Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

lunes, 30 de mayo de 2011

El final de la dinastía Ming

Los primeros cuarenta años del siglo XVII señalaron las grietas del poder imperial Ming (1368-1644), sometido a la presión de los manchúes en el norte y a los diversos grupos que se oponían a sus políticas en todo el territorio. Aquellos años reflejaban un sordo derrumbe del imperio. Las prohibiciones al comercio costero y con el exterior fueron reforzadas pero con pocos resultados. En los hechos, los comerciantes y los piratas convivían de manera funcional desde el mar de China y todo el sudeste de Asia, sin el más mínimo interés de dejar sus ganancias aún a riesgo de la pena capital.

En ese período entran en escena tanto Filipinas como Taiwán, que se convirtieron en espacios útiles para el comercio. Ambas islas cobraban repentina importancia para el intercambio de productos provenientes de Europa, Asia y América, sobre todo plata. D. G. Mungello describe el momento de esta manera:

“Entre 1620 y 1660 se registró una severa recesión en el sistema comercial mundial que interrumpió el flujo de plata hacia China, principalmente desde América, y ello parece haber acelerado la inflación en la última etapa de la dinastía Ming. El deterioro del gobierno imperial y la incapacidad para responder a los problemas aceleraron la desintegración social. Cuando los manchúes conquistaron la capital Ming, en 1644, y establecieron la dinastía Qing, los comerciantes y los piratas de las costas del sudeste hicieron alianza con los Ming. Fueron dirigidos en su lucha contra los manchúes por el pirata Zheng Chenggong (1624-1662), conocido por los europeos como Koxinga. De padre chino y madre japonesa, Zheng puede ser considerado como uno de los primeros de la categoría de chinos de ultramar.”

Por su parte, la nueva dinastía de origen manchú enfrentó también a los comerciantes y piratas en las zonas costeras. Sin embargo, las habilidades guerreras de los manchúes no pudieron mostrarse en la guerra marítima y sufrieron una serie de humillaciones y fracasos, por lo que cambiaron de táctica para consolidar su presencia en el sur de China: hacia 1660 comenzaron a evacuar a la población china de las costas y a moverla varios kilómetros dentro del territorio, con lo que buscaban eliminar el apoyo a comerciantes y piratas. Quemaron poblaciones costeras y destruyeron toda actividad marítima, creando un efecto terrible en la propia economía china, despojada de su capacidad de comercio con el exterior.

Este vacío fue ocupado inmediatamente por los comerciantes europeos, principalmente portugueses y holandeses, que comenzaron a dominar el intercambio costero y la relación de China con el exterior.

En próximas entradas de este blog continuaremos viendo aquel momento particular, pues la transición de las dinastía Ming a la Qing (1644-1911) tuvo un impacto relevante en todo el mundo. En el caso de la Nueva España, observadores acuciosos dieron cuenta casi inmediatamente de ese cambio.
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D.E. Mungello. The Great Encounter of China and the West, 1500-1800, tercera edición, Rowman & Littlefield Publishers, Inc.Lanham, Maryland, EUA, 2009.

domingo, 29 de mayo de 2011

El comercio chino

En la historia de China el comercio representó un elemento muy sensible para la clase dirigente, temerosa de atraer influencias externas o de diluir su capacidad de gobierno, frente a poderes del exterior. La gran hazaña del marinero Zheng He en el siglo XV, de proporciones insuperables si se compara con las pequeñas flotas europeas que recorrieron Asia a partir de aquellas épocas, no se repitió debido a múltiples razones, como haberse completado pocos años después la construcción de canales norte sur que permitían el comercio fluvial dentro de China. Otra razón era el costo desmedido de tales expediciones y el considerar que el intercambio con países bárbaros no traería mayores beneficios para la grandeza del imperio.

De esta forma, cabe resaltar que con la llegada de los europeos (los portugueses en primerísimo lugar) no quedaba traza de lo que habían sido las grandes expediciones marítimas chinas. Pero es importante apuntar también que las motivaciones de europeos y chinos hacia el comercio eran radicalmente distintas: portugueses y españoles buscaban riquezas que no tenían en sus territorios. Puede parecer rudo, pero la pobreza los hizo levar anclas y proseguir aventuras en territorios extraños. En el caso de China, el orgullo de pensar que eran la cúspide de la civilización humana le hizo cerrarse hacia el mundo exterior.

A lo largo del siglo XIV, la dinastía Ming (1368-1644) estableció diversas restricciones al comercio con extranjeros. Por ejemplo, en 1394, los chinos tenían prohibido el uso de perfumes y otros bienes extranjeros. El comercio exterior estaba circunscrito a pueblos vasallos en la periferia de China. Esta actitud ante el intercambio comercial tenía también su componente filosófico basado en el Confucianismo que califica a tal actividad un acto de las clases inferiores, motivado por la ganancia y no por valores morales. En cambio, la agricultura juega en este modelo de pensamiento el papel económico central y de mayor mérito. El Estado debía tener a su cargo la tarea de regular el intercambio con los extranjeros.

No obstante las continuas regulaciones, el comercio floreció sobre todo en las zonas costeras del este y el sur de China, en gran medida a través de redes ilegales pero muy efectivas, lo que obligó a que el gobierno levantara parcialmente la prohibición al comercio en 1567. Si el pensamiento confuciano relegaba a los comerciantes, las grandes fortunas que podía amasar la clase que vivía en los márgenes de la legalidad hicieron cambiar a muchos oficiales del imperio chino.

Es en este preciso momento de transición cuando tuvieron lugar las exploraciones europeas en el sudeste de Asia y la conquista de Filipinas por parte de los españoles. Los chinos que comerciaban con grandes riesgos en la región vieron a los recién llegados, por la vía de Europa o de América, como novedosos aliados de su complicada forma de vida.


sábado, 21 de mayo de 2011

El imperio del centro del mundo

El tecleador de este blog tuvo que transitar por otros rumbos en el mes de mayo, pero seguimos con el tema, inacabable, de China.

Debo aclarar que no pretendo escribir aquí la historia de China, sino sólo colocar algunos puntos de interpretación que permitan ubicar la relación de esa potencia con el mundo americano en los siglos XV al XVIII. Por ello, hemos hablado del enorme atractivo que siempre provocó la cultura china en Occidente, con una carga de misterio y temor.

Si nos ubicamos entre los años 1500 a 1800, China era en aquel período un poder mundial, comparado con una Europa que salía del medioevo y daba el salto hacia el desarrollo industrial; la América indígena había sido sometida por los europeos y se constituían ricas sociedades de tipo colonial; Estados Unidos comenzaba a arrasar con sus praderas y con la población india, pero no era más que un proyecto de nación. En términos de población, identidad cultural con un idioma común, poderío militar, comida, literatura, arte, China destacaba de forma similar a lo que acontece ahora nuevamente.

Sn embargo, la imagen lejana de China para los habitantes de Europa y América en aquellos siglos barrocos se reforzaba por la fuerza del denominado Sinocentrismo de la cultura china, que aparece como autosuficiente, aislada y sin necesidad de contacto con el exterior. El término es europeo y proviene del latín Sinae o chino, con la intención de reflejar esa suerte de etnocentrismo de un país que se consideraba a sí mismo el centro del mundo Zhongguo, o imperio del centro.






El centrismo como punto de observación del mundo puede aplicarse a casi todas las culturas, sin embargo, en el caso de China cuenta con elementos que lo refuerzan a pesar de cambios en el tiempo. El emperador chino, nos recuerda Mungello, es hijo del cielo (Tianzí), es decir su gobierno proviene de muy arriba. De acuerdo a esa filosofía, el orden del mundo era una reproducción del cielo y el emperador era como la estrella polar, que guía a las demás.

Para China, todo lo que no era chino ocupaba un lugar secundario, periférico. Los países más cercanos, como Corea, Vietnam, las islas Ryukyu y Japón, constituían un primer círculo de pueblos, que además habían absorbido la cultura y los caracteres chinos. Más allá se encontraba la diversidad de pueblos no chinos que circundaban al imperio en el interior de Asia. Y más allá, en un tercer nivel, estaban los pueblos bárbaros (waiyí), ubicados en el sur y el sudeste de Asia y Europa.


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D.E. Mungello. The Great Encounter of China and the West, 1500-1800, tercera edición, Rowman & Littlefield Publishers, Inc.Lanham, Maryland, EUA, 2009.

viernes, 22 de abril de 2011

Burocracia china

Aparte de la agricultura, otro factor histórico crucial que identifica Angus Maddison es el sistema burocrático, y las conclusiones de este autor son mixtas: reconoce méritos en la habilidad para trazar lo que hoy llamaríamos estrategias económicas o políticas públicas eficaces, pero por otra parte indica el abuso constante de las élites burocráticas, que impidió el desarrollo de otros sectores productivos como los propietarios agrícolas o manufactureros.

La burocracia y la aristocracia de la China imperial buscaron en todo momento apropiarse de las rentas nacionales. Sus privilegios jurídicos y consuetudinarios definían su posición, su modo de vida y sus actitudes. Constituyeron el grupo que dominó la vida urbana. Tenían un hondo sentido de la regulación a su favor.
(En razón de ello...) la actividad empresarial era insegura, pues se movía en un marco de exigua protección jurídica para las actividades privadas. Cualquier actividad que prometía ser lucrativa era absorbida por la burocracia. Las grandes obras se realizaban por medio de los monopolios estatales o con licencias públicas.
 
 
Emperador WanLi, de la dinastía Ming
 
 
El dilema del buen emperador

Puede señalarse que el primer estado moderno en el mundo fue sin lugar a duda el de la dinastía Qin en China (221-206 a.c.), sucesora de la dinastía Zhou (1046–256 a.c.) que había desarrollado mecanismos de control a lo largo de 500 años. Asi lo señala el controvertido escritor Francis Fukuyama, en un nuevo libro que traigo a colación aquí por su gran interés en el aspecto histórico de China.


Durante el gobierno Qin se perfeccionaron reglas estrictas para permitir el ascenso burocrático basado en méritos (sobre todo el perfeccionamiento educativo de la burocracia, más que la transmisión hereditaria de los títulos administrativos), Se combinó de manera efectiva el enrolamiento masivo en el ejército con un sistema de premios al liderazgo militar, así como un sistema complejo de impuestos. Con un sistema meritorcrático, de conscripción militar y el perfeccionismo burocrático esa dinastía es recordada mas bien como autoritaria, aunque dejó una herencia importante en el sistema chino.

Sería la dinastía Han (206 a.c. 220 d.c.) la que duraría más tiempo la que conjugó los rasgos administrativos heredados, con un sistema de élites aristocráticas y la legitimación sugerida por el pensamiento confuciano. El estado Han duró más de 400 años, pero según Fukuyama su vulnerabilidad se derivó del fenómeno que el autor llama "el problema del mal emperador", es decir, cuando existe una concentración tal de poder en un grupo o en una persona es enorme el riesgo de que algún emperador falle.

Existe una correlación inversa entre la fortaleza de un poder centralizado y la fuerza de grupos patrimonialistas. El tribalismo, esa tendencia a favorecer a los más cercanos al poder, la riqueza y el estatus, se mantiene como un esquema que reaparece continuamente, algo así como un sistema de resguardo (default) de las organizaciones políticas, aún dentro de los modernos estados.

Lo que deseo dejar asentado en este punto es que la mirada de los europeos perdía de vista la complejidad del mundo chino. Es impresionante, pero en la actualidad seguimos observando a China con recelo y curiosidad, pero con un enorme desconocimiento de su historia y su cultura.

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Francis Fukuyama. The origins of political order. Straus & Giroux, NY, 2011.

jueves, 21 de abril de 2011

Largas tendencias

¿Qué hacia tan poderoso al imperio chino? Un exitoso desarrollo agrícola que compensaba la escasez de tierra con el uso intensivo de trabajo, infraestructura de riego y abonos naturales. China, cabe recordarlo, tiene un gran territorio pero con enormes espacios desérticos o montañosos. El desarrollo agrícola representa un aspecto cultural intrínseco del pueblo chino, que valora cada espacio cultivable. Desde hace miles de años mantiene un cuidado extremo del terreno agrícola, sobre todo si se le compara por ejemplo con las fértiles tierras de Estados Unidos o Argentina.

Seguimos aqui la arumentación de Angus Madison, quien considera que el modelo agrícola chino era distinto a Occidente; tomando en consideración el limitado espacio no se usaron cultivos forrajeros o tierras de pastoreo y el ganado fue más bien de corral (cerdo y aves). El consumo de carne, leche y lana era escaso. El suministro de proteínas era satisfecho por la práctica generalizada de la acuicultura de pequeña escala.

La agricultura operaba en un orden institucional que fue eficiente en su asignación de recursos y fue capaz de responder a la presión demográfica para aumentar la productividad de la tierra. Entre los siglos VIII y XIII se operó un importante cambio en el centro de gravedad de la economía china. En el siglo octavo tres cuartas partes de la población vivían en el norte de China, donde los principales cultivos eran el trigo y el mijo. Al final del siglo XIII tres cuartas partes de la población vivían y producían arroz al sur de rio Yangtsé. Esta había sido un área pantanosa, con poca población, pero con obras de riego y la técnica de maduración temprana de semillas, se creó la oportunidad ideal para el desarrollo masivo del arroz.

La introducción del algodón, con la ventaja de ser más cómodo, lavable y límpio, trajo por su parte un avance sustancial en cuanto al bienestar de la población, pues sustituyó otros textiles y de esta forma mejoraron las condiciones de salud de los trabajadores chinos. La seda estaba destinada a las élites.

De esta forma, una mayor productividad agrícola permitió destinar parte de la población a labores artesanales, como el hilado y el tejido. Entre el siglo XIII y hasta el siglo XVIII, China fue capaz de acomodar a una población que se había cuatriplicado, pero el nivel de ingreso de la población se mantenía satisfactoriamente. Hubo ciertamente crisis, resultado de transiciones políticas, guerras y grandes epidemias (peste bubónica y viruela) que paradójicamente comunicaron a Europa con Asia en el siglo XIV, o con la instauración de la dinastía Qing en 1644.

En este marco de autosuficiencia productiva, las élites chinas vivieron constantemente el dilema de la apertura al mundo. El aislamiento impuesto para evitar que salieran los chinos y entraran los extranjeros dificultó la modernización de China en diversos momentos. Desde la indiferencia ante lo foráneo, fue dificil percibir el riesgo que se avecinaba con la expansión europea desde el siglo XV. En las siguientes entregas hablaremos de ese encuentro histórico.

jueves, 7 de abril de 2011

China comparada

La importancia que ha adquirido China en el orden internacional contemporáneo ha producido un vivo interés en la revisión de su historia y sobre todo se ha fortalecido una tendencia de análisis de largos plazos. El investigador más avanzado en el estudio de amplias tendencias históricas fue el inglés Angus Maddison, quien murió en 2010, después de una prolífica carrera en la que construyó modelos estadísticos para entender la evolución de las economías a lo largo de siglos e incluso de milenios. Es reconocido como una autoridad en la materia, aunque también se expresan críticas sobre la confiabilidad de estimaciones que permiten comparar épocas diversas, en las que no se levantaban estadísticas.

Para Maddison es fundamental esta perspectiva amplia para entender la importancia de China, que históricamente es una entidad excepcional, pues es una unidad política por sobre cualquier otra formación "nacional" del mundo moderno. "Ya en el siglo décimo (China) era la principal economía del mundo en términos de ingreso per capita y este liderazgo duró hasta el siglo XV", señala Maddison.

Superaba a Europa en cuanto a los niveles de tecnología, la intensidad con que utilizaba sus recursos naturales y la capacidad para administrar un enorme imperio territorial. En los siguientes tres siglos (del XVI al XVIII), Europa superó gradualmente a China en cuanto a ingreso real, capacidad tecnológica y científica, de manera que en el XIX y la primera mitad del XX el desempeño de China declinó en un mundo en el que se aceleraba considerablemente el progreso económico.
No debemos olvidar que la disciplina de la economía, a la que llaman ciencia, surgió en Europa y casi siempre las interpretaciones histórico económicas han tenido un sesgo euro-centrista, donde se privilegia el estudio del modelo del capitalismo triunfante de los siglos XIX y XX, y por lo tanto se pierden de vista otras formas socio económicas existentes en otras latitudes. Por comparación, los chinos siempre han estudiado la historia desde un punto de vista sino-centrista y Maddison propone una comparación que permita entender el auge y la declinación de naciones en el largo plazo.

Esta disciplina occidental de la economía toma en consideración la dotación de factores como la tierra, el trabajo y la tecnología, que son los insumos que conducen al cambio y al aumento del ingreso per cápita de la población. Es difícil escapar de ese modelo, pero al observar a la economía china resulta evidente que el fenómeno de la enorme población fue su propio recurso y no siempre el avance tecnológico (la revolución industrial de Occidente) era la palanca, sino la combinación de buena administración pública, organización del trabajo y prácticas agrícolas sustentables. Maddison destaca por ejemplo a la burocracia como un aliciente para el desarrollo agrícola; si, el sector de administradores públicos que controlaban por ejemplo el reparto del agua y por medio de impuestos obtenían un surplus de la tierra.

China desarrolló un sistema de imprenta anterior al occidental que permitía la difusión de manuales ilustrados en los que se plasmaban prácticas agrícolas eficientes. Esa centralización administrativa permitió movilizar a los campesinos a regiones más atractivas y promovió la creación de un sistema de graneros públicos que contuvieran el constante peligro de hambrunas. Fue la burocracia china la que favoreció la innovación en la agricultura y la introducción de sistemas de semillas maduradas antes de plantar, lo que permitía duplicar o triplicar la producción de alimentos. Hubo apertura para la introducción de nuevos cultivos, a lo largo de las diversas dinastías:


Tang introducción del té
Sung algodón
Yuan sorgo
Ming productos procedentes de América,
como el maíz, la papa, el camote, el cacahuate y el tabaco.

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Angus Maddison, Chinese Economic Performance in the Long-Run, OECD, Paris, 1998.

domingo, 3 de abril de 2011

La potencia china

Las líneas de investigación planteadas en las últimas décadas por diversos historiadores de la cultura, el arte y la economía ofrecen la oportunidad de escapar de una visión simple del intercambio a través del Pacìfico, o de limitarse a una enumeración de mercancías y bienes suntuarios que eran acarreados por el galeón de Manila.


El reto es lograr una interpretación integral que no se limite a la parte cuantitativa o estética que ha dominado la visión de muchos historiadores (y conspicuos coleccionistas), sino que ponga de relieve la existencia de un sistema comercial que alcanzó niveles mundiales, y sobre todo que significó un intenso intercambio humano que influyó en el perfil cultural tanto de América como de Europa.


A la luz de nuevas investigaciones sobre el poderío económico de China en los siglos XVI y XVII, es posible mostrar que la inundación de productos chinos en los mercados americanos y europeos también fue una estrategia de Oriente. En las próximas entradas intentaremos establecer que no sólo hubo una ingente demanda de productos asiáticos en Europa y en América, sino que también una oferta asiática que encontró camino y se adecuó a los mercados del otro lado del Pacífico.


Usualmente la historia se cuenta desde la demanda de bienes asiáticos por el lado europeo y americano, utilizando la formidable palanca de la plata americana (Nueva España y Perú), pero poco se habla de la gran capacidad china, japonesa o india de constituirse en una suerte de potencias exportadoras que, bien observadas, supieron aprovechar sus "ventajas comparativas" (mano de obra abundante y barata, capacidad de adaptación tecnológica, y sus adelantos en la producción de porcelana y seda, principalmente) para adaptarse al equilibrio económico mundial a partir del siglo XVI.


Conexiones globales. Debemos partir de un hecho contundente: China es la entidad política más añeja que sobrevive en la actualidad; es una civilización. Es decir, no es un "país" en los términos occidentales. Algo determinante en su historia fue su capacidad de generar poder en su entorno, a través de presiones militares y económicas sobre sus vecinos (y estados vasallos) o también por medio de una influencia cultural y tecnológica basada en el atractivo de su cultura. China tenía posibilidad desde aquella época de inundar con sus productos no sólo Asia, sino el resto del mundo.


Crearon un sistema administrativo complejo y duradero que administró un sistema de poder coherente, capaz de satisfacer sus propias necesidades y de mantener un sistema de comercio global que inundó al mundo de mercancías, con la tecnología de la época. El primer intento de esa conexión global fue la ruta de la seda, que sirvió de experiencia y ejemplo para lo que posteriormente sería un verdadero emporio comercial a través del Océano Pacífico. Seguiremos sobre este tema.

lunes, 21 de marzo de 2011

Regreso a Sevilla

El sábado pasado regresó a Sevilla el Galeón Andalucía, luego de un año de haber zarpado rumbo al Oriente, haber visitado 15 países y participado en la Feria Mundial de Shanghai 2010. La réplica de una nave del siglo XII recorrió 24,000 millas náuticas, en un viaje de buena voluntad que permitió a 1 millón de visitantes conocer de cerca la proeza marítima española de aquellas épocas.

Felicidades.

domingo, 20 de marzo de 2011

Lenguajes artísticos

El viernes 11 de marzo  de 2011 se llevó a cabo la última sesión de presentaciones académicas en el marco de la exposición Pintura de los Reinos. En ella participaron Iván Escamilla, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, con la ponencia Siglo de los americanos: Ilustración e Historia entre España y Nueva España; Gustavo Curiel, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, con el tema Lenguajes artísticos transcontinentales en objetos suntuarios de uso cotidiano: el caso de la Nueva España. Concluyó la jornada Jaime Cuadriello, también del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, con la conferencia La pintura virreinal: descripción memoria y reflexión.
 
 
Pinturas de los Reinos


Me concentraré en la segunda presentación porque destaca aspectos relacionados con el interés de este blog, concretamente la influencia asiática en la sociedad novohispana. El maestro Curiel señala que con la colonización posterior a la Conquista se generó una nueva demanda de bienes que acompañaban a la cultura material y espiritual europea entrando en el mundo americano: crucifijos, imágenes religiosas, libros, candelabros, tapices, muebles -todos productos difíciles de obtener y sumamente codiciados. Esta presencia de objetos suntuarios (en el sentido de que no son de primera necesidad como los alimentos o el vestido) contienen una codificación cultural específica del cristianismo europeo, la Europa portátil señala Curiel, que tuvo un singular impacto en la expansión española en América, modificando los usos y los gustos de los habitantes del continente.

Puerta adentro de las casas de los conquistadores se conservaban bienes suntuarios que iban modificando los gustos americanos. La exposición Pintura de los Reinos muestra precisamente algunas de tales influencias y de los nuevos derroteros que tomaron las corrientes artísticas americanas. La Nueva España se convirtió en un área multicultural y multiracial que recibía tanto productos europeos como de bienes provenientes de toda Asia, a partir del descubrimiento de la ruta del galeón de Manila a finales del siglo XVII. De esta forma, tanto como se habla de una Europa portátil en los primeros años del Virreinato, es posible hablar de un Asia portátil, que incorpora nuevas mercancías orientales a la cultura novohispana.

El cúmulo de mercancías que transitaban por la Nueva España provenían prácticamente de los cuatro rincones del mundo. El impacto más interesante fue una multiculturalidad muy variada. En el caso de los productos llegados con el galeón de Manila, que se vendían en las ferias de Acapulco, Iguala o el Parián en la ciudad de México, provenian en realidad de lugares diversos; podían haber sido elaboradas al sur de Japón, o en la India, o en las Molucas, pero todas eran referidas en el espacio americano como el amplio concepto de la gran China. Manila era entonces un inmenso almacén de productos asiáticos que servía al comercio de España. Se creó un mecanismo de demanda especializada de productos asiáticos al gusto del comprador americano o europeo y se fueron replicando en la Nueva España obras con influencia asiática, como el maque mexicano.

En palabras de Curiel, el complejo andamiaje artístico asiático se puede comparar con una mesa de billar donde juegan muchos jugadores. Las influencias mutuas son muy variadas y las copias artísticas se ensayan con múltiples variaciones. En el caso de los europeos, la chinoiserie ofreció nuevas codificaciones y lexicos artísticos. En cambio desde la Nueva España influyó a muchos niveles la otredad asiática, incluyendo el arte popular, como los frescos de la iglesia de San Jerónimo Tlacochahuaya, en Oaxaca, que retratan jarrones de porcelana oriental. Esta es una apropiación popular del arte que algunos conservaban en sus casas, algo similar a lo que ocurre con las lacas, los textiles y el barro. Se pregunta el investigador ¿Cómo no distinguir en un baúl de maque la influencia asiática?

El experto ofreció algunos datos de gran importancia para determinar la temprana influencia de productos de arte asiático en tierras americanas. Da noticia por ejemplo de lo que podría ser el primer documento de importación de piezas asiáticas: el 2 de noviembre de 1598 se registran siete biombos de la China, retratos varios y mantillas, que integran el menaje de casa del alcalde de corte Pedro de Reyes, procedente de Manila.11 días más tarde se hace el remate de los mismos productos a nombre de Gonzalo Sánchez, quien se los llevó por 30 pesos de oro común cada uno, así como 26 retratos en sus bastidores.

El investigador habló también, y espero que lo divulgue pronto en algún ensayo, de la presencia de músicos asiáticos (¿procedentes de la India de Portugal, Mozambique y Java?). Se hace relación de instrumentos musicales como vihuelas, sacabuches, y una caja con llave en donde se guardaban los instrumentos.

De la manera en que el investigador concluyó su charla: se trata de un complejo lenguaje artístico que espera ser reconocido por la historiografía contemporánea.

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jueves, 17 de marzo de 2011

Economías de la monarquía hispánica

El jueves 10 de marzo de 2011 tuvo lugar la tercera ronda de presentaciones académicas, ligadas al tema de la exposición "Pintura de los Reinos". El asunto tratado por cuatro investigadores es enorme y muy difícil de concentrar en unas cuantas notas. Sólo dejo apuntados los temas que fueron tratados.
 
 
Boda en el Perú


Cecilia Rabel, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, abordó la evolución y el régimen demográfico de la Nueva España, mientras que Rafael Dobado y Andrés Calderón, ambos de la Universidad Compltense de Madrid, discutieron lo que llaman siete mitos de la historia económica del mundo hispánico. Por último, la Dra. Gisela von Wobeser abordó un tema en el que se ha especializado desde hace largo tiempo: la función del crédito en la economía novohispana.

Creo que la presentación de los llamados mitos de la economía es extremadamente polémica y el tema debe ser abordado con mucho cuidado, para evitar errores de interpretación. Numerosas investigaciones de las últimas décadas, en que ha crecido el interés por la historia económica, permiten esclarecer ideas preconcebidas o que observaban al periodo virreinal como una etapa uniforme, sin cambios. Ahora es posible documentar con más detalle las diferencias regionales, las desigualdades de niveles de vida de la población, o de la relación entre la Nueva España, rica en recursos, frente a una metrópoli endeudada y en perenne conflicto con otros poderes europeos.

Sólo quiero destacar que en efecto existe mayor claridad de que había un gran dinamismo en la economía novohispana, un sistema extendido de crédito que cubría las necesidades del consumo y de la inversión, que en efecto no se podría hablar ya de una economía cerrada y simplemente subordinada a España. Un ejemplo expuesto en la conferencia: el comercio con Filipinas ascendía a 3 millones de pesos al año por medio del galeón.

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miércoles, 16 de marzo de 2011

Los reinos del imperio

El miércoles 9 de marzo se llevó a cabo la segunda ronda de presentaciones, en el marco de la exposición La pintura de los reinos, que se exhibe en el Palacio de Iturbide, del 8 de marzo al 30 de junio de 2011. Las conferencias estuvieron a cargo del Dr. Oscar Mazín, del Colegio de México, con el tema "El lugar de las Indias Occidentales en la Monarquía Española del siglo XVII", una disertación basada en el pensamiento del jurista español Juan Solórzano Pereira, quien diera forma desde la administración central del imperio español a la polìtica indiana, como se conoció al derecho de los pueblos americanos dentro de sistema jurídico del aquel andamiaje global.

Podría decirse, según creo, que el equilibrio de conjunto del imperio correspondía a la importancia relativa de todos los reinos que lo integraban; unas veces los reinos americanos eran más importantes para la Corona y otras tantas eran relegados por ésta, cuando la metrópoli estaba enfrascada en conflictos específicos en el escenario europeo. Esta subordinación a aspectos que hoy llamamos geopolíticos afectaba también a los reinos de la península ibérica, cuando no entraban en las prioridades de los Habsburgo.

En su intervención, el doctor Horst Pietschmann, de la Universidad de Hamburgo (por cierto, galardonado con el Águila Azteca) habló de la importancia de la cultura indígena en la Nueva España, en la tradición de historiadores como José Miranda. Su presentación fue un excelente complemento de la visión planteada por Oscar Mazín, pues muestra la importancia de los reinos y por tanto del poder virreinal que en momentos lograban un enorme poder debido a la riqueza de sus minas. Lo interesante del asunto es que en aquel equilibrio jugaba un papel relevante la población indígena.

Desde el período formativo de la América española la presencia indígena cumple un papel central en la estabilizaciòn de mesoamérica, debido por ejemplo a la existencia previa del imperio azteca, poseedor de una escritura que codifica reglas y facilita la instauración del virreinato.

Aquel proceso sucede en una etapa temprana, en el tiempo de Carlos V, una situación que no se encuentra en otras partes de América. En cambio en el México prehispánico existían grandes ciudades pobladas por indios (Texcoco, Huejotzingo, Cholula, Tlaxcala). El factor demográfico es crucial para comprender la importancia que adquirió el virreinato de la Nueva España. Todo ello tuvo un correlato fundamental en el ámbito de la cultura, donde se operó una asimilación de los españoles al mundo indígena. Se colige, que estas influencias se transparentan en la producción artística americana.

Concluyó la ronda de presentaciones con un salto un tanto brusco en los temas, con la presentación de Guadalupe Jiménez Codinach, investigadora de Fomento Cultural Banamex, institución patrocinadora del evento, con el tema "La ilustración y las sociedades secretas en el mundo atlàntico".

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martes, 15 de marzo de 2011

Un evento excepcional

Sin duda, la inauguración de la exposición Pintura de los Reinos, la semana pasada en el Palacio de Iturbide en la ciudad de México, constituyó un evento cultural excepcional por varias razones.

  • Se reúne en una misma muestra obra de autores muy importantes de todos los rincones de lo que fue el imperio español en los siglos XVII y XVIII, mostrando en un corte horizontal afinidades y vínculos culturales que hasta hace no mucho tiempo se observaban como producto de creaciones nacionales; españolas, italianas, flamencas, novohispanas o peruanas. Es posible ver y comparar obras de autores como Pedro Berruguete, Pedro Pablo Rubens, Miguel Cabrera, Juan de Juanes, Cristobal de Villalpando, Bartolomé Esteban Murillo, Francisco de Zurbarán y Francisco Rizzi, entre muchos otros.


  • La importancia de este nuevo enfoque corresponde a una ambiciosa investigación interdisciplinaria realizada a lo largo de la primera década del presente siglo, encabezada por la Dra. Juana Gutiérrez-Haces, que dió pie a una interpretación sólida: las identidades compartidas por la producciòn artística en los enormes espacios geográficos del imperio dominado por España. Con riesgo de simplificar, podría decirse que tanto como el uso del español fue común a toda el área cultural de aquel imperio, los lenguajes particulares, las expresiones casi dialectales, refuerzan al conjunto. Así sucede también en las expresiones pictóricas, que al mismo tiempo unifican y vuelven diferentes a tantos artìstas. Es un ejercicio para considerar lo que se comparte y al mismo tiempo lo que es especìfico de cada lugar, desde Sevilla hasta Nàpoles, Cuzco, Mèxico e incluso Filipinas.


  • Además, la inauguración de esta exposición estuvo acompañada de un ciclo de conferencias que ilustran aspectos económicos, políticos y culturales que ayudan a explicar el fenómeno artístico. Sobre esto intentaré mencionar algunos elementos con base en notas tomadas durante las charlas.

El lunes 7 de marzo, Jonathan Brown, curador de la exposición ofreció una conferencia magistral titulada "La pintura en Sevilla y en la Cíudad de México, 1560-1660: influencias y diferencias". El Dr. Brown, destacado especialista en la obra de Diego Velázquez, retomó la curaduría de la exposición a raíz del fallecimiento de la Dra. Gutiérrez-Haces y pudo dar la continuidad al proyecto. En su presentación destaca la forma en que dos investigadores del siglo XX, el español Diego de Angulo y el mexicano Manuel Toussaint, coincidieron en cierta forma en catalogar los enormes acervos de pintura bajo un esquema similar, digamos nacional. El primero utilizando un enfoque europeista, sin distinción y el segundo, cuando estudia aquel arte que se descubre por todas partes en las ciudades virreinales mexicanas, y que el dio en llamar "pintura colonial".

Debieron pasar muchas décadas para identificar diferencias, encontrar especificidades. Decenas de estudios que se especializaron en escuelas, artistas o familias de artistas, procesos de producción en serie para satisfacer la demanda de arte en ese mundo extendido, fueron llevando el análisis a un terreno más complejo y rico, el de las influencias mutuas. Por esta razón el Dr. Brown se concentra en el estudio del gran fenómeno de la relación entre Sevilla y México, a lo largo de cien años (entre 1560-1660) en que se consolida un lenguaje pictórico basado en la religión católica. El puerto español concentraba el comercio con América y satisfacía la demanda de arte al otro lado del Atlántico. Un vehículo principal para ello era la utilización de modelos, especialmente grabados hechos por autores flamencos, que sirvieron para comenzar a elaborar pinturas en el propio continente americano.

Tales modelos se descubren en las obras de autores novohispanos o peruanos, pero comienzan a mostrar su propia personalidad al cabo del siglo XVII. En México se consolidó una red de producción artística de alta calidad, que incluía a autores europeos que se trasladaron al nuevo continente, apoyados por el patronato real del arte, y que terminaron heredando a los autores locales la tradición artística que floreció ampliamente.

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martes, 1 de marzo de 2011

Pintura de los reinos

Llega a México la exposición Pintura de los Reinos, Identidades compartidas en el mundo hispánico, procedente del museo del Prado en Madrid. Una exposición sobre la creación plástica en los territorios del mundo hispánico en los siglos XVI al XVIII.


El magno esfuerzo de curaduría estuvo a cargo de la Dra.Juana Gutièrrez-Haces y se presenta del 8 de marzo al 30 de junio, en el Palacio de Iturbide. El evento se complementa con la presentación del espléndido catálogo, el 2 de marzo, y por un ciclo de conferencias, del 7 al 11 de marzo, en que se tratarán diversos aspectos -económicos, demográficos y culturales- de la monarquía española entre los siglos XVI y XVIII.
Tomamos nota.

http://www.pinturadelosreinos.com/