Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

domingo, 12 de agosto de 2012

Peruleros 3

La relación entre la Nueva España y Perú de la segunda mitad del siglo XVI se distinguió por una ingente demanda peruana de productos de todo el mundo, sostenida por la abundancia de plata proveniente de los yacimientos del Potosí y el comercio con Asia.

Woodrow Borah distingue al menos tres etapas en la interacción comercial:

a) el accidentado inicio a finales de los años treinta del siglo XVI, donde intereses privados como los de Hernán Cortés jugaron un papel importante. 
b) una segunda etapa que se ubica de 1550 a 1585, cuando el auge de la plata a raíz del descubrimiento de los yacimientos del Potosí en 1545, dio el impulso fundamental al  pleno desarrollo de aquel primitivo comercio y navegación entre México y el Perú.  
c) La tercera etapa corresponde al ingrediente asiático, que obligó a revisar toda la estrategia comercial del imperio y a tomar la decisión de que solamente la Nueva España pudiera comerciar con Filipinas.

De esta forma, el comercio inicial consistía de mercaderías muy sencillas, en las que se incluía azúcar, fruta seca y en conserva, objetos religiosos, textiles, sillas de montar, artículos domésticos, ropa, medicinas, papel y libros, herramientas metálicas, especias, artículos de tocador. El análisis de diversos cargamentos trasladados desde la Nueva España a Perú descubre que en la etapa inicial

¨una parte considerable de la mercancía era de manufactura española, que se enviaba al Perú porque los precios más altos que allá existían hacían productivo al reenvío. Otra parte consistía en objetos estilo europeo manufacturados en la Nueva España por artesanos españoles o indígenas. Una tercera categoría, y tal vez la más interesante, eran los objetos de artesanía indígena que tenían gran demanda en el Perú, entre ellos espejos huastecos, que quizás eran de obsidiana pulida, jícaras laqueadas de Michoacán para beber el chocolate, una guitarra de estilo indígena y penachos indígenas de pluma. Había una categoría más, que eran lo objetos de estilo europeo hehos con técnicas y materiales indígenas (mexicanos), tales como imágenes de santos hechas de pluma¨.
¨Claramente, dice Borah, se trataba de mercancías para venderse a una comunidad española bastante pequeña, que disponía de mucho dinero, y que tenía muy poca industria local y una gran avidez de artículos de consumo¨
El autor establece que después de 1550, cuando se lograron ¨sofocar los peores desórdenes civiles en el Perú, las colonias meridionales iniciaron un largo período de colonización ordenada y próspera que alentó la navegación y el comercio con la Audiencia de México y con otras colonias mucho más que la escasez anteriormente producida por los desórdenes. Las autoridades españolas fomentaron activamente aquel comercio, con la esperanza de que, al proporcionar artículos de consumo a los turbulentos súbditos de los reinos del sur, estuvieran más contentos. Este próspero período de aquel primitivo comercio llegó a su fin en la década de 1580 a 1590. No fue por decadencia natural, sino por expansión, cuando el comercio de artículos chinos hizo perder importancia al intercambio de productos españoles y locales¨. 





La apertura del comercio entre Nueva España y las Filipinas tuvo repercusiones importantes en la demanda de productos asiáticos en Perú, como la seda, porcelana y muebles, que pasaron a ocupar espacio en iglesias, conventos, casas y haciendas de la nueva población.

Escaseaban las manufacturas en el virreinato cuando la producción de plata alcanzaba su cota más elevada. ¨No es pura casualidad que el incremento del comercio con China, vía Filipinas, coincidiera con un importante crecimiento de la producción de plata de Potosí, que actuaría como un potente imán¨. En 1604 pasaron del Perú a la Nueva España más de dos millones de ducados; y en 1606 lo remitido para la compra de textiles chinos fue de millón y medio.

Al final del siglo XVI se desarrollaban en paralelo varios fenómenos comerciales perturbadores para la Corona española: inflación galopante en el sur de América, propiciada por la abundancia de plata que hacía posible la adquisición de cuanto producto asiático, americano o español se ofrecía; la amenazante posibilidad de que peruanos y novohispanos terminaran controlando el comercio con Filipinas y así desplazaran a los sevillanos, y que la perceptible prosperidad de las comunidades fuera de la península alentaran tentaciones independentistas.

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Borah, op.cit. pp. 117, 125 y 235. García Fuentes Lutgardo, Los peruleros y el comercio de Sevilla con las Indias, 1580-1630, pp.165.


domingo, 29 de julio de 2012

domingo, 22 de julio de 2012

Trata de esclavos, Nicaragua, Perú

La contraparte de la expansión marítima hacia el Pacífico fue la explotación de los recursos madereros del litoral centroamericano y el comercio de esclavos. En otras entradas de este blog, señalamos la continuidad que tuvo el tráfico de esclavos en América  en el litoral del Pacífico hasta bien entrado el siglo XVIII, tomando información del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán.

Debido al volumen de la trata de esclavos africanos poco se habla de la presencia de forzados que también llegaron de Asia; sin embargo existen evidencias de que en esa primera globalización la demanda de esclavos era tan grande que incluso llegaron desde el otro lado del Pacífico, vía Europa. El comercio humano formaba parte del circuito comercial que tenía a Acapulco como centro y que se extendía a lo largo de Centroamérica y hasta el Perú.

Deseo destacar aquí el caso de un esclavo asiático que recorrió aquellas latitudes, arrastrado por el comercio de bienes y de seres humanos que dio pie a aquella expansión. Es un expediente estudiado por Fernando Iwasaki Cauti, como un ejemplo muy interesante de las primeras migraciones asiáticas, forzadas, hacia el Perú virreinal, que cito in extenso.



En 1575, un esclavo llamado Diego Yndio, ¨natural de la China de las Yndias del mar ozéano¨. litigó en Sevilla contra su amo porque se consideraba ¨libre de su nasçimiento y no sobjeto a sirbidumbre alguna¨. El chino declaraba haber sido sacado muy pequeño de su tierra y trasladado a Portugal, donde después de quince años fue vendido a un clérigo sevillano que lo empleó durante una década para finalmente venderlo al espartero Rodrigo Alonso antes de embarcarse a América.

El curioso proceso requería testigos excepcionales, y en la propia Sevilla acudió a declarar el anciano Esteba de Cabrera `yndio natural que dixo ser de la China¨, quien afirmó conocer a Diego y certificó su origen chino:

A la segunda pregunta dixo que este testigo tiene al dicho diego yndio por natural de la china yndia, rreyno y señorío de su magestad, porque este testigo como dicho tiene, lo conoçió en ella de la dicha hedad de seis años que dicho tiene. Y este testigo lo cree e tiene por cierto sin ninguna duda, porque el dicho diego yndio no save ni entiende hablar otra lengua sino la que platica e habla en la dicha provincia de la china, la qual es muy diferente de las que se hablan en otras partes e provinçias de las yndias. Y ansí lo a oydo dezir al governador françisco de castañeda que el dicho diego yndio hera natural, naçido y criado en la china, de adonde este testigo ansimismo es natural.

El aludido Francisco de Castañeda era un tenebroso personaje que dirigió interinamente Nicaragua de 1531 a 1534, luego de la muerte del celebre Pedro Arias Dávila, mejor conocido como Pedrarias . Como nunca tuvo provisión de gobernante no figura como tal en ninguno de los inventarios de autoridades coloniales conocidos, pero por sus felonías merece un lugar de privilegio en la historia universal de la infamia de los tiempos coloniales:

Y lo peor de todo, S.M., es que Pedrarias Dávila y el licenciado Francisco de Castañeda, alcalde mayor e contador de V.M., y Juan Téllez, que tuvo cargo de la tesorería por muerte é fallecimiento de Diego de la Tovilla, tesorero de V.M., cada uno de ellos tenían en la Mar del Sur un navío que contrataba con ellos en la cibdad de Panamá, de Castilla del Oro. Y porque en aquel tiempo no había contratación ninguna de otras provincias, ni los dichos tenían de qué aprovecharse en los fletes de sus navíos, tomaron por espediente para su ganancia la destrucción y desolación desta tierra. Porque V.M. sabrá, que estando sus navíos en el puerto de la Posesión, llevaban los escuadrones de indios é indias naturales desta provincia á embarcar en sus navíos, tan sin temor de Dios  ni de la Justicia Real ni acatamiento de V.M.
Castañeda era socio del Adelantado Pedro de Alvarado en la jornada de la Especiería y lo fue también en su intento de inmiscuirse en la Conquista del Perú, mas no por el oro, sino porque se dedicaba al proscrito y lucrativo negocio de la trata de de esclavos indígenas. De hecho, Francisco de Castañeda huyó de Nicaragua para no enfrentarse a su Juicio de Residencia, donde el tráfico de esclavos era uno de los peores cargos contra él.

Siguiendo el itinerario de otros soldados, el prófugo Castañeda fue a refugiarse al Perú en 1535, llevando consigo a un grupo de esclavos chinos adquiridos en México a los sobrevivientes de la expedición de Jofre de Loaysa (1525-1534), Diego Yndio y Esteban de Cabrera -los protagonistas del juicio de Sevilla de 1575- estuvieron entre aquellos infelices esclavizados por Castañeda.
Que sabe y es verdad que el dicho gobernador francisco de castañeda enviaba a españa çierta cantidad de yndios naturales de la China y el Pirú, encaminados a doña sancha castañeda su madre, entre los quales dichos yndios vino este testigo e vio que en ellos vino el dicho diego yndio.
Este testimonio es uno de tantos que existen dispersos en archivos y bibliotecas acerca de la migración forzada en el Pacífico, en espera de un estudio riguroso e integral que muestre el factor del trabajo esclavo en la expansión española tanto en América como en Asia.
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 Fernando Iwasaki Cauti. Extremo Oriente y Perú en el Siglo XVI. Mapfre. Madrid, 1992. p. 231-236

sábado, 14 de julio de 2012

Miradas Comparadas

Fue un acierto el diseño y la realización de la exposición  inaugurada el 12 de julio en el Museo Nacional de Historia de Chapultepec, en la que se comparan los desarrollos de los principales reinos americanos, Perú y México. A mi manera de ver, lo más destacado es que se ofrece al público una perspectiva que rebasa el estudio de lo nacional, estrictamente limitado por las fronteras actuales. 

Los poderosos antecedentes indígenas fueron fundamentales en la formación y desarrollo durante la dominación española, con sus propias particularidades en la Nueva España y en Perú, pero expresaron procesos paralelos muy similares que se desarrollaron a partir del siglo XVI en ese amplísimo espacio geográfico y poblacional que va desde el árido norte del actual México hasta los Andes en el sur del continente.   


Las miradas que propone esta exposición son múltiples: tanto la interpretación idealizada de su propio pasado que hacían los indígenas incorporados al mundo hispano, como la que hoy se hace acerca del período virreinal -en tono de negación y de desprecio- heredado de los nacionalismos de la época independiente.

Son miradas compartidas por nuestras actuales sociedades, herederas de aquellos reinos, con sus rituales, fiestas y mitotes, incluso con las formas de representación política que siguen siendo dominantes.

jueves, 12 de julio de 2012

Arte y cultura, México y Perú

Hoy se inaugura en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec la exposición Miradas comparadas en los virreinatos de América, con cerca de 200 obras que abarcan cuatro siglos, e incluyen pintura, escultura, códices, biombos y textiles.

La exhibición proveniente de Los Angeles County Museum Art (LACMA) fue visitada por 35 mil personas y recupera el arte y las culturas de los imperios prehispánicos, para perfilar desde allí la fisonomías que adquirieron los virreinatos de la Nuevas España y Perú.

La directora de exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Miriam Kaiser, explica que la visión comparada de la producción artística de ambos virreinos muestra diferencias interesantes.  ¨Basta una observación atenta para descubrir que mientras en Perú optaron por la profusión de ornamentos en sus expresiones artísticas, en la Nueva España prevalecía un espíritu más estoico (...) Aquí estabamos más preocupados por el objeto o el sujeto que por la decoración¨


Demostración de la Danza de Indios, ca. 1780. 
Museo de América, Madrid.

Los indígenas fueron idealizados por los pintores novohispanos, de modo que en algunas ocasiones los plasman como modelos griegos, con atuendos europeos y hasta les colocan coronas. En la imagen, Moctezuma baila al estilo de Luis XIV.

La exposición introduce al visitante en Tenochtitlán y Cusco para familiarizarlo con el régimen político y social de cada uno, así como con sus tradiciones, por ejemplo la escultura monumental en el caso de los aztecas y el arte textil de los incas.

La segunda sección muestra cómo los estilos y materiales prehispánicos perduraron durante la dominación española y fueron adaptados a la confección de objetos cristianos.

La tercera explora la representación de la Conquista en códices, pinturas, biombos y otros objetos.

El cuarto apartado investiga el papel de los indígenas cristianizados y las nuevas devociones. Entre las advocaciones más destacadas se cuenta la Virgen de Guadalupe en México.

El quinto núcleo ofrece un acercamiento a los festivales indígenas y ritos sacros, mientras el último destaca la necesidad de las comunidades indígenas de generar genealogías.

Miradas comparadas en los virreinatos de América, curada por Ilona Katzew, jefa del departamento de arte latinoamericano de LACMA, reune piezas del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Perú, del Museo de América de Madrid, de varios recintos de Estados Unidos, de las colecciones del INAH en México y prestamos de coleccionistas privados.

(Con base en información de Yanireth Israde, Reforma, 12 de julio, 2012)

domingo, 8 de julio de 2012

Peruleros 2

La comunicación marítima entre México y Perú inició poco después de la conquista. No abordaré aquí el tema de los contactos en la etapa prehispánica, entre las culturas Inca y Azteca por ejemplo, pues salen del interés de este blog. Lo que es verificable es que en la primera mitad del quinientos la expansión española hacia el Pacífico americano fue impetuosa y contribuyó en pocos años a crear una infraestructura asombrosa de puertos, en una ¨gran media luna de colonias¨ desde Manzanillo hasta el Callao, y en la que se desarrollaba también la construcción de barcos. Casi de inmediato, Nicaragua y Panamá se erigieron como sedes de los astilleros más importantes en esa primer época.

En un contexto más amplio, la Corona española estaba interesada simultáneamente en la conquista de América y el control de la especiería en Asia, por lo que bajo el reinado de Carlos V los proyectos más ambiciosos (y en ocasiones absurdos) tenían cabida en el diseño imperial.

La información en los archivos es dispersa debido a que se iniciaron proyectos en varias partes de manera casi simultánea y como iniciativa de los propios conquistadores, quienes apenas transmitían sus acciones a la Corona (Hernán Cortés era de algún modo una excepción más en ese contexto). Entre 1518 y en las dos décadas posteriores se prosiguió la febril construcción naval, con técnicas adaptadas a las condiciones locales y a la disponibilidad de materiales. La esclavitud indígena jugó un papel primordial en esa expansión.

La construcción naval tuvo su origen en el Istmo de Panamá. Para explorar el recién descubierto Mar del Sur, Balboa emprendió la construcción de barcos a mediados de 1517, empresa que fue una hazaña trágica y heroica. La madera fue cortada en el lado atlántico del Istmo, quizás porque los árboles de la vertiente del Pacífico eran demasiado pequeños y torcidos. La cordelería, los clavos, las anclas, la brea, el alquitrán, las velas y todo el demás equipo y abastecimientos se reunieron en Acla, en la costa atlántica. Todo esto fue transportado al otro lado de las montañas que dividen ambas vertientes en las espadas de tamemes indígenas hasta el Río de las Balsas, en el Golfo de San Miguel. Según la versión oficial, 500 indígenas murieron durante esta obra, aunque según Las Casas la cifra correcta es de 2,000. 
Febril actividad en todo el litoral del Pacífico

Con la conquista del Perú se consolidó el comercio y el traslado de guerreros, armas, administradores, misioneros y bienes hacia el viejo imperio Inca, pero no se intentó la construcción de barcos, que seguían siendo producidos en Centroamérica. Desde la década de 1550 se registró un constante incremento de precios en Perú, lo que se volvió un fenómeno constante hasta bien entrado el siglo XVII. El aliento para este proceso inflacionario fue el descubrimiento y explotación de plata en el Potosí, que permitía la importación de casi todo sin necesidad de producir localmente. Las mercancías se importaban preferentemente de la Nueva España, pues lo que venía de la península era aún más costoso y en ocasiones inaccesible por las distancias y las dificultades del comercio atlántico. Un tercer factor que aceleró el comercio fue que la población española en México había alcanzado una fuerte expansión desde la década de los 30 y podía abastecer a la colonia del sur con productos como el azúcar, textiles, ropa, muebles, artículos domésticos y de tocador, libros, entre otras mercancías.

El historiador español Lutgardo García Fuentes describe la articulación entre Perú y la Nueva España:
El comercio entre México y Perú atravesó una etapa de gran esplendor que duró hasta la década de 1580; luego, y sin que ello significara el cese de las relaciones, se inició otra marcada por las dificultades legales. En 1589 las autoridades mexicanas denunciaron a la Corona que los comerciantes limeños que cada año se desplazaban a la Nueva España adquirían grandes cantidades de géneros europeos provocando escasez y carestía. Sostenían que Lima, según el sistema legal establecido habría de abastecerse mediante los galeones de Tierra Firme (provenientes de Europa).
La reacción de los novohispanos se intensificó también por la presencia de las mercancías provenientes de Filipinas, que atrajo aún más a los peruanos, dispuestos a adquirir bienes de consumo, tanto de uso cotidiano como suntuario. García Fuentes calcula que en la década de los ochenta ¨los intercambios entre ambos virreinatos, incluyendo la reexportación de artículos procedentes de Filipinas, alcanzaban un valor superior a los tres millones de pesos anuales. Ciertamente este tráfico conllevó el hundimiento estrepitoso de las industrias sederas mexicanas, al no poder resistir la competencia del precio de las sedas provenientes de China, ni las dificultades dimanadas de las escasez de mano de obra a causa de las crisis demográfica mexicana¨.

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Woodrow Borah. Comercio y navegación entre México y Perú en el siglo XVI, IMCE, México, 1975, capítulo V El comercio del período 1550-1585 en su madurez. pp.15-17 y 125 a 169.

Lutgardo Garcia Fuentes.  Los peruleros y el comercio de Sevilla con las Indias 1580-1630. Universidad de Sevilla, 1997. pp.165-170.

sábado, 23 de junio de 2012

Los peruleros

Con un cálido abrazo para Jaime Casafranca.

Con la llegada del primer virrey español al Perú, Blasco Nuñez de Vela, en 1544, se inició un prolongado período de control en el vasto y accidentado territorio de esa parte de América Latina. La tarea principal de su gobierno era limitar el poder de los encomenderos españoles en aquellos espacios y aplicar las Leyes Nuevas, un ambicioso catálogo de ordenanzas reales que deseaban impedir el exterminio de los indígenas. Si bien su gobierno duró apenas dos años, interrumpido violentamente por la sublevación de los propios encomenderos dirigidos por Gonzalo Pizarro, la institución virreinal se mantendría hasta 1824.

Me interesa destacar aquí que el inicio traumático del régimen virreinal, tanto en Perú como en la Nueva España, no se limitó a establecer el control imperial sobre amplísimos espacios, poblaciones y riquezas, que superarían la imaginación de los administradores ibéricos, sino que tuvo entre sus consideraciones una interpretación de conjunto, que incluía la expansión hacia el Pacífico rumbo a Asia.

Geopolítica en estado puro, un poco de ingenuidad y mucho de ambición, pero que siglos después nos puede dar la clave de las acciones que se tomaron en la segunda mitad del siglo XVI y en el XVII para regular las relaciones entre ambos virreinatos, dominar el comercio con Filipinas y en ese contexto controlar la circulación mundial del mercado de la plata.

Si observamos a la Nueva España y a Perú como dos aristas de un triángulo que se proyecta hasta Filipinas, es posible interpretar muchas de las decisiones que iban tomando en aquellos años los administradores coloniales y los comerciantes instalados en las capitales virreinales, desde México a Lima y hasta Manila. En esa fórmula, los comerciantes de la península, especialmente en Sevilla, observaban con preocupación creciente el riesgo potencial de que ¨terceros¨ terminasen controlando el comercio global.

En la Nueva España los comerciantes provenientes del Perú eran conocidos como peruleros, quizás en sentido peyorativo, pero al paso de los siglos el término adquirió un sentido más bien familiar, como en el juego de Juan Pirulero.



La investigadora mexicana Guadalupe Pinzón Ríos sintetiza:

(...) es necesario recordar que la Nueva España tuvo dos tipos de vínculos marítimos: con las costas peruanas y con las islas del Poniente. Ambos jugaron un papel relevante ya que gracias a ellos los virreinatos americanos obtuvieron beneficios económicos propios, pero también ajenos a los intereses de su metrópoli. Debido a la importancia que cobraron los intercambios realizados por el Pacífico, en detrimento de los que se mantenían con España, las autoridades reales paulatinamente los limitaron. Por un lado se estableció la periodicidad anual a las navegaciones de los galeones y se dictaron topes máximos a las mercaderías embarcadas (...) Sin embargo, estas ordenanzas no se cumplían y era común que se sobrepasaran los cargamentos permitidos. Por otro lado se procuró evitar que productos filipinos llegaran a Perú y así asegurar que este virreinato consumiera efectos peninsulares. 

Carmen Yuste ilustra esta etapa de la siguiente manera:
En los años iniciales de la colonización de Filipinas y una vez abierta la línea transpacífica fue muy importante la presencia de los comerciantes de Perú, tanto en los negocios de feria en Acapulco, como en contadas expediciones mercantiles que llevaron a cabo de manera directa hacia Manila.
A fines del siglo XVI, los comerciantes peruleros acusaban el enorme retraso con que recibían los abastos a través del Istmo de Panamá, resaltando las enormes ventajas que obtenían al comprar por la vía transpacífica artículos de seda e incluso materias primas necesarias, como hierro y cobre. Sin embargo, sus pretenciones de establecer una vía directa con Manila fueron cortadas de tajo por la Corona y sólo se conservó, por breve tiempo más, la secular navegación a Acapulco que les permitía comprar mercancías que introducía en este puerto el galeón.
Cuando en 1593 se reservó a Nueva España la recepción del galeón filipino y el mercado exclusivo de las mercancía asiáticas, se ordenó que lo transportado de Manila a Acapulco no se pudiera llevar a Perú, Tierra Firme, Guatemala o cualquier otro sitio de América. A pesar de las muchas disposiciones en contra, los peruleros continuaron desplazándose a Acapulco, comprando gran parte de la carga en las mismas playas del puerto y remitiéndolas de inmediato hacia Perú. En realidad, fue hasta 1640 que quedó prohibido en definitiva el tráfico y comercio de mercancías asiáticas con los puertos de Perú, con el de Realejo e incluso el desplazamiento del galeón al puerto de Huatulco en el sureste novohispano.
En próximas entradas informaré con más detalle sobre la mecánica de ese intercambio entre Nueva España y Perú, así como de la pugna por el comercio transpacífico. Una vasta red de intereses dominó la relación entre ambos virreinatos y forjó una percepción compartida de las élites sobre las oportunidades que brindaba el comercio con Asia.
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Guadalupe Pinzón Ríos. Una descripción de las costas del Pacífico Novohispano del siglo XVII, EHN 39, julio-diciembre, 2008. Facultad de Estudios Superiores de Acatlán. UNAM, México. http://www.ejournal.unam.mx/ehn/ehn39/EHN000003905.pdf

Carmen Yuste López. Emporios Transpacíficos, comerciantes mexicanos en Manila, 1710-1815. México, UNAM, 2007, p. 39.

Margarita Suárez. Desafíos trasatlánticos. Mercaderes, banqueros y el estado en el Perú virreinal, 1600-1700, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo de Cultura Económica e Instituto Francés de Estudios Andinos, 2001, p 240-241.

lunes, 11 de junio de 2012

Se buscan

La doctora en Historia del Arte, Rie Arimura, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, recuerda que el pasado 8 de junio fue el 150 aniversario de canonización de los 26 mártires cristianos en Nagasaki, Japón. 

En el marco de esta conmemoración, en el Museo de los 26 Mártires en aquella ciudad japonesa se inauguró una exposición especial. En ella están exhibidas cerca de cien pinturas de la vida de san Felipe de Jesús realizadas por niños mexicanos en 1962 y que fueron enviadas a Nagasaki para conmemorar la fundación de la Iglesia de San Felipe y el citado museo. Se tiene noticia, por una vieja filmación, que también algunos de esos escolares mexicanos viajaron a Japón, muchos de ellos tendrán ahora cerca de 60 años.

Cincuenta años después de la fundación del museo y con el propósito de reunir a los niños que en esa época participaron en recordar a los mártires y a San Felipe de Jesús, se está tratando de localizar a personas involucradas con aquel evento.

Si conoce a alguna de estas personas, favor de comunicarse al (01) 55 5544 2252, al (01) 55 5585 1973 o escribir a: rie_arimura@yahoo.com.mx o emma_leticia@hotmail.com

El sentido de este esfuerzo consiste en dar a conocer las gestiones y aportaciones realizadas por mexicanos hace 50 años y, al propio tiempo, poder rescatar una historia de intercambios entre México y Japón en épocas más recientes.

miércoles, 6 de junio de 2012

El Pacífico americano

Durante los cuarenta años del reinado de Carlos V de España, de 1516 a1556, se desarrolló un intenso tráfico marítimo en las costas del recién descubierto Mar del Sur, desde la Nueva España hasta Perú. El principal interés de los españoles en el espacio que hoy conocemos como Pacífico fue la búsqueda de nuevos territorios de conquista, que llevaron a cabo personajes como Francisco Pizarro y Diego de Almagro, junto a tantos otros exploradores, sacerdotes, esclavistas y aventureros, quienes fueron articulando la expansión española en torno al mantenimiento de rutas marítimas, con la consiguiente tala de bosques, construcción y carenado de barcos, control de mano de obra indígena y africana, principalmente en América Central.

Desde Acapulco hasta Panamá se desarrolló en la primera mitad del siglo XVI un fragorosa industria marinera, que desde su inicio alimentaría con recursos y hombres la conquista del imperio Inca entre 1531 y 1533. Como señala Woodrow Borah ¨La comunicación y el comercio marítimo y terrestre entre las diversas colonias españolas del Nuevo Mundo se iniciaron casi con su establecimiento¨. Aún en la actualidad es difícil imaginar la intensidad del intercambio material y humano que se suscitó en ese breve período, con la apertura de puertos y establecimiento de poblaciones orientadas al comercio, algo que se acentúa por la escasez de documentos y registros de ese primer período.


Centroamérica en un mapa de 1600

A mediados del quinientos, el comercio integraba tanto los puertos en el Golfo de México, como en el Caribe, la media luna centroamericana y el reino del Perú. 

En el Caribe, los barcos no sólo distribuían los artículos que llegaban de España en los galeones, sino que llevaban de una colonia a otra los productos locales. En el siglo XVI la Habana compraba harina mexicana y Veracruz recibía de Yucatán, por mar, cera y miel de abeja. En el Pacífico, el tráfico principal comprendía el transporte de carga y pasaje entre Panamá y el Perú, porque los galeones llegaban únicamente a la costa atlántica del Istmo, al puerto de Nombre de Dios. También se desarrolló un tráfico considerable de pasajeros y mercancías locales no sólo entre los ¨varios reinos del Perú¨, sino también entre la costa occidental de Sudamérica y la costa occidental de la Nueva España.

Los limeños bebían chocolate centroamericano y lo pagaban con plata del Potosí. Dejando atrás a Guatemala, las naves coloniales unían a los dos grandes centros virreinales españoles del Nuevo Mundo, México y Lima. El viaje entre México y el Perú era quizás el más largo y difícil de los que se realizaban en aguas del Pacífico frente a las costas de América.
Aún en la actualidad las comunicaciones terrestres entre Centro y Sudamérica encuentran dificultades en cuanto a la infraestructura, como en el caso de Panamá donde se debate sobre la viabilidad de completar la ruta panamericana pues los requerimientos técnicos son de tal magnitud que podrían afectar la biósfera del estrecho de Darién. Desde aquel período de conquista, la comunicación debió ser necesariamente por la vía marítima.

El transporte terrestre de carga y equipaje por recua de mulas, o mediante el uso ilegal, aunque común, de cargadores indígenas era tan lento y costoso que se prefería el transporte por mar siempre que fuera posible. Además, dos barreras geográficas formidables hacían imposible que se abriera una ruta por tierra entre México y Lima. En el sur de Costa Rica y en el norte de Panamá, unas montañas extraordinariamente abruptas y las espesas selvas hacen el transporte por tierra prohibitivamente difícil. Los españoles no pudieron ni siquiera abrir un camino a través de esa zona hasta que conquistaron y colonizaron Costa Rica en la década de 1560 a 1570. Más al sur, en el sur de Panamá y en el Chocó, la cordillera y una de las selvas más espesas y lluviosas del mundo hacían prácticamente imposible los desplazamientos por tierra, de manera que después de los primeros y penosos intentos de exploración que se hicieron, la comunicación entre Panamá y el sur se hizo enteramente por mar. 

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Woodrow Borah, Comercio y navegación entre México y Perú en el siglo XVI, Instituto Mexicano de Comercio Exterior, México, 1975. (Primera edición en inglés, 1954).

martes, 22 de mayo de 2012

Presentación del libro



El próximo jueves 31 de marzo, 19:00 horas, se presenta el libro Urdaneta Novohispano, una compilación  de estudios sobre la gesta de la navegación entre Nueva España y Filipinas en el siglo XVI. 


Centro Cultural de España, atrás de Catedral. 

domingo, 13 de mayo de 2012

Corte virreinal en México y Lima

Bajo el dominio de los Habsburgo, los virreinatos de la Nueva España y Perú compartieron durante casi un siglo formas similares de gobernar,  encarnadas en importantes personajes de la realeza española, acreditados como grandes administradores que sirvieron alternativamente en las ciudades de México y Lima.

En el siglo XVI y principios del XVII, Perú y México ¨compartieron¨ virreyes que se trasladaban de una a otra capital con toda su corte, imponiendo estilos de administración y fórmulas palaciegas que de acuerdo a algunos estudiosos todavía perduran en la vida política contemporánea de estos países.



Antonio de Mendoza, primer virrey de México de 1535 a 1550, y  al final de su administración se trasladó al Perú en 1551, donde murió diez meses más tarde, en julio de 1552.

Pasarían varias décadas antes de que se repitiera el movimiento, cuando Martín Enríquez de Almanza dejó el Virreinato de México en el que duró doce años (1568-1580) y gobernó Perú de 1581 a 1583.

Luis de Velasco y Castilla es un caso especial, ya que estuvo en México de 1590 a 1595, gobernó Perú de 1596 a 1604 y regresó a México de 1607 a 1611.

Gaspar de Zúñiga y Acevedo, 1595-1603 (México) y 1604-1606 (Perú),

Juan de Mendoza y Luna, 1603-1607 (México) 1607-1615 (Perú).

Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, 1612-1621 (México), 1622-1629 (Perú).

García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra 1642-1648  (México) 1648-1655 (Perú).

La lista puede continuar, pero es mejor hacer un corte temporal hasta la primera mitad del siglo XVII, para destacar que se trata del periodo formativo de las sociedades americanas, con la pacificación o aniquilamiento de la resistencia indígena; la etapa en que se fundaron las grandes ciudades; se descubrieron los fabulosos minerales del Potosí, Guanajuato, Zacatecas; la época en que se extendió el imperio español hacia el Pacífico y alguna vez se soñó con conquistar China.

Desde los puertos del Callao, Huatulco, Acapulco y Manzanillo se forjaron lazos comerciales muy estrechos con Asia, principalmente Manila, en los que la plata americana jugó un papel esencial. La reacción de España ante este ímpetu comercial fue tratar de mantener la uniformidad en la administración de los virreinatos americanos, cruzados por enormes dificultades y contradicciones, como lo atestiguan las infinitas normas legales que fueron impuestas a los dominios de ultramar. En próximas entradas trataré de mostrar la vinculación profunda entre Perú y Nueva España frente al sueño de Asia.

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Eduardo Torres Arancivia, Corte de Virreyes, El entorno del poder en el Perú del siglo XVII. Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, Lima, 2006.

viernes, 4 de mayo de 2012

José Rizal



No quiero dejar de mencionar el magnífico texto del escritor Juan Goytisolo acerca del héroe nacional de Filipinas José Rizal (1861-1896). Lleva por título Noli mi tangere, el propio nombre de la novela escrita en español por el mártir de la independencia. 

El escritor español descubre ante el público la personalidad intelectual de un personaje fundamental de la historia de Filipinas, pero también de las últimas colonias de España en Asia y América (Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam), que perdió en la guerra contra el poder ascendente de Estados Unidos.

Siempre me ha parecido fascinante la figura política, cultural y humana de José Rizal, que podría ser comparada con su contemporáneo de lucha José Martí, poeta y revolucionario. El texto que publica el diario El País es una aportación valiosa para descubrir también la relevancia de Rizal como novelista.

Me alejo brevemente de los temas que usualmente trato en esta bitácora, pero en realidad al rendir homenaje a Rizal también cabe mencionar las aportaciones que hizo a la historia colonial de su país, al haber estudiado en los difíciles años de su exilio en Europa textos como Sucesos de Filipinas, de Antonio de Morga.


http://elpais.com/elpais/2012/04/30/opinion/1335791368_885924.html

martes, 1 de mayo de 2012

Relaciones tempranas sobre Filipinas

No es casual que los españoles fueran los primeros en describir Filipinas, por medio de sus narraciones de viaje, o de las relaciones geográficas que los misioneros acostumbraban escribir como parte de sus deberes hacia la administración colonial española. Una vez consolidada la presencia española en las islas, a partir del siglo XVII, el trabajo de evangelización incluyó la creación de diccionarios de las lenguas locales al español, lo que representa también una rica fuente de interpretación de las culturas.  

Una de las narraciones más notables que nos acercan al archipiélago filipino a principios del siglo XVI es El Primer viaje alrededor del mundo de Antonio Pigafetta, 1521. Sin duda es una descripción invaluable y aguda que todavía transmite el asombro ante paisajes y escenas completamente desconocidas en Europa.
Santo Niño de Cebú, siglo XVI

Los historiadores y antropólogos contemporáneos siguen encontrando en estos textos observaciones que permiten descorrer el velo que cubre la historia prehispánica de Filipinas. Las descripciones realizadas por los administradores y misioneros incluía una lista de preguntas esenciales sobre la geografía, el clima, los recursos naturales, el comercio, la población, su organización política y sus costumbres.


López de Legaspi Relación de las Islas Filipinas, 1570.

Miguel de Loarca Relación de las Islas Filipinas, 1582.

Juan de Plascencia Las costumbre de los indios tagalos de Filipinas, 1589 e Instrucción de las costumbre que antiguamente tenían los naturales de Pampanga en sus pleitos, 1589.

Anónimo, Codice Boxer, 1590.

Pedro Chirino Relación de las Islas Filipinas, 1604.

Antonio de Morga, Sucesos de las Islas Filipinas, 1609.

Francisco Colin, Labor evangélica, ministerios apostólicos de los obreros de la compañía de  Jesús, fundación y progresssos de su provincia en las Islas Filipinas, 1660.

Francisco Alcina Historia de las Islas e Indios de las Bisayas, 1688.

Adicionalmente, existen decenas de cartas de administradores y misioneros, sobre todo franciscanos, dominicos y jesuitas, la mayoria recuperados por Blair y Robertson en su monumental obra de 55 tomos.

Es evidente que el propósito principal de estas descripciones era identificar elementos aprovechables para la colonización y dominio de las islas. La percepción de los europeos descubre rápidamente la existencia de recursos materiales de gran interés para el apetito colonial y -más sorprendente aún- la posibilidad de intercalar estructuras políticas afines al régimen de dominio europeo, sin destruir totalmente la red social y política existente. 

Una vez más, la experiencia previa de los ibéricos en América había mostrado la necesidad de actuar con prudencia ante la variedad de pueblos insulares en Asia. La existencia de mecanismos de trabajo forzado por deudas, tributos y sacrificios fue rápidamente adoptado para el objetivo del dominio hispano. En este terreno, las experiencias desarrolladas en México y Perú, las cortes criollas, brindaron también una impronta americana a la estructura social y política filipina.

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Mario D. Zamora (Coord.) Los indìgenas de las islas filipinas. Ed Mapfre Madrid, 1992. 

Laura Lee Junker. Raiding, trading and feasting: the political economy of Philippine chiefdoms. University of Hawai´i Press, 1999.