
Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.
viernes, 10 de abril de 2009
Música filipina

jueves, 9 de abril de 2009
Sincamas y sayotes
miércoles, 8 de abril de 2009
La demanda de sirvientes "chinos" en México
Francisco de la Maza dice que “los chinos esclavos eran límpios, serviciales, honrados y fieles. Además, daban un cierto exotismo y un sabor oriental, sin el peligro de no hallarse y de huirse a su tierra, como las muchachas y muchachos del país. Estos chinitos y chinitas de la nao, que se quedaban sin padres, llegaban a reconocer como tales a sus amos mexicanos” (1).
Al margen de ese sentido paternalista que aún se utiliza en el lenguaje supuestamente moderno de México al designar a todos los asiáticos (los chinitos, que en el fondo es una expresión despectiva), la presencia de sirvientes orientales era bien aceptada en los hogares de la época colonial. Pocos imaginarían que al cabo de varios siglos estos migrantes, portadores de su propio carga cultural, influirían en el perfil idiosincrático de nuestro país. Baste mencionar un ejemplo relevante, la famosa China Poblana, que ha sido mencionada hasta la saciedad.
La historia de Catarina de San Juan, que ese era el nombre dado en vida a la China Poblana, revela la afición de la clase encumbrada novohispana por tener sirvientes orientales. Cuenta de la Maza que en el año 1621 “había dos pedidos en Manila para una chinita: uno del virrey de México, don Diego Carrillo, marquez de Gélvez, y otro de un rico poblano, el capitán Miguel de Soza. Como un amigo portugués de éste llevaba incluso el dinero necesario y pagó diez veces más que lo que daría el virrey en Acapulco, la chinita Mirra fue vendida al portugués y para ocultarla al Marquez la vistieron de muchacho” .
Catarina de San Juan se transformó en algo similar a un oráculo pagano que entraba en trance y hablaba en una mezcla de diversos idiomas incluído el español. Ricos y pobres se acercaban a ella en plan adoratorio y con el propósito de saber más del misterio religioso. Fue tan popular que por décadas se conservaron sus reliquias como si fuera una santa.
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1. Francisco de la Maza, Catalina de San Juan, México Conaculta.Col. Cien de Mexico.1990. p. 22.
martes, 7 de abril de 2009
Medidas para remediar el abuso
Sea por razones humanitarias o económicas, se registran casos en los que se procuró poner límite al contrabando de esclavos asiáticos a la Nueva España. Victoria González Claverán da noticia de un documento de 1671 redactado en Guadalajara en el que se informa al rey sobre la situación de la esclavitud en la Nueva Galicia.
Ante tal demanda, se nombró un oidor, el licenciado Fernando de Haro y Monterroso, quien pone de relieve que, en efecto, la codicia ha hecho que los chinos sean traídos en las naos de China para ser vendidos como esclavos, a pesar de las normas dictadas de que los indios de aquellas latitudes sean considerados como vasallos.
En aquel expediente se indica que seis esclavos chinos de Guadalajara fueron liberados, si bien se sospecha que el número de los que quedaban en posesión irregular de sus dueños pudo ser mayor. El oidor advierte con objetividad en su informe que deben imponerse penas más severas, como la muerte, a aquellos que no acaten las cédulas reales
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1. Victoria González Claverán, "un documento colonial sobre esclavos asiáticos" revista Historia Mexicana. Colegio de México. México, enero-marzo 1989, Pp. 523 -538.
domingo, 5 de abril de 2009
Esclavos y concubinas
Si bien, Filipinas y Nueva España no se consideraban a sí mismas como sociedades esclavistas, tenían diversas formas para enmascarar el uso de mano de obra forzada, y en ambos extremos del comercio transpacífico prosiguió el lucrativo comercio de esclavos. La demanda de esclavos satisfacía una vasta gama de requerimientos, como sirvientes personales, cuya posesión daba prestigio al dueño; concubinas de origen exótico y otros. Era tal la demanda que un decreto del 29 de mayo de 1620 especifíca que sólo la gente de honor puede importarlos (1):
“ Respecto de que en las naos de Filipinas suelen venir muchos esclavos, que consumen bastimentos: ordenamos y mandamos, que ningún pasajero ni marinero pueda traer más de un esclavo, excepto las personas de calidad y con mucha proporción y limitación”
La Corona Española llegó a preocuparse por el tráfico de sirvientes para la ostentación y de mujeres para convertirlas en concubinas, una práctica muy común desde el período colonial (2).
"Hase entendido que los pasajeros y marineros de las naos de contratación de Filipinas, traen y llevan esclavas, que son causa de muy grandes ofensas de Dios y otros inconvenientes, que se deben prohibir y renunciar y con más razón en navegación tan peligrosa, quitando todas las ocasiones de ofenderle: Para cuyo remedio ordenamos y mandamos al Presidente y Oidores de nuestra Real Audiencia de Manila, que no permitan traer, ni llevar esclavas en aquellas naos y con particular cuidado acudan al remedio de lo suodicho, de forma que cesen estos inconvenientes, y se eviten: y asimismo ordenamos y mandamos al fiscal de la audiencia, que cuide de la execución y el oidor más antiguo, al tiempo de la partida, visite las naos y reconozca si viene alguna muger casada y sin necesidad de pasar y el conocimiento de causa sea ante los dichos presidente y oidores, que provean justicia y sea capítulo de residencia”
sábado, 4 de abril de 2009
El lenguaje en las galeras
Morisqueta
Iriving Leonard señala que en el complejo étnico de la sociedad barroca el México colonial existió también “una gota de sangre asiática”. Los inmigrantes que entraban por el Pacífico traían consigo oficios y técnicas útiles para la economía, como atestigua el viajero Thomas Gage en los años treinta del siglo XVII en la Nueva España con relación a la alfarería “los indios, y la gente china que han sido cristianizados y cada año llegan aquí, han superado a los españoles en ese oficio”[i].
El espacio geográfico y humano de la tierra caliente, tanto en Michoacán como en Guerrero, fue el receptor principal de tales viajeros, aunque en etapas posteriores de la historia de México se localizan individuos y grupos de origen asiático en el centro norte del país. He mencionado anteriormente el caso de marineros filipinos que auxiliaban en las obras de limpieza y renovación de los barcos, el carenado del Galeón, cuya presencia en el puerto de Acapulco fue mantenida desde el siglo XVII. Llevaron consigo usos y costumbres, como el vino de coco, o tuba, que aún se produce en algunas partes de Guerrero. Sin embargo, la aportación más importante de los asiáticos parece ser el cultivo del arroz, que implica la utilización de delicadas y laboriosas técnicas, desconocidas entonces por los mexicanos.
El arroz fue adoptado felizmente en la dieta mexicana, incluyendo la versión malayo-filipina de cocerlo con carne de res o cordero y que aún se consume en el altiplano de Michoacán. Se le llama Morisqueta, aludiendo al origen islámico o morisco de donde procede.
El arroz es hoy en día el acompañamiento ideal del platillo nacional, el mole. De este tema hablaremos más adelante, pues ofrece una oportunidad para conocer algo tan importante como la incorporación de elementos culturales complejos (cultivo-consumo-adaptación-cultivo) en el consumo nacional de la época colonial.
[i] Iriving A. Leonard. La época barroca en el México colonial. FCE, colección popular, 1974, p.78
viernes, 3 de abril de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
Cabeceras
En el proceso de evangelización de Flipinas, la resistencia de los habitantes de las islas para vivir forzadamente en poblaciones al estilo español obligó a los misioneros a generar opciones para acercarse a las comunidades locales. Una de éstas fue la celebración de las fiestas religiosas con gran despliegue, lo que atrajo a los remotos pobladores a las grandes ocasiones de Semana Santa o de orpus Christi. Las iglesias se asentaron en las denominadas Cabeceras, destinadas originalmente a ser la base de poblaciones permanentes. En efecto se construyeron habitaciones alrededor de las iglesias, llamadas casas dominicales, pero que no eran habitadas de manera permante. Ante ello, los frailes tuvieron que construir capillas de visita en lugares apartados.
El sistema cabecera-visita, ya experimentado con anterioridad en la Nueva España, se convirtió gradualmente en la forma más utilizada de la evangelización en Filipinas. Cabe señalar que ante la insuficiencia de religiosos esta fue la manera más adecuada para propagar la religión, aunque siempre hubo quejas por el esfuerzo que se debía realizar en los traslados de una a otra. En los siglos XVII y XVIII la presencia religiosa no rebasaba el perímetro de las capillas de visita, por lo que se contaba con las llamadas misiones vivas, destinadas a atender a pobladores que aún no se integraban a la religión católica. Ello explica en parte el hecho de que en Filipinas, un país profundamente católico, persiste la población de origen musulmán y de otras religiones.
Una queja constante que recogen diversos estudios históricos es que el proceso de evangelización concedió un poder casi absoluto a los religiosos que se instalaron en las cabeceras y que controlaban amplias extensiones a través de las capillas de visita. La dispersión de estos frailes también condujo en muchas ocasiones a la transgresión de sus deberes como líderes religiosos de las comunidades.
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Phelan, John Leddy. The Hispanization of the Philippines. Spanish Arms and Filipino Responses, 1565 - 1700. . Pp. 51 -52
Matrimonios
(Agradezco la información de esta entrada al paleógrafo Eugenio Reyes, especialista en la Academia Mexicana de Historia)
En el Archivo General de la Nación (AGN) se localizan numerosos documentos sobre solicitudes de matrimonio de filipinos con indias mexicanas o con filipinas residentes en México. El procedimiento debía asentar la ascendencia y el estado civil de los peticionarios, para lo cual debían presentar los testigos que señalaran conocer a los futuros cónyuges y sus virtudes para poder casarse. Posteriormente se tramitaban los permisos religiosos necesarios para el matrimonio propiamente. En el Ramo de Matrimonios del AGN se localizan varios documentos que dan testimonio de estos enlaces entre chinos e indias, principalmente, pero también con negras esclavas.
Como ya se señaló los asiáticos libres en México tenían el mismo estatuto jurídico que las poblaciones indigenas, por lo que se les llegó a conocer como “indios de Filipinas” o “indios chinos”. En tal razón estaban obligados a pagar tributo pero no otro tipo de impuestos y a diferencia de los esclavos negros, mulatos y mestizos, quienes vivían segregados tanto de los blancos como de los indios, los asiáticos podían integrarse a los pueblos indios.
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1. Archivo General de la Nación. México. Catálogo del Ramo de Indios. Vol 15. Exp. 29. Folio 20v.-21 (12 Febrero de 1648). Vol. 15, exp 62, f.44v (25 de mayo de 1648). Vol. 15, exp 8, fs. 154v.-155 (14 junio de 1649) Vol. 17, exp. 40, fs. 62 v-63 (7 febrero de 1654)


