén y les pusieron islas del Rey Salomón.



En enero de 1569, más de un año después de su partida del Perú, llegaron con enfermedades y hambre al puerto de Santiago en las costas de Colima, en la Nueva España. En el informe oficial traslucía el desánimo, pues ¨...en estas descubiertas no hubo muestras de especiería, ni de oro ni de plata, ni de otra mercadería ni aprovechamiento y la gente era toda desnuda¨.

Al cabo de los siglos es posible evaluar esta empresa de manera distinta, ya que en realidad se hizo la primera descripción de una de las áreas más amplias del planeta, se descubrió Melanesia y dos nuevas posibilidades de navegación por el sur del Pacífico.


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Rafael Bernal, pp. 242-243

sábado, 25 de agosto de 2012

El triángulo del sur

El gran escritor Rafael Bernal reflexiona acerca de las diferencias entre la Nueva España y Perú respecto a su posición frente al mar. Mientras que la expansión española en el virreinato del norte se adentró en el altiplano mexicano y dejó como única comunicación con la metrópoli el puerto de Veracruz en el Golfo de México, el virreinato del sur fundó su capital a la orilla del mar. Mientras las ciudades mexicanas (Puebla, Guadalajara, México) dan la espalda al mar, Lima se convirtió con el Callao en ciudad mercantil y marítima.

Los peruanos requerían el contacto con España por la vía marítima de Panamá; con la Nueva España bordeando el istmo centroamericano y también por mar se comunicaban con los puertos de Valparaíso y Concepción en Chile.

Quizás está en lo correcto, los peruanos tenían más vocación marítima que los novohispanos. No obstante esa posible inclinación histórica no fue suficiente para que fuera el virreinato peruano el que dominara el comercio con el Pacífico. ¿Qué factores impidieron ampliar el papel de Perú en la conquista del Gran Océano? Debe quedar claramente establecido sin embargo que en el siglo XVI se realizaron varios intentos para alcanzar desde el Perú las grandes extensiones del Pacífico sur, en empresas que probaron el fracaso pero que no dejan de estar llenas de fantasía y aventura.

En entradas anteriores hemos hecho el recuento de expediciones en la enorme área del Pacífico, donde destacan varias que iniciaron en el puerto del Callao. Estas experiencias prueban que a finales del quinientos se conocían al menos tres grandes rutas en aquel océano: la trazada por Magallanes y seguida luego por Loayza; la ruta de Saavedra Cerón y la del Tornaviaje.

Estas tres rutas, si bien eran las fundamentales para el tráfico entre México y el Oriente, dejaban hacia el sur un enorme triángulo sin descubrirse, que se extendía del estrecho de Magallanes a Guam y la Nueva Guinea. Y en este enorme vacío la imaginación de los geógrafos colocaba el quinto continente, llamado ¨Austral¨, donde seguramente habría toda suerte de riquezas y de secretos admirables, amén de naturales que convertir a la fe de Cristo. Este continente, según los cartógrafos, estaba separado de América por el estrecho de Magallanes, así que la Tierra del Fuego no era una isla sino parte de esa inmensidad de tierra que, según Sarmiento de Gamboa, era necesaria para equilibrar las masas de agua y tierra sobre la superficie del globo. Y seguramente en ese continente se encontrarían todos los lugares mitológicos que ya se esperaba hallar en América o en Asia. Allí sin uda estarían las islas maravillosas en las cuales el rey Salomón había logrado el oro para el templo de Jerusalén y la Antípoda, donde los habitantes tenían la cabeza colocada bajo los hombros.


Mapa tomado de la página de Jorge Juan Sánchez, viajero.

En busca del mito marítimo, el 19 de noviembre de 1567 zarparon del Callao dos naves al mando del joven Alvaro Mendaña de Neira, sobrino de Lope García de Castro, en aquel tiempo presidente de la Real Audiencia de Lima. Una de las naves quedaba bajo el mando del piloto Pedro Sarmiento de Gamboa, doce años mayor que Mendaña y probablemente el inspirador de esa empresa.

Volveremos sobre este asunto.

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Rafael Bernal, El Gran Océano. Banco de México, México, 1992, pp. 239-250.


miércoles, 15 de agosto de 2012

Galeón en el Callao


Escena histórica o Pasaje de la vida de Santa Ursula, c.1650. 
Oleo sobre lienzo atribuido al pintor peruano Diego Quispe Tito.
Colección Museo Sumaya


Rasgos de la vida cotidiana en el Perú virreinal

domingo, 12 de agosto de 2012

Peruleros 3

La relación entre la Nueva España y Perú de la segunda mitad del siglo XVI se distinguió por una ingente demanda peruana de productos de todo el mundo, sostenida por la abundancia de plata proveniente de los yacimientos del Potosí y el comercio con Asia.

Woodrow Borah distingue al menos tres etapas en la interacción comercial:

a) el accidentado inicio a finales de los años treinta del siglo XVI, donde intereses privados como los de Hernán Cortés jugaron un papel importante. 
b) una segunda etapa que se ubica de 1550 a 1585, cuando el auge de la plata a raíz del descubrimiento de los yacimientos del Potosí en 1545, dio el impulso fundamental al  pleno desarrollo de aquel primitivo comercio y navegación entre México y el Perú.  
c) La tercera etapa corresponde al ingrediente asiático, que obligó a revisar toda la estrategia comercial del imperio y a tomar la decisión de que solamente la Nueva España pudiera comerciar con Filipinas.

De esta forma, el comercio inicial consistía de mercaderías muy sencillas, en las que se incluía azúcar, fruta seca y en conserva, objetos religiosos, textiles, sillas de montar, artículos domésticos, ropa, medicinas, papel y libros, herramientas metálicas, especias, artículos de tocador. El análisis de diversos cargamentos trasladados desde la Nueva España a Perú descubre que en la etapa inicial

¨una parte considerable de la mercancía era de manufactura española, que se enviaba al Perú porque los precios más altos que allá existían hacían productivo al reenvío. Otra parte consistía en objetos estilo europeo manufacturados en la Nueva España por artesanos españoles o indígenas. Una tercera categoría, y tal vez la más interesante, eran los objetos de artesanía indígena que tenían gran demanda en el Perú, entre ellos espejos huastecos, que quizás eran de obsidiana pulida, jícaras laqueadas de Michoacán para beber el chocolate, una guitarra de estilo indígena y penachos indígenas de pluma. Había una categoría más, que eran lo objetos de estilo europeo hehos con técnicas y materiales indígenas (mexicanos), tales como imágenes de santos hechas de pluma¨.
¨Claramente, dice Borah, se trataba de mercancías para venderse a una comunidad española bastante pequeña, que disponía de mucho dinero, y que tenía muy poca industria local y una gran avidez de artículos de consumo¨
El autor establece que después de 1550, cuando se lograron ¨sofocar los peores desórdenes civiles en el Perú, las colonias meridionales iniciaron un largo período de colonización ordenada y próspera que alentó la navegación y el comercio con la Audiencia de México y con otras colonias mucho más que la escasez anteriormente producida por los desórdenes. Las autoridades españolas fomentaron activamente aquel comercio, con la esperanza de que, al proporcionar artículos de consumo a los turbulentos súbditos de los reinos del sur, estuvieran más contentos. Este próspero período de aquel primitivo comercio llegó a su fin en la década de 1580 a 1590. No fue por decadencia natural, sino por expansión, cuando el comercio de artículos chinos hizo perder importancia al intercambio de productos españoles y locales¨. 





La apertura del comercio entre Nueva España y las Filipinas tuvo repercusiones importantes en la demanda de productos asiáticos en Perú, como la seda, porcelana y muebles, que pasaron a ocupar espacio en iglesias, conventos, casas y haciendas de la nueva población.

Escaseaban las manufacturas en el virreinato cuando la producción de plata alcanzaba su cota más elevada. ¨No es pura casualidad que el incremento del comercio con China, vía Filipinas, coincidiera con un importante crecimiento de la producción de plata de Potosí, que actuaría como un potente imán¨. En 1604 pasaron del Perú a la Nueva España más de dos millones de ducados; y en 1606 lo remitido para la compra de textiles chinos fue de millón y medio.

Al final del siglo XVI se desarrollaban en paralelo varios fenómenos comerciales perturbadores para la Corona española: inflación galopante en el sur de América, propiciada por la abundancia de plata que hacía posible la adquisición de cuanto producto asiático, americano o español se ofrecía; la amenazante posibilidad de que peruanos y novohispanos terminaran controlando el comercio con Filipinas y así desplazaran a los sevillanos, y que la perceptible prosperidad de las comunidades fuera de la península alentaran tentaciones independentistas.

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Borah, op.cit. pp. 117, 125 y 235. García Fuentes Lutgardo, Los peruleros y el comercio de Sevilla con las Indias, 1580-1630, pp.165.


domingo, 29 de julio de 2012

domingo, 22 de julio de 2012

Trata de esclavos, Nicaragua, Perú

La contraparte de la expansión marítima hacia el Pacífico fue la explotación de los recursos madereros del litoral centroamericano y el comercio de esclavos. En otras entradas de este blog, señalamos la continuidad que tuvo el tráfico de esclavos en América  en el litoral del Pacífico hasta bien entrado el siglo XVIII, tomando información del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán.

Debido al volumen de la trata de esclavos africanos poco se habla de la presencia de forzados que también llegaron de Asia; sin embargo existen evidencias de que en esa primera globalización la demanda de esclavos era tan grande que incluso llegaron desde el otro lado del Pacífico, vía Europa. El comercio humano formaba parte del circuito comercial que tenía a Acapulco como centro y que se extendía a lo largo de Centroamérica y hasta el Perú.

Deseo destacar aquí el caso de un esclavo asiático que recorrió aquellas latitudes, arrastrado por el comercio de bienes y de seres humanos que dio pie a aquella expansión. Es un expediente estudiado por Fernando Iwasaki Cauti, como un ejemplo muy interesante de las primeras migraciones asiáticas, forzadas, hacia el Perú virreinal, que cito in extenso.



En 1575, un esclavo llamado Diego Yndio, ¨natural de la China de las Yndias del mar ozéano¨. litigó en Sevilla contra su amo porque se consideraba ¨libre de su nasçimiento y no sobjeto a sirbidumbre alguna¨. El chino declaraba haber sido sacado muy pequeño de su tierra y trasladado a Portugal, donde después de quince años fue vendido a un clérigo sevillano que lo empleó durante una década para finalmente venderlo al espartero Rodrigo Alonso antes de embarcarse a América.

El curioso proceso requería testigos excepcionales, y en la propia Sevilla acudió a declarar el anciano Esteba de Cabrera `yndio natural que dixo ser de la China¨, quien afirmó conocer a Diego y certificó su origen chino:

A la segunda pregunta dixo que este testigo tiene al dicho diego yndio por natural de la china yndia, rreyno y señorío de su magestad, porque este testigo como dicho tiene, lo conoçió en ella de la dicha hedad de seis años que dicho tiene. Y este testigo lo cree e tiene por cierto sin ninguna duda, porque el dicho diego yndio no save ni entiende hablar otra lengua sino la que platica e habla en la dicha provincia de la china, la qual es muy diferente de las que se hablan en otras partes e provinçias de las yndias. Y ansí lo a oydo dezir al governador françisco de castañeda que el dicho diego yndio hera natural, naçido y criado en la china, de adonde este testigo ansimismo es natural.

El aludido Francisco de Castañeda era un tenebroso personaje que dirigió interinamente Nicaragua de 1531 a 1534, luego de la muerte del celebre Pedro Arias Dávila, mejor conocido como Pedrarias . Como nunca tuvo provisión de gobernante no figura como tal en ninguno de los inventarios de autoridades coloniales conocidos, pero por sus felonías merece un lugar de privilegio en la historia universal de la infamia de los tiempos coloniales:

Y lo peor de todo, S.M., es que Pedrarias Dávila y el licenciado Francisco de Castañeda, alcalde mayor e contador de V.M., y Juan Téllez, que tuvo cargo de la tesorería por muerte é fallecimiento de Diego de la Tovilla, tesorero de V.M., cada uno de ellos tenían en la Mar del Sur un navío que contrataba con ellos en la cibdad de Panamá, de Castilla del Oro. Y porque en aquel tiempo no había contratación ninguna de otras provincias, ni los dichos tenían de qué aprovecharse en los fletes de sus navíos, tomaron por espediente para su ganancia la destrucción y desolación desta tierra. Porque V.M. sabrá, que estando sus navíos en el puerto de la Posesión, llevaban los escuadrones de indios é indias naturales desta provincia á embarcar en sus navíos, tan sin temor de Dios  ni de la Justicia Real ni acatamiento de V.M.
Castañeda era socio del Adelantado Pedro de Alvarado en la jornada de la Especiería y lo fue también en su intento de inmiscuirse en la Conquista del Perú, mas no por el oro, sino porque se dedicaba al proscrito y lucrativo negocio de la trata de de esclavos indígenas. De hecho, Francisco de Castañeda huyó de Nicaragua para no enfrentarse a su Juicio de Residencia, donde el tráfico de esclavos era uno de los peores cargos contra él.

Siguiendo el itinerario de otros soldados, el prófugo Castañeda fue a refugiarse al Perú en 1535, llevando consigo a un grupo de esclavos chinos adquiridos en México a los sobrevivientes de la expedición de Jofre de Loaysa (1525-1534), Diego Yndio y Esteban de Cabrera -los protagonistas del juicio de Sevilla de 1575- estuvieron entre aquellos infelices esclavizados por Castañeda.
Que sabe y es verdad que el dicho gobernador francisco de castañeda enviaba a españa çierta cantidad de yndios naturales de la China y el Pirú, encaminados a doña sancha castañeda su madre, entre los quales dichos yndios vino este testigo e vio que en ellos vino el dicho diego yndio.
Este testimonio es uno de tantos que existen dispersos en archivos y bibliotecas acerca de la migración forzada en el Pacífico, en espera de un estudio riguroso e integral que muestre el factor del trabajo esclavo en la expansión española tanto en América como en Asia.
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 Fernando Iwasaki Cauti. Extremo Oriente y Perú en el Siglo XVI. Mapfre. Madrid, 1992. p. 231-236

sábado, 14 de julio de 2012

Miradas Comparadas

Fue un acierto el diseño y la realización de la exposición  inaugurada el 12 de julio en el Museo Nacional de Historia de Chapultepec, en la que se comparan los desarrollos de los principales reinos americanos, Perú y México. A mi manera de ver, lo más destacado es que se ofrece al público una perspectiva que rebasa el estudio de lo nacional, estrictamente limitado por las fronteras actuales. 

Los poderosos antecedentes indígenas fueron fundamentales en la formación y desarrollo durante la dominación española, con sus propias particularidades en la Nueva España y en Perú, pero expresaron procesos paralelos muy similares que se desarrollaron a partir del siglo XVI en ese amplísimo espacio geográfico y poblacional que va desde el árido norte del actual México hasta los Andes en el sur del continente.   


Las miradas que propone esta exposición son múltiples: tanto la interpretación idealizada de su propio pasado que hacían los indígenas incorporados al mundo hispano, como la que hoy se hace acerca del período virreinal -en tono de negación y de desprecio- heredado de los nacionalismos de la época independiente.

Son miradas compartidas por nuestras actuales sociedades, herederas de aquellos reinos, con sus rituales, fiestas y mitotes, incluso con las formas de representación política que siguen siendo dominantes.