Ha sido para mí un gran estímulo intelectual conocer parte del trabajo del Dr. Ricardo Castellón sobre la influencia del comercio del Galeón de Manila en el Reino de Guatemala, en Centroamérica, que incluía al estado mexicano de Chiapas, durante los siglos XVI al XVIII.
El estudio del Dr. Castellón se basa en una investigación de archivos en América Central, en Guatemala y en El Salvador; en el Archivo General de la Nación y en el Archivo General de Notarías, ambos en la Ciudad de México. La investigación del académico salvadoreño fue realizada junto con su esposa, Magaly de Castellón, también investigadora, quienes revisaron cerca de 300 cajas de archivos, principalmente libros de alcabalas y registros de herencias (autos mortuales).
El marco del análisis es la articulación que existió entre diversas regiones ligadas al comercio transpacífico a partir de 1565, con el inicio del sistema del Galeón de Manila. Sin limitarse al espacio centroamericano, el autor se refiere también a los amplios espacios globales asiático y americano que tenían varios centros de control, tanto en México como en la península ibérica. Reconoce que China era uno de los polos en el espacio asiático y Filipinas uno más en ese sistema.
Mapa del Reino de Guatemala, c.1760,
Tomado del ensayo Quimonos en Sonsonate: la "ropa de China" en el interior de Centroamérica colonial.
La referencia natural para el estudio regional en Centroamérica son los puertos en Acajutla, El Realejo, el Golfo de Fonseca y Puntarenas, aunque al paso del tiempo algunos perdieron importancia y fueron reemplazados por nuevos nodos comerciales. En ese esquema espacial, Centroamérica juega un papel importante en la vinculación que comerciantes y productos tuvieron con el comercio hasta Quito y Lima, en tanto que en la costa del Atlántico se enlazó hacia el Caribe. En el norte, la vinculación de ese comercio llegaba naturalmente a la Ciudad de México.
Pero la novedad de esta investigación es que muestra también las conexiones terrestres, que se derivan desde el centro de la Nueva España y así hacia el sur. Eran largas jornadas que duraban meses, pero eran altamente efectivas, como se muestra con la presencia de productos asiáticos de calidad en diversas poblaciones centroamericanas.
Por ejemplo, hacia la mitad del siglo XVIII, la provincia de Sonsonate tenía vínculos con las redes del comercio con base en la venta de tinta de añil (conocida en el mundo como índigo). También el cacao, que servía como medio de pago muy aceptado en toda la región centroamericana y en Nueva España. Cabe mencionar que el Reino de Guatemala, conocido como Capitanía General de Guatemala, incluía el actual estado de Chiapas y Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
La economía de la región estaba basada en la agricultura, la artesanía y el comercio. Los vínculos comerciales con el exterior dependían formalmente de los mencionados puertos y sufrían el peso de las restricciones de la corona española para limitar el comercio con otros reinos. Sin embargo, los documentos señalan la existencia de intercambios ocultos que buscaban evadir las restricciones y terminaban por distribuir una variedad de productos, principalmente textiles, provenientes de Asia. Por cierto, las descripciones de diversas calidades y precios de los textiles son realmente interesantes. El contrabando estaba generalizado, pero quedó inscrito en los documentos, y revela además la participación de funcionarios de diversos niveles en este proceso.
Imagen tomada de Wikipedia
En resumen, el enfoque de este estudio es una red de caminos que conectaba a Nueva España con el Reino de Guatemala. Las restricciones condujeron a los comerciantes a concebir un mecanismo que les permitiera evadirlas, y en ello jugó un importante papel la condición intermedia centroamericana. Si los productos orientales no tenían prohibido su ingreso a Guatemala desde Nueva España y si lo mismo ocurría con los artículos peruanos, se podían registrar los bienes de Nueva España con destino final a Guatemala, para de ahí embarcarlos a Perú por los puertos de Acajutla o el Realejo (sin contar otros enclaves menores) y viceversa. Este estado del comercio se prolongó por siglos y parece haber sido muy lucrativo.
El estudio abre una veta muy interesante para conocer las ramificaciones terrestres del comercio transpacífico. Los indicios descubiertos en Centroamérica y las conexiones con la Nueva España, así como con el Virreinato del Perú, permiten ver una dimensión realmente globalizadora de este intercambio. Piense el lector en las conexiones hacia el norte de México, conocido como el Camino Real de Tierra Adentro (ver Caminos de la Plata en este blog, enero 2011).
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