Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

jueves, 14 de julio de 2011

Negocio redondo

Desde un principio, comerciantes, viajeros y misioneros occidentales describían las diferencias que encontraban en China y percibían una extraña ventaja a su favor en el intercambio de plata. A riesgo de ser tomados como mentirosos, como fue el caso de Marco Polo siglos antes, algunos de aquellos viajeros del siglo XVI dieron testimonio de que los chinos estaban dispuestos a pagar precios desproporcionados por la plata que venía de Europa, Japón y América.

Uno de aquellos viajeros, el padre Gaspar da Cruz, escribe en 1569 que "no hay monedas de oro o plata en China, sino que todo se compra por el peso en oro o plata (...) el que quiera hacer buen mercado en el país de China debe traer plata en lugar de bienes". A su vez, un comerciante con 25 años de experiencia en la región escribía en 1609:

En todo el reino de China hay una enorme cantidad de oro fino, de más de 22 kilates. Si fuera llevado a la Nueva España, o a Castilla, se tendría una ganancia del 75 u 80 por ciento por las diferencias de precios en una región y otra. En China es visto como una mercancía que sube y baja de precio de acuerdo al abasto y a la demanda, y no tiene un precio fijo como en Castilla. Un peso de oro en China equivale generalmente a cinco y medio pesos de plata, y si hay escasez la proporción puede ser de seis y medio pesos de plata por uno de oro. Lo mejor que he obtenido y visto en la ciudad de Cantón en China fue de siete y medio pesos de plata por uno de oro, y no he vuelto a verlo tan alto. En cambio, en España el peso de oro vale por lo general 12 y medio pesos de plata, así se puede ver como es posible ganar de 75 a 80 por ciento en el oro que se exporta desde China. 
Por ello, se espera que se conceda permiso, en consideración del gran beneficio que resultaría para estos reinos de España, exportar oro desde China a cambio de plata, por lo que Su Majestad daría libre permiso para cualquiera de llevar plata de la Nueva España a Filipinas, a condición de que invierta la mitad de ella en bienes chinos y la otra mitad en oro a precios del mercado.
El comerciante advertía que como no hay oro en Filipinas, cuando los cantoneses y sangleyes se enteren de que pueden cambiar su oro por plata en Filipinas, podrían llevar tanto que podrían reducir las ventajas que tendría llevar plata desde la Nueva España. Este porque los chinos prefieren plata en lugar de oro. También señala que los portugueses saben de esta situación y están llevando plata desde Europa hasta China, para obtener beneficios. Charles R. Boxer recogió esta información desde los años cincuenta del siglo XX.

La plata fluyó en las venas del comercio internacional de manera impetuosa en aquella primera globalización que integraba a China, América y Europa en el siglo XVII. Los españoles se colocaban así en una situación particularmente favorable, pues tenían el control de las principales fuentes de producción de plata, en el Potosí y en Nueva España. El yacimiento del Potosí, descubierto en 1545 atrajo en menos de un siglo a una población de casi 160,000 habitantes, en condiciones infrahumanas.

Pero si con la distancia del tiempo tratamos de imaginar los diversos usos del preciado metal, no sólo como mecanismo de pago sino como mercancía que se puede acumular y usar de muchas maneras, entonces entenderemos cómo la plata adquirió precios relativos muy diferentes de un continente al otro. El mineral tenía un costo de producción muy bajo, por su abundancia en América y por la mano de obra esclava o semiesclava, pero aumentaba desproporcionadamente una vez que cruzaba los océanos con destino a Asia o a Europa. Como hemos visto en notas anteriores, en el período que va de 1540 a 1640 se produjo una distorsión notable en los precios de la plata, principalmente porque China pagaba más alto que el resto del mundo. Un nuevo ciclo de precios altos se registró entre 1700 y 1750.

El mismo producto era apreciado de manera distinta en cada punto de la cadena comercial global de los siglos XVII y XVIII. Los comerciantes que llegaron a Asia después que los portugueses y españoles, como la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, comprendieron rápidamente que podía hacer un gran negocio transfiriendo plata americana comprada a los españoles y enviarla hacia China. Se dieron casos en que las monedas acuñadas al pie de mina en El Potosí llegaron en sus cajas de origen, lo mismo que lingotes intactos, sin haber circulado en Europa, todo a manos de los holandeses. Negocio redondo para algunos, pero no para todos.

Las consecuencias de este fenómeno fueron determinantes en la formación y consolidación (o el derrumbe) de varias economías de esa época, comenzando por la dinastía Ming que permitió el atesoramiento de plata, exigió incluso el pago de impuestos en ese metal y empobreció a los pequeños propietarios que carecían del preciado oro blanco. Pero no menos importante fue la insolvencia constante de la monarquía española en esa época, endeudada permanentemente con los banqueros alemanes y suizos.

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Boxer, Charles R. The Christian Century in Japan, 1549-1650, Carcanet Press Limited, the Calouste Gulbekian Foundation, Carcanet, Exeter, England, 1991, Apéndice IV. Pedro de Baeza on the China-Japan Trade 1609, pp 425-426.

Dennis O. Flynn, Arturo Giráldez, ¨Born with a Silver Spoon: The origin of world trade in 1471¨, Journal of World History 6, 1995, p 201.

lunes, 11 de julio de 2011

Excavaciones en Baja California

Una grata sorpresa que amerita ser difundida. El día de hoy el diario El Universal informa de avances en las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en Baja California, México. Muy interesante. 


MÉXICO, D.F., julio 11 (EL UNIVERSAL).- Investigadores mexicanos y estadounidenses descubrieron una escultura en bronce que representa un "Perro de Fo", "sobreviviente" del naufragio de uno de los primeros galeones de Manila o naos de China, oculto por más de 430 años bajo la arena, en la costa del océano Pacífico, en el estado de Baja California.
De acuerdo a un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) el llamado "Perro de Fo", quimera de la tradición budista destinada a la protección, es una figura de unos 12 centímetros de alto e igual de ancho, presunta tapa de un incensario o de un candelero, la cual fue localizada hace unas semanas y representa una pieza única dentro del conjunto de materiales recuperados a lo largo de 12 años por el Proyecto Galeón de Manila en Baja California.
Esta pieza de bronce se suma a los cerca de mil 500 fragmentos de porcelana china de la Dinastía Ming -correspondientes al reinado del emperador Wanli (1563-1620 d.C.)-; monedas que circularon durante el mando del rey de España Felipe II (1556-1598 d.C.); y láminas de plomo que forraban el casco de la embarcación, rescatados hasta la fecha.


Según el arqueólogo Roberto Junco, de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, esta variedad de materiales encontrados, apunta a que corresponden a uno de los primeros galeones del siglo XVI que zarparon de Manila, Filipinas, con rumbo al puerto de Acapulco, en la Nueva España, -ruta comercial de más de 16 mil kilómetros quedó establecida en 1565 por el monje y marino Fray Andrés de Urdaneta-.
En tanto, el historiador náutico Edward Von der Porten dijo que los restos materiales encontrados probablemente pertenecieron al galeón "San Felipe", que zarpó llevando un importante cargamento de porcelana china de la Dinastía Ming -destinado a conocer los gustos de novohispanos y europeos-, y que desapareció en 1576.
Junco mencionó que el "Perro de Fo" se encontró a 20 centímetros de profundidad, a partir de una señal emitida por un detector de metales, y se procedió a realizar un pozo de sondeo, lo que derivó en el hallazgo de la pieza, la cual se registró mediante fotografía y dibujo arqueológico, para después recuperarla con fines de estudio.
Este objeto asiático coincide con las descripciones que algunos misioneros jesuitas dejaron a manera de testimonios en el siglo XVIII, como las de los padres Fernando Consag y Miguel del Barco, abundó Junco.
"El jesuita Miguel del Barco supo del sitio y los materiales que estamos investigando coinciden con sus anotaciones, por ejemplo, en sus crónicas narra que los indígenas llevaron a una de las misiones un candelero de bronce con la forma de un perro. El objeto que encontramos probablemente sea similar al que refirió el religioso, y quizás se trate de la tapa de un incensario. Esto se definirá luego de que la pieza -que tiene una concreción- sea restaurada por especialistas del INAH", señaló Junco.
Los llamados "Perros de Fo" ("Fo" es un término que se utiliza para referirse a Buda) son en realidad representaciones de un león y se les considera protectores de lugares sagrados, de ahí que comúnmente adornen la entrada de templos y palacios. Se les denomina en plural debido a que se elaboran en pareja: macho y hembra; en el caso del objeto descubierto en Baja California, se trata de un macho y su atributo es una esfera que representa al orbe, bajo la garra derecha.


Las exploraciones del Proyecto Galeón de Manila las han efectuado los investigadores estadounidenses Jack Hunter y Edward Von der Porten, y arqueólogos de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH, con apoyo del Centro INAH-BC, de la National Geographic Society, de la Universidad de San José y del Museo Marítimo de San Diego, estos últimos en California, Estados Unidos.
Este equipo realiza prospecciones arqueológicas en un área de 11 kilómetros, siendo la línea de costa donde se ha localizado la mayor variedad de materiales.
Doce temporadas de campo en el lugar han permitido al historiador náutico Edward Von der Porten forjarse una hipótesis respecto a la identidad del Galeón de Manila que encalló en esta solitaria playa del estado de Baja California, a partir de diversos elementos, entre ellos de la datación de la porcelana china.
De los más de mil 500 fragmentos de platos de porcelana de la Dinastía Ming, correspondientes al reinado del emperador Wanli, según Von der Porten, 55% de los tipos cerámicos se dividen en tres conjuntos de diseños: figuras de ave fénix (27%), de plantas, flores y dragones (28%), y el 45% restante corresponde a 110 diseños distintos.
También, se localizó parte de un plato de cloissoné (artesanía típica de Beijing), del cual se pueden observar los colores del esmalte, así como gran cantidad de bloques de cera, otro de los productos que viajaban tradicionalmente en la embarcación.
Las investigaciones del Proyecto Galeón de Manila en Baja California continuarán con el fin de comprender mejor la distribución de ciertos materiales y realizar un catálogo de la porcelana; al tiempo que se proyecta una nueva temporada de exploraciones para 2012.

sábado, 25 de junio de 2011

Arte y política


La corte china mantuvo con gran aprecio a los misioneros jesuitas que les proporcionaban las últimas novedades de la cultura europea, la astronomía, la pintura y la música. De esta última, el contraste con la tradición china era muy notable, ya que el desarrollo del contrapunto, la complejidad de los coros y el entramado de muchos instrumentos barrocos era difícilmente asimilable para el oído chino. Finalmente, la música de cámara, sobre todo flauta y clavecín resultó ser un sonido más aceptable para el gusto de los asiáticos, como lo demuestran diversas obras compuestas, en aquel país, por artístas europeos.

La presencia de misioneros con dotes artísticas fue un gran logro para el propósito jesuita, interesados en influir a los jerarcas chinos por medio de los sentidos el razonamiento. Lo curioso es que la llegada de un religioso no jesuita, como fue el caso del italiano Teodorico Pedrini (1671-1746), significó también la primera ocasión en que los emperadores chinos conocieron las contradicciones entre las diversas congregaciones católicas europeas.

Luego de un prologado viaje que pasó por Perú, México y las islas Marianas (Guam), Pedrini se asentó en China por más de veinte años y sirvió a tres emperadores sucesivos. Escuchemos la sonata número 1 para violín, que fue compuesta e interpretada en Beijing en pleno siglo barroco.




Como músico de la corte china, Pedrini educó a tres hijos del emperador Kangxi, construyó instrumentos europeos y arregló los que ya existían en el palacio imperial. Escribió en Beijing un tratado de música occidental que fue publicado en aquel país y posteriormente fue incorporado a una enciclopedia china en el año 1781. Parte de su obra musical se encuentra recopilada en la Biblioteca Nacional de Beijing.
El entusiasmo por reencontrar aquella música creada en el otro extremo del mundo ha conducido a músicos como Pedro Bonet, de España, o Jean-Cristophe Frisch, de Francia, a recorrer los caminos del barroco nómada que envolvió al mundo en el siglo XVIII.

martes, 21 de junio de 2011

Ruta Quetzal

El pasado jueves 16 de junio comenzó en Lima, Perú, la expedición Ruta Quetzal que organiza un conocido banco español. Se trata de un recorrido que involucra a 224 jóvenes de 53 países, en un proyecto educativo que tiene dos décadas de actividades.

Durante cinco semanas los jóvenes seguirán los pasos del religioso español Baltasar Jaime Martínez de Compañón (Cabredo, Navarra, 1737-Bogotá, 1797) para conocer las culturas prehispánicas moche, chimú y chachapoyas. La expedición regresará a España y recorrerá los lugares por donde pasó el famoso obispo español.

Excelente oportunidad para que nuevas generaciones conozcan más acerca de la historia de la interacción cultural de América y España.




El Códice Trujillo, compilado durante el mandato del obispo Martínez Compañón, contiene piezas musicales del barroco popular, de magnífica calidad.

domingo, 19 de junio de 2011

Hablando en plata


El chino es un idioma difícil. Generaciones enteras de extranjeros han aprendido que ese idioma es tan poderoso como la Gran Muralla para contener los ímpetus foráneos de conquista sobre el pueblo chino. Podría decirse que sólo unos pocos en la historia han logrado penetrar esa barrera, entre los que se destacan los misioneros jesuítas.

En cambio, por siglos la lengua franca entre China y Occidente fue la plata. El intercambio de bienes y el flujo constante del preciado metal redujo las distancias y la falta de entendimiento entre culturas de Europa, América y Asia. En la actualidad se revisan las interpretaciones históricas que han prevalecido por siglos acerca de este comercio y se busca ubicar en sus dimensiones correctas el enorme intercambio del metal entre China y Occidente (en el que América juega un papel central) como base del surgimiento de la primera globalización verdaderamente mundial.

Entre 1500 y 1800 los centros plateros de América, sobre todo en la actual Bolivia (dentro de virreinato del Perú) y México produjeron alrededor de 150,000 toneladas de plata. Esto representa casi el 80 por ciento del total mundial en ese período. Una parte sustancial fluyó directamente hacia China, que fue transformada en su sistema de vida interno, en su economía y perspectivas de su población. En la primera parte del seiscientos Japón también fue importante fuente de producción del metal, con destino casi exclusivo hacia China.

Bahía de Manila
 
Decenas de estudios históricos han abordado el tema, pero generalmente desde visiones parciales, como el comercio atlántico, bajo el dominio español de América y el proceso que transformó a las sociedades indígenas en pueblos mineros. Ello ha permitido abordar aspectos del régimen jurídico, de propiedad y exacción de recursos de las minas americanas, pero rara vez tales interpretaciones se han ligado a una visión de conjunto; sobre el funcionamiento del sistema global, autores como Pierre Chaunu , Ferdinand Braudel en los años sesenta o Immanuel Wallerstein décadas más tarde ofrecieron perspectivas panorámicas de esta integración globalizadora.

El trabajo de Chaunu, que hemos mencionado en este blog, ofrece un alud de información estadística sobre el comercio transpacífico, resultado de los informes comerciales que se acumulaban en los archivos oficiales. Sin embargo, son estimaciones conservadoras, debido a que los registros tienden a ocultar la producción que buscaba escapar del pago de impuestos a la corona española o las transacciones que se fugaban hacia Europa o Asia. Para varios historiadores, el comentario de Chaunu sobre el monopolio español en el Pacífico encendió de orgullo sus corazones nacionalistas (Filipinas como una colonia gobernada desde México), pero su estudio monumental no llegó a ser, ni lo pretendía, una visión global del sistema de comercio, en el que la plata jugaba un papel central.

Desde hace algunos años, comienza a gestarse una visión histórica que revisa tales análisis y ofrece nuevas perspectivas, digamos menos nacionalistas. Estudiosos como Alfred W. Crosby, Dennys Flynn, Arturo Giráldez, Manel Ollé, Anthony Reid, entre otros, han intentado enfoques más integrales, interdisciplinarios y si se me permite ¨orgánicos¨ de la interacción entre el comercio y las culturas que lo ejercían.

Los ciclos de la plata

Abundaremos en el tema, pero por lo pronto dejemos asentada aquí la opinión de dos historiadores (Flynn y Giráldez, 1995 y 2002), quienes advierten que el estudio del desarrollo de regiones en los siglos XVI y XVII puede hacer perder de vista las articulaciones que ya existían en la economía global. Aunque algunas regiones ascendieron y otras descendieron en su propio desarrrollo, es crucial observar la forma en que se integraron al sistema mundial. Para ello analizan los ciclos de producción y distribución de metales en aquellas épocas y distinguen dos ciclos principales:


  • la primera fase se desarrolló entre 1540 y 1640 contando al Potosí y a Japón como los principales centros productores de plata y

  • la segunda fase se concentró en la plata producida en la Nueva España en la primera mitad del siglo XVIII, el setescientos mexicano.


Lo distintivo de ambas fases (los autores llaman ciclos de la plata) es que la integración mundial provocó en cada uno de ellos severos cambios en los patrones demográficos y ambientales, tanto en China como en América y en Europa, que guardan una relación pocas veces estudiada en su conjunto.

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Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez, ¨Cycles of Silver, Global Economic Unity through the Mid Eighteenth Century¨, Journal of World History, University of Hawai´i Press, Vol. 13, no. 2, 2002, pp. 391-427.

Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez, 1995a, ¨Born with a Silver spoon: The Origin of World Trade in 1571¨, Journal of World History, University of Hawai´i Press, Vol. 6, no. 2, 1995, pp. 201-221.

sábado, 4 de junio de 2011

China se cierra al mundo

No, no existió un momento preciso en el que China se cerró a la influencia externa. Se trata, y siempre ha sido así, de una tendencia presente en su cultura en la que busca proteger al país de las amenazas que se perciben en el exterior. Las turbulencias políticas que atravesó China en el siglo XVII, la transición rápida y violenta de una a otra dinastía en 1644, colocó al comercio fuera del control gubernamental y generó tremendos cambios, sobre todo en el sudeste de Asia, forjando plazas comerciales y ciudades-emporio como Manila, Macao o Batavia. Lo que me interesa definir aquí es el encuentro entre la concepción europea, dominada por el pensamiento mercantilista y las acciones chinas, de defensa y control del comercio.

El pensamiento europeo, en plena expansión colonial, era de una simpleza aterradora: debido a que la riqueza de una nación depende de la acumulación de metales preciosos (oro y plata sobre todo), la mejor opción era exportar a otros países y reducir la importación al mínimo necesario. Para los imperios europeos en expansión, el dominio sobre América resultaba la plataforma ideal, con la plata producida en   Perú y en la Nueva España, para continuar hacia el continente asiático, tentados por las inimaginables riquezas de China.

El problema subyacente, que condujo a una profunda crisis sobre todo de la península ibérica en el siglo XVII, fue la incapacidad de crear una industria propia en España y Portugal. Las coronas de Lisboa y Madrid ocupaban enormes territorios pero no medían su fuerza y en los hechos no podían controlar todos sus dominios. Aspiraban a ser grandes, pero a diferencia de China, aún no lo eran. Los virreinatos americanos adquirían mayor fuerza y en ciertos momentos soñaron con la posibilidad de actuar por su cuenta. Diversos relatos de los que hemos dado cuenta en este blog hablan de iniciativas mexicanas... para ¡ invadir China !.

Para China, el atractivo de la plata americana a partir del siglo previo, a mediados de 1500, significó un acicate a su comercio. En aquel momento los chinos recibieron de América productos nuevos para enriquecer su cultura y alimentación, como la papa y el maíz. La diferencia fundamental es que los chinos contaban en abundancia con manufacturas disponibles para la exportación, sobre todo porcelanas, textiles varios y sedas, tan atractivas para el consumo suntuario de los americanos y europeos. En el siglo XVII ese comercio quedó en manos de piratas y forajidos de origen mixto (chinos, japoneses, malayos), que entraban y salían de las costas del sur de China afrontando grandes riesgos.







Diversos especialistas han reflexionado sobre este asunto y parecen coincidir en esta apreciación, aunque no necesariamente en cuanto a las fechas, pues se trata de procesos de larga duración. Mungello señala por ejemplo que a principios del siglo XVI los portugueses fueron capaces de acercarse al imperio chino con propósitos meramente comerciales, más que de expansionismo colonial, y así fueron vistos por los mandarines, como simples extranjeros tributarios. Así fue tratado por ejemplo, Tomé Pires, quien viajó de Malaca a Cantón en 1517, con la intención de llegar a Beijing. Esperó en vano seis años para ver al emperador Zhengde, y murió en las mazmorras de Cantón sin lograr su cometido.  Sin embargo, desde su prisión logró transmitir el mensaje a Portugal de que era necesario lanzar una expedición punitiva contra China.

En aquel momento, Portugal tenía un millón de habitantes y China cerca de 150 millones.

Prevaleció la sensatez o quizás falta de recursos, pero los portugueses prefirieron continuar el comercio costero con China y lograron en 1555 la concesión de Macao, que fue reincorporada a China en 1999.

Dos siglos más tarde, el emperador Qianlong (que reinó de 1736 a 1795) expresaba, contundente y suave, el pensamiento chino ante una embajada  encabezada por Lord Macartney enviada por el rey George III de Inglaterra, que llevaba atractivos regalos. "Nunca hemos valorado artefactos ingeniosos, no tenemos la mínima necesidad de las manufacturas de su país" respondió. Aquella frase encierra mucho de la visión autosuficiente de los chinos respecto a su cultura, un vasto imperio en medio del mundo.

Sin embargo, en Europa la reacción fue atroz. Los ingleses comenzaban a dominar al mundo y China vivía una declinación prolongada: los europeos tomarían revancha por otros medios, la venta de opio al pueblo chino.
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D. E. Mungello, The great encounter of China and the west, 1500-1800, tercera edición, Rowman & Littlefield Publishers, Inc. Lanham, Maryland, EUA, 2009.


lunes, 30 de mayo de 2011

El final de la dinastía Ming

Los primeros cuarenta años del siglo XVII señalaron las grietas del poder imperial Ming (1368-1644), sometido a la presión de los manchúes en el norte y a los diversos grupos que se oponían a sus políticas en todo el territorio. Aquellos años reflejaban un sordo derrumbe del imperio. Las prohibiciones al comercio costero y con el exterior fueron reforzadas pero con pocos resultados. En los hechos, los comerciantes y los piratas convivían de manera funcional desde el mar de China y todo el sudeste de Asia, sin el más mínimo interés de dejar sus ganancias aún a riesgo de la pena capital.

En ese período entran en escena tanto Filipinas como Taiwán, que se convirtieron en espacios útiles para el comercio. Ambas islas cobraban repentina importancia para el intercambio de productos provenientes de Europa, Asia y América, sobre todo plata. D. G. Mungello describe el momento de esta manera:

“Entre 1620 y 1660 se registró una severa recesión en el sistema comercial mundial que interrumpió el flujo de plata hacia China, principalmente desde América, y ello parece haber acelerado la inflación en la última etapa de la dinastía Ming. El deterioro del gobierno imperial y la incapacidad para responder a los problemas aceleraron la desintegración social. Cuando los manchúes conquistaron la capital Ming, en 1644, y establecieron la dinastía Qing, los comerciantes y los piratas de las costas del sudeste hicieron alianza con los Ming. Fueron dirigidos en su lucha contra los manchúes por el pirata Zheng Chenggong (1624-1662), conocido por los europeos como Koxinga. De padre chino y madre japonesa, Zheng puede ser considerado como uno de los primeros de la categoría de chinos de ultramar.”

Por su parte, la nueva dinastía de origen manchú enfrentó también a los comerciantes y piratas en las zonas costeras. Sin embargo, las habilidades guerreras de los manchúes no pudieron mostrarse en la guerra marítima y sufrieron una serie de humillaciones y fracasos, por lo que cambiaron de táctica para consolidar su presencia en el sur de China: hacia 1660 comenzaron a evacuar a la población china de las costas y a moverla varios kilómetros dentro del territorio, con lo que buscaban eliminar el apoyo a comerciantes y piratas. Quemaron poblaciones costeras y destruyeron toda actividad marítima, creando un efecto terrible en la propia economía china, despojada de su capacidad de comercio con el exterior.

Este vacío fue ocupado inmediatamente por los comerciantes europeos, principalmente portugueses y holandeses, que comenzaron a dominar el intercambio costero y la relación de China con el exterior.

En próximas entradas de este blog continuaremos viendo aquel momento particular, pues la transición de las dinastía Ming a la Qing (1644-1911) tuvo un impacto relevante en todo el mundo. En el caso de la Nueva España, observadores acuciosos dieron cuenta casi inmediatamente de ese cambio.
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D.E. Mungello. The Great Encounter of China and the West, 1500-1800, tercera edición, Rowman & Littlefield Publishers, Inc.Lanham, Maryland, EUA, 2009.

domingo, 29 de mayo de 2011

El comercio chino

En la historia de China el comercio representó un elemento muy sensible para la clase dirigente, temerosa de atraer influencias externas o de diluir su capacidad de gobierno, frente a poderes del exterior. La gran hazaña del marinero Zheng He en el siglo XV, de proporciones insuperables si se compara con las pequeñas flotas europeas que recorrieron Asia a partir de aquellas épocas, no se repitió debido a múltiples razones, como haberse completado pocos años después la construcción de canales norte sur que permitían el comercio fluvial dentro de China. Otra razón era el costo desmedido de tales expediciones y el considerar que el intercambio con países bárbaros no traería mayores beneficios para la grandeza del imperio.

De esta forma, cabe resaltar que con la llegada de los europeos (los portugueses en primerísimo lugar) no quedaba traza de lo que habían sido las grandes expediciones marítimas chinas. Pero es importante apuntar también que las motivaciones de europeos y chinos hacia el comercio eran radicalmente distintas: portugueses y españoles buscaban riquezas que no tenían en sus territorios. Puede parecer rudo, pero la pobreza los hizo levar anclas y proseguir aventuras en territorios extraños. En el caso de China, el orgullo de pensar que eran la cúspide de la civilización humana le hizo cerrarse hacia el mundo exterior.

A lo largo del siglo XIV, la dinastía Ming (1368-1644) estableció diversas restricciones al comercio con extranjeros. Por ejemplo, en 1394, los chinos tenían prohibido el uso de perfumes y otros bienes extranjeros. El comercio exterior estaba circunscrito a pueblos vasallos en la periferia de China. Esta actitud ante el intercambio comercial tenía también su componente filosófico basado en el Confucianismo que califica a tal actividad un acto de las clases inferiores, motivado por la ganancia y no por valores morales. En cambio, la agricultura juega en este modelo de pensamiento el papel económico central y de mayor mérito. El Estado debía tener a su cargo la tarea de regular el intercambio con los extranjeros.

No obstante las continuas regulaciones, el comercio floreció sobre todo en las zonas costeras del este y el sur de China, en gran medida a través de redes ilegales pero muy efectivas, lo que obligó a que el gobierno levantara parcialmente la prohibición al comercio en 1567. Si el pensamiento confuciano relegaba a los comerciantes, las grandes fortunas que podía amasar la clase que vivía en los márgenes de la legalidad hicieron cambiar a muchos oficiales del imperio chino.

Es en este preciso momento de transición cuando tuvieron lugar las exploraciones europeas en el sudeste de Asia y la conquista de Filipinas por parte de los españoles. Los chinos que comerciaban con grandes riesgos en la región vieron a los recién llegados, por la vía de Europa o de América, como novedosos aliados de su complicada forma de vida.


sábado, 21 de mayo de 2011

El imperio del centro del mundo

El tecleador de este blog tuvo que transitar por otros rumbos en el mes de mayo, pero seguimos con el tema, inacabable, de China.

Debo aclarar que no pretendo escribir aquí la historia de China, sino sólo colocar algunos puntos de interpretación que permitan ubicar la relación de esa potencia con el mundo americano en los siglos XV al XVIII. Por ello, hemos hablado del enorme atractivo que siempre provocó la cultura china en Occidente, con una carga de misterio y temor.

Si nos ubicamos entre los años 1500 a 1800, China era en aquel período un poder mundial, comparado con una Europa que salía del medioevo y daba el salto hacia el desarrollo industrial; la América indígena había sido sometida por los europeos y se constituían ricas sociedades de tipo colonial; Estados Unidos comenzaba a arrasar con sus praderas y con la población india, pero no era más que un proyecto de nación. En términos de población, identidad cultural con un idioma común, poderío militar, comida, literatura, arte, China destacaba de forma similar a lo que acontece ahora nuevamente.

Sn embargo, la imagen lejana de China para los habitantes de Europa y América en aquellos siglos barrocos se reforzaba por la fuerza del denominado Sinocentrismo de la cultura china, que aparece como autosuficiente, aislada y sin necesidad de contacto con el exterior. El término es europeo y proviene del latín Sinae o chino, con la intención de reflejar esa suerte de etnocentrismo de un país que se consideraba a sí mismo el centro del mundo Zhongguo, o imperio del centro.






El centrismo como punto de observación del mundo puede aplicarse a casi todas las culturas, sin embargo, en el caso de China cuenta con elementos que lo refuerzan a pesar de cambios en el tiempo. El emperador chino, nos recuerda Mungello, es hijo del cielo (Tianzí), es decir su gobierno proviene de muy arriba. De acuerdo a esa filosofía, el orden del mundo era una reproducción del cielo y el emperador era como la estrella polar, que guía a las demás.

Para China, todo lo que no era chino ocupaba un lugar secundario, periférico. Los países más cercanos, como Corea, Vietnam, las islas Ryukyu y Japón, constituían un primer círculo de pueblos, que además habían absorbido la cultura y los caracteres chinos. Más allá se encontraba la diversidad de pueblos no chinos que circundaban al imperio en el interior de Asia. Y más allá, en un tercer nivel, estaban los pueblos bárbaros (waiyí), ubicados en el sur y el sudeste de Asia y Europa.


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D.E. Mungello. The Great Encounter of China and the West, 1500-1800, tercera edición, Rowman & Littlefield Publishers, Inc.Lanham, Maryland, EUA, 2009.

viernes, 22 de abril de 2011

Burocracia china

Aparte de la agricultura, otro factor histórico crucial que identifica Angus Maddison es el sistema burocrático, y las conclusiones de este autor son mixtas: reconoce méritos en la habilidad para trazar lo que hoy llamaríamos estrategias económicas o políticas públicas eficaces, pero por otra parte indica el abuso constante de las élites burocráticas, que impidió el desarrollo de otros sectores productivos como los propietarios agrícolas o manufactureros.

La burocracia y la aristocracia de la China imperial buscaron en todo momento apropiarse de las rentas nacionales. Sus privilegios jurídicos y consuetudinarios definían su posición, su modo de vida y sus actitudes. Constituyeron el grupo que dominó la vida urbana. Tenían un hondo sentido de la regulación a su favor.
(En razón de ello...) la actividad empresarial era insegura, pues se movía en un marco de exigua protección jurídica para las actividades privadas. Cualquier actividad que prometía ser lucrativa era absorbida por la burocracia. Las grandes obras se realizaban por medio de los monopolios estatales o con licencias públicas.
 
 
Emperador WanLi, de la dinastía Ming
 
 
El dilema del buen emperador

Puede señalarse que el primer estado moderno en el mundo fue sin lugar a duda el de la dinastía Qin en China (221-206 a.c.), sucesora de la dinastía Zhou (1046–256 a.c.) que había desarrollado mecanismos de control a lo largo de 500 años. Asi lo señala el controvertido escritor Francis Fukuyama, en un nuevo libro que traigo a colación aquí por su gran interés en el aspecto histórico de China.


Durante el gobierno Qin se perfeccionaron reglas estrictas para permitir el ascenso burocrático basado en méritos (sobre todo el perfeccionamiento educativo de la burocracia, más que la transmisión hereditaria de los títulos administrativos), Se combinó de manera efectiva el enrolamiento masivo en el ejército con un sistema de premios al liderazgo militar, así como un sistema complejo de impuestos. Con un sistema meritorcrático, de conscripción militar y el perfeccionismo burocrático esa dinastía es recordada mas bien como autoritaria, aunque dejó una herencia importante en el sistema chino.

Sería la dinastía Han (206 a.c. 220 d.c.) la que duraría más tiempo la que conjugó los rasgos administrativos heredados, con un sistema de élites aristocráticas y la legitimación sugerida por el pensamiento confuciano. El estado Han duró más de 400 años, pero según Fukuyama su vulnerabilidad se derivó del fenómeno que el autor llama "el problema del mal emperador", es decir, cuando existe una concentración tal de poder en un grupo o en una persona es enorme el riesgo de que algún emperador falle.

Existe una correlación inversa entre la fortaleza de un poder centralizado y la fuerza de grupos patrimonialistas. El tribalismo, esa tendencia a favorecer a los más cercanos al poder, la riqueza y el estatus, se mantiene como un esquema que reaparece continuamente, algo así como un sistema de resguardo (default) de las organizaciones políticas, aún dentro de los modernos estados.

Lo que deseo dejar asentado en este punto es que la mirada de los europeos perdía de vista la complejidad del mundo chino. Es impresionante, pero en la actualidad seguimos observando a China con recelo y curiosidad, pero con un enorme desconocimiento de su historia y su cultura.

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Francis Fukuyama. The origins of political order. Straus & Giroux, NY, 2011.

jueves, 21 de abril de 2011

Largas tendencias

¿Qué hacia tan poderoso al imperio chino? Un exitoso desarrollo agrícola que compensaba la escasez de tierra con el uso intensivo de trabajo, infraestructura de riego y abonos naturales. China, cabe recordarlo, tiene un gran territorio pero con enormes espacios desérticos o montañosos. El desarrollo agrícola representa un aspecto cultural intrínseco del pueblo chino, que valora cada espacio cultivable. Desde hace miles de años mantiene un cuidado extremo del terreno agrícola, sobre todo si se le compara por ejemplo con las fértiles tierras de Estados Unidos o Argentina.

Seguimos aqui la arumentación de Angus Madison, quien considera que el modelo agrícola chino era distinto a Occidente; tomando en consideración el limitado espacio no se usaron cultivos forrajeros o tierras de pastoreo y el ganado fue más bien de corral (cerdo y aves). El consumo de carne, leche y lana era escaso. El suministro de proteínas era satisfecho por la práctica generalizada de la acuicultura de pequeña escala.

La agricultura operaba en un orden institucional que fue eficiente en su asignación de recursos y fue capaz de responder a la presión demográfica para aumentar la productividad de la tierra. Entre los siglos VIII y XIII se operó un importante cambio en el centro de gravedad de la economía china. En el siglo octavo tres cuartas partes de la población vivían en el norte de China, donde los principales cultivos eran el trigo y el mijo. Al final del siglo XIII tres cuartas partes de la población vivían y producían arroz al sur de rio Yangtsé. Esta había sido un área pantanosa, con poca población, pero con obras de riego y la técnica de maduración temprana de semillas, se creó la oportunidad ideal para el desarrollo masivo del arroz.

La introducción del algodón, con la ventaja de ser más cómodo, lavable y límpio, trajo por su parte un avance sustancial en cuanto al bienestar de la población, pues sustituyó otros textiles y de esta forma mejoraron las condiciones de salud de los trabajadores chinos. La seda estaba destinada a las élites.

De esta forma, una mayor productividad agrícola permitió destinar parte de la población a labores artesanales, como el hilado y el tejido. Entre el siglo XIII y hasta el siglo XVIII, China fue capaz de acomodar a una población que se había cuatriplicado, pero el nivel de ingreso de la población se mantenía satisfactoriamente. Hubo ciertamente crisis, resultado de transiciones políticas, guerras y grandes epidemias (peste bubónica y viruela) que paradójicamente comunicaron a Europa con Asia en el siglo XIV, o con la instauración de la dinastía Qing en 1644.

En este marco de autosuficiencia productiva, las élites chinas vivieron constantemente el dilema de la apertura al mundo. El aislamiento impuesto para evitar que salieran los chinos y entraran los extranjeros dificultó la modernización de China en diversos momentos. Desde la indiferencia ante lo foráneo, fue dificil percibir el riesgo que se avecinaba con la expansión europea desde el siglo XV. En las siguientes entregas hablaremos de ese encuentro histórico.

jueves, 7 de abril de 2011

China comparada

La importancia que ha adquirido China en el orden internacional contemporáneo ha producido un vivo interés en la revisión de su historia y sobre todo se ha fortalecido una tendencia de análisis de largos plazos. El investigador más avanzado en el estudio de amplias tendencias históricas fue el inglés Angus Maddison, quien murió en 2010, después de una prolífica carrera en la que construyó modelos estadísticos para entender la evolución de las economías a lo largo de siglos e incluso de milenios. Es reconocido como una autoridad en la materia, aunque también se expresan críticas sobre la confiabilidad de estimaciones que permiten comparar épocas diversas, en las que no se levantaban estadísticas.

Para Maddison es fundamental esta perspectiva amplia para entender la importancia de China, que históricamente es una entidad excepcional, pues es una unidad política por sobre cualquier otra formación "nacional" del mundo moderno. "Ya en el siglo décimo (China) era la principal economía del mundo en términos de ingreso per capita y este liderazgo duró hasta el siglo XV", señala Maddison.

Superaba a Europa en cuanto a los niveles de tecnología, la intensidad con que utilizaba sus recursos naturales y la capacidad para administrar un enorme imperio territorial. En los siguientes tres siglos (del XVI al XVIII), Europa superó gradualmente a China en cuanto a ingreso real, capacidad tecnológica y científica, de manera que en el XIX y la primera mitad del XX el desempeño de China declinó en un mundo en el que se aceleraba considerablemente el progreso económico.
No debemos olvidar que la disciplina de la economía, a la que llaman ciencia, surgió en Europa y casi siempre las interpretaciones histórico económicas han tenido un sesgo euro-centrista, donde se privilegia el estudio del modelo del capitalismo triunfante de los siglos XIX y XX, y por lo tanto se pierden de vista otras formas socio económicas existentes en otras latitudes. Por comparación, los chinos siempre han estudiado la historia desde un punto de vista sino-centrista y Maddison propone una comparación que permita entender el auge y la declinación de naciones en el largo plazo.

Esta disciplina occidental de la economía toma en consideración la dotación de factores como la tierra, el trabajo y la tecnología, que son los insumos que conducen al cambio y al aumento del ingreso per cápita de la población. Es difícil escapar de ese modelo, pero al observar a la economía china resulta evidente que el fenómeno de la enorme población fue su propio recurso y no siempre el avance tecnológico (la revolución industrial de Occidente) era la palanca, sino la combinación de buena administración pública, organización del trabajo y prácticas agrícolas sustentables. Maddison destaca por ejemplo a la burocracia como un aliciente para el desarrollo agrícola; si, el sector de administradores públicos que controlaban por ejemplo el reparto del agua y por medio de impuestos obtenían un surplus de la tierra.

China desarrolló un sistema de imprenta anterior al occidental que permitía la difusión de manuales ilustrados en los que se plasmaban prácticas agrícolas eficientes. Esa centralización administrativa permitió movilizar a los campesinos a regiones más atractivas y promovió la creación de un sistema de graneros públicos que contuvieran el constante peligro de hambrunas. Fue la burocracia china la que favoreció la innovación en la agricultura y la introducción de sistemas de semillas maduradas antes de plantar, lo que permitía duplicar o triplicar la producción de alimentos. Hubo apertura para la introducción de nuevos cultivos, a lo largo de las diversas dinastías:


Tang introducción del té
Sung algodón
Yuan sorgo
Ming productos procedentes de América,
como el maíz, la papa, el camote, el cacahuate y el tabaco.

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Angus Maddison, Chinese Economic Performance in the Long-Run, OECD, Paris, 1998.

domingo, 3 de abril de 2011

La potencia china

Las líneas de investigación planteadas en las últimas décadas por diversos historiadores de la cultura, el arte y la economía ofrecen la oportunidad de escapar de una visión simple del intercambio a través del Pacìfico, o de limitarse a una enumeración de mercancías y bienes suntuarios que eran acarreados por el galeón de Manila.


El reto es lograr una interpretación integral que no se limite a la parte cuantitativa o estética que ha dominado la visión de muchos historiadores (y conspicuos coleccionistas), sino que ponga de relieve la existencia de un sistema comercial que alcanzó niveles mundiales, y sobre todo que significó un intenso intercambio humano que influyó en el perfil cultural tanto de América como de Europa.


A la luz de nuevas investigaciones sobre el poderío económico de China en los siglos XVI y XVII, es posible mostrar que la inundación de productos chinos en los mercados americanos y europeos también fue una estrategia de Oriente. En las próximas entradas intentaremos establecer que no sólo hubo una ingente demanda de productos asiáticos en Europa y en América, sino que también una oferta asiática que encontró camino y se adecuó a los mercados del otro lado del Pacífico.


Usualmente la historia se cuenta desde la demanda de bienes asiáticos por el lado europeo y americano, utilizando la formidable palanca de la plata americana (Nueva España y Perú), pero poco se habla de la gran capacidad china, japonesa o india de constituirse en una suerte de potencias exportadoras que, bien observadas, supieron aprovechar sus "ventajas comparativas" (mano de obra abundante y barata, capacidad de adaptación tecnológica, y sus adelantos en la producción de porcelana y seda, principalmente) para adaptarse al equilibrio económico mundial a partir del siglo XVI.


Conexiones globales. Debemos partir de un hecho contundente: China es la entidad política más añeja que sobrevive en la actualidad; es una civilización. Es decir, no es un "país" en los términos occidentales. Algo determinante en su historia fue su capacidad de generar poder en su entorno, a través de presiones militares y económicas sobre sus vecinos (y estados vasallos) o también por medio de una influencia cultural y tecnológica basada en el atractivo de su cultura. China tenía posibilidad desde aquella época de inundar con sus productos no sólo Asia, sino el resto del mundo.


Crearon un sistema administrativo complejo y duradero que administró un sistema de poder coherente, capaz de satisfacer sus propias necesidades y de mantener un sistema de comercio global que inundó al mundo de mercancías, con la tecnología de la época. El primer intento de esa conexión global fue la ruta de la seda, que sirvió de experiencia y ejemplo para lo que posteriormente sería un verdadero emporio comercial a través del Océano Pacífico. Seguiremos sobre este tema.