Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Los ritos chinos

Casi de inmediato, cartas y versiones apasionadas sobre el incidente de Nagasaki llegaron a Manila,  México, Madrid y Roma, cargadas de sentimientos y reproches mutuos entre los testigos, pues en algunas se acusa a los jesuítas de haber prácticamente dejado a los franciscanos en manos del poder del daymio japonés Hideyoshi. Los jesuítas a su vez se defendieron acumulando declaraciones en que demuestran la osadía de los franciscanos al adentrarse en terreno minado. Boxer describe basado en documentos que existen en los archivos jesuítas la enorme preocupación de éstos por explicar las razones del incidente de Nagasaki 1.


Las partes de la controversia eran, de un lado, los jesuítas y, del otro, los padres misioneros que tenían su asiento en Filipinas (franciscanos, agustinos y dominicos). Ambos bandos deseaban por supuesto la conversión de chinos y japoneses al cristianismo, pero divergían en cuanto a los métodos para lograr tal conversión.  Años más tarde a la parte filosófica de  esa controversia se le conoció como los Ritos Chinos.

Esta batalla polémica en el seno de la iglesia católica tuvo importantes reflejos teóricos e implicaciones prácticas posteriores para la formación de  las llamadas iglesias nacionales, en el tiempo de la afirmación del nacionalismo en las ex-colonias españolas. La polémica sobre los métodos de evangelización fue curiosamente una disputa que involucró a extranjeros residentes en China y Japón sin la participación de los propios chinos o japoneses, aunque el tema a debate era su modo de vida, su cultura y sus prácticas religiosas. Sus consecuencias fueron sin embargo de caracter universal. A continuación se analiza el contexto más general de la evangelización española y portuguesa, con especial énfasis en la tarea jesuíta en Asia y su contenido político y comercial 2.

Parte del conflicto se deriva de la militancia de los grupos misioneros dentro de la monumental empresa colonizadora que dirigían desde Europa los reinos de España y Portugal; cada cual en un espacio geopolítico reservado. En medio de ello, el Papado contribuía a la polémica en razón de sus propios intereses y en la afirmación de su poder político.

España y Portugal, como líderes de la evangelización católica en Asia, dividieron sus espacios de acción y con ellos el trabajo misionero en función de sus intereses nacionales. En gran medida, la consolidación de los imperios pasaba por el dominio religioso en Europa, en América y en Asia. Así a través de un riguroso control migratorio, los misioneros europeos entraban alternativamente al Lejano Oriente por “la vía de Portugal”, es decir bordeando Africa, luego a través de India y de ahí a Macao, en China, o por “la vía de España”, lo que implicaba un viaje de meses, primero a la Nueva España y desde Acapulco a Manila. Tal división se acentuó con el otorgamiento de permisos papales de evangelización conforme a los intereses “nacionales” de modo que Portugal ejercía el Padroado, que ya hemos mencionado en este blog, mientras que España llevaba su patronato en favor de sus propios clérigos. Esto tenía que ver con la estructura eclesiástica en los nuevos territorios, la creación de diócesis y parroquias, el nombramiento de oficinas eclesiásticas y muchas otras tareas prácticas de la evangelización 3.


1 Boxer, Ibidem. Alessandro Valignano, visitador jesuíta en Japón, escribió su Apología, en 1598 para contrarrestar la propaganda en contra de la compañía. J.F. Morán, The Japaneses and the Jesuits, Routhledge, N.Y., 1993, p.93.
2 Villarroel, Ibidem.
3 Boxer, Ibidem,pp. 155. Desde 1580, Felipe II se ciñó  la corona española y portuguesa, pero mantuvo su promesa de separar las administraciones de los dos reinos.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Enemigas hermanas

En enero de 1580 murió el último rey de la Casa de Aviz, Joao I, que gobernaba Portugal. En consecuencia, Felipe II de España se coronó rey de los lusitanos. En abril de 1581 juró ante las Cortes reunidas en la Villa de Tomar, con el nombre de Felipe I de Portugal, prometiendo respeto a la monarquía y gobernar separadamente a España, así como respetar los derechos de todos los lusitanos tanto en su reino como en sus dominios ultramarinos. En suma, los privilegios que había otorgado el Papa a cada una de las monarquías de la península se conservaría inalterado.

"La unión dinástica de las coronas de Castilla y Portugal el año 1581 significó un giro significativo en las aspiraciones de los castellanos de Filipinas. El impacto inmediato de esta noticia avivó las expectativas de dominio imperial especialmente en las áreas de contacto y frontera imperial lusocastellana, como era el caso de Asia Oriental. Se dibujaba en el horizonte el espejismo de una monarqua universal en la cual el breve intervalo que se abría entre Manila y Macao significaba el punto de encuentro entre las expansiones ibéricas hacia oriente y occidente."

La consecuencia de esta nueva situación en el sudeste de Asia fue muy delicada, pues los españoles ambicionaban contar con un enclave comercial como el de Macao, en la provincia de Guandong. Los comerciantes chinos que llegaban a Manila provenían primordialmente de Fujián, pero los españoles no veían una perspectiva clara para adentrarse en ese comercio.

Esta peculiar circunstancia, de enfrentamiento entre los poderes lusitano y español, fue el marco en que se desarrollaron los eventos de Nagasaki y de las primeras incursiones franciscanas en Japón. Como veremos más adelante el asunto se complicó con la presencia jesuita en ese reino, amparados por el padroado portugués.

Manuel Ollé percibe aquel momento de esta forma:

(...) el proceso de proyección de Filipinas en el imperio chino se abre (...) en 1575 con la primera embajada a la provincia china de Fujian de Martín de Rada, Jerónimo Martín, Pedro Sarmiento y Miguel de Loarca y se cierra con la negativa de la corte a llevar adelante los planes de conquista de China presentados por Alonso Sánchez. p. 131

El investigador señala que "en el intervalo de este período es posible distinguir un ciclo marcado por la llegada a Asia Oriental de la noticia del acceso de Felipe II a la corona portuguesa y marcado asimismo por la llegada a Filipinas del jesuita Alonso Sánchez y del primer obispo de Filipinas Domingo Salazar, este ciclo que se abre en Manila 1581 y se cierra en España entre 1593 y 1594 con la muerte de los citados protagonistas".
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Eva Alexandra Uchmany. Los contactos entre la Nueva España y el Subcontinente Indio durante la época colonial, en México-India: Similitudes y encuentros a través de la historia. ISPAT-FCE, México 1998, pp. 70-103.

martes, 21 de septiembre de 2010

Crucifixión

El incidente de Nagasaki de 1597 tuvo repercusiones muy importantes en la perspectiva de propagar el evangelio en Asia, al menos para las congregaciones que se asentaban en Filipinas.


Un viajero italiano que llegó pocos meses después a Japón, Francesco Carletti, nos cuenta con lujo de detalles el terrible espectáculo de aquella crucifixión, pero sobre todo describe con la franqueza de un comerciante que no pertenece a ninguna de las congregaciones religiosas participantes en aquellos hechos, el grado de enemistad que había entre ellos. 


Informa Carletti que los padres franciscanos venidos de Manila habían iniciado su propagación religiosa a pesar y en contra de que los jesuítas los habían amenazado de excomunión, “en virtud de un breve que le concedió el papa Gregorio XIII, que dice que nadie más que ellos (los jesuítas) pueden ir a ese reino a predicar el Evangelio, bajo la dicha pena de excomunión.  Cosa a la que los buenos padres replicaban que no estaban sujetos, puesto que decían tener otro breve de Sixto V, que concedía a su religión poder ir a todo el mundo a predicar a Cristo crucificado, sin hacer ninguna excepción ni de tierra ni de otra”.1

Antonio de Morga refiere a su vez en un testimonio oficial al Rey Felipe II, del 30 de junio de 1597 que “el emperador de Japón es un bárbaro sin fe en su palabra”, y agrega que
 “los portugueses que asisten en aquel Reyno nos desean ver desterrados de allí y no nos hicieron buen tercio en el subceso de la dicha nao; y aunque los Religiosos tampoco lo tuvieron en lo que con ellos se hizo y poco havían rescivido grandes molestias de los Religiosos de la Compañía (de Jesús) y sus Obispos que allí estavan para verlos hechar de aquel Reyno, como se a hecho, quedándose ellos solos en aquella conversión, como quedan muy a su contento, los descalsos y su compañía murieron con grande fervor por la fee y defensión de ella, y después a obrado Dios milagros y otras maravillas con sus cuerpos, de que tenemos razón los desta tierra y destar muy consolados por haver dado en ella tal fruto para el cielo y honra para la christianidad”. 
La carta fue encontrada por W. Retana en el Archivo de Indias, y publicada en su edición de los Sucesos. Como se observa, la acusación de un alto funcionario en Manila contra los jesuítas era parte de la escisión que existía abiertamente entre las misiones y sus partidarios2.

Marcelo de Ribadeneira, por su parte dice con tono más suave (…) “aunque estábamos los Frailes Descalzos muy seguros en conciencia en Japón, no faltó quien se persuadiese lo contrario. Y ansí, padecía mucha mengua la honra de los frailes en la opinión de algunos cristianos, que la tenían de que los frailes estábamos descomulgados. Y por esta razón había quien ponía sospecha en las cuentas y cordones (de San Francisco) benditos que dábamos, y aún en si la misa que decíamos era tan buena como la que decían los padres de la Compañía3.


[1] Francesco Carlettti (1594 – 1606) Razonamientos de mi viaje alrededor del mundo. UNAM, México, Instituto de Investigaciones Bibliograficas, 1976. Estudio preliminar, traducción y notas de Francisca Perujo. Primer razonamiento de las Indias Occidentales. pp 121-122.
[2] Antonio de Morga, pp. 514 -515.
[3] Marcelo de Ribadeneira, pp.422-423.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Día para reflexionar

La celebración del día de la Independencia de México, hoy 15 de septiembre, puede también ser motivo de reflexión, más que de festejo. Seguro así será para millones de personas que están viviendo dificultades económicas, si no es que una situación de franca emergencia en varias partes del país; violencia, inundaciones y otras catástrofes. Así pues, alejados de la fiesta televisiva de esta noche, me llama la atención un comentario publicado por Ernesto Márquez en el diario La Jornada, titulado Tumbando Caña. Los negros de México, excluídos de la historia.

"La presencia de los negros en la gesta de Independencia es uno de los grandes temas ausentes en los textos de historia, así como en los actos de reflexión y festejo que se llevan a cabo con motivo del bicentenario. ¿Descuido, olvido o simple desdén?
"Invisible a los ojos de historiadores, la gente de origen africano, que en opinión del sabio Gonzalo Aguirre Beltrán constituye nuestra tercera raíz social y cultural, tuvo una participación activa en la lucha independentista. Baste mencionar al héroe Vicente Guerrero –de origen negro– y su ejército de pardos para ubicar su presencia e importancia".
¿Filipinos en la Independencia?
Si este es un problema objetivo de la historiografía mexicana, que pretende unificar la idea de un mestizaje biunívoco (criollos e indígenas vs. españoles), en exclusión de todas las variables étnicas que modelaron al país, se debe pensar también en la presencia asiática, de no menor importancia en cuanto al aporte cultural a este país a partir del siglo XVI. Hemos defendido este punto de vista en este blog, no por "curiosidad" histórica, sino porque se debe reflexionar a fondo sobre el origen para conocer el presente.
Deseo pedir ayuda de los cuatro lectores de La Nao Va para localizar información sobre el pequeño grupo de ingenieros filipinos que estudiaba en la Escuela Real de Minas en los albores de la Independencia, y que se sumaron, con pasión patriótica y con su conocimiento técnico en explosivos, a las huestes de Miguel Hidalgo. Es todo lo que sé, pero sin duda podré recabar más información al respecto.
Para los mexicanos que hoy celebran 200 años del inicio de la guerra de la Independencia, el mejor de los augurios: prosperidad y justicia.

jueves, 9 de septiembre de 2010

México y Japón


Del 14 al 26 de Septiembre tiene lugar la interesante exposición
400 Aniversario México-Japón, “Huellas del Intercambio”, en el Museo Nacional de Antropología, Balcón de la Sala Mexica.

Con ese motivo, el lunes 20 de Septiembre se realizará un Simposio Conmemorativo en el propio museo, auditorio Jaime Torres Bodet. Por ahí estaremos.


domingo, 5 de septiembre de 2010

Desde Acapulco

Una versión moderna de la vida del joven Felipe de Jesús, contada con el sabor de la aventura, nos permite imaginar cómo habría sido la partida de la Nao desde Acapulco, aunque algunos datos no son precisos.


"A mediados de 1590 habían llegado al puerto de Acapulco, para seguir con destino a Manila, el gobernador de las Filipinas, Gómez Pérez Dasmariñas y su séquito compuesto de ayudantes y guardias de corps. Figuraba, entre los pasajeros un joven que respondía al nombre de Felipe De las Casas, a quien acompañaba su padre don Alonso De las Casas, muy conocido en Acapulco porque tenía la concesión de proveer, a las naos que salían para Manila y al Perú, las telas para el velamen, cordajes, anclas, víveres, etc., así como también tenía el encargo de llevar la correspondencia oficial y privada que se movía para Lima y Manila, circunstancia por la que sus relaciones con los capitanes de las naves de estas rutas eran muy cordiales. El señor De las Casas tenía asiento en el Tribunal del Santo Oficio y ello le daba preeminencia en todas partes.


"La nao que estaba a punto de partir para las Filipinas tenía por nombre "Santiago", y su capitán, don Tomás de Arzola, era amigo íntimo de don Alonso De las Casas, circunstancia ésta por la que le confió a su hijo Felipe, recomendándole para el viaje, y entregándole, además, algunas misivas para sus amigos de aquella colonia; así podría el joven recomendado desenvolverse más fácilmente en los negocios que pensaba desarrollar, pues en México no había logrado sentar cabeza por sus inquietudes.


"Aprovechando esa oportunidad, hizo extensiva la recomendación al nuevo gobernador de Filipinas, pasajero en la misma nave, por lo que los mejores augurios prometían éxito al joven Felipe De las Casas; pero lejos de favorecerle en los negocios que proyectaba emprender, le sirvieron para que distrajera el tiempo en fiestas y bacanales, acabando el capital que había llevado. Esto hizo que después todos le volvieran las espaldas, lo que trajo para él una profunda decepción de lo que es la vida disipada, y se resolviera a entrar de novicio en el convento de San Francisco, dedicándose por completo a cosas espirituales".
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Tomás Oteiza Iriarte. Acapulco. La ciudad de las Naos de Oriente y de las Sirenas Modernas.  Edición del autor, México, 1965, p. 85.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El incidente de Nagasaki

La ejecución pública de 26 religiosos en Nagasaki ha sido contada en México múltiples veces, resaltando siempre al mártir mexicano Felipe de las Casas, si bien los primeros recuentos no destacan de manera particular su nombre dentro del grupo. Uno de los primeros informes del suceso es el de Marcelo de Ribadeneira, franciscano que vivió las trágicas jornadas. En su extenso texto de 1601 dedica por vez primera una semblanza de Felipe de las Casas: “aunque sólo de vista conocía a este santo martir”, en realidad toma toda su información de los demás que le conocieron en Manila1. En los años y siglos posteriores dicho texto continuó siendo utilizando como la fuente más fidedigna.

Nacido en la Ciudad de México probablemente en 1570 (algunas versiones señalan 1572), Felipe se distinguió por ser un muchacho muy inquieto. Esto sirvió para crear la historia de que una sirvienta lo regañó, advirtiendo que sólo si el cambiaba su conducta la higuera que crecía en su patio, seca por varios años, reverdecería. Existe la versión de que estudió en el Colegio de San Pedro y San Pablo y que habría profesado a los 16 años con los franciscanos, pero pronto renunció a los hábitos. Hijo de padres españoles y nacido en México, Felipe es un ejemplo de lo que en su momento y sobre todo en los siglos posteriores fue el nuevo tipo de criollo en la Nueva España; rechazado por los hijos de los primeros conquistadores, pues estaba alejado de las famas guerreras y de la heroicidad que dominaba medio siglo antes el ambiente novohispano. En cambio, los vástagos de aquellos pobladores venidos de la península se dedicaban al comercio o participaban en el regimentado sistema de los gremios artesanos (el padre de Felipe habría sido platero), pero a diferencia de sus padres tenian vedado el acceso a puestos de importancia en el gobierno virreinal -espacio exclusivo para un número muy reservado de peninsulares.

Las historias religiosas cuentan que los padres de Felipe lo enviaron a Manila en 1592 “porque no se hallaba en México” y, para que se reformara de su mala conducta le ayudaron a tener su propio negocio (comercio de joyería probablemente), lo que le permitió vivir displicentemente en Filipinas por aquellos años. Debe recordarse que la capital filipina era de hecho la metrópoli de tipo occidental más activa de la región en aquellos años y para un joven rico y soltero como él la vida debió ser particularmente regalada 2. El estado de las cosas en Filipinas llevaba un ritmo muy especial, sujeto al comercio anual del galeón y a la llegada regular de los comerciantes asiáticos. Los colonos españoles en Manila tenían largos paréntesis de tiempo libre en que usualmente despilfarraban lo recién ganado, en juego de naipes y peleas de gallos, fiestas estilo europeo (con juegos de lanzas tipo medieval) y el enamoramiento de las damas, aunque fueran ajenas. Esta situación podía hundir en la miseria a los más connotados miembros de la pequeña colonia. El ambiente era más que propicio para que los colonos, cargados de misticismo religioso, vieran a cada paso milagros y encantamientos3.

Las biografías pías de San Felipe soslayan apenas esa etapa y consideran que, después de haber caído en el pecado, un angel se le apareció para encaminarlo por la vía del bien y lograr que se ordenara misionero franciscano. Asi lo hizo, pero al no haber obispo en Manila (Domingo de Salazar había partido a España, donde murió en 1594) Felipe fue enviado a la Nueva España, para allá obtener los hábitos religiosos.

El 12 de julio de 1596 abordó el galeón San Felipe 4 que llevaba un rico cargamento valuado en un millón y medio de pesos de plata, con rumbo al puerto de Acapulco. Un tifón desvió al galeón hacia el norte, frente a Urado, provincia de Tosa, alrededor del 18 de septiembre de ese año. En aquella época el viaje de Manila a Japón duraba un mes aproximadamente, así que los casi tres meses en el mar inquietaron gravemente a los pasajeros del San Felipe. La discusión prevaleció entre el piloto, el capitán del barco, los comerciantes y misioneros. Estos últimos sugerían encontrar puerto en Nagasaki, donde existía a la sazón una pequeña comunidad católica, en el único puerto japonés abierto al comercio exterior. Para los marineros y comerciantes el problema era la posibilidad de que sus pertenencias podrían ser presa de la rapiña de los lugareños 5.

Las versiones que se contaron desde aquella época divergen en varios detalles. Los jesuitas achacaron los problemas del navío a que el capitán general, Matías Landecho, escuchó y siguió la sugerencia del fraile Juan Pobre, quien había visitado Japón un año antes y aseguraba que el shogún6, Toyotomo Hideyoshi favorecía la religión católica e incluso protegía a los franciscanos en Kyoto. Si fue cierta, esta opinión ocultaba flagrantemente el hecho de que desde una década antes se había prohibido en diferentes formas la propagación de cualquier religión extranjera en suelo japonés. La comunidad católica practicaba muy discretamente sus ceremonias, en vista de los peligros que existían.



1 Marcelo de Ribadeneira, OFM, Historia del Archipielago y otros Reynos, reimpreso en 1970 por la Historical Conservation Society. Manila. El texto original, editado en Barcelona en 1601 como Historia de las Islas del Archipiélago y Reinos de la Gran China, Tartaria, Cochinchina, Malaca, Siam, Camboja y Japón, es frecuentemente citado en sus versiones modernas, como la Biblioteca España Misionera, Madrid, 1947.

2 Por aquella época, el más conspicuo representante de la moral española en la isla era el propio gobernador Don Francisco Tello quien fue acusado por los clérigos locales de “ser hombre que arramblaba con todas cuantas podía” refiriéndose a las damas manilenses, por lo que lo presionaron para que se casara con su propia prima y sobrina para tratar de controlarlo. Nota de W.E. Retana, a los Sucesos de las Islas Filipinas, de Antonio de Morga, p 190.

3 Más milagros para el santo: las crónicas mencionadas señalan que antes de llegar a Japón se vió en el cielo una enorme nube en forma de cruz, que cambió su color de blanca a roja. No debe olvidarse que la mayor referencia a San Felipe es la higuera en su casa paterna en México, misma que reverdeció el día de su muerte después de haber estado seca por años.

4 Más tarde se quizo utilizar esa concidencia de nombres Felipe el Galeón y Felipe el Santo como muestra de predeterminación de su destino.

5 El temor del capitán estaba bien fundamentado, pues la tradición de aquella época en Asia y en Europa era que el cargamento de cualquier navío que encallara en territorio extranjero quedaba en manos de sus habitantes, tal como nos dice José Rizal en su edición de Antonio de Morga, p 122.

6 Shogun es el jefe de los señores feudales o daymios. Hideyoshi en realidad estaba en proceso de convertirse en tal.

martes, 24 de agosto de 2010

Seminario Asia - América Latina

Recibí una interesante invitación para asistir al XII Seminario Internacional sobre Asia Oriental y América Latina. El evento se titula:

Interacción cultural entre Asia y América: Reflexiones en torno al Bicentenario de las independencias latinoamericanas y se llevará a cabo en el Auditorio del Museo del Templo Mayor del 1 al 3 de septiembre (calle Seminario N° 8, Centro Histórico de la Ciudad de México).




El miércoles 1 de septiembre se realizará una mesa redonda con los siguientes ponentes:


Mesa IV, 18:00-20:20 hrs.

Mtra. Silvia Seligson (Museo Nacional de las Culturas y CEDICULT, INAH): “Comercio marítimo en Asia antes del Siglo XVI”

Dr. Tomás Martínez Saldaña (Colegio de Postgraduados): “La herencia de la Nao de China. El Camino Real de Tierra Adentro”

Dr. Thomas Hillerkuss (Universidad Autónoma de Zacatecas): “Andrés de Urdaneta: un
hombre multifacético en el naciente Mundo Moderno”

Mtra. Ivonne V. Campos Rico (El Colegio de México y Centro de Estudios sobre la
Diversidad Cultural, INAH): “Crónicas revolucionarias: la Revolución Mexicana vista desde
China en la “Revista de Occidente” (Dongfang zazhi)”

Mtra. Mónica Georgina Cinco Basurto (Universidad Autónoma Metropolitana): “En los
márgenes de la diáspora: “La repatriación de chino-mexicanos de 1960”

Modera: Dr. Francisco Luis Pérez Expósito



El viernes 3 de septiembre se llevará a cabo la Mesa IX, 10:00-12:30 hrs., con la participación de:

Dra. Walburga Wiesheu (ENAH, CEDICULT, Museo Nacional de las Culturas, INAH) y Mtro. Olaf Jaime-Riverón (Universidad de Kentucky): “Culturas tempranas del jade en las civilizaciones de China y Mesoamérica: Economía de una piedra ‘preciosa’ en las etapas formativas de su desarrollo”

Mtro. Emiliano Ricardo Melgar Tísoc y Arqlga. Reyna Beatriz Solís Ciriaco (Museo del
Templo Mayor, INAH, México): “Los artistas del jade en Mesoamérica y China: una
comparación tecnológica”

Dra. Margarita Aurora Vargas Canales (CIALC-UNAM): “Reflejos de la India en Martinica”

Mtro. Roberto Junco (Posgrado en Arqueología, ENAH y Subdirección de Arqueología
Subacuática, INAH, México): “Arqueología de un Galeón de Manila, Baja California,México”

Mtro. Juan José G. Bracamontes y Dra. Patricia Fournier (Posgrado en Arqueología, ENAH,
México): “Matanchel, San Blas y el comercio transpacífico virreinal en Nueva Galicia:Perspectivas desde la Arqueología Histórica”

Modera: Antrop. Leonel Durán

domingo, 22 de agosto de 2010

San Felipe de Jesús (II)

El hecho más relevante de este primer santo criollo, Felipe de Jesús, es la utilización política que se hizo de su martirio, una suerte de "aparición" en el santoral mexicano. Habiendo sido un hermano lego, es decir un aprendiz de fraile, llegó a ser el primer Santo Patrono de la Ciudad de México en 1629 y desde aquellas fechas se encumbró como el beato más celebrado de México, con parroquia y fiesta propia, cada cinco de febrero. En 1638 un decreto del Rey de España determinó que Felipe de Jesús tendría una capilla en la Catedral de México y en 1689 la Real Audiencia extendió el privilegio para que la fecha de su muerte se convirtiera en día de Celebración Nacional, cívica y religiosa, rebasando el ámbito de la capital.


No es difícil adivinar el gran trabajo de cabildeo por parte de los padres franciscanos, entre otros, para obtener primero la beatificación en Roma en 1627 y luego para crear la devoción por el recién adquirido Santo en México a lo largo del siglo XVII. No obstante, las circunstancias que rodean su muerte, asi como las de los otros mártires, son de tanta importancia como su posterior trayectoria política en la Nueva España1.


A lo largo de los siguientes siglos la devoción por el santo Felipe se consolidó en la mente de los novohispanos, colocado apenas en un segundo escalón por debajo de la Virgen del Tepeyac y Juan Diego (este último llegó a ser santo hasta el año 2000), que tiene su fiesta el 12 de diciembre. La preeminencia de ella no requiere explicación debido a la profundidad de las raíces guadalupanas en el México prehispánico2, pero ello no impide reconocer la importancia social y política San Felipe en el México virreinal.



Un hecho demostrativo del interés político de convertir a Felipe en El Santo Mexicano se expresa en la capilla dedicada a él en la Catedral metropolitana, donde se guardan reliquias suyas y la pila donde se supone que fue bautizado. En ella reposan también desde 1838 las cenizas de Agustín de Iturbide, “primer emperador mexicano”. La canonización de Felipe de Jesús fue obtenida en 1862 al parecer por la intervención de la jerarquía católica mexicana interesada en coronar con ese símbolo la intervención francesa en México3.
Itrubide en la capilla dedicada a San Felipe de Jesús, en la catedral metropolitana de la ciudad de México.

Felipe de Jesús encarnó con su sacrificio el papel del nuevo criollismo de fines del siglo XVI, heredero del envalentonado criollo Martín Cortés (hijo del conquistador de México Hernán Cortés) que acabó con sus aspiraciones políticas en 1566 al enfrentarse contra el establecimiento centralizado y duro del virreinato. Es una etapa de transiciones, donde el horror de los primeros años de la conquista de México y la destrucción de la cultura indígena dejaban paso lentamente al mundo más o menos tranquilo y asentado de la Nueva España; ésta no era ni del todo española ni tan nueva, sino a los ojos de los criollos simplemente era la Otra España. Es también el período de la centralización virreinal que trajo consigo los elementos de estabilización gobernada por las horas de las misas y las ceremonias religiosas, por el control inquisitorial de la vida diaria.


1 Reiko Kawata, Ibidem., p 164-167.
2 El tema Guadalupano es inagotable, pero Robert Ricard (La Conquista Espiritual de México) y Jacques Lafaye (Quetzalcóatl y Guadalupe, la Formación de la Conciencia Nacional, 1531-1813) lo abordan minuciosamente.
3Lópe de Vega escribió una pieza teatral de cierta fama, El santo Felipe y el Triunfo de la Fee, que demuestra el interés del público por el tema del martir mexicano.

sábado, 21 de agosto de 2010

San Felipe de Jesús

Usualmente, una historia que se cuenta de la misma forma miles de veces hace olvidar los trazos de verdad que le dieron origen; se vuelven leyendas o historias piadosas, hagiografías. Sucede así con el primer santo mexicano, San Felipe de Jesús, cuya muerte en 1597 está envuelta por la bruma del pasado, aunque su ascenso a los altares marcó un proceso político importante para México en los siglos posteriores.

En efecto, el siglo XVI dió a la Nueva España su primer santo, Felipe de Jesús, en circunstancias un tanto extrañas, manchadas por los vapores de la política y el comercio, y desde tierras tan lejanas como Japón. El tema de San Felipe, de su martirio en Nagasaki en 1597 y de su posterior beatificación en 1627 por el Papa Urbano VIII, dio pie para la creación de una importante figura de la mitología social mexicana, alentada en el naciente orgullo criollo en los siglos XVII y XVIII1.

La leyenda de este santo fue repetida ad nauseam en aquella época y en el México independiente por los seráficos pastores que proclamaban el orgullo de tener un santo de manufactura nacional2 El origen de tal leyenda se quedó sin embargo en la bruma de las circunstancias que motivaron la crucifixión de Felipe de las Casas, junto con otros 25 mártires, en febrero de 1597 en el otro extremo del mundo.

Las siguientes líneas procuran evitar, en la medida de lo posible, la repetición de los devocionarios y las florecillas con que educaron de manera edificante a tantas generaciones en México, e intentan en cambio dar noticia de aspectos históricos relevantes del incidente de Nagasaki, así como poner de relieve el naciente sentimiento criollo en la Nueva España, en el marco del imponente esfuerzo globalizador realizado por el Imperio Español y por el Papado en el siglo XVI.

El análisis de estos hechos conduce a observar un proceso más complejo que la vida del santo y de carácter global: el acre conflicto que existía entre las diversas órdenes religiosas en Asia, específicamente sobre sus perspectivas y métodos de evangelización, mismas que se tradujeron en enfrentamientos de tipo político entre esas misiones en prácticamente toda la región asiática3.


1 Un trabajo original y valioso es el de Reiko Kawata, La carrera política del Santo Criollo. La cambiante imagen del protomartir mexicano, Felipe de Jesús, presentado en las Primeras Jornadas Internacionales sobre la presencia Novohispana en el Pacífico Insular, celebradas en al Ciudad de México del 19 al 21 de septiembre de 1989. Actas publicadas por la Universidad Iberoamericana, Embajada de España en México, y la Comisión Puebla del V Centenario, Pinacoteca Virreinal, México 1990. pp 157-185.

2 Don Manuel Romero de Terreros y Diment utilizó en 1913 las siguientes fuentes históricas de los siglos XVII al XIX para elaborar sus Florecillas de San Felipe de Jesús, México Imprenta de José Ballescá, 1916:
- Crónica de la Santa Provincia de San Diego de México, de Religiosos Descalzos d N.S.P.S. Francisco en la Nueva España. Por Fray Baltasar de Medina. México. Juan de Ribera. 1682.
-Vida, Martirio y Beatificación del Invicto Proto-Martyr del Japón San Felipe de Jesús. Por Fray Baltasar de Medina. México. Juan de Ribera. 1683.
-Crónica de la Apostólica Provincia de San Gregorio de los Religiosos Descalzos de N.S.P.S. Francisco, en las Islas Philipinas, China, Japón Parte Tercera. Por Fray Juan Francisco de San Antonio. Manila. Fray Juan de Sotillo. 1744.
-Obras pastorales y oratorias de D. Ignacio Montes de Oca y Obregón. Obispo de San Luis Potosí. Tomo V. México. Escalante. 1898. Panegírico de S. Felipe de Jesús.

3 Este texto se basa principalmente en dos estudios modernos. C.R. Boxer, The Christian Century in Japan 1549-1650. Ed. Carcanet in association with The Calouste Gulbekian Foundation. Lisbon, 1993. Primera Edición 195, University of California, y Fidel Villarroel OP, The Chinese Rites Controversy –Dominican Point of View-, profesor de historia eclesiástica en la Universidad de Santo Tomás, Manila. Philippiniana Sacra, Vol. XXVIII, número 82 (1993) 5-61.

jueves, 19 de agosto de 2010

Invadir China


A finales del siglo XVI, algunos colonos de la recién fundada ciudad de Manila alimentaron sueños de invadir y conquistar China. La descabellada idea puede ser explicada quizás como resultado de la angustia producida por el aislamiento de quienes desconocían casi por completo los espacios físicos y culturales que rodeaban a Filipinas, o por simple ambición, que no tenía medida.

En 1582, el gobernador Gonzalo Ronquillo ordenó al padre jesuíta Alonso Sánchez viajar a Cantón desde Manila, para exigir primero a los portugueses lealtad al rey Felipe II y en una segunda ocasión para pedir al gobernador chino de Cantón el comercio directo entre ambos puertos.

El gobernador Ronquillo escribió a Felipe II acerca de tales planes y con el concurso de la comunidad española en las islas enviaron al padre Sánchez a España, vía México, para abogar por la posibilidad de invadir China. En su largo tránsito por México, en los años 1586 a 1587, Sánchez se encontró con Joseph de Acosta, jesuíta también, quien a la sazón escribía su Historia Natural y Moral de las Índias.

Parte de la rica información provista por Sánchez a Acosta está contenida en el libro VI, capitulos cuarto, quinto y sexto de aquella obra. Como asunto curioso vale citar algunos párrafos de su obra:


" ni tienen alfabeto ni escriben letras, ni es la diferencia de caracteres, sino principalmente su escrebir es pintar o cifrar, y sus letras no significan partes de dicciones como las nuestras, sino son figuras de cosas, como de sol, de fuego, de hombre, de mar, y así de lo demás." (...) " De aquí es que como las cosas son en sí inumerables, las letras o figuras que usan los chinas para denotarlas, son cuasi infinitas. Por que el que ha de leer o escrebir en la China, como los mandarines hacen, ha de saber por lo menos ochenta y cinco mil figuras, ciento y veinte y tantas mil. Cosa prodigiosa y que no fuera creíble, si no lo dijeran personas tan dignas de fe, como lo son los padres de nuestra Compañía (de Jesús), que están allá actualmente aprendiendo su lengua y su escritura, y ha de diez años que de noche y de día estudian en esto con importal trabajo, que todo lo vence la caridad de Cristo, y deseo de salvación de las almas".
(...) Esta misma es la causa por qué en la China son tan estimados los letrados como de cosa tan difícil, y sólo ellos tienen oficios de mandarines, y gobernadores y jueces y capitanes. Y así es grande el cuidado de los padres en que sus hijos aprendan a leer y escrebir. Las escuelas donde esto aprenden los niños o mozos son muchas y ciertas, y el maestro de día en ellas, y sus padres de noche en casa, les hacen estudiar tanto que traen los ojos gastados y les azotan muy a menudo con cañas, aunque no de aquellas rigurosas con que a azotan a los malechores".

La idea extravagante, a todas luces, de invadir China desde Filipinas movió a Joseph de Acosta a denunciar a Sánchez ante el padre Claudio Aquaviva, Superior Jesuíta, por lo que Sánchez se tuvo que subordinar a Acosta. En 1587 ambos viajaron a España, pero Acosta probablemente desde México habría escrito el memorial en contra de la descabellada idea que se fraguaba en Manila.

El título de su alegato es Parecer sobre la Guerra de China y Respuesta a nuestro padre, fundamentos que justifican la guerra contra China. Si bien no prosperó esa aventura, en los ricos puertos asiáticos se seguiría discutíendo el tema por muchos años... y en Roma también.
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José de Acosta, Historia Natural y Moral de las Indias. Edición preparada por Juan O´Gorman. F.C.E., segunda edición revisada 1962. La introducción de O’Gorman nos pone al tanto del proyecto de invadir China desde Filipinas. p LIX.

domingo, 15 de agosto de 2010

Un aparecido. Ciudad de México

(segunda parte)
Los inexplicables acontecimientos que sucedieron tanto en Manila, como en la ciudad de México el día de la muerte del Gobernador, siguieron siendo causa de sorpresa y de malos recuerdos para los habitantes de las islas muchos años más tarde. Al conocerse la noticia, la mañana del veinticinco, la Audiencia Real de Manila decretó una semana de luto general y las campanas de todas las iglesias, desde San Agustín hasta Pasay anunciaron el duelo llamando a los vecinos a rezar por el alma del difunto y a recogerse temprano. Ese día los agustinos descubrieron aterrorizados en un muro del recibidor de su convento, precisamente donde estaba el retrato de Gómez Dasmariñas, que una grieta cruzaba de lado a lado, a la altura de la cabeza de tan ilustre señor.
 
Muy entrada la tarde, a los pies de la muralla de Santiago, en la plazoleta que mira hacia la ciudad, un pequeño grupo de mujeres encendió algunas velas y fue sumando rezos y sollozos por el Gobernador muerto. El grupo se mantuvo por largo rato sin juntar mucha gente. Nadie podría prestar demasiada atención a unas mojigatas que le lloraban a quien en vida nadie de verdad quería, por tanta corrupción y desorden en la villa. Los rezos continuaban a pesar del anuncio de borrasca en el horizonte y hasta iban en aumento como acompañando los truenos que se acercaban con la tormenta. Los últimos girones de la tarde se mezclaban con la primeras gotas del aguacero y con las luces de las velas en el suelo de la plaza.
 
Ayes de duelo sobrecogen siempre el alma de los hombres, aun de los más templados, pero esta vez los rezos incomprensibles y un llanto de multitud fue creciendo como si compitiera con el vacío que anuncia el temporal. Juan Domingo Catapang, soldado de guardia en el fuerte de Santiago, miraba desde el baluarte que da a la plazoleta, despotricando en silencio por la tontera de esas viejas: “como si algún bien nos hubiera hecho el difunto” se dijo para sus adentros. Disciplinado por costumbre aprendida en las labores del campo, Juan siguió su guardia y sus pensamientos a pesar de la lluvia que arreciaba.
 
De pronto, la sordina de las voces lejanas se hizo intolerable para el soldado filipino. Presintió un dolor que le atravesaba el pecho antes aún de entrar en él. El malestar por los gritos y el dolor se volvió una sola desesperación incontenible en forma de relámpago; un latigazo luminoso que lo levantó por los aires y lo hizo polvo, ceniza, nada.
 
A él, Juan Domingo Catapang, natural de Pangasinan, lo cogía el capricho del destino como a un hilacho. Campesino hijo de campesinos, que siendo humilde soldado nada en verdad tenía que ver con el Gobernador, le sucedía lo inesperado. Lo último que pudo ver desde lejos fue el rostro horrible de las viejas que minutos antes rezaban y que ahora al descubrirse mirando volar a Juan por los aires mostraban una algarabía impúdica, festejando a risotadas su dominio sobre la tormenta.
Perdió el conocimiento…
El rumor corrió como una bocanada de aire pestilente por la Ciudad de México. Salió del Zócalo y llegó mas pronto a oídos de la Inquisición que a los del propio Virrey; pero llegó primero como sucede con todas las malas noticias. Quedaría escrito que en la mañana del veinticinco de Octubre de Mil Quinientos Noventa y Tres un hombre enloquecido, mas sorprendido él mismo que los vecinos, vestido con el uniforme de los guardias filipinos, gritaba "quien vive" a los transeúntes que pasaban por la plaza principal de la Nueva España. Eran pocas las almas que caminaban a esas horas por los portales que dan a la plaza haciendo sus primeras diligencias del dia; sin embargo la sorpresa provocada por un hombre armado, extravagante por sus ropas e incomprensible en su lenguaje congregó a mucha gente. Juan Domingo fue detenido al poco rato por los gendarmes del Santo Oficio sin oponer verdadera resistencia, desarmado mas bien por su propia incredulidad ante lo que el pensaba era una pesadillla imposible.
 
Minutos después, llevado a las celdas de Santo Domingo explicaba conteniendo los sollozos que esa misma tarde el estaba en Manila cumpliendo sus deberes en el fuerte de Santiago. Tarde, mañana o noche eran para él una sola pregunta en su delirio, pues no recordaba nada o nada podía hacer para demostrar a sus vigilantes cómo hubiera podido estar a la vez en dos lugares tan distantes como Manila y la Ciudad de Mexico obviando un viaje de meses desde aquellos confines hasta la capital de la Nueva España. Recordaba sí que estando de guardia en el fuerte, una tormenta se anunciaba con truenos amenazadores, cosa normal en esas zonas tropicales. Si acaso las centellas por la zona de La Laguna eran más espectaculares que en otras ocasiones, pero nada más.
 
Juan no hubiera podido imaginar entonces que en medio de su rutina diaria de soldado pobre estaba destinado a anunciar acontecimientos notables para asombro de los vecinos de la Ciudad de México, al otro lado del Mar del Sur. Informó de la muerte del Gobernador, acontecida apenas unos días atrás allá en las Filipinas.
 
Años después al contar una y mil veces su propia historia, su larga travesía de regreso desde la Nueva España hasta Manila, pasando por Acapulco, las maravillas vistas en el rico virreinato novohispano y otras tantas cosas, los detalles de su narración se fueron agrandando y su fama le duró un buen rato.
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Texto sobre la base de:
Gaspar de San Agustín. Conquistas de las Islas de Filipinas, 1565-1615. Manila, Filipinas, edición fascimilar, 1997, p. 996.
Luis González Obregón. México Viejo. Alianza Editorial, México. “Un aparecido”. capítulo XIX, pp.195-198. Noticias históricas, tradiciones, y leyendas. Segunda edición, 1992.